{"id":1235,"date":"2011-02-22T12:37:34","date_gmt":"2011-02-22T10:37:34","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cultureduca.com\/blog\/?p=1235"},"modified":"2018-12-22T03:13:00","modified_gmt":"2018-12-22T01:13:00","slug":"cartas-de-relacion-de-hernan-cortes-iii-iii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/cartas-de-relacion-de-hernan-cortes-iii-iii\/","title":{"rendered":"Cartas de Relaci\u00f3n de Hern\u00e1n Cort\u00e9s (III-III)"},"content":{"rendered":"<p>TERCERA RELACI\u00d3N\u00a0 &#8211; Parte 3<\/p>\n<p>Dende a dos d\u00edas del desbarato, que ya se sab\u00eda por toda la comarca, los naturales de una poblaci\u00f3n que se dice Quamaguaras que eran subjetos a la cibdad y se hab\u00edan dado por nuestros amigos vinieron al real y dij\u00e9ronme como los de la poblaci\u00f3n de Marinalco, que eran sus vecinos, les hac\u00edan mucho da\u00f1o y les destru\u00edan su tierra, y que agora se juntaban con los de la provincia de Coisco , que es grande, y quer\u00edan venir sobre ellos a los matar porque se hab\u00edan dado por vasallos de Vuestra Majestad y nuestros amigos; y que dec\u00edan que despu\u00e9s dellos destruidos, hab\u00edan de venir sobre nosotros. Y aunque lo pasado era tan de poco tiempo acaescido y ten\u00edamos nescesidad antes de ser socorridos que de dar socorro, porque ellos me lo ped\u00edan con mucha instancia determ\u00edn\u00e9 de se lo dar. Y aunque tuve mucha contradici\u00f3n y dec\u00edan que me destru\u00eda en sacar gente del real, despach\u00e9 con aqu\u00e9llos que ped\u00edan socorro ochenta peones y d\u00edez de caballo con Andr\u00e9s de Tapia, cap\u00edt\u00e1n, al cual encomend\u00e9 mucho que ficiese lo que m\u00e1s conven\u00eda al servicio de Vuestra Majestad y nuestra seguridad, pues v\u00eda la nescesi dad en que est\u00e1bamos, y que en ir y volver no estuviese m\u00e1s de diez d\u00edas. Y \u00e9l se parti\u00f3, y llegado a una poblac\u00ed\u00f3n peque\u00f1a que est\u00e1 entre Marinalco y Coadnaoacad, hall\u00f3 a los enemigos que le estaban esperando, y \u00e9l con la gente de Coadnaoacad y con la que llevaba comenz\u00f3 su batalla en el campo. Y pelearon tan bien los nuestros que desbarataron los enemigos y en el alcance los siguieron fasta los meter en Marinalco, que est\u00e1 asentado en un cerro muy alto y donde los de caballo no pod\u00edan subir. Y viendo esto, destruyeron lo que estaba en el llano y volvi\u00e9ronse a nuestro real con esta vitoria dentro de los diez d\u00edas. En lo alto desta poblaci\u00f3n de Marinalco hay muchas fuentes de muy buena agua, y es muy fresca cosa. En tanto que este capit\u00e1n fue y vino a este socorro, algunos espa\u00f1oles de pie y de caballo, como he dicho, con nuestros amigos entraban a pelear a la cibdad fasta cerca de las casas grandes que est\u00e1n en la plaza. Y de all\u00ed no pod\u00edan pasar, porque los de la cibdad ten\u00edan abierta la calle de agua que est\u00e1 a la boca de la plaza y estaba muy honda y ancha, y de la otra parte ten\u00edan una muy grande y fuerte albarrada. Y all\u00ed peleaban los unos con los otros fasta que la noche los desparti\u00f3. Un se\u00f1or de la provincia de Tascaltecal que se dice Chichimecatecle, de que atr\u00e1s he fecho relaci\u00f3n, que trujo la tablaz\u00f3n que se hizo en aquella provincia para los bergantines, desde el prencipio de la guerra resid\u00eda con toda su gente en el real de Pedro de Alvarado. Y como v\u00eda que por el desbarato pasado les espa\u00f1oles no peleaban como sol\u00edan, determin\u00f3 sin ellos de entrar \u00e9l con su gente a combatir los de la cibdad. Dejando cuatrocientos flecheros de los suyos a una puente quitada de agua bien peligrosa que gan\u00f3 a los de la cibdad, lo cual nunca acaesc\u00eda sin ayuda nuestra, pas\u00f3 adelante con los suyos, y con mucha grita, apellidando y nombrando su provincia y se\u00f1or, pelearon aquel d\u00eda muy reciamente, y hobo de una parte y de otra muchos heridos y muchos y algunos muertos. Y los de la cibdad bien tenian cre\u00eddo que los ten\u00edan asidos, porque como es gente que al retraer aunque sea sin vitoria siguen con mucha determinaci\u00f3n, pensaron que al pasar del agua, donde suele ser cierto el peligro, se hab\u00edan de vengar muy bien dellos. Y para este efeto y socorro Chichimecatecle hab\u00eda dejado junto al paso del agua los cuatrocientos flecheros. Y como ya se ven\u00edan retrayendo los de la cibdad cargaron sobre ellos muy de golpe, y los de Tascaltecal ech\u00e1ronse al agua y con el favor de los flecheros pasaron. Y los enemigos con la resistencia que en ellos fallaron se quedaron y aun bien espantados de la osad\u00eda que hab\u00eda tenido Chichitelaque. Dende a dos d\u00edas que los espa\u00f1oles vinieron de hacer guerra a los de Marinalco, seg\u00fand que Vuestra Majestad habr\u00e1 visto en los cap\u00edtulos antes d\u00e9ste, llegaron a nuestro real diez indios de los utum\u00edes, que eran esclavos de los de la cibdad. Y como he dicho, hab\u00edanse dado por vasallos de Vuestra Majestad y cada d\u00eda ven\u00edan en nuestra ayuda a pelear. Y dij\u00e9ronme c\u00f3mo los se\u00f1ores de la provincia de Matalcingo, que son sus vecinos, les fac\u00edan guerra y les destru\u00edan su tierra y les hab\u00edan quemado un pueblo y llev\u00e1doles alguna gente, y que ven\u00edan destruyendo cuanto pod\u00edan y con intenci\u00f3n de venir a nuestros reales y dar sobre nosotros porque los de la cibdad saliesen y nos acabasen. Y a lo m\u00e1s desto dimos cr\u00e9dito, porque de pocos d\u00edas a aquella parte cada vez que entr\u00e1bamos a pelear nos amenazaban con los desta provincia de Matalcingo, de la cual aunque no ten\u00edamos mucha noticia, bien sab\u00edamos que era grande y que estaba veinte y dos leguas de nuestros reales. Y en la queja que estos utum\u00edes nos daban de aquellos sus vecinos daban a entender que les di\u00e9semos socorro, y aunque lo ped\u00edan en muy recio tiempo, confiando en el ayuda de Dios y por quebrar algo las alas a los de la cibdad que cada d\u00eda nos amenazaban con \u00e9stos y mostraban tener esperanza de ser dellos socorridos y este socorro de ninguna parte les pod\u00eda venir si d\u00e9stos no, determin\u00e9 de inviar all\u00e1 a Gon\u00e7alo de Sandoval, alguacil mayor, con diez y ocho de caballo y cient peones en que hab\u00eda solo un ballestero, el cual se parti\u00f3 con ellos y con otra gente de los utum\u00edes nuestros amigos. Y Dios sabe el peligro en que todos ellos iban y aun el en que nosotros qued\u00e1bamos, pero como nos conven\u00eda mostrar m\u00e1s esfuerzo y \u00e1nimo que nunca y morir peleando, desimul\u00e1bamos nuestra flaqueza as\u00ed con los amigos como con los enemigos, pero muchas y muchas veces dec\u00edan los espa\u00f1oles que pluyese a Dios que con las vidas los dejasen y se viesen vencedores contra los de la cibdad aunque en ella ni en toda la tierra no hubiesen otro interese ni provecho, por do se conocer\u00e1 la aventura y nescesidad estrema en que ten\u00edamos nuestras personas y vidas. El alguacil mayor fue aquel d\u00eda a dormir a un pueblo de los otum\u00edes, que est\u00e1 frontero de Matalcingo. Y otro d\u00eda muy de ma\u00f1ana se parti\u00f3 y fue a unas estancias de los dichos otum\u00edes, las cuales hall\u00f3 sin gente y mucha parte dellas quemadas. Y llegando m\u00e1s adelante junto a una ribera, hall\u00f3 mucha gente de guerra de los enemigos que hab\u00edan acabado de quemar otro pueblo, y como le vieron, comenzaron a dar la vuelta. Y por el camino que llevaban en pos dellos hallaban muchas cargas de ma\u00edz y de ni\u00f1os asados que tra\u00edan para su provisi\u00f3n, los cuales hab\u00edan dejado como hab\u00edan sentido ir los espa\u00f1oles. Y pasado un r\u00edo que all\u00ed estaba m\u00e1s adelante en lo llano, los enemigos comenzaron a reparar, y el alguacil mayor con los de caballo rompi\u00f3 por ellos y desbarat\u00f3los. Y puestos en huida, tiraron su camino derecho a su pueblo de Matalcingo que estaba cerca de tres leguas de all\u00ed, y en todas dur\u00f3 el alcance de los de caballo fasta los encerrar en el pueblo. Y all\u00ed esperaron a los espa\u00f1oles y a nuestros amigos, los cuales ven\u00edan matando en los que los de caballo atajaban y dejaban atr\u00e1s, y en este alcance murieron m\u00e1s de dos mill de los enemigos. Llegados los de pie donde estaban los de caballo y nuestros amigos, que pasaban de sesenta mill hombres, comenzaron a ir hacia el pueblo, donde los enemigos hicieron rostro en tanto que las mujeres y los ni\u00f1os y sus haciendas se pon\u00edan en salvo en una fuerza que estaba en un cerro muy alto que estaba all\u00ed junto. Pero como dieron de golpe en ellos hici\u00e9ronlos tambi\u00e9n retraer a la fuerza que ten\u00edan en aquella altura, que era muy agra y fuerte, y quemaron y robaron el pueblo en muy breve espacio. Y como era tarde, el alguacil mayor no quiso combatir la fuerza, y tambi\u00e9n porque estaban muy cansados porque todo aquel d\u00eda hab\u00edan peleado. Los enemigos toda la m\u00e1s de la noche despendieron en dar alaridos y hacer mucho estruendo de atabales y bocinas. Otro d\u00eda de ma\u00f1ana el alguacil mayor con toda la gente comenz\u00f3 a guiar para sobirles a los enemigos aquella fuerza, aunque con temor de se ver en trabajo en la resistencia. Y llegados, no vieron gente ninguna de los contrarios, y ciertos indios amigos nuestros descend\u00edan de lo alto y dijeron que no hab\u00eda nadie y que al cuarto del alba se hab\u00edan ido todos los enemigos. Y estando ans\u00ed, vieron por todos aquellos llanos de la redonda mucha gente, y eran los utum\u00edes. Y los de caballo, creyendo que eran los enemigos, corrieron hacia ellos y alancearon tres o cuatro. Y como la lengua de los otum\u00edes es diferente desta otra de Cul\u00faa no los entend\u00edan m\u00e1s de como echaban las armas y se ven\u00edan para los espa\u00f1oles, y todav\u00eda alancearon tres o cuatro, pero ellos bien entendieron que hab\u00eda sido por no lo conoscer. Y como los enemigos no esperaron los espa\u00f1oles acordaron de se volver por otro pueblo suyo que tambi\u00e9n estaba de guerra, pero como vieron venir tanto poder sobre ellos sali\u00e9ronle de paz. Y el alguacil mayor habl\u00f3 con el se\u00f1or de aquel pueblo y d\u00edjole que ya sab\u00eda que yo resceb\u00eda con buena voluntad a todos los que se ven\u00edan a ofrescer por vasallos de Vuestra Majestad, aunque fuesen muy culpados, que le rogaba que fuese a hablar con aqu\u00e9llos de Matalcingo para que se viniesen a m\u00ed. Y profiri\u00f3se de lo facer ans\u00ed y de traer de paz a los de Marinalco, y as\u00ed se volvi\u00f3 el alguacil mayor con esta vitoria a su real. Y aquel d\u00eda algunos espa\u00f1oles estaban peleando en la cibdad y los cibdadanos hab\u00edan inviado a decir que fuese all\u00e1 nuestra lengua porque quer\u00edan hablar sobre la paz, la cual, seg\u00fand paresci\u00f3, ellos no quer\u00edan sino con condici\u00f3n que nos fu\u00e9semos de toda la tierra, lo cual ficieron a fin que los dej\u00e1semos algunos d\u00edas descansar y fornescerse de lo que hab\u00edan menester, aunque nunca dellos alcanzamos dejar de tener voluntad de pelear siempre con nosotros. Y estando as\u00ed platicando con la lengua muy cerca los nuestros de los enemigos &#8211; que no hab\u00eda sino una puente quitada en medio &#8211; , un viejo dellos all\u00ed a vista de todos sac\u00f3 de su mochilla muy despacio ciertas cosas que comi\u00f3 por nos dar a entender que no ten\u00edan nescesidad, porque nosotros les dec\u00edamos que all\u00ed se hab\u00edan de morir de hambre. Y nuestros amigos dec\u00edan a los espa\u00f1oles que aquellas paces eran falsas, que peleasen con ellos. Y aquel d\u00eda no se pele\u00f3 m\u00e1s porque los prencipales dijeron a la lengua que me hablase. Dende a cuatro d\u00edas que el alguacil mayor vino de la provincia de Matalcingo, los se\u00f1ores della y de Marinalco y de la provincia de Cuiscon, que es grande y mucha cosa y estaban tambi\u00e9n rebelados, vinieron a nuestro real y pidieron perd\u00f3n de lo pasado y ofresci\u00e9ronse de servir muy bien, y ans\u00ed lo ficieron y han fecho fasta agora. En tanto que el alguacil mayor fue a Matalcingo, los de la cibdad acordaron de salir de noche y dar en el real de Alvarado. Y al cuarto del alba dan de golpe, y como las velas de caballo y de pie lo sintieron, apellidaron de llamar alarma y los que all\u00ed estaban arremetieron a ellos. Y como los enemigos sintieron los de caballo, ech\u00e1ronse al agua, y en tanto llegan los nuestros y pelearon m\u00e1s de tres horas con ellos. Y nosotros o\u00edmos en nuestro real un tiro de campo que tiraba, y como ten\u00edamos recelo no los desbaratasen yo mand\u00e9 armar la gente para entrar en la cibdad para que aflojasen en el combate de Alvarado. Y como los indios fallaron tan recios a los espa\u00f1oles acordaron de se volver a su cibdad, y nosotros aquel d\u00eda fuemos a pelear a la cibdad. En esta saz\u00f3n ya los que hab\u00edamos salido heridos del desbarato est\u00e1bamos buenos. Y a la Villa Rica hab\u00eda aportado un nav\u00edo de Juan Ponce de Le\u00f3n que hab\u00edan desbaratado en la tierra o isla Florida, y los de la villa invi\u00e1ronme cierta p\u00f3lvora y ballestas, de que ten\u00edamos mucha nescesidad. Y ya, gracias a Dios, por aqu\u00ed a la redonda no ten\u00edamos tierra que no fuese en nuestro favor. Y yo, viendo como \u00e9stos de la cibdad estaban tan rebeldes y con la mayor muestra y determinaci\u00f3n de morir que nunca generaci\u00f3n tuvo, no sab\u00eda qu\u00e9 medio tener con ellos para quitarnos a nosotros de tantos peligros y trabajos y a ellos ni a su cibdad no los acabar de destruir, porque era la m\u00e1s hermosa cosa del mundo. Y no nos aprovechaba decilles que no hab\u00edamos de levantar los reales ni los bergantines hab\u00edan de cesar de les dar guerra por el agua ni que hab\u00edamos destruido a los de Matalcingo y Marinalco, y que no ten\u00edan en toda la tierra quien los podiese socorrer ni ten\u00edan de donde haber ma\u00edz ni carne ni frutas ni agua ni otra cosa de mantenimiento. Y cuanto m\u00e1s destas cosas les dec\u00edamos, menos muestra v\u00edamos en ellos de flaqueza, mas antes en el pelear y en todos sus ardides los hall\u00e1bamos con mas \u00e1nimo que nunca. Y yo, viendo que el negocio pasaba desta manera y que hab\u00eda ya m\u00e1s de cuarenta y cinco d\u00edas que est\u00e1bamos en el cerco, acord\u00e9 de tomar un medio para nuestra seguridad y para poder m\u00e1s estrechar a los enemigos, y fue que como fu\u00e9semos ganando por las calles de la cibdad, que fuesen derrocando todas las casas dellas del un lado y del otro, por manera que no fu\u00e9semos un paso adelante sin lo dejar todo asolado y lo que era agua hacello tierra firme, aunque hobiese toda la dilaci\u00f3n que se pudiese seguir. Y para esto yo llam\u00e9 a todos los se\u00f1ores y prencipales nuestros amigos y d\u00edjeles lo que ten\u00eda acordado, por tanto, que hiciesen venir mucha gente de sus labradores y trujesen sus coas, que son unos palos que se aprovechan tanto como los cavadores en Espa\u00f1a de azada. Y ellos me respondieron que ans\u00ed lo har\u00edan de muy buena voluntad y que era muy buen acuerdo, y holgaron mucho con esto porque les paresci\u00f3 que era manera para que la cibdad se asolase, lo cual todos ellos deseaban m\u00e1s que cosa del mundo. Entretanto que esto se concertaba, pas\u00e1ronse tres o cuatro d\u00edas. Los de la cibdad bien pensaron que orden\u00e1bamos algunos ardides contra ellos. Y ellos tambi\u00e9n, seg\u00fand despu\u00e9s paresci\u00f3, ordenaban lo que pod\u00edan para su defensa, seg\u00fand que tambi\u00e9n lo barrunt\u00e1bamos. Y concertado con nuestros amigos que por la tierra y por la mar los hab\u00edamos de ir a combatir otro d\u00eda de ma\u00f1ana despu\u00e9s de haber o\u00eddo misa tomamos el camino para la cibdad. Y en llegando al paso del agua y albarrada que estaba cabe las casas grandes de la plaza, queri\u00e9ndola combatir, los de la cibdad dijeron que estuvi\u00e9semos quedos, que quer\u00edan paz. Y yo mand\u00e9 a la gente que no pelease y d\u00edjeles que viniese all\u00ed el se\u00f1or de la cibdad a me hablar y que se daria orden en la paz. Y con decirme que ya le hab\u00edan ido a llamar me detuvieron m\u00e1s de una hora, porque en la verdad ellos no ten\u00edan gana de la paz y ans\u00ed lo mostraron, porque luego en estando nosotros quedos nos comenzaron a tirar flechas y varas y piedras. Y como yo vi esto comenzamos a combatir el albarrada y gan\u00e1mosla, y en entrando en la plaza hall\u00e1mosla toda sembrada de piedras grandes porque los caballos no pudiesen correr por ella &#8211; porque por lo firme \u00e9stos son los que les hacen la guerra &#8211; y hallamos una calle cercada con piedra seca y otra tambi\u00e9n llena de piedras porque los caballos no pudiesen correr por ellas. Y dende este d\u00eda en adelante cegamos de tal manera aquella calle del agua que sal\u00eda a la plaza que nunca despu\u00e9s los indios la abrieron, y de all\u00ed en delante comenzamos a asolar poco a poco las casas y cerrar y cegar muy bien lo que ten\u00edamos ganado del agua. Y como aquel d\u00eda llevamos m\u00e1s de ciento y cincuenta mill hombres de guerra fizose mucha cosa, y as\u00ed nos volvimos aquel d\u00eda al real. Y los bergantines y canoas de nuestros amigos hicieron mucho da\u00f1o en la cibdad y volvi\u00e9ronse a reposar. Otro d\u00eda siguiente por la misma orden entramos en la cibdad. Y llegados a aquel circuito y patio grande donde estaban las torres de los \u00eddolos, yo mand\u00e9 a los capitanes que con su gente no hiciesen sino cegar las calles de agua y allanar los pasos malos que ten\u00edamos ganados, y que nuestros amigos, deIlos quemasen y allanasen las casas y otros fuesen a pelear por las partes que sol\u00edamos, y que los de caballo guardasen a todos las espaldas. Y yo me sub\u00ed en una torre m\u00e1s alta de aqu\u00e9llas porque los indios me conosc\u00edan y sab\u00eda que les pesaba mucho de verme subido en la torre, y de all\u00ed animaba a nuestros amigos y hac\u00edales socorrer cuando era nescesario, porque como peleaban a la continua a veces los contrarios se retra\u00edan y a veces los nuestros, los cuales luego eran socorridos con tres o cuatro de caballo que les pon\u00edan infinito miedo y a los nuestros \u00e1nimo para revolver sobre ellos. Y desta manera y por esta orden entramos en la cibdad cinco o seis d\u00edas arreo, y siempre al retraer ech\u00e1bamos a nuestros amigos delante y hac\u00edamos [que] algunos de los espa\u00f1oles se metiesen en celada en unas casas, y los de caballo qued\u00e1bamos atr\u00e1s y hac\u00edamos que nos retra\u00edamos de golpe por sacarlos a la plaza, y con esto y con las celadas de los peones cada tarde alance\u00e1bamos algunos. Y un d\u00eda d\u00e9stos hab\u00eda en la plaza siete u ocho de caballo y estuvieron esperando que los enemigos saliesen, y como vieron que no sal\u00edan hicieron que se volv\u00edan. Y los enemigos con recelo que a la vuelta no los alanceasen como sol\u00edan estaban puestos por unas paredes y azoteas, y hab\u00eda infinito n\u00famero dellos. Y como los de caballo revolv\u00edan tras ellos, que eran ocho o nueve, y ellos les ten\u00edan tomada de lo alto una boca de la calle, no podieron seguir tras los enemigos que iban por ella y hobi\u00e9ronse de retraer. Y los enemigos con favor de c\u00f3mo los hab\u00edan fecho retraer ven\u00edan muy encarnizados, y ellos estaban tan sobre aviso que se acog\u00edan donde no resceb\u00edan da\u00f1o y los de caballo resceb\u00edan de los que estaban puestos por las paredes. Y hobi\u00e9ronse de retraer e hirieron dos caballos, lo cual me dio ocasi\u00f3n para les ordenar una buena celada, como adelante har\u00e9 relaci\u00f3n a Vuestra Majestad. Y aquel d\u00eda en la tarde nos volvimos a nuestro real con dejar bien seguro y allanado todo lo ganado y a los de la cibdad muy ufanos, porque cre\u00edan que de temor nos retra\u00edamos. Y aquella tarde fice un mensajero al alguacil mayor para que antes del d\u00eda viniese all\u00ed a nuestro real con quince de caballo de los suyos y de los de Pedro de Alvarado. Otro d\u00eda por la ma\u00f1ana lleg\u00f3 el alguacil mayor con los quince de caballo, y yo ten\u00eda de los de Cuyoacan all\u00ed otros veinte y cinco, que eran cuarenta. Y a diez dellos mand\u00e9 que luego por la ma\u00f1ana saliesen con toda la otra gente y que ellos y los bergantines fuesen por la orden pasada a combatir y a derrocar y ganar todo lo que pudiesen, porque yo, cuando fuese tiempo de retraerse, ir\u00eda all\u00e1 con los otros treinta de caballo; y que pues sab\u00edan que ten\u00edamos mucha parte de la cibdad allanada, que cuanto pudiesen siguiesen de tropel a los enemigos hasta los encerrar en sus fuerzas y calles de agua, y que all\u00ed se detuviesen con ellos hasta que fuese hora de retraer y yo y los otros treinta de caballo sin ser vistos pudi\u00e9semos meternos en una celada en unas casas grandes que estaban cerca de las otras grandes de la plaza. Y los espa\u00f1oles lo ficieron como yo les avis\u00e9, y a la una hora despu\u00e9s de mediod\u00eda tom\u00e9 el camino para la cibdad con los treinta de caballo. Y allegados, dej\u00e9los metidos en aquellas casas y yo me fue y me sob\u00ed en la torre alta, como sol\u00eda. Y estando all\u00ed, unos espa\u00f1oles abrieron una sepoltura y hallaron en ella en cosas de oro m\u00e1s de mill y quinientos castellanos. Y venida ya la hora de retraer, mand\u00e9les que con mucho concierto se comenzasen de retraer, y que los de caballo, desque estuviesen retra\u00eddos en la plaza, ficiesen que acomet\u00edan y que no osaban llegar, y esto se ficiese cuando viesen mucha copia de gente alderredor de la plaza. Y en ella los de la celada estaban ya deseando que se llegase la hora, porque ten\u00edan deseo de facello bien y estaban ya cansados de esperar. Y yo met\u00edme con ellos, y ya se ven\u00edan retrayendo por la plaza los espa\u00f1oles de pie y de caballo y los indios nuestros amigos que hab\u00edan entendido ya lo de la celada. Y los enemigos ven\u00edan con tantos alaridos que paresc\u00eda que consigu\u00edan toda la vitoria del mundo, y los nueve de caballo hicieron que arremet\u00edan tras ellos por la plaza adelante y retra\u00edanse de golpe, y como hobieron fecho esto dos veces los enemigos tra\u00edan tanto favor que a las ancas de los caballos les ven\u00edan dando fasta los meter por la boca de la calle donde est\u00e1bamos en la celada. Y como vimos a los espa\u00f1oles pasar delante de nosotros y o\u00edmos soltar un tiro de escopeta que ten\u00edamos por se\u00f1al, conoscimos que era tiempo de salir, y con el apellido de \u00abse\u00f1or Santiago\u00bb damos de s\u00fapito sobre ellos y vamos por la plaza adelante alanceando y derrocando y atajando muchos que por nuestros amigos que nos segu\u00edan eran tomados, de manera que desta celada se mataron m\u00e1s de quinientos, todos los m\u00e1s prencipales y esforzados y valientes hombres. Y aquella noche tuvieron bien que cenar nuestros amigos, porque todos los que se mataron tomaron y llevaron hechos piezas para comer. Fue tanto el espanto y admiraci\u00f3n que tomaron en verse tan de s\u00fapito ans\u00ed desabarata dos que ni hablaron ni gritaron en toda esa tarde ni osaron asomar en calle ni en azotea donde no estuviesen muy a su salvo y seguros. Y ya que era casi noche, que nos retra\u00edmos, paresce que los de la cibdad mandaron a ciertos esclavos suyos que mirasen si nos retra\u00edamos o qu\u00e9 hac\u00edamos. Y como se asomaron por una calle arremetieron diez o doce de caballo y sigui\u00e9ronlos, de manera que ninguno se les escap\u00f3. Cobraron desta nuestra vitoria los enemigos tanto temor que nunca m\u00e1s en todo el tiempo de guerra osaron entrar en la plaza ninguna vez que nos retra\u00edamos aunque s\u00f3lo uno de caballo no m\u00e1s viniese, y nunca osaron salir a indio ni a pe\u00f3n de los nuestros, creyendo que de entre los pies se les hab\u00eda de levantar otra celada. Y \u00e9sta deste d\u00eda y vitoria que Dios Nuestro Se\u00f1or nos dio fue bien prencipal causa para que la cibdad m\u00e1s presto se ganase, porque los naturales della rescebieron mucho desmayo y nuestros amigos doblado \u00e1nimo. Y ans\u00ed nos fuemos a nuestro real con intenci\u00f3n de dar mucha priesa en hacer la guerra y no dejar de entrar ning\u00fand d\u00eda fasta la acabar. Y aquel d\u00eda ning\u00fand peligro hobo en los de nuestro real, expceto que al tiempo que salimos de la celada se encontraron unos de caballo y cay\u00f3 uno de una yegua y ella fuese derecha a los enemigos, los cuales la flecharon. Y bien herida, como vio la mala obra que resceb\u00eda se volvi\u00f3 hacia nosotros, y aquella noche se muri\u00f3. Y aunque nos pes\u00f3 mucho porque los caballos y yeguas nos daban la vida, no fue tanto el pesar como si muriera en poder de los enemigos, como pensamos que de hecho pasara, porque si ans\u00ed fuera ellos hobieran m\u00e1s placer que no pesar por los que les matamos. Los bergantines y las canoas de nuestros amigos hicieron grande estrago en la cibdad aquel d\u00eda sin rescebir peligro alguno. Como ya conoscimos que los indios de la cibdad estaban muy amedrentados, supimos de unos dos dellos de poca manera, que de noche se hab\u00edan salido de la cibdad y se hab\u00edan venido a nuestro real, que se mor\u00edan de hambre, que sal\u00edan de noche a pescar por entre las casas de la cibdad y andaban por la parte que della les ten\u00edamos ganada buscando le\u00f1a y yerbas y ra\u00edces que comer. Y porque ya ten\u00edamos muchas calles de agua cegadas y adreszados muchos malos pasos, acord\u00e9 de entrar al cuarto del alba y hacer todo el da\u00f1o que pudi\u00e9semos. Y los bergantines salieron antes del d\u00eda, y yo con doce o quince de caballo y ciertos peones y amigos nuestros entramos de golpe. Y primero posimos ciertas esp\u00edas, las cuales, siendo de d\u00eda, estando nosotros en celada, nos ficieron se\u00f1al que sali\u00e9semos. Y dimos sobre infinita gente, pero como eran de aquellos m\u00e1s miserables y que sal\u00edan a buscar de comer, los m\u00e1s ven\u00edan desarmados y eran mujeres y muchachos, y fecimos tanto da\u00f1o en ellos por todo lo que se pod\u00eda andar de la cibdad, que presos y muertos pasaron de m\u00e1s de ochocientas personas. Y los bergantines tomaron tambi\u00e9n mucha gente y canoas que andaban pescando y ficieron en ellas mucho estrago. Y como los capitanes y prencipales de la cibdad nos vieron andar por ella a hora no acostumbrada, quedaron tan espantados como de la celada pasada y ninguno os\u00f3 salir a pelear con nosotros, y as\u00ed nos volvimos a nuestro real con harta presa y manjar para nuestros amigos. Otro d\u00eda de ma\u00f1ana entramos en la cibdad, y como ya nuestros amigos v\u00edan la buena orden que llev\u00e1bamos para la destruici\u00f3n della, era tanta la multitud que de cada d\u00eda ven\u00edan que no ten\u00edan cuento. Y aquel d\u00eda acabamos de ganar toda la calle de Tacuba y de adobar los malos pasos della, en tal manera que los del real de Pedro [de] Alvarado se pod\u00edan comunicar con nosotros por la cibdad. Y por la calle prencipal que iba al mercado se ganaron otras dos puentes y se ceg\u00f3 muy bien el agua y quemamos las casas del se\u00f1or de la cibdad, que era mancebo de edad de diez y ocho a\u00f1os que se dicia Guatimuci, que era el segundo se\u00f1or despu\u00e9s de la muerte de Mutee\u00e7uma. Y en estas casas ten\u00edan los indios mucha fortaleza, porque eran muy grandes y fuertes y cercadas de agua. Tambi\u00e9n se ganaron otras dos puentes de otras calles que van cerca d\u00e9sta del mercado y se cegaron muchos pasos, de manera que de cuatro partes de la cibdad las tres estaban ya por nosotros, y los indios no hac\u00edan sino retraerse hacia lo m\u00e1s fuerte, que era a las casas que estaban m\u00e1s metidas en el agua. Otro d\u00eda siguiente, que fue d\u00eda del ap\u00f3stol Santiago, entramos en la cibdad por la orden que antes, y seguimos por la calle grande que iba a dar al mercado y gan\u00e1mosles una calle muy ancha de agua en que ellos pensaban que ten\u00edan muchas seguridad, aunque se tard\u00f3 gran rato y fue peligrosa de ganar y en todo este d\u00eda no se pudo &#8211; como era muy ancha &#8211; de acabar de cegar por manera que los de caballo pudiesen pasar de la otra parte. Y como est\u00e1bamos todos a pie y los indios v\u00edan que los caballos no hab\u00edan pasado, vinieron de refresco sobre nosotros muchos dellos muy lucidos, y como les ficimos rostro y ten\u00edamos muchos ballesteros dieron la vuelta a sus albarradas y fuerzas que ten\u00edan, aunque fueron hartos asaeteados. Y dem\u00e1s desto todos los espa\u00f1oles de pie llevaban sus picas, las cuales yo hab\u00eda mandado facer despu\u00e9s que me desbarataron, que fue cosa muy provechosa. Aquel d\u00eda por los lados de la una parte y de la otra de aquella calle prencipal no se entendi\u00f3 sino en quemar y allanar casas, que era l\u00e1stima cierto de ver, pero como no nos conven\u00eda hacer otra cosa \u00e9ranos forzado seguir aquella orden. Los de la cibdad, como v\u00edan tanto estrago, por esforzarse dec\u00edan a nuestros amigos que no ficiesen sino quemar y destruir, que ellos se las har\u00edan tornar a hacer de nuevo, porque si ellos eran vencedores ya ellos sab\u00edan que hab\u00eda de ser ans\u00ed; y si no, que las habian de hacer para nosotros. Y desto postrero plugo a Dios que salieron verdaderos, aunque ellos son los que las tornan a hacer. Otro d\u00eda luego de ma\u00f1ana entramos en la cibdad por la orden acostumbrada. Y llegados a la calle de agua que hab\u00edamos cegado el d\u00eda antes, fall\u00e1mosla de la manera que la hab\u00edamos dejado y pasamos adelante dos tiros de ballesta. Y ganamos dos acequias grandes de agua que ten\u00edan rompidas en lo sano de la misma calle y llegamos a una torre peque\u00f1a de sus \u00eddolos, y en ella hallamos ciertas cabezas de los cristianos que nos hab\u00edan muerto que nos pusieron harta l\u00e1stima. Y dende aquella torre iba la calle derecha &#8211; que era la misma adonde est\u00e1bamos &#8211; a dar a la calzada del real de Sandoval, y a la mano izquierda iba otra calle a dar al mercado, en la cual ya no hab\u00eda agua ninguna excepto una que nos defend\u00edan. Y aquel d\u00eda no pasamos de all\u00ed, pero peleamos mucho con los indios. Y como Nuestro Se\u00f1or cada d\u00eda nos daba vitor\u00eda ellos siempre llevaban lo peor. Y aquel d\u00eda ya que era tarde nos volvimos al real. Otro d\u00eda siguiente, estando aderezando para tomar a entrar en la cibdad, a las nueve horas del d\u00eda vimos de nuestro real salir humo de dos torres muy altas que estaban en el Tatebulco o mercado de la cibdad, que no pod\u00edamos pensar qu\u00e9 fuese. Y como paresc\u00eda que era m\u00e1s que de sahumer\u00edos que acostumbran los indios hacer a sus \u00eddolos, barruntamos que la gente de Pedro de Alvarado hab\u00eda llegado all\u00ed, y aunque as\u00ed era la verdad no lo pod\u00edamos creer. Y cierto aquel d\u00eda Pedro de Alvarado y su gente lo ficieron valientemente, porque ten\u00edamos muchas puentes y albarradas de ganar y siempre acud\u00edan a las defender toda la m\u00e1s parte de la cibdad. Pero como \u00e9l vio que por nuestra istancia \u00edbamos estrechando a los enemigos, trabaj\u00f3 todo lo posible para entrarles al mercado porque all\u00ed ten\u00edan toda su fuerza, pero no pudo m\u00e1s de llegar a vista d\u00e9l y ganalles aquellas torres y otras muchas que est\u00e1n junto al mesmo mercado, que es tanto casi como el circuito de las muchas torres de la cibdad. Y los de caballo se vieron en harto trabajo y les fue forzado retraerse, y al retraerse les hirieron tres caballos, y as\u00ed se volvieron Pedro de Alvarado y su gente a su real. Y nosotros no quesimos ganar aquel d\u00eda una puente y calle de agua que quedaba no m\u00e1s para llegar al mercado, salvo allanar y cegar todos los malos pasos. Y al retraer nos apretaron reciamente, aunque fue a su costa. Otro d\u00eda entramos luego por la ma\u00f1ana en la cibdad, y como no hab\u00eda por ganar fasta llegar al mercado sino una traviesa de agua con su albarrada que estaba junto a la torrecilla que he dicho, comenz\u00e1mosla a combatir. Y un alf\u00e9rez y otros dos espa\u00f1oles ech\u00e1ronse al agua, y los de la cibdad desampararon luego el paso y comenz\u00f3se a cegar y adreszar para que pudi\u00e9semos pasar con los caballos. Y est\u00e1ndose adreszando, lleg\u00f3 Pedro de Alvarado por la mesma calle con cuatro de caballo, que fue sin comparaci\u00f3n el placer que hobo la gente de su real y del nuestro, porque era camino para dar muy breve conclusi\u00f3n en la guerra. Y Pedro de Alvarado dejaba recaudo de gente en las espaldas y lados, as\u00ed para conservar lo ganado como para su defensa. Y como luego se adresz\u00f3 el paso yo con algunos de caballo me fue a ver el mercado, y mand\u00e9 a la gente de nuestro real que no pasase adelante de aquel paso. Y despu\u00e9s que anduvimos pase\u00e1ndonos un rato por la plaza mirando los portales della, los cuales por las azoteas estaban llenos de enemigos, y como la plaza era muy grande y v\u00edan por ella andar los de caballo, no osaban llegar. Y yo sub\u00ed en aquella torre grande que estaba junto al mercado, y en ella tambi\u00e9n y en otras hallamos ofrecidas ante sus \u00cddolos las cabezas de los cristianos que nos hab\u00edan muerto y de los indios de Tascaltecal nuestros amigos, entre quien siempre ha habido muy cruel y antigua enemistad. Y yo mir\u00e9 dende aquella torre lo que ten\u00edamos ganado de la cibdad, que sin duda de ocho partes ten\u00edamos ganadas las siete. Y viendo que tanto n\u00famero de gente de los enemigos no era posible sufrirse en tanta angostura, mayormente que aquellas casas que les quedaban eran peque\u00f1as y puesta cada una dellas sobre s\u00ed en el agua, y sobre todo la grand\u00edsima hambre que entre ellos hab\u00eda y que por las calles hall\u00e1bamos ro\u00eddas las ra\u00edces y cortezas de los \u00e1rboles, acord\u00e9 de los dejar de combatir por alg\u00fand d\u00eda y movelles alg\u00fand partido por do no peresciese tanta multitud de gente, que cierto me pon\u00eda en mucha l\u00e1stima y dolor el da\u00f1o que en ellos se fac\u00eda. Y continuamente les fac\u00eda acometer con la paz, y ellos dec\u00edan que en ninguna manera se hab\u00edan de dar, y que uno solo que quedase hab\u00eda de morir peleando, y que de todo lo que ten\u00edan no hab\u00edamos de haber ninguna cosa y que lo hab\u00edan de quemar y echar en el agua donde nunca paresciese. Y yo, por no dar mal por mal, desimulaba en no les dar combate. Como ten\u00edamos muy poca p\u00f3lvora, hab\u00edamos puesto en pl\u00e1tica m\u00e1s hab\u00eda de quince d\u00edas de hacer un trabuco. Y aunque no hab\u00eda maestros que supiesen hacerle, unos carpinteros se profirieron de hacer uno peque\u00f1o. Y aunque yo tuve pensamiento que no hab\u00edamos de salir con esta obra, consent\u00ed que lo ficiesen, y en aquellos d\u00edas en que ten\u00edamos tan arrinconados los indios acab\u00f3se de hacer y llev\u00f3se a la plaza del mercado para lo asentar en uno como teatro que est\u00e1 en medio della fecho de cal y canto, cuadrado, de altura de dos estados y medio y de isquina a isquina habr\u00e1 treinta pasos, el cual ten\u00edan ellos para cuando hac\u00edan algunas fiestas y juegos, que los representadores dellos se pon\u00edan all\u00ed porque toda la gente del mercado y los que estaban en bajo y encima de los portales pudiesen ver lo que se hac\u00eda. Y tra\u00eddo all\u00ed, tardaron en lo asentar tres o cuatro d\u00edas. Y los indios nuestros amigos amenazaban con \u00e9l a los de la cibdad dici\u00e9ndoles que con aquel ingenio los hab\u00edamos de matar a todos, y aunque otro fruto no hiciera &#8211; como no hizo &#8211; sino el temor que con \u00e9l se pon\u00eda, por el cual pens\u00e1bamos que los enemigos se dieran, era harto. Y lo uno y lo otro ces\u00f3, porque ni los carpinteros salieron con su intenci\u00f3n ni los de la cibdad, aunque ten\u00edan temor, movieron ning\u00fand partido para se dar. Y la falta y defeto del trabuco desimul\u00e1mosla con que, movidos de compasi\u00f3n, no los quer\u00edamos acabar de matar. Otro d\u00eda despu\u00e9s de asentado el trabuco volvimos a la cibdad, y como ya hab\u00eda tres o cuatro d\u00edas que no los combat\u00edamos, hallamos las calles por donde \u00edbamos llenas de mujeres y ni\u00f1os y otra gente miserable que se mor\u00edan de hambre. Y sal\u00edan traspasados y flacos que era la mayor l\u00e1stima del mundo de los ver, y yo mand\u00e9 a nuestros amigos que no les ficiesen mal ninguno, pero de la gente de guerra no sal\u00eda ninguno adonde pudiesen rescebir da\u00f1o, aunque los v\u00edamos estar encima de sus azoteas cubiertos con sus mantas que usan y sin armas. Y fice este d\u00eda que se les requiriese con la paz, y sus respuestas eran disimulaciones. Y como lo m\u00e1s del d\u00eda nos ten\u00edan en esto invi\u00e9 a decirles que les quer\u00eda combatir, que ficiesen retraer toda su gente; si no, que dar\u00eda l\u00edcencia que nuestros amigos los matasen. Y ellos dijeron que quer\u00edan paz, y yo les repliqu\u00e9 que yo no v\u00eda all\u00ed el se\u00f1or con quien se hab\u00eda de tratar; que venido, para lo cual le dar\u00eda todo el seguro que quisiesen, que hablar\u00edamos en la paz. Y como vimos que era burla y que todos estaban apercebidos para pelear con nosotros, despu\u00e9s de se la haber muchas veces amonestado, por m\u00e1s los estrechar y poner en m\u00e1s estrema nescesidad mand\u00e9 a Pedro de Alvarado que con toda su gente entrase por la parte de un grand barrio que los enemigos ten\u00edan, en que habr\u00eda m\u00e1s de mill casas, y yo por la otra parte entr\u00e9 a pie con la gente de nuestro real, porque a caballo no nos pod\u00edamos por all\u00ed aprovechar. Y fue tan recio el combate nuestro y de nuestros amigos que les ganamos todo aquel barrio, y fue tan grande la mortandad que se hizo en nuestros enemigos que muertos y presos pasaron de doce mill \u00e1nimas, con los cuales usaban de tanta crueldad nuestros amigos que por ninguna v\u00eda a ninguno daban la vida, aunque m\u00e1s reprehendidos y castigados de nosotros eran. Otro d\u00eda siguiente tornamos a la cibdad y mand\u00e9 que no peleasen ni ficiesen mal a los enemigos. Y como ellos v\u00edan tanta multitud de gente sobre ellos y conosc\u00edan que los ven\u00edan a matar sus vasallos y los que ellos sol\u00edan mandar y v\u00edan su estrema nescesidad, y como no ten\u00edan donde estar sino sobre los cuerpos muertos de los suyos, con deseo de verse fuera de tanta desventura dec\u00edan que por qu\u00e9 no los acab\u00e1bamos ya de matar, y a mucha priesa dijeron que me llamasen, que me quer\u00edan hablar. Y como todos los espa\u00f1oles deseaban que ya esta guerra se concluyese y hab\u00edan l\u00e1stima de tanto mal como se hac\u00eda, holgaron mucho pensando que los indios quer\u00edan paz, y con mucho placer vini\u00e9ronme a llamar e importunar que me llegase a una albarrada donde estaban ciertos prencipales porque quer\u00edan hablar conmigo. Y aunque yo sab\u00eda que hab\u00eda de aprovechar poco mi ida, determin\u00e9 de ir, comoquiera que bien sab\u00eda que el no darse estaba solamente en el se\u00f1or y otros tres o cuatro principales de la cibdad, porque la otra gente muertos o vivos deseaban ya verse fuera de all\u00ed. Y llegado a la albarra da, dij\u00e9ronme que pues ellos me ten\u00edan por hijo del sol y el sol en tanta brevedad como era en un d\u00eda y una noche daba vuelta a todo el mundo, que porqu\u00e9 yo as\u00ed brevemente no los acababa de matar y los quitaba de penar tanto, porque ya ellos ten\u00edan deseos de morir e irse al cielo para su Ochilobus que los estaba esperando para descansar. Y este \u00eddolo es el que en m\u00e1s veneraci\u00f3n ellos tienen. Yo les respond\u00ed muchas cosas para los atraer a que se diesen y ninguna cosa aprovechaba, aunque en nosotros v\u00edan m\u00e1s muestras y se\u00f1ales de paz que jam\u00e1s ningunos vencidos mostraron, siendo nosotros, con el ayuda de Nuestro Se\u00f1or, los vencedores. Puestos los enemigos en el \u00faltimo estremo, como de lo dicho se puede colegir, para los quitar de su mal prop\u00f3sito como era la determinaci\u00f3n que ten\u00edan de morir, habl\u00e9 con una persona bien prencipal entre ellos que ten\u00edamos preso, al cual dos o tres d\u00edas antes hab\u00eda prendido un t\u00edo de don Fernando, se\u00f1or de Tesuico, peleando en la cibdad. Y aunque estaba muy herido le dije que si se quer\u00eda volver a la cibdad, y \u00e9l me respondi\u00f3 que s\u00ed. Y como otro d\u00eda entramos en ella, invi\u00e9le con ciertos espa\u00f1oles, los cuales lo entregaron a los de la cibdad. Y a este prencipal yo le hab\u00eda fabIado largamente para que fablase con el se\u00f1or y con otros prencipales sobre la paz, y \u00e9l me prometi\u00f3 de facer sobre ello todo lo que pudiese. Los de la cibdad lo rescibieron con mucho acatamiento, como a persona prencipal, y como lo llevaron delante de Guatimucin, su se\u00f1or, y \u00e9l le comenz\u00f3 a hablar sobre la paz, diz que luego lo mand\u00f3 matar y sacrificar. Y la respuesta que est\u00e1bamos esperando nos dieron con venir con grand\u00edsimos alaridos diciendo que no quer\u00edan sino morir, y comienzan a nos tirar varas, flechas y pie dras y a pelear reciamente con nosotros, y tanto que nos mataron un caballo con un dalle que uno tra\u00eda hecho de una espada de las nuestras. Y al fin les cost\u00f3 caro, porque murieron muchos dellos. Y as\u00ed nos volvimos a nuestros reales aquel d\u00eda. Otro d\u00eda tornamos a entrar en la cibdad, y ya estaban los enemigos tales que de noche osaban quedar en ella de nuestros amigos infinitos dellos. Y llegados a vista de los enemigos, no quesimos pelear con ellos sino andamos paseando por su cibdad, porque ten\u00edamos pensamiento que cada hora y cada rato se hab\u00edan de salir a nosotros. Y por los inclinar a ello yo me llegu\u00e9 cabalgando cabe una albarrada suya que ten\u00edan bien fuerte y llam\u00e9 a ciertos prencipales que estaban detr\u00e1s, a los cuales yo conosc\u00eda, y d\u00edjeles que pues se v\u00edan tan perdidos y conosc\u00edan que si yo quisiese en una hora no quedar\u00eda ninguno dellos, que porqu\u00e9 no ven\u00eda a me hablar Guatrimicin, su se\u00f1or, que yo le promet\u00eda de no hacelle ning\u00fand mal, y que quer\u00edendo \u00e9l y ellos venir de paz, que ser\u00edan de m\u00ed muy bien rescebidos y tratados. Y pas\u00e9 con ellos otras razones con que los provoqu\u00e9 a muchas l\u00e1gr\u00edmas. Y llorando me respondieron que bien conosc\u00edan su yerro y perdici\u00f3n, y que ellos quer\u00edan ir a hablar a su se\u00f1or y me volver\u00edan presto con la respuesta, y que no me fuese de all\u00ed. Y ellos se fueron, y volvieron dende a un rato y dij\u00e9ronme que porque ya era tarde su se\u00f1or no hab\u00eda venido, pero que otro d\u00eda a mediod\u00eda vern\u00eda a me hablar en todo caso en la plaza del mercado, y as\u00ed nos fuemos a nuestro real. Y yo mand\u00e9 para otro d\u00eda que estuviese adreszado all\u00ed en aquel cuadrado alto que est\u00e1 en medio de la plaza para el se\u00f1or y prencipales de la cibdad un estrado como ellos lo acostumbran, y que tambi\u00e9n les tuviesen aderezado de comer, y ans\u00ed se puso por obra. Otro d\u00eda de ma\u00f1ana fuemos a la cibdad. Y yo avis\u00e9 a la gente que estuviese apercebida porque si los de la c\u00edbdad acometiesen alguna traici\u00f3n no nos tomasen descuidados, y a Pedro de Alvarado, que estaba all\u00ed, le avis\u00e9 de lo mesmo. Y como llegamos al mercado, yo invi\u00e9 a decir y hacer saber a Guatimucin c\u00f3mo le estaba esperando, el cual, seg\u00fand paresci\u00f3, acord\u00f3 de no venir e invi\u00f3me cinco de aquellos se\u00f1ores prencipales de la cibdad cuyos nombres, porque no hacen mucho al caso, no digo aqu\u00ed. Los cuales llegados, dijeron que su se\u00f1or me inviaba a rogar con ellos que le perdonase porque no ven\u00eda, que ten\u00eda mucho miedo de parescer ante m\u00ed y tambi\u00e9n estaba malo, y que ellos estaban all\u00ed, que viese lo que mandaba, que ellos lo har\u00edan. Y aunque el se\u00f1or no vino, holgamos mucho que aquellos prencipales viniesen, porque paresc\u00eda que era camino de dar presto conclusi\u00f3n a todo el negocio. Yo los resceb\u00ed con semblante alegre y mand\u00e9les dar luego de comer y beber, en lo cual mostraron bien el deseo y nescesidead que dello ten\u00edan. Y despu\u00e9s de haber comido d\u00edjeles que hablasen a su se\u00f1or y que no tuviese temor ninguno, y que le promet\u00eda que aunque ante mi viniese, que no le ser\u00eda hecho enojo ninguno ni ser\u00eda detenido, porque sin su presencia en ninguna cosa se pod\u00eda dar buen asiento ni concierto. Y mand\u00e9les dar algunas cosas de refresco que llevasen para comer. Y prometi\u00e9ronme de hacer en el caso todo lo que pudiesen, y ans\u00ed se fueron. Y dende a dos horas volvieron y traj\u00e9ronme unas mantas de algod\u00f3n buenas de las que ellos usan, y dij\u00e9ronme que en ninguna manera Guatimucin, su se\u00f1or, vern\u00eda ni quer\u00eda venir, y que era escusado hablar en ello. Y yo les torn\u00e9 a repetir que no sab\u00eda la cabsa porque \u00e9l se recelaba venir ante m\u00ed, pues v\u00eda que a ellos, que yo sab\u00eda que hab\u00edan sido los cabsadores prencipales de la guerra y que la hab\u00edan sustentado, les hac\u00eda buen tratamiento, que los dejaba ir y venir seguramente sin rescebir enojo alguno; que les rogaba que le tornasen a fablar y mirasen mucho en esto de su venida, pues a \u00e9l le conven\u00eda y yo lo hac\u00eda por su provecho. Y ellos respondieron que ans\u00ed lo har\u00edan y que otro d\u00eda me volver\u00edan con la respuesta, y as\u00ed se fueron ellos, y tambi\u00e9n nosotros a nuestros reales. Otro d\u00eda bien de ma\u00f1ana aquellos principales vinieron a nuestro real y dij\u00e9ronme que me fuese a la plaza del mercado de la cibdad, porque su se\u00f1or me quer\u00eda ir a hablar all\u00ed. Y yo, creyendo que fuera as\u00ed, cabalgu\u00e9 y tomamos nuestro camino, y est\u00favele esperando donde quedaba concertado m\u00e1s de tres o cuatro horas, y nunca quiso venir ni parescer ante m\u00ed. Y como yo vi la burla y que era ya tarde y que los otros mensajeros ni el se\u00f1or ven\u00edan, invi\u00e9 a llamar a los indios nuestros amigos que hab\u00edan quedado a la entrada de la cibdad casi una legua de donde est\u00e1bamos, a los cuales yo hab\u00eda mandado que no pasasen de all\u00ed porque los de la cibdad me hab\u00edan pedido que para hablar en las paces no estuviese ninguno dellos dentro. Y ellos no se tardaron ni tampoco los del real de Pedro de Alvarado, y como llegaron comenzamos a combatir unas albarradas y calles de agua que ten\u00edan &#8211; que ya no les quedaba otra mayor fuerza y entr\u00e1mosles ans\u00ed nosotros como nuestros amigos todo lo que quesimos. Y al tiempo que yo sal\u00ed del real hab\u00eda prove\u00eddo que Gon\u00e7alo de Sandoval entrase con los bergantines por la otra parte de las casas en que los indios estaban fuertes por manera que los tuvi\u00e9semos cercados, y que no los combatiese fasta que viese que nosotros combat\u00edamos, por manera que por estar as\u00ed cercados y apretados no ten\u00edan paso por donde andar sino por encima de los muertos y por las azoteas que les quedaban, y a esta causa ni ten\u00edan ni hallaban flechas ni varas ni piedras con que nos ofender, y andaban con nosotros nuestros amigos a espada y rodela. Y era tanta la mortandad que en ellos se hizo por la mar y por la tierra que aquel d\u00eda se mataron y prendieron m\u00e1s de cuarenta mill \u00e1nimas, y era tanta la gr\u00edta y lloro de los ni\u00f1os y mujeres que no hab\u00eda persona a quien no quebrase el coraz\u00f3n. Y ya nosotros ten\u00edamos m\u00e1s que hacer en estorbar a nuestros amigos que no matasen ni hiciesen tanta crueldad que no en pelear con los indios, la cual crueldad nunca en generaci\u00f3n tan recia se vio ni tan fuera de toda orden de naturaleza como en los naturales destas partes. Nuestros amigos hobieron este d\u00eda grand despojo, el cual en ninguna manera les pod\u00edamos resistir, porque nosotros \u00e9ramos obra de nuevecientos espa\u00f1oles y ellos m\u00e1s de ciento y cincuenta mill hombres, y ning\u00fand recaudo ni deligencia bastaba para los estorbar que no robasen, aunque de nuestra parte se hac\u00eda lo posible. Y una de las cosas porque los d\u00edas antes yo rehusaba de no venir en tanta rotura con los de la cibdad era porque tom\u00e1ndolos por fuerza hab\u00edan de echar lo que tuviesen en el agua; y ya que no lo ficiesen, nuestros amigos habr\u00edan de robar todo lo m\u00e1s que hallasen. Y a esta cabsa tem\u00eda que se habr\u00eda para Vuestra Majestad poca parte de la mucha r\u00edqueza que en esta cibdad hab\u00eda y seg\u00fand la que yo antes para Vuestra Alteza ten\u00eda. Y porque ya era tarde y no pod\u00edamos sufr\u00edr el mal olor de los muertos que hab\u00eda de muchos d\u00edas por aquellas calles, que era la cosa del mundo mas pestilencial, nos fuemos a nuestros reales. Y aquella tarde dej\u00e9 concertado que para otro d\u00eda siguiente que hab\u00edamos de volver a entrar se aparejasen tres tiros gruesos que ten\u00edamos para llevarlos a la cibdad, porque yo tem\u00eda que como estaban los enemigos tan juntos y que no ten\u00edan por d\u00f3nde se rodear, queri\u00e9ndoles entrar por fuerza, sin pelear podr\u00edan entre s\u00ed ahogar los espa\u00f1oles. Y quer\u00eda dende ac\u00e1 hacerles con los tiros alg\u00fand poco de da\u00f1o porque se saliesen de all\u00ed para nosotros. Y al alguacil mayor mand\u00e9 que asimesmo para otro d\u00eda que estuviese apercebido para entrar con los bergantines por un lago de agua grande que se hac\u00eda entre unas casas donde estaban todas las canoas de la cibdad recogidas. Y ya ten\u00edan tan pocas casas donde poder estar que el se\u00f1or de la cibdad andaba metido en una canoa con ciertos prencipales, que no sab\u00edan qu\u00e9 hacer de s\u00ed. Y desta manera qued\u00f3 concertado que hab\u00edamos de entrar otro d\u00eda por la ma\u00f1ana. Siendo ya de d\u00eda, hice aprescebir toda la gente y llevar los tiros gruesos. Y el d\u00eda antes hab\u00eda mandado a Pedro de Alvarado que me esperase en la plaza del mercado y no diese combate fasta que yo llegase. Y estando ya todos juntos y los bergantines apercebidos todos por detr\u00e1s de las casas del agua donde estaban los enemigos, mand\u00e9 que en oyendo soltar una escopeta que entrasen por una poca parte que estaba por ganar y echasen a los enemigos al agua hacia donde los bergantines hab\u00edan de estar a punto. Y avis\u00e9les mucho que mirasen por Guautimucin y trabajasen de lo tomar a vida, porque en aquel punto cesar\u00eda la guerra. Y yo me sob\u00ed encima de una azotea y antes del combate habl\u00e9 con algunos de aquellos prencipales de la cibdad que conosc\u00eda y les dije qu\u00e9 era la cabsa porque su se\u00f1or no quer\u00eda venir, que pues se v\u00edan en tanto estremo, que no diesen causa a que todos peresciesen, y que lo llamasen y no hobiese ning\u00fand temor. Y dos de aquellos prencipales paresci\u00f3 que lo iban a llamar, y dende a poco volvi\u00f3 con ellos uno de los m\u00e1s prencipales de todos ellos que se llamaba Ciguacoacin y era el capit\u00e1n y gobernador de todos ellos y por su consejo se sigu\u00edan todas las cosas de la guerra. Y yo le mostr\u00e9 toda buena voluntad porque se asegurase y no tuviese temor, y al fin me dijo que en ninguna manera el se\u00f1or vern\u00eda ante m\u00ed, y antes quer\u00eda por all\u00e1 mor\u00edr; y que a \u00e9l pesaba mucho desto, que hiciese yo lo que quisiese. Y como vi en esto su determinaci\u00f3n yo le dije que se volviese a los suyos y que \u00e9l y ellos se aparejasen porque los quer\u00eda combatir y acabar de matar, y as\u00ed se fue. Y como en estos conciertos se pasaron m\u00e1s de cinco horas y los de la cibdad estaban todos encima de los muertos y otros en el agua y otros andaban nadando y otros ahog\u00e1ndose en aquel lago donde estaban las canoas, que era grande, era tanta la pena que ten\u00edan que no basta juicio a pensar c\u00f3mo lo pod\u00edan sufrir. Y no hac\u00edan sino salirse infinito n\u00famero de hombres y mujeres y ni\u00f1os hacia nosotros, y por darse priesa al salir unos a otros se echaban al agua y se ahogaban entre aquella multitud de muertos, que, seg\u00fand paresci\u00f3, del agua salada que beb\u00edan y de la hambre y mal olor hab\u00eda dado tanta mortandad en ellos que murieron m\u00e1s de cincuentas mill \u00e1nimas, los cuerpos de las cuales porque nosotros no alcanz\u00e1semos su nescesidad ni los echaban al agua, porque los bergantines no topasen con ellos, ni los echaban fuera de su conversaci\u00f3n, porque nosotros por la cibdad no los vi\u00e9semos. Y as\u00ed por aquellas calles en que estaban hall\u00e1bamos los montones de los muertos, que no hab\u00eda persona que en otra cosa pudiese poner los pies. Y como la gente de la cibdad se sal\u00eda a nosotros yo hab\u00eda prove\u00eddo que por todas las calles estuviesen espa\u00f1oles para estorbar que nuestros amigos no matasen a aquellos tristes que se sal\u00edan, que eran sin cuento, y tambi\u00e9n dije a todos los capitanes de nuestros amigos que en ninguna manera consintiesen matar a los que se sal\u00edan. Y no se pudo estorbar, como eran tantos, que aquel d\u00eda no mataron y sacrificaron m\u00e1s de quin ce mill \u00e1nimas. Y en esto todav\u00eda los prencipales y gente de guerra de la cibdad se estaban arrinconados y en algunas azoteas y casas y en el agua, donde ni les aprovechaba disimulaci\u00f3n ni otra cosa, porque no vi\u00e9semos su perdici\u00f3n y su flaqueza muy a la clara. Viendo que se ven\u00eda la tarde y que no se quer\u00edan dar, fice asentar los dos tiros gruesos hacia ellos para ver si se dar\u00edan, porque m\u00e1s da\u00f1o rescibieran en dar licencia a nuestros amigos que les entraran que no de los tiros, los cuales hicieron alg\u00fand da\u00f1o. Y como tampoco esto aprovechaba mand\u00e9 soltar la escopeta, y en solt\u00e1ndola luego fue tomado aquel rinc\u00f3n que ten\u00edan y echados al agua los que en \u00e9l estaban. Otros que quedaban sin pelear se rindieron. Y los bergantines entraron de golpe por aquel lago y rompieron por medio de aquella flota de las canoas, y la gente de guerra que en ellas estaba ya no osaban pelear. Y plugo a Dios que un capit\u00e1n de un bergant\u00edn que se dice Garc\u00ed Holgu\u00edn lleg\u00f3 en pos de una canoa en la cual le paresci\u00f3 que iba gente de manera. Y como llevaba dos o tres ballesteros en la proa del bergant\u00edn e iban encarando en los de la canoa fici\u00e9ronles se\u00f1al que estaba all\u00ed el se\u00f1or, que no tirasen. Y saltaron de presto y prendi\u00e9ronle a \u00e9l y a aquel Guautimoucin y a aquel se\u00f1or de Tacuba y a otros principales que con \u00e9l estaban. Y luego el dicho capit\u00e1n Garc\u00ed Holgu\u00edn me trajo all\u00ed a la azotea donde estaba, que era junto al lago, al se\u00f1or de la cibdad y a los otros prencipales presos, el cual, como le fice sentar no monstr\u00e1ndole riguridad ninguna, lleg\u00f3se a m\u00ed y d\u00edjome en su lengua que ya \u00e9l hab\u00eda fecho todo lo que de su parte era obligado para defenderse a s\u00ed y a los suyos fasta venir en aquel estado, que agora ficiese d\u00e9llo que yo quisiese. Y puso la mano en un pu\u00f1al que yo ten\u00eda, deci\u00e9ndome que le diese de pu\u00f1aladas y lo matase. Y yo le anim\u00e9 y le dije que no tuviese temor ninguno. Y as\u00ed, preso este se\u00f1or, luego en ese punto ces\u00f3 la guerra, a la cual plugo a Dios Nuestro Se\u00f1or dar conclusi\u00f3n martes, d\u00eda de Santo Hip\u00f3lito, que fueron trece de agosto de mill y quinientos y veinte y un a\u00f1os, de manera que desde el d\u00eda que se puso cerco a la cibdad, que fue a treinta de mayo del dicho a\u00f1o, fasta que se gan\u00f3, pasaron setenta y cinco d\u00edas, en los cuales Vuestra Majestad ver\u00e1 los trabajos, peligros y desventuras que estos sus vasallos padescieron, en los cuales mostraron tanto sus personas que las obras dan buen testimonio dello. Y en todos aquellos setenta y cinco d\u00edas del cerco ninguno se pas\u00f3 que no se tuviese combate con los de la cibdad, poco o mucho. Aquel d\u00eda de la presi\u00f3n de Guautimucin y toma de la cibdad, despu\u00e9s de haber recogido el despojo que se pudo haber nos fuemos al real, dando gracias a Nuestro Se\u00f1or por tan se\u00f1alada merced y tan deseada vitoria como nos hab\u00eda dado. All\u00ed en el real estuve tres o cuatro d\u00edas dando orden en muchas cosas que conven\u00edan, y despu\u00e9s nos venimos a la cibdad de Cuyoacan, donde hasta agora he estado entendiendo en la buena orden, gobernaci\u00f3n y pacificaci\u00f3n destas partes. Recogido el oro y otras cosas, con parecer de los oficiales de Vuestra Majestad se hizo fundici\u00f3n dello. Y mont\u00f3 lo que se fundi\u00f3 m\u00e1s de ciento y treinta mill castellanos, de que se dio el quinto al tesorero de Vuestra Majestad, sin el quinto de otros derechos que a Vuestra Majestad pertenescieron de esclavos y otras cosas, seg\u00fand m\u00e1s largo se ver\u00e1 por la relaci\u00f3n de todo lo que a Vuestra Majestad pertenesci\u00f3, que ir\u00e1 firmado de nuestros nombres. Y el oro que rest\u00f3 se reparti\u00f3 en m\u00ed y en los espa\u00f1oles seg\u00fand la manera y servicio y calidad de cada uno. Dem\u00e1s del dicho oro se hobieron ciertas piezas y joyas de oro, y de las mejores dellas se dio el quinto al dicho tesorero de Vuestra Majestad. Entre el despojo que se hobo en la dicha cibdad hobimos muchas rodelas de oro y penachos y plumajes y cosas tan maravillosas que por escrito no se pueden significar ni se pueden comprehender si no son vistas. Y por ser tales paresci\u00f3me que no se deb\u00edan quintar ni dividir, sino que de todas ellas se hiciese servicio a Vuestra Majestad, para lo cual yo fice juntar todos los espa\u00f1oles y les rogu\u00e9 que tuviesen por bien que todas aquellas cosas se inviasen a Vuestra Majestad, y que de la parte que a ellos ven\u00eda y a m\u00ed sirvi\u00e9semos a Vuestra Majestad. Y ellos folgaron de lo hacer de muy buena voluntad, y con tal ellos y yo inviamos el dicho servicio a Vuestra Majestad con los procuradores que los concejos desta Nueva Espa\u00f1a inv\u00edan. Como la cibdad de Temixtit\u00e1n era tan prencipal y nombrada por todas estas partes, paresce que vino a noticia de un se\u00f1or de una muy grand provincia que est\u00e1 setenta leguas de Timixitit\u00e1n que se dice Mechuacan c\u00f3mo la hab\u00eda destruido y asolado. Y considerando la grandeza y fortaleza de la dicha cibdad, al se\u00f1or de aquella provincia le paresci\u00f3 que pues que aqu\u00e9lla no se nos hab\u00eda defendido, que no habr\u00eda cosa que se nos amparase. Y por temor o por lo que a \u00e9l le plugo invi\u00f3me ciertos mensajeros, y de su parte me dijeron por los int\u00e9rpetres de su lengua que su se\u00f1or hab\u00eda sabido que nosotros \u00e9ramos vasallos de un grand se\u00f1or, y que si yo tuviese por bien, \u00e9l y los suyos lo quer\u00edan tambi\u00e9n ser y tener mucha amistad con nosotros. Y yo le respond\u00ed que era verdad que todos \u00e9ramos vasallos de aquel grand se\u00f1or que era Vuestra Majestad, y que a todos los que no lo quisiesen ser les hab\u00edamos de facer guerra, y que su se\u00f1or y ellos lo hab\u00edan fecho muy bien. Y como yo de poco ac\u00e1 ten\u00eda alguna noticia de la Mar del Sur, inform\u00e9me tambi\u00e9n dellos si por su tierra pod\u00edan ir all\u00e1, y ellos me respondieron que s\u00ed. Y rogu\u00e9les que porque pudiese informar a Vuestra Majestad de la dicha mar y de su provincia, llev\u00e1se consigo dos espa\u00f1oles que les dar\u00eda. Y ellos dijeron que les plac\u00eda de muy buena voluntad, pero que para pasar al mar hab\u00eda de ser por tierra de un grand se\u00f1or con quien ellos ten\u00edan guerra, y que a esta cabsa por agora no pod\u00edan llegar a la mar. Estos mensajeros de Mechuacan estuvieron aqu\u00ed conmigo tres o cuatro d\u00edas, y delante dellos hice escaramuzar los de caballo para que all\u00e1 lo contasen. Y habi\u00e9ndoles dado ciertas joyas, a ellos y a los dos espa\u00f1oles despach\u00e9 para la dicha provincia de Mechuacan. Como en el cap\u00edtulo antes d\u00e9ste he dicho, yo ten\u00eda, Muy Poderoso Se\u00f1or, alguna noticia poco hab\u00eda de la otra Mar del Sur y sab\u00eda que por dos o tres partes estaba a doce y a trece y a catorce jornadas de aqu\u00ed. Y estaba muy ufano porque me paresc\u00eda que en la descubrir se hac\u00eda a Vuestra Majestad muy grande y se\u00f1alado servicio, especialmente que todos los que tienen alguna ciencia y espiriencia en la navegaci\u00f3n de las Indias han tenido por muy cierto que descubriendo por estas partes la Mar del Sur, se hab\u00edan de hallar muchas islas ricas de oro y piedras y perlas preciosas y especeria y se hab\u00edan de descubrir y hallar otros muchos secretos y cosas admirables. Y esto han afirmado y afirman tambi\u00e9n personas de letras y esprimentadas en la ciencia de la cosmografia. Y con tal deseo y con que de m\u00ed pudiese Vuestra Majestad rescebir en esto muy singular y memorable servicio, despach\u00e9 cuatro espa\u00f1oles, los dos por ciertas provincias y los otros dos por otras. E informados de las v\u00edas que hab\u00edan de llevar y d\u00e1ndoles personas de nuestros amigos que los guiasen y fuesen con ellos, se partieron. Y yo les mand\u00e9 que no parasen fasta llegar a la mar, y que en descubri\u00e9ndola, tomasen la posesi\u00f3n real y corporalmente en nombre de Vuestra Majestad. Y los unos anduvieron cerca de ciento y treinta leguas por muchas y buenas provincias sin rescebir ning\u00fand estorbo, y llegaron a la mar y tomaron la posesi\u00f3n y en se\u00f1al pusieron cruces en la costa della. Y dende a ciertos d\u00edas se volvieron con la relaci\u00f3n del dicho descubrimiento y me informaron muy particularmente de todo, y me trujeron algunas personas de los naturales de la dicha mar y tambi\u00e9n me truje ron muy buena muestra de oro de minas que hallaron en algunas de aquellas provincias por donde pasaron, la cual con otras muestras de oro agora inv\u00edo a Vuestra Majestad. Los otros dos espa\u00f1oles se detuvieron algo m\u00e1s porque anduvieron cerca de ciento y cincuenta leguas por otra parte hasta llegar a la dicha mar, donde asimesmo tomaron la dicha posesi\u00f3n, y me trajeron larga relaci\u00f3n de la costa. Y se vinieron con ellos algunos de los naturales della, y a ellos y a los otros los resceb\u00ed graciosamente. Y con haberlos informado del grand poder de Vuestra Majestad y dado algunas cosas, se volvieron muy contentos a sus tierras. En la otra relaci\u00f3n, Muy Cat\u00f3lico Se\u00f1or, hice saber a Vuestra Majestad c\u00f3mo al tiempo que los indios me desbarataron y echaron la primera vez fuera de la cibdad de Temixtit\u00e1n se hab\u00edan rebelado contra el servicio de Vuestra Majestad todas las provincias subjetas a la cibdad y nos hab\u00edan hecho la guerra. Y por esta relaci\u00f3n podr\u00e1 Vuestra Majestad mandar ver c\u00f3mo habemos reducido a su real servicio todas las m\u00e1s tierras y provincias que estaban rebeladas. Y porque ciertas provincias que est\u00e1n de la costa de la Mar del Norte a diez y a quince y a treinta leguas, dende que la dicha cibdad de Temixtit\u00e1n se hab\u00eda alzado ellas estaban rebeladas y los naturales dellas hab\u00edan muerto a traici\u00f3n y sobre seguro m\u00e1s de cient espa\u00f1oles, y yo fasta haber dado conclusi\u00f3n en esta guerra de la cibdad no hab\u00eda tenido posibilidad para inviar sobre ellos, acabados de despachar aquellos espa\u00f1oles que vinieron de descubrir la Mar del Sur, determin\u00e9 de inviar a Gon\u00e7alo de Sandoval, alguacil mayor, con treinta y cinco de caballo y ducientos espa\u00f1oles y gente de nuestros amigos y con algunos prencipales y naturales de Temixtit\u00e1n a aquellas provincias, que se dicen Tatactetelco y Textebeque y Guatuxco y Aulicaba. Y d\u00e1ndole instruci\u00f3n de la orden que hab\u00eda de tener en esta jornada, se comenz\u00f3 a adreszar para la hacer. En esta saz\u00f3n el teniente que yo hab\u00eda dejado en la villa de Segura la Frontera, que es en la provincia de Tepeaca, vino a esta cibdad de Cuyoacan e h\u00edzome saber c\u00f3mo los naturales de aquella provincia y de otras a ella comarcanas vasallos de Vuestra Majestad resceb\u00edan da\u00f1o de los naturales de una provincia que se dice Guaxacaque que les fac\u00edan guerra porque eran nuestros amigos; y que dem\u00e1s de ser nescesario poner remedio a esto era muy bien asegurar aquella provincia de Guaxacaque porque estaba en camino de la Mar del Sur, y en pacific\u00e1ndose ser\u00eda cosa muy provechosa as\u00ed para lo dicho como para otros efetos de que adelante har\u00e9 relaci\u00f3n a Vuestra Majestad. Y el dicho teniente me dijo que estaba muy particularmente informado de aquella provincia y que con poca gente la podr\u00eda sojuzgar, porque estando yo en el real sobre Temixtit\u00e1n \u00e9l hab\u00eda ido a ella porque los de Tepeaca le ahincaban que fuese a hacer guerra a los naturales della, pero como no llevaba m\u00e1s de veinte o treinta espa\u00f1oles le hab\u00edan fecho volver, aunque no tanto despacio como \u00e9l quisiera. Y yo, vista su relaci\u00f3n, dile doce de caballo y ochenta espa\u00f1oles, y el dicho alguacil mayor y teniente se partieron con su gente desta cibdad de Cuyoacan a treinta de otubre del a\u00f1o de quinientos y veinte y uno. Y llegados a la provincia de Tepeaca, ficieron all\u00ed sus alardes y cada uno se parti\u00f3 a su conquista. Y el alguacil mayor dende a veinte y cinco d\u00edas me escr\u00edbi\u00f3 c\u00f3mo hab\u00eda llegado a la provincia de Buatusco, y que aunque llevaba harto recelo que se hab\u00eda de ver en apr\u00edeto con los enemigos porque era gente muy diestra en la guerra y ten\u00edan muchas fuerzas en su tierra, que habia placido a Nuestro Se\u00f1or que hab\u00eda salido de paz; y que aunque no hab\u00eda llegado a las otras provincias, que ten\u00eda por muy cierto que todos los naturales dellas se le vern\u00edan a dar por vasallos de Vuestra Majestad. Y dende a quince d\u00edas hobe cartas suyas por las cuales me fizo saber c\u00f3mo hab\u00eda pasado m\u00e1s adelante y que toda aquella tierra estaba ya de paz, y que le paresc\u00eda que para la tener segura era bien poblar en lo m\u00e1s a prop\u00f3sito della, como mucho antes lo hab\u00edamos puesto en pl\u00e1tica, y que viese lo que cerca dello deb\u00eda hacer. Yo le escreb\u00ed agradeci\u00e9ndole mucho lo que hab\u00eda trabajado en aquella su jornada en servicio de Vuestra Majestad, y le hice saber que me paresc\u00eda muy bien lo que dec\u00eda acerca del poblar. E invi\u00e9le a decir que ficiese una villa de espa\u00f1oles en la provincia de Tuxtebeque y que le pusiese nombre Medell\u00edn, e invi\u00e9le su nombramiento de alcaldes y regidores y otros oficiales, a los cuales todos encargu\u00e9 mirasen todo lo que conviniese al servicio de Vuestra Majestad y al buen tratamiento de los naturales. El teniente de la villa de Segura la Frontera se parti\u00f3 con su gente a la provincia de Guaxaca con mucha gente de guerra de aquella comarca nuestros amigos, y aunque los naturales de la dicha provincia se pusieron en resistirle y pele\u00f3 dos o tres veces con ellos muy reciamente, al fin se dieron de paz sin rescebir ning\u00fand da\u00f1o. Y de todo me escribi\u00f3 particularmente y me inform\u00f3 c\u00f3mo la tierra era muy buena y rica de minas, y me invi\u00f3 una singular muestra de oro dellas que tambien inv\u00edo a Vuestra Majestad. Y \u00e9l se qued\u00f3 en la dicha provincia para hacer de all\u00ed lo que le inviase a mandar. Habiendo dado orden en el despacho destas dos conquistas y sabiendo el buen susceso dellas, y viendo como yo tenia ya pobladas tres villas de espa\u00f1oles y que conmigo estaban copia dellos en esta cibdad de Cuyoacan, habiendo platicado en qu\u00e9 parte har\u00edamos otra poblaci\u00f3n alderredor de las lagunas &#8211; porque d\u00e9sta hab\u00eda m\u00e1s nescesidad para la seguridad y sosiego de todas estas partes &#8211; y ansimesmo viendo que la cibdad de Temixtit\u00e1n que era cosa tan nombrada y de que tanto caso y memoria siempre se ha fecho, paresci\u00f3nos que en ella era bien poblar, porque estaba toda destruida. Y yo repart\u00ed los solares a los que se asentaron por vecinos, y f\u00edzose nombramiento de alcaldes y regidores en nombre de Vuestra Majestad seg\u00fand en sus reinos se acostumbra. Y entretanto que las casas se hacen acordamos de estar y residir en esta cibdad de Cuyocan, donde al presente estamos de cuatro o cinco meses ac\u00e1 que la dicha cibdad de Temixtit\u00e1n se va reparando. Est\u00e1 muy hermosa, y crea Vuestra Majestad que cada d\u00eda se ir\u00e1 ennobleciendo en tal manera que como antes fue prencipal y se\u00f1ora destas provincias todas, que lo ser\u00e1 tambi\u00e9n de aqu\u00ed adelante. Y se hace y har\u00e1 de tal manera que los espa\u00f1oles est\u00e9n muy fuertes y seguros y muy se\u00f1ores de los naturales, de manera que dellos en ninguna forma puedan ser ofendidos. En este comedio el se\u00f1or de la provincia de Tecoantepeque, que es junto a la mar del Sur y por donde la descu brieron los dos espa\u00f1oles, me invi\u00f3 ciertos prencipales y con ellos se invi\u00f3 a ofrescer por vasallo de Vuestra Majestad, y me invi\u00f3 un presente de ciertas joyas y piezas de oro y plumajes, lo cual todo se entreg\u00f3 al tesorero de Vuestra Majestad. Y yo les agradesc\u00ed a aquellos mensajeros lo que de parte de su se\u00f1or me dijeron y les d\u00ed ciertas cosas que le llevasen, y se volvieron muy alegres. Ansimismo vienieron a esta saz\u00f3n los dos espa\u00f1oles que hab\u00edan ido a la provincia de Mechuacan, por donde los mensajeros que el se\u00f1or de all\u00ed me hab\u00eda inviado me hab\u00edan dicho que tambi\u00e9n por aquella parte se pod\u00eda ir a la mar del Sur, salvo que hab\u00eda de ser por tierra de un se\u00f1or que era su enemigo. Y con los dos espa\u00f1oles vino un hermano del se\u00f1or de Mechuacan, y con \u00e9l otros prencipales y servidores que pasaban de mill personas, a los cuales yo resceb\u00ed mostr\u00e1ndoles mucho amor. Y de parte del se\u00f1or de la dicha provincia, que se dice Calcucin, me dieron para Vuestra Majestad un presente de rodelas de plata que pesaron tantos marcos y otras cosas muchas que se entregaron al tesorero de Vuestra Majestad. Y porque viesen nuestra manera y lo contasen all\u00e1 a su se\u00f1or, hice salir a todos los de caballo a una plaza y delante dellos corrieron y escaramuzaron. Y la gente de pie sali\u00f3 en ordenanza, y los escopeteros soltaron las escopetas y con la artiller\u00eda fice tirar a una torre, y quedaron muy espantados de ver lo que en ella se hizo y de ver correr los caballos. E h\u00edcelos llevar a ver la destruici\u00f3n y asolamiento de la cibdad de Temixtitan, que de la ver y de ver su fuerza y fortaleza por estar en el agua quedaron muy espantados. Y a cabo de cuatro o cinco d\u00edas, d\u00e1ndoles muchas cosas para su se\u00f1or de las que ellos tienen en estima y para ellos, se partieron muy alegres y contentos. Antes de agora he fecho relaci\u00f3n a Vuestra Majestad del r\u00edo de P\u00e1nuco, que es la costa abajo de la villa de la Vera Cruz cincuenta o sesenta leguas, al cual los nav\u00edos de Francisco de Garay hab\u00edan ido dos o tres veces y aun rescebido harto da\u00f1o de los naturales del dicho r\u00edo por la poca manera que se hab\u00edan dado los capitanes que all\u00ed hab\u00eda inviado en la contrataci\u00f3n que hab\u00edan quer\u00eddo tener con los indios. Y despu\u00e9s yo, viendo que en toda la costa de la Mar del Norte hay falta de puertos y ninguno hay tal como aqu\u00e9l del r\u00edo, y tambi\u00e9n porque aquellos naturales d\u00e9l hab\u00edan venido de antes a m\u00ed por se ofrescer por vasallos de Vuestra Majestad y agora han hecho y facen guerra a los vasallos de Vuestra Majestad nuestros amigos, ten\u00eda acordado de inviar all\u00e1 un capit\u00e1n con cierta gente y pacificar toda aquella provincia, y si fuese tierra tal para poblar, hacer all\u00ed en el r\u00edo una villa, porque todo lo de aquella comarca se asegurar\u00eda. Y aunque \u00e9ramos pocos y derramados en tres o cuatro partes y ten\u00eda por esta cabsa alguna contradici\u00f3n para no sacar m\u00e1s gente de aqu\u00ed, empero, as\u00ed por socorrer a nuestros amigos como porque despu\u00e9s que se hab\u00eda ganado la cibdad de Temixtit\u00e1n hab\u00edan venido nav\u00edos y hab\u00edan traido alguna gente y caballos, fice adreszar veinte y cinco de caballo y ciento y cincuenta peones y un capit\u00e1n con ellos para que fuesen al dicho r\u00edo. Y estando despachando a este capit\u00e1n, me escribieron de la villa de la Vera Cruz c\u00f3mo all\u00ed al puerto della hab\u00eda llegado un nav\u00edo y que en \u00e9l ven\u00eda Cr\u00edst\u00f3bal de Tapia, veedor de las fundiciones de la isla Espa\u00f1ola, del cual otro d\u00eda siguiente resceb\u00ed una carta por la cual me hac\u00eda saber que su venida a esta tierra era para tener la gobernaci\u00f3n della por mandado de Vuestra Majestad, y que dello tra\u00eda sus provisiones reales, de las cuales en ninguna parte quer\u00eda facer presentaci\u00f3n fasta que nos vi\u00e9semos, lo cual quisiera que fuera luego, pero que como tra\u00eda las bestias fatigadas de la mar no se hab\u00eda metido en camino; y que me rogaba que di\u00e9semos orden c\u00f3mo nos vi\u00e9semos, o \u00e9l veniendo ac\u00e1 o yo yendo all\u00e1 a la costa de la mar. Y como resceb\u00ed su carta, luego respond\u00ed a ella dici\u00e9ndole que holgaba mucho con su venida, y que no pudiera venir persona prove\u00edda por mandado de Vuestra Majestad a tener la gobernaci\u00f3n destas partes de quien m\u00e1s contentamiento tuviera, as\u00ed por el conoscimiento que entre nosotros hab\u00eda como por la crianza y vecindad que en la isla Espa\u00f1ola hab\u00edamos tenido. Y porque la pacificaci\u00f3n destas partes no estaba a\u00fan tan soldada como conven\u00eda y de cualquiera novedad se dar\u00eda ocasi\u00f3n de alterar a los naturales, y como el padre fray Pedro Melgarejo de Urrea, comisario de la cruzada, se hab\u00eda hallado en todos nuestros trabajos y sab\u00eda muy bien en qu\u00e9 estado estaban las cosas de ac\u00e1 y de su venida Vuestra Majestad hab\u00eda sido muy servido y nosotros aprovechados de su dotrina y consejos, yo le rogu\u00e9 con mucha instancia que tomase trabajo de se ver con el dicho Tapia y viese las provisiones de Vuestra Majestad; y pues \u00e9l mejor que nadie sab\u00eda lo que conven\u00eda a su real servicio y al bien de aquestas partes, que \u00e9l diese orden con el dicho Tapia en lo que m\u00e1s conven\u00eda, pues ten\u00eda concepto de m\u00ed que no exceder\u00eda un punto dello, lo cual yo le rogu\u00e9 en presencia del tesorero de Vuestra Majestad y \u00e9l ansimesmo se lo encarg\u00f3 mucho. Y \u00e9l se parti\u00f3 para la villa de la Vera Cruz donde el dicho Tapia estaba, y para que en la villa o por donde viniese el dicho veedor se le ficiese todo buen servicio y acogimiento, despach\u00e9 al dicho padre y a dos o tres personas de bien de los de mi compa\u00f1\u00eda. Y como aquellas personas se partieron, yo qued\u00e9 esperando su respuesta y en tanto que adreszaba mi partida dando orden en algunas cosas que conven\u00edan al servicio de Vuestra Majestad y a la pacificaci\u00f3n y sosiego destas partes. Dende a diez o doce d\u00edas la justicia y regimiento de la villa de la Vera Cruz me escribieron c\u00f3mo el dicho Tapia hab\u00eda fecho presentaci\u00f3n de las provisiones que tra\u00eda de Vuestra Majestad y de sus gobernadores en su real nombre y que las hab\u00edan obedescido con toda la reverencia que se requer\u00eda; y que en cuanto al cumplimiento, hab\u00edan respondido que porque los m\u00e1s del regimiento estaban ac\u00e1 conmigo que se hab\u00edan hallado en el cerco de la cibdad, ellos se lo har\u00edan saber, y todos har\u00edan y cumplir\u00edan lo que fuese m\u00e1s servicio de Vuestra Majestad y bien de la tierra; y que desta su respuesta el dicho Tapia hab\u00eda rescebido alg\u00fand desabrimiento y aun hab\u00eda tentado algunas cosas escandalosas. Y comoquiera que a m\u00ed me pesaba dello, les respond\u00ed que les rogaba y encargaba mucho que mirando prencipalmente el servicio de Vuestra Majestad, trabajasen de contentar al dicho Tapia y no dar ninguna ocasi\u00f3n a que hobiese ning\u00fand bollicio; y que yo estaba de camino para me ver con \u00e9l y cumplir lo que Vuestra Majestad mandaba y m\u00e1s su servicio fuese. Y estando ya de camino, y empidida la ida del capit\u00e1n y gente que inviaba al r\u00edo de P\u00e1nuco, porque conven\u00eda que yo salido de aqu\u00ed quedase muy buen recabdo, los procu radores de los concejos desta Nueva Espa\u00f1a me requirieron con muchas protestaciones que no saliese de aqu\u00ed, porque como toda esta provincia de M\u00e9xico y Temixtit\u00e1n hab\u00eda poco que se hab\u00eda pacificado con mi ausencia se alborotar\u00eda, de que se pod\u00eda seguir mucho deservicio a Vuestra Majestad y desasosiego en la tierra. Y dieron en el dicho su requirimiento otras muchas causas y razones por donde no conven\u00eda que yo saliese desta cibdad al presente, y dij\u00e9ronme que ellos con poder de los concejos ir\u00edan a la villa de la Vera Cruz, donde el dicho Tapia estaba, y ver\u00edan las provisiones de Vuestra Majestad y har\u00edan todo lo que fuese su real servicio. Y porque nos paresci\u00f3 ser ans\u00ed nescesario y los dichos procuradores se part\u00edan, escreb\u00ed con ellos al dicho Tapia faci\u00e9ndole saber lo que pasaba, y que yo inviaba mi poder a Gon\u00e7alo de Sandoval, alguacil mayor, y a Diego de Soto y a Diego de Valdenebro, que estaban all\u00e1 en la villa de la Veracruz, para que en mi nombre juntamente con el cabildo della y con los procuradores de los otros cabildos viesen y ficiesen lo que fuese servicio de Vuestra Majestad y bien de la tierra, porque er\u00e1n y son personas que ans\u00ed lo hab\u00edan de cumplir. Allegados donde el dicho Tapia estaba, que ven\u00eda ya de camino y el padre fray Pedro se ven\u00eda con \u00e9l, requir\u00ed\u00e9ronle que se volviese, y todos juntos se volvieron a la cibdad de Cempoal. Y all\u00ed el dicho Cr\u00edst\u00f3bal de Tapia present\u00f3 las provisiones de Vuestra Majestad, las cuales todos obedescieron con el acatamiento que a Vuestra Majestad se debe, y en cuanto al cumplimiento dellas dijeron que suplicaban para ante Vuestra Majestad, porque as\u00ed conven\u00eda a su real servicio por las causas y razones contenidas en la suplicaci\u00f3n que hicieron, seg\u00fand que m\u00e1s largamente pas\u00f3 y los procuradores que van desta Nueva Espa\u00f1a lo llevan signado de escribano p\u00fablico. Y despu\u00e9s de haber pasado otros abtos y requirimientos entre el dicho veedor y procuradores, se embarc\u00f3 en un nav\u00edo suyo porque ans\u00ed le fue requerido, porque de su estada y haber publicado que \u00e9l ven\u00eda por gobernador y capit\u00e1n destas partes se alborotaban, y ten\u00edan \u00e9stos de M\u00e9xico y Temixtit\u00e1n ordenado con los naturales destas partes de se alzar y hacer una grand traici\u00f3n que, a salir con ella, hobiera sido peor que la pasada. Y fue que ciertos indios de aqu\u00ed de Mexico concertaron con algunos de los naturales de aquellas provincias que el alguacil mayor hab\u00eda ido a pacificar, que viniesen a m\u00ed a mucha priesa y me dijesen c\u00f3mo por la costa andaban veinte nav\u00edos con mucha gente, y que no sal\u00edan a tierra; y que porque no deb\u00eda ser buena gente, si yo queria ir all\u00e1 y ver lo que era, que ellos se adreszar\u00edan e ir\u00edan de guerra conmigo a me ayuday. Y para que los creyese truj\u00e9ronme la figura de los nav\u00edos en un papel. Y como secretamente me hicieron saber esto luego conosc\u00ed su intenci\u00f3n y que era maldad. Y rodeado para verme fuera desta provincia, porque como algunos de los prencipales della hab\u00edan sabido que los d\u00edas antes yo estaba de partida y vieron que me estaba quedo, hab\u00edan buscado esta otra manera. Y yo desimul\u00e9 con ellos y despu\u00e9s prend\u00ed a algunos que lo hab\u00edan ordenado, de manera que la venida del dicho Tapia y no tener espiriencia de la tierra y gente della caus\u00f3 harto bullicio, y su estada ficiera mucho da\u00f1o si Dios no lo hobiera remediado. M\u00e1s servicio hobiera fecho a Vuestra Majestad, estando en la isla Espa\u00f1ola, dejar su venida y consultarla primero a Vuestra Majestad y facerle saber el estado en que estaban las cosas destas partes, pues lo hab\u00eda sabido de los nav\u00edos que yo hab\u00eda inviado a la dicha isla por socorro y sab\u00eda claramente haberse remediado el esc\u00e1ndalo que se esperaba haber con la venida de la armada de P\u00e1nfilo de Narv\u00e1ez, aqu\u00e9l que prencipalmente por los gobernadores y Consejo Real de Vuestra Majestad hab\u00eda sido prove\u00eddo; mayormente que por el almirante y jueces y oficiales de Vuestra Majestad que residen en la dicha isla Espa\u00f1ola el dicho Tapia hab\u00eda sido requerido muchas veces que no curase de pasar a estas partes sin que primeramente Vuestra Majestad fuese informado de todo lo que en ella ha suscedido, y para ello le sobreseyeron su venida so ciertas penas, el cual, con formas que con ellos tuvo, mirando m\u00e1s su particular intere se que a lo que al servicio de Vuestra Majestad conven\u00eda, trabaj\u00f3 que se le alzase el sobreseimiento de su venida. He fecho relaci\u00f3n de todo ello a Vuestra Majestad porque cuando el dicho Tapia se parti\u00f3 los procuradores y yo no la fecimos porque \u00e9l no fuera buen portador de nuestras cartas, y tambi\u00e9n porque Vuestra Majestad vea y crea que en no rescebir al dicho Tapia Vuestra Majestad fue muy servido, seg\u00fand que m\u00e1s largamente se probar\u00e1 cada y cuando fuere nescesario. En un cap\u00edtulo antes d\u00e9ste he fecho saber a Vuestra Majestad c\u00f3mo el capit\u00e1n que yo hab\u00eda inviado a conquistar la provincia de Guaxaca la ten\u00eda pac\u00edfica y estaba esperando all\u00ed para ver lo que le mandaba. Y porque de su persona hab\u00eda nescesidad y era alcalde y teniente en la villa de Segura la Frontera, le escrib\u00ed que los ochenta hombres y diez de caballo que ten\u00eda los diese a Pedro de Alvarado, al cual inviaba a conquistar la provincia de Tatutepeque, que es cuarenta leguas adelante de la de Guaxaca junto a la Mar del Sur, y hac\u00edan mucho da\u00f1o y guerra a los que se hab\u00edan dado por vasallos de Vuestra Majestad y a los de la provincia de Tecoatepeque porque nos hab\u00edan dejado por su tierra entrar a descobrir la Mar del Sur. Y el dicho Pedro de Alvarado se parti\u00f3 desta cibdad al \u00faltimo de enero deste presente a\u00f1o, y con la gente que de aqu\u00ed llev\u00f3 y con la que rescibi\u00f3 en la provincia de Guaxaca junt\u00f3 cuarenta de caballo y ducientos peones en que hab\u00eda cuarenta ballesteros y escopeteros y dos tiros peque\u00f1os de campo. Y dende a veinte d\u00edas resceb\u00ed cartas del dicho Pedro de Alvarado c\u00f3mo estaba de camino para la dicha provincia de Tatutepeque, y que me hac\u00eda saber que hab\u00eda tomado ciertas esp\u00edas naturales della, y habi\u00e9ndose informado dellas le hab\u00edan dicho que el se\u00f1or de Tatutepeque con su gente le estaba esperando en el campo; y que \u00e9l iba con prop\u00f3sito de hacer en aquel camino toda su posibilidad por pacificar aquella provincia, y porque para ello, dem\u00e1s de los espa\u00f1oles, llevaba mucha y buena gente de guerra. Y estando con mucho deseo esperando la suscesi\u00f3n de aqueste negocio, a cuatro de marzo deste mesmo a\u00f1o resceb\u00ed cartas del dicho Pedro de Alvarado en que me fizo saber c\u00f3mo \u00e9l hab\u00eda entrado en la provincia, y que tres o cuatro poblaciones della se hab\u00edan puesto en resistirle pero que no hab\u00edan perseverado en ello; y que hab\u00eda entrado en la poblaci\u00f3n y cibdad de Tatutepeque y hab\u00edan sido bien rescebidos a lo que hab\u00edan mostrado, y que el se\u00f1or, que le hab\u00eda dicho que se aposentase all\u00ed en unas casas grandes suyas que ten\u00edan la cobertura de paja; y que porque eran en lugar algo no provechoso para los de caballo no hab\u00edan querido sino abajarse a otra parte de la cibdad que era m\u00e1s llano, y que tambi\u00e9n lo hab\u00eda fecho porque luego entonces hab\u00eda sabido que le ordenaban de matar a \u00e9l y a todos desta manera: que como todos los espa\u00f1oles estuviesen aposentados en las casas, que eran muy grandes, a media noche les pusiesen fuego y los quemasen a todos; y como Dios le hab\u00eda descubierto este negocio hab\u00eda desimulado y llevado consigo a lo bajo al se\u00f1or de la provincia y un fijo suyo, y que los hab\u00eda detenido y ten\u00eda en su poder como presos, y le hab\u00edan dado veinte y cinco mill castellanos; y que cre\u00eda que seg\u00fand los vasallos de aquel se\u00f1or le dec\u00edan, que ten\u00edan mucho tesoro, y que toda la provincia estaba tan pac\u00edfica que no pod\u00eda ser m\u00e1s, y que ten\u00edan sus mercados y contrataci\u00f3n como de antes, y que la tierra era muy rica de oro de minas y que en su presencia le hab\u00edan sacado una muestra, la cual me invi\u00f3; y que tres d\u00edas antes hab\u00eda estado en la mar y tomado la posesi\u00f3n della por Vuestra Majestad, y que en su presencia hab\u00edan sacado una muestra de perlas que tambien me invi\u00f3, las cuales con la muestra del oro de minas inv\u00edo a Vuestra Majestad. Como Dios Nuestro Se\u00f1or encaminaba bien esta negociaci\u00f3n e iba cumpliendo el deseo que yo tengo de servir a Vuestra Majestad en esto de la Mar del Sur, por ser cosa de tanta importancia, he prove\u00eddo con mucha deligencia que en la una de tres partes por do yo he descubierto la mar se hagan dos carabelas medianas y dos bergantines, las carabelas para descobrir y los bergantines para seguir la costa. Y para ello he inviado con una persona de recabdo bien cuarenta espa\u00f1oles, en que van maestros y carpinteros de ribera y aserradores y herreros y hombres de la mar. Y he prove\u00eddo a la villa por clavaz\u00f3n y velas y otros aparejos nescesarios para los dichos nav\u00edos, y se dar\u00e1 toda la priesa que sea posible para los acabar y echar al agua, lo cual fecho, crea Vuestra Majestad que ser\u00e1 la mayor cosa y de que m\u00e1s servicio redundar\u00e1 a Vuestra Majestad despu\u00e9s que las Indias se han descubierto. Estando en la cibdad de Tesuico antes que de all\u00ed saliese a poner cerco a la de Temixtit\u00e1n, adresz\u00e1ndonos y forneci\u00e9ndonos de lo nescesario para el dicho cerco, bien descuidados de lo que por ciertas personas se ordenaba, vino a m\u00ed una de aqu\u00e9llas que eran en el concierto y f\u00edzome saber c\u00f3mo ciertos amigos de Diego Vel\u00e1zquez que estaban en mi compa\u00f1ia me ten\u00edan ordenada traici\u00f3n para me matar, y que entre ellos hab\u00eda y ten\u00edan elegido capit\u00e1n y alcalde mayor y alguacil y otros oficiales; y que en todo caso lo remediase, pues ve\u00eda que dem\u00e1s del esc\u00e1ndalo que se siguir\u00eda por lo de mi persona, estaba claro que ning\u00fand espa\u00f1ol escapar\u00eda vi\u00e9ndonos revueltos a los unos y a los otros, y que para esto no solamente hallar\u00edamos a los enemigos apercebidos, pero aun a los que ten\u00edamos por amigos trabajar\u00edan de nos acabar a todos. Y como yo vi que se me hab\u00eda revelado tan grand traici\u00f3n, di gracias a Nuestro Se\u00f1or porque en aquello consest\u00eda el remedio, y luego fice prender al uno que era el prencipal agresor, el cual espont\u00e1neamente confes\u00f3 que \u00e9l hab\u00eda ordenado y concertado con muchas personas que en su confesi\u00f3n declar\u00f3 de me prender o matar y tomar la gobernaci\u00f3n de la tierra por Diego Vel\u00e1zquez; y que era verdad que ten\u00eda ordenado de hacer capit\u00e1n y alcalde mayor y que \u00e9l hab\u00eda de ser alguacil mayor y me hab\u00eda de prender o matar, y que en esto eran muchas personas que \u00e9l ten\u00eda puestas en una copia, la cual se hall\u00f3 en su posada aunque hecha pedazos, con algunas de las dichas personas que declar\u00f3 \u00e9l hab\u00eda platicado lo susodicho; y que no solamente esto se hab\u00eda ordenado all\u00ed en Tesuico, pero que tambi\u00e9n lo hab\u00eda comunicado y puesto en pl\u00e1tica estando en la guerra de la provincia de Tepeaca. Y vista la confesi\u00f3n d\u00e9ste, el cual se dec\u00eda Antonio de Villafa\u00f1e, que era natural de Zamora, y como se certific\u00f3 en ella, un alcalde y yo le condenamos a muerte, la cual se ejecut\u00f3 en su persona. Y caso que en este delito hallamos otros muy culpados, desimul\u00e9 con ellos haci\u00e9ndoles obras de amigos, porque por ser el caso m\u00edo &#8211; aunque m\u00e1s propiamente se puede decir de Vuestra Majestad &#8211; no he querido proceder contra ellos rigurosamente. La cual disimulaci\u00f3n no ha fecho mucho provecho, porque despu\u00e9s ac\u00e1 algunos desta parcialidad de Diego Vel\u00e1zquez han buscado contra m\u00ed muchas acechanzas y de secreto hecho muchos bullicios y esc\u00e1ndalos en que me ha convenido tener m\u00e1s aviso de me guardar dellos que de nuestros enemigos, pero Dios Nuestro Se\u00f1or lo ha siempre guiado en tal manera que sin facer en aqu\u00e9llos castigo ha habido y hay toda pacificaci\u00f3n y tranquilidad. Y si de aqu\u00ed adelante sintiere otra cosa, castigar se ha conforme a justicia. Despu\u00e9s que se tom\u00f3 la cibdad de Temixtit\u00e1n, estando en \u00e9sta de Cuyoacan fallesci\u00f3 Don Fernando, se\u00f1or de Tesuico, de que a todos nos pes\u00f3 porque era muy buen vasallo de Vuestra Majestad y muy amigo de los cristianos. Y con parescer de los se\u00f1ores y prencipales de aquella cibdad y su provincia, en nombre de Vuestra Majestad se dio el se\u00f1or\u00edo a otro hermano suyo menor, el cual se bautiz\u00f3 y se le puso nombre Don Carlos. Y seg\u00fand d\u00e9l fasta agora se conosce, lleva las pasadas de su hermano y apl\u00e1cele mucho nuestro h\u00e1bito y conversaci\u00f3n. En la otra relaci\u00f3n hice saber a Vuestra Majestad c\u00f3mo cerca de las provincias de Tascaltecal y Guaxocingo habia una sierra redonda y muy alta, de la cual sal\u00eda casi a la contina mucho humo que iba como una saeta derecho hacia arriba. Y porque los indios nos daban a entender que era cosa muy mala y que mor\u00edan los que all\u00ed sub\u00edan, yo hice a ciertos espa\u00f1oles que subiesen y viesen de la manera que la sierra estaba arriba. Y a la saz\u00f3n que subieron sali\u00f3 aquel humo con tanto ro\u00eddo que ni pudieron ni osaron llegar a la boca. Y despu\u00e9s ac\u00e1 yo hice ir all\u00e1 otros espa\u00f1oles, y subieron dos veces hasta llegar a la boca de la sierra do sale aquel humo, y hab\u00eda de la una parte de la boca a la otra dos tiros de ballesta porque hay en torno casi tres cuartas de legua, y tiene tan grand hondura que no pudieron ver el cabo. Y all\u00ed alderredor hallaron alg\u00fand azufre de lo que el humo espele. Y estando una vez all\u00e1 oyeron el ruido grande que tra\u00eda el humo y ellos dieron priesa a bajar, pero antes que llegasen al medio de la sierra ya ven\u00edan rodando infinitas piedras, de que se vieron en harto peligro. Y los indios nos tuvieron a muy grand cosa osar ir adonde fueron los espa\u00f1oles, Por una carta hice saber a Vuestra Majestad c\u00f3mo los naturales destas partes eran de mucha m\u00e1s capacidad que no los de las otras islas; que nos paresc\u00edan de tanto entendimiento y raz\u00f3n cuanto a uno medianamente basta para ser capaz, y que a esta cabsa me paresc\u00eda cosa grave por entonces compelerse a que sirviesen a los espa\u00f1oles de la manera que los de las otras islas; y que tambi\u00e9n, cesando aquesto, los conquistadores y pobladores destas partes no se pod\u00edan sustentar, y que para no costre\u00f1ir por estonces a los indios y que los espa\u00f1oles se remediasen, me paresc\u00eda que Vuestra Majestad deb\u00eda mandar que de las rentas que ac\u00e1 pertenesc\u00edan a Vuestra Majestad fuesen socorridos para su gasto y sustentaci\u00f3n, y que sobre ello Vuestra Majestad mandase proveer lo que fuese m\u00e1s servido, seg\u00fand que de todo m\u00e1s largamente fice a Vuestra Majestad relaci\u00f3n, y despu\u00e9s ac\u00e1, vistos los muchos y continos gastos de Vuestra Majestad y que antes deb\u00edamos por todas v\u00edas acrecentar sus rentas que dar cabsa a las gastar, y visto tambi\u00e9n el mucho tiempo que habemos andado en las guerras y las nescesidades y debdas en que a cabsa della todos est\u00e1bamos puestos y la dilaci\u00f3n que hab\u00eda en lo que en aqueste caso Vuestra Majestad pod\u00eda mandar, y sobretodo la mucha importunaci\u00f3n de los oficiales de Vuestra Majestad y de todos los espa\u00f1oles y que en ninguna manera me pod\u00eda escusar, fueme casi forzado depositar los se\u00f1ores y naturales destas partes a los espa\u00f1oles, y considerando en ello las personas y los servicios que en estas partes a Vuestra Majestad han hecho, para que en tanto que otra cosa mande proveer o confirmar esto, los dichos se\u00f1ores y naturales sirvan y den a cada espa\u00f1ol a quien estovieren depositados lo que hobiere menester para su sustentaci\u00f3n. Y esta forma fue con parescer de personas que ten\u00edan y tienen mucha intiligencia y esperiencia de la tierra, y no se pudo ni puede tener otra cosa que sea mejor que convenga m\u00e1s as\u00ed para la sustentaci\u00f3n de los espa\u00f1oles como para conservaci\u00f3n y buen tratamiento de los indios, seg\u00fan que de todo har\u00e1n m\u00e1s larga relaci\u00f3n a Vuestra Majestad los procuradores que agora van desta Nueva Espa\u00f1a. Para las faciendas y granjer\u00edas de Vuestra Majestad se se\u00f1alaron las provincias y cibdades mejores y m\u00e1s convinientes. Suplico a Vuestra Majestad lo mande proveer y responder lo que m\u00e1s fuere servido. Muy Cat\u00f3lico Se\u00f1or, Dios Nuestro Se\u00f1or la vida y muy real persona y muy poderoso estado de Vuestra Ces\u00e1rea Majestad conserve y aumente con acrecestamiento de muy mayores reinos y se\u00f1or\u00edos como su real coraz\u00f3n desea. De la cibdad de Cuyoacan desta su Nueva Espa\u00f1a del Mar Oc\u00e9ano, a 15 d\u00edas de mayo de 1522 a\u00f1os. Potent\u00edsimo Se\u00f1or, de Vuestra Ces\u00e1rea Majestad muy su humill servidor y vasallo que los muy reales pies y manos de Vuestra Majestad besa. &#8211; Hernando Cort\u00e9s Potent\u00edsimo Se\u00f1or: A Vuestra Ces\u00e1rea Majestad hace relaci\u00f3n Fernando Cort\u00e9s, su Capit\u00e1n y Justicia Mayor en esta Nueva Espa\u00f1a del Mar Oc\u00e9ano, seg\u00fan Vuestra Majestad podr\u00e1 mandar ver y porque los oficiales de Vuestra Cat\u00f3lica Majestad somos obligados a le dar cuenta del susceso y estado de las cosas destas partes, y en esta escritura va muy particularmente declarado y aquello es la verdad, y lo que nosotros podr\u00edamos escrebir no hay nescesidad de m\u00e1s nos alargar, sino remitimos a la relaci\u00f3n del dicho capit\u00e1n. Invit\u00edsimo y Muy Cat\u00f3lico Se\u00f1or, Dios Nuestro Se\u00f1or la vida y muy real persona y potent\u00edsimo estado de Vuestra Majestad conserve y aumente con acrecentamiento de muchos m\u00e1s reinos y se\u00f1or\u00edos como su real coraz\u00f3n desea. De la cibdad de Cuyoacan, a 15 de mayo de 1522 a\u00f1os. Potent\u00edsimo Se\u00f1or, de Vuestra Ces\u00e1rea Majestad muy humiles siervos y vasallos que los muy reales pies y manos de Vuestra Majestad besan. &#8211; Juli\u00e1n Alderete &#8211; Alonso de Grados &#8211; Bernaldino V\u00e1zquez de Tapia. La presente carta de relaci\u00f3n fue impresa en la muy noble y muy leal cibdad de Sevilla por Jacobo Cromberger Alem\u00e1n, y acab\u00f3se a treinta d\u00edas de marzo, a\u00f1o de 1523.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>TERCERA RELACI\u00d3N\u00a0 &#8211; Parte 3 Dende a dos d\u00edas del desbarato, que ya se sab\u00eda por toda la comarca, los naturales de una poblaci\u00f3n que se dice Quamaguaras que eran subjetos a la cibdad y se hab\u00edan dado por nuestros amigos vinieron al real y dij\u00e9ronme como los de la\u2026<\/p>\n<p class=\"continue-reading-button\"> <a class=\"continue-reading-link\" href=\"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/cartas-de-relacion-de-hernan-cortes-iii-iii\/\">Seguir leyendo&#8230;<i 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