{"id":1233,"date":"2011-02-22T12:34:04","date_gmt":"2011-02-22T10:34:04","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cultureduca.com\/blog\/?p=1233"},"modified":"2018-12-22T03:13:00","modified_gmt":"2018-12-22T01:13:00","slug":"cartas-de-relacion-de-hernan-cortes-iii-i","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/cartas-de-relacion-de-hernan-cortes-iii-i\/","title":{"rendered":"Cartas de Relaci\u00f3n de Hern\u00e1n Cort\u00e9s (III-I)"},"content":{"rendered":"<p>Carta tercera de relaci\u00f3n enviada por Fernando Cort\u00e9s, Capit\u00e1n y Justicia Mayor del Yucat\u00e1n llamado la Nueva Espa\u00f1a del Mar Oc\u00e9ano, al Muy Alto y Potentisimo C\u00e9sar e Invit\u00edsimo Se\u00f1or Don Carlos, Emperador Semper Augusto y Rey de Espa\u00f1a, Nuestro Se\u00f1or, de las cosas subcedidas y muy dinas de admiraci\u00f3n en la conquista y recuperaci\u00f3n de la muy grande y maravillosa cibdad de Tenustit\u00e1n y de las otras provincias a ella subjetas que se rebelaron, en la cual cibdad y dichas provincias el dicho capit\u00e1n y espa\u00f1oles consiguieron grandes y se\u00f1aladas vitorias dignas de perpetua memoria. Asimesmo hace relaci\u00f3n c\u00f3mo han descubierto el Mar del Sur y otras muchas y grandes provincias muy ricas de minas de oro y perlas y piedras preciosas, y aun tienen noticia que hay especer\u00eda. Muy Alto y Potentisimo Pr\u00edncipe, Muy Cat\u00f3lico e Invit\u00edsimo Emperador, Rey y Se\u00f1or: Con Alonso de Mendoza, natural de Medell\u00edn, que despach\u00e9 desta Nueva Espa\u00f1a a cinco de marzo del a\u00f1o pasado de quinientos y veinte y uno, hice segunda relaci\u00f3n a Vuestra Majestad de todo lo sucedido en ella, la cual yo ten\u00eda acabada de hacer a los 30 de otubre del a\u00f1o de quinientos y veinte, y a cabsa de los tiempos muy contrarios y de perderse tres nav\u00edos que yo ten\u00eda para enviar en el uno a Vuestra Majestad la dicha relaci\u00f3n y en los otros dos enviar por socorro a la isla Espa\u00f1ola, hobo mucha dilaci\u00f3n en la partida del dicho Mendoza, seg\u00fand que tambi\u00e9n m\u00e1s largo con \u00e9l lo escrib\u00ed a Vuestra Majestad. Y en lo \u00faltimo de la dicha relaci\u00f3n hice saber a Vuestra Majestad c\u00f3mo despu\u00e9s que los indios de la cibdad de Temixtit\u00e1n nos hab\u00edan echado por fuerza della yo hab\u00eda venido sobre la provincia de Tepeaca, que era subjeta a ellos y estaba rebelada, y con los espa\u00f1oles que hab\u00edan quedado y con los indios nuestros amigos le hab\u00eda hecho la guerra y reducido al servicio de Vuestra Majestad; y que como la traici\u00f3n pasada y el grand da\u00f1o y muertes de espa\u00f1oles estaban tan recientes en nuestros corazones, mi determinada voluntad era revolver sobre los de aquella gran cibdad que de todo hab\u00eda se\u00eddo la causa, y que para ello comenzaba a hacer trece bergantines para por la laguna hacer con ellos todo el da\u00f1o que pudiese si los de la cibdad perseverasen en su mal prop\u00f3sito. Escrib\u00ed a Vuestra Majestad que entre tanto que los dichos bergantines se hac\u00edan y yo y los indios nuestros amigos nos aparej\u00e1bamos para volver sobre los enemigos, enviaba a la dicha Espa\u00f1ola por socorro de gente y caballos y arteller\u00eda y armas, y que sobre ello escrib\u00eda a los oficiales de Vuestra Majestad que all\u00ed residen y les enviaba dineros para todo el gasto y espensas que para el dicho socorro fuese nescesario. Y certefiqu\u00e9 a Vuestra Majestad que hasta conseguir vitoria contra los enemigos no pensaba tener descanso ni cesar de poner para ello toda la solicitud posible, posponiendo cuanto peligro, trabajo y costa se me pudiese ofrecer, y que con esta determinaci\u00f3n estaba aderezando de me partir de la dicha provincia de Tepeaca. Ansimismo hice saber a Vuestra Majestad c\u00f3mo al puerto de la villa de la Vera Cruz hab\u00eda llegado una carabela de Francisco de Garay, teniente de gobernador de la isla de Jamaica, con mucha nescesidad, la cual tra\u00eda hasta treinta hombres, y que hab\u00eda dicho que otros dos nav\u00edos eran partidos para el r\u00edo de P\u00e1nuco, donde hab\u00edan desbaratado a un capit\u00e1n del dicho Francisco de Garay, y que tem\u00edan que si all\u00e1 aportasen hab\u00edan de recebir da\u00f1o de los naturales del dicho r\u00edo. Y ansimismo escrib\u00ed a Vuestra Majestad que yo hab\u00eda prove\u00eddo luego de enviar una carabela en busca de los dichos nav\u00edos para les dar aviso de lo pasado, y despu\u00e9s que aquello escrib\u00ed plugo a Dios que el uno de los nav\u00edos lleg\u00f3 al dicho puerto de la Vera Cruz, en el cual ven\u00eda un capit\u00e1n con obra de ciento y veinte hombres, y all\u00ed se inform\u00f3 c\u00f3mo los de Garay que antes hab\u00edan venido hab\u00edan sido desbaratados, y hablaron con el capit\u00e1n que se hall\u00f3 en el desbarato y se les certefic\u00f3 que si iba al dicho r\u00edo de P\u00e1nuco no pod\u00eda ser sin recibir mucho da\u00f1o de los indios, y estando ans\u00ed en el puerto con determinaci\u00f3n de se ir al dicho r\u00edo comenz\u00f3 un tiempo y viento muy recio e hizo la nao salir, quebradas las amarras, y fue a tomar puerto doce leguas la costa arriba de la dicha villa a un puerto que se dice Sant Juan, y all\u00ed, despu\u00e9s de haber desembarcado toda la gente y siete u ocho caballos y otras tantas yeguas que tra\u00edan, dieron con el nav\u00edo a la costa porque hac\u00eda mucha agua. Y como esto se me hizo saber yo escrib\u00ed luego al capitan d\u00e9l haci\u00e9ndole saber como a m\u00ed me hab\u00eda pesado mucho del lo que le hab\u00eda sucedido, y que yo hab\u00eda inviado a decir al teniente de la dicha villa de la Veracruz que a \u00e9l y a la gente que consigo tra\u00eda hiciese muy buen acogimiento y les diesen todo lo que hab\u00edan menester y que viesen qu\u00e9 era lo que determinaban, y que si todos o algunos dellos se quisiesen volver en los nav\u00edos que alli estaban, que les diese licencia y los despachase a su placer. Y el dicho capit\u00e1n y los que con \u00e9l vinieron deteminaron de se quedar y venir adonde yo estaba. Y del otro nav\u00edo no hemos sabido hasta agora, y como ha ya tanto tiempo tenemos harta duda de su salvamento. Plega a Dios lo haya llevado a buen puerto. Estando para me partir de aquella provincia de Tepeaca supe c\u00f3mo dos provincias que se dicen Cecatami y Xalazingo, que son subjetas al se\u00f1or de Temixtit\u00e1n, estaban rebeladas, y que como de la villa de la Vera Cruz para ac\u00e1 es por all\u00ed el camino, hab\u00edan muerto en ellas algunos espa\u00f1oles, y que los naturales estaban rebelados y de muy mal prop\u00f3sito. Y por asegurar aquel camino y hacer en ellos alg\u00fan castigo si no quisiesen venir de paz, despach\u00e9 un capit\u00e1n con veinte de caballo y docientos peones y con gente de nuestros amigos, al cual encargu\u00e9 mucho y mand\u00e9 de parte de Vuestra Majestad que requiriese a los naturales de aquellas provincias que viniesen de paz a se dar por vasallos de Vuestra Majestad como antes lo hab\u00edan hecho, y que tuviese con ellos toda la templanza que fuese posible; y que si no quisiesen recibirle de paz, que les hiciese la guerra, y que fecha y allanadas aquellas dos provincias, se volviese con toda la gente a la cibdad de Tascaltecal adonde le estar\u00eda esperando. Y ans\u00ed se parti\u00f3 entrante el mes de diciembre de quinientos y veinte y sigui\u00f3 su camino para las dichas dos provincias, que est\u00e1n de all\u00ed veinte leguas. Acabado esto, Muy Poderoso Se\u00f1or, mediado el mes de diciembre del dicho a\u00f1o me part\u00ed de la villa de Segura la Frontera, que es en la provincia de Tepeaca, y dej\u00e9 en ella un capit\u00e1n con sesenta hombres porque los naturales de all\u00ed me lo rogaron mucho. Y envi\u00e9 toda la gente de pie a la cibdad de Tascaltecal adonde se hac\u00edan los bergantines, que est\u00e1 de Tepeaca nueve o diez leguas, y yo con veinte de caballo me fue aquel d\u00eda a dormir a la cibdad de Cholula porque los naturales de all\u00ed deseaban mi venida, porque a cabsa de la enfermedad de las viruelas, que tambi\u00e9n comprehendi\u00f3 a los destas tierras como a los de las Islas, eran muertos muchos se\u00f1ores de all\u00ed y quer\u00edan que por mi mano y con su parecer y el m\u00edo se pusiesen otros en su lugar. Y llegados all\u00ed, fuemos dellos muy bien recibidos, y despu\u00e9s de haber dado conclusi\u00f3n a su voluntad en este negocio que he dicho y haberles dado a entender c\u00f3mo mi camino era para ir a entrar de guerra por las provincias de M\u00e9xyco y Temixtit\u00e1n, les rogu\u00e9 que, pues eran vasallos de Vuestra Majestad y ellos como tales hab\u00edan de conservar su amistad con nosotros y nosotros con ellos hasta la muerte, que les rogaba que para el tiempo que yo hobiese de hacer la guerra me ayudasen con gente, y que a los espa\u00f1oles que yo enviase a su tierra y fuesen y viniesen por ella les hiciesen el tratamiento que como amigos eran obligados. Y despu\u00e9s de hab\u00e9rmelo prometido ans\u00ed y haber estado dos o tres d\u00edas en su cibdad me part\u00ed para la de Tascaltecal, que est\u00e1 a seis leguas. Y llegado a ella, hall\u00e9 all\u00ed juntos todos los espa\u00f1oles y los de la cibdad y hobieron mucho placer con mi venida. Y otro d\u00eda todos los se\u00f1ores desta cibdad y provincia me vinieron a hablar y me decir c\u00f3mo Magiscacin, que era el prinicipal se\u00f1or de todos ellos, hab\u00eda fallecido de aquella enfermedad de las viruelas y bien sab\u00edan que por ser tan mi amigo me pesar\u00eda mucho, pero que all\u00ed quedaba un hijo suyo de hasta doce o trece a\u00f1os y que a aqu\u00e9l pertenec\u00eda el se\u00f1or\u00edo del padre, que me rogaban que a \u00e9l, como a heredero, gelo diese. Y yo en nombre de Vuestra Majestad lo hice ans\u00ed y todos ellos quedaron muy contentos. Cuando a esta cibdad llegu\u00e9 hall\u00e9 que los maestros y carpinteros de los bergantines se daban mucha priesa en hacer la ligaci\u00f3n y tablaz\u00f3n para ellos y que ten\u00edan hecha razonable obra. Y luego prove\u00ed de enviar a la villa de la Vera Cruz por todo el fierro y clavaz\u00f3n que hobiese, y velas y jarcia y otras cosas nescesarias para ellos. Y prove\u00ed, porque no hab\u00eda pez, la hiciesen ciertos espa\u00f1oles en una sierra cerca de all\u00ed, por manera que todo el recabdo que fuese nescesario para los dichos bergantines estuviese aparejado, para que despu\u00e9s que, placiendo a Dios, yo estuviese en las provincias de M\u00e9xyco y de Temixtit\u00e1n, pudiese enviar por ellos desde all\u00e1, que ser\u00edan diez o doce leguas, hasta la dicha cibdad de Tascaltecal. Y en quince d\u00edas que en ella estuve no entend\u00ed en otra cosa salvo en dar priesa en los maestros y en aderezar armas para dar orden en nuestro camino. Dos d\u00edas antes de Navidad lleg\u00f3 el capit\u00e1n con la gente de pie y de caballo que hab\u00edan ido a las provincias de Zacatami y Xalazingo, y supe c\u00f3mo algunos naturales dellas hab\u00edan peleado con ellos y que al cabo, dellos por voluntad, dellos por fuerza, hab\u00edan venido de paz. Y truj\u00e9ronme algunos se\u00f1ores de aquellas provincias, a los cuales, no embargante que eran muy dignos de culpa por su alzamiento y muertes de cristianos, porque me prometieron que de ah\u00ed adelante ser\u00edan buenos y leales vasallos de Su Majestad yo en su real nombre los perdon\u00e9 y los envi\u00e9 a su tierra. Y as\u00ed se concluy\u00f3 aquella jornada en que Vuestra Majestad fue muy servido, ans\u00ed por la pacificaci\u00f3n de los naturales de all\u00ed como por la seguridad de los espa\u00f1oles que hab\u00edan de ir y venir por las dichas provincias a la villa de la Vera Cruz. El segundo d\u00eda de la dicha Pascua de Navidad hice alarde en la dicha cibdad de Tascaltecal, y hall\u00e9 cuarenta de caballo y quinientos y cincuenta peones, los ochenta dellos ballesteros y escopeteros, y ocho o nueve tiros de campo con bien poca p\u00f3lvora. E hice de los de caballo cuatro cuadrillas de diez en diez cada una y de los peones hice nueve capitan\u00edas de a sesenta espa\u00f1oles cada una. Y a todos juntos en el dicho alarde les habl\u00e9 y dije que ya sab\u00edan c\u00f3mo ellos y yo por servir a Vuestra Sacra Majestad hab\u00edamos poblado en esta tierra, y que ya sab\u00edan c\u00f3mo todos los naturales della se hab\u00edan dado por vasallos de Vuestra Majestad y como tales hab\u00edan perserverado alg\u00fand tiempo recibiendo buenas obras de nosotros y nosotros dellos, y c\u00f3mo sin causa ninguna todos los naturales de Cul\u00faa, que son los de la grand cibdad de Temixtit\u00e1n y los de todas las otras provincias a ella subjetas, no solamente se hab\u00edan rebelado contra Vuestra Majestad, mas aun nos hab\u00edan muerto muchos hombres deudos y amigos nuestros y nos hab\u00edan echado fuera de toda su tierra; y que se acordasen de cu\u00e1ntos peligros y trabajos hab\u00edamos pasado y viesen cu\u00e1nto conven\u00eda al servicio de Dios y de Vuestra Majestad tornar a recobrar lo perdido, pues para ello ten\u00edamos de nuestra parte justas causas y razones: lo uno por pelear en abmento de nuestra fee y contra gente b\u00e1rbara, y lo otro por servir a Vuestra Majestad, y lo otro por seguridad de nuestras vidas, y lo otro porque en nuestra ayuda ten\u00edamos muchos de los naturales nuestros amigos, que eran causas pot\u00edsimas para animar nuestros corazones; por tanto, que les rogaba que se alegrasen y esforzasen, y que porque yo en nombre de Vuestra Majestad hab\u00eda fecho ciertas ordenanzas para la buena orden y cosas tocantes a la guerra, las cuales luego all\u00ed fice pregonar p\u00fablicamente, y que tambi\u00e9n les rogaba que las guardasen y compliesen porque dello redundar\u00eda mucho servicio a Dios y a Vuestra Majestad. Y todos prometieron de lo facer y cumplir as\u00ed, y que de muy buena gana quer\u00edan morir por nuestra fee y por servicio de Vuestra Majestad o tornar a recobrar lo perdido y vengar tan grand traici\u00f3n como nos habian fecho los de Temixtit\u00e1n y sus aliados, y yo en nombre de Vuestra Majestad se lo agradesc\u00ed. Y as\u00ed con mucho placer nos volvimos a nuestras posadas aquel d\u00eda del alarde. Otro d\u00eda siguiente, que fue d\u00eda de Sant Juan Evangelista, fice llamar a todos los se\u00f1ores de la provincia de Tascaltecal. Y venidos, d\u00edjeles que ya sab\u00edan c\u00f3mo yo me hab\u00eda de partir otro d\u00eda para entrar por la tierra de nuestros enemigos y que ya v\u00edan c\u00f3mo la cibdad de Temixtit\u00e1n no se pod\u00eda ganar sin aquellos bergantines que all\u00ed se estaban faciendo, que les rogaba que a los maestros dellos y a los otros espa\u00f1oles que all\u00ed dejaba les diesen lo que hobiesen menester y les ficiesen el buen trata miento que siempre nos hab\u00edan hecho, y que estuviesen aparejados para cuando yo desde la cibdad de Tasayco, si Dios nos diese vitoria, inviase por la ligaz\u00f3n y tablaz\u00f3n y otros aparejos de los dichos bergantines. Y ellos me prometieron que ans\u00ed lo far\u00edan y que tambi\u00e9n quer\u00edan agora inviar gente de guerra conmigo, y que para cuando fuesen con los bergantines ellos todos ir\u00edan con toda cuanta gente ten\u00edan en su tierra, y que quer\u00edan morir donde yo muriese o vengarse de los de Cul\u00faa, sus capitales enemigos. Y otro d\u00eda, que fueron veinte y ocho de deciembre, d\u00eda de los Inocentes, me part\u00ed con toda la gente puesta en orden y fuimos a dormir a seis leguas de Tascaltecal en una poblaci\u00f3n que se dice Teznoluca que es de la provincia de Guasocingo, los naturales de la cual han siempre tenido y tienen con nosotros la mesma amistad y alianza que los naturales de Tascaltecal, y all\u00ed reposamos aquella noche. En la otra relaci\u00f3n, Muy Cat\u00f3lico Se\u00f1or, dije c\u00f3mo hab\u00eda sabido que los de las provincias de M\u00e9xyco y Temixtit\u00e1n aparejaban muchas armas y hac\u00edan por toda su tierra muchas cavas y albarradas y fuerzas para nos resistir la entrada porque ya ellos sab\u00edan que yo ten\u00eda voluntad de revolverlo sobre ellos. Y yo, sabiendo esto y cu\u00e1n ma\u00f1osos y ardides son en las cosas de la guerra, hab\u00eda muchas veces pensado por d\u00f3nde podr\u00edamos entrar para tomarlos con alg\u00fand descuido. Y porque ellos sab\u00edan que nosotros ten\u00edamos noticia de tres caminos o entradas por cada una de las cuales pod\u00edamos dar en su tierra acord\u00e9 de entrar por \u00e9ste de Tezmoluca, porque como el puerto d\u00e9l es m\u00e1s agro y fragoso que los de las otras entradas ten\u00eda cre\u00eddo que por all\u00ed no tem\u00edamos mucha resistencia ni ellos no estar\u00edan tan sobre aviso. Y otro d\u00eda despu\u00e9s de los Inocentes, habiendo o\u00eddo misa y encomend\u00e1ndonos a Dios, partimos de la dicha poblaci\u00f3n de Tezmoluca. Y yo tom\u00e9 la delantera con diez de caballo y sesenta peones ligeros y hombres diestros en la guerra, y comenzamos a seguir nuestro camino el puerto arriba con toda la orden y concierto que nos era posible. Y fuemos a dormir a cuatro leguas de la dicha poblaci\u00f3n en lo alto del puerto, que era ya t\u00e9rmino de los de Cul\u00faa, y aunque hac\u00eda grand\u00edsimo fr\u00edo en \u00e9l con la mucha le\u00f1a que hab\u00eda nos remediamos aquella noche. Y otro d\u00eda, domingo por la ma\u00f1ana, comenzamos a seguir nuestro camino por el llano del puerto e invi\u00e9 cuatro de caballo y tres o cuatro peones para que descubriesen la tierra. Y yendo nuestro camino comenzamos de bajar el puerto, y yo mand\u00e9 que los de caballo fuesen delante y luego los ballesteros y escopeteros y ans\u00ed en su orden la otra gente, porque por muy descuidados que tom\u00e1semos los enemigos bien ten\u00edamos por cierto que nos hab\u00edan de salir a rescibir al camino por tenernos ordida alguna celada u otro ardid para nos ofender. Y como los cuatro de caballo y los cuatro peones siguieron su camino hall\u00e1ronle cerrado de \u00e1rboles y rama, y cortados y atravesados en \u00e9l muy grandes y gruesos pinos y cipreses que paresc\u00eda que entonces se acababan de cortar. Y creyendo que el camino adelante no estar\u00eda de aquella manera procuraron de seguir su camino, y cuanto m\u00e1s iban m\u00e1s cerrados de pinos y de rama le hallaban. Y como por todo el puerto iba muy espeso de \u00e1rboles y matas grandes y el camino hallaban con aquel estorbo, pasaban adelante con mucha dificultad. Y viendo que el camino estaba de aquella manera hobieron muy grande temor y cre\u00edan que tras cada \u00e1rbol estaban los enemigos, y como a causa de las grandes arboledas no se pod\u00edan aprovechar de los caballos, cuanto m\u00e1s adelante iban m\u00e1s el temor se les aumentaba. Y ya que desta manera hab\u00edan andado gran rato uno de los cuatro de caballo dijo a los otros: \u00abHermanos, no pasemos adelante, si os paresce que ser\u00e1 bien, y volvamos a decir al capit\u00e1n el estorbo que hallamos y el peligro grande en que todos venimos por no nos poder aprovechar de los caballos. Y si no, vamos adelante, que ofrescida tengo mi vida a la muerte tambi\u00e9n como todos hasta dar fin a esta jornada.\u00bb Y los otros respondieron que bueno era su consejo pero que no les paresc\u00eda bien volver a m\u00ed hasta ver alguna gente de los enemigos o saber qu\u00e9 tanto duraba aquel camino. Y comenzaron a pasar adelante, y como vieron que turaba mucho detuvi\u00e9ronse, y con uno de los peones hici\u00e9ronme saber lo que hab\u00edan visto. Y como yo tra\u00eda la avanguarda con la gente de caballo, encomend\u00e1ndonos a Dios, seguimos por aquel mal camino adelante. E invi\u00e9 a decir a los de la retroguarda que se diesen mucha priesa y que no tuviesen temor porque presto saldr\u00edamos a lo raso, y como encontr\u00e9 a los cuatro de caballo comenzamos a pasar adelante, aunque con harto estorbo y dificultad. Y al cabo de media legua plugo a Dios que abajamos a lo raso y all\u00ed me repar\u00e9 a esperar la gente. Y llegados, d\u00edjeles a todos que diesen gracias a Nuestro Se\u00f1or pues nos hab\u00eda tra\u00eddo en salvo hasta all\u00ed, de donde comenzamos a ver todas la provincias de M\u00e9xyco y Temixtit\u00e1n que est\u00e1n en las lagunas y en torno dellas. Y aunque hobimos mucho placer en las ver, considerando el da\u00f1o pasado que en ellas hab\u00edamos rescibido represent\u00f3senos alguna tristeza por ello y prometimos todos de nunca della salir sin vitoria o dejar all\u00ed las vidas, y con esta determinaci\u00f3n \u00edbamos todos tan alegres como si fu\u00e9ramos a cosa de mucho placer. Y como ya los enemigos nos sintieron comenzaron de improviso a hacer muchas y grandes ahumadas por toda la tierra, y yo torn\u00e9 a rogar y encomendar mucho a los espa\u00f1oles que hiciesen como siempre hab\u00edan hecho y como se esperaba de sus personas, y que nadie no se desmandase y que fuesen con mucho concierto y orden por su camino. Y ya los indios comenzaban a darnos grita de unas estancias y poblaciones peque\u00f1as, apellidando a toda la tierra para que se juntase gente y nos ofendiesen en unas puentes y malos pasos que por alli hab\u00eda. Pero nosotros nos dimos tanta priesa que sin que tuviesen lugar de se juntar ya est\u00e1bamos abajo en todo lo llano. Y yendo ans\u00ed, pusi\u00e9ronse adelante en el camino ciertos escuadrones de gente de indios, y yo mand\u00e9 a quince de caballo que rompiesen por ellos, y as\u00ed fueron alanceando en ellos y mataron algunos sin rescebir ning\u00fand peligro. Y comenzamos a seguir nuestro camino para la cibdad de Tesuico, que es una de las mayores y m\u00e1s hermosas que hay en todas estas partes. Y como la gente de pie ven\u00eda algo cansada y se hac\u00eda tarde dormimos en una poblaci\u00f3n que se dice Coatepeque, que es subjeta a esta cibdad de Tesuico y est\u00e1 della tres leguas, y hall\u00e1mosla despoblada. Y aquella noche tuvimos pensamiento que como esta cibdad y su provincia, que se dice Aculuacan, es muy grande y de tanta gente &#8211; que se puede bien creer que hab\u00eda en ella a la saz\u00f3n m\u00e1s de ciento y cincuenta mill hombres &#8211; que quisieran dar sobre nosotros. Y yo con diez de caballo comenc\u00e9 la vela y ronda de la prima e hice que toda la gente estuviese muy apercibida. E otro d\u00eda lunes al \u00faltimo de diciembre seguimos nuestro camino por la orden acostumbrada, y a un cuarto de legua desta poblaci\u00f3n de Coatepeque, yendo todos en harto peligro [y] perplejidad y razonando con nosotros si saldr\u00edan de guerra o paz los de aquella cibdad, teniendo por m\u00e1s cierta la guerra, salieron al camino cuatro indios prencipales con una bandera de oro en una vara peque\u00f1a que pesaba cuatro marcos de oro. Y por ella daban a entender que ven\u00edan de paz, la cual Dios sabe cu\u00e1nto dese\u00e1bamos y cu\u00e1nto la hab\u00edamos menester por ser tan pocos y tan apartados de cualquier socorro y metidos en las fuerzas de nuestros enemigos. Y como vi aquellos cuatro indios, al uno de los cuales yo conosc\u00eda, hice que la gente se detuviese y llegu\u00e9 a ellos. Y despu\u00e9s de nos haber saludado dij\u00e9ronme que ellos ven\u00edan de parte del se\u00f1or de aquella cibdad y provincia el cual se dec\u00eda Ganacacin, y que de su parte me rogaban que en su tierra no hiciese ni consintiese hacer da\u00f1o alguno porque de los da\u00f1os pasados que yo hab\u00eda rescebido los culpantes eran los de Temixtit\u00e1n y no ellos, y que ellos quer\u00edan ser vasallos de Vuestra Majestad y nuestros amigos porque siempre guardar\u00edan y conservar\u00edan nuestra amistad, y que nos fu\u00e9semos a la cibdad y que en sus obras conoscer\u00edamos lo que ten\u00edamos en ellos. Yo les respond\u00ed con las lenguas que fuesen bien venidos, que yo holgaba con toda paz y amistad suya, y que ya que ellos se escusaban de la guerra que me hab\u00edan dado en la cibdad de Temixtit\u00e1n, que bien sab\u00edan que a cinco o seis leguas de all\u00ed de la cibdad de Tesuico en ciertas poblaciones a ella subjetas me hab\u00edan muerto la otra vez cinco de caballo y cuarenta y cinco peones y m\u00e1s de trecientos indios de Tascaltecal que ven\u00edan cargados y nos hab\u00edan tomado mucha plata y oro y ropas y otras cosas; que por tanto, pues no se pod\u00edan escusar desta culpa, que la pena fuese volvernos lo nuestro, y que desta manera, aunque todos eran dinos de muerte por haber muerto tantos cristianos, yo quer\u00eda paz con ellos pues me convidaban a ella, pero que de otra manera yo hab\u00eda de proceder contra ellos por todo r\u00edgor. Ellos me respondieron que todo lo que all\u00ed se hab\u00eda tomado lo hab\u00edan llevado el se\u00f1or y los prencipales de Temixtit\u00e1n, pero que ellos buscar\u00edan todo lo que pudiesen y me lo dar\u00edan. Y pregunt\u00e1ronme si aquel d\u00eda ir\u00eda a la cibdad o me aposentar\u00eda en una de dos poblaciones que son como arrabales de la dicha cibdad, las cuales se dicen Coatinchan y Buaxuta , que est\u00e1n a una legua y a media della y siempre va todo poblado, lo cual ellos deseaban por lo que adelante suscedi\u00f3. Y yo les dije que no me hab\u00eda de detener hasta llegar a la dicha cibdad de Tesuico, y ellos dijeron que fuese en buen hora y que se quer\u00edan ir adelante a adrezar la posada para los espa\u00f1oles y para m\u00ed, y ans\u00ed se fueron. Y llegando a estas dos poblaciones sali\u00e9ronnos a recebir algunos prencipales dellas y a darnos de comer, y a hora de mediod\u00eda llegamos al cuerpo de la cibdad donde nos hab\u00edamos de aposentar, que era en una casa grande que hab\u00eda sido de su padre de Quacaguacin, se\u00f1or de la dicha cibdad. Y antes que nos aposent\u00e1semos, estando toda la gente junta, mand\u00e9 apregonar so pena de muerte que ninguna persona sin mi licencia saliese de la dicha casa y aposentos, la cual es tan grande que aunque fu\u00e9ramos doblados espa\u00f1oles nos pudi\u00e9ramos aposentar bien a placer en ella. Y esto hice porque los naturales de la dicha cibdad se asegurasen y estuviesen en sus casas, porque me parec\u00eda que no v\u00edamos la d\u00e9cima parte de la gente que sol\u00eda haber en la dicha c\u00edbdad ni tampoco ve\u00edamos mujeres ni ni\u00f1os, que era se\u00f1al de poco sosiego. Este d\u00eda que entramos en esta c\u00edbdad, que fue v\u00edspera de a\u00f1o nuevo, despu\u00e9s de haber entendido en nos aposentar, todav\u00eda algo espantados de ver poca gente y \u00e9sa que v\u00edamos muy rebotados, ten\u00edamos pensamiento que de temor dejaban de parescer y andar por su c\u00edbdad, y con esto est\u00e1bamos algo descuidados. Y ya que era tarde ciertos espa\u00f1oles se subieron a algunas azoteas altas de donde pod\u00edan sojuzgar toda la c\u00edbdad, y vieron c\u00f3mo todos los naturales della la desamparaban y unos con sus haciendas se iban a meter en la laguna con sus canoas, que ellos llaman acales, y otros se subieron a las sierras. Y aunque yo luego mand\u00e9 proveer en estorbarles la ida, como era ya tarde y sobrevino luego la noche y ellos se dieron mucha priesa no aprovech\u00f3 cosa ninguna, y as\u00ed el se\u00f1or de la dicha cibdad, que yo deseaba como a la salvaci\u00f3n haberle a las manos, con muchos prencipales della se fueron a la cibdad de Temixtit\u00e1n, que est\u00e1 de all\u00ed por la laguna seis leguas, y llevaron consigo cuanto ten\u00edan. Y a esta causa, por hacer a su salvo lo que quer\u00edan, salieron a m\u00ed los mensajeros que arriba dije para me detener algo y que no entrase haciendo da\u00f1o, y por aquella noche nos dejaron as\u00ed a nosotros como a su cibdad. Despu\u00e9s de haber estado tres d\u00edas desta manera en esta cibdad sin haber recuentro alguno con los indios, porque por entonces ni ellos osaban venirnos a acometer ni nosotros cur\u00e1bamos de salir lejos a los buscar, porque mi final intenci\u00f3n era siempre que quisiesen venir de paz, recebirlos y a todos tiempos requerirlos con ella, veni\u00e9ronme a fablar el se\u00f1or de Coatinchan y Guaxuta y el de Autengo, que son tres poblaciones bien grandes y est\u00e1n, como he dicho, encorporadas y juntas a esta cibdad. Y dij\u00e9ronme llorando que los perdonase porque se hab\u00edan absentado de su tierra y que en lo dem\u00e1s ellos no hab\u00edan peleado conmigo, a lo menos por su voluntad, y que ellos promet\u00edan de hacer de ah\u00ed adelante todo lo que en nombre de Vuestra Majestad les quisiese mandar. Yo les dije por las lenguas que ya ellos hab\u00edan conoscido el buen tratamiento que siempre les hac\u00eda, y que en dejar su tierra y en lo dem\u00e1s, que ellos ten\u00edan la culpa; y que pues me promet\u00edan ser nuestros amigos, que poblasen sus casas y trujesen a ellas sus mujeres e hijos, y que como ellos hiciesen las obras as\u00ed los tratar\u00eda. Y as\u00ed se volvieron, a nuestro parescer no muy contentos. Como el se\u00f1or de M\u00e9xyco y Temixtit\u00e1n y todos los otros se\u00f1ores de Cul\u00faa &#8211; que cuando este nombre de Cul\u00faa se dice se ha de entender por todas las tierras y provincias destas partes subjetas a Temixtit\u00e1n &#8211; supieron que aquestos se\u00f1ores de aquellas poblaciones se hab\u00edan venido a ofrescer por vasallos de Vuestra Majestad, invi\u00e1ronles ciertos mensajeros a los cuales mandaron que les dijesen que lo hab\u00edan fecho muy mal; y que si de temor era, que bien sab\u00edan que ellos eran muchos y ten\u00edan tanto poder que a m\u00ed y a todos los espa\u00f1oles y a todos los de Tascaltecal nos hab\u00edan de matar y muy presto, y que si por no dejar sus tierras lo hab\u00edan hecho, que las dejasen y se fuesen a Temixtit\u00e1n y all\u00e1 les dar\u00edan otras mayores y mejores poblaciones donde viviesen. Y estos se\u00f1ores de Coatinchan y Guaxuta tomaron los mensajeros y at\u00e1ronlos y truj\u00e9ronmelos, y luego confesaron que ellos hab\u00edan venido de parte de los se\u00f1ores de Temixtit\u00e1n, pero que hab\u00eda sido para les decir que fuesen all\u00ed para como terceros, pues eran mis amigos, entender en las paces entre ellos y m\u00ed. Y los de Guaxuta y Coatinchan dijeron que no era as\u00ed y que los de M\u00e9xyco y Temixtit\u00e1n no quer\u00edan sino guerra. Y aunque yo les di cr\u00e9dito y aqu\u00e9lla era la verdad, porque deseaba atraer a los de la cibdad a nuestra amistad, porque della depend\u00eda la paz o la guerra de las otras provincias que estaban alzadas, fice desatar aquellos mensajeros y d\u00edjeles que no tuviesen temor porque yo les quer\u00eda tornar a inviar a Temixtit\u00e1n, y que les rogaba que dijesen a los se\u00f1ores que yo no quer\u00eda guerra con ellos aunque ten\u00eda mucha raz\u00f3n, y que fu\u00e9semos amigos como antes lo hab\u00edamos sido. Y por m\u00e1s les asegurar y atraer al servicio de Vuestra Majestad les invi\u00e9 a decir que bien sab\u00eda que los prencipales que hab\u00edan sido en hacerme la guerra pasada eran ya muertos, y que lo pasado fuese pasado y que no quisiesen dar causa a que destruyese sus tierras y cibdades porque me pesaba mucho dello. Y con esto solt\u00e9 a estos mensajeros, y se fueron prometiendo de me traer respuesta. Los se\u00f1ores de Coatichan y Guaxuta y yo quedamos por esta buena obra m\u00e1s amigos y confederados, y yo en nombre de Vuestra Majestad les perdon\u00e9 los yerros pasados y as\u00ed quedaron contentos. Despu\u00e9s de haber estado en esta cibdad de Tesuico siete u ocho d\u00edas sin guerra ni rencuentro alguno, fortaleciendo nuestro aposento y dando orden en otras cosas nescesarias para nuestra defensi\u00f3n y ofensa de los enemigos, y viendo que ellos no ven\u00edan contra m\u00ed sal\u00ed de la dicha cibdad con ducientosespa\u00f1oles, en los cuales hab\u00eda diez y ocho de caballo y treinta ballesteros y diez escopeteros y con tres o cuatro mill indios nuestros amigos. Y fue por la costa de la laguna hasta una cibdad que se dice Yztapalapa, que est\u00e1 por el agua dos leguas de la gran cibdad de Temixtit\u00e1n y seis d\u00e9sta de Tesuico, la cual dicha cibdad ser\u00e1 de hasta diez mill vecinos y la mitad della y aun las dos tercias partes puestas en el agua. Y el se\u00f1or della, que era hermano de Mutee\u00e7uma, a quien los indios despu\u00e9s de su muerte hab\u00edan alzado por se\u00f1or, hab\u00eda sido el prencipal que nos hab\u00eda fecho la guerra y echado fuera de la cibdad. Y as\u00ed por esto como porque hab\u00eda sabido que estaban de muy mal prop\u00f3sito los desta cibdad de Yztapalapa, determin\u00e9 de ir a ellos. Y como fui sentido de la gente della bien dos leguas antes que llegase luego parescieron en el campo algunos indios de guerra y otros por la laguna en sus canoas, y as\u00ed fuimos todas aquellas dos leguas revueltos peleando as\u00ed con los de la tierra como con los que sal\u00edan del agua fasta que llegamos a la dicha cibdad. Y antes, casi dos tercios de legua, abr\u00edan una calzada como presa que est\u00e1 entre la laguna dulce y la salada, seg\u00fand que por la figura de la cibdad de Temixtit\u00e1n que yo invi\u00e9 a Vuestra Majestad se podr\u00e1 haber visto. Y abierta la dicha calzada y presa, comenz\u00f3 con mucho \u00edmpitu a salir agua de la laguna salada y correr hacia la dulce, aunque est\u00e1n las lagunas desviadas la una de la otra m\u00e1s de media legua. Y no mirando en aquel enga\u00f1o, con la codicia de la vitoria que llev\u00e1bamos pasamos muy bien y seguimos nuestro alcance fasta entrar dentro revueltos con los enemigos en la dicha cibdad. Y como estaban ya sobre el aviso, todas las casas de la tierra firme estaban despobladas y toda la gente y despojo dellas metido en las casas de la laguna. Y all\u00ed se recogieron los que iban huyendo y pelearon con nosotros muy reciamente, pero quiso Nuestro Se\u00f1or dar tanto esfuerzo a los suyos que les entramos fasta los meter por el agua a las veces a los pechos y otras nadando, y les tomamos muchas casas de las que est\u00e1n en el agua y murieron dellos m\u00e1s de seis mill \u00e1nimas entre hombres y mujeres y ni\u00f1os, porque los indios nuestros amigos, vista la vitoria que Dios nos daba, no entend\u00edan en otra cosa sino en matar a diestro y a siniestro. Y porque sobrevino la noche recog\u00ed la gente y puse fuego a algunas de aquellas casas. Y est\u00e1ndolas quemando paresci\u00f3 que Nuestro Se\u00f1or me inspir\u00f3 y trujo a la memoria la calzada o presa que hab\u00eda visto rota en el camino, y represent\u00f3seme el gran da\u00f1o que era. Y a m\u00e1s andar, con mi gente junta me torn\u00e9 a salir de la cibdad ya noche bien oscura. Cuando llegu\u00e9 a aquella agua, que ser\u00edan casi las nueve de la noche, hab\u00eda tanta y corr\u00eda con tanto \u00edmpitu que la pasamos a volapi\u00e9,y se ahogaron algunos indios de nuestros amigos y se perdi\u00f3 todo el despojo que en la cibdad se hab\u00eda tomado. Y certifico a Vuestra Majestad que si aquella noche no pas\u00e1ramos el agua o aguard\u00e1ramos tres horas m\u00e1s, que ninguno de nosotros escapara, porque qued\u00e1bamos cercados de agua sin tener paso por parte ninguna. Y cuando amanesci\u00f3 vimos c\u00f3mo el agua de la una laguna estaba en el peso de la otra y no corr\u00eda m\u00e1s, y toda la laguna salada estaba llena de canoas con gente de guerra creyendo de nos tomar all\u00ed. Y aquel d\u00eda me volv\u00ed a Tesuico peleando algunos ratos con los que sal\u00edan de la mar, aunque poco da\u00f1o les pod\u00edamos hacer porque se acog\u00edan luego a las canoas. Y llegando a la cibdad de Tesuico hall\u00e9 la gente que hab\u00eda dejado muy segura y sin haber habido recuentro alguno, y hobieron mucho placer con nuestra venida y vitoria. Y otro d\u00eda que llegamos fallesci\u00f3 un espa\u00f1ol que vino herido, y aun fue el primero que en campo los indios me han muerto fasta agora. Otro d\u00eda siguiente vinieron a esta cibdad ciertos mensajeros de la cibdad de Otumba y otras cuatro cibdades que est\u00e1n junto a ella, las cuales est\u00e1n a cuatro y a cinco y a seis leguas de Tesuico, y dij\u00e9ronme que me rogaban les perdonase la culpa si alguna ten\u00edan por la guerra pasada que se me hab\u00eda fecho. Porque all\u00ed en Otumba fue donde se junt\u00f3 todo el poder de M\u00e9xyco y Temixtit\u00e1n cuando sal\u00edamos desbaratados della, creyendo que nos acabaran. Y bien v\u00edan \u00e9stos de Otumba que no se pod\u00edan relevar de culpa aunque se escusaban con decir que hab\u00edan sido mandados, y para me inclinar m\u00e1s a benevolencia dij\u00e9ronme que los se\u00f1ores de Temixtit\u00e1n les hab\u00edan inviado mensajeros a les decir que fuesen de su parcialidad y que no ficiesen ninguna amistad con nosotros, si no, que vern\u00edan sobre ellos y los destruir\u00edan; y que ellos quer\u00edan ser antes vasallos de Vuestra Majestad y facer lo que yo les mandase. Y yo les dije que bien sab\u00edan ellos cu\u00e1n culpables eran en lo pasado, y que para que yo les perdonase y creyese lo que me dec\u00edan, que me hab\u00edan de traer primero atados aquellos mensajeros que dec\u00edan y a todos los naturales de M\u00e9xyco y Temixtit\u00e1n que estuviesen en su tierra, y que de otra manera yo no los hab\u00eda de perdonar; y que se volviesen a sus casas y las poblasen e hiciesen obras por donde yo conosciese que eran buenos vasallos de Vuestra Majestad. Y aunque pasamos otras razones no pudieron sacar de m\u00ed otra cosa, y as\u00ed se volvieron a su tierra, certific\u00e1ndome que ellos har\u00edan siempre lo que yo quisiese. Y de ah\u00ed adelante siempre han sido y son leales y obidientes al servicio de Vuestra Majestad. En la otra relaci\u00f3n, Muy Venturoso y Exelent\u00edsimo Pr\u00edncipe, dije a Vuestra Majestad c\u00f3mo al tiempo que me desbarataron y echaron de la cibdad de Temixtit\u00e1n sacaba conmigo un hijo y dos hijas de Mutee\u00e7uma, y al se\u00f1or de Tesuico, que se dec\u00eda Cacamacin, y a dos hermanos suyos y a otros muchos se\u00f1ores que ten\u00eda presos; y c\u00f3mo a todos los hab\u00edan muerto los enemigos aunque eran de su propria naci\u00f3n y sus se\u00f1ores algunos dellos, excepto a los dos hermanos del dicho Cacamacin, que por grand ventura se pudieron escapar. Y el uno destos dos hermanos, que se dec\u00eda Ypacsuchil, y en otra manera Cucascacin, al cual de antes yo en nombre de Vuestra Majestad y con parescer de Mutee\u00e7uma hab\u00eda fecho se\u00f1or desta cibdad de Tesuico y provincia de Aculuacan, al tiempo que yo llegu\u00e9 a la provincia de Tascaltecal, teni\u00e9ndolo en son de preso se solt\u00f3 y se volvi\u00f3 a la dicha cibdad de Tesuico. Y como ya en ella hab\u00edan alzado por se\u00f1or a otro hermano suyo que se dice Guanacacin, de que arriba se ha fecho menci\u00f3n, dicen que fizo matar al dicho Cuacascacin, su hermano, desta manera: que como lleg\u00f3 a la dicha provincia de Tesuico, las guardas lo tomaron e fici\u00e9ronlo saber a Guanacacin, su se\u00f1or, el cual tambi\u00e9n lo fizo saber al se\u00f1or de Timixtit\u00e1n. El cual, como supo que el dicho Cucascacin era venido, crey\u00f3 que no se pudiera haber soltado y que deb\u00eda de ir de nuestra parte para desde all\u00e1 darnos alg\u00fand aviso, y luego invi\u00f3 a mandar al dicho Guanacacin que matase al dicho Cucascacin, su hermano, el cual lo fizo ans\u00ed sin lo dilatar. El otro, que era hermano menor que ellos, se qued\u00f3 conmigo, y como era mochacho imprimi\u00f3 m\u00e1s en \u00e9l nuestra conversaci\u00f3n y torn\u00f3 se cristiano, y pus\u00edmosle nombre don Fernando. Y al tiempo que yo part\u00ed de la provincia de Tascaltecal para \u00e9stas de M\u00e9xyco y Temixtit\u00e1n dej\u00e9le all\u00ed con ciertos espa\u00f1oles, y de lo que con \u00e9l despu\u00e9s suscedi\u00f3 adelante har\u00e9 relaci\u00f3n a Vuestra Majestad. El d\u00eda siguiente que vine de Yztapalapa a esta cibdad de Tesuico acord\u00e9 de inviar a Gonzalo de Sandoval, alguacil mayor de Vuestra Majestad, por capit\u00e1n con veinte de caballo y ducientos hombres de pie, entre ballesteros y escopeteros y rodeleros, para dos efetos muy nescesarios: el uno para que echasen fuera desta provincia a ciertos mensajeros que yo inviaba a la cibdad de Tascaltecal para saber en qu\u00e9 t\u00e9rmino andaban los trece bergantines que all\u00ed se hac\u00edan y proveer otras cosas nescesarias as\u00ed para los de la villa de la Veracruz como para los de mi compa\u00f1\u00eda; y el otro para asegurar aquella parte para que pudiesen ir y venir los espa\u00f1oles seguros, porque por entonces ni nosotros pod\u00edamos salir desta provincia de Alculuacan sin pasar por tierra de los enemigos ni los espa\u00f1oles que estaban en la villa y en otras partes pod\u00edan venir a nosotros sin mucho peligro de los contrarios. Y mand\u00e9 al dicho alguacil mayor que despu\u00e9s de puestos los mensajeros en salvo llegase a una provincia que se dice Calco que confina con \u00e9sta de Aculuacan, porque ten\u00eda certificaci\u00f3n que los naturales de aquella provincia aunque eran de la liga de los de Cul\u00faa, se quer\u00edan dar por vasallos de Vuestra Majestad, y que no lo osaban hacer a cabsa de cierta guarnici\u00f3n de gente que los de Cul\u00faa ten\u00edan puesta cerca dellos. Y el dicho capit\u00e1n se parti\u00f3, y con \u00e9l iban todos los indios de Tascaltecal que nos hab\u00edan tra\u00eddo nuestro fardaje y otros que hab\u00edan venido a ayudarnos y hab\u00edan habido alg\u00fand despojo en la guerra. Y como se adelantaron un poco adelante, el dicho capit\u00e1n, creyendo que en venir en la rezaga los espa\u00f1oles los enemigos no osar\u00edan salir a ellos, como los vieron los contrar\u00edas que estaban en los pueblos de la laguna y en la costa della dieron en la rezaga de los de Tascaltecal y quit\u00e1ronles el despojo y aun mataron algunos dellos. Y como el dicho capit\u00e1n lleg\u00f3 con los de caballo y con los peones dieron muy reciamente en ellos y alancearon y mataron muchos, y los que quedaron desbaratados se acogieron a la laguna y a otras poblaciones que est\u00e1n cerca della. Y los indios de Tascaltecal se fueron a su tierra con lo que les qued\u00f3 y tambi\u00e9n los mensajeros que yo inviaba. Y puestos todos en salvo, el dicho Gonzalo de Sandoval sigui\u00f3 su camino para la dicha provincia de Calco, que era bien cerca de all\u00ed. Y otro d\u00eda de ma\u00f1ana junt\u00f3se mucha gente de los enemigos para los salir a rescebir, y puestos los unos y los otros en el campo, los nuestros arremetieron contra los enemigos y desbarat\u00e1ronles dos escuadrones con los de caballo en tal manera que en poco rato les dejaron el campo y fueron quemando y matando en ellos. Y fecho esto y desembarazado aquel camino, los de Calco salieron a rescebir a los espa\u00f1oles, y los unos y los otros se holgaron mucho. Y los prencipales dijeron que me quer\u00edan venir a ver y hablar, y as\u00ed se partieron y vinieron a dormir a Tesuico. Y llegados, vinieron ante m\u00ed aquellos prencipales con dos hijos del se\u00f1or de Calco y di\u00e9ronnos obra de trecientos pesos de oro en piezas. Y dij\u00e9ronme c\u00f3mo su padre era fallescido, y que al tiempo de su muerte les hab\u00eda dicho que la mayor pena que llevaba era no verme primero que muriese y que muchos d\u00edas me hab\u00eda estado esperando, y que les hab\u00eda mandado que luego como yo a esta provincia viniese, me viniesen a ver y me tuviesen por su padre; y que como ellos hab\u00edan sabido de mi venida a aquella cibdad de Tesuico luego quisieran venir a verme pero que por temor de los de Cul\u00faa no hab\u00edan osado, y que tampoco entonces osaran venir si aquel capit\u00e1n que yo hab\u00eda inviado no hobiera llegado a su tierra, y que cuando se hobiese de volver a ella les hab\u00eda de dar otros tantos espa\u00f1oles para los volver en salvo. Y dij\u00e9ronme que bien sab\u00eda yo que nunca en guerra ni fuera della hab\u00edan sido contra m\u00ed, y que tambien sab\u00eda c\u00f3mo al tiempo que los de Cul\u00faa combat\u00edan la fortaleza y casa de Timixtit\u00e1n y los espa\u00f1oles que yo en ella hab\u00eda dejado cuando me fui a ver a Cempoal con Narv\u00e1ez que estaban en su tierra dos espa\u00f1oles en guarda de cierto ma\u00edz que yo les hab\u00eda mandado recoger en su tierra, y los hab\u00eda sacado fasta la provincia de Guaxocingo porque sab\u00edan que los de all\u00ed eran nuestros amigos, porque los de Cul\u00faa no los matasen como hac\u00edan a todos los que fallaban fuera de la dicha casa de Temixtit\u00e1n. Y todo esto y otras cosas me dijeron llorando, y yo les agradesc\u00ed mucho su voluntad y buenas obras y les promet\u00ed que har\u00eda siempre todo lo que ellos quisiesen y que ser\u00edan muy bien tratados. Y fasta agora siempre nos han mostrado muy buena voluntad y est\u00e1n muy obidientes a todo lo que de parte de Vuestra Majestad se les manda. Estos fijos del se\u00f1or de Calco y los que vinieron con ellos estuvieron all\u00ed un d\u00eda conmigo y dij\u00e9ronme que porque se quer\u00edan volver a su tierra, que me rogaban que les diese gente que les pusiese en salvo. Y Gonzalo de Sandoval con cierta gente de caballo y de pie se fue con ellos, al cual dije que despu\u00e9s de los haber puesto en su tierra se llegase a la provincia de Tascaltecal y que trujese consigo a ciertos espa\u00f1oles que all\u00ed estaban y aquel don Hernando, hermano de Cacamacin, de que arriba he fecho minci\u00f3n. Y dende a cuatro o cinco d\u00edas el dicho alguacil mayor volvi\u00f3 con los espa\u00f1oles y trajo al dicho don Fernando conmigo. Y dende a pocos d\u00edas supe c\u00f3mo por ser hermano de los se\u00f1ores desta cibdad le pertenesc\u00eda a \u00e9l el se\u00f1or\u00edo aunque hab\u00eda otros hermanos, y as\u00ed por esto como porque esta provincia estaba sin se\u00f1or a cabsa que Guanacocin, se\u00f1or della, su hermano, la hab\u00eda dejado e \u00eddose a la cibdad de Temixtit\u00e1n, y as\u00ed por estas causas como porque era muy amigo de los cristianos, yo en nombre de Vuestra Majestad fice que lo rescibiesen por se\u00f1or. Y los naturales desta cibdad, aunque por entonces hab\u00eda pocos en ella, lo ficieron as\u00ed y de ah\u00ed adelante le obedescieron, y comenzaron de venirse a la dicha cibdad y provincia de Aculucan muchos de los que estaban absentes y huidos y obedesc\u00edan y serv\u00edan al dicho don Fernando, y de ah\u00ed adelante se comenz\u00f3 a reformar y poblar bien la dicha cibdad. Dende a dos d\u00edas que esto se hizo vinieron a m\u00ed los dichos se\u00f1ores de Coatinchan y Guajuta y dij\u00e9ronme que supiese de cierto c\u00f3mo todo el poder de Cul\u00faa ven\u00eda sobre m\u00ed y sobre los espa\u00f1oles y que toda la tierra estaba llena de los enemigos, y que viese si traer\u00edan a sus mujeres e hijos donde yo estaba o si los llevar\u00edan a la sierra, porque ten\u00edan grande temor. Y yo los anim\u00e9 y dije que no hobiesen ning\u00fand miedo y que se estuviesen en sus casas y no hiciesen mudanza, y que no holgaba de cosa m\u00e1s que de verme con los de Cul\u00faa en campo, y que estuviesen apercibidos y pusiesen sus velas y escuchas por toda la tierra, y en viendo o sabiendo que ven\u00edan los contrar\u00edos, me lo hiciesen saber, y ans\u00ed se fueron llevando muy a cargo lo que les hab\u00eda encomendado. Y yo aquella noche aperceb\u00ed toda la gente y puse muchas velas y escuchas en todas las partes que era necesar\u00edo, y en toda la noche nunca dormimos ni entendimos sino en esto, y ans\u00ed estuvimos esperando toda esta noche y d\u00eda siguiente creyendo lo que nos hab\u00edan dicho los de Buajuta y Cuatinchan. Y otro d\u00eda supe c\u00f3mo por la costa de la laguna andaban algunos de los enemigos haciendo saltos y esperando tomar algunos de los indios de Tascaltecal que iban y ven\u00edan por cosas para el servicio del real, y supe c\u00f3mo se hab\u00edan confederado con dos pueblos subjetos a Tesuico que estaban all\u00ed junto al agua para dende all\u00ed facer todo el da\u00f1o que pudiesen, y fac\u00edan para fortalecerse en ellos albarradas y acequias y otras cosas para su defensa. Y como supe esto otro d\u00eda tom\u00e9 doce de caballo y ducientos peones y dos tiros peque\u00f1os de campo y fui all\u00ed donde andaban los contrar\u00edos, que ser\u00eda legua y media de la cibdad. Y en saliendo della top\u00e9 con ciertas esp\u00edas de los enemigos y con otros que estaban en salto, y rompimos por ellos y alcanzamos y matamos algunos dellos y los que quedaron se echaron al agua, y quemamos parte de aquellos pueblos, y ans\u00ed nos volvimos al aposento con mucho placer y vitoria. Y otro d\u00eda tres prencipales de aquellos pueblos vinieron a pedirme perd\u00f3n por lo pasado y a rogarme que no los destruyese m\u00e1s y que ellos me promet\u00edan de no rescebir m\u00e1s en sus pueblos a ninguno de los de Temixtit\u00e1n. Y porque \u00e9stos no eran personas de mucho caso y eran vasallos de don Fernando, yo los perdon\u00e9 en nombre de Vuestra Majestad. Y luego otro d\u00eda ciertos indios desta poblaci\u00f3n vinieron a m\u00ed medio descalabrados y maltratados y dij\u00e9ronme c\u00f3mo los de M\u00e9xyco y Temixtit\u00e1n hab\u00edan vuelto a su pueblo, y como en ellos no hallaron el rescibimiento que sol\u00edan los hab\u00edan maltratado y llevado presos algunos dellos, y que si no se defendieran llevaran a todos; que me rogaban que estuviese sobre aviso para los socorrer si otra vez all\u00ed volviesen, porque ten\u00edan por cierto que hab\u00edan de volver con m\u00e1s gente a los destruir. Y yo los asegur\u00e9 y dije que estuviesen muy sobre el aviso, por manera que cuando los de Temixtit\u00e1n volviesen yo lo pudiese saber a tiempo que los pudiese ir a socorrer, y as\u00ed se partieron para su pueblo. La gente que hab\u00eda dejado en la provincia de Tascaltecal haciendo los bergantines ten\u00edan nuevas c\u00f3mo al puerto de la villa de la Vera Cruz hab\u00eda llegado una nao en que ven\u00edan sin los marineros treinta o cuarenta espa\u00f1oles y ocho caballos y algunas ballestas y escopetas y p\u00f3lvora. Y como no hab\u00edan sabido c\u00f3mo nos iba en la guerra ni hab\u00eda seguridad para pasar a nosotros ten\u00edan mucha pena, y estaban all\u00ed detenidos algunos espa\u00f1oles que no osaban venir aunque deseaban traerme tan buena nueva. Como sinti\u00f3 un criado m\u00edo que hab\u00eda dejado all\u00ed que algunos se quer\u00edan atrever a venir donde yo estaba, mand\u00f3 apregonar so graves penas que nadie saliese de all\u00ed fasta que yo lo inviase a mandar. Y un mozo m\u00edo, como vio que con cosa del mundo no habr\u00eda [yo] m\u00e1s placer que con saber la venida de la nao y del socorro que tra\u00eda, aunque la tierra no estaba segura de noche se sali\u00f3 y vino a Tesuico, de que nos espantamos mucho haber llegado vivo. Y hobimos mucho placer con las nuevas porque ten\u00edamos estrema nescesidad de socorro. Este mismo d\u00eda, Muy Cat\u00f3lico Se\u00f1or, llegaron all\u00ed a Tesuico ciertos hombres de bien mensajeros de los de Calco y dij\u00e9ronme c\u00f3mo a cabsa de haberse venido a ofrescer por vasallos de Vuestra Majestad todos los de M\u00e9xyco y Temixtit\u00e1n ven\u00edan sobre ellos para los destruir y matar, y que para ello hab\u00edan convocado y apercebido a todos los cercanos a su tierra; y que me rogaban que los socorriese y ayudase en tan gran nescesidad, porque pensaban verse en grand\u00edsimo estrecho si ans\u00ed no lo hac\u00eda. Y certifico a Vuestra Majestad que, como en la otra relacion escrib\u00ed, allende de nuestro trabajo y nescesidad, la mayor fatiga que ten\u00eda era no poder ayudar y socorrer a los indios nuestros amigos que por ser vasallos de Vuestra Majestad eran molestados y trabajados de los de Cul\u00faa, aunque en esto yo y los de mi compa\u00f1\u00eda pon\u00edamos toda nuestra posibilidad, porque nos paresc\u00eda que en ninguna cosa pod\u00edamos m\u00e1s servir a Vuestra Ces\u00e1rea Majestad que en favorescer y ayudar a sus vasallos. Y por la coyuntura en que \u00e9stos de Calco me tomaron no pude hacer con ellos lo que yo deseaba, pero d\u00edjeles que porque yo a la saz\u00f3n quer\u00eda inviar por los bergantines y para ello ten\u00eda apercebidos a todos los de la provincia de Tescaltecal, de donde se hab\u00edan de traer en piezas, y ten\u00eda nescesidad de inviar para ello gente de caballo y de pie, que ya sab\u00edan que los naturales de las provincias de Buaxocingo y de Churultecal y Buacachula eran vasallos de Vuestra Majestad y amigos nuestros, que fuesen a ellos y de mi parte les rogasen, pues viv\u00edan muy cerca de su tierra, que les viniesen a ayudar y socorrer e inviasen all\u00ed gente de guarnici\u00f3n con que pudiesen estar seguros en tanto que yo les socorr\u00eda, porque otro remedio al presente yo no les pod\u00eda dar. Y aunque ellos no quedaron tan satisfechos como si les diera algunos espa\u00f1oles agradesci\u00e9ronmelo, y rog\u00e1ronme que porque fuesen cre\u00eddos les diese una carta m\u00eda y tambi\u00e9n para que con m\u00e1s segur\u00eddad se lo osasen rogar, porque entre \u00e9stos de Calco y los de dos provincias de aqu\u00e9llas, como eran de diversas parcialidades, hab\u00edan siempre diferencias. Y estando ans\u00ed dando orden en esto llegaron acaso ciertos mensajeros de las dichas provincias de Guajocingo y Guacachula. Y estando presentes los de Chalco di jeron c\u00f3mo los se\u00f1ores de aquellas provincias no habian visto ni sabido de m\u00ed despu\u00e9s que habia partido de la provincia de Tascaltecal, como quiera que ellos siempre ten\u00edan puestas sus velas por las sierras y cerros que confinan con su tierra y sojuzgan las de M\u00e9xyco y Temixtit\u00e1n, para que viendo muchas ahumadas, que son las se\u00f1ales de la guerra, me viniesen a ayudar y favorescer con su gente y vasallos; y que porque de poco ac\u00e1 hab\u00edan visto m\u00e1s ahumadas que nunca, ven\u00edan a saber c\u00f3mo estaba y si ten\u00eda nescesidad para luego proveer de gente de guerra. Y yo se lo agradesc\u00ed mucho y les dije que, bendito Nuestro Se\u00f1or, los espa\u00f1oles y yo est\u00e1bamos buenos y siempre hab\u00edamos habido vitoria contra los enemigos; y que dem\u00e1s de holgar mucho con su voluntad y presencia que holgaba m\u00e1s por los confederar y hacer amigos con los de Calco, que estaban presentes, y que as\u00ed les rogaba, pues los unos y los otros eran vasallos de Vuestra Majestad, que fuesen buenos amigos y se ayudasen y socorriesen contra los de Cul\u00faa que eran malos y perversos, especialmente agora que los de Calco ten\u00edan nescesidad de socorro porque los de Cul\u00faa quer\u00edan venir sobre ellos. Y as\u00ed quedaron muy amigos y confederados, y despu\u00e9s de haber estado dos d\u00edas all\u00ed conmigo los unos y los otros se fueron muy alegres y contentos y se ayudaron y socorrieron los unos a los otros. Dende a tres d\u00edas, porque ya sab\u00edamos que los trece bergantines estar\u00edan acabados de labrar y la gente que los hab\u00eda de traer apercebida, envi\u00e9 a Gonzalo de Sandoval, alguacil mayor, con quince de caballo y ducientos peones para los traer, al cual mand\u00e9 que destruyese y asolase un pueblo grande sujeto a esta cibdad de Tesuico que alinda con los t\u00e9rminos de la provincia de Tascaltecal, porque los naturales d\u00e9l me hab\u00edan muerto cinco de caballo y cuarenta y cinco peones que ven\u00edan de la villa de la Vera Cruz a la cibdad de Temixtit\u00e1n cuando yo estaba cercado en ella, no creyendo que tan grand traici\u00f3n se nos hab\u00eda de hacer. Y como al tiempo que esta vez entramos en Tesuico hallamos en los adoratorios y mesquitas de la cibdad los cueros de los cinco caballos con sus pies y manos y herraduras cosidos y tan bien adobados como en todo el mundo lo pudieran hacer, y en se\u00f1al de vitoria ellos y mucha ropa y cosas de los espa\u00f1oles ofrescido a sus \u00eddolos, y hallamos la sangre de nuestros compa\u00f1eros y hermanos derramada y sacrificada por todas aquellas torres y mesquitas, fue cosa de tanta l\u00e1stima que nos renov\u00f3 todas nuestras tribulaciones pasadas. Y los traidores de aquel pueblo y de otros a \u00e9l comarcanos al tiempo que aquellos cristianos por all\u00ed pasaron hici\u00e9ronles buen rescibimiento para los asegurar y hacer en ellos la mayor crueldad que nunca se hizo, porque abajando por una cuesta y mal paso todos a pie, trayendo los caballos de diestro de manera que no se pod\u00edan aprovechar dellos, puestos los enemigos en celada de una parte y de otra del mal paso los tomaron en medio, y dellos mataron y dellos tomaron a vida para traer a Tesuico a sacrificar y sacarles los corazones delante de sus \u00eddolos. Y esto paresce que fue as\u00ed porque cuando el dicho alguacil mayor por all\u00ed pas\u00f3 ciertos espa\u00f1oles que iban con \u00e9l en una casa de un pueblo que est\u00e1 entre Tesuico y aqu\u00e9l donde mataron y prendieron los cristianos hallaron en una pared blanca escritas con carb\u00f3n estas palabras: \u00abaqu\u00ed estuvo preso el sin ventura de Juan Yuste\u00bb, que era un hidalgo de los cinco de caballo, que sin duda fue cosa para quebrar el coraz\u00f3n a los que lo vieron. Y llegado el dicho alguacil mayor a este pueblo, como los naturales d\u00e9l conoscieron su grand yerro y culpa comenzaron a ponerse en huida, y los de caballo y los peones espa\u00f1oles e indios nuestros amigos siguieron el alcance y mataron muchos y prendieron y cativaron muchas mujeres y ni\u00f1os que se dieron por esclavos, aunque movido a compasi\u00f3n, no quiso matar ni destruir tanto cuanto pudiera, y aun antes que de all\u00ed partiese hizo recoger la gente que quedaba y que se viniese a su pueblo, y as\u00ed est\u00e1 hoy muy poblado y arrepentido de lo pasado. El dicho alguacil mayor pas\u00f3 adelante cinco o seis leguas a una poblaci\u00f3n de Tascaltecal que es la m\u00e1s junta a los t\u00e9rminos de Cul\u00faa y all\u00ed hall\u00f3 a los espa\u00f1oles y gente que tra\u00edan los bergantines. Y otro d\u00eda que lleg\u00f3 partieron de all\u00ed con la tablaz\u00f3n y ligaz\u00f3n dellos, la cual tra\u00edan con mucho concierto m\u00e1s de ocho mill hombres, que era cosa maravillosa de ver y as\u00ed me paresce que es de o\u00edr llevar trece fustas diez y ocho leguas por tierra, que certifico a Vuestra Majestad que dende la avanguarda a la retroguarda hab\u00eda bien dos leguas de distancia. Y como comenzaron su camino llevando en la delantera ocho de caballo y cient espa\u00f1oles y en ella y en los lados por capitanes de m\u00e1s de diez mill hombres de guerra a Yutecad y Teutipil, que son dos se\u00f1ores de los prencipales de Tascaltecal, y en la rezaga ven\u00edan otros ciento y tantos espa\u00f1oles con otros ocho de caballo, y en ella ven\u00eda por capit\u00e1n con otros diez mill hombres de guerra muy bien adreszados Chichimecatecle, que es de los prencipales se\u00f1ores desta provincia, con otros capitanes que tra\u00eda consigo, el cual al tiempo que parti\u00f3 della llevaba la delantera con toda la tablaz\u00f3n, y la rezaga tra\u00edan los otros dos capitanes con la ligaz\u00f3n. Y como entraron en tierra de Cul\u00faa los maestros de los bergantines mandaron llevar en la delantera la ligaz\u00f3n dellos y que la tablaz\u00f3n se quedase atr\u00e1s, porque era cosa de m\u00e1s embarazo si algo les acaesciese, lo cual, si fuera, hab\u00eda de ser en la delantera. Y Chichimecatecle, que tra\u00eda la dicha tablaz\u00f3n, como siempre fasta all\u00ed con su gente de guerra hab\u00eda tra\u00eddo la delantera tom\u00f3lo por afrenta, y fue cosa recia de acabar con \u00e9l que se quedase en la retroguarda, porque \u00e9l queria llevar el peligro que se pudiese rescibir. Y como ya lo concedi\u00f3 tampoco queria que en la rezaga se quedasen en guarda ningunos espa\u00f1oles, porque es hombre de mucho esfuerzo y queria \u00e9l ganar aquella honra. Y llevaban estos capitanes dos mill indios cargados con su vitualla, y ans\u00ed con esta orden y concierto fueron su camino, en el cual se detuvieron tres d\u00edas, y al cuarto entraron en esta cibdad con mucho placer y estruendo de atabales. Y yo los sal\u00ed a rescebir y, como arriba digo, estend\u00edase tanto la gente que dende que los primeros comenzaron a entrar hasta que los postreros hobieron acabado se pasaron m\u00e1s de seis horas sin quebrar el hilo de la gente. Y despu\u00e9s de llegados y agradescido a aquellos se\u00f1ores las buenas obras que nos hac\u00edan, h\u00edcelos aposentar y proveer lo mejor que ser pudo. Y ellos me dijeron que tra\u00edan deseo de se ver con los de Cul\u00faa y que viese lo que mandaba, que ellos y aquella gente ven\u00edan con voluntad de se vengar o morir con nosotros, y yo les di las gracias y les dije que reposasen y que presto les daria las manos llenas. Y despu\u00e9s que toda esta gente de guerra de Tascaltecal hobo reposado en Tesuico tres o cuatro d\u00edas, que cierto era para la manera de ac\u00e1 muy lucida gente, hice aprescebir veinte y cinco de caballo y trecientos peones y cincuenta ballesteros y escopeteros y seis tiros peque\u00f1os de campo, y sin decir a persona alguna adonde \u00edbamos sal\u00ed desta cibdad a las nueve del d\u00eda, y conmigo salieron los capitanes ya dichos con m\u00e1s de treinta mill hombres por sus escuadrones muy bien ordenados seg\u00fand la manera dellos. Y a cuatro leguas desta cibdad ya que era tarde encontramos un escuadr\u00f3n de gente de guerra de los enemigos, y los de caballo rompimos por ellos y desbarat\u00e1moslos, y los de Tascaltecal como son muy ligeros sigui\u00e9ronnos y matamos muchos de los contrarios. Y aquella noche dormimos en el campo muy sobre aviso. Y otro d\u00eda de ma\u00f1ana seguimos nuestro camino, y yo no hab\u00eda dicho a\u00fan ad\u00f3nde era mi intenci\u00f3n de ir, lo cual hac\u00eda porque me recelaba de algunos de los de Tesuico que iban con nosotros que no diesen aviso de lo que yo quer\u00eda hacer a los de M\u00e9xyco y Temixtit\u00e1n, porque no ten\u00eda a\u00fan ninguna seguridad dellos. Y llegamos a una poblaci\u00f3n que se dice Xaltoca que est\u00e1 asentada en medio de la laguna, y alderredor della hallamos muchas y grandes acequias llenas de agua y alderredor hac\u00edan la dicha poblaci\u00f3n muy fuerte, porque los de caballo no pod\u00edan entrar a ella. Y los contrar\u00edos daban muchas gr\u00edtas tir\u00e1ndonos muchas varas y flechas, y los peones aunque con trabajo entr\u00e1ronles dentro y ech\u00e1ronlos fuera y quemaron mucha parte del pueblo. Y aquella noche nos fuimos a dormir una legua de all\u00ed, y en amaneciendo tomamos nuestro camino y en \u00e9l hallamos los enemigos, y de lejos comenzaron a gr\u00edtar como lo suelen hacer en la guerra, que cierto es cosa espantosa o\u00edrlos. Y nosotros comenzamos de seguillos, y sigui\u00e9ndolos allegamos a una grande y hermosa cibdad que se dice Guanticlan , y hall\u00e1mosla despoblada, y aquella noche nos aposentamos en ella. Otro d\u00eda siguiente pasamos adelante y llegamos a otra cibdad que se dice Tenaynca en la cual no hallamos resistencia alguna, y sin nos detener pasamos a otra que se dice Acapuzalco, que todas est\u00e1n alderredor de la laguna. Y tampoco nos detuvimos en ella porque deseaba mucho llegar a otra cibdad que estaba all\u00ed cerca que se dice Tacuba, que est\u00e1 muy cerca de Temixtit\u00e1n. Y ya que est\u00e1bamos junto a ella fallamos tambi\u00e9n alderredor muchas acequias de agua y los enemigos muy a punto, y como los vimos, nosotros y nuestros amigos arremetimos a ellos y entr\u00e1mosles la cibdad, y matando en ellos los echamos fuera della. Y como era ya tarde aquella noche no hecimos m\u00e1s de nos aposentar en una casa que era tan grande que cupimos todos bien a placer en ella. Y en amanesciendo, los indios nuestros amigos comenzaron a saquear y a quemar toda la cibdad salvo el aposento donde est\u00e1bamos, y pusieron tanta deligencia que aun d\u00e9l se quem\u00f3 un cuarto. Y esto se hizo porque cuando salimos la otra vez desbaratados de Temixtit\u00e1n, pasando por esta cibdad los naturales della juntamente con los de Temixtit\u00e1n nos hicieron muy cruel guerra y nos mataron muchos espa\u00f1oles. En seis d\u00edas que estuvimos en esta cibdad de Tacuba ninguno hobo en que no tuvi\u00e9semos muchos recuentros y escaramuzas con los enemigos. Y los capitanes de la gente de Tascaltecal y los suyos hac\u00edan muchos desaf\u00edos con los de Temixtit\u00e1n y peleaban los unos con los otros muy hermosamente y pasaban entre ellos muchas razones amenaz\u00e1ndose los unos con los otros y dici\u00e9ndose muchas injurias, que sin duda era cosa para ver. Y en todo este tiempo siempre mor\u00edan muchos de los enemigos sin peligrar ninguno de los nuestros, porque muchas veces los entr\u00e1bamos por las calzadas y puentes de la cibdad, aunque como ten\u00edan tantas defensas nos resist\u00edan reciamente, y muchas veces fing\u00edan que nos daban lugar para que entr\u00e1semos dentro dici\u00e9ndonos: \u00abentrad, entrad a holgaros\u00bb. Y otras veces nos dec\u00edan: \u00ab\u00bfpens\u00e1is que hay agora otro Muteczuma para que haga todo lo que vosotros quisi\u00e9redes?\u00bb y estando en estas pl\u00e1ticas, yo me llegu\u00e9 una vez cerca de una puente que ten\u00edan quitada, y estando ellos de la otra parte hice se\u00f1al a los nuestros que estuviesen quedos, y ellos tambi\u00e9n como vieron que yo les quer\u00eda hablar hicieron callar a su gente. Y d\u00edjeles que por qu\u00e9 eran locos y quer\u00edan ser destruidos, y si hab\u00eda all\u00ed entre ellos alg\u00fand se\u00f1or prencipal de los de la cibdad, que se llegase all\u00ed, porque le quer\u00eda hablar. Y ellos me respondieron que toda aquella multitud de gente de guerra que por all\u00ed ve\u00eda que todos eran se\u00f1ores, por tanto, que dijese lo que quer\u00eda. Y como yo no respond\u00ed cosa alguna comenz\u00e1ronme a deshonrar. Y no s\u00e9 qui\u00e9n de los nuestros d\u00edjoles que se mor\u00edan de hambre y que no les hab\u00edamos de dejar salir de all\u00ed a buscar de comer, y respondieron que ellos no ten\u00edan nescesidad, y que cuando la tuviesen, que de nosotros y de los de Tascaltecal comer\u00edan. Y uno dellos tom\u00f3 unas tortas de pan de ma\u00eds y arroj\u00f3las hacia nosotros diciendo: \u00abtomad y comed si ten\u00e9is hambre, que nosotros ninguna tenemos\u00bb, y comenzaron luego a gritar y pelear con nosotros. Y como mi venida a esta cibdad de Tacuba hab\u00eda sido prencipalmente para haber pl\u00e1tica con los de Temixtit\u00e1n y saber qu\u00e9 voluntad ten\u00edan y mi estada all\u00ed no aprovechaba ninguna cosa, al cabo de los seis d\u00edas acord\u00e9 de me volver a Tesuico para dar priesa en ligar y acabar los bergantines para por la tierra y por la agua ponerles cerco. Y el d\u00eda que partimos venimos a dormir a la cibdad de Goatitan, de que arriba se ha fecho minci\u00f3n, y los enemigos no hac\u00edan sino seguirnos, y los de caballo de cuando en cuando revolv\u00edamos sobre ellos y as\u00ed nos quedaban algunos entre las manos. Y otro d\u00eda comenzamos a caminar, y como los contrarios v\u00edan que nos ven\u00edamos cre\u00edan que de temor lo hac\u00edamos, y junt\u00f3se grand n\u00famero dellos y comenz\u00e1ronnos a seguir. Y como yo vi esto mand\u00e9 a la gente de pie que se fuese adelante y que no se detuviese y que en la rezaga dellos fuesen cinco de caballo. Y yo me qued\u00e9 con veinte y mand\u00e9 a seis de caballo que se pusiesen en una cierta parte en celada y a otros seis en otra ya otros cinco en otra y yo con otros tres en otra, y que como los enemigos pasasen pensando que todos \u00edbamos juntos adelante, en oy\u00e9ndome el apell\u00eddo de Se\u00f1or Santiago saliesen y les diesen por las espaldas. Y como fue tiempo salimos y comenzamos a lancear en ellos, y tur\u00f3 el alcance cerca de dos leguas todas llanas como la palma, que fue muy hermosa cosa. Y ans\u00ed murieron muchos dellos a nuestras manos y de los indios nuestros amigos. Y se quedaron y nunca m\u00e1s nos siguieron, y nosotros nos volvimos y alcanzamos a la gente. Y aquella noche dormimos en una gentil poblaci\u00f3n que se dice Aculman que est\u00e1 dos leguas de la cibdad de Tesuico, para donde otro d\u00eda nos partimos. Y a mediod\u00eda entramos en ella y fuimos muy bien rescebidos del alguacil mayor que yo hab\u00eda dejado por capit\u00e1n y de toda la gente, y holgaron mucho con nuestra venida porque dende el d\u00eda que de all\u00ed hab\u00edamos partido nunca hab\u00edan sabido de nosotros y de lo que nos hab\u00eda suscedido, y estaban con muy grand\u00edsimo deseo de lo saber. Y otro d\u00eda que hobimos llegado, los se\u00f1ores y capitanes de la gente de Tascaltecal me pidieron licencia y se partieron para su tierra muy contentos y con alg\u00fand despojo de los enemigos. Dos d\u00edas despu\u00e9s de entrados a esta cibdad de Tesuico llegaron a m\u00ed ciertos indios mensajeros de los se\u00f1ores de Calco y dij\u00e9ronme c\u00f3mo les hab\u00edan mandado que me hiciesen saber de su parte que los de M\u00e9xyco y Temixtit\u00e1n iban sobre ellos a los destruir, y que me rogaban les inviase socorro como otras veces me lo hab\u00edan pedido. Y yo prove\u00ed luego de inviar con Gonzalo de Sandoval veinte de caballo y trecientos peones, al cual encargu\u00e9 mucho que se diese priesa, y llegado, trabajase de dar todo el favor y ayuda que fuese posible a aquellos vasallos de Vuestra Majestad y nuestros amigos. Y llegado a Calco, hall\u00f3 mucha gente junta as\u00ed de aquella provincia como de las de Guaxocingo y Guacachula que le estaban esperando, y dando orden en lo que se hab\u00eda de hacer parti\u00e9ronse y tomaron su camino para una poblaci\u00f3n que se dice Guastepeque, donde estaba la gente de Cul\u00faa en guarnici\u00f3n y de donde hac\u00edan da\u00f1o a los de Calco. Y a un pueblo que estaba en el camino sali\u00f3 mucha gente de los contrarios, y como nuestros amigos eran muchos y ten\u00edan en ventaja a los espa\u00f1oles y a los de caballo todos juntos rompieron por ellos y desampararon el campo y matando en ellos siguieron a los enemigos, y en aquel pueblo que est\u00e1 antes de Guastepeque reposaron aquella noche. Y otro d\u00eda se partieron, y ya que llegaban junto a la dicha poblaci\u00f3n de Guastepeque, los de Cul\u00faa comenzaron a pelear con los espa\u00f1oles, pero en poco rato los desbarataron, y matando en ellos los echaron fuera del pueblo. Y los de caballo se apearon para dar de comer a sus caballos y aposentarse, y estando as\u00ed descuidados de lo que suscedi\u00f3, llegan los enemigos hasta la plaza del aposento apellidando y gritando muy fieramente y echando muchas piedras y varas y flechas. Y los espa\u00f1oles dieron alarma, y ellos y nuestros amigos d\u00e1ndose mucha priesa salieron a ellos y ech\u00e1ronlos fuera otra vez, y siguieron el alcance m\u00e1s de una legua y mataron muchos de los contrarios, y volvi\u00e9ronse aquella noche bien cansados a Guastepeque, adonde estuvieron reposando dos d\u00edas. En este tiempo el alguacil mayor supo como en un pueblo m\u00e1s adelante que se dice Acapichtla hab\u00eda mucha gente de guerra de los enemigos y determin\u00f3 de ir all\u00e1 a ver si se dar\u00edan de paz y a les requerir con ella. Y este pueblo era muy fuerte y puesto en una altura y donde no pudiesen ser ofendidos de los de caballo, y como llegaron los espa\u00f1oles los del pueblo sin esperar a cosa alguna empezaron a pelear con ellos y dende lo alto echar muchas piedras. Y aunque iba mucha gente de nuestros amigos con el dicho alguacil mayor, viendo la fortaleza de la villa no osaban acometer ni llegar a los contrarios, y como esto vio el dicho alguacil mayor y los espa\u00f1oles, determinaron de morir o subilles por fuerza a lo alto del pueblo, y con el apellido de Se\u00f1or Santiago comenzaron a subir. Y plugo a Nuestro Se\u00f1or dalles tal esfuerzo que aunque era mucha la defensa y resistencia que se les hac\u00eda les entraron, aunque hobo muchos heridos. Y como los indios nuestros amigos los siguieron y los enemigos se vieron de vencida, fue tanta la matanza dellos a manos de los nuestros y dellos despe\u00f1ados de lo alto que todos los que all\u00ed se hallaron afirman que un r\u00edo peque\u00f1o que cercaba casi aquel pueblo por m\u00e1s de una hora fue te\u00f1ido en sangre y les estorb\u00f3 de beber por entonces, porque como fac\u00eda mucha calor ten\u00edan nescesidad dello. Y dado conclusi\u00f3n a esto y dejando al fin estas dos poblaciones de paz, aunque bien castigados por haberla al prencipio negado, el dicho alguacil mayor se volvi\u00f3 con toda la gente a Tesuico. Y crea Vuestra Cat\u00f3lica Majestad que esta fue una bien se\u00f1alada vitoria y donde los espa\u00f1oles mostraron bien se\u00f1aladamente su esfuerzo. Como los de M\u00e9xyco y Temixtit\u00e1n supieron que los espa\u00f1oles y los de Calco hab\u00edan fecho tanto da\u00f1o en su gente acordaron de inviar sobre ellos ciertos capitanes con mucha gente, y como los de Calco tuvieron aviso desto, inviaron a rogarme a mucha priesa que les inviase socorro. Y yo torn\u00e9 luego a despachar al dicho alguacil mayor con cierta gente de pie y de caballo, pero cuando lleg\u00f3 ya los de Cul\u00faa y los de Calco se hab\u00edan visto en el campo y hab\u00edan peleado los unos y los otros muy reciamente, y plugo a Dios que los de Calco fueron vencedores y mataron muchos de los contrarios y prendieron bien cuarenta personas dellos, entre los cuales hab\u00eda un capit\u00e1n de los de M\u00e9xyco y otros dos prencipales, los cuales todos entregaron los de Calco al dicho alguacil mayor para que me los trujese, el cual me invi\u00f3 dellos y dellos dej\u00f3 consigo, porque por seguridad de los de Calco estuvo con toda la gente en un pueblo suyo que es frontera de los de M\u00e9xyco. Y despu\u00e9s que les paresci\u00f3 que no hab\u00eda nescesidad de su estada se volvi\u00f3 a Tesuico y trajo consigo a los otros prisoneros que le hab\u00edan quedado. En este medio tiempo hobimos otros muchos rebatos y recuentros con los naturales de Cul\u00faa, y por evitar prolijidad los dejo de especificar, Como ya el camino para la villa de la Vera Cruz dende esta cibdad de Tesuico estaba seguro y pod\u00edan ir y venir por \u00e9l los de la villa, ten\u00edan cada d\u00eda nuevas de nosotros y nosotros dellos, lo cual antes cesaba. Y con un mensajero invi\u00e1ronme ciertas ballestas y escopetas y p\u00f3lvora con que hobimos grand\u00edsimo placer, y dende a dos d\u00edas me inviaron otro mensajero con el cual me hicieron saber que al puerto hab\u00edan llegado tres nav\u00edos y que tra\u00edan mucha gente y caballos, y que luego los despachar\u00edan para ac\u00e1. Y seg\u00fand la nescesidad que ten\u00edamos, milagrosamente nos invi\u00f3 Dios este socorro. Yo buscaba siempre, Muy Poderoso Se\u00f1or, todas las maneras y formas que pod\u00eda para traer a nuestra amistad a \u00e9stos de Temixtit\u00e1n, lo uno porque no diesen causa a que fuesen destruidos, y lo otro por descansar de los trabajos de todas las guerras pasadas, y prencipalmente porque dello sab\u00eda que redundaba servicio a Vuestra Majestad. Y dondequiera que pod\u00eda haber alguno de la cibdad gelo tornaba a inviar para les amonestar y requerir que se diesen de paz, y el Mi\u00e9rcoles Santo, que fueron veinte y siete de marzo del a\u00f1o de quinientos y veinte y uno, hice traer ante m\u00ed a aquellos principales de Temixtit\u00e1n que los de Calco hab\u00edan prendido y d\u00edjeles si quer\u00edan algunos dellos ir a la cibdad y hablar de mi parte a los se\u00f1ores della y rogalles que no curasen de tener m\u00e1s guerra conmigo y que se diesen por vasallos de Vuestra Majestad como antes lo hab\u00edan fecho, porque yo no les quer\u00eda destruir sino ser su amigo. Y aunque se les hizo de mal, porque ten\u00edan temor que y\u00e9ndoles con aquel mensaje los matar\u00edan, dos de aquellos prisoneros se determinaron de ir y pidi\u00e9ronme una carta. Y aunque ellos no hab\u00edan de entender lo que en ella iba sab\u00edan que entre nosotros se acostumbraba y que llev\u00e1ndola ellos los de la cibdad les dar\u00edan cr\u00e9dito. Pero con las lenguas yo les d\u00ed a entender lo que en la carta dec\u00eda, que era lo que yo a ellos les hab\u00eda dicho. Y as\u00ed se partieron y yo mand\u00e9 a cinco de caballo que saliesen con ellos hasta los poner en salvo. El S\u00e1bado Santo los de Calco y otros sus aliados y amigos me inviaron a decir que los de M\u00e9xyco ven\u00edan sobre ellos, y mostr\u00e1ronme en un pa\u00f1o blanco grande la figura de todos los pueblos que contra ellos ven\u00edan y los caminos que tra\u00edan, que me rogaban que en todo caso les inviase socorro. Y yo les dije que dende a cuatro o cinco d\u00edas se lo inviar\u00eda, y que si entretanto se v\u00edan en nescesidad, que me lo hiciesen saber y que yo los socorrer\u00eda. Y el tercero d\u00eda de Pascua de Resurrecci\u00f3n volvi\u00e9ronme a decir que me rogaban que brevemente fuese el socorro, porque a m\u00e1s andar se acercaban los enemigos. Yo les dije que yo quer\u00eda ir a les socorrer, y mand\u00e9 apregonar que para el viernes siguiente estuviesen apercebidos veinte y cinco de caballo y trecientos hombres de pie. El jueves antes vinieron a Tesuico ciertos mensajeros de las provincias de Tazapan y Mascalcingo y Nautan y de otras cibdades que est\u00e1n en su comarca y dij\u00e9ronme que se ven\u00edan a dar por vasallos de Vuestra Majestad y a ser nuestros amigos porque ellos nunca hab\u00edan muerto ning\u00fand espa\u00f1ol ni se hab\u00edan alzado contra el servicio de Vuestra Majestad, y trujeron cierta ropa de algod\u00f3n. Yo se lo agradesc\u00ed y les promet\u00ed que si fuesen buenos se les har\u00eda buen tratamiento, y as\u00ed se volvieron contentos. El viernes siguiente, que fueron cinco de abril del dicho a\u00f1o de quinientos y veinte y uno, sal\u00ed desta cibdad de Tesuico con los treinta de caballo y trecientos peones que estaban apercebidos, y dej\u00e9 en ella otros veinte de caballo y otros trecientos peones y por capit\u00e1n a Gon\u00e7alo de Sandoval, alguacil mayor, y salieron conmigo m\u00e1s de veinte mill hombres de los de Tesuico, y en nuestra ordenanza fuimos a dormir a una poblaci\u00f3n de Calco que se dice Talmalco donde fuimos bien rescebidos y aposentados. Y all\u00ed, porque est\u00e1 una buena fuerza, despu\u00e9s que los de Calco fueron nuestros amigos siempre ten\u00edan gente de guarnici\u00f3n porque es frontera de los de Cul\u00faa, y otro d\u00eda llegamos a Calco a las nueve del d\u00eda, que no nos detuvimos m\u00e1s de hablar a los se\u00f1ores de all\u00ed y decirles mi parescer e intenci\u00f3n, que era dar una vuelta en torno de las lagunas, porque cre\u00eda que acabada esta jornada, que importaba mucho, fallar\u00eda fechos los trece bergantines y aparejados para los echar al agua, y como hobe hablado a los de Calco, part\u00edmonos aquel d\u00eda a v\u00edsperas, y llegamos a una poblaci\u00f3n suya donde se juntaron con nosotros m\u00e1s de cuarenta mill hombres de guerra nuestros amigos, y aquella noche dormimos all\u00ed. Y porque los naturales desta dicha poblaci\u00f3n me dijeron que los de Cul\u00faa me estaban esperando en el campo mand\u00e9 que al cuarto del alba toda la gente estuviese en pie y apercebida, y otro d\u00eda, en oyendo misa, comenzamos a caminar, y yo tom\u00e9 la delantera con veinte de caballo y en la rezaga quedaron diez, y ans\u00ed pasamos por entre unas sierras muy agras. Y a las dos despu\u00e9s de mediod\u00eda llegamos a un pe\u00f1ol muy alto y agro, y encima d\u00e9l estaba mucha gente de mujeres y ni\u00f1os y todas las laderas llenas de gente de guerra. Y comenzaron luego a dar muy grandes alaridos haciendo muchas ahumadas, tir\u00e1ndonos con hondas y sin ellas muchas piedras y flechas y varas, por manera que en lleg\u00e1ndonos cerca rescib\u00edamos mucho da\u00f1o. Y aunque hab\u00edamos visto que en el campo no nos hab\u00edan osado esperar, paresc\u00edame, aunque era otro camino el nuestro, que era poquedad pasar adelante sin hacerles alg\u00fand mal sabor, y porque no creyesen nuestros amigos que de cobard\u00eda lo dej\u00e1bamos de hacer comenc\u00e9 a dar una vista en torno del pe\u00f1ol, que hab\u00eda casi una legua, y cierto era tan fuerte que paresc\u00eda locura queremos poner en gan\u00e1rselo, y aunque les pudiera poner cerco y hacerles darse de pura nescesidad yo no me pod\u00eda detener. Y as\u00ed estando en esta confusi\u00f3n, determin\u00e9 de les subir el risco por tres partes que yo hab\u00eda visto, y mand\u00e9 a Crist\u00f3bal Corral, alf\u00e9rez de sesenta hombres de pie que yo tra\u00eda siempre en mi compa\u00f1\u00eda, que con su bandera acometiese y subiese por la parte m\u00e1s agra y que ciertos escopeteros y ballesteros le siguiesen; y a Juan Rodriguez de Villafuerte y a Francisco Verdugo, capitanes, que con su gente y con otros ciertos ballesteros y escopeteros subiesen por la otra parte; y a Pedro Dircio y Andr\u00e9s de Monjaraz, capitanes, que acometiesen por la otra parte con otros pocos ballesteros y escopeteros; y que en oyendo soltar una escopeta, todos determinasen de subir y haber la vitoria o morir. Y luego en soltando el escopeta, comenzaron a subir y ganaron a los contrarios dos vueltas del pe\u00f1ol, que no pudieron subir m\u00e1s porque con pies y manos no se pod\u00edan tener, porque era sin comparaci\u00f3n la aspereza y agrura de aquel cerro. Y echaban tantas piedras de lo alto con las manos y rodando que aun los pedazos que se quebraban y sembraban hac\u00edan infinito da\u00f1o. Y fue tan recia la ofensa de los enemigos que nos mataron dos espa\u00f1oles e hirieron m\u00e1s de veinte, y en fin en ninguna manera pudieron pasar de all\u00ed. Y yo, viendo que era imposible poder m\u00e1s hacer de lo hecho y que se juntaban muchos de los contrarios en socorro de los del pe\u00f1ol, que todo el campo estaba lleno dellos, mand\u00e9 a los capitanes que se volviesen. Y abajados los de caballo, arremetimos a los que estaban en lo llano y ech\u00e1moslos de todo el campo alanceando y matando en ellos. Y dur\u00f3 el alcance m\u00e1s de hora y media, y como era mucha gente los de caballo derram\u00e1ronse a una parte y a otra. Y despu\u00e9s de recogidos, de algunos dellos fui informado c\u00f3mo hab\u00edan llegado obra de una legua de all\u00ed y hab\u00edan visto otro pe\u00f1ol con mucha gente pero que no era tan fuerte, y que por lo llano cerca d\u00e9l hab\u00eda mucha poblaci\u00f3n y que no faltar\u00edan dos cosas que en este otro nos hab\u00edan faltado: la una era agua, que no la hab\u00eda ac\u00e1; y la otra, que por no ser tan fuerte el cerro no habr\u00eda tanta resistencia y se pod\u00eda sin peligro tomar la gente. Y aunque con harta tristeza de no haber alcanzado vitoria, partimos de all\u00ed y fuimos aquella noche a dormir cerca del otro pe\u00f1ol, adonde pasamos harto trabajo y nescesidad porque tampoco fallamos agua ni en todo aquel d\u00eda la hab\u00edamos bebido nosotros ni los caballos, y as\u00ed nos estuvimos aquella noche oyendo hacer a los enemigos mucho estruendo de atabales y bocinas y gritas. Y en siendo el d\u00eda claro, ciertos capitanes y yo comenzamos a mirar el risco, el cual nos paresci\u00f3 casi tan fuerte como el otro, pero ten\u00eda dos padrastros m\u00e1s altos que no \u00e9l y no tan agros de subir, y en \u00e9stos estaba mucha gente de guerra para los defender. Y aquellos capitanes y yo y otros hidalgos que all\u00ed estaban tomamos nuestras rodelas y fuemos a pie hasta all\u00e1 &#8211; porque los caballos los hab\u00edan llevado a beber una legua de all\u00ed &#8211; no para m\u00e1s de ver la fuerza del pe\u00f1ol y por d\u00f3nde se podr\u00eda combatir. Y la gente, como nos vieron ir, aunque no les hab\u00edamos dicho cosa alguna sigui\u00e9ronnos. Y como llegamos al pie del pe\u00f1ol, los que estaban en el padrastro d\u00e9l creyeron que yo quer\u00eda acometer por el medio, y desampar\u00e1ronlos por socorrer a los suyos. Y como yo vi el desconcierto que hab\u00edan fecho y que tomados aquellos dos padrastros se les podr\u00eda hacer dellos mucho da\u00f1o, sin hacer mucho bollicio mand\u00e9 a un capit\u00e1n que de presto subiese con su gente y tomase \u00e9l un padrastro de aqu\u00e9llos m\u00e1s agro que hab\u00edan desamparado, y as\u00ed fue luego fecho. Y yo con la otra gente comenc\u00e9 a subir el cerro arriba all\u00ed donde estaba la m\u00e1s fuerza de la gente, y plugo a Dios que les gan\u00e9 una vuelta d\u00e9l y pos\u00edmonos en una altura que casi igualaba con lo alto de donde ellos peleaban, lo cual paresc\u00eda que era cosa imposible podelles ganar, a lo menos sin infinito peligro. Y ya un capit\u00e1n hab\u00eda puesto su bandera en lo m\u00e1s alto del cerro y de all\u00ed comenz\u00f3 a soltar escopetas y ballestas en los enemigos, y como vieron el da\u00f1o que resceb\u00edan y considerando el porvenir, hicieron se\u00f1al que se quer\u00edan dar y pusieron las armas en el suelo. Y como mi motivo sea siempre dar a entender a esta gente que no les queremos hacer mal ni da\u00f1o por m\u00e1s culpados que sean, especialmente queriendo ellos ser vasallos de Vuestra Majestad, y es gente de tanta capacidad que todo lo entienden y conoscen muy bien, mand\u00e9 que no se les ficiese m\u00e1s da\u00f1o. Y llegados a me hablar, los resceb\u00ed bien. Y como vieron cu\u00e1n bien con ellos se hab\u00eda hecho, hici\u00e9ronlo saber a los del otro pe\u00f1ol, los cuales aunque hab\u00edan quedado con vitoria determinaron de se dar por vasallos de Vuestra Majestad y vini\u00e9ronme a pedir perd\u00f3n por pasado. En esta poblaci\u00f3n de cabe el pe\u00f1ol estuve dos d\u00edas, y de all\u00ed invi\u00e9 a Tesuico los heridos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Carta tercera de relaci\u00f3n enviada por Fernando Cort\u00e9s, Capit\u00e1n y Justicia Mayor del Yucat\u00e1n llamado la Nueva Espa\u00f1a del Mar Oc\u00e9ano, al Muy Alto y Potentisimo C\u00e9sar e Invit\u00edsimo Se\u00f1or Don Carlos, Emperador Semper Augusto y Rey de Espa\u00f1a, Nuestro Se\u00f1or, de las cosas subcedidas y muy dinas de admiraci\u00f3n\u2026<\/p>\n<p class=\"continue-reading-button\"> <a class=\"continue-reading-link\" href=\"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/cartas-de-relacion-de-hernan-cortes-iii-i\/\">Seguir leyendo&#8230;<i 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