{"id":1232,"date":"2011-02-22T12:30:20","date_gmt":"2011-02-22T10:30:20","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cultureduca.com\/blog\/?p=1232"},"modified":"2018-12-22T03:12:59","modified_gmt":"2018-12-22T01:12:59","slug":"cartas-de-relacion-de-hernan-cortes-ii-iii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/cartas-de-relacion-de-hernan-cortes-ii-iii\/","title":{"rendered":"Cartas de Relaci\u00f3n de Hern\u00e1n Cort\u00e9s (II-III)"},"content":{"rendered":"<p>SEGUNDA RELACI\u00d3N &#8211; Parte 3<\/p>\n<p>Y por no ser m\u00e1s prolijo en la relaci\u00f3n de las cosas desta grand cibdad (aunque no acabar\u00eda tan a\u00edna) no quiero decir m\u00e1s sino que en su servicio y trato de la gente della hay la manera casi de vevir que en Espa\u00f1a y con tanto concierto y orden como all\u00e1, y que considerando esta gente ser b\u00e1rbara y tan apartada del conoscimiento de Dios y de la comunicaci\u00f3n de otras naciones de raz\u00f3n, es cosa admirable ver la que tienen en todas las cosas. En lo del servicio de Mutee\u00e7uma y de la cosas de admiraci\u00f3n que ten\u00eda por grandeza y estado hay tanto que escrebir que certifico a Vuestra Alteza que yo no s\u00e9 por d\u00f3 comenzar que pueda acabar de decir alguna parte dellas. Porque, como ya he dicho, \u00bfqu\u00e9 m\u00e1s grandeza puede ser que un se\u00f1or b\u00e1rbaro como \u00e9ste tuviese contrafechas de oro y plata y piedras y plumas todas las cosas que debajo del cielo hay en su se\u00f1or\u00edo tan al natural lo de oro y plata que no hay platero en el mundo que mejor lo hiciese; y lo de las piedras, que no baste juicio [para] comprehender con qu\u00e9 instrumentos se hiciese tan perfeto; y lo de pluma, que ni de cera ni en ning\u00fan broslado se podr\u00eda hacer tan maravillosamente? El se\u00f1or\u00edo de tierras que este Mutee\u00e7uma ten\u00eda no se ha podido alcanzar cu\u00e1nto era, porque a ninguna parte ducientas leguas de un cabo y de otro de aquella su grand cibdad inviaba sus mensajeros que no fuese cumplido su mandado, aunque hab\u00eda algunas provincias en medio de estas tierras con quien \u00e9l ten\u00eda guerra. Pero [por] lo que se alcanz\u00f3 y yo pude d\u00e9l comprehender era su se\u00f1or\u00edo tanto casi como Espa\u00f1a, porque hasta sesenta leguas desa parte de Putunchan, que es el r\u00edo de Grisalba, invi\u00f3 mensajeros a que se diesen por vasallos de Vuestra Majestad los naturales de una cibdad que se dice Cumantan que hab\u00eda desde la gran cibdad a ella ducientas y veinte leguas, porque las ciento y cincuenta yo he fecho andar y ver a los espa\u00f1oles. Todos los m\u00e1s de los se\u00f1ores destas tierras y provincias, en especial los comarcanos, resid\u00edan, como ya he dicho, mucho tiempo del a\u00f1o en aquella gran cibdad, y todos o los m\u00e1s ten\u00edan sus hijos primog\u00e9nitos en el servicio del dicho Mutee\u00e7uma. En todos los se\u00f1or\u00edos destos se\u00f1ores ten\u00eda fuerzas fechas y en ellas gente suya y sus gobernadores y cogedores del servicio y renta que de cada provincia le daban. Y hab\u00eda cuenta y raz\u00f3n de lo que cada uno era obligado a dar, porque tienen carateres y figuras escriptas en el papel que facen por donde se entienden. Cada una destas provincias serv\u00eda con su g\u00e9nero de servicio seg\u00fand la calidad de la tierra, por manera que a su poder ven\u00eda toda suerte de cosas que en las dichas provincias hab\u00eda. Y era tan temido de todos, as\u00ed presentes como absentes, que nunca pr\u00edncipe del mundo lo fue m\u00e1s. Ten\u00eda as\u00ed fuera de la cibdad como dentro muchas casas de placer y cada una de su manera de pasatiempo tan bien labradas como se podr\u00eda decir y cuales requer\u00edan ser para un gran pr\u00edncipe y se\u00f1or. Ten\u00eda dentro de la cibdad sus casas de aposentamiento tales y tan maravillosas que me parescer\u00eda casi imposible poder decir la bondad y grandeza dellas, y por tanto no me porn\u00e9 a expresar cosa dellas m\u00e1s de que en Espa\u00f1a no hay su semejable. Ten\u00eda una casa poco menos buena que \u00e9sta donde ten\u00eda un muy hermoso jard\u00edn con ciertos miradores que sal\u00edan sobre \u00e9l y los m\u00e1rmoles y losas dellos eran de jaspe muy bien obrados. Hab\u00eda en esta casa aposentamiento para se aposentar dos muy grandes pr\u00edncipes con todo su servicio. En esta casa ten\u00eda diez estanques de agua donde ten\u00eda todos los linajes de aves de agua que en estas partes se hallan, que son muchos y diversos, todas dom\u00e9sticas. Y para las aves que se cr\u00edan en la mar eran los estanques de agua salada y para las de r\u00edos lagunas de agua dulce, la cual agua vaciaban de cierto a cierto tiempo por la limpieza y la tornaban a henchir con sus ca\u00f1os. Y a cada g\u00e9nero de aves se daba aquel mantenimiento que era propio a su natural y con que ellas en el campo se manten\u00edan, de forma que a las que com\u00edan pescado gelo daban; y a las que gusanos, gusanos; ya las que ma\u00edz, ma\u00edz; y las que otras semillas m\u00e1s menudas, por consiguiente gelas daban. Y certifico a Vuestra Alteza que a las aves que solamente com\u00edan pescado se les daba cada d\u00eda diez arrobas del que se toma en la laguna salada. Hab\u00eda para tener cargo destas aves trecientos hombres que en ninguna otra cosa entend\u00edan. Hab\u00eda otros hombres que solamente entend\u00edan en curar las aves que adolec\u00edan. Sobre cada alberca y estanques de estas aves hab\u00eda sus corredores y miradores muy gentilmente labrados donde el dicho Mutee\u00e7uma se ven\u00eda a recrear y a las ver. Ten\u00eda en esta casa un cuarto en que ten\u00eda hombres y mujeres y ni\u00f1os blancos de su nascimiento en el rostro y cuerpo y cabellos y pesta\u00f1as y cejas. Ten\u00eda otra casa muy hermosa donde ten\u00eda un grand patio losado de muy gentiles losas todo \u00e9l hecho a manera de un juego de ajedrez. Y las casas eran hondas cuanto estado y medio y tan grandes como seis pasos en cuadra, y la mitad de cada una de estas casas era cubierta el soterrado de losas y la mitad que quedaba por cobrir ten\u00eda encima una red de palo muy bien hecha. Y en cada una de estas casas hab\u00eda una ave de rapi\u00f1a, comenzando de cern\u00edcalo hasta \u00e1guila todas cuantas se hallan en Espa\u00f1a y muchas m\u00e1s raleas que all\u00e1 no se han visto. Y de cada una destas raleas hab\u00eda mucha cantidad, y en lo cubierto de cada una destas casas hab\u00eda un palo como alcandra y otro fuera debajo de la red, que en el uno estaban de noche y cuando llov\u00eda y en el otro se pod\u00edan salir al sol y al aire a curarse. A todas estas aves daban todos los d\u00edas de comer gallinas y no otro mantenimiento. Hab\u00eda en esta casa ciertas salas grandes bajas todas llenas de jaulas grandes de muy gruesos maderos muy bien labrados y encajados, y en todas o en las m\u00e1s hab\u00eda leones, tigres, lobos, zorras y gatos de diversas maneras y todos en cantidad, a las cuales daban de comer gallinas cuantas les bastaban, y para estos animales y aves hab\u00eda otros trecientos hombres que ten\u00edan cargo dellos. Ten\u00eda otra casa donde ten\u00eda muchos hombres y mujeres mostruos, en que hab\u00eda enanos, concorbados y contrechos y otros con otras disformidades, y cada una manera de mostruos en su cuarto por s\u00ed, y tambi\u00e9n hab\u00eda para \u00e9stos personas dedicadas para tener cargo dellos. Y las otras casas de placer que ten\u00eda en su cibdad dejo de decir por ser muchas y de muchas calidades. La manera de su servicio era que todos los d\u00edas luego en amanesciendo eran en su casa m\u00e1s de seiscientos se\u00f1ores y personas prencipales, los cuales se sentaban. Y otros andaban por unas salas y corredores que hab\u00eda en la dicha casa y all\u00ed estaban hablando y pasando tiempo sin entrar donde su persona estaba. Y los servidores d\u00e9stos y personas de quien se acompa\u00f1aban hinch\u00edan dos o tres grandes otros patios y la calle, que era muy grande, y \u00e9stos estaban sin salir de all\u00ed todo el d\u00eda hasta la noche. Y al tiempo que tra\u00edan de comer al dicho Mutee\u00e7uma ansimismo lo tra\u00edan a todos aquellos se\u00f1ores tan complidamente como a su persona, y tambi\u00e9n a los servidores y gente d\u00e9stos les daban sus raciones. Hab\u00eda cotidianamente la despensa y botiller\u00eda abierta para todos aquellos que quisiesen comer y beber. La manera de c\u00f3mo le daban de comer es que ven\u00edan trecientos o cuatrocientos mancebos con el manjar, que era sin cuento, porque todas las veces que com\u00eda o cenaba le tra\u00edan de todas las maneras de manjares, ans\u00ed de carnes como de pescados y frutas y hierbas que en toda la tierra se pod\u00edan haber. Y porque la tierra es fr\u00eda tra\u00edan debajo de cada plato y escudilla de mansar un braserico con brasa porque no se enfriase. Pon\u00edanle todos los manjares juntos en una grand sala en que \u00e9l com\u00eda que casi toda se hench\u00eda, la cual estaba toda muy bien esterada y muy limpia, y \u00e9l estaba sentado en una almohada de cuero peque\u00f1a muy bien hecha. Al tiempo que com\u00eda estaban all\u00ed desviados d\u00e9l cinco o seis se\u00f1ores ancianos a los cuales \u00e9l daba de lo que com\u00eda. Y estaba en pie uno de aquellos servidores que le pon\u00eda y alzaba los manjares y ped\u00eda a los otros que estaban m\u00e1s afuera lo que era nescesario para el servicio, y al prencipio y fin de la comida y cena siempre le daban agua a manos, y con la tuvalla que una vez se limpiaba nunca se limpiaba m\u00e1s, ni tampoco los platos y escudillas en que le tra\u00edan una vez el manjar se los tornaban a traer sino siempre nuevos, y as\u00ed hac\u00edan de los brasericos. Vest\u00edase todos los d\u00edas cuatro maneras de vestiduras todas nuevas, y nunca m\u00e1s se las vest\u00eda otra vez. Todos los se\u00f1ores que entraban en su casa no entraban calzados, y cuando iban delante d\u00e9l algunos que \u00e9l inviaba a llamar llevaban la cabeza y ojos inclinados y el cuerpo muy humillado. Y hablando con \u00e9l no le miraban a la cara, lo cual hac\u00edan por mucho acatamiento y reverencia. Y s\u00e9 que lo hac\u00edan por este respeto porque ciertos se\u00f1ores reprehend\u00edan a los espa\u00f1oles diciendo que cuando hablaban conmigo estaban esentos mir\u00e1ndome a la cara, que paresc\u00eda desacatamiento y poca verg\u00fcenza. Cuando sal\u00eda fuera el dicho Mutee\u00e7uma, que era pocas veces, todos los que iban con \u00e9l y los que topaba por las calles le volv\u00edan el rostro y en ninguna manera le miraban, y todos los dem\u00e1s se prostraban hasta que \u00e9l pasaba. Llevaba siempre delante de s\u00ed un se\u00f1or de aquellos con tres varas delgadas altas, que creo se hac\u00eda porque se supiese que iba all\u00ed su persona, y cuando lo descend\u00edan de las andas tomaba la una en la mano y llev\u00e1bala hasta adonde iba. Eran tantas y tan diversas las maneras y cerimonias que este se\u00f1or ten\u00eda en su servicio, que era nescesario m\u00e1s espacio del que yo al presente tengo para las relatar y aun mejor memoria para las retener, porque ninguno de los soldanes ni otro ning\u00fand se\u00f1or infiel de los que hasta agora se tiene noticia no creo que tantas ni tales cerimonias en su servicio tengan. En esta grand cibdad estuve proveyendo las cosas que paresc\u00eda que conven\u00edan al servicio de Vuestra Sacra Majestad, y pacificando y atrayendo a \u00e9l muchas provincias y tierras pobladas de muy grandes y muchas cibdades y villas y fortalezas, y descubriendo minas y sabiendo e inquiriendo muchos secretos de las tierras del se\u00f1or\u00edo deste Mutee\u00e7uma como de otras que con \u00e9l confinaban y \u00e9l ten\u00eda noticia, que son tantas y tan maravillosas que son casi incre\u00edbles. Y todo con tanta voluntad y contentamiento del dicho Mutee\u00e7uma y de todos los naturales de las dichas tierras como si de ab ini\u00e7io hobieran conoscido a Vuestra Sacra Majestad por su rey y se\u00f1or natural, y no con menos voluntad hac\u00edan las cosas que en su real nombre les mandaba. En las cuales dichas cosas y en otras no menos \u00fatiles al servicio de Vuestra Alteza gast\u00e9 de ocho de noviembre de mill y quinientos y diez y nueve hasta entrante el mes de mayo deste a\u00f1o presente, que estando en toda quietud y sosiego en esta dicha cibdad, teniendo repartidos muchos de los espa\u00f1oles por muchas y diversas partes pacificando y poblando esta tierra con mucho deseo que viniesen nav\u00edos con la respuesta de la relaci\u00f3n que a Vuestra Majestad hab\u00eda hecho desta tierra para con ellos inviar la que agora env\u00edo y todas las cosas de oro y joyas que en ella hab\u00eda habido para Vuestra Alteza, vinieron a m\u00ed ciertos naturales desta tierra, vasallos del dicho Mutee\u00e7uma de los que en la costa del mar moran, y me dijeron c\u00f3mo junto a las sierras de Sant Mart\u00edn, que son en la dicha costa antes del puerto o bah\u00eda de Sant Juan, hab\u00edan llegado diez y ocho nav\u00edos, y que no sab\u00edan qui\u00e9n eran porque ans\u00ed como los vieron en la mar me lo vinieron a hacer saber. Y tras estos dichos indios vino otro natural de la isla Fernandina, el cual me trajo una carta de un espa\u00f1ol que yo ten\u00eda puesto en la costa para que si nav\u00edos viniesen les diese raz\u00f3n de m\u00ed y de aquella villa que all\u00ed estaba cerca de aquel puerto, porque no se perdiesen. En la cual dicha carta se conten\u00eda que en tal d\u00eda hab\u00eda asomado un nav\u00edo frontero del dicho puerto de Sant Juan solo, y que hab\u00eda mirado por toda la costa de la mar cuanto su vista pod\u00eda comprehender y que no hab\u00eda visto otro, y que cre\u00eda que era la nao que yo hab\u00eda inviado a Vuestra Sacra Majestad porque ya era tiempo que viniese, y que para m\u00e1s certificarse \u00e9l quedaba esperando que la dicha nao llegase al puerto para se informar della, y que luego vern\u00eda a me traer la relaci\u00f3n. Vista esta carta, despach\u00e9 dos espa\u00f1oles, uno por un camino y otro por otro porque no errasen alg\u00fand mensajero si de la nao viniese, a los cuales dije que llegasen hasta el dicho puerto y supiesen cu\u00e1ntos nav\u00edos eran llegados y de d\u00f3nde eran y lo que tra\u00edan, y se volviesen a la m\u00e1s priesa que fuese posible a me lo hacer saber. Y ansimismo despach\u00e9 otro a la villa de la Vera Cruz a les decir lo que de aquellos nav\u00edos hab\u00eda sabido para que de all\u00e1 ansimesmo se informasen y me lo hiciesen saber, y otro al capit\u00e1n que con los ciento y cincuenta hombres inviaba a hacer el pueblo de la provincia y pueblo de Quacucalco, al cual escreb\u00ed que doquiera que el dicho mensajero le alcanzase se estuviese y no pasase adelante hasta que yo segunda vez le escribiese, porque ten\u00eda nueva que eran llegados al puerto ciertos nav\u00edos. El cual, seg\u00fan despu\u00e9s paresci\u00f3, ya cuando lleg\u00f3 mi carta sab\u00eda de la venida de los dichos nav\u00edos. E inviados estos dichos mensajeros, se pasaron quince d\u00edas que ninguna cosa supe ni hobe respuesta de ninguno dellos, de que no estaba poco espantado. Y pasados estos quince d\u00edas vinieron otros indios, asimesmo vasallos del dicho Mutee\u00e7uma, de los cuales supe que los dichos nav\u00edos estaban ya surtos en el dicho puerto de Sant Juan y la gente desembarcada, y tra\u00edan por copia que hab\u00eda ochenta caballos y ochocientos hombres y diez o doce tiros de fuego, lo cual todo tra\u00edan figurado en un papel de la tierra para lo mostrar al dicho Mutee\u00e7uma y dij\u00e9ronme c\u00f3mo el espa\u00f1ol que yo ten\u00eda puesto en la costa y los otros mensajeros que yo hab\u00eda inviado estaban con la dicha gente, y que les hab\u00edan dicho a estos indios que el capit\u00e1n de aquella gente no los dejaban venir y que me lo dijesen. Y sabido esto, acord\u00e9 de inviar un religioso que yo traje en mi compa\u00f1\u00eda con una carta m\u00eda y otra de alcaldes y regidores de la villa de la Vera Cruz que estaban conmigo en la dicha cibdad, las cuales iban derigidas al capit\u00e1n y gente que a aquel puerto hab\u00eda llegado haci\u00e9ndole saber muy por estenso lo que en esta tierra me hab\u00eda suscedido y c\u00f3mo ten\u00eda muchas cibdades y villas y fortalezs ganadas y conquistadas y pac\u00edficas y subjetas al real servicio de Vuestra Majestad y preso al se\u00f1or prencipal de todas estas partes, y c\u00f3mo estaba en aquella gran cibdad e la calidad della y el oro y joyas que para Vuestra Alteza ten\u00eda y c\u00f3mo hab\u00eda inviado relaci\u00f3n desta tierra a Vuestra Majestad; y que les ped\u00eda por merced me ficiesen saber qui\u00e9n eran, y si eran vasallos naturales de los reinos y se\u00f1or\u00edos de Vuestra Alteza me escribiesen si ven\u00edan a esta tierra por su real mandado o a poblar y estar en ella o si pasaban adelante o hab\u00edan de volver atr\u00e1s o si tra\u00edan alguna nescesidad, que yo les har\u00eda proveer de todo lo que a m\u00ed posible fuese; y que si eran de fuera de los reinos de Vuestra Alteza ansimesmo me hiciese saber si tra\u00edan alguna nescesidad porque tambi\u00e9n lo remediar\u00eda, pudiendo; donde no, les requer\u00eda de parte de Vuestra Majestad que luego se fuesen de sus tierras y no saltasen en ellas, con aprecibimiento que si ans\u00ed no lo hiciesen ir\u00eda contra ellos con todo el poder que yo tuviese ans\u00ed de espa\u00f1oles como de naturales de la tierra, y los prender\u00eda o matar\u00eda como a estranjeros que se quer\u00edan entremeter en los reinos y se\u00f1or\u00edos de mi rey y se\u00f1or. Y partido el dicho religioso con el dicho despacho, dende en cinco d\u00edas llegaron a la cibdad de Temixtit\u00e1n veinte espa\u00f1oles de los que en la villa de la Vera Cruz ten\u00eda, los cuales me tra\u00edan un cl\u00e9rigo y otros dos legos que hab\u00edan tomado en la dicha villa. De los cuales supe c\u00f3mo el armada y gente que en el dicho puerto estaba era de Diego Vel\u00e1zquez, que ven\u00eda por su mandado y que ven\u00eda por capit\u00e1n della un P\u00e1nfilo de Narv\u00e1ez vecino de la isla Fernandina, y que tra\u00edan ochenta de caballo y muchos tiros de p\u00f3lvora y ochocientos peones, entre los cuales dijeron que hab\u00eda ochenta escopeteros y ciento y veinte ballesteros; y que ven\u00eda y se nombraba por capit\u00e1n general y teniente de gobernador de todas estas partes por el dicho Diego Vel\u00e1zquez y que para ello tra\u00eda provisiones de Vuestra Majestad, y que los mensajeros que yo hab\u00eda inviado y el hombre que en la costa ten\u00eda estaban con el dicho P\u00e1nfilo de Narv\u00e1ez y no los dejaban venir. El cual se hab\u00eda informado dellos de c\u00f3mo yo ten\u00eda poblado all\u00ed aquella villa doce leguas del dicho puerto y de la gente que en ella estaba y ansimismo de la gente que yo inviaba a Quacucalco, y c\u00f3mo estaban en una provincia treinta leguas del dicho puerto que se dice Tuchitebeque y de todas las cosas que yo en la tierra hab\u00eda fecho en servicio de Vuestra Alteza y las cibdades y villas que yo ten\u00eda conquistadas y pac\u00edficas y de aquella gran cibdad de Temixtit\u00e1n y del oro y joyas que en la tierra se hab\u00eda habido, y se hab\u00eda informado dellos de todas las otras cosas que me hab\u00edan suscedido; y que a ellos les habia inviado el dicho Narv\u00e1ez a la dicha villa de la Vera Cruz a que si pudiesen, hablasen de su parte a los que en ella estaban y los atrajesen a su prop\u00f3sito y se levantasen contra m\u00ed. Y con ellos me trajeron m\u00e1s de cient cartas que el dicho Narv\u00e1ez y los que con \u00e9l estaban inviaban a los de la dicha villa, diciendo que diesen cr\u00e9dito a lo que aquel cl\u00e9rigo y los otros que iban con \u00e9l de su parte les dijesen y prometi\u00e9ndoles que si ans\u00ed lo ficiesen, que por parte del dicho Diego Vel\u00e1zquez y d\u00e9l en su nombre les ser\u00edan fechas muchas mercedes, y los que lo contrar\u00edo ficiesen hab\u00edan de ser muy mal tratados, y otras muchas cosas que en las dichas cartas se conten\u00edan y el dicho cl\u00e9rigo y los que con \u00e9l venian dijeron. Y casi junto con \u00e9stos vino un espa\u00f1ol de los que iban a Quacucalco con cartas del capit\u00e1n que era un Juan Vel\u00e1zquez de Le\u00f3n, el cual me hacia saber c\u00f3mo la gente que hab\u00eda llegado al puerto era P\u00e1nfilo de Narv\u00e1ez, que ven\u00eda en nombre de Diego Vel\u00e1zquez, con la gente que tra\u00edan. Y me invi\u00f3 una carta que el dicho Narv\u00e1ez le hab\u00eda inviado con un indio como a pariente del dicho Diego Vel\u00e1zquez y cu\u00f1ado del dicho Narv\u00e1ez, en que por ella le dec\u00eda c\u00f3mo de aquellos mensajeros m\u00edos hab\u00eda sabido que estaba all\u00ed con aquella gente, que luego se fuese con ella a \u00e9l porque en ello har\u00eda lo que compl\u00eda y lo que era obligado a sus deudos, y que bien cre\u00eda que yo le ten\u00eda por fuerza y otras cosas que el dicho Narv\u00e1ez le escrib\u00eda. El cual dicho capit\u00e1n, como m\u00e1s obligado al servicio de Vuestra Majestad, no s\u00f3lo dej\u00f3 de aceptar lo que el dicho Narv\u00e1ez por su letra le dec\u00eda, mas aun luego se parti\u00f3 despu\u00e9s de me haber inviado la carta para se venir a juntar con toda la gente que ten\u00eda conmigo. Y despu\u00e9s de me haber informado de aquel cl\u00e9rigo y de los otros dos que con \u00e9l ven\u00edan de muchas cosas y de la intenci\u00f3n de los del dicho Diego Vel\u00e1zquez y Narv\u00e1ez y de c\u00f3mo se hab\u00edan movido con aquella armada y gente contra m\u00ed porque yo hab\u00eda inviado la relaci\u00f3n y cosas desta tierra a Vuestra Majestad y no al dicho Diego Vel\u00e1zquez, y c\u00f3mo ven\u00edan con da\u00f1ada voluntad para me matar a m\u00ed y a muchos de mi compa\u00f1\u00eda que ya desde all\u00e1 tra\u00edan se\u00f1alados. Y supe ansimesmo c\u00f3mo el licenciado Figueroa, juez de residencia en la isla Espa\u00f1ola, y los jueces y oficiales de Vuestra Alteza que en ella residen, sabido por ellos c\u00f3mo el dicho Diego Vel\u00e1zquez fac\u00eda la dicha armada y la voluntad con que la hac\u00eda, const\u00e1ndoles el da\u00f1o y deservicio que de su venida a Vuestra Majestad pod\u00eda redundar, inviaron al licenciado Lucas V\u00e1zquez de Ayl\u00f3n, uno de los dichos jueces, con su poder a requerir y mandar al dicho Diego Vel\u00e1zquez no inviase la dicha armada. El cual vino y hall\u00f3 al dicho Diego Vel\u00e1zquez con toda la gente armada en la punta de la dicha isla Fernandina ya que quer\u00eda pasar, y que all\u00ed le requer\u00ed\u00f3 a \u00e9l y a todos los que en la dicha armada ven\u00edan que no viniesen porque dello Vuestra Alteza era muy deservido, y sobre ello les impuso muchas penas, las cuales no ostante ni todo lo por el dicho licenciado requerido ni mandado, todav\u00eda hab\u00eda inviado la dicha armada; y que el dicho licenciado Ayl\u00f3n estaba en el dicho puerto, que hab\u00eda venido juntamente con ella pensando de evitar el da\u00f1o que de la venida de la dicha armada se sigu\u00eda, porque a \u00e9l y a todos era notor\u00edo el mal prop\u00f3sito y voluntad con que la dicha armada ven\u00eda. Envi\u00e9 al dicho cl\u00e9rigo con una carta m\u00eda para el dicho Narv\u00e1ez por la cual le dec\u00eda c\u00f3mo yo hab\u00eda sabido del dicho cl\u00e9rigo y de los que con \u00e9l hab\u00edan venido c\u00f3mo \u00e9l era el capit\u00e1n de la gente que aquella armada tra\u00eda, y que holgaba que fuese \u00e9l, porque ten\u00eda otro pensamiento veyendo que los mensajeros que yo hab\u00eda inviado no ven\u00edan; pero que pues \u00e9l sab\u00eda que yo estaba en esta tierra en servicio de Vuestra Alteza, me maravillaba no me escribiese o enviase mensajero faci\u00e9ndome saber de su venida, pues sab\u00eda que yo hab\u00eda de holgar con ella as\u00ed por \u00e9l ser mi amigo mucho tiempo hab\u00eda como porque cre\u00eda que \u00e9l ven\u00eda a servir a Vuestra Alteza, que era lo que yo m\u00e1s deseaba; e inviar como hab\u00eda inviado sobornadores y carta de inducimiento a las personas que yo ten\u00eda en mi compa\u00f1\u00eda en servicio de Vuestra Majestad para que se levantasen contra m\u00ed y se pasasen a \u00e9l, como si fu\u00e9ramos los unos infieles y los otros cristianos o los unos vasallos de Vuestra Alteza y los otros sus deservidores; y que le ped\u00eda por merced que de all\u00ed adelante no tuviese aquellas formas, antes me ficiese saber la causa de su venida; y que me hab\u00edan dicho que se intitulaba capit\u00e1n general y teniente de gobernador por Diego Vel\u00e1zquez y que por tal se hab\u00eda fecho pregonar en la tierra, y que hab\u00eda hecho alcaldes y regidores y ejecutado justicia, lo cual era en mucho deservicio de Vuestra Alteza y contra todas sus leyes, porque siendo esta tierra de Vuestra Majestad y estando poblada de sus vasallos y habiendo en ella justicia y cabildo, que no se deb\u00eda intitular de los dichos oficios ni usar dellos sin ser primero a ellos recibido puesto que para los ejercer trujese provisiones de Vuestra Majestad; las cuales, si tra\u00eda, le ped\u00eda por merced y le requer\u00eda las presentase ante m\u00ed y ante el cabildo de la Vera Cruz, y que d\u00e9l y de m\u00ed ser\u00edan obedescidos como cartas y provisiones de nuestro rey y se\u00f1or natural, y complidas en cuanto al real servicio de Vuestra Majestad conviniese, porque yo estaba en aquella cibdad y en ella ten\u00eda preso a aquel se\u00f1or y ten\u00eda mucha suma de oro y joyas as\u00ed de lo de Vuestra Alteza como de los de mi compa\u00f1\u00eda y m\u00edo, lo cual yo no osaba dejar con temor que salido yo de la dicha cibdad, la gente se rebellase y perdiese tanta cantidad de oro y joyas y tal cibdad, mayormente que perdida aqu\u00e9lla, era perdida toda la tierra. Y ansimismo di al dicho cl\u00e9r\u00edgo una carta para el dicho licenciado Ayl\u00f3n, el cual, seg\u00fan despu\u00e9s yo supe, al tiempo que el dicho cl\u00e9rigo lleg\u00f3 hab\u00eda prendido el dicho Narv\u00e1ez e inviado preso con dos nav\u00edos. El d\u00eda que el dicho cl\u00e9rigo se parti\u00f3 me lleg\u00f3 un mensajero de los que estaban en la villa de la Vera Cruz por el cual me hac\u00edan saber que toda la gente de los naturales de la tierra estaban levantados y hechos con el dicho Narv\u00e1ez, en especial los de la cibdad de Cempoal y su partido; y que ninguno dellos quer\u00eda venir a servir a la dicha villa as\u00ed en la fortaleza como en las otras cosas en que sol\u00edan servir porque dec\u00edan que Narv\u00e1ez les hab\u00eda dicho que yo era malo y que me ven\u00eda a prender a m\u00ed y a todos los de mi compa\u00f1\u00eda y llevarnos presos y dejar la tierra, y que la gente que el dicho Narv\u00e1ez tra\u00eda era mucha y la que yo tra\u00eda poca, y que \u00e9l tra\u00eda muchos caballos y muchos tiros e que yo ten\u00eda pocos, y que quer\u00edan ser a viva quien vence; y que tambi\u00e9n me hac\u00edan saber que eran informados de los dichos indios que el dicho Narv\u00e1ez se venia a aposentar a la dicha cibdad de Cempoal y que ya sab\u00eda cu\u00e1n cerca estaba de aquella villa, y que cre\u00edan, seg\u00fand eran informados, del mal prop\u00f3sito que el dicho Narv\u00e1ez contra todos tra\u00eda, que desde all\u00ed vern\u00eda sobre ellos y teniendo de su parte los indios de la dicha cibdad, y por tanto me hac\u00edan saber que ellos dejaban la villa sola por no pelear con ellos, y por evitar esc\u00e1ndalo se sob\u00edan a la sierra a casa de un se\u00f1or vasallo de Vuestra Alteza y amigo nuestro, y que all\u00ed pensaban estar hasta que yo les inviase a mandar lo que hiciesen. Y como yo vi el grand da\u00f1o que se comenzaba a revolver y c\u00f3mo la tierra se levantaba a causa del dicho Narv\u00e1ez, paresci\u00f3me que con ir yo donde \u00e9l estaba se apaciguar\u00eda mucho porque vi\u00e9ndome los indios presente no se osar\u00edan levantar, y tambi\u00e9n porque pensaba dar orden con el dicho Narv\u00e1ez c\u00f3mo tan gran mal como se comenzaba cesase. Y as\u00ed me part\u00ed aquel mesmo d\u00eda dejando la fortaleza muy bien bastecida de ma\u00edz y de agua y quinientos hombres dentro en ella y algunos tiros de p\u00f3lvora. Y con la otra gente que all\u00ed ten\u00eda, que ser\u00edan hasta setenta hombres, segu\u00ed mi camino con algunas personas prencipales de los del dicho Mutee\u00e7uma, al cual yo antes que me partiese hice muchos razonamientos dici\u00e9ndole que mirase que \u00e9l era vasallo de Vuestra Alteza y que agora hab\u00eda de recebir mercedes de Vuestra Majestad por los servicios que le hab\u00eda hecho; y que aquellos espa\u00f1oles le dejaba encomendados con todo aquel oro y joyas que \u00e9l me hab\u00eda dado y mand\u00f3 dar para Vuestra Alteza, porque yo iba a aquella gente que all\u00ed hab\u00eda venido a saber qu\u00e9 gente era, porque hasta entonces no lo hab\u00eda sabido y cre\u00eda que que deb\u00eda de ser alguna mala gente y no vasallos de Vuestra Alteza. Y \u00e9l me prometi\u00f3 de los hacer proveer todo lo nescesario y guardar mucho todo lo que all\u00ed dejaba puesto para Vuestra Majestad, y que aquellos suyos que iban conmigo me llevar\u00edan por camino que no saliese de su tierra y me har\u00edan proveer en \u00e9l de todo lo que hubiese menester; y que me rogaba si aquella fuese gente mala que se lo hiciese saber, porque luego proveer\u00eda de mucha gente de guerra para que fuese a pelear con ellos y echarlos fuera de la tierra. Lo cual todo yo le agradesc\u00ed y certifiqu\u00e9 que por ello Vuestra Alteza le mandar\u00eda facer muchas mercedes, y le di muchas joyas y ropas a \u00e9l y a un hijo suyo y a muchos se\u00f1ores que estaban con \u00e9l a la saz\u00f3n. Y en una cibdad que se dice Churultecal top\u00e9 a Juan Vel\u00e1zquez, capit\u00e1n que, como he dicho, inviaba a Quacucalco, que con toda la gente se ven\u00eda. Y sacados algunos que ven\u00edan mal dispuestos, que invi\u00e9 a la cibdad con \u00e9l y con los dem\u00e1s, segu\u00ed mi camino. Y quince leguas adelante desta cibdad de Churultecal top\u00e9 a aquel padre religioso de mi compa\u00f1\u00eda que yo hab\u00eda inviado al puerto a saber qu\u00e9 gente era la del armada que all\u00ed hab\u00eda venido, el cual me trajo una carta del dicho Narv\u00e1ez en que me dec\u00eda que \u00e9l tra\u00eda ciertas provisiones para tener esta tierra por Diego Vel\u00e1zquez, que luego fuese donde \u00e9l estaba a las obedescer y cumplir, y que \u00e9l ten\u00eda hecha una villa y alcaldes y regidores. Y del dicho religioso supe c\u00f3mo hab\u00edan prendido al dicho licenciado Ayl\u00f3n y a su escr\u00edbano y alguacil y los hab\u00edan inviado en dos nav\u00edos; y c\u00f3mo all\u00e1 le hab\u00edan acometido con partidos para que \u00e9l atrajese algunos de los de mi compa\u00f1\u00eda y se pasasen al dicho Narv\u00e1ez, y c\u00f3mo hab\u00edan hecho alarde delante d\u00e9l y de ciertos indios que con \u00e9l iban de toda la gente ans\u00ed de pie como de caballo y soltar el artiller\u00eda que estaba en los nav\u00edos y la que ten\u00edan en tierra a fin de atemorizarlos, porque le dijeron al d\u00edcho relig\u00edoso: \u00abm\u00edrad c\u00f3mo os pod\u00e9is defender de nosotros si no hac\u00e9is lo que quisi\u00e9remos\u00bb. Y tambi\u00e9n me dijo c\u00f3mo hab\u00eda hallado con el dicho Narv\u00e1ez un se\u00f1or natural desta tierra vasallo del dicho Mutee\u00e7uma y que le ten\u00eda por gobernador suyo en toda su tierra, de los puertos hasta la costa de la mar, y que supo que el dicho Narv\u00e1ez le hab\u00eda fablado de parte del dicho Mutee\u00e7uma y d\u00e1dole ciertas joyas de oro, y el dicho Narv\u00e1ez le hab\u00eda dado tambi\u00e9n a \u00e9l ciertas cosillas; y que supo que hab\u00eda despachado de all\u00ed ciertos mensajerosq para el dicho Mutee\u00e7uma y enviado a le decir que \u00e9l le soltar\u00eda; y que ven\u00eda a prenderme a m\u00ed y a los de mi compa\u00f1\u00eda e irse luego y dejar la tierra, y que \u00e9l no quer\u00eda oro, sino, preso yo y los que conmigo estaban, volverse y dejar la tierra y sus naturales della en su libertad; finalmente, que supe que su intenci\u00f3n era de se aposisionar en la tierra por su abtor\u00eddad, sin pedir que fuese rescebido de ninguna persona; y no queriendo yo ni los de mi compa\u00f1\u00eda tenerle por capit\u00e1n y justicia en nombre del dicho Diego Vel\u00e1zquez, ven\u00eda contra nosotros a tomarnos por guerra, y que para ello estaba confederado con los naturales de la tierra, en especial con el dicho Mutee\u00e7uma por sus mensajeros, y como yo viese tan magnifiesto el da\u00f1o y deservicio que a Vuestra Majestad de lo susodicho se pod\u00eda seguir, puesto que me dijeron el grand poder que tra\u00eda y aunque tra\u00eda mandado de Diego Vel\u00e1zquez que a m\u00ed y a ciertos de los de mi compa\u00f1\u00eda que ven\u00edan se\u00f1alados que luego que nos pudiese haber nos ahorcase, no dej\u00e9 de me acercar m\u00e1s a \u00e9l, creyendo por bien hacerle conoscer el gran deservicio que a Vuestra Alteza hac\u00eda y poderle apartar del mal prop\u00f3sito y da\u00f1ada voluntad que tra\u00eda. Y as\u00ed sigu\u00ed mi camino, y quince leguas antes de llegar a la ciudad de Cempoal, donde el dicho Narv\u00e1ez estaba aposentado, llegaron a m\u00ed el cl\u00e9rigo dellos que los de la Vera Cruz hab\u00edan inviado y con quien yo al dicho Narv\u00e1ez y al licenciado Ayl\u00f3n hab\u00eda escripto y otro cl\u00e9rigo y un Andr\u00e9s de Duero, vecino de la isla Fernandina, que ansimismo vino con el dicho Narv\u00e1ez. Los cuales en respuesta de mi carta me dijeron de parte del dicho Narv\u00e1ez que yo todav\u00eda le fuese a obedescer y tener por capit\u00e1n y le entregase la tierra, porque de otra manera me ser\u00eda hecho mucho da\u00f1o porque el dicho Narv\u00e1ez tra\u00eda grand poder y yo ten\u00eda poco, y dem\u00e1s de la mucha gente de espa\u00f1oles que tra\u00eda, que los m\u00e1s de los naturales eran en su favor; y que si yo le quisiese dar la tierra, que me dar\u00eda de los nav\u00edos y mantenimientos que \u00e9l tra\u00eda los que yo quisiese y me dejar\u00eda ir en ellos a m\u00ed y a los que conmigo quisiesen ir con todo lo que quisi\u00e9semos llevar sin nos poner impedimento en cosa alguna. Y el uno de los cl\u00e9r\u00edgos me dijo que as\u00ed ven\u00eda capitulado del dicho Diego Vel\u00e1zquez que hiciesen conmigo el dicho partido y para ello hab\u00eda dado su poder al dicho Narv\u00e1ez y a los dichos dos cl\u00e9r\u00edgos juntamente, y que acerca desto me har\u00edan todo el partido que yo quisiese. Yo les respond\u00ed que no ven\u00eda provisi\u00f3n de Vuestra Alteza por donde le debiese entregar la tierra, y que si alguna tra\u00eda, que la presentase ante m\u00ed y ante el cabildo de la villa de la Vera Cruz seg\u00fand orden y costumbre de Espa\u00f1a, y que yo estaba presto de la obedescer y cumplir; y que hasta tanto por ning\u00fand interese ni partido har\u00eda lo que \u00e9l dec\u00eda, antes yo y los que conmigo estaban morer\u00edamos en defensa de la tierra, pues la hab\u00edamos ganado y tenido por Vuestra Majestad pac\u00edfica y segura y por no ser traidores y desleales a nuestro rey. Otros muchos partidos me movieron por me atraer a su prop\u00f3sito y ninguno quise aceptar sin ver provisi\u00f3n de Vuestra Alteza por donde lo debiese hacer, la cual nunca me quiso mostrar. Y en conclusi\u00f3n, estos cl\u00e9r\u00edgos y el dicho Andr\u00e9s de Duero y yo quedamos concertados que el dicho Narv\u00e1ez con diez personas y yo con otras tantas nos vi\u00e9semos con seguridad de ambas las partes y que all\u00ed me notificase las provisiones si algunas tra\u00eda, y que yo respondiese. Y yo de mi parte envi\u00e9 el seguro firmado y \u00e9l ansimesmo me invi\u00f3 otro firmado de su nombre, el cual, seg\u00fand me paresci\u00f3, no ten\u00eda pensamiento de guardar, antes concert\u00f3 que en la vista se tuviese forma c\u00f3mo de presto me matasen, y para ello se se\u00f1alaron dos de los diez que con \u00e9l hab\u00edan de venir y que los dem\u00e1s peleasen con los que conmigo hab\u00edan de ir. Porque dec\u00edan que muerto yo era su fecho acabado, como de verdad lo fuera si Dios, que en semejantes casos remedia, no remediara con cierto aviso que de los mismos que eran en la traici\u00f3n me vino juntamente con el seguro que me inviaban. Lo cual sabido, escrib\u00ed una carta al dicho Narv\u00e1ez y otra a los terceros dici\u00e9ndoles c\u00f3mo yo hab\u00eda sabido su mala intenci\u00f3n y que no quer\u00eda ir de aquella manera que ellos ten\u00edan concertado, y luego les invi\u00e9 ciertos requirimientos y mandamientos por el cual requir\u00eda al dicho Narv\u00e1ez que si algunas provisiones de Vuestra Alteza ten\u00eda, me las notificase, y que fasta tanto no se nombrase capit\u00e1n ni justicia ni se entremetiese en cosa alguna de los dichos oficios so cierta pena que para ello le impuse. Y ansimesmo mandaba y mand\u00e9 por el dicho mandamiento a todas las personas que con el dicho Narv\u00e1ez estaban que no tuviesen ni obedescieen al dicho Narv\u00e1ez por tal capit\u00e1n ni justicia, antes dentro de cierto t\u00e9rmino que en dicho mandamiento se\u00f1al\u00e9 paresciesen ante m\u00ed para que yo les dijese lo que deb\u00edan facer en servicio de Vuestra Alteza, con protestaci\u00f3n que lo contrario haciendo, proceder\u00eda contra ellos como contra traidores y aleves y malos vasallos que se rebellaban contra su rey y quieren usurpar sus tierras y se\u00f1or\u00edos y darlas y aposesionar dellas a quien no pertenesc\u00edan ni dellas ha abci\u00f3n ni derecho competente; y que para la ejecuci\u00f3n desto, no paresciendo ante m\u00ed ni haciendo lo contenido en el dicho mi mandamiento, ir\u00eda contra ellos a los prender y castigar conforme a justicia. Y la respuesta que desto hobe del dicho Narv\u00e1ez fue prender al escribano y a la persona que con mi poder les fueron a notificar el dicho mandamiento y tomarles ciertos indios que llevaban, los cuales estuvieron detenidos hasta que lleg\u00f3 otro mensajero que yo invi\u00e9 a saber dellos, ante los cuales tornaron a hacer alarde de toda la gente y a amenazar a ellos y a m\u00ed si la tierra no les entreg\u00e1semos. Y visto que por ninguna v\u00eda yo pod\u00eda escusar tan grand da\u00f1o y mal y que la gente naturales de la tierra se alborotaban y levantaban a m\u00e1s andar, encomend\u00e1ndome a Dios y pospuesto todo el temor del da\u00f1o que se me pod\u00eda seguir, considerando que morir en servicio de mi rey y por defender y amparar sus tierras y no las dejar usurpar a m\u00ed y a los de mi compa\u00f1\u00eda se nos segu\u00eda farta gloria, di mi mandamiento a Gonzalo de Sandoval, alguacil mayor, para prender al dicho Narv\u00e1ez y a los que se llamaban alcaldes y regidores, al cual di ochenta hombres y les mand\u00e9 que fuesen con \u00e9l a los prender, y yo con otros ciento y setenta, que por todos \u00e9ramos ducientos y cincuenta hombres, sin tiro de p\u00f3lvora ni caballo sino a pie sigu\u00ed al dicho alguacil mayor para le ayudar si el dicho Narv\u00e1ez y los otros quisiesen resistir su prisi\u00f3n. Y el d\u00eda que el dicho alguacil mayor y la gente y yo llegamos a la cibdad de Cempoal, donde el dicho Narv\u00e1ez y gente estaba aposentada, supo denuestra ida y sali\u00f3 al campo con ochenta de caballo y cuatrocientos peones sin los dem\u00e1s que dej\u00f3 en su aposento, que era la mesquita mayor de aquella cibdad asaz fuerte, y lleg\u00f3 casi una legua de donde yo estaba. Y como lo que de mi ida sab\u00eda era por lengua de los indios y no me hall\u00f3 crey\u00f3 que le burlaban, y volvi\u00f3se a su aposento, teniendo aprecebida toda su gente, y puso dos esp\u00edas casi una legua de la dicha cibdad. Y como yo deseaba evitar todo esc\u00e1ndalo paresci\u00f3me que ser\u00eda el menos yo ir de noche sin ser sentido, si fuese posible, e ir derecho al aposento del dicho Narv\u00e1ez, que yo y todos los de mi compa\u00f1\u00eda sab\u00edamos muy bien, y prenderlo, porque preso \u00e9l, cre\u00ed que no hobiera esc\u00e1ndalo, porque los dem\u00e1s quer\u00edan obedescer a la justicia, en especial que los dem\u00e1s dellos ven\u00edan por fuerza que el dicho Diego Vel\u00e1zquez les hizo y por temor que no les quitase los indios que en la isla Fernandina ten\u00edan. Y as\u00ed fue que el d\u00eda de Pascua de Esp\u00edr\u00edtu Santo poco m\u00e1s de media noche yo di en el dicho aposento. Y antes top\u00e9 las dichas esp\u00edas que el dicho Narv\u00e1ez ten\u00eda puestas, y las que yo delante llevaba prendieron a la una dellas y la otra se escap\u00f3, de quien me inform\u00e9 de la manera que estaban. Y porque la esp\u00eda que se hab\u00eda escapado no llegase antes que yo y diese mandado de mi venida me di la mayor pr\u00edesa que pude, aunque no pude tanta que la dicha esp\u00eda no llegase primero casi media hora, y cuando llegu\u00e9 al dicho Narv\u00e1ez ya todos los de su compa\u00f1\u00eda estaban armados y ensillados sus caballos y muy a punto, y velaban cada cuarto ducientos hombres. Y llegamos tan sin ruido que cuando fuimos sentidos y ellos tocaron alarma entraba yo por el patio de su aposento, en el cual estaba toda la gente aposentada y junta. Y ten\u00edan tomadas tres o cuatro torres que en \u00e9l hab\u00eda y todos los dem\u00e1s aposentos fuertes. Y en la una de las dichas torres donde el dicho Narv\u00e1ez estaba aposentado ten\u00eda a la entrada della hasta diez y nueve tiros de fuslera, y dimos tanta priesa a subir la dicha torre que no tuvieron lugar de poner fuego m\u00e1s de a un tiro, el cual quiso Dios que no sali\u00f3 ni fizo da\u00f1o ninguno. Y as\u00ed se subi\u00f3 la torre fasta donde el dicho Narv\u00e1ez ten\u00eda su c\u00e1mara, donde \u00e9l y hasta cincuenta hombres que con \u00e9l estaban pelearon con el dicho alguacil mayor y con los que con \u00e9l subieron. Puesto que muchas veces le requiri\u00f3 que se diese a presi\u00f3n por Vuestra Alteza, nunca quisieron fasta que se les puso fuego y con \u00e9l se dieron. Y en tanto que el dicho alguacil mayor prend\u00eda al dicho Narv\u00e1ez, yo con los que conmigo quedaron defend\u00eda la subida de la torre a la dem\u00e1s gente que en su socorro ven\u00eda y fice tomar toda la artiller\u00eda y me fortalec\u00ed con ella, por manera que sin muertes de hombres m\u00e1s de dos que un tiro mat\u00f3, en una hora eran presos todos los que se hab\u00edan de prender. Y tomadas las armas a todos los dem\u00e1s y ellos prometido ser obidientes a la justicia de Vuestra Majestad, diciendo que fasta all\u00ed hab\u00edan sido enga\u00f1ados porque les hab\u00edan dicho que tra\u00edan provisiones de Vuestra Alteza y que yo estaba alzado con la tierra y que era traidor a Vuestra Majestad y les hab\u00edan hecho entender otras muchas cosas, y como todos conoscieron la verdad y la mala intenci\u00f3n y da\u00f1ada voluntad del dicho Diego Vel\u00e1zquez y del dicho Narv\u00e1ez y c\u00f3mo se hab\u00edan movido con mal prop\u00f3sito, todos fueron muy alegres porque as\u00ed Dios lo hab\u00eda fecho y prove\u00eddo. Porque certifico a Vuestra Majestad que si Dios mistiriosamente esto no proveyera y la vitoria fuera del dicho Narv\u00e1ez fuera el mayor da\u00f1o que de mucho tiempo ac\u00e1 en espa\u00f1oles tantos por tantos se ha hecho, porque \u00e9l ejecutara el prop\u00f3sito que tra\u00eda y lo que por Diego Vel\u00e1zquez le era mandado, que era ahorcarme a m\u00ed y a muchos de los de mi compa\u00f1\u00eda porque no hobiese quien del fecho diese raz\u00f3n. Y seg\u00fand de los indios yo me inform\u00e9, ten\u00edan acordado que si a m\u00ed el dicho Narv\u00e1ez prendiese, como \u00e9l les hab\u00eda dicho, que no podr\u00eda ser tan sin da\u00f1o suyo y de su gente que muchos dellos y de los de mi compa\u00f1\u00eda no muriesen, y que entre tanto ellos matar\u00edan a los que yo en la cibdad dejaba, como lo acometieron, y despu\u00e9s se juntar\u00edan y dar\u00edan sobre los que ac\u00e1 quedasen en manera que ellos y su tierra quedasen libres y de los espa\u00f1oles no quedase memoria. Y puede Vuestra Alteza ser muy cierto que si ans\u00ed lo ficieran y salieran con su prop\u00f3sito, de hoy en veinte a\u00f1os no se tornara a ganar y a pacificar la tierra que estaba ganada y pac\u00edfica. Dos d\u00edas despu\u00e9s de preso el dicho Narv\u00e1ez, porque en aquella c\u00edbdad no se pod\u00eda sostener tanta gente junta &#8211; mayormente que ya estaba casi destruida, porque los que con el dicho Narv\u00e1ez estaban en ella la hab\u00edan robado y los vecinos della estaban absentes y sus casas solas &#8211; despach\u00e9 dos capitanes con cada ducientos hombres, el uno para que fuese a hacer el pueblo en el puerto de Qucicacalco que, como a Vuestra Alteza he dicho, de antes inviaba a hacer, y el otro a aquel r\u00edo que los nav\u00edos de Francisco de Garay dijeron que hab\u00edan visto, porque ya lo ten\u00eda seguro. Y ansimismo invi\u00e9 otros ducientos hombres a la villa de la Vera Cruz, donde fice que los nav\u00edos que el dicho Narv\u00e1ez tra\u00eda viniesen. y con la gente dem\u00e1s me qued\u00e9 en la dicha cibdad para proveer lo que al servicio de Vuestra Majestad conven\u00eda. Y despach\u00e9 un mensajero a la cibdad de Temixtit\u00e1n y con \u00e9l hice saber a los espa\u00f1oles que all\u00ed hab\u00eda dejado lo que me hab\u00eda subcedido, el cual dicho mensajero volvi\u00f3 de ah\u00ed a doce d\u00edas y me trajo cartas del alcalde que all\u00ed hab\u00eda quedado en que me hac\u00eda saber c\u00f3mo los indios les hab\u00edan combatido la fortaleza por todas las partes della y pu\u00e9stoles fuego por muchas partes y hecho ciertas minas, y que se hab\u00edan visto en mucho trabajo y peligro y todav\u00eda los mataran si el dicho Mutee\u00e7uma no mandara cesar la guerra, y que a\u00fan los ten\u00eda cercados puesto que no los combat\u00edan, sin dejar salir ninguno dellos dos pasos fuera de la fortaleza; y que les hab\u00edan tomado en el combate mucha parte del bastimento que yo les hab\u00eda dejado y que les hab\u00edan quemado los cuatro bergantines que yo all\u00ed ten\u00eda, y que estaban en muy estrema nescesidad y que por amor de Dios los socorr\u00edese a mucha pr\u00edesa. Y vista la nescesidad en que estos espa\u00f1oles estaban, y quesi no los socorr\u00eda dem\u00e1s de los matar los indios y perderse todo el oro y plata y joyas que en la tierra se hab\u00edan habido as\u00ed de Vuestra Alteza como de espa\u00f1oles y m\u00edo y se perdia la m\u00e1s noble y mejor cibdad de todo lo nuevamente descubierto del mundo, y ella perdida, se perd\u00eda todo lo que estaba ganado por ser la cabeza de todo y a quien todos obedesc\u00edan, y luego despach\u00e9 mensajeros a los capitanes que hab\u00eda inviado con la gente haci\u00e9ndoles saber lo que me hab\u00edan escripto de la grand cibdad, para que luego dondequiera que los alcanzasen volviesen y por el camino prencipal y m\u00e1s cercano se fuesen a la provincia de Tascaltecal, donde yo con la gente estaba en mi compa\u00f1\u00eda, y con toda la artiller\u00eda que pude y con setenta de caballo me fui a juntar con ellos. Y all\u00ed juntos y hecho alarde, se hallaron los dichos setenta de caballo y quinientos peones, y con ellos a la mayor pr\u00edesa que pude me part\u00ed para la dicha cibdad, y en todo el camino nunca me sali\u00f3 a rescebir ninguna persona del dicho Mutee\u00e7uma como antes lo sol\u00edan facer. Y toda la tierra estaba alborotada y casi despoblada, de que conceb\u00ed mala sospecha, creyendo que los espa\u00f1oles que en la dicha cibdad hab\u00edan quedado eran muertos y que toda la gente de la tierra estaba junta esper\u00e1ndome en alg\u00fan paso o parte donde ellos se podr\u00edan aprovechar mejor de m\u00ed. Y con este temor fui al mejor recabdo que pude hasta que llegu\u00e9 a la cibdad de Tesuacan, que, como ya he hecho relaci\u00f3n a Vuestra Majestad, est\u00e1 en la costa de aquella grand laguna. Y all\u00ed pregunt\u00e9 a algunos de los naturales della por los espa\u00f1oles que en la grand cibdad hab\u00edan quedado, los cuales me dijeron que eran vivos. Y yo les dije que me trujesen una canoa porque quer\u00eda inviar un espa\u00f1ol a lo saber, y en tanto que aqu\u00e9l iba hab\u00eda de quedar conmigo un natural de aquella cibdad que paresc\u00eda algo prencipal, porque los se\u00f1ores y prencipales della de quien yo ten\u00eda noticia no paresc\u00eda ninguno. Y \u00e9l mand\u00f3 traer la canoa e invi\u00f3 ciertos indios con el espa\u00f1ol que yo inviaba y se qued\u00f3 conmigo. Y est\u00e1ndose embarcando este espa\u00f1ol para ir a la dicha ciudad de Temixtit\u00e1n vio venir por la mar otra canoa y esper\u00f3 a que llegase al puerto, y en ella ven\u00eda uno de los espa\u00f1oles que hab\u00edan quedado en la dicha cibdad de quien supe que eran vivos todos expceto cinco o seis que los indios hab\u00edan muerto, y que los dem\u00e1s estaban todav\u00eda cercados y que no les dejaban salir de la fortaleza ni les prove\u00edan de cosas que hab\u00edan menester sino por mucha copia de rescate, aunque despu\u00e9s que de mi ida hab\u00edan sabido lo hac\u00edan algo mejor con ellos, y que el dicho Mutee\u00e7uma dec\u00eda que no esperaba sino a que yo fuese para que luego tornasen a andar por la cibdad como antes sol\u00edan. Y con el dicho espa\u00f1ol me invi\u00f3 el dicho Mutee\u00e7uma un mensajero suyo en que me dec\u00eda que ya cre\u00eda que deb\u00eda saber lo que en aquella cibdad hab\u00eda acaescido, y que \u00e9l ten\u00eda pensamiento que por ello yo ven\u00eda enojado y tra\u00eda voluntad de le hacer alg\u00fand da\u00f1o, que me rogaba perdiese el enojo porque a \u00e9l le hab\u00eda pesado tanto cuanto a m\u00ed y que ninguna cosa se hab\u00eda hecho por su voluntad y consentimiento. Y me invi\u00f3 a decir otras cosas para me aplacar la ira que el cre\u00eda que yo tra\u00eda por lo acaescido y que me fuese a la cibdad a aposentar como antes estaba, porque no menos se har\u00eda en ella lo que yo mandase que antes se sol\u00eda facer. Yo le invi\u00e9 a decir que no tra\u00eda enojo ninguno d\u00e9l porque bien sab\u00eda su buena voluntad, y que ans\u00ed como \u00e9l lo dec\u00eda lo har\u00eda yo. Y otro d\u00eda siguiente, que fue v\u00edspra de San Juan Baptista, me part\u00ed, y dorm\u00ed en el camino a tres leguas de la dicha grand cibdad. Y el d\u00eda de Sant Juan despu\u00e9s de haber o\u00eddo misa me part\u00ed, y entr\u00e9 en ella casi a mediod\u00eda y vi poca gente por la cibdad y algunas puertas de las incrucijadas y traviesas de las calles quitadas que no me paresci\u00f3 bien, aunque pens\u00e9 que lo hac\u00edan de temor de lo que hab\u00edan fecho y que entrando yo los asegurar\u00eda, y con esto me fue a la fortaleza, en la cual y en aquella mesquita mayor que estaba junto a ella se aposent\u00f3 toda la gente que conmigo ven\u00eda. Y los que estaban en la fortaleza nos rescibieron con tanta alegr\u00eda como si nuevamente les di\u00e9ramos las vidas, que ya ellos estimaban perdidas, y con mucho placer estuvimos aquel d\u00eda y noche creyendo que ya todo estaba pac\u00edfico. Y otro d\u00eda despu\u00e9s de misa inviaba un mensajero a la villa de la Vera Cruz por les dar buenas nuevas de c\u00f3mo los cristianos eran vivos y yo hab\u00eda entrado en la cibdad y estaba segura, el cual mensajero volvi\u00f3 dende a media hora todo descalabrado y herido dando voces que todos los indios de la cibdad ven\u00edan de guerra y que ten\u00edan todas las puentes alzadas, y junto tras \u00e9l da sobre nosotros tanta multitud de gente por todas partes que ni las calles ni azoteas se paresc\u00edan con gente, la cual ven\u00eda con los mayores allaridos y grita m\u00e1s espantable que en el mundo se puede pensar. Y eran tantas las piedras que nos echaban con hondas dentro en la fortaleza que no paresc\u00eda sino que el cielo las llov\u00eda, y las flechas y tiraderas eran tantas que todas las paredes y patios estaban llenos y casi no pod\u00edamos andar con ellas. Y yo sal\u00ed fuera a ellos por dos o tres partes y pelearon con nosotros muy reciamente, aunque por la una parte sali\u00f3 un capit\u00e1n con ducientos hombres y antes que se pudiese recoger le mataron cuatro e hiri\u00e9ronle a \u00e9l y a muchos de los otros, y por la parte que yo andaba me hirieron a m\u00ed y a muchos de los espa\u00f1oles. Y nosotros matamos pocos dellos porque se nos acog\u00edan de la otra parte de las puentes, y de las azoteas y tejados nos hac\u00edan da\u00f1o con las piedras, de las cuales ganamos algunas y quemamos, pero eran tantas y tan fuertes y de tanta gente pobladas y tan bastecidas de piedras y otros g\u00e9neros de armas que no bast\u00e1bamos para gelas tomar todos ni defendemos que ellos no nos ofendiesen a su placer. En la fortaleza daban tan recio combate que por muchas partes nos pusieron fuego, y por la una se quem\u00f3 mucha parte della sin la poder remediar hasta que la atajamos cortando las paredes y derrocando un pedazo que mat\u00f3 el fuego. Y si no fuera por la mucha guarda que all\u00ed puse de escopeteros y ballesteros y otros tiros de p\u00f3lvora nos entraran a escala vista sin los poder resistir. Ans\u00ed estuvimos peleando todo aquel d\u00eda hasta que fue la noche bien entrada, y aun en ella no nos dejaron sin grita y rebato hasta el d\u00eda. Y aquella noche hice reparar los portillos de aquello quemado y todo lo dem\u00e1s que me paresci\u00f3 que en la fortaleza hab\u00eda flaco, y concert\u00e9 las estancias y gente que en ellas hab\u00eda de estar y la que otro d\u00eda hab\u00edamos de salir a pelear fuera e hice curar los heridos, que eran m\u00e1s de ochenta. Y luego que fue de d\u00eda ya la gente de los enemigos nos comenzaba a combatir muy m\u00e1s reciamente que el d\u00eda pasado, porque estaban en tanta cantidad dellos que los artilleros no ten\u00edan nescesidad de punter\u00eda, sino asestar en los escuadrones de los indios. Y puesto que la artiller\u00eda hac\u00eda mucho da\u00f1o, porque jugaban trece falconetes sin las escopetas y ballestas, hac\u00edan tan poca mella que ni se paresc\u00eda que no lo sent\u00edan, porque por donde llevaba el tiro diez o doce hombres se cerraba luego de gente, que no paresc\u00eda que hac\u00edan da\u00f1o ninguno. Y dejado en la fortaleza el recabdo que conven\u00eda y se pod\u00eda dejar, yo torn\u00e9 a salir y les gan\u00e9 algunas de las puentes y quem\u00e9 algunas casas. Y matamos muchos en ellas que las defend\u00edan, y eran tantos que aunque m\u00e1s da\u00f1o se hiciera hac\u00edamos muy poquita mella. Y a nosotros conven\u00eda pelear todo el d\u00eda y ellos peleaban por horas, que se remudaban y aun les sobraba gente. Tambi\u00e9n hirieron aquel d\u00eda otros cincuenta o sesenta espa\u00f1oles, aunque no muri\u00f3 ninguno. Y peleamos hasta que fue noche, que de cansados nos retrujimos a la fortaleza. Y viendo el grande da\u00f1o que los enemigos nos hacian y c\u00f3mo nos her\u00edan y mataban a su salvo, y que puesto que nosotros hac\u00edamos da\u00f1o en ellos por ser tantos no se paresc\u00eda, toda aquella noche y otro d\u00eda gastamos en hacer tres ingenios de madera. Y cada uno llevaba veinte hombres, los cuales iban dentro porque con las piedras que nos tiraban de las azoteas no los pudiesen ofender, porque iban los ingenios cubiertos de tablas y los que iban dentro eran ballesteros y escopeteros y los dem\u00e1s llevaban picos y azadones y barras de hierro para horadarles las casas y derrocar las albaradas que ten\u00edan fechas en las calles. Y en tanto que estos arteficios se hac\u00edan no cesaba el combate de los contrarios, en tanta manera que como no sal\u00edamos fuera de la fortaleza se quer\u00edan ellos entrar dentro, a los cuales resistimos con harto trabajo. Y el dicho Mutee\u00e7uma, que todav\u00eda estaba preso y un hijo suyo con otros muchos se\u00f1ores que al prencipio se hab\u00edan tomado, dijo que le sacasen a las azoteas de la fortaleza y que \u00e9l hablar\u00eda a los capitanes de aquella gente y les har\u00eda que cesase la guerra. Y yo lo hice sacar, y en llegando a un petril que sal\u00eda fuera de la fortaleza, queriendo hablar a la gente que por all\u00ed combat\u00eda le dieron una pedrada los suyos en la cabeza tan grande que dende a tres d\u00edas muri\u00f3. Y yo lo fice sacar as\u00ed muerto a dos indios que estaban presos, y a cuestas lo llevaron a la gente. Y no s\u00e9 lo que d\u00e9l se hicieron, salvo que no por eso ces\u00f3 la guerra, y muy m\u00e1s recia y muy cruda de cada d\u00eda. Y este d\u00eda llamaron por aquella parte por donde hab\u00edan herido al dicho Mutee\u00e7uma diciendo que me allegase yo all\u00ed, que me quer\u00edan hablar ciertos capitanes, y ans\u00ed lo hice. Y pasamos entre ellos y m\u00ed muchas razones, rog\u00e1ndoles que no peleasen conmigo pues ninguna raz\u00f3n para ello ten\u00edan, y que mirasen las buenas obras que de m\u00ed hab\u00edan rescebido y c\u00f3mo hab\u00edan sido muy bien tratados de m\u00ed. La respuesta suya era que me fuese y que les dejase la tierra y que luego dejar\u00edan la guerra, y que de otra manera que creyese que hab\u00edan de morir todos o dar fin de nosotros. Lo cual, seg\u00fand paresci\u00f3, hac\u00edan porque yo me saliese de la fortaleza para me tomar a su placer al salir de la cibdad entre las puentes. Y yo les respond\u00ed que no pensasen que les rogaba con la paz por temor que les ten\u00eda sino porque me pesaba del da\u00f1o que les fac\u00eda y del que les hab\u00eda de facer y por no destruir tan buena cibdad como aqu\u00e9lla era, y todav\u00eda respond\u00edan que no cesar\u00edan de me dar guerra fasta que saliese de la ciudad. Despu\u00e9s de acabados aquellos ingenios, luego otro d\u00eda sal\u00ed para les ganar ciertas azoteas y puentes, y yendo los ingenios delante y tras ellos cuatro tiros de fuego y otra mucha gente de ballesteros y rodeleros y m\u00e1s de tres mill indios de los naturales de Tescaltecal que hab\u00edan venido conmigo y serv\u00edan a los espa\u00f1oles. Y llegados a una puente, posimos los ingenios arrimados a las paredes de unas azoteas y ciertas escalas que llev\u00e1bamos para las subir. Y era tanta la gente que estaba en defensa de la dicha puente y azoteas y tantas las piedras que de arriba tiraban y tan grandes que nos desconcertaron los ingenios y nos mataron un espa\u00f1ol e hirieron otros muchos sin les poder ganar ni aun un paso aunque pu\u00f1\u00e1bamos mucho por ello, porque peleamos desde la ma\u00f1ana fasta mediod\u00eda que nos volvimos con harta tristeza a la fortaleza, de donde cobraron tanto \u00e1nimo que casi a las puertas nos llegaban. Y tomaron aquella mesquita grande y en la torre m\u00e1s alta y m\u00e1s prencipal della se subieron fasta quinientos indios que, seg\u00fand paresci\u00f3, eran personas prencipales, y en ella subieron mucho mantenimiento de pan y agua y otras cosas de comer y muchas piedras. Y todos los m\u00e1s ten\u00edan lanzas muy largas con unos hierros de perdenal m\u00e1s anchos que los de las nuestras y no menos agudos, y de all\u00ed hac\u00edan mucho da\u00f1o a la gente de la fortaleza porque estaba muy cerca della, la cual dicha torre combatieron los espa\u00f1oles dos o tres veces y la acometieron a sobir, y como era muy alta y ten\u00eda la subida agra, porque tiene ciento y tantos escalones y los de arriba estaban bien pertrechados de piedras y otras armas y favorescidos a cabsa de no les haber podido ganar las otras azoteas, ninguna vez los espa\u00f1oles comenzaban a subir que no volv\u00edan rodando, y her\u00edan mucha gente y los que de las otras partes los v\u00edan cobraban tanto \u00e1nimo que se nos ven\u00edan hasta la fortaleza sin ning\u00fand temor. Y yo viendo que si aquellos sal\u00edan con tener aquella torre dem\u00e1s de nos hacer della mucho da\u00f1o cobraban esfuerzo para nos ofender, sal\u00ed fuera de la fortaleza aunque manco de la mano izquierda de una herida que el primero d\u00eda me hab\u00edan dado, y liada la rodela en el brazo fui a la torre con algunos espa\u00f1oles que me siguieron e h\u00edcela cercar toda por bajo porque se pod\u00eda muy bien hacer, aunque los cercadores no estaban de balde, que por todas partes peleaban con los contrarios, de los cuales por favorescer a los suyos se rescrecieron muchos. Y yo comenc\u00e9 a subir por la escalera de la dicha torre y tras m\u00ed ciertos espa\u00f1oles, y puesto que nos defend\u00edan la subida muy reciamente, y tanto que derrocaron tres o cuatro espa\u00f1oles, con ayuda de Dios y de su gloriosa madre, por cuya casa aquella torre se hab\u00eda se\u00f1alado y puesto en ella su imagen, les subimos la dicha torre. Y arriba peleamos con ellos tanto que les fue forzado saltar della abajo a unas azoteas que ten\u00edan alderredor tan anchas como un paso &#8211; y d\u00e9stas ten\u00eda la dicha torre tres o cuatro, tan altas la una de la otra como tres estados &#8211; y algunos cayeron abajo del todo, que dem\u00e1s del da\u00f1o que resceb\u00edan de la ca\u00edda los espa\u00f1oles que estaban abajo alderredor de la torre los mataban. Y los que en aquellas azoteas quedaron pelearon desde all\u00ed tan reciamente que estuvimos m\u00e1s de tres horas en los acabar de matar por manera que murieron todos, que ninguno escap\u00f3. Y crea Vuestra Sacra Majestad que fue tanto ganalles esta torre que si Dios no les quebrara las alas bastaban veinte dellos para resistir la subida a mill hombres, comoquiera que pelearon muy valientemente hasta que murieron. E fice poner fuego a la torre y a las otras que en la mesquita hab\u00eda, los cuales hab\u00edan ya quitado y llevado las im\u00e1genes que en ellas ten\u00edamos. Algo perdieron del orgullo con haberles tomado esta fuerza, y tanto que por todas partes aflojaron en mucha manera. Y luego torn\u00e9 a aquella azotea y habl\u00e9 a los capitanes que antes hab\u00edan hablado conmigo, que estaban algo desmayados por lo que hab\u00edan visto. Los cuales luego llegaron, y les dije que mirasen que no se podian amparar y que les hac\u00edamos cada d\u00eda mucho da\u00f1o y que murian muchos dellos y quem\u00e1bamos y destru\u00edamos su cibdad, y que no hab\u00eda de parar fasta no dejar della ni dellos cosa alguna. Los cuales me respondieron que bien v\u00edan que receb\u00edan de nos mucho da\u00f1o y que murian muchos dellos, pero que ellos estaban ya determinados de morir todos por nos acabar; y que mirase yo por todas aquellas calles y plazas y azoteas cu\u00e1n llenas de gente estaban, y que ten\u00edan hecha cuenta que a morir veinticinco mill dellos y uno de los nuestros nos acabar\u00edamos nosotros primero, porque \u00e9ramos pocos y ellos muchos; y que me hac\u00edan saber que todas las calzadas de las entradas de la cibdad eran deshechas &#8211; como de hecho pasaba, que todas las hab\u00edan deshecho excepto una &#8211; y que ninguna parte ten\u00edamos por do salir sino por el agua, y que bien sab\u00edan que ten\u00edamos pocos mantenimientos y poca agua dulce, que no pod\u00edamos durar mucho que de hambre no nos muri\u00e9semos aunque ellos no nos matasen. Y de verdad que ellos ten\u00edan mucha raz\u00f3n, que aunque no tuvi\u00e9ramos otra guerra sino la hambre y nescesidad de mantenimientos bastaba para morir todos en breve tiempo. Y pasamos otras muchas razones, favoresciendo cada uno sus partidos. Ya que fue de noche sal\u00ed con ciertos espa\u00f1oles, y como los tom\u00e9 descuidados gan\u00e1mosles una calle donde les quemamos m\u00e1s de trecientas casas, y luego volv\u00ed por otra ya que all\u00ed acud\u00eda la gente y ansimesmo quem\u00e9 muchas casas della, en especial ciertas azoteas que estaban junto a la fortaleza de donde nos hac\u00edan mucho da\u00f1o. Y con lo que aquella noche se les hizo rescibieron mucho temor, y en esta mesma noche hice tornar a adreszar los ingenios que el d\u00eda antes nos hab\u00edan desconcertado. Y por seguir la vitoria que Dios nos daba sal\u00ed en amanesciendo por aquella calle donde el d\u00eda antes nos hab\u00edan desbaratado, donde no menos defensa hallamos que primero. Pero como nos iban las vidas y la honra, porque por aquella calle estaba sana la calzada que iba hasta la tierra firme aunque hasta llegar a ella hab\u00eda ocho puentes muy grandes y hondas y toda la calle de muchas y altas azoteas y torres, pusimos tanta determinaci\u00f3n y \u00e1nimo que, ayud\u00e1ndonos Nuestro Se\u00f1or, les ganamos aquel d\u00eda las cuatro. Y se quemaron todas las azoteas y casas y torres que hab\u00eda hasta la postrera dellas, aunque por lo de la noche pasada ten\u00edan en todas las puentes hechas muchas y muy fuertes albarradas de adobes y barro en manera que los tiros y ballestas no les pod\u00edan hacer da\u00f1o, las cuales dichas cuatro puentes cegamos con los adobes y tierra de las albarradas y con mucha piedra y madera de las casas quemadas, aunque todo no fuera tan sin peligro que no hiriesen a los espa\u00f1oles. Aquella noche puse mucho recabdo en guardar aquellas puentes porque no las tomasen a ganar. Y otro d\u00eda de ma\u00f1ana torn\u00e9 a salir, y Dios nos dio ansimesmo tan buena dicha y vitoria que aunque era innumerable gente que defend\u00eda las otras puentes y albarradas y ojos que aquella noche hab\u00edan hecho, se las ganamos todas y las cegamos. Ansimesmo fueron ciertos de caballo siguiendo el alcance y vitoria hasta la tierra firme. Y estando yo reparando aquellas puentes y haci\u00e9ndolas cegar vini\u00e9ronme a llamar a mucha priesa, diciendo que los indios que combat\u00edan la fortaleza ped\u00edan paces y me estaban esperando all\u00ed ciertos se\u00f1ores capitanes dellos. Y dejando all\u00ed toda la gente y ciertos tiros me fui solo con dos de caballo a ver lo que aquellos prencipales quer\u00edan, los cuales me dijeron que si yo les aseguraba que por lo hecho no ser\u00edan punidos, que ellos har\u00edan alzar el cerco y tomar a poner los puentes y hacer las calzadas y servir\u00edan a Vuestra Majestad como antes lo fac\u00edan. Y rog\u00e1ronme que ficiese traer all\u00ed uno como religioso de los suyos que yo ten\u00eda preso, el cual era como general de aquella relisi\u00f3n, el cual vino y les habl\u00f3 y dio concierto entre ellos y m\u00ed, y luego paresci\u00f3 que inviaban mensajeros, seg\u00fan ellos dijeron, a los capitanes y a la gente que ten\u00edan en las estancias a decir que cesasen el combate que daban a la fortaleza y toda la otra guerra, y con esto nos despedimos. Y yo met\u00edme a la fortaleza a comer, y en comenzando, vinieron a mucha priesa a me decir que los indios hab\u00edan tomado a ganar las puentes que aquel d\u00eda les hab\u00edamos ganado y que hab\u00edan muerto ciertos espa\u00f1oles, de que Dios sabe cu\u00e1nta alteraci\u00f3n resceb\u00ed, porque yo no pens\u00e9 que hab\u00eda m\u00e1s de hacer con tener ganada la salida. Y cabalgu\u00e9 a la mayor priesa que pude y corr\u00ed por toda la calle adelante con algunos de caballo que me siguieron, y sin detenerme en alguna parte torn\u00e9 a romper por los dichos indios y les torn\u00e9 a ganar las puentes y fui en alcance dellos hasta la tierra firme. Y como los peones estaban cansados y heridos y atemorizados y vi al presente el grand\u00edsimo peligro ninguno me sigui\u00f3, a cuya causa, despu\u00e9s de pasadas yo las puentes, ya que me quise volver las hall\u00e9 tomadas y ahondadas mucho de lo que hab\u00edamos cegado, y por la una parte y por la otra de la calzada llena de gente ans\u00ed en la tierra como en el agua en canoas, la cual nos garrochaba y apedreaba en tanta manera que si Dios mistiriosamente no nos quisiera salvar era imposible escapar de all\u00ed, y aun ya era p\u00fablico entre los que quedaban en la cibdad que yo era muerto. Y cuando llegu\u00e9 a la postrera puente de hacia la cibdad hall\u00e9 a todos los de caballo que conmigo iban ca\u00eddos en ella y un caballo suelto, por manera que yo no pude pasar y me fue forzado de revolver solo contra los enemigos. Y con aquello fice alg\u00fand tanto de lugar para que los caballos pudiesen pasar, y yo fall\u00e9 la puente desembarazada y pas\u00e9 aunque con harto trabajo, porque hab\u00eda de la una parte a la otra casi un estado de saltar con el caballo. Y all\u00ed me dieron muchas pedradas, las cuales por ir yo y \u00e9l bien armados no nos hirieron m\u00e1s de atormentar el cuerpo. Y as\u00ed quedaron aquella noche con vitoria y ganadas las dichas cuatro puentes, y yo dej\u00e9 en las otras cuatro buen recabdo y fui a la fortaleza e hice hacer una puente de madera que levaba cuarenta hombres. Y viendo el grand peligro que en que est\u00e1bamos y el mucho da\u00f1o que los indios cada d\u00eda nos hac\u00edan, y temiendo que tambi\u00e9n desficiesen aquella calzada como las otras, y desfecha, era forzado morir todos, y porque de todos los de mi compa\u00f1\u00eda fui requerido muchas veces que me saliese, y porque todos o los m\u00e1s estaban heridos y tan mal que no pod\u00edan pelear, acord\u00e9 de lo facer aquella noche, Y tom\u00e9 todo el oro y joyas de Vuestra Majestad que se pod\u00edan sacar y p\u00faselo en una sala y all\u00ed lo entregu\u00e9 en ciertos l\u00edos a los oficiales de Vuestra Alteza que yo en su real nombre ten\u00eda se\u00f1alados, y a los alcaldes y regidores y a toda la otra gente que all\u00ed estaba les rogu\u00e9 y requer\u00ed que me ayudasen a lo sacar y salvar, y di una yegua m\u00eda para ello en la cual se carg\u00f3 tanta parte cuanta yo pod\u00eda llevar, y se\u00f1al\u00e9 ciertos espa\u00f1oles, as\u00ed criados m\u00edos como de los otros, que viniesen con el dicho oro y yegua, y lo dem\u00e1s los dichos oficiales y alcaldes y regidores y yo lo dimos y repartimos por los espa\u00f1oles para que lo sacasen. Y desamparada la fortaleza con mucha riqueza ans\u00ed de Vuestra Alteza como de los espa\u00f1oles y m\u00eda, me sal\u00ed lo m\u00e1s secreto que yo pude sacando conmigo un hijo y dos hijas del dicho Mutee\u00e7uma y a Cacamacin, se\u00f1or de Aculmac\u00e1n, y al otro su hermano que yo hab\u00eda puesto en su lugar y a otros se\u00f1ores de provincias y cibdades que all\u00ed ten\u00eda presos. Y llegando a las puentes que los indios ten\u00edan quitadas, a la primera dellas se ech\u00f3 la puente que yo tra\u00eda hecha con poco trabajo, porque no hobo quien la resistiese exceto ciertas velas que en ellas estaban, las cuales apellidaban tan recio que antes de llegar a la segunda estaba infinita gente de los contrarios sobre nosotros combati\u00e9ndonos por todas partes, as\u00ed desde el agua como de la tierra. Y yo pas\u00e9 presto con cinco de caballo y con cient peones, con los cuales pas\u00e9 a nado todas las puentes y las gan\u00e9 hasta la tierra firme. Y dejando aquella gente en la delantera torn\u00e9 a la rezaga, donde hall\u00e9 que peleaban reciamente y que eran sin comparaci\u00f3n el da\u00f1o que los nuestros resceb\u00edan, ans\u00ed los espa\u00f1oles como los indios de Tascaltecal que con nosotros estaban, y as\u00ed a todos los mataron, y a muchos naturales de los espa\u00f1oles, y asimismo hab\u00edan muerto muchos espa\u00f1oles y caballos, y perdido todo el oro y joyas y ropa y otras muchas cosas que sac\u00e1bamos y toda el artiller\u00eda. Y recogidos los que estaban vivos, ech\u00e9 los delante, y yo con tres o cuatro de caballo y fasta veinte peones que osaron quedar conmigo me fui en la rezaga peleando con los indios fasta llegar a una cibdad que se dice Tacuba que est\u00e1 fuera de la calzada, de que Dios sabe c\u00faanto trabajo y peligro resceb\u00ed, porque todas las veces que volv\u00eda sobre los contrarios sal\u00eda lleno de flechas y varas y apedreado, porque como era agua de la una parte y de la otra her\u00edan a su salvo sin temor. Y los que sal\u00edan a tierra luego volv\u00edamos sobre ellos y saltaban al agua, as\u00ed que resceb\u00edan muy poco da\u00f1o si no eran algunos que con los muchos entropezaban unos con otros y ca\u00edan, y aquellos mor\u00edan. Y con este trabajo y fatiga llev\u00e9 toda la gente fasta la dicha cibdad de Tacuba sin me matar ni herir ning\u00fand espa\u00f1ol ni indio si no fue uno de los de caballo que iba conmigo en la rezaga, y no menos peleaban ans\u00ed en la delantera como por los lados, aunque la mayor fuerza era en las espaldas, por do ven\u00eda la gente de la gran cibdad. Y llegado a la dicha cibdad de Tacuba, hall\u00e9 toda la gente remolinada en una plaza que no sab\u00edan donde ir, a los cuales yo di pr\u00edesa que se saliesen al campo antes que se recreciese m\u00e1s gente en la dicha cibdad y tomasen las azoteas, porque nos har\u00edan dellas mucho da\u00f1o. Y los que llevaban la delantera dijeron que no sab\u00edan por d\u00f3nde hab\u00edan de salir, y yo los hice quedar en la rezaga y tom\u00e9 la delantera hasta los sacar fuera de la dicha cibdad, y esper\u00e9 en unas labranzas. Y cuando lleg\u00f3 la rezaga supe que hab\u00edan rescebido alg\u00fan da\u00f1o y que hab\u00edan muerto algunos espa\u00f1oles &#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;. ten\u00edan se hab\u00eda ido con los de Cul\u00faa al tiempo que por all\u00ed los hab\u00edamos corrido creyendo que no par\u00e1ramos hasta su pueblo, y que muchos d\u00edas hab\u00eda que ellos quisieran mi amistad y haberse venido a ofrescer por vasallos de Vuestra Majestad, sino que aquel se\u00f1or no los dejaba ni hab\u00eda querido puesto que ellos muchas veces gelo hab\u00edan requerido y dicho; y que agora ellos quer\u00edan servir a Vuestra Alteza y que all\u00ed hab\u00eda quedado un hermano del dicho se\u00f1or, el cual siempre hab\u00eda sido de su opini\u00f3n y prop\u00f3sito y agora ansimesmo lo era; y que me rogaban que tuviese por bien que aqu\u00e9l suscediese en el se\u00f1or\u00edo, que aunque el otro volviese que no consintiese que por se\u00f1or fuese rescebido, y que ellos tampoco lo rescebir\u00edan. Y yo les dije que por haber sido fasta all\u00ed de la liga y parcialidad de los de Cul\u00faa y se haber rebelado contra el servicio de Vuestra Majestad eran dinos de mucha pena y que ans\u00ed ten\u00eda pensado de la ejecutar en sus personas y haciendas, pero que pues hab\u00edan venido y dec\u00edan que la causa de su rebelli\u00f3n y alzamiento hab\u00eda sido aquel se\u00f1or que ten\u00edan, que yo en nombre de Vuestra Majestad les perdonaba el yerro pasado y los rescib\u00eda y admit\u00eda a su real servicio; y que les aperceb\u00eda que si otra vez semejante yerro cometiesen ser\u00edan punidos y castigados, y que si leales vasallos de Vuestra Alteza fuesen ser\u00edan de m\u00ed en su real nombre muy favorescidos y ayudados. Y ans\u00ed lo prometieron. Esta cibdad de Guacachulla est\u00e1 asentada en un llano arrimada por la una parte a unos muy altos y \u00e1speros cerros, y por la otra todo el llano la cercan dos r\u00edos dos tiros de ballesta el uno del otro que cada uno tiene muy altos y grandes barrancos, y tanto que para la cibdad hay por ellos muy pocas entradas, y las que hay son \u00e1speras de bajar y subir, que apenas las pueden bajar y subir cabalgando. Y toda la cibdad est\u00e1 cercada de muy fuerte muro de cal y canto tan alto como cuatro estados por de fuera de la cibdad y por de dentro est\u00e1 casi igual con el suelo, y por toda la muralla va su petril tan alto como medio estado para pelear. Tiene cuatro entradas tan anchas como uno puede entrar a caballo, y hay en cada entrada tres o cuatro vueltas de la cerca que encabalga el un lienzo en el otro, y hacia aquellas vueltas hay tambi\u00e9n encima de la muralla su petril para pelear. En toda la cerca tienen mucha cantidad de piedras grandes y peque\u00f1as y de todas maneras con que pelean. Ser\u00e1 esta cibdad de hasta cinco o seis mill vecinos, y tern\u00e1 de aldeas a ella subjectas otros tantos y m\u00e1s. Tiene muy grand sitio, porque de dentro della hay muchas huertas y frutas y olores a su costumbre. Y despu\u00e9s de haber reposado en esta dicha cibdad tres dias, fuemos a otra cibdad que se dice Yz\u00e7ucan que esta cuatro leguas d\u00e9sta de Buacachula, porque fui informado que en ella ansimismo hab\u00eda mucha gente de los de Cul\u00faa en guarnici\u00f3n, y que los de la dicha cibdad y otras villas y lugares sus sufraganos eran y se mostraban muy parciales de los de Cul\u00faa porque el se\u00f1or della era su natural y aun pariente de Mutee\u00e7uma. E iba en mi compa\u00f1\u00eda tanta gente de los naturales de la tierra, vasallos de Vuestra Majestad, que casi cubr\u00edan los campos y sierras que pod\u00edamos alcanzar a ver, y de verdad hab\u00eda m\u00e1s de ciento veinte mill hombres. Y llegamos sobre la dicha cibdad de Yz\u00e7ucan a hora de las diez, y estaba despoblada de mujeres y gente menuda y hab\u00eda en ella hasta cinco o seis mill hombresde guerra muy bien adreszados. Y como los espa\u00f1oles llegamos delante comenzaron algo a defender su cibdad, pero en poco rato la desampararon, porque por la parte que fuimos guiados para entrar en ella estaba razonable entrada. Y seguimoslos por toda la cibdad hasta que los hecimos saltar por cima de los adarves a un r\u00edo que por la otra parte la cerca toda, del cual ten\u00edan quebradas las puentes. Y nos detuvimos algo en pasar y seguimos el alcance hasta legua y media m\u00e1s, en que creo se escaparon pocos de aquellos que all\u00ed quedaron. Y vueltos a la cibdad, invi\u00e9 dos de los naturales della que estaban presos a que hablasen a las personas prencipales de la dicha cibdad, porque el se\u00f1or della se hab\u00eda tambi\u00e9n ido con los de Cul\u00faa que estaban all\u00ed en guarnici\u00f3n, para que los hiciesen volver a su cibdad, y que yo les promet\u00eda en nombre de Vuestra Majestad que siendo ellos leales vasallos de Vuestra Alteza de all\u00ed adelante ser\u00edan de m\u00ed muy bien tratados y perdonados de rebeli\u00f3n y yerro pasado. Y los dichos naturales fueron, y de ah\u00ed a tres d\u00edas vinieron algunas personas prencipales y pidieron perd\u00f3n de su yerro diciendo que no hab\u00edan podido m\u00e1s porque hab\u00edan hecho lo que su se\u00f1or les mand\u00f3, y que ellos promet\u00edan de ah\u00ed en delante, pues que su se\u00f1or era ido y dej\u00e1dolos, de servir a Vuestra Majestad muy bien y lealmente. Y yo les asegur\u00e9 y dije que se viniesen a sus casas y trajesen a sus mujeres e hijos, que estaban en otros lugares y villas de su parcialidad. Y les dije que hablasen ansimesmo a los naturales dellas para que viniesen a m\u00ed y que yo les perdonaba lo pasado, y que no quisiesen que yo hobiese de ir sobre ellos porque rescibir\u00edan mucho da\u00f1o, de lo cual me pesar\u00eda mucho. Y as\u00ed fue fecho. De ah\u00ed a tres d\u00edas se torn\u00f3 a poblar la dicha cibdad de Yz\u00e7ucan y todos los sufraganos della vinieron a se ofrecer por vasallos de Vuestra Alteza, y qued\u00f3 toda aquella provincia muy segura y por nuestros amigos y confederados con los de Buacachula. Porque hobo cierta diferencia sobre a quien pertenesc\u00eda el se\u00f1or\u00edo de aquella cibdad y provincia de Yz\u00e7ucan por absencia del que se hab\u00eda ido a M\u00e9syco, y puesto que hobo algunas contradiciones y parcialidades entre un hijo bastardo del se\u00f1or natural de la tierra, que hab\u00eda sido muerto por Mutee\u00e7uma, y puesto el que a la saz\u00f3n era y cas\u00e1dole con una sobrina suya, y entre un nieto del dicho se\u00f1or natural hijo de su hija leg\u00edtima, la cual estaba casada con el se\u00f1or de Buacachula y hab\u00eda habido aquel hijo, nieto del dicho se\u00f1or natural de Yz\u00e7ucan, se acord\u00f3 entre ellos que heredase el dicho se\u00f1or\u00edo aquel hijo del se\u00f1or de Buacachula, que ven\u00eda de leg\u00edtima l\u00ednea de los se\u00f1ores de all\u00ed; y puesto que el otro fuese hijo, que por ser bastardo no deb\u00eda de ser se\u00f1or. Y as\u00ed qued\u00f3, y obedescieron en mi presencia aquel mochacho que es de edad de hasta diez a\u00f1os y que por no ser de edad para gobernar, que aquel su t\u00edo bastardo y otros tres prencipales, uno de la cibdad de Buacachula y los dos de la de Yz\u00e7ucan, fuesen gobernadores de la tierra y tuviesen el mochacho en su poder hasta tanto que fuese de edad para gobernar. Esta cibdad de Yz\u00e7ucan ser\u00e1 de hasta tres o cuatro mill vecinos. Es muy concertada en sus calles y trato. Ten\u00eda cient casas de mesquitas y oratorios muy fuertes con sus torres, las cuales todas se quemaron. Est\u00e1 en un llano a la halda de un cerro mediano donde tiene una muy buena fortaleza, y por la otra parte de hacia el llano est\u00e1 cercada de un hondo r\u00edo que pasa junto a la cerca. Y est\u00e1 cercada de la barranca del r\u00edo que es muy alta, y sobre la barranca hecho un petril toda la cibdad en torno tan alto como un estado. Ten\u00eda por toda esta cerca muchas piedras. Tiene un valle redondo muy f\u00e9rtil de frutas y algod\u00f3n, que en ninguna parte de los puertos arriba se hace por la gran frialdad. Y all\u00ed es tierra caliente, y c\u00e1usalo que est\u00e1 muy bien abrigada de sierras. Todo este valle se riega por muy buenas acequias, que tienen muy bien sacadas y concertadas. En esta cibdad estuve hasta la dejar muy poblada y pac\u00edfica. Y a ella vinieron ansimesmo a se ofrescer por vasallos de Vuestra Majestad el se\u00f1or de una cibdad que se dice Buagocingo y el se\u00f1or de otra cibdad que est\u00e1 que est\u00e1 a diez leguas d\u00e9sta de Yz\u00e7ucan y son fronteros de la tierra de M\u00e9syco. Tambi\u00e9n vinieron de ocho pueblos de la provincia de Coastoaca, que es una de que en los cap\u00edtulos antes d\u00e9ste hice minci\u00f3n que hab\u00edan visto los espa\u00f1oles que yo invi\u00e9 a buscar oro a la provincia de Zuzula, donde &#8211; y en la de Tanlazula, porque est\u00e1 junto a ella &#8211; dije que hab\u00eda muy grandes poblaciones y casas muy bien obradas de mejor canter\u00eda que en ninguna destas partes se hab\u00eda visto, la cual dicha provincia de Coastoaca est\u00e1 cuarenta leguas de all\u00ed de Yz\u00e7ucan. Y los naturales de los dichos ocho pueblos se ofrecieron ansimesmo por vasallos de Vuestra Alteza y dijeron que otros cuatro que restaban en la dicha provincia vern\u00edan muy presto, y me dijeron que les perdonase porque antes no hab\u00edan venido, que la causa hab\u00eda sido no osar por temor de los de Cul\u00faa, porque ellos nunca hab\u00edan tomado armas contra m\u00ed ni hab\u00edan sido en muerte de ning\u00fand espa\u00f1ol, y que siempre despu\u00e9s que al servicio de Vuestra Alteza se hab\u00edan ofrescido hab\u00edan sido buenos y leales vasallos suyos en sus voluntades, pero que no las hab\u00edan osado magnifestar por temor a los de Cul\u00faa. De manera que puede Vuestra Alteza ser muy cierto que siendo Nuestro Se\u00f1or servido en su real ventura, en muy breve tiempo se tornar\u00e1 a ganar lo perdido o mucha parte dello, porque de cada d\u00eda se vienen a ofrescer por vasallos de Vuestra Majestad de muchas provincias y cibdades que antes eran subjetas a Mutee\u00e7uma, viendo que los que ans\u00ed lo hacen son de m\u00ed muy bien rescibidos y tratados, y los que al contrario, de cada d\u00eda destruidos. De los que en la cibdad de Buacachula se prendieron, en especial de aquel herido, supe muy por extenso las cosas de la grand cibdad de Timixtit\u00e1n, y c\u00f3mo despu\u00e9s de la muerte de Mutee\u00e7uma hab\u00eda subscedido en el se\u00f1or\u00edo un hermano suyo se\u00f1or de la cibdad de Yztapalapa que se llamaba Cuetrava\u00e7in, el cual suscedi\u00f3 en el se\u00f1or\u00edo porque muri\u00f3 en las puentes el hijo de Mutee\u00e7uma que heredaba el se\u00f1or\u00edo. Y otros dos hijos suyos que quedaron vivos, el uno dizque es loco y el otro perl\u00e1tico, y a esta causa dec\u00edan aquellos que hab\u00eda heredado aquel hermano suyo, y tambi\u00e9n porque \u00e9l nos hab\u00eda hecho la guerra y porque lo ten\u00edan por valiente hombre muy prudente. Supe ansimesmo como se fortalec\u00eda ans\u00ed en la cibdad como en todas las otras de su se\u00f1or\u00edo y hac\u00eda muchas cercas y cavas y fosados y muchos g\u00e9neros de armas, en especial supe que hac\u00edan lanzas largas como picas para los caballos, y aun ya habemos visto algunas dellas porque en esta provincia de Tepeaca se hallaron algunas con que pelearon, y en los ranchos y aposentos en que la gente de Cul\u00faa estaba en Buacachula se hallaron ansimesmo muchas dellas. Otras muchas cosas supe que por no dar a Vuestra Alteza importunidad dejo. Yo inv\u00edo a la isla Espa\u00f1ola cuatro nav\u00edos para que luego vuelvan cargados de caballos y gente para nuestro socorro. Y ansimesmo inv\u00edo a comprar otros cuatro para que desde la dicha Espa\u00f1ola y cibdad de Santo Domingo trayan caballos y armas y ballestas y p\u00f3lvora porque esto es lo que en estas partes es m\u00e1s nescesario, porque peones rodelleros aprovechan muy poco solos, por ser tanta cantidad de gente y tener tan fuertes y grandes cibdades y fortalezas. Y escribo al licenciado Rodrigo de Figueroa y a los oficiales de Vuestra Alteza que residen en la dicha isla que den para ello todo el favor y ayuda que ser pudiere porque as\u00ed conviene mucho al servicio de Vuestra Alteza y a la seguridad de nuestras personas, porque veniendo esta ayuda y socorro pienso volver sobre aquella grand cibdad y su tierra. Y creo, como ya a Vuestra Majestad he dicho, que en muy breve tomar\u00e1 al estado en que antes yo la ten\u00eda y se restaurar\u00e1n las p\u00e9rdidas pasadas. Y en tanto, yo quedo haciendo doce bergantines para entrar por la laguna, y est\u00e1nse labrando ya la tablaz\u00f3n y piezas dellos porque ans\u00ed se han de llevar por tierra, porque en llegando se liguen y acaben en poco tiempo. Y ansimesmo se hace clavaz\u00f3n para ellos, y est\u00e1 aparejada pez y estopa y velas y remos y las otras cosas para ello nescesarias. Y certifico a Vuestra Majestad que hasta consiguir este fin no pienso tener descanso ni cesar para ello todas las formas y maneras a m\u00ed posibles, posponiendo para ello todo el peligro y trabajo y costa que se me puede ofrescer. Habr\u00e1 dos o tres d\u00edas que por carta del teniente que en mi lugar est\u00e1 en la villa de la Vera Cruz supe c\u00f3mo al puerto de la dicha villa hab\u00eda llegado una carabela peque\u00f1a con hasta treinta hombres de mar y tierra, que diz que ven\u00edan a buscar a la gente que Francisco de Garay hab\u00eda inviado a esta tierra, de que ya a Vuestra Alteza he hecho relaci\u00f3n, y c\u00f3mo hab\u00eda llegado con mucha nescesidad de bastimentos, y tanta, que si no hobieran hallado all\u00ed socorro se murieran de sed y hambre. Y supe dellos c\u00f3mo hab\u00edan llegado al r\u00edo de P\u00e1nuco y estado en \u00e9l d\u00edas surtos y no hab\u00edan visto gente en todo el r\u00edo y tierra, de donde se cree que a cabsa de lo que all\u00ed suscedi\u00f3 se ha despoblado aquella tierra. Y asimismo dijo la gente de la dicha carabela que luego tras ellos hab\u00edan de venir otros dos nav\u00edos del dicho Francisco de Garay con gente y caballos, y que cre\u00edan que eran ya pasados la costa abajo. Y paresci\u00f3me que cumpl\u00eda al servicio de Vuestra Alteza porque aquellos nav\u00edos y gente que en ellos iban no se pierda y yendo desprove\u00eddos del aviso de las cosas de la tierra los naturales no hiciesen en ellos m\u00e1s da\u00f1o de lo que a los primeros hicieron, inviar la dicha carabela en busca de los dos nav\u00edos para que los avisen de lo pasado y se viniesen al puerto de la dicha villa donde el capit\u00e1n que invi\u00f3 el dicho Francisco de Garay primero estaba esper\u00e1ndolos. Plega a Dios que los halle y a tiempo que no hayan salido en tierra, porque seg\u00fand los naturales ya est\u00e1n sobre aviso y los espa\u00f1oles sin \u00e9l temo rescebir\u00e1n mucho da\u00f1o. Y dello Dios Nuestro Se\u00f1or y Vuestra Alteza ser\u00e1n muy deservidos, porque ser\u00eda encarnar m\u00e1s aquellos perros de lo que est\u00e1n encarnados y darles m\u00e1s \u00e1nimo y osad\u00eda para acometer a los que adelante fueren. En un cap\u00edtulo antes d\u00e9stos he dicho c\u00f3mo hab\u00eda sabido que por muerte de Mutee\u00e7uma hab\u00edan alzado por se\u00f1or a su hermano que se dice Cuetrava\u00e7in, el cual aparejaba muchos g\u00e9neros de armas y se fortalec\u00eda en la gran cibdad y en otras cibdades cerca de la laguna. Y agora de poco ac\u00e1 he asimesmo sabido que el dicho Cuetravacin ha inviado sus mensajeros por todas las tierras y provincias y cibdades subjetas a aquel se\u00f1or\u00edo a decir y certificar a sus vasallos que \u00e9l les hace gracia por un a\u00f1o de todos los tributos y servicios que son obligados a le hacer, y que no le den ni paguen cosa alguna con tanto que por todas las maneras que pudiesen hiciesen muy cruel guerra a todos los cristianos hasta los matar o echar de toda la tierra, y que asimesmo la hiciesen a todos los naturales que fuesen nuestros amigos y aliados. Y aunque tengo esperanza en Nuestro Se\u00f1or que en ninguna cosa saldr\u00e1 con su intenci\u00f3n y prop\u00f3sito, h\u00e1llome en muy extrema nescesidad para socorrer y ayudar a los indios nuestros amigos, porque cada d\u00eda vienen de muchas cibdades y villas y poblaciones a pedir socorro contra los indios de Cul\u00faa, sus enemigos y nuestros, que les hacen guerra cuanta pueden a causa de tener nuestra amistad y alianza, y yo no puedo socorrer a todas partes como querr\u00eda. Pero, como digo, placer\u00e1 a Nuestro Se\u00f1or, suplir\u00e1 nuestras pocas fuerzas e inviar\u00e1 presto el socorro, ans\u00ed el suyo como el que yo inv\u00edo a pedir a la Espa\u00f1ola. Por lo que yo he visto y comprehendido cerca de la similitud que toda esta tierra tiene a Espa\u00f1a, ans\u00ed en la fertelidad como en la grandeza y fr\u00edos que en ella hace y en otras muchas cosas que la equiparan a ella, me paresci\u00f3 que el m\u00e1s conveniente nombre para esta dicha tierra era llamarse la Nueva Espa\u00f1a del Mar Oc\u00e9ano, y ans\u00ed en nombre de Vuestra Majestad se le puso aqueste nombre. Humillmente suplico a Vuestra Alteza lo tenga por bien y mande que se nombre ans\u00ed Yo he escr\u00edpto a Vuestra Majestad, aunque mal dicho, la verdad de todo lo suscedido en estas partes y aquello de que m\u00e1s nescesidad hay de hacer saber a Vuestra Alteza. Y por otra m\u00eda que va con la presente inv\u00edo a suplicar a Vuestra Real Exelencia mande inviar una persona de confianza que haga inquisici\u00f3n y pesquisa de todo e informe a Vuestra Sacra Majestad dello. Tambi\u00e9n en \u00e9sta lo torno humillmente a suplicar, porque en tan se\u00f1alada merced lo tern\u00e9 como en dar entero cr\u00e9dito a lo que escribo. Muy Alto y Muy Exelent\u00edsimo Pr\u00edncipe: Dios Nuestro Se\u00f1or la vida y muy real persona y muy poderoso estado de Vuestra Sacra Majestad conserve y abmente por muy largos tiempos, con acrecentamiento de muy mayores reinos y se\u00f1or\u00edos como su real coraz\u00f3n desea. &#8211; De la villa Segura de la Frontera desta Nueva Espa\u00f1a, a de 30 otobre de 1520 a\u00f1os. De Vuestra Sacra Majestad muy humill siervo y vasallo, que los muy reales pies y manos de Vuestra Alteza besa. [Fernando Cort\u00e9s] [Despu\u00e9s d\u00e9sta, en el mes de marzo primero que pas\u00f3 vinieron nuevas de la dicha Nueva Espa\u00f1a c\u00f3mo los espa\u00f1oles hab\u00edan tomado por fuerza la grande ciudad de Temixtit\u00e1n, en la cual murieron m\u00e1s indios que en Jerusal\u00e9n jud\u00edos en la destruici\u00f3n que hizo Vespasiano, y en ella asimesmo hab\u00eda m\u00e1s n\u00famero de gente que en la dicha cibdad santa. Hallaron poco tesoro a causa que los naturales lo hab\u00edan echado y sumido en las lagunas. Solos ducientos mill pesos tomaron. Y quedaron muy fortalecidos en la dicha cibdad los espa\u00f1oles, de los cuales hay al presente en ella mill y quinientos peones y quinientos de caballo. Y tiene[n] m\u00e1s de cient mill de los naturales de la tierra en el campo en su favor. Son cosas grandes y estra\u00f1as y es otro mundo sin duda, que de s\u00f3lo verlo tenemos harta cobdicia los que a los confines d\u00e9l estamos. Estas nuevas son hasta prencipio de abril de 1522 a\u00f1os, las que ac\u00e1 tenemos dignas de fee.]<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SEGUNDA RELACI\u00d3N &#8211; Parte 3 Y por no ser m\u00e1s prolijo en la relaci\u00f3n de las cosas desta grand cibdad (aunque no acabar\u00eda tan a\u00edna) no quiero decir m\u00e1s sino que en su servicio y trato de la gente della hay la manera casi de vevir que en Espa\u00f1a y\u2026<\/p>\n<p class=\"continue-reading-button\"> <a class=\"continue-reading-link\" href=\"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/cartas-de-relacion-de-hernan-cortes-ii-iii\/\">Seguir leyendo&#8230;<i 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