{"id":1236,"date":"2011-02-22T12:39:15","date_gmt":"2011-02-22T10:39:15","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cultureduca.com\/blog\/?p=1236"},"modified":"2018-12-22T03:13:00","modified_gmt":"2018-12-22T01:13:00","slug":"cartas-de-relacion-de-hernan-cortes-iv-i","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/cartas-de-relacion-de-hernan-cortes-iv-i\/","title":{"rendered":"Cartas de Relaci\u00f3n de Hern\u00e1n Cort\u00e9s (IV-I)"},"content":{"rendered":"<p>CUARTA RELACI\u00d3N &#8211; Parte 1<\/p>\n<p>La cuarta relaci\u00f3n que Hernando Cort\u00e9s, Gobernador y Capit\u00e1n General por Su Majestad en la Nueva Espa\u00f1a del Mar Oc\u00e9ano, envi\u00f3 al Muy Alto y Muy Potent\u00edsimo lnvict\u00edsimo Se\u00f1or Don Carlos, Emperador Siempre Augusto y Rey de Espa\u00f1a, Nuestro Se\u00f1or, en la cual est\u00e1n otras cartas y relaciones que los capitanes Pedro de Alvarado y Diego Godoy enviaron al dicho capit\u00e1n Fernando Cort\u00e9s.<\/p>\n<p>MUY Alto, Muy Poderoso y Excelent\u00edsimo Pr\u00edncipe, Muy Cat\u00f3lico e Invict\u00edsimo Emperador Rey y Se\u00f1or:<br \/>\nEn la relaci\u00f3n que envi\u00e9 a Vuestra Majestad con Juan de Ribera de las cosas que en estas partes me hab\u00edan sucedido despu\u00e9s de la segunda que dellas a Vuestra Alteza envi\u00e9, dije c\u00f3mo por apaciguar y reducir al real servicio de Vuestra Majestad las provincias de Guatusco, Tuspequey Guatasca y las otras a ellas comarcanas que son en la Mar del Norte que desde el alzamiento desta cibdad estaban rebeladas hab\u00eda enviado al alguacil mayor con cierta gente, y lo que en su camino les hab\u00eda pasado, y c\u00f3mo le hab\u00eda mandado que poblase en las dichas provincias y que pusiese nombre al pueblo la villa de Medell\u00edn. Resta que Vuestra Majestad sepa c\u00f3mo se pobl\u00f3 la dicha villa y se apacigu\u00f3 toda aquella tierra y provincias. Y pac\u00edfico, le envi\u00e9 m\u00e1s gente y le mand\u00e9 que fuese a la costa arriba hasta la provincia de Gua\u00e7acalco, que est\u00e1 de adonde se pobl\u00f3 esta dicha villa cincuenta leguas y desta cibdad ciento y veinte, porque cuando yo en esta cibdad estaba, siendo vivo Motee\u00e7uma, se\u00f1or della, como siempre trabaj\u00e9 de saber todos los m\u00e1s secretos destas partes que me fue posible para hacer dellos entera relaci\u00f3n a Vuestra Majestad, hab\u00eda enviado a Diego de Ord\u00e1s, que en esa corte de Vuestra Majestad reside. Y los se\u00f1ores y naturales de la dicha provincia le hab\u00edan rescibido de muy buena voluntad y se hab\u00edan ofrescido por vasallos y s\u00fabditos de Vuestra Alteza. Y ten\u00eda noticia c\u00f3mo en un muy grand r\u00edo que por la dicha provincia pasa y sale a la mar hab\u00eda muy buen puerto para nav\u00edos porque el dicho Ord\u00e1s y los que con \u00e9l fueron lo hab\u00edan rondado, y la tierra era muy aparejada para poblar en ella. Y por la falta que en esta costa hay de puertos deseaba hallar alguno que fuese bueno y poblar en \u00e9l. Y mand\u00e9 al dicho alguacil mayor que antes que entrase en la dicha provincia, desde la raya della enviase ciertos mensajeros que yo les di naturales desta cibdad a les hacer saber c\u00f3mo iba por mi mandado, y que supiesen dellos si ten\u00edan aquella voluntad al servicio de Vuestra Majestad y a nuestra amistad que antes hab\u00edan mostrado y ofrescido; y que les hiciese saber c\u00f3mo por las guerras que yo hab\u00eda tenido con el se\u00f1or desta cibdad y sus tierras no los hab\u00eda enviado a visitar tanto tiempo hab\u00eda, pero que yo siempre los hab\u00eda tenido por mis amigos y vasallos de Vuestra Alteza y como tales creyesen hallar\u00edan en m\u00ed buena voluntad para cualquier cosa que les cumpliese, y que para favorescerlos y ayudarlos en cualquier necesidad que tuviesen enviaba all\u00ed aquella gente para que poblasen aquella provincia. El dicho alguacil mayor y gente fueron y se hizo lo que yo le mand\u00e9, y no hallaron la voluntad que antes hab\u00edan publicado, antes, la gente puesta a punto de guerra para no los consentir entrar en su tierra. Y \u00e9l tuvo tan buena orden que con saltear una noche un pueblo donde prendi\u00f3 una se\u00f1ora a quien todos en aquellas partes obedesc\u00edan se apacigu\u00f3, porque ella envi\u00f3 a llamar todos los se\u00f1ores y les mand\u00f3 que obedesciese todo lo que se les quisiese mandar en nombre de Vuestra Majestad porque ella as\u00ed lo hab\u00eda de hacer. Y as\u00ed llegaron hasta el dicho r\u00edo, y a cuatro leguas de la boca d\u00e9l que sale a la mar, porque m\u00e1s cerca no se hall\u00f3 asiento, se pobl\u00f3 y fund\u00f3 una villa a la cual se puso nombre El Sp\u00edritu Sancto. Y all\u00ed residi\u00f3 el dicho alguacil mayor algunos d\u00edas hasta que se apaciguaron y trajeron al servicio de Vuestra Majestad otras muchas provincias comarcanas, que fueron la de Tabasco, que es en el r\u00edo de la Vitor\u00eda, o de Grijalba que dicen, y la de Cimaclan y Quechula y Qui\u00e7altepeque y otras que por ser peque\u00f1as no espreso. Y los naturales dellas se depositaron y encomendaron a los vecinos de la dicha villa, y les han servido y sirven hasta agora. Y aunque algunas dellas, digo la de Cimaclan, Tacuasco y Cui\u00e7altepeque, se tornaron a rebelar, habr\u00e1 un mes que yo envi\u00e9 un capit\u00e1n y gente desta cibdad a las reducir al servicio de Vuestra Majestad y castigar su rebeli\u00f3n, y hasta agora no he sabido nuevas d\u00e9l. Creo, queriendo Nuestro Se\u00f1or, que har\u00e1n mucho, porque llevaron buen aderezo de artiller\u00eda y munici\u00f3n y ballesteros y gente de caballo.<br \/>\nTambi\u00e9n, Muy Cat\u00f3lico Se\u00f1or, en la relaci\u00f3n que el dicho Juan de Ribera llev\u00f3 hice saber a Vuestra Ces\u00e1rea y Cat\u00f3lica Majestad c\u00f3mo una grand provincia que se dice Mechuac\u00e1n que el se\u00f1or della se llama Casulci se hab\u00eda ofrescido por sus mensajeros el dicho se\u00f1or y naturales della por s\u00fabditos y vasallos de Vuestra Ces\u00e1rea Majestad, y que hab\u00eda tra\u00eddo cierto presente, el cual envi\u00e9 con los procuradores que desta Nueva Espa\u00f1a fueron a Vuestra Alteza. Y porque la provincia y se\u00f1or\u00edo de aquel se\u00f1or Casulci, seg\u00fand tuve relaci\u00f3n de ciertos espa\u00f1oles que yo all\u00e1 envi\u00e9, era grande y se hab\u00edan visto muestras de haber en ella mucha riqueza, y por ser tan cercana a esta grand cibdad, despu\u00e9s que me hice de alguna m\u00e1s gente y caballos envi\u00e9 a ella un capit\u00e1n con setenta de caballo y docientos peones bien adreszados de sus armas y artiller\u00eda para que vIesen toda la dicha provincia y secretos della, y si tal fuese, que poblasen en la cibdad principal, Huicicila. E idos, fueron bien rescebidos del se\u00f1or y naturales de la dicha provincia y aposentados en la dicha cibdad. Y dem\u00e1s de proveerlos de lo que ten\u00edan nescesidad para su mantenimiento les dieron hasta tres millmarcos de plata con cobre, que ser\u00eda media plata, y hasta cinco millpesos de oro asimesmo envuelto con plata que no se le ha dado ley, y ropa de algod\u00f3n y otras cosillas de las que ellos tienen, lo cual, sacado el quinto de Vuestra Majestad, se reparti\u00f3 por los espa\u00f1oles que a ella fueron. Y como a ellos no les satisficiese mucho la tierra para poblar, mostraron para ello mala voluntad y aun movieron algunas cosillas, por donde algunos fueron castigados. Y por esto los mand\u00e9 volver a los que volverse quisieron, y a los dem\u00e1s mand\u00e9 que fuesen con un capit\u00e1n a la Mar del Sur, adonde yo ten\u00eda y tengo una villa que se dice \u00c7acatula que hay desde la dicha cibdad de Huicicila cient leguas, y all\u00ed tengo en astillero cuatro nav\u00edos para descubrir por la mar todo lo que a m\u00ed fuere posible y Dios Nuestro Se\u00f1or fuere servido. Y yendo este capit\u00e1n y gente a la dicha cibdad de \u00c7acatula, tuvieron noticia de una provincia que se dice Coliman que est\u00e1 apartada del camino que hab\u00edan de llevar sobre la mano derecha, que es al poniente cincuenta leguas. Y con la gente que llevaba y con mucha de los amigos de aquella provincia de Michuacan fue all\u00e1 sin mi licencia y entr\u00f3 algunas jornadas donde hobo con los naturales algunos rencuentros. Y aunque eran cuarenta de caballo y m\u00e1s de cient peones ballesteros y rodeleros, los desbarataron y echaron fuera de la tierra y les mataron tres espa\u00f1oles y mucha gente de los amigos y se fueron a la dicha cibdad de \u00c7acatula. Y sabido por m\u00ed, mand\u00e9 traer preso al capit\u00e1n y le castigu\u00e9 su inobediencia.<br \/>\nPorque en la relaci\u00f3n que a Vuestra Ces\u00e1rea Majestad hice de c\u00f3mo hab\u00eda inviado a Pedro de Alvarado a la provincia de Tututepeque, que es en la Mar del Sur, no hobo m\u00e1s que decir de c\u00f3mo hab\u00eda llegado a ella y ten\u00eda presos al se\u00f1or y a un hijo suyo. Y de cierto oro que le presentaron y de ciertas muestras de oro de minas y perlas que asimismo hobo, porque hasta aqu\u00ed tampoco no hab\u00eda m\u00e1s que escribir sabr\u00e1 Vuestra Excelsitud que en respuesta destas nuevas que me envi\u00f3 le mand\u00e9 que luego en aquella provincia buscase un sitio conveniente y poblase en \u00e9l. Y mand\u00e9 tambi\u00e9n que los vecinos de la villa de Segura la Frontera se pasasen a aquel pueblo porque ya del que estaba all\u00ed no hab\u00eda nescesidad por ser tan cerca de aqu\u00ed, y as\u00ed se hizo, y se llam\u00f3 el pueblo Segura la Frontera como el que antes estaba hecho. Y los naturales de aquella provincia y de la de Guaxaca y Coaclan y Coasclahuaca y Tachquiaco y otras all\u00ed comarcanas se repartieron en los vecinos de aquella villa y les serv\u00edan y aprovechaban con toda voluntad y qued\u00f3 en ella por justicia y capit\u00e1n en mi lugar el dicho Pedro de Alvarado. Y acaesci\u00f3 que estando yo conquistando la provincia de P\u00e1nuco, como adelante a Vuesta Majestad dir\u00e9, los alcaldes y regidores de aquella villa le rogaron al dicho Pedro de Alvarado que \u00e9l viniese con su poder a m\u00ed a negociar ciertas cosas que ellos le encomendaron, lo cual acept\u00f3. Y venido, los dichos alcaldes y regidores hicieron cierta liga y monipodio convocando la comunidad e hicieron alcalde, y contra la voluntad de otro que all\u00ed el dicho Pedro de Alvarado hab\u00eda dejado por capit\u00e1n despoblaron la dicha villa y se vinieron a la provincia de Guaxaca, que fue cabsa de mucho desasosiego y alboroto en aquellas partes. Y como el que all\u00ed qued\u00f3 por capit\u00e1n me lo hizo saber, invi\u00e9 a Diego de Campo, alcalde mayor, para que hobiese la informaci\u00f3n de lo que pasaba y castigase a los culpados. Sabido por ellos, se ausentaron y anduvieron ausentes algunos d\u00edas hasta que yo los prend\u00ed, por manera que el dicho alcalde mayor no pudo haber m\u00e1s de al uno de los rebeldes, al cual sentenc\u00ed\u00f3 a muerte natural. Y apel\u00f3 para ante m\u00ed. Y despu\u00e9s que yo prend\u00ed los otros los mand\u00e9 entregar al dicho alcalde mayor, el cual asimismo procedi\u00f3 contra ellos y los sentenci\u00f3 como al otro, y apelaron tambi\u00e9n. Ya los pleitos est\u00e1n conclusos para los sentenciar en segunda instancia ante m\u00ed y los he visto. Pienso, aunque fue grave su yerro, habiendo respecto al mucho tiempo que ha que est\u00e1n presos, conmutarles la pena de la muerte a que fueron sentenciados en muerte civil, que es desterrarlos destas partes y mandarles que no entren en ella sin licencia de Vuestra Majestad so pena que incurran en la pena de la primera sentencia.<br \/>\nEn este medio tiempo muri\u00f3 el se\u00f1or de la dicha provincia de Tututepeque, y ella y las otras comarcanas se rebelaron. E invi\u00e9 al dicho Pedro de Alvarado con gente y con un hijo del dicho se\u00f1or que yo ten\u00eda en mi poder, y aunque hobieron algunos rencuentros y mataron algunos espa\u00f1oles, las torn\u00f3 a rendir al servicio de Vuestra Majestad. Y est\u00e1n agora pac\u00edficas y sirven a los espa\u00f1oles que est\u00e1n depositadas muy pac\u00edfica y seguramente, aunque no se torn\u00f3 a poblar la villa por falta de gente y porque al presente no hay dello nescesidad, porque con el castigo pasado quedaron domados de manera que hasta esta cibdad vienen a lo que les mandan.<br \/>\nLuego como se recobr\u00f3 esta cibdad de Temixtit\u00e1n y lo a ella subjeto fue reducido a la imperial corona de Vuestra Ces\u00e1rea Majestad dos provincias que est\u00e1n a cuarenta leguas della al norte que confinan con la provincia de P\u00e1nuco, que se llaman Tututepeque y Mezquitan, de tierra asaz fuerte, bien husitada en el ejercicio de las armas por los contrarios que de todas partes tienen. Viendo lo que con esta gente se hab\u00eda hecho y c\u00f3mo a Vuestra Alteza ninguna cosa se amparaba, me inviaron sus mensajeros y se ofrescieron por sus s\u00fabditos y vasallos. Yo los resceb\u00ed en el real nombre de Vuestra Alteza y por tales quedaron y estuvieron siempre hasta despu\u00e9s de la venida de Crist\u00f3bal de Tapia, que con los bullicios y desasosiegos que en estas otras gentes caus\u00f3, ellos no s\u00f3lo dejaron de prestar la obidiencia que antes hab\u00edan ofrescido, mas aun hicieron muchos da\u00f1os en los comarcanos a su tierra que eran vasallos de Vuestra Cat\u00f3lica Majestad, quemando muchos pueblos y matando mucha gente. Y aunque a aquella coyuntura yo no ten\u00eda mucha sobra de gente por la tener en tantas partes dividida, viendo que dejar de proveer esto era grand da\u00f1o, temiendo que aquellas gentes que confinaban con aquellas provincias no se juntasen con aquellos por temor del da\u00f1o que resceb\u00edan y aun porque yo no estaba satisfecho de su voluntad, invi\u00e9 un capit\u00e1n con treinta de caballo y cient peones ballesteros y escopeteros y rodeleros y con mucha gente de los amigos, los cuales fueron y hobieron con ellos ciertos rencuentros en que les mataron alguna gente de nuestros amigos y dos espa\u00f1oles. Y plugo a Nuestro Se\u00f1or que ellos de su voluntad volvieron de paz y me trujeron los se\u00f1ores, a los cuales yo perdon\u00e9 por haberse ellos venido sin habellos prendido. Despu\u00e9s, estando yo en la provincia de P\u00e1nuco, los naturales destas partes echaron fama que yo me iba a Castilla, que caus\u00f3 harto alboroto. Y una destas dos provincias que se dice Tututepeque se torn\u00f3 a rebelar, y baj\u00f3 de su tierra el se\u00f1or y quem\u00f3 m\u00e1s de veinte pueblos de los de nuestros amigos y mat\u00f3 y prendi\u00f3 mucha gente dellos. Y por esto, veni\u00e9ndome yo de camino de aquella provincia de P\u00e1nuco, los torn\u00e9 a conquistar, y aunque a la entrada mataron alguna gente de nuestros amigos que quedaba rezagada y por las sierras reventaron diez o doce caballos por el aspereza de llas, se conquist\u00f3 toda la provincia y fue preso el se\u00f1or y un hermano suyo mochacho y otro capit\u00e1n general suyo que ten\u00eda la una frontera de la tierra. El cual dicho se\u00f1or y su capit\u00e1n fueron luego ahorcados, y todos los que se prendieron en la guerra hechos esclavos, que ser\u00edan hasta ducientas personas, los cuales se herraron y vendieron en almoneda. Y pagado el quinto que dello pertenesci\u00f3 a Vuestra Majestad, lo dem\u00e1s se reparti\u00f3 entre los que se hallaron en la guerra, aunque no hobo para pagar el tercio de los caballos que murieron, porque por ser la tierra pobre no se hobo otro despojo. La dem\u00e1s gente que en la dicha provincia qued\u00f3 vino de paz y lo est\u00e1, y por se\u00f1or della aquel mochacho hermano del se\u00f1or que muri\u00f3, aunque al presente no sirve ni aprovecha de nada &#8211; por ser la tierra como es pobre, como dije &#8211; m\u00e1s de tener seguridad della que no nos alborote los que sirven, y aun para m\u00e1s seguridad he puesto en ella algunos naturales de los desta tierra.<br \/>\nA esta saz\u00f3n, Invict\u00edsimo C\u00e9sar, lleg\u00f3 al puerto de la villa del Espritu Sancto, de que ya en los cap\u00edtulos antes d\u00e9ste he fecho menci\u00f3n, un bergantinejo harto peque\u00f1o que ven\u00eda de Cuba, y en \u00e9l un Juan Bono de Quexo que con el armada que P\u00e1nfilo de Narv\u00e1ez trajo hab\u00eda venido a esta tierra por maestre de un nav\u00edo de los que en la dicha armada vinieron. Y seg\u00fand paresci\u00f3 por despachos que tra\u00eda, ven\u00eda por mandado de don Juan de Fonseca, obispo de Burgos, creyendo que Crist\u00f3bal de Tapia, que \u00e9l hab\u00eda rodeado que viniese por gobernador a esta tierra, estaba en ella, para que si en su rescibimiento hobiese contradici\u00f3n, como \u00e9l tem\u00eda por la notoria raz\u00f3n que a temerlo le incitaba. E invi\u00f3le por la isla de Cuba para que lo comunicase con Diego Vel\u00e1zquez, como lo hizo, y \u00e9l le dio el bergant\u00edn en que pasase. Tra\u00eda el d\u00edcho Juan Bono hasta cient cartas de un tenor firmadas del dicho obispo y aun creo que en blanco, para que diese a las personas que ac\u00e1 estaban que a Juan Bono le paresciese, dici\u00e9ndoles que sirvir\u00edan mucho a Vuestra Ces\u00e1rea Majestad en que el dicho Tapia fuese rescebido y que por ello les promet\u00eda muy crecidas mercedes, y que supiesen que en mi compa\u00f1\u00eda estaban contra la voluntad de Vuestra Excelencia, y otras muchas cosas harto incitadoras a bullicio y desasosiego. Y a m\u00ed me escribi\u00f3 otra carta dici\u00e9ndome lo mesmo, y que si yo obedesciese al dicho Tapia, que el har\u00eda con Vuestra Alteza que me hiciese se\u00f1aladas mercedes; donde no, que tuviese por cierto que me hab\u00eda de ser mortal enemigo. Y la venida deste Juan Bono y las cartas que trajo pusieron tanta alteraci\u00f3n en la gente de mi compa\u00f1\u00eda que certifico a Vuestra Majestad que si yo no los asegurara diciendo la causa porque el obispo aquello les escreb\u00eda y que no temiesen sus amenazas y que el mayor servicio que a Vuestra Ces\u00e1rea Majestad recebir\u00eda y por donde m\u00e1s mercedes les mandar\u00eda hacer era por no consentir que el obispo ni cosa suya se entremetiese en estas partes, porque era con intenci\u00f3n de asconder la verdad dellas a Vuestra Alteza y pedir mercedes en ellas sin que Vuestra Majestad supiese lo que le daba, que hobiera harto que hacer en los apaciguar. En especial que fui informado, aunque lo desimul\u00e9 por el tiempo , que algunos hab\u00edan puesto en pl\u00e1tica que pues en pago de sus servicios se les ponian temores, que era bien, pues hab\u00eda comunidad en Castilla, que la hiciesen ac\u00e1 hasta que Vuestra Alteza fuese informado de la verdad, pues el obispo ten\u00eda tanta mano en esta negociaci\u00f3n que hac\u00eda que sus relaciones no viniesen a noticia de Vuestra Alteza; y que ten\u00eda los oficios de la Casa de la Contrataci\u00f3n de Sevilla de su mano y que all\u00ed eran maltratados sus mensajeros y tomadas sus relaciones y cartas y sus dineros, y se les defend\u00eda que no les viniese socorro de gente ni armas ni bastimentos. Pero con hacerles yo saber lo que arriba digo y que Vuestra Majestad de ninguna cosa era sabidor y que tuviesen por cierto que, sabido por Vuestra Alteza, serian gratificados sus servicios y fechas por ellos aquellas mercedes que los buenos y leales vasallos que a su rey y se\u00f1or sirven como ellos han servido merescen, se aseguraron. Y con la merced que Vuestra Excelsitud tuvo por bien de me mandar facer con sus reales provisiones han estado y est\u00e1n tan contentos y sirven con tanta voluntad cual el fruto de sus servicios da testimonio, y por ellos merescen que Vuestra Alteza les mandase hacer mercedes pues tan bien lo han servido y sirven y tienen voluntad de servir. Y yo por mi parte muy humillmente a Vuestra Majestad lo suplico, porque no menos merced yo rescebir\u00e9 la que a cualquiera dellos mandare hacer que si a mi se hiciese, pues yo sin ellos no podr\u00eda haber servido a Vuestra Alteza como lo he fecho. En especial suplico a Vuestra Alteza muy homillmente les mande escrebir teni\u00e9ndoles en servicio los trabajos que en su servicio han puesto y ofresci\u00e9ndoles por ello mercedes, porque dem\u00e1s de pagar deuda que en esto Vuestra Majestad debe, es animarlos para que de aqu\u00ed adelante con muy mejor voluntad lo hagan.<br \/>\nPor una c\u00e9dula que Vuestra Ces\u00e1rea Majestad a pedimiento de Juan de Ribera mand\u00f3 proveer en lo que tocaba al adelantado Francisco de Garay, paresce que Vuestra Alteza fue informado c\u00f3mo yo estaba para ir o enviar al r\u00edo de P\u00e1nuco a lo pacificar, a causa que en aquel r\u00edo se dec\u00eda haber buen puerto y porque en \u00e9l hab\u00edan muerto muchos espa\u00f1oles, ans\u00ed de los de un capit\u00e1n que a \u00e9l invi\u00f3 el dicho Francisco de Garay como de otra nao que despu\u00e9s con tiempo dio en aquella costa, que no dejaron alguno vivo. Y porque algunos de los naturales de aquellas partes hab\u00edan venido a m\u00ed a desculparse de aquellas muertes, dici\u00e9ndome que ellos lo hab\u00edan hecho porque supieron que no eran de mi compa\u00f1\u00eda y porque hab\u00edan sido dellos maltratados; y que si yo quisiese all\u00ed inviar gente de mi compa\u00f1\u00eda, que ellos lo tern\u00edan en mucho y los servir\u00edan en todo lo que ellos pudiesen, y que me agadescer\u00edan mucho que los inviase, [as\u00ed] porque tem\u00edan que aquella gente con quien ellos hab\u00edan peleado volver\u00edan sobre ellos a se vengar como porque ten\u00edan ciertos comarcanos sus enemigos de quien resceb\u00edan da\u00f1o, y que con los espa\u00f1oles que yo les diese se favorecer\u00edan. Y porque cuando \u00e9stos vinieron yo ten\u00eda falta de gente, no pude complir lo que me ped\u00edan, pero promet\u00edles que lo har\u00eda lo m\u00e1s brevemente que yo pudiese. Y con esto se fueron contentos, quedando ofrecidos por vasallos de Vuestra Majestad diez o doce pueblos de los m\u00e1s comarcanos a la raya de los s\u00fabditos a esta cibdad. Y dende a pocos d\u00edas tornaron a venir ahinc\u00e1ndome mucho que pues que yo inviaba espa\u00f1oles a poblar a muchas partes, que inviase a poblar all\u00ed con ellos, porque resceb\u00edan mucho da\u00f1o de aquellos sus contrarios y de los del mesmo r\u00edo que est\u00e1n a la costa de la mar, que aunque eran todos unos, por haberse venido a m\u00ed les hac\u00edan mal tratamiento. Y por complir con \u00e9stos y por poblar aquella la tierra y tambi\u00e9n porque ya ten\u00eda alguna m\u00e1s gente, se\u00f1al\u00e9 un capit\u00e1n con ciertos compa\u00f1eros para que fuesen al dicho r\u00edo. Y estando para se partir, supe de un nav\u00edo que vino de la isla de Cuba c\u00f3mo el almirante don Diego Col\u00f3n y los adelantados Diego Vel\u00e1zquez y Francisco de Garay quedaban juntos en la dicha isla y muy confederados para entrar por all\u00ed como mis enemigos [a] hacerme todo el da\u00f1o que pudiesen. Y porque su mala voluntad no hobiese efeto y por escusar que con su venida no se ofresciese semejante alboroto y desconcierto como el que se ofresci\u00f3 con la venida de Narv\u00e1ez, determin\u00e9me, dejando en esta cibdad el mejor recabdo que yo pude, de ir yo por mi persona, porque si all\u00ed ellos o algunos dellos viniesen, se encontrasen conmigo antes que con otro, porque podr\u00eda yo mejor escusar el da\u00f1o. Y as\u00ed me part\u00ed con ciento y veinte de caballo y con trecientos peones y alguna artiller\u00eda y hasta cuarenta millhombres de guerra de los naturales desta cibdad y sus comarcas. Y llegado a la raya de su tierra bien veinte y cinco leguas de antes de llegar al puerto, en una poblaci\u00f3n que se dice Ayutuscotaclan me salieron al camino mucha gente de guerra y peleamos con ellos. Y as\u00ed por tener yo tanta gente de los amigos como ellos ven\u00edan como por ser el lugar llano y aparejado para los caballos, no tur\u00f3 mucho la batalla. Y aunque me hirieron algunos caballos y espa\u00f1oles y murieron algunos de nuestros amigos, fue suya la peor parte, porque fueron muertos muchos dellos y desbaratados. All\u00ed en aquel pueblo me estuve dos o tres d\u00edas, ans\u00ed por curar los her\u00eddos como porque vinieron all\u00ed a m\u00ed los que ac\u00e1 se hab\u00edan venido a ofrecer por vasallos de Vuestra Alteza, y desde all\u00ed me siguieron fasta llegar al puerto y desde all\u00ed adelante sirvieron en todo lo que pod\u00edan. Yo fui por mis jornadas hasta llegar al puerto y en ninguna parte tuve recuentro con ellos, antes los del camino por donde yo iba salieron a pedir perd\u00f3n de su yerro y ofrescerse al real servicio de Vuestra Alteza. Llegado al dicho puerto y r\u00edo, me aposent\u00e9 en un pueblo cinco leguas de la mar que se dice Chila, que estaba despoblado y quemado porque all\u00ed fue donde desbarataron al capit\u00e1n y gente de Francisco de Garay. Y de all\u00ed invi\u00e9 mensajeros de la otra parte del r\u00edo y por aquellas lagunas, que todas est\u00e1n pobladas de grandes pueblos de gente, a les decir que no temiesen que por lo pasado yo les har\u00eda ning\u00fand da\u00f1o, que bien sab\u00eda que por el mal tratamiento que hab\u00edan rescebido de aquella gente se hab\u00edan alzado contra ellos y que no ten\u00edan culpa. Y nunca quisieron venir, antes maltrataron los mensajeros y aun mataron algunos dellos. Y porque de la otra parte del r\u00edo estaba el agua dulce de donde nos bastec\u00edamos, pon\u00edanse all\u00ed y salteaban a los que iban por ella. Estuve ans\u00ed m\u00e1s de quince d\u00edas creyendo podr\u00eda atraerlos por bien, y que viendo que los que hab\u00edan venido eran bien tratados ellos ansimesmo lo har\u00edan, mas ten\u00edan tanta confianza en la fortaleza de aquellas lagunas donde estaban que nunca quisieron. Viendo que por bien ninguna cosa me aprovechaba, comenc\u00e9 a buscar remedio. Y con unas canoas que al prencipio all\u00ed hab\u00edamos habido se tomaron m\u00e1s, y con ellas una noche comenc\u00e9 a pasar ciertos caballos de la otra parte del r\u00edo y gente, y cuando amanesci\u00f3 ya hab\u00eda hab\u00eda copia de gente y caballos de la otra parte sin ser sentidos. Y yo pas\u00e9 dejando en mi real buen recabdo, y como nos sintieron de la otra parte, vino mucha copia de gente y dieron tan reciamente sobre nosotros que despu\u00e9s que yo estoy en estas partes no he visto acometer en el campo tan denodadamente como aquellos nos acometieron, y mat\u00e1ronnos dos caballos e hiri\u00e9ronnos m\u00e1s de otros diez caballos tan malamente que no pudieron ir en aquella jornada. Y con ayuda de Nuestro Se\u00f1or ellos fueron desbaratados y se sigui\u00f3 el alcance cerca de una legua, donde murieron muchos dellos. Y con hasta treinta de caballo que me quedaron y con cient peones segu\u00ed todav\u00eda mi camino y aquel d\u00eda dorm\u00ed en un pueblo tres leguas del real que hall\u00e9 despoblado, y en las mezquitas deste pueblo se hallaron muchas cosas de los espa\u00f1oles que mataron de los de Francisco de Garay Otro d\u00eda comenc\u00e9 a caminar por la costa de una laguna adelante por buscar pasos para pasar a la otra parte della, porque paresc\u00eda gente y pueblos. Y anduve todo el d\u00eda sin se hallar cabo ni por d\u00f3nde pasar, y ya que era hora de v\u00edsperas vimos a vista un pueblo muy hermoso y tomamos el camino para all\u00e1, que todav\u00eda era por la costa de aquella laguna. Y llegados cerca, era ya tarde y no paresc\u00eda en \u00e9l gente. Y para m\u00e1s asegurar mand\u00e9 a diez de caballo que entrasen en el pueblo por el camino derecho, y yo con otros diez tom\u00e9 la halda d\u00e9l hacia la laguna porque los otros diez tra\u00edan la retraguarda y no eran llegados. Y en entrando por el pueblo paresci\u00f3 mucha cantidad de gente que estaban ascondidos en celada dentro de las casas para tomarnos descuidados, y pelearon tan reciamente que nos mataron un caballo e hirieron casi todos los otros y muchos de los espa\u00f1oles. Y tuvieron tanto tes\u00f3n en pelear y tur\u00f3 grand rato, y fueron rompidos tres o cuatro veces y tantas se tornaban a rehacer. Y fechos una muela, hincaban las rodillas en el suelo y sin hablar ni dar grita como lo suelen los otros nos esperaban, y ninguna vez entr\u00e1bamos por ellos que no empleaban muchas flechas, y tantas que si no fu\u00e9ramos bien armados, se aprovecharan harto de nosotros y aun creo no escapara ninguno. Y quiso Nuestro Se\u00f1or que a un r\u00edo que pasaba junto y entraba en aquella laguna que yo hab\u00eda seguido todo el d\u00eda, algunos de los que m\u00e1s cercanos estaban a \u00e9l se comenzaron a echar al agua, y tras aquellos comenzaron a huir los otros al mismo r\u00edo y as\u00ed se desbarataron, aunque no huyeron m\u00e1s de hasta pasar el r\u00edo. Y ellos de la una parte y nosotros de la otra nos estuvimos hasta que cerr\u00f3 la noche, porque por ser muy hondo el r\u00edo no pod\u00edamos pasar a ellos, y aun tambi\u00e9n no nos pes\u00f3 cuando ellos le pasaron. Y as\u00ed nos volvimos al pueblo, que estar\u00eda un tiro de honda del r\u00edo, y all\u00ed con la mejor guarda que podimos estuvimos aquella noche. Y comimos el caballo que nos mataron, porque no hab\u00eda otro bastimento. Otro d\u00eda siguiente salimos por un camino porque ya no paresc\u00eda gente de la del d\u00eda pasado, y por \u00e9l fuimos a dar en tres o cuatro pueblos donde no se hall\u00f3 gente ninguna ni otra cosa, si no eran algunas bodegas del vino que ellos hacen, donde hallamos asaz tinajas dello. Aquel d\u00eda pasamos sin topar gente ninguna y dormimos en el campo, porque hallamos unos maizales donde la gente y los caballos tuvieron alg\u00fand refresco. Y desta manera anduve dos d\u00edas o tres sin hallar gente ninguna, aunque pasamos muchos pueblos. Y porque la nescesidad del bastimento nos aquejaba &#8211; que en todo este tiempo entre todos no hobo cincuenta libras de pan &#8211; nos volvimos al real, y hall\u00e9 la gente que en \u00e9l hab\u00eda dejado muy buena y sin haber habido rencuentro ninguno. Y luego, porque me paresci\u00f3 que toda la gente quedaba de aquella parte de aquella laguna que yo no hab\u00eda podido pasar, hice una noche echar gente y caballos con las canoas de aquella parte y que fuese gente de ballesteros y escopeteros por la laguna arr\u00edba y la otra gente por la tierra, y desta manera dieron sobre un gran pueblo donde, como los tomaron descuidados, mataron mucha gente. Y de aquel salto cobraron tanto temor de ver que estando cercados de agua los hab\u00eda salteado sin sentirlo, que luego comenzaron a venir de paz, y en casi veinte d\u00edas vino toda la tierra de paz y se ofrescieron por vasallos de Vuestra Majestad . Ya que la tierra estaba pac\u00edfica, invi\u00e9 por todas las partes della personas que la visitasen y me trujiesen relaci\u00f3n de los pueblos y gente. Y tra\u00edda, busqu\u00e9 el mejor asiento que por all\u00ed me paresci\u00f3 y fund\u00e9 en \u00e9l una villa que puse por nombre Santisteban del Puerto, y a los que all\u00ed quisieron quedar por vecinos les deposit\u00e9 en nombre de Vuestra Majestad en aquellos pueblos con que se sostuviesen. Y hechos alcaldes y regidores y dejando all\u00ed un lugarteniente de capit\u00e1n, quedaron en la dicha villa de los vecinos treinta de caballo y cient peones y dej\u00e9les un barco y un chinchorro que me hab\u00edan tra\u00eddo de la villa de la Vera Cruz para bastimento. Y asimesmo me envi\u00f3 de la dicha villa un criado m\u00edo que all\u00ed estaba un nav\u00edo cargado de bastimentos de carne y pan y vino y aceite y vinagre y otras cosas, el cual se perdi\u00f3 con todo y aun dej\u00f3 en una isleta en la mar que est\u00e1 cinco leguas de la tierra tres hombres, por los cuales yo invi\u00e9 despu\u00e9s en un barco. Y los hallaron vivos, y manten\u00edanse de muchos lobos marinos que hay en la isleta y de una fruta que dec\u00edan que era como higos. Certifico a Vuestra Majestad que esta ida me cost\u00f3 a m\u00ed solo m\u00e1s de treinta millpesos de oro, como podr\u00e1 Vuestra Majestad mandar ver si fuere servido por las cuentas dello, y a los que conmigo fueron otros tantos de costas de caballos y bastimentos y armas y herraje, porque a la saz\u00f3n lo pesaban a oro o dos veces a plata. Mas por verse Vuestra Majestad servido en aquel camino tanto todos lo tuvimos por bien, aunque m\u00e1s gasto se nos ofresciera, porque dem\u00e1s de quedar aquellos indios debajo del imperial yugo de Vuestra Majestad hizo mucho fruto nuestra ida, porque luego aport\u00f3 all\u00ed un nav\u00edo con mucha gente y bastimentos y dieron all\u00ed en la tierra, que no pudieron hacer otra cosa, y si la tierra no estuviera de paz no escapara ninguno, como los del otro que antes hab\u00edan muerto. Y hallamos las caras propias de los espa\u00f1oles desholladas en sus oratorias, digo, los cueros dellas, curados en tal manera que muchos dellos se conoscieron. Y aun cuando el adelantado Francisco de Garay lleg\u00f3 a la dicha tierrra, como adelante a Vuestra Sacra Majestad har\u00e9 relaci\u00f3n, no quedara \u00e9l ni ninguno de los que con \u00e9l ven\u00edan a vida &#8211; con tiempo fueron a dar treinta leguas abajo del dicho r\u00edo de P\u00e1nuco y perdieron algunos nav\u00edos y salieron todos a tierra muy destrozados &#8211; si la gente no hallaran en paz, que los trujieron a cuestas y los sirvieron hasta ponellos en el pueblo de los espa\u00f1oles, que sin otra guerra se murieran todos. As\u00ed que no fue poco bien estar aquella tierra de paz.<br \/>\nEn los cap\u00edtulos antes d\u00e9ste, Excelent\u00edsimo Pr\u00edncipe, dije c\u00f3mo veniendo de camino despu\u00e9s de haber pacificado la provincia de P\u00e1nuco se conquist\u00f3 la proviencia de Tututepeque, que estaba rebelada, y todo lo que en ella se hizo, porque ten\u00eda nueva que una provincia que est\u00e1 cerca de la Mar del Sur que se llama Impilcingo, que es de la calidad d\u00e9sta de Tututepeque en fortaleza de sierras y aspereza de la tierra y de gente no menos belicosa, los naturales della hac\u00edan mucho da\u00f1o en los vasallos de Vuestra Ces\u00e1rea Majestad que confinan con su tierra, y dellos se me hab\u00edan venido a quejar y pidir socorro. Aunque la gente que conmigo ven\u00eda no estaba muy descansada, porque hay de una mar a otra docientas leguas por aquel camino, junt\u00e9 luego veinte y cinco de caballo y setenta u ochenta peones, y con un capit\u00e1n los mand\u00e9 ir a la dicha provincia. Y en la instruci\u00f3n que llevaba le mand\u00e9 que trabajase de los atraer al servicio de Vuestra Alteza por bien, y si no quisiesen, les hiciese la guerra. El cual fue y hobo con ellos ciertos recuentros, y por ser la tierra tan \u00e1spera no pudo dejarla del todo conquistada. Y porque yo le mand\u00e9 en la dicha su instruci\u00f3n que hecho aquello, se fuese a la cibdad de \u00c7acatula y con la gente que llevaba y con la que m\u00e1s de all\u00ed pudiese sacar fuese a la provincia de Coliman &#8211; donde en los cap\u00edtulos pasados dije que hab\u00edan desbaratado aquel capit\u00e1n y gente que iba de la proviencia de Michuacan para la dicha cibdad &#8211; y que trabajase de los atraer por bien y si no, los conquistase, el se fue, y de la gente que llevaba y de la que all\u00e1 tom\u00f3 junt\u00f3 cincuenta de caballo y ciento y cincuenta peones y se fue a la dicha provincia que est\u00e1 de la dicha cibdad de Cacatula costa del Mar del Sur abajo sesenta leguas, y por el camino pacific\u00f3 algunos pueblos que no estaban pac\u00edficos. Y lleg\u00f3 a la dicha proviencia, y en la parte que al otro capit\u00e1n hab\u00edan desbaratado hall\u00f3 mucha gente de guerra que le estaban esperando, creyendo ha berse con \u00e9l como con el otro. Ans\u00ed rompieron los unos y los otros, y plugo a Nuestro Se\u00f1or que la vitoria fue por los nuestros sin morir ninguno dellos, aunque a muchos y a los caballos ferieron. Y los enemigos pagaron bien el da\u00f1o que hab\u00eda hecho, y fue tan bueno el castigo que sin m\u00e1s guerra se dio luego toda la tierra de paz. Y no solamente esta proviencia, mas aun otras muchas cercanas a ella vinieron a se ofrescer por vasallos de Vuestra Ces\u00e1rea Majestad, que fueron Aliman, Colimote [y] Cegoatan. Y de all\u00ed me escribi\u00f3 todo lo que le hab\u00eda sucedido, y le invi\u00e9 a mandar que buscase un asiento que fuese bueno y en \u00e9l se fundase una villa y que le pusiesen por nombre Coliman, como la dicha proviencia. Y le invi\u00e9 nombramiento de alcaldes y regidores para ella y le mand\u00e9 que hiciese la visitaci\u00f3n de los pueblos y gente de aquellas proviencias y me la trujiese con toda la m\u00e1s relaci\u00f3n y secretos de la tierra que pudiese saber, el cual vino y la trajo, y cierta muestra de perlas que hall\u00f3. Y yo repart\u00ed en nombre de Vuestra Majestad los pueblos de aquellas proviencias a los vecinos que all\u00e1 quedaron, que fueron veinte y cinco de caballo y ciento y veinte peones. Y entre la relaci\u00f3n que de aquellas proviencias hizo trujo nueva de un muy buen puerto que en aquella costa se hab\u00eda hallado, de que holgu\u00e9 mucho, porque hay pocos. Y asimismo me trajo relaci\u00f3n de los se\u00f1ores de la proviencia de Hyuatan, que se afirman mucho haber una isla toda poblada de mujeres sin var\u00f3n ninguno, y que en ciertos tiempos van de la tierra firme hombres con los cuales ellas han aceso, y las que quedan pre\u00f1adas si paren mujeres las guardan, y si hombres, los echan de su compa\u00f1\u00eda; y que esta isla est\u00e1 diez jornadas desta proviencia y que muchos dellos han ido all\u00e1 y la han visto. D\u00edcenme asimesmo que es muy rica de perlas y oro. Yo trabajar\u00e9, en teniendo aparejo, de saber la verdad y hacer dello larga relaci\u00f3n a Vuestra Majestad.<br \/>\nViniendo de la provincia de P\u00e1nuco, en una cibdad que se dice Tu\u00e7apan llegaron dos hombres espa\u00f1oles que yo hab\u00eda inviado con algunas personas de los naturales de la cibdad de Temixtit\u00e1n y con otros de la proviencia de Sonsomisco &#8211; que es en la Mar del Sur la costa arriba hacia adonde est\u00e1 Pedrarias de Avila, gobernador de Vuestra Alteza, docientas leguas desta grand cibdad de Temixtit\u00e1n &#8211; a unas cibdades de que muchos d\u00edas hab\u00eda que yo tengo noticia, que se llaman Uclaclan y Buatemala y est\u00e1n desta proviencia de Soncomilco otras sesenta leguas, con los cuales dichos espa\u00f1oles venieron hasta cien personas de los naturales de aquellas cibdades por mandado de los se\u00f1ores dellas, ofresci\u00e9ndose por vasallos y s\u00fabditos de Vuestra Ces\u00e1rea Majestad. Y yo los resceb\u00ed en su real nombre y les certifiqu\u00e9 que queriendo ellos y haciendo lo que all\u00ed ofresc\u00edan, ser\u00edan de m\u00ed y de los de mi compa\u00f1\u00eda en el real nombre de Vuestra Alteza muy bien tratados y favorescidos, y les di ans\u00ed a ellos como para que llevasen a sus se\u00f1ores algunas cosas de las que yo ten\u00eda y ellos en algo estiman, y tom\u00e9 a inviar con ellos otros dos espa\u00f1oles para que les proveyesen de las cosas nescesarias por los caminos. Despu\u00e9s ac\u00e1 he sido informado de ciertos espa\u00f1oles que yo tengo en la provincia de Sonsomico c\u00f3mo aquestas cibdades con su proviencia y otra que se dice de Chiapan que est\u00e1 cerca dellas no tienen aquella voluntad que primero mostraron y ofrescieron, antes diz que hacen da\u00f1o en aquellos pueblos de Soncomisco porque son nuestros amigos y por otra parte me escriben los dichos cristianos que inv\u00edan all\u00ed siempre mensajeros y que se desculpan que ellos no lo hacen, sino otros. Y para saber la verdad desto yo ten\u00eda a Pedro de Alvarado despachado con ochenta y tantos de caballo y docientos peones, en que iban muchos ballesteros y escopeteros y cuatro tiros de artiller\u00eda con mucha munici\u00f3n y p\u00f3lvora. Y asimismo ten\u00eda hecha cierta armada de nav\u00edos de que inviaba por capit\u00e1n un Crist\u00f3bal Dolit, que pas\u00f3 en mi compa\u00f1\u00eda, para la inviar por la costa del norte a poblar la punta o cabo de Ybueras, que est\u00e1 sesenta leguas de la bah\u00eda de la Asunci\u00f3n, que es a barlovento de lo que llaman Yucat\u00e1n la costa arriba de la Tierra Firme hacia el Dari\u00e9n, as\u00ed porque tengo mucha informaci\u00f3n que aquella tierra es muy rica como porque hay opini\u00f3n de muchos pilotos que por aquella bah\u00eda sale estrecho a la otra mar, que es la cosa que yo en este mundo m\u00e1s deseo topar por el gran servicio que se me representa que dello Vuestra Ces\u00e1rea Majestad resceber\u00eda. Y estando estos dos capitanes a punto con todo lo nescesario al camino de cada uno, vino un mensajero de la villa de Santisteban del Puerto, que yo pobl\u00e9 en el r\u00edo de P\u00e1nuco, por el cual los alcaldes della me hac\u00edan saber c\u00f3mo el adelantado Francisco de Garay hab\u00eda llegado al dicho r\u00edo con ciento y veinte de caballo y cuatrocientos peones y mucha artiller\u00eda, y que se intitulaba gobernador de aquella tierra y que as\u00ed lo hac\u00eda decir a los naturales de aquella tierra con una lengua que consigo tra\u00eda, y que les dec\u00eda que les vengar\u00eda de los da\u00f1os que en la guerra pasada de m\u00ed hab\u00edan rescibido, y que fuesen con \u00e9l para echar de all\u00ed aquellos espa\u00f1oles que yo all\u00ed ten\u00eda y a los que m\u00e1s yo inviase, y que les ayudar\u00eda a ello y otras muchas cosas de esc\u00e1ndalo, y que los naturales estaban algo alborotados. Y para m\u00e1s certificarme a m\u00ed de la sospecha de la confederaci\u00f3n suya con el almirante y con Diego Vel\u00e1zquez, dende a pocos d\u00edas lleg\u00f3 al dicho r\u00edo una carabela de la isla de Cuba, y en ella ven\u00edan ciertos amigos y cr\u00edados de Diego Vel\u00e1zquez y un criado del obispo de Burgos que diz que ven\u00eda prove\u00eddo de fator de Yucat\u00e1n, y toda la m\u00e1s compa\u00f1\u00eda eran criados y parientes de Diego Vel\u00e1zquez y criados del almirante. Sabida por m\u00ed esta nueva, aunque estaba manco de un brazo de una ca\u00edda de un caballo y en la cama, me determin\u00e9 de ir all\u00e1 a me ver con \u00e9l para escusar aquel alboroto. Y luego envi\u00e9 delante al dicho Pedro de Alvarado con toda la gente que ten\u00eda hecha para su camino, y yo me hab\u00eda de partIr dende a dos d\u00edas. Y ya que mi cama y todo era ido camino y estaba diez leguas desta cibdad donde yo hab\u00eda de ir otro d\u00eda a dormir, lleg\u00f3 un mensajero de la villa de la Vera Cruz casi a medianoche y me trajo cartas de un nav\u00edo que era llegado de Espa\u00f1a, y con ellas una c\u00e9dula firmada del real nombre de Vuestra Majestad, y por ella mandaba al dicho adelantado Francisco de Garay que no se entremetiese en el dicho r\u00edo ni en ninguna cosa que yo tuviese poblado, porque Vuestra Majestad era servido que yo lo tuviese en su real nombre, por lo cual cien millveces los reales pies de Vuestra Ces\u00e1rea Majestad beso. Con la venida desta c\u00e9dula ces\u00f3 mi camino, que no me fue poco provechoso a mi salud, porque hab\u00eda sesenta d\u00edas que no dorm\u00eda y estaba con mucho trabajo y a partirme a aquella saz\u00f3n no hab\u00eda de m\u00ed mucha seguridad, mas pospon\u00edalo todo y ten\u00eda por mejor morir en esta jornada que por guardar mi vida ser cabsa de muchos esc\u00e1ndalos y alborotos y otras muertes que estaban muy notorias. Y despach\u00e9 luego a Diego de acampo, alcalde mayor, con la dicha c\u00e9dula para que seguiese a Pedro de Alvarado, y yo le di una carta para \u00e9l mand\u00e1ndole que en ninguna manera se acercase adonde la gente del adelantado estaba porque no se revolviesen, y mand\u00e9 al dicho alcalde mayor que notificase aquella c\u00e9dula al adelantado y que luego me respondiese lo que dec\u00eda. El cual se parti\u00f3 a la m\u00e1s priesa que pudo y lleg\u00f3 a la proviencia de los Guatescas, adonde hab\u00eda estado Pedro de Alvarado, el cual se hab\u00eda ya entrado la proviencia adentro. Y como supo que iba el alcalde mayor y yo me quedaba, le hizo saber luego c\u00f3mo el dicho Pedro de Alvarado hab\u00eda sabido que un capit\u00e1n de Francisco de Garay que se llama Gonzalo Dovale que andaba con veinte y dos de caballo haciendo da\u00f1o por algunos pueblos de aquella proviencia y alterando la gente della; y que hab\u00eda sido avisado el dicho Pedro de Alvarado c\u00f3mo el dicho capit\u00e1n Gonzalo Dovalle ten\u00eda puestas ciertas atalayas en el camino por donde hab\u00eda de pasar, de lo cual se alter\u00f3 el dicho Alvarado creyendo que le quer\u00eda ofender el dicho Gonzalo Dovalle, y por esto llev\u00f3 concertada toda su gente hasta que lleg\u00f3 a un pueblo que se dice el de las Lajas, adonde hall\u00f3 al dicho Gonzalo Dovalle con su gente. Y all\u00ed llegado, procur\u00f3 de hablar con el dicho capit\u00e1n Gonzalo Dovalle y le dijo lo que hab\u00eda sabido y le hab\u00edan dicho qu\u00e9 andaba haciendo, y que se maravillaba d\u00e9l porque la intenci\u00f3n del gobernador y sus capitanes no era ni hab\u00eda se\u00eddo de les ofender ni hacer da\u00f1o alguno, antes hab\u00eda mandado que les favoresciesen y proveyesen de todo lo que tuviesen nescesidad; y que pues aquello as\u00ed pasaba, que para que ellos estuviesen seguros que no hobiese esc\u00e1ndalo ni da\u00f1o entre la gente de una parte ni otra, que le ped\u00eda por merced no tuviese a mal que las armas y caballos de aquella gente que consigo tra\u00eda estuviese depositado hasta tanto que se diese asiento en aquellas cosas. Y el dicho Gonzalo Dovalle se desculpaba diciendo que no pasaba as\u00ed como le hab\u00edan informado, pero que \u00e9l ten\u00eda por bien de hacer lo que le rogaba. Y as\u00ed estuvieron juntos los unos y los otros comiendo y holgando los dichos capitanes y toda la m\u00e1s gente sin que entre ellos hobiese enojo ni cuesti\u00f3n ninguna. Y luego que esto supo el alcalde mayor, provey\u00f3 con un secretario que consigo llevaba que se llama Francisco de Ordu\u00f1a fuese donde estaban los capitanes Pedro de Alvarado y Gonzalo Dovalle. Y llev\u00f3 mandamiento para que se alzase el dicho d\u00e9posito y les volviese sus armas y caballos a cada uno y les hiciesen saber que la intenci\u00f3n m\u00eda era de les favorescer y ayudar en todo lo que tuviesen necesidad no se desconcertando ellos en escandalizarnos la tierra. E invi\u00f3 ansimesmo otro mandamiento al dicho Alvarado para que los favoresciese y no se entremetiese en tocar en cosa alguna dellos en los enojar, el cual lo cumpli\u00f3 ans\u00ed.<br \/>\nEn este mismo tiempo, Muy Poderoso Se\u00f1or, acaesci\u00f3 que, estando las naos del dicho adelantado dentro en la mar a boca del rio de P\u00e1nuco como en ofensa de todos los vecinos de la villa de Santisteban que yo hab\u00eda all\u00ed fundado, que puede haber tres leguas el rio arriba donde suelen surgir todos los nav\u00edos que al dicho puerto arriban, a cuya cabsa Pedro de Vallejo, teniente m\u00edo en la dicha villa, por asegurarla del peligro que esperaba con la alteraci\u00f3n de los dichos nav\u00edos hizo ciertos requerimientos a los capitanes y mastres dellos para que subiesen al puerto y surgiesen en \u00e9l de paz sin que la tierra rescibiese ning\u00fand agravio ni alteraci\u00f3n, requeri\u00e9ndoles asimismo que si algunas provisiones ten\u00eda de Vuestra Majestad para poblar o entrar en la dicha tierra o en cualquier manera que fuese las mostrasen, con protestaci\u00f3n que mostradas, se cumplir\u00edan en todo y por todo seg\u00fand que por las dichas provisiones Vuestra Alteza lo inviase a mandar. Al cual requirimiento los capitanes y mas tres respondieron en cierta forma en que en efeto conclu\u00edan que no quer\u00edan hacer cosa alguna de lo por el teniente mandado y requerido, a cuya cabsa el teniente dio otro segundo mandamiento dirigido a los dichos capitanes y maestres con cierta pena para que todav\u00eda se hiciese lo mandado y requer\u00eddo por el pr\u00edmero requerimiento, al cual mandamiento tornaron a responder lo que respondido ten\u00edan. Y fue as\u00ed que, viendo los mastres y capitanes de c\u00f3mo de su estada con los nav\u00edos en la boca del r\u00edo por espacio de dos meses y m\u00e1s tiempo y que de su estada resultaba esc\u00e1ndalo as\u00ed entre los espa\u00f1oles que all\u00ed resid\u00edan como entre los naturales de aquella proviencia, un Castromocho, maestre de uno de los dichos nav\u00edos, y Mart\u00edn de San Juan Lipuzcoano, maestre asimismo de otro nav\u00edo, secretamente enviaron al dicho teniente sus mensajeros haci\u00e9ndole saber que ellos quer\u00edan paz y estar obedientes a los mandamientos de la justicia, que le requer\u00edan que fuese el dicho teniente a los dichos dos nav\u00edos y que le rescibir\u00edan y cumplir\u00edan todo lo que les mandase, a\u00f1adiendo que tern\u00edan forma para que los otros nav\u00edos que restaban asimismo se le entregar\u00edan de paz y cumplir\u00edan sus mandamientos, a cuya cabsa el teniente determin\u00f3 de ir con los cinco hombres a los dichos nav\u00edos. Y llegados a ellos, fue rescibido por los dichos maestres, y de all\u00ed invi\u00f3 al capit\u00e1n Juan de Grijalba, que era general de aquella ar mada, que estaba y resid\u00eda en la nao capitana a la saz\u00f3n, para que \u00e9l cumpliese en todo los requerimientos y mandamientos pasados del dicho teniente que le hab\u00eda antes mandado notificar, que el dicho capit\u00e1n no solamente no quiso obedescer pero mand\u00f3 a las naos que estaban presentes se juntasen con la suya en que estaba y todas juntas exceto las dos de que arriba se hace menci\u00f3n. Y as\u00ed juntas contorno de su nao capitana, mand\u00f3 a los capitanes dellas tirasen con la artiller\u00eda que ten\u00edan a los dos nav\u00edos hasta los echar a fondo. Y siendo este mandamiento p\u00fablico y tal que todos lo oyeron, el dicho teniente en su defensa mand\u00f3 aprestar el artiller\u00eda de los dos nav\u00edos que le hab\u00edan obedescido. En este tiempo las naos que estaban alderredor de la capitana y maestres y capitanes dellas no quisieron obedescer a lo mandado por el dicho Juan de Grijalba, y entretanto el dicho capit\u00e1n Grijalba envi\u00f3 un escribano que se llama Vicente L\u00f3pez para que hablase al dicho teniente. Y habiendo explicado su mensaje, el teniente le respondi\u00f3 justificando esta dicha cabsa, y que su venida era all\u00ed solamente por bien de paz y por evitar esc\u00e1ndalos y otros bulicios que se sigu\u00edan de estar los dichos nav\u00edos fuera del dicho puerto adonde acostumbraban a surgir y como corsarios que estaban en lugar sospechoso para hacer alg\u00fand salto en tierra de Su Majestad, que sonaba muy mal, con otras razones que acud\u00edan a este prop\u00f3sito, las cuales obraron tanto que el dicho Vicente L\u00f3pez, escribano, se volvi\u00f3 con la respuesta al capit\u00e1n Grijalba y le inform\u00f3 de todo lo que hab\u00eda o\u00eddo al teniente, atrayendo al dicho capit\u00e1n para que le obedesciese, pues estaba claro que el dicho teniente era justicia en aquella proviencia por Vuestra Majestad y el dicho capit\u00e1n Grijalba sab\u00eda que hasta entonces por parte del adelantado Francisco de Garay ni por la suya se hab\u00edan presentado provisiones reales algunas a que el dicho teniente con los otros vecinos de la villa de Santisteban hobiesen de ofrescer, y que era cosa muy fea estar de la manera que estaban con los nav\u00edos como corsarios en tierra de Vuestra Majestad. Y as\u00ed, movido por estas razones, el capit\u00e1n Grijalba con los maestres y capitanes de los otros nav\u00edos obedescieron al teniente y se subieron el r\u00edo arriba donde suelen surgir los otros nav\u00edos. Y as\u00ed, llegados al puerto, por la desobediencia que el dicho Juan de Grijalba hab\u00eda mostrado a los mandamientos del dicho teniente, le mand\u00f3 prender. Y sabida esta presi\u00f3n por el mi alcalde mayor, luego otro d\u00eda dio su mandamiento para que el dicho Juan de Grijalba fuese suelto y favorescido con todos los dem\u00e1s que ven\u00edan en los dichos nav\u00edos sin que tocase en cosa alguna dellos, y as\u00ed se hizo y se cumpli\u00f3.<br \/>\nAsimismo escribi\u00f3 el dicho alcalde mayor a Francisco de Garay, que estaba en otro puerto diez o doce leguas de all\u00ed, haci\u00e9ndole saber c\u00f3mo yo no pod\u00eda irme a ver con \u00e9l, y que le inviaba a \u00e9l con el poder m\u00edo para que entre ellos se diese asiento en lo que se hab\u00eda de hacer y en ver las provisiones de la una parte y de la otra y dar conclusi\u00f3n en lo que m\u00e1s servicio fuese de Vuestra Majestad. Y despu\u00e9s que el dicho Francisco de Garay vido la carta del dicho alcalde mayor se vino adonde el dicho alcalde mayor estaba, adonde fue muy bien rescibido y prove\u00eddo \u00e9l y toda su gente de todo lo nescesario. Y all\u00ed juntos entrambos, despu\u00e9s de haber platicado y vistas las provisiones, se acord\u00f3, despu\u00e9s de haber visto la c\u00e9dula de que Vuestra Majestad me hab\u00eda hecho merced el dicho adelantado, despu\u00e9s de ser requerido con ella por el alcalde mayor, la obedesci\u00f3 y dijo que estaba presto de la cumplir, y que en cumplimiento della que se quer\u00eda recoger a sus nav\u00edos con su gente para ir a poblar a otra tierra fuera de la contenida en la c\u00e9dula de Vuestra Majestad; y que pues mi voluntad era de favorescerle, que le rogaba al dicho alcalde mayor que le hiciese recoger toda su gente, porque muchos de los que consigo tra\u00eda se le quer\u00edan quedar y otros se le hab\u00edan absentado, y le hiciese proveer de bastimentos de que ten\u00eda nescesidad para los dichos nav\u00edos y gente. Y luego el dicho alcalde mayor lo provey\u00f3 todo como \u00e9l lo pidi\u00f3, y se apregon\u00f3 luego en el dicho puerto adon de estaba la m\u00e1s gente de la una parte y de la otra que todas las personas que hab\u00edan venido en el armada del adelantado Francisco de Garay lo seguiesen y se juntasen con \u00e9l, so pena que el que ans\u00ed no lo hiciese, si fuese hombre de caballo, que perdiese las armas y caballo y su persona se le entregase al dicho adelantado presa; y el pe\u00f3n, [que] se le diesen cien azotes y asimismo se lo entregasen. Asimismo pidi\u00f3 el dicho adelantado al dicho alcalde mayor que porque algunos de los suyos hab\u00edan vendido armas y caballos en el puerto de Santisteban y en el puerto donde estaban y en otras partes de aquella comarca, que se los hiciese volver, porque sin las dichas armas y caballos no se podr\u00eda servir de su gente. Y el alcalde mayor provey\u00f3 de saber por todas las partes donde estuviesen caballos o armas de la dicha gente, y a todos los hizo tomar las armas y caballos que hab\u00edan comprado y volverlas todas al dicho adelantado. Asimismo hizo poner el dicho alcalde mayor alguaciles por los caminos y prender todos cuantos se iban huyendo y se los entreg\u00f3 presos, y le entregaron muchos que ans\u00ed tomaron. Asimismo invi\u00f3 al alguacil mayor a la villa de Santisteban, que es el puerto, y a un secretario m\u00edo con el dicho alguacil mayor para que en la dicha villa y puerto hiciesen las mismas diligencias y diesen los mismos pregones y recogiesen la gente que se le ausentaba y se le entregase y recogiese todo el bastimento que pudiesen y proveyesen las naos del dicho adelantado. Y dio mandamiento para que tambi\u00e9n tomasen las armas y caballos que hobiesen vendido y se las diesen al dicho adelantado, todo lo cual se hizo con mucha diligencia. Y el dicho adelantado se parti\u00f3 al puerto para se ir a embarcar, y el alcalde mayor se qued\u00f3 con su gente para no poner m\u00e1s nescesidad el puerto de la en que estaba y porque mejor se pudiesen proveer. Y estuvo all\u00ed seis o siete d\u00edas para saber c\u00f3mo se cumpl\u00eda todo lo que yo hab\u00eda mandado y lo que \u00e9l hab\u00eda prove\u00eddo, y porque hab\u00eda falta de bastimentos, el dicho alcalde mayor escribi\u00f3 al adelantado si mandaba alguna cosa porque \u00e9l se volv\u00eda a la cibdad de M\u00e9xico, donde yo resido. Y el adelantado le hizo luego mensajero con el cual le hac\u00eda saber c\u00f3mo \u00e9l no hallaba aparejo para se ir, por haber hallado sus nav\u00edos perdidos, que se le hab\u00edan perdido seis nav\u00edos y los que quedaron no estaban para navegar en ellos, y que \u00e9l quedaba haciendo una informaci\u00f3n para que a m\u00ed me contase lo susodicho &#8211; c\u00f3mo \u00e9l no ten\u00eda aparejo para salir de la tierra &#8211; , y que asimismo me hac\u00eda saber que su gente se pon\u00eda con \u00e9l en debate y pleitos diciendo que no eran obligados a le seguir, y que hab\u00edan apelado de los mandamientos que el mi alcalde mayor hab\u00eda dado diciendo que no eran obligados a los cumplir por diez y seis o diez y siete cabsas que asignaban. Una dellas era que se hab\u00edan muerto ciertas personas de hambre de los que en su compa\u00f1\u00eda ven\u00edan, con otras no muy honestas que se enderezaban a su persona. Y asimismo le hizo saber que no bastaban todas las diligencias que se hac\u00edan para detenelle la gente, que anochec\u00edan y no amanesc\u00edan, porque los que un d\u00eda le entregaban presos otro d\u00eda se iban, en poni\u00e9ndolos en su libertad; y que le aconteci\u00f3 desde la noche a la ma\u00f1ana faltarle docientos hombres, que por tanto le rogaba muy afetuosamente no se partiese hasta que \u00e9l llegase porque \u00e9l quer\u00eda venir a verse conmigo a esta cibdad, porque si all\u00ed lo dejaban pensar\u00eda de ahogarse de enojo. Y el alcalde mayor, vista su carta, acord\u00f3 de aguardallo, y vino dende a dos d\u00edas que le escribi\u00f3. Y de all\u00ed despacharon mensajero para m\u00ed por el cual el alcalde mayor me hac\u00eda saber c\u00f3mo el adelantado ven\u00eda a se ver conmigo a esta cibdad; y porque ellos se vern\u00edan poco a poco hasta un pueblo que se llama \u00c7icoaque, que es a la raya destas proviencias, y que all\u00ed aguardar\u00eda mi respuesta. Y el dicho adelantado me escribi\u00f3 d\u00e1ndome relaci\u00f3n del mal aparejo que de nav\u00edos ten\u00eda y de la mala voluntad que su gente le hab\u00eda mostrado, y que porque cre\u00eda que yo tern\u00eda aparejo para le poder remediar, as\u00ed provey\u00e9ndole de la gente que yo ten\u00eda como de lo dem\u00e1s que \u00e9l hobiese menester, y por que conosc\u00eda [que] por mano de otro no pod\u00eda ser remediado ni ayudado, hab\u00eda acordado de se venir a ver conmigo, y que me ofresc\u00eda a su hijo mayor con todo lo que \u00e9l ten\u00eda y esperaba dejalle para me le dar por yerno y que se casase con una hija m\u00eda peque\u00f1a. Y en este medio tiempo, cost\u00e1ndole al dicho alcalde mayor al tiempo que se part\u00edan para se venir a esta cibdad que hab\u00edan venido en aquella armada de Francisco de Garay algunas personas muy sospechosas amigos y criados de Diego Vel\u00e1zquez y que se hab\u00edan mostrado muy contrarios a mis cosas, y viendo que no quedaban bien en la dicha provincia y que de su conversaci\u00f3n se esperaban algunos bullicios y desasosiegos en la tierra, conforme a cierta provisi\u00f3n real que Vuestra Majestad me mand\u00f3 inviar para que las tales personas escandalosas salgan de la tierra, los mand\u00f3 salir della, que fueron: Gon\u00e7alo de Figueroa, y Alonso de Mendo\u00e7a, y Antonio de la Cerda, y Juan de Avila, y Lorenzo de Ulloa y Taborda, y Juan de Grijalba, y Juan de Medina, y otros. Y esto hecho, se venieron hasta el dicho pueblo de Cicoaque, donde les tom\u00f3 mi respuesta que hac\u00eda a las cartas que me hab\u00edan inviado, por la cual les hac\u00eda saber holgaba mucho de la venida del dicho adelantado, y que llegando a esta cibdad, se entender\u00eda con mucha voluntad en todo lo que me hab\u00eda escrito, y en c\u00f3mo, conforme a su deseo, \u00e9l fuese muy bien despachado. Y prove\u00ed asimismo para que su persona fuese muy bien prove\u00edda por el cami no, mandando a los se\u00f1ores de los pueblos le diesen muy cumplidamente todo lo necesario. Y llegado el dicho adelantado a esta cibdad, yo lo rescib\u00ed con toda la voluntad y buenas obras que se requer\u00edan y que yo pude hacerle y como lo har\u00eda un hermano verdadero, porque de verdad me pes\u00f3 mucho de la p\u00e9rdida de sus nav\u00edos y desv\u00edo de su gente. Y le ofresc\u00ed mi voluntad, como en la verdad yo la tuve, de hacer por \u00e9l todo lo que a m\u00ed posible fuese. Y como el dicho adelantado tuviese mucho deseo que hobiese efeto lo que me hab\u00eda escripto cerca de los dichos casamientos, torn\u00f3 con mucha istancia a me importunar a que lo concluy\u00e9semos. Y yo, por le hacer placer, acord\u00e9 de hacer en todo lo que me rogaba y el dicho adelantado tanto deseaba, sobre lo cual se hicieron de consentimiento de ambas partes con mucha certinidad y juramentos ciertos cap\u00edtulos que conclu\u00edan el dicho casamiento, y lo que de ambas partes para se hacer se hab\u00edan de cumplir &#8211; con tanto que, ante todas cosas, despu\u00e9s que Vuestra Majestad fuese certificado de lo capitulado, de todo ello fuese muy servido &#8211; , en manera que dem\u00e1s de nuesta amistad antigua, quedamos con lo contratado y capitulado entre nosotros, junto con el debdo que hab\u00edamos tomado con los dichos nuestros hijos, tan conformes y de una voluntad y querer que no se entend\u00eda en nosotros en m\u00e1s de lo que a cada uno estaba bien en el despacho, pr\u00edncipalmente del dicho adelantado.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CUARTA RELACI\u00d3N &#8211; Parte 1 La cuarta relaci\u00f3n que Hernando Cort\u00e9s, Gobernador y 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