{"id":1229,"date":"2011-02-22T12:26:17","date_gmt":"2011-02-22T10:26:17","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cultureduca.com\/blog\/?p=1229"},"modified":"2018-12-22T03:12:59","modified_gmt":"2018-12-22T01:12:59","slug":"cartas-de-relacion-de-hernan-cortes-ii-i","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/cartas-de-relacion-de-hernan-cortes-ii-i\/","title":{"rendered":"Cartas de Relaci\u00f3n de Hern\u00e1n Cort\u00e9s (II-I)"},"content":{"rendered":"<p>SEGUNDA RELACI\u00d3N &#8211;\u00a0Parte 1<\/p>\n<p>Carta de relaci\u00f3n enviada a Su Sacra Majestad del Emperador Nuestro Se\u00f1or por el Capit\u00e1n General de la Nueva Espa\u00f1a llamado Fernando Cort\u00e9s, en la cual hace relaci\u00f3n de las tierras y provincias sin cuento que ha descubierto nuevamente en el Yucat\u00e1n desde el a\u00f1o de quinientos y diez y nueve a esta parte y ha sometido a la corona real de Su Sacra Majestad.<br \/>\nEn especial hace relaci\u00f3n de una grand\u00edsima provincia muy rica llamada Cul\u00faa en la cual hay muy grandes ciudades y de maravillosos edificios y de grandes tratos y riquezas entre las cuales hay una m\u00e1s maravillosa y rica que todas llamada Temustit\u00e1n que est\u00e1 por maravillosa arte edificada sobre una grande laguna, de la cual ciudad y provincia es rey un grand\u00edsimo se\u00f1or llamado Mutee\u00e7uma, donde le acaescieron al capit\u00e1n y a los espa\u00f1oles espantosas cosas de o\u00edr. Cuenta largamente el grand\u00edsimo se\u00f1or\u00edo del dicho Mutee\u00e7uma y de sus ritos y cer\u00edmonias y de c\u00f3mo se sirve. Muy Alto y Poderoso y Muy Cat\u00f3lico Pr\u00edncipe, lnvit\u00edsimo Emperador y Se\u00f1or Nuestro: En una nao que desta Nueva Espa\u00f1a de Vuestra Sacra Majestad despach\u00e9 a diez y seis d\u00edas de julio del a\u00f1o de quinientos y diez y nueve envi\u00e9 a Vuestra Alteza muy larga y particular relaci\u00f3n de las cosas hasta aquella saz\u00f3n, despu\u00e9s que yo a ella vine, en ellas suscedidas, la cual relaci\u00f3n llevaron Alonso Hern\u00e1ndez Puerto Carrero y Francisco de Montejo, procuradores de la Rica Villa de la Vera Cruz que yo en nombre de Vuestra Alteza fund\u00e9. Y despu\u00e9s ac\u00e1 por no haber oportunidad, as\u00ed por falta de nav\u00edos y estar yo ocupado en la conquista y pacificaci\u00f3n desta tierra como por no haber sabido de la dicha nao y procuradores, no he tornado a relatar a Vuestra Majestad lo que despu\u00e9s se ha hecho, de que despu\u00e9s Dios sabe la pena que he tenido, porque he deseado que Vuestra Alteza supiese las cosas desta tierra, que son tantas y tales que, como ya en la otra relaci\u00f3n escrib\u00ed, se puede intitular de nuevo Emperador della y con t\u00edtulo y no menos m\u00e9rito que el de Alema\u00f1a que por la gracia de Dios Vuestra Sacra Majestad posee. Y porque querer de todas las cosas destas partes y nuevos reinos de Vuestra Alteza decir todas las particularidades y cosas que en ellas hay y decirse deb\u00edan seria casi proceder a infinito, si de todo a Vuestra Alteza no diere tan larga cuenta como debo a Vuestra Sacra Majestad suplico que me mande perdonar, porque ni mi habilidad ni la oportunidad del tiempo en que a la saz\u00f3n me hallo para ello me ayudan, mas con todo, me esforzar\u00e9 a decir a Vuestra Alteza lo menos mal que yo pudiere la verdad y lo que al presente es necesario que Vuestra Majestad sepa. Y asimismo suplico a Vuestra Alteza me mande perdonar si [de] todo lo acaecido no contare el c\u00f3mo ni el cu\u00e1ndo muy cierto y si no acertare algunos nombres as\u00ed de cibdades y villas como de se\u00f1or\u00edos dellas que a Vuestra Majestad han ofrescido su servicio y d\u00e1dose por sus s\u00fabditos y vasallos, porque en cierto infortunio agora nuevamente acaescido, de que adelante en el proceso a Vuestra Alteza dar\u00e9 entera cuenta, se me perdieron todas las escrituras y abtos que con los naturales destas tierras yo he hecho y otras cosas muchas. En la otra relaci\u00f3n, Muy Excellent\u00edsimo Pr\u00edncipe, dije a Vuestra Majestad las cibdades y villas que hasta entonces a su real servicio se hab\u00edan ofrecido y yo a \u00e9l ten\u00eda subjetas y conquistadas. Y dije ans\u00edmismo que ten\u00eda noticia de un gran se\u00f1or que se llamaba Mutee\u00e7uma que los naturales desta tierra me hab\u00edan dicho que en ella hab\u00eda que estaba, seg\u00fand ellos se\u00f1alaban las jornadas, hasta noventa o cient leguas de la costa y puerto donde yo desembarqu\u00e9; y que confiando en la grandeza de Dios y con esfuerzo del real nombre de Vuestra Alteza, pensaba irle a ver a doquiera que estuviese. Y a\u00fan me acuerdo que me ofrec\u00ed en cuanto a la demanda deste se\u00f1or a mucho m\u00e1s de lo a m\u00ed posible, porque certifiqu\u00e9 a Vuestra Alteza que lo habr\u00eda preso o muerto o s\u00fabdito a la corona real de Vuestra Majestad. Y con este prop\u00f3sito y demanda me part\u00ed de la cibdad de Cempoal, que yo intitul\u00e9 Sevilla, a diez y seis de agosto, con quince de caballo y trecientos peones lo mejor adreszados de guerra que yo pude y el tiempo dio a ello lugar. Y dej\u00e9 en la villa de la Vera Cruz ciento y cincuenta hombres con dos de caballo haciendo una fortaleza que ya tengo casi acabada. Y dej\u00e9 toda aquella provincia de Cempoal y toda la sierra comarcana a la dicha villa, que ser\u00e1n hasta cincuenta mill hombres de guerra y cincuenta villas y fortalezas, muy seguros y pac\u00edficos y por ciertos y leales vasallos de Vuestra Majestad, como hasta agora lo han estado y est\u00e1n. Porque ellos eran s\u00fabditos de aquel se\u00f1or Mutee\u00e7uma y, seg\u00fand fui informado, lo eran por fuerza y de poco tiempo ac\u00e1. Y como por m\u00ed tuvieron noticia de Vuestra Alteza y de su muy grand y real poder, dijeron que quer\u00edan ser vasallos de Vuestra Majestad y mis amigos, y que me rogaban que los defendiese de aquel grand se\u00f1or que los ten\u00eda por fuerza y tiran\u00eda y que les tomaba sus hijos para los matar y sacr\u00edficar a sus \u00eddolos, y me dijeron otras muchas quejas d\u00e9l. Y con esto han estado y est\u00e1n muy ciertos y leales en el servicio de Vuestra Alteza, y creo lo estar\u00e1n siempre por ser libres de la tiran\u00eda de aqu\u00e9l. Y porque de m\u00ed han sido siempre bien tratados y favorescidos y para m\u00e1s seguridad de los que en la villa quedaban, traje conmigo algunas personas prencipales dellos con alguna gente que no poco provechosos me fueron en mi camino. Y porque como ya creo, en la primera relaci\u00f3n escrib\u00ed a Vuestra Majestad que algunos de los que en mi compa\u00f1\u00eda pasaron, que eran criados y amigos de Diego Vel\u00e1zquez, les hab\u00eda pesado de lo que yo en servicio de Vuestra Alteza hac\u00eda. Y aun algunos dellos se me quisieron alzar e \u00edrseme de la tierra, en especial cuatro espa\u00f1oles que se dec\u00edan Juan Escudero y Diego Cerme\u00f1o, piloto, y Gonzalo de Ungr\u00eda, ansimismo piloto, y Alonso Pe\u00f1ate, los cuales, seg\u00fand lo que confesaron espont\u00e1neamente, ten\u00edan determinado de tomar un bergant\u00edn que estaba en el puerto con cierto pan y tocinos y matar al maestre d\u00e9l e irse a la isla Fernandina a hacer saber a Diego Vel\u00e1zquez c\u00f3mo yo inviaba la nao que a Vuestra Alteza invi\u00e9 y lo que en ella iba y el camino que la dicha nao hab\u00eda de llevar para que el dicho Diego Vel\u00e1zquez pusiese nav\u00edos en guarda para que la tomasen. Como despu\u00e9s que lo supo lo puso por obra, que, seg\u00fand he sido informado, invi\u00f3 tras la dicha nao una carabela y si no fuera pasada, la tomara. Y ansimesmo confesaron que otras personas ten\u00edan la misma voluntad de avisar al dicho Diego Vel\u00e1zquez, y vistas las confesiones destos delincuentes, los castigu\u00e9 conforme a justicia y a lo que seg\u00fand el tiempo me paresci\u00f3 que habia nescesidad y al servicio de Vuestra Alteza cumpl\u00eda. Y porque dem\u00e1s de los que por ser criados y amigos de Diego Vel\u00e1zquez ten\u00edan voluntad de se salir de la tierra hab\u00eda otros que por verla tan grande y de tanta gente y tal y ver los pocos espa\u00f1oles que \u00e9ramos estaban del mismo prop\u00f3sito, creyendo que si all\u00ed los nav\u00edos dejase se me alzar\u00edan con ellos y y\u00e9ndose todos los que desta voluntad estaban yo quedar\u00eda casi s\u00f3lo, por donde se estorbara el gran servicio que a Dios y a Vuestra Alteza en esta tierra se ha hecho, tuve manera c\u00f3mo so color que los dichos nav\u00edos no estaban para navegar los ech\u00e9 a la costa, por donde todos perdieron la esperanza de salir de la tierra y yo hice mi camino m\u00e1s seguro y sin sospecha que, vueltas las espaldas, no hab\u00eda de faltarme la gente que yo en la villa hab\u00eda de dejar. Ocho o diez d\u00edas despu\u00e9s de haber dado con los nav\u00edos a la costa y siendo ya salido de la Vera Cruz hasta la cibdad de Cempoal, que est\u00e1 a cuatro leguas della, para de all\u00ed seguir mi camino, me hicieron saber de la dicha villa c\u00f3mo por la costa della andaban cuatro nav\u00edos, y que el capit\u00e1n que yo all\u00ed dejaba hab\u00eda salido a ellos con una barca y le hab\u00edan dicho que eran de Francisco de Garay, teniente de gobernador en la isla de Jamaica, y que ven\u00edan a descubrir; y que el dicho capit\u00e1n les hab\u00eda dicho c\u00f3mo yo en nombre de Vuestra Alteza ten\u00eda poblada esta tierra y hecha una villa all\u00ed a una legua de donde los dichos nav\u00edos andaban y que all\u00ed pod\u00edan ir con ellos y me far\u00edan saber de su venida, y si alguna nescesidad trujesen se podr\u00edan reparar della, y que el dicho capit\u00e1n los guiar\u00eda con la barca al puerto, el cual les se\u00f1al\u00f3 d\u00f3nde era; y que ellos le hab\u00edan respondido que ya hab\u00edan visto el puerto porque pasaron por frente d\u00e9l, y que ans\u00ed lo far\u00edan como \u00e9l gelo dec\u00eda; y que se hab\u00eda vuelto con la dicha barca y los nav\u00edos no le hab\u00edan seguido ni venido al puerto, y que todav\u00eda andaban por la costa y que no sab\u00edan qu\u00e9 era su prop\u00f3sito, pues no hab\u00edan venido al dicho puerto. Y visto lo que el dicho capit\u00e1n me fizo saber, a la hora me part\u00ed para la dicha villa, donde supe que los dichos nav\u00edos estaban surtos tres leguas la costa abajo y que ninguno no hab\u00eda saltado en tierra. Y de all\u00ed me fui por la costa con alguna gente para saber lengua, y ya que casi llegaba a una legua dellos encontr\u00e9 tres hombres de los dichos nav\u00edos, entre los cuales ven\u00eda uno que dec\u00eda ser escribano. Y los dos tra\u00eda, seg\u00fand me dijo, para que fuesen testigos de cierta notificaci\u00f3n, que diz que el capit\u00e1n le hab\u00eda mandado que me hiciese de su parte un requirimiento que all\u00ed tra\u00eda en el cual se conten\u00eda que me hac\u00eda saber c\u00f3mo \u00e9l habia descubierto aquella tierra y quer\u00eda poblar en ella, por tanto que me requer\u00eda que partiese con \u00e9l los t\u00e9rminos porque su asiento quer\u00eda hacer cinco leguas la costa abajo despu\u00e9s de pasada Nautecal, que es un[a] cibdad que es doce leguas de la dicha villa que agora se llama Almer\u00eda. A los cuales yo dije que viniese su capit\u00e1n y que se fuese con los nav\u00edos al puerto de la Vera Cruz, y que all\u00ed nos hablar\u00edamos y sabr\u00eda de qu\u00e9 manera ven\u00edan; y si sus nav\u00edos y gente trujesen alguna nescesidad, les socorrer\u00eda con lo que yo pudiese; y que pues \u00e9l dec\u00eda venir en servicio de Vuestra Sacra Majestad, que yo no deseaba otra cosa sino que se me ofreciese en qu\u00e9 sirviese a Vuestra Alteza, y que en le ayudar cre\u00eda que lo hac\u00eda. Y ellos me respondieron que en ninguna manera el capit\u00e1n ni otra gente vern\u00eda a tierra ni adonde yo estuviese. Y creyendo que deb\u00edan de haber hecho alg\u00fand da\u00f1o en la tierra, pues se recelaban de venir ante m\u00ed, ya que era noche me puse secretamente junto a la costa de la mar, frontero de donde los dichos nav\u00edos estaban surtos. Y all\u00ed estuve encubierto fasta otro d\u00eda casi a mediod\u00eda, creyendo que el capit\u00e1n o piloto saltar\u00edan en tierra para saber dellos lo que hab\u00edan fecho o por qu\u00e9 parte hab\u00edan andado, y si alg\u00fand da\u00f1o hobiesen fecho en la. tierra, inviarlos a Vuestra Sacra Majestad. Y jam\u00e1s salieron ellos ni otra persona, y visto que no sal\u00edan, fice quitar los vestidos de aquellos que ven\u00edan a facerme el requirimiento y [que] se los vestiesen otros espa\u00f1oles de los de mi compa\u00f1\u00eda, los cuales fice ir a la playa y que llamasen a los de los nav\u00edos. Y visto por ellos, sali\u00f3 a tierra una barca con fasta diez o doce hombres con ballestas y escopetas, y los espa\u00f1oles que llamaban de la tierra se apartaron de la playa a unas matas que estaban cerca como que se iban a la sombra dellas, y ans\u00ed saltaron cuatro, los dos ballesteros y los dos escopeteros, los cuales, como estaban cercados de la gente que yo ten\u00eda en la playa puesta, fueron tomados. Y el uno dellos era maestre de la una nao, el cual puso fuego a una escopeta y matara aquel capit\u00e1n que yo ten\u00eda en la Vera Cruz, sino que quiso Nuestro Se\u00f1or que la mecha no ten\u00eda fuego. Y los que quedaron en la barca se hicieron a la mar, y antes que llegasen a los nav\u00edos ya iban a la vela sin aguardar ni querer que dellos se supiese cosa alguna. Y de los que conmigo quedaron me inform\u00e9 c\u00f3mo habian llegado a un r\u00edo que est\u00e1 treinta leguas de la costa abajo despu\u00e9s de pasada Almer\u00eda; y que all\u00ed hab\u00edan habido buen acogimiento de los naturales y que por rescate les hab\u00edan dado de comer; y que hab\u00edan visto alg\u00fand oro que tra\u00edan los indios, aunque poco, y que hab\u00edan rescatado fasta tres mill castellanos de oro; y que no hab\u00edan saltado en tierra m\u00e1s de que hab\u00edan visto ciertos pueblos en la ribera del r\u00edo tan cerca que de los nav\u00edos los pod\u00edan bien ver, y que no hab\u00eda edeficios de piedra sino que todas las casas eran de paja exceto que los suelos dellas ten\u00edan algo altos y hechos a mano. Lo cual todo despu\u00e9s supe m\u00e1s por entero de aquel grand se\u00f1or Mutee\u00e7uma y de ciertas lenguas de aquella tierra que \u00e9l ten\u00eda consigo, a los cuales y a un indio que en los dichos nav\u00edos tra\u00edan del dicho r\u00edo que tambi\u00e9n yo les tom\u00e9 invi\u00e9 con otros mensajeros del dicho Mutee\u00e7uma para que hablasen al se\u00f1or de aquel r\u00edo que se dice P\u00e1nuco para le atraer al servicio de Vuestra Sacra Majestad. Y \u00e9l me invi\u00f3 con ellos una persona prencipal y aun, seg\u00fand dec\u00eda, se\u00f1or de un pueblo, el cual me dio de su parte cierta ropa y piedras y plumajes y me dijo que \u00e9l y toda su tierra eran muy contentos de ser vasallos de Vuestra Majestad y mis amigos. Y yo les di otras cosas de las de Espa\u00f1a con que fue muy contento, y tanto que cuando los v\u00ederon los de los otros nav\u00edos del dicho Francisco de Garay, de que adelante a Vuestra Alteza far\u00e9 relaci\u00f3n, me invi\u00f3 a decir el dicho P\u00e1nuco c\u00f3mo los dichos nav\u00edos estaban en otro r\u00edo lejos de all\u00ed hasta cinco o seis jornadas, y que les hiciese saber si eran de mi naturaleza los que en ellos ven\u00edan porque les dar\u00edan lo que hobiese menester, y que les hab\u00edan llevado ciertas mujeres y gallinas y otras cosas de comer. Yo fui, Muy Poderoso Se\u00f1or, por la tierra y se\u00f1or\u00edo de Cempoal tres jornadas, donde de todos los naturales fui muy bien rescebido y hospedado. Y a la cuarta jornada entr\u00e9 en una provincia que se llama Sienchimalem, en que hay en ella una villa muy fuerte y puesta en recio lugar, porque est\u00e1 en una ladera de una sierra muy agra y para la entrada no hay sino un paso de escalera que es imposible pasar sino gente de pie y aun con farta dificultad si los naturales quieren defender el paso. Y en lo llano hay muchas aldeas y alquer\u00edas de a quinientos y a trecientos y a ducientos vecinos labradores, que ser\u00e1n por todos hasta cinco o seis mill hombres de guerra. Y esto es del se\u00f1or\u00edo de aquel Mutee\u00e7uma. Y aqu\u00ed me rescibieron muy bien y me dieron muy cumplidamente los bastimentos nescesarios para mi camino, y me dijeron que bien sab\u00edan que yo iba a ver a Mutee\u00e7uma, su se\u00f1or; y que fuese cierto que \u00e9l era mi amigo y les hab\u00eda inviado a mandar que en todo caso me hiciesen muy buen acogimiento, porque en ello le servir\u00edan. Y yo les satisfice a su buen comedimiento diciendo que Vuestra Majestad ten\u00eda noticia d\u00e9l y me hab\u00eda mandado que le viese, y que yo no iba a m\u00e1s de verle. Y as\u00ed pas\u00e9 un puerto que est\u00e1 el fin desta provincia, que pusimos nombre el Puerto del Nombre de Dios por ser el primero que en estas tierras hab\u00edamos pasado, el cual es tan agro y alto que no lo hay en Espa\u00f1a otro tan dificultoso de pasar, el cual pas\u00e9 seguramente y sin contradici\u00f3n alguna. Y a la bajada del dicho puerto est\u00e1n otras alquer\u00edas de una villa y fortaleza que se dice Teixuacan que ansimismo era del dicho Mutee\u00e7uma, que no menos que de los de Sienchimalem fuimos bien rescibidos. Y nos dijeron de la voluntad de Mutee\u00e7uma lo que los otros nos hab\u00edan dicho, y yo ansimismo los satisfec\u00ed. Desde aqu\u00ed anduve tres jornadas de despoblado y tierra inhabitable a causa de su esterilidad y falta de agua y muy grand frialdad que en ella hay, donde Dios sabe cu\u00e1nto trabajo la gente padesci\u00f3 de sed y de hambre, en especial de un turbi\u00f3n de piedra y agua que nos tom\u00f3 en el dicho despoblado de que pens\u00e9 que pereciera mucha gente de fr\u00edo, y ans\u00ed mur\u00ederon ciertos indios de la isla Fernandina que iban mal arropados. Y a cabo destas tres jornadas pasamos otro puerto aunque no tan agro como el primero, y en lo alto d\u00e9l estaba una torre peque\u00f1a casi como humilladero donde ten\u00edan ciertos \u00eddolos y alderredor de la torre m\u00e1s de mill carretadas de le\u00f1a cortada muy compuesta, a cuyo respeto le posimos nombre el Puerto de la Le\u00f1a. Y a la bajada del dicho puerto entre unas sierras muy agras est\u00e1 un valle muy poblado de gente que, seg\u00fand paresci\u00f3, deb\u00eda ser gente pobre. Y despu\u00e9s de haber andado dos leguas por la poblaci\u00f3n sin saber della llegu\u00e9 a un asiento algo m\u00e1s llano donde paresci\u00f3 estar el se\u00f1or de aquel valle, que ten\u00eda las mejores y m\u00e1s bien labradas casas que hasta entonces en esta tierra hab\u00edamos visto porque eran todas de canter\u00eda labradas y muy nuevas. Y hab\u00eda en ellas muchas y muy grandes y hermosas salas y muchos aposentos muy bien obrados. Y este valle y poblaci\u00f3n se llama Caltanmy. Del se\u00f1ory gente fui muy bien rescebido y aposentado, y despu\u00e9s de le haber hablado de parte de Vuestra Majestad y le haber dicho la cabsa de mi venida en estas partes le pregunt\u00e9 si \u00e9l era vasallo de Mutee\u00e7uma o si era de otra parcialidad alguna, el cual, casi admirado de lo que le preguntaba me respondi\u00f3 diciendo que qui\u00e9n no era vasallo de Mutee\u00e7uma, queriendo decir que all\u00ed era se\u00f1or del mundo. Yo le torn\u00e9 aqu\u00ed a decir y replicar el gran poder de Vuestra Majestad, y [que] otros muy muchos y muy mayores se\u00f1ores que no Mutee\u00e7uma eran vasallos de Vuestra Alteza y aun que no lo ten\u00edan en peque\u00f1a merced, y que ans\u00ed lo hab\u00eda de ser Mutee\u00e7uma y todos los naturales destas tierras y que ans\u00ed lo requer\u00eda a \u00e9l que lo fuese, porque siendolo ser\u00eda muy honrado y favorescido, y por el contrario no queriendo obedecer ser\u00eda punido; y para que tuviese por bien de le mandar rescebir a su real servicio, que le rogaba que me diese alg\u00fand oro que yo inviase a Vuestra Majestad. Y \u00e9l me respondi\u00f3 que oro que \u00e9l lo ten\u00eda, pero que no me lo quer\u00eda dar si Mutee\u00e7uma no gelo mandase, y que mand\u00e1ndolo \u00e9l, que el oro y su persona y cuanto tuviese dar\u00eda. Por no escandalizarle ni dar alg\u00fand desm\u00e1n a mi prop\u00f3sito y camino desimul\u00e9 con \u00e9l lo mejor que pude y le dije que muy presto le inviar\u00eda a mandar Mutee\u00e7uma que diese el oro y lo dem\u00e1s que tuviese. Aqu\u00ed me vinieron a ver otros dos se\u00f1ores que en aquel valle ten\u00edan su tierra, el uno cuatro leguas el valle abajo y el otro dos leguas arriba, y me dieron ciertos collarejos de oro de poco peso y valor y siete u ocho esclavas. Y dej\u00e1ndolos ans\u00ed muy contentos, me part\u00ed despu\u00e9s de haber estado all\u00ed cuatro o cinco d\u00edas y me pas\u00e9 al asiento del otro se\u00f1or que est\u00e1 las dos leguas que dije el valle arriba, que se dice Yztacmastitan. El se\u00f1or\u00edo d\u00e9ste ser\u00e1n tres o cuatro leguas de poblaci\u00f3n sin salir casa de casa por lo llano de un valle, ribera de un r\u00edo peque\u00f1o que va por \u00e9l. Y en un cerro muy alto est\u00e1 la casa del se\u00f1or con la mejor fortaleza que hay en la mitad de Espa\u00f1a y mejor cercada de muro y barbacanes y cavas, y en lo alto deste cerro tern\u00e1 una poblaci\u00f3n de hasta cinco o seis mill vecinos de muy buenas casas y gente algo m\u00e1s rica que no la del valle abajo, y aqu\u00ed ansimismo fui muy bien rescebido y tambi\u00e9n me dijo este se\u00f1or que era vasallo de Mutee\u00e7uma. Y estuve en este asiento tres d\u00edas, ans\u00ed por me reparar de los trabajos que en el despoblado la gente pas\u00f3 como por esperar cuatro mensajeros de los naturales de Cempoal que ven\u00edan conmigo que yo desde Catalmy hab\u00eda inviado a una provincia muy grande que se llama Cascalteca que me dijeron que estaba muy cerca de all\u00ed, como de verdad paresci\u00f3. Y me hab\u00edan dicho que los naturales desta provincia eran sus amigos dellos y muy capitales enemigos de Mutee\u00e7uma y que me quer\u00edan confederar con ellos porque eran muchos y muy fuerte gente, y que confinaba su tierra por todas partes con la del dicho Mutee\u00e7uma y que ten\u00edan con \u00e9l muy continuas guerras, y que cre\u00eda[n] se holgar\u00edan conmigo y me favorescer\u00edan si el dicho Mutee\u00e7uma se quisiese poner en algo conmigo. Los cuales dichos mensajeros en todo el tiempo que yo estuve en el dicho valle, que fueron por todos ocho d\u00edas, no vinieron, y yo pregunt\u00e9 a aquellos prencipales de Cempoal que iban conmigo que c\u00f3mo no ven\u00edan los dichos mensajeros, y me dijeron que deb\u00eda de ser lejos y que no pod\u00edan venir tan a\u00edna. Y yo viendo que se dilataba su venida y que aquellos prencipales de Cempoal me certificaban tanto la amistad y seguridad de los desta provincia, me part\u00ed para all\u00e1. Y a la salida del dicho valle fall\u00e9 una grand cerca de piedra seca tan alta como un estado y medio que atravesaba todo el valle de la una sierra a la otra y tan ancha como veinte pies, y por toda ella un petril de pie y medio de ancho para pelear desde encima y no m\u00e1s de una entrada tan ancha como diez pasos, y en esta entrada doblaba la una cerca sobre la otra a manera de rebel\u00edn tan estrecho como cuarenta pasos, de manera que la entrada fuese a vueltas y no a derechas. Y preguntada la cabsa de aquella cerca, me dijeron que la ten\u00edan porque eran fronteros de aquella prov\u00edncia de Cascalteca, que eran enemigos de Mutee\u00e7uma y ten\u00edan siempre guerra con ellos. Los naturales deste valle me rogaron que pues que iba a ver a Mutee\u00e7uma su se\u00f1or, que no pasase por la tierra destos sus enemigos porque por ventura ser\u00edan malos y me far\u00edan alg\u00fand da\u00f1o, que ellos me llevar\u00edan siempre por tierra del dicho Mutee\u00e7uma sin salir della y que en ella ser\u00eda siempre bien rescebido. Y los de Cempoal me dec\u00edan que no lo hiciese sino que fuese por all\u00ed, que lo que aquellos me dec\u00edan era por me apartar de la amistad de aquella provincia, y que eran malos y traidores todos los de Mutee\u00e7uma y que me llevar\u00edan a meter donde no pudiese salir. Y porque yo de los de Cempoal ten\u00eda m\u00e1s concebto que de los otros tom\u00e9 su consejo, que fue seguir el camino de Tascalteca llevando mi gente al mejor recaudo que yo pod\u00eda, y yo con hasta seis de caballo iba adelante bien media legua y m\u00e1s no con pensamiento de lo que despu\u00e9s se me ofreci\u00f3 pero por descubr\u00edr la tierra, para que si algo hobiese yo lo supiese y tuviese lugar de concertar y aprecebir la gente. Y despu\u00e9s de haber andado cuatro leguas encumbrando un cerro, dos de caballo que iban delante de m\u00ed vieron ciertos indios con sus plumajes que acostumbran traer en las guerras y con sus espadas y rodelas, los cuales indios como vieron los de caballo comenzaron a huir. Y a la saz\u00f3n llegaba yo e fice que los llamasen y que viniesen y no hobiesen miedo, y fue m\u00e1s hacia donde estaban, que ser\u00edan fasta quince indios, y ellos se juntaron y comenzaron a tirar cochilladas y a dar voces a la otra su gente que estaba en un valle, y pelearon con nosotros de tal manera que nos mataron dos caballos e fir\u00ederon otros tres y a dos de caballo. Y en esto sali\u00f3 la otra gente, que ser\u00edan fasta cuatro o cinco mill indios, y ya se hab\u00edan llegado conmigo fasta ocho de caballo sin los otros muertos, y peleamos con ellos haciendo algunas arremetidas fasta esperar los espa\u00f1oles que con uno de caballo hab\u00eda inviado a decir que anduviesen, y en las vueltas les hecimos alg\u00fand da\u00f1o en que matar\u00edamos cincuenta o sesenta dellos sin que da\u00f1o alguno rescibi\u00e9semos puesto que peleaban con mucho denuedo y \u00e1nimo, pero como todos \u00e9ramos de caballo arremet\u00edamos a nuestro salvo y sal\u00edamos ansimesmo. Y desque sintiero[n] que los nuestros se acercaban se retrujeron, porque eran pocos, y nos dejaron el campo. Y despu\u00e9s de se haber ido vinieron ciertos mensajeros que dijeron ser de los se\u00f1ores de la provincia, y con ellos dos de los mensajeros que yo hab\u00eda inviado, los cuales dijeron que los dichos se\u00f1ores no sab\u00edan nada de lo que aqu\u00e9llos hab\u00edan hecho, que eran comunidades y sin su licencia lo hab\u00edan hecho; y que a ellos les pesaba y que me pagar\u00edan los caballos que me hab\u00edan muerto, y que quer\u00edan ser mis amigos y que fuese en hora buena, que ser\u00eda dellos bien rescebido. Yo les respond\u00ed que gelo agradesc\u00eda y que los ten\u00eda por amigos y que yo ir\u00eda como ellos dec\u00edan. Aquella noche me fue forzado dormir en un arroyo una legua adelante donde esto acaesci\u00f3, ans\u00ed por ser tarde como porque la gente ven\u00eda cansada. All\u00ed estuve al mejor recaudo que pude con mis velas y escuchas ans\u00ed de caballo como de pie hasta que fue el d\u00eda, que me part\u00ed llevando mi delantera y recuaje bien concertadas y mis corridores delante. Y llegando a un pueblo peque\u00f1uelo ya que sal\u00eda el sol vinieron los otros dos mensajeros llorando, diciendo que los hab\u00edan atado para los matar y que ellos se hab\u00edan escapado aquella noche. Y no dos tiros de piedra dellos asom\u00f3 mucha cantidad de indios muy armados y con muy grand grita, y comenzaron a pelear con nosotros tir\u00e1ndonos muchas varas y flechas. Y yo les comenc\u00e9 a facer mis requirimientos en forma con las lenguas que conmigo llevaba por ante escribano, y cuanto m\u00e1s me paraba a los amonestar y requerir con la paz tanto m\u00e1s priesa nos daban ofendi\u00e9ndonos cuanto ellos pod\u00edan. Y viendo que no aprovechaban requerimientos ni protestaciones, comenzamos a nos defender como pod\u00edamos, y ans\u00ed nos llevaron peleando hasta nos meter entre m\u00e1s de cient mill hombres de pelea que por todas partes nos ten\u00edan cercados. Y peleamos con ellos y ellos con nosotros todo el d\u00eda hasta una hora antes de puesto el sol que se retrajeron, en que con media docena de tiros de fuego y con cinco o seis escopetas y cuarenta ballesteros y con los crece de caballo que me quedaron les hice mucho da\u00f1o sin rescebir dellos ninguno m\u00e1s del trabajo y cansancio del pelear y la hambre. Y bien paresci\u00f3 que Dios fue el que por nosotros pele\u00f3, pues entre tanta multitud de gente y tan animosa y diestra en el pelear y con tantos g\u00e9neros de armas para nos ofender salimos tan libres. Aquella noche me hice fuerte en una torrecilla de sus \u00eddolos que estaba en un cerrito. Y luego siendo de d\u00eda dej\u00e9 en el real ducientos hombres y toda la artiller\u00eda. Y por ser yo el que comet\u00eda sal\u00ed a ellos con los de caballo y cient peones y cuatrocientos indios de los que traje de Cempoal y trescientos de Yztaemestit\u00e1n, y antes que hobiesen lugar de se juntar les quem\u00e9 cinco o seis lugares peque\u00f1os de hasta cient vecinos y truje cerca de cuatrocientas personas entre hombres y mujeres presos, y me recog\u00ed al real peleando con ellos sin que da\u00f1o ninguno me hiciesen. Otro d\u00eda, en amanesciendo, dan sobre nuestro real m\u00e1s de ciento y cuarenta y nueve mill hombres que cubr\u00edan toda la tierra, tan determinadamente que algunos dellos entraron dentro en \u00e9l y anduvieron a cuchilladas con los espa\u00f1oles. Y salimos a ellos y quiso Nuestro Se\u00f1or en tal manera ayudarnos que en obra de cuatro horas habiamos fecho lugar para que en nuestro real no nos ofendiesen, puesto que todav\u00eda fac\u00edan algunas arremetidas. Y ans\u00ed estuvimos peleando hasta que fue tarde, que se retrajeron. Otro d\u00eda torn\u00e9 a salir por otra parte antes que fuese de d\u00eda sin ser sentido dellos con los de caballo y cient peones y los indios mis amigos y les quem\u00e9 m\u00e1s de diez pueblos, en que hobo pueblo dellos de m\u00e1s de tres mill casas. Y all\u00ed pelearon conmigo los del pueblo, que otra gente no deb\u00eda de estar all\u00ed. Y como tra\u00edamos la bandera de la cruz y pu\u00f1\u00e1bamos por nuestra fe y por servicio de Vuestra Sacra Majestad en su muy real ventura, nos dio Dios tanta vitoria que les matamos mucha gente sin que los nuestros rescibiesen da\u00f1o. Y poco m\u00e1s de mediod\u00eda, ya que la fuerza de la gente se juntaba de todas partes, est\u00e1bamos en nuestro real con la vitoria habida. Otro d\u00eda siguiente vinieron mensajeros de los se\u00f1ores diciendo que ellos quer\u00edan ser vasallos de Vuestra Alteza y mis amigos, y que me rogaban les perdonase el yerro pasado. Y traj\u00e9ronme de comer y ciertas cosas de plumajes que ellos usan y tienen en estima. Yo les respond\u00ed que ellos lo hab\u00edan hecho mal, pero que yo era contento de ser su amigo y perdonarles lo que hab\u00edan hecho. Otro d\u00eda siguiente vinieron fasta cincuenta indios que, seg\u00fan paresci\u00f3, eran hombres de quien se hac\u00eda caso entre ellos, diciendo que nos ven\u00edan a traer de comer, y comienzan a mirar las entradas y salidas del real y algunas chozuelas donde est\u00e1bamos aposentados. Y los de Cempoal vinieron a m\u00ed y dij\u00e9ronme que mirase que aqu\u00e9llos eran malos y que ven\u00edan a espiar y mirar c\u00f3mo nos podr\u00edan da\u00f1ar, y que tuviese por cierto que no ven\u00edan a otra cosa. Yo hice tomar uno dellos desimuladamente, que los otros no lo vieron, y apart\u00e9me con \u00e9l y con las lenguas y amedrent\u00e9le para que me dijese la verdad. El cual confes\u00f3 que Sintengal, que es el capit\u00e1n general desta provincia, estaba detr\u00e1s de unos cerros que estaban frontero del real con mucha cantidad de gente para dar aquella noche sobre nosotros, porque dec\u00edan que ya se hab\u00edan probado de d\u00eda con nosotros [y] que no les aprovechaba nada, y que quer\u00edan probar de noche porque los suyos no temiesen los caballos ni los tiros ni las espadas; y que los hab\u00edan inviado a ellos para que viesen nuestro real y las partes por donde nos pod\u00edan entrar y c\u00f3mo nos podr\u00edan quemar aquellas chozas de paja. Y luego fice tomar otro de los dichos indios y le pregunt\u00e9 ansimesmo y confes\u00f3 lo que el otro por las mismas palabras. Y d\u00e9stos tom\u00e9 cinco o seis que todos conformaron en sus dichos. Y visto, los mand\u00e9 tomar a todos cincuenta y cortarles las manos, y los invi\u00e9 que dijesen a su se\u00f1or que de noche y de dia y cada y cuando \u00e9l viniese ver\u00edan qui\u00e9n \u00e9ramos. Y yo fice fortalecer mi real a lo mejor que pude y poner la gente en las estancias que me paresci\u00f3 que conven\u00edan, y as\u00ed estuve sobre aviso hasta que se puso el sol. Y ya que anochec\u00eda comenz\u00f3 a abajar la gente de los contrarios por dos valles, y ellos pensaban que ven\u00edan secretos para nos cercar y se poner m\u00e1s cerca de nosotros para ejecutar su prop\u00f3sito. Y como yo estaba tan avisado v\u00edlos, y paresci\u00f3me que dejarlos llegar al real que ser\u00eda mucho da\u00f1o porque de noche como no viesen lo que de mi parte se les hiciese llegar\u00edan m\u00e1s sin temor, y tambi\u00e9n porque los espa\u00f1oles no los viendo, algunos tem\u00edan alguna flaqueza en el pelear. Y tem\u00ed que me pusieran fuego, lo cual si acaesciera fuera tanto da\u00f1o que ninguno de nosotros escapara, y determin\u00e9 de salirles al encuentro con toda la gente de caballo para los espantar o desbaratar en manera que ellos no llegasen. Y as\u00ed fue, que como nos sintieron que \u00edbamos con los caballos a dar sobre ellos, sin ning\u00fand detener ni grita se metieron por los maizales de que toda la tierra estaba casi llena y aliviaron algunos de los mantenimientos que tra\u00edan para estar sobre nosotros si de aquella vez del todo nos pudiesen arrancar. Y as\u00ed se fueron por aquella noche y quedamos seguros. Despu\u00e9s de pasado esto estuve ciertos d\u00edas que no sal\u00ed de nuestro real m\u00e1s del redor para defender el entrada de algunos indios que nos ven\u00edan a gritar y hacer algunas escaramuzas. Y despu\u00e9s de estar algo descansado sal\u00ed una noche, despu\u00e9s de rondada la guarda de la prima, con cient peones y con los indios nuestros amigos y con los de caballo, y a una legua del real se me cayeron cinco de los caballos y yeguas que llevaba que en ninguna manera los pude pasar adelante, e h\u00edcelos volver. Y aunque todos los de mi compa\u00f1\u00eda dec\u00edan que me tornase porque era mala se\u00f1al todav\u00eda segu\u00ed mi camino, considerando que Dios es sobre natura. Y antes que amanesciese di sobre dos pueblos en que mat\u00e9 mucha gente, y no quise quemar las casas por no ser sentido con los fuegos de las otras poblaciones que estaban muy juntas. Y ya que amanesc\u00eda di en otro pueblo tan grande que se ha hallado en \u00e9l por visitaci\u00f3n que yo hice hacer m\u00e1s de veinte mill casas, y como los tom\u00e9 de sobresalto sal\u00edan desarmados y las mujeres y ni\u00f1os desnudos por las calles. Y comenc\u00e9 a hacerles alg\u00fand da\u00f1o, y viendo que no ten\u00edan resistencia venieron a m\u00ed ciertos prencipales del dicho pueblo a rogarme que no les hiciese m\u00e1s mal porque ellos quer\u00edan ser vasallos de Vuestra Alteza y mis amigos, y que bien v\u00edan que ellos ten\u00edan la culpa en no me haber querido creer, pero que de ah\u00ed en [a]delante yo ver\u00eda c\u00f3mo ellos har\u00edan lo que yo en nombre de Vuestra Majestad les mandase y que ser\u00edan muy verdaderos vasallos suyos. Y luego vinieron conmigo m\u00e1s de cuatro mill dellos de paz y me sacaron fuera a una fuente muy bien de comer, y ansi los dej\u00e9 pac\u00edficos y volv\u00ed a nuestro real, donde hall\u00e9 la gente que en \u00e9l habla dejado farto atemorizada, creyendo que se me hobiera ofrecido alg\u00fand peligro por lo que la noche antes hab\u00edan visto en volver los caballos y yeguas. Y despu\u00e9s de sabida la vitoria que Dios nos hab\u00eda quer\u00eddo dar y c\u00f3mo dejaba aquellos pueblos de paz hobieron mucho placer, porque certifico a Vuestra Majestad que no hab\u00eda tal de nosotros que no tuviese mucho temor por nos ver tan dentro en la tierra y entre tanta y tal gente y tan sin esperanza de socorro de ninguna parte, de tal manera que ya a mis o\u00eddos o\u00eda decir por los corrillos y casi p\u00fablico que hab\u00eda sido Pedro Carbonero que los hab\u00eda metido donde nunca podr\u00edan salir. Y aun m\u00e1s, o\u00ed decir en una choza de ciertos compa\u00f1eros estando donde ellos no me v\u00edan que si yo era loco y me met\u00eda donde nunca podr\u00eda salir que no lo fuesen ellos sino que se volviesen a la mar; y que si yo quisiese volver con ellos, bien; y si no, que me dejasen. Y muchas veces fui desto por muchas veces requer\u00eddo, y yo los animaba dici\u00e9ndoles que mirasen que eran vasallos de Vuestra Alteza y que jam\u00e1s en los espa\u00f1oles en ninguna parte hobo falta, y que est\u00e1bamos en dispusici\u00f3n de ganar para Vuestra Majestad los mayores reinos y se\u00f1or\u00edos que hab\u00eda en el mundo y que dem\u00e1s de facer lo que a cr\u00edstianos \u00e9ramos obligados en pu\u00f1ar contra los enemigos de nuestra fee, y por ello en el otro mundo gan\u00e1bamos la glor\u00eda y en \u00e9ste consigu\u00edamos el mayor prez y honra que hasta nuestros tiempos ninguna generaci\u00f3n gan\u00f3; y que mirasen que ten\u00edamos a Dios de nuestra parte y que a \u00e9l ninguna cosa es imposible, y que lo viesen por las vitor\u00edas que hab\u00edamos habido, donde tanta gente de los enemigos eran muertos y de los nuestros ningunos. Y les dije otras cosas que me paresci\u00f3 decirles desta calidad, que con ellas y con el real favor de Vuestra Alteza cobraron mucho \u00e1nimo y los atraje a mi prop\u00f3sito y a facer lo que yo deseaba, que era dar fin a mi demanda comenzada. Otro d\u00eda siguiente a hora de las diez vino a m\u00ed Sicutengal, el capit\u00e1n general desta provincia, con hasta cincuenta personas prencipales della. Y me rog\u00f3 de su parte y de la de Magiscacin, que es la m\u00e1s prencipal persona de toda la provincia y de otros muchos se\u00f1ores della, que yo los quisiese admitir al real servicio de Vuestra Alteza y a mi amistad y les perdonase los yerros pasados porque ellos no nos conosc\u00edan ni sab\u00edan qui\u00e9n \u00e9ramos; y que ya hab\u00edan probado todas sus fuerzas ans\u00ed de d\u00eda como de noche para se escusar de ser s\u00fapditos ni subjetos a nadie, porque en ning\u00fand tiempo esta provincia lo hab\u00eda sido ni ten\u00edan ni hab\u00edan tenido cierto se\u00f1or, antes hab\u00edan vevido esentos y por s\u00ed de inmemorial tiempo ac\u00e1; y que siempre se hab\u00edan defendido contra el gran poder de Mutee\u00e7uma y de su padre y ahuelos que toda la tierra ten\u00edan sojuzgada y a ellos jam\u00e1s hab\u00edan podido traer a subjeci\u00f3n, teni\u00e9ndolos como los ten\u00edan cercados por todas partes sin tener lugar para por ninguna de su tierra poder salir; y que no com\u00edan sal porque no la hab\u00eda en su tierra ni se la dejaban salir a comprar a otras partes, ni vest\u00edan ropas de algod\u00f3n porque en su tierra por la frialdad no se criaba, y otras muchas cosas de que caresc\u00edan por estar as\u00ed encerrados, y que todo lo sufr\u00edan y hab\u00edan por bueno por ser esentos y no subjetos a nadie; y que conmigo que quisieran hacer lo mismo y que para ello, como ya dec\u00edan, hab\u00edan probado sus fuerzas, y que v\u00edan claro que ni ellas ni las ma\u00f1as que hab\u00edan podido tener les aprovechaban, que quer\u00edan antes ser vasallos de Vuestra Alteza que no mor\u00edr y ser destruidas sus casas y mujeres y fijos. Yo les satisfice diciendo que conosciesen c\u00f3mo ellos ten\u00edan la culpa del da\u00f1o que hab\u00edan rescebido, y que yo me ven\u00eda a su tierra creyendo que me ven\u00eda a tierra de mis amigos porque los de Cempoal as\u00ed me lo hab\u00edan certificado que lo eran y quer\u00edan ser; y que yo les hab\u00edan inviado mis mensajeros delante para les hacer saber c\u00f3mo ven\u00eda y la voluntad que de su amistad tra\u00eda, y que sin me responder, veniendo yo seguro, me hab\u00edan salido a saltear en el camino y me hab\u00edan muerto dos caballos y herido otros, y dem\u00e1s desto despu\u00e9s de haber peleado conmigo me inviaron sus mensajeros diciendo que aquello que se hab\u00eda hecho hab\u00eda sido sin su licencia y consentimiento, y que ciertas comunidades se hab\u00edan movido a ello sin les dar parte, pero que ellos se lo hab\u00edan reprehendido, y que quer\u00edan mi amistad; y yo creyendo ser ans\u00ed, les hab\u00eda dicho que me plac\u00eda y me vern\u00eda otro d\u00eda seguramente en sus casas como en casas de amigos, y que ansimesmo me hab\u00edan salido al camino y peleado conmigo todo el d\u00eda hasta que la noche sobrevino, no obstante que por m\u00ed hab\u00edan sido requeridos con la paz. Y tr\u00e1jeles a la memoria todo lo dem\u00e1s que contra m\u00ed hab\u00edan fecho y otras muchas cosas que por no dar a Vuestra Alteza importunidad dejo. Finalmente que ellos quedaron y se ofrecieron por s\u00fabditos y vasallos de Vuestra Majestad y para su real servicio y ofrecieron sus personas y haciendas, y ans\u00ed lo hicieron y han hecho fasta hoy y creo lo har\u00e1n para siempre, por lo que adelante Vuestra Majestad ver\u00e1. Y ans\u00ed estuve sin salir de aquel aposento y real que all\u00ed ten\u00eda seis o siete d\u00edas porque no me osaba fiar dellos, puesto que me rogaban que me viniese a una cibdad grande que ten\u00edan donde todos los se\u00f1ores desta provincia resid\u00edan y residen, hasta tanto que todos los se\u00f1ores me vinieron a rogar que me fuese a la cibdad porque all\u00ed ser\u00eda mejor rescebido y prove\u00eddo de las cosas nescesarias que no en el campo y porque ellos ten\u00edan verg\u00fcenza en que yo estuviese tan mal aposentado, pues me ten\u00edan por su amigo y ellos y yo \u00e9ramos vasallos de Vuestra Alteza. Y por su ruego me vine a la cibdad que est\u00e1 seis leguas del aposento y real que yo ten\u00eda, la cual cibdad es tan grande y de tanta admiraci\u00f3n que aunque mucho de lo que della podr\u00eda decir deje, lo poco que dir\u00e9 creo que es casi incre\u00edble, porque es muy mayor que Granada y muy m\u00e1s fuerte y de tan buenos edeficios y de muy mucha m\u00e1s gente que Granada ten\u00eda al tiempo que se gan\u00f3 y muy mejor abastecida de las cosas de la tierra, que es de pan y de aves y caza y pescado de r\u00edos y de otras legumbres y cosas que ellos comen muy buenas. Hay en esta cibdad un mercado en que cotidianamente todos los d\u00edas hay en \u00e9l de treinta mill \u00e1nimas arr\u00edba vendiendo y comprando, sin otros muchos mercadillos que hay por la cibdad en partes. En este mercado hay todas cuantas cosas ans\u00ed de mantenimiento como de vestido y calzado que ellos tratan y puede haber. Hay joyer\u00edas de oro y plata y piedras y de otras joyas de plumajes, tan bien concertado como puede ser en todas las plazas y mercados del mundo. Hay mucha loza de muchas maneras y muy buena y tal como la mejor de Espa\u00f1a. Venden mucha le\u00f1a y carb\u00f3n y yerbas de comer y medecinales. Hay casas donde lavan las cabezas como barberos y las rapan. Hay ba\u00f1os. Finalmente, que entre ellos hay toda la manera de buena orden y polic\u00eda, y es gente de toda raz\u00f3n y concierto, y tal que lo mejor de Africa no se le iguala. Es esta provincia de muchos valles llanos y hermosos, y todos labrados y sembrados sin haber en ella cosa vacua. Tiene en torno la provincia noventa leguas y m\u00e1s. La orden que hasta agora se ha alcanzado que la gente della tiene en gobernarse es casi como las se\u00f1or\u00edas de Venecia y G\u00e9nova o Pisa, porque no hay se\u00f1or general de todos. Hay muchos se\u00f1ores y todos residen en esta cibdad, y los pueblos de la tierra son labradores y son vasallos destos se\u00f1ores y cada uno tiene su tierra por s\u00ed. Tienen unos m\u00e1s que otros. Y para sus guerras que han de ordenar j\u00fantanse todos y todos juntos las ordenan y conciertan. Cr\u00e9ese que deben de tener alguna manera de justicia para castigar los malos, porque uno de los naturales desta provincia hurt\u00f3 cierto oro a un espa\u00f1ol y yo lo dije a aquel Magiscacin, que es el mayor se\u00f1or de todos, e ficieron su pesquisa y sigui\u00e9ronlo fasta una cibdad que est\u00e1 cerca de all\u00ed que se dice Churultecal y de all\u00ed lo trajeron preso y me lo entregaron con el oro y me dijeron que yo lo hiciese castigar. Yo les agradesc\u00ed la deligencia que en ello pusieron y les dije que pues estaba en su tierra, que ellos le castigasen como lo acostumbraban, y que yo no me quer\u00eda entremeter en castigar a los suyos estando en su tierra, de lo cual me dieron gracias. Y lo tomaron, y con preg\u00f3n p\u00fablico que magnifestaba su delito le hicieron llevar por aquel grand mercado y all\u00ed le pusieron al pie de uno como teatro que est[\u00e1] en medio del dicho mercado. Y encima del teatro subi\u00f3 el pregonero y en altas voces torn\u00f3 a decir el delito de aqu\u00e9l, y vi\u00e9ndolo todos, le dieron con unas porras en la cabeza hasta que lo mataron. Y muchos otros habemos visto en prisiones que dicen que los tienen por furtos y cosas que han hecho. Hay en esta provincia, por visitaci\u00f3n que yo en ella mand\u00e9 hacer, ciento y cincuenta mill vecinos con otra provincia peque\u00f1a que est\u00e1 junto con \u00e9sta que se dice Guasyncango que viven a la manera d\u00e9stos sin se\u00f1or natural, los cuales no menos est\u00e1n por vasallos de Vuestra Alteza que estos tascalte[c]as . Estando, Muy Cat\u00f3lico Se\u00f1or, en aquel real que ten\u00eda en el campo cuando en la guerra desta provincia estaba, vinieron a m\u00ed seis se\u00f1ores muy prencipales vasallos de Mutee\u00e7uma con fasta ducientos hombres para su servicio. Y me dijeron que ven\u00edan de parte del dicho Mutee\u00e7uma a me decir c\u00f3mo \u00e9l quer\u00eda ser vasallo de Vuestra Alteza y mi amigo, y que viese yo qu\u00e9 era lo que quer\u00eda que \u00e9l diese por Vuestra Alteza en cada un a\u00f1o de tributo as\u00ed de oro como de plata y piedras y esclavos y ropa de algod\u00f3n y otras cosas de las que \u00e9l ten\u00eda, y que todo lo dar\u00eda con tanto que yo no fuese a su tierra, y que lo hac\u00eda porque era muy est\u00e9ril y falta de todos mantenimientos, y que le pesar\u00eda de que yo padesciese nescesidad y los que conmigo ven\u00edan. Y con ellos me invi\u00f3 fasta mill pesos de oro y otras tantas piezas de ropa de algod\u00f3n de la que ellos visten. Y estuvieron conmigo en mucha parte de la guerra hasta en fin della, que vieron bien lo que los espa\u00f1oles pod\u00edan y las paces que con los desta provincia se hicieron y el ofrecimiento que al servicio de Vuestra Sacra Majestad los se\u00f1ores y toda la tierra ficieron, de que, seg\u00fand paresci\u00f3 y ellos mostraban, no hobieron mucho placer, porque trabajaron por muchas v\u00edas y formas de me revolver con ellos diciendo que no era cierto lo que me dec\u00edan ni verdadera la amistad que afirmaban, y que lo hac\u00edan por me asegurar para hacer a su salvo alguna traici\u00f3n. Los de esta provincia, por consiguiente, me dec\u00edan y avisaban muchas veces que no me fiase de aquellos vasallos de Mutee\u00e7uma porque eran traidores y sus cosas siempre las hac\u00edan a traici\u00f3n y con ma\u00f1as y con \u00e9stas hab\u00edan sojuzgado toda la tierra, y que me avisaban dello como verdaderos amigos y como personas que los conosc\u00edan de mucho tiempo ac\u00e1. Vista la discordia y desconformidad de los unos y de los otros, no hobe poco placer, porque me paresci\u00f3 hacer mucho a mi prop\u00f3sito y que podr\u00eda tener manera de m\u00e1s a\u00edna sojuzgarlos y que se dijese aquel com\u00fant decir de \u00abde monte&#8230;\u00bb, etc. y a\u00fan acord\u00e9me de una abtor\u00eddad evang\u00e9lica que dice: \u00abOmne regnum in se ipsum divissum desolavitur\u00bb. Y con los unos y con los otros maneaba, y a cada uno en secreto le agradesc\u00eda el aviso que me daba y le daba cr\u00e9dito de m\u00e1s amistad que al otro. Despu\u00e9s de haber estado en esta cibdad veinte d\u00edas y m\u00e1s, me dijeron aquellos se\u00f1ores mensajeros de Mutee\u00e7uma que siempre estuvieron conmigo que me fuese a una cibdad que est\u00e1 seis leguas d\u00e9sta de Tascaltecal que se dice Churultecal, porque los naturales dellos eran amigos de Mutee\u00e7uma su se\u00f1or, y que all\u00ed sabr\u00edamos la voluntad del dicho Mutee\u00e7uma si era que yo fuese a su tierra; y que algunos dellos ir\u00edan a hablar con \u00e9l y a decirle lo que yo les hab\u00eda dicho, y me volver\u00edan con la respuesta aunque sab\u00edan que all\u00ed estaban algunos mensajeros suyos para me hablar. Yo les dije que me ir\u00eda y que me partir\u00eda para un d\u00eda cierto que les se\u00f1al\u00e9. Y sabido por los desta provincia de Tascaltecal lo que aquellos hab\u00edan concertado conmigo y c\u00f3mo yo hab\u00eda aceptado de me ir con ellos a aquella cibdad, vinieron a m\u00ed con mucha pena los se\u00f1ores y me dijeron que en ninguna manera fuese porque me ten\u00edan ordenada cierta traici\u00f3n para me matar en aquella cibdad a m\u00ed y a los de mi compa\u00f1\u00eda, y que para ello hab\u00eda inviado Mutee\u00e7uma de su tierra &#8211; porque alguna parte della confina con esta cibdad cincuenta mill hombres, y que los ten\u00eda en guarnici\u00f3n a dos leguas de la dicha cibdad, seg\u00fand se\u00f1alaron; y que ten\u00eda cerrado el camino real por do sol\u00edan ir, y hecho otro nuevo de muchos hoyos y palos agudos hincados y encubiertos para que los caballos cayesen y se mancasen; y que ten\u00edan muchas de las calles tapiadas y por las azoteas de las casas muchas piedras para que despu\u00e9s que entr\u00e1semos en la cibdad tomamos seguramente y aprovecharse de nosotros a su voluntad; y que si yo quer\u00eda ver c\u00f3mo era verdad lo que ellos me dec\u00edan, que mirase c\u00f3mo los se\u00f1ores de aquella cibdad nunca hab\u00edan venido a me ver ni a hablar estando tan cerca d\u00e9sta, pues hab\u00edan venido los de Guasucango, que estaban m\u00e1s lejos que ellos, y que los inviase a llamar y ver\u00eda c\u00f3mo no quer\u00edan venir. Yo les agradesc\u00ed su aviso y les rogu\u00e9 que me diesen ellos personas que de mi parte los fuesen a llamar, y ans\u00ed me las dieron. Y yo les invi\u00e9 a rogar que viniesen a verme porque les quer\u00eda hablar ciertas cosas de parte de Vuestra Alteza y decirles la causa de mi venida a esta tierra, los cuales mensajeros fueron y dijeron mi mensaje a los se\u00f1ores de la dicha cibdad, y con ellos vinieron dos o tres personas no de mucha abtoridad y me dijeron que ellos ven\u00edan de parte de aquellos se\u00f1ores porque ellos no pod\u00edan venir por estar enfermos, que a ellos les dijese lo que quer\u00edan. Los desta cibdad me dijeron que era burla, y que aquellos mensajeros eran hombres de poca suerte y que en ninguna manera me partiese sin que los se\u00f1ores de la cibdad viniesen aqu\u00ed. Yo les habl\u00e9 a aquellos mensajeros y les dije que embajada de tan alto pr\u00edncipe como Vuestra Sacra Majestad que no se deb\u00eda de dar a tales personas como ellos y que aun sus se\u00f1ores eran poco para la o\u00edr, por tanto que dentro de tres d\u00edas paresciesen ante m\u00ed a dar la obidiencia a Vuestra Alteza y a se ofrecer por sus vasalIos, con aprecibimiento que pasado el t\u00e9rmino que les daba si no viniesen ir\u00eda sobre ellos y los destruir\u00eda y proceder\u00eda contra ellos como contra personas rebeldes y que no se quer\u00edan someter debajo del dominio de Vuestra Alteza. Y para ello les invi\u00e9 un mandamiento firmado de mi nombre y de un escribano con relaci\u00f3n larga de la real persona de Vuestra Sacra Majestad y de mi venida, deci\u00e9ndoles c\u00f3mo todas estas partes y otras muy mayores tierras y se\u00f1or\u00edos eran de Vuestra Alteza, y que los que quisiesen ser sus vasallos ser\u00edan honrados y favorescidos, y por el contrario los que fuesen rebeldes, porque ser\u00edan castigados conforme a justicia. Y otro d\u00eda vinieron algunos de los se\u00f1ores de la dicha cibdad o casi todos y me dijeron que si ellos no hab\u00edan venido antes la cabsa era porque los desta provincia eran sus enemigos, y que no osaban entrar por su tierra porque no pensaban venir seguros; y que bien cre\u00edan que me hab\u00edan dicho algunas cosas dellos, que no les diese cr\u00e9dito, porque las dec\u00edan como enem\u00edgos y no porque pasaba ans\u00ed, y que me fuese a su cibdad y que all\u00ed conoscer\u00eda ser falsedad lo que \u00e9stos me dec\u00edan y verdad lo que ellos me certificaban; y que desde entonces se daban y ofrec\u00edan por vasallos de Vuestra Sacra Majestad, y que lo ser\u00edan para siempre y servir\u00edan y contribuir\u00edan en todas las cosas que de parte de Vuestra Alteza se les mandase. Y as\u00ed lo asent\u00f3 un escribano por las lenguas que yo ten\u00eda. Y todav\u00eda determin\u00e9 de me ir con ellos, as\u00ed por no mostrar flaqueza como porque desde all\u00ed pensaba hacer m\u00eds negocios con Mutee\u00e7uma, porque confina con su tierra, como ya he dicho, y all\u00ed osaban venir y los de all\u00ed ir all\u00e1 porque en el camino no ten\u00edan recuesta alguna. Y como los de Tascala vieron mi determinaci\u00f3n p\u00e9soles mucho y dij\u00e9ronme muchas veces que lo erraba, pero que pues ellos se hab\u00edan dado por vasallos de Vuestra Sacra Majestad y mis amigos, que quer\u00edan ir conm\u00edgo y ayudarme en todo lo que se ofreciese. Y puesto que yo gelo defend\u00ed y rogu\u00e9 que no fuesen porque no hab\u00eda nescesidad, todav\u00eda me siguieron hasta cient mill hombres muy bien adreszados de guerra y llegaron conmigo hasta dos leguas de la cibdad. Y desde all\u00ed por mucha importunidad m\u00eda se volvieron, aunque todav\u00eda quedaron en mi compa\u00f1ia hasta cinco o seis mill dellos. Y dorm\u00ed en un arroyo que all\u00ed estaba a las dos leguas por despedir la gente, porque no hiciesen alg\u00fand esc\u00e1ndalo en la cibdad y tambi\u00e9n porque era ya tarde y no quise entrar en la cibdad sobre tarde. Otro d\u00eda de ma\u00f1ana salieron de la cibdad a me rescebir al camino con muchas trompetas y atabales y muchas personas de las que ellos tienen por religiosas en sus mezquitas vestidas de las vestiduras que usan y cantando a su manera como lo hacen en las dichas mezquitas. Y con esta solemnidad nos llevaron hasta entrar en la cibdad y nos metieron en un aposento muy bueno adonde toda la gente de mi compa\u00f1\u00eda se aposent\u00f3 a mi placer, y all\u00ed nos trajeron de comer, aunque no cumplidamente. Y en el camino topamos muchas se\u00f1ales de las que los naturales de esta provincia nos hab\u00edan dicho, porque hallamos el camino real cerrado y hecho otro, y algunos hoyos aunque no muchos, y algunas calles de la cibdad tapiadas y muchas piedras en todas las azoteas. Y con esto nos hicieron estar m\u00e1s sobre aviso y a mayor recabdo. All\u00ed fall\u00e9 ciertos mensajeros de Mutee\u00e7uma que ven\u00edan a hablar con los que conmigo estaban. Y a m\u00ed no me dijeron cosa alguna m\u00e1s que ven\u00edan a saber de aqu\u00e9llos lo que conmigo hab\u00edan hecho y concertado para lo ir a decir a su se\u00f1or. Y ans\u00ed se fueron despu\u00e9s de los haber hablado ellos y aun el uno de los que antes conmigo estaban, que era el m\u00e1s prencipal. En tres d\u00edas que all\u00ed estuve proveyeron muy mal y cada d\u00eda peor, y muy pocas veces me ven\u00edan a ver ni hablar los se\u00f1ores y personas principales de la cibdad. Y estando algo perplejo en esto, a la lengua que yo tengo, que es una india de esta tierra que hobe en Putunchan, que es el rio grande de que ya en la primera relaci\u00f3n a Vuestra Majestad hice memoria, le dijo otra natural desta cibdad c\u00f3mo muy cerquita de all\u00ed estaba mucha gente de Mutee\u00e7uma junta, y que los de la cibdad ten\u00edan fuera sus mujeres e hijos y toda su ropa y que hab\u00edan de dar sobre nosotros para nos matar a todos, y si ella se quer\u00eda salvar que se fuese con ella, que la guarescer\u00eda. La cual lo dijo a aquel Jer\u00f3nimo de Aguilar, lengua que yo hobe en Yucat\u00e1n, de que ansimesmo a Vuestra Alteza hobe escripto, y me lo hizo saber. Y yo tom\u00e9 uno de los naturales de la dicha cibdad que por all\u00ed andaba y le apart\u00e9 secretamente, que nadie lo vio, y le interrogu\u00e9 y confirm\u00f3 con lo que la india y los naturales de Tascaltecal me hab\u00edan dicho. Y ans\u00ed por esto como por las se\u00f1ales que para ello v\u00eda acord\u00e9 de prevenir antes que ser prevenido, e hice llamar a algunos de los se\u00f1ores de la cibdad diciendo que les quer\u00eda hablar y met\u00edlos en una sala, y en tanto, fice que la gente de los nuestros estuviese apercibida y que en soltando una escopeta diesen en mucha cantidad de indios que hab\u00eda junto al aposento y muchos dentro en \u00e9l. Y ans\u00ed se hizo, que despu\u00e9s que tuve los se\u00f1ores dentro en aquella sala dej\u00e9los atando y cabalgu\u00e9 e hice soltar la escopeta, y d\u00edmosles tal mano que en dos horas murieron m\u00e1s de tres mill hombres. Y porque Vuestra Merced vea cu\u00e1nd aprecibidos estaban, antes que yo saliese de nuestro aposento ten\u00edan todas las calles tomadas y toda la gente a punto, aunque como los tomamos de sobresalto fueron buenos de desbaratar, mayormente que les faltaban los caudillos, porque los ten\u00eda ya presos, e hice poner fuego a algunas torres y casas fuertes donde se defend\u00edan y nos ofendian. Y ans\u00ed anduve por la cibdad peleando, dejando a buen recaudo el aposento, que era muy fuerte, bien cinco horas hasta que ech\u00e9 toda la gente fuera de la cibdad por muchas partes della, porque me ayudaban bien cinco mill indios de Tascaltecal y otros cuatrocientos de Cempoal. Y vuelto al aposento, habl\u00e9 con aquellos se\u00f1ores que ten\u00eda presos y les pregunt\u00e9 qu\u00e9 era la causa que me quer\u00edan matar a traici\u00f3n. Y me respondieron que ellos no ten\u00edan la culpa, porque los de Cul\u00faa, que son los vasallos de Mutee\u00e7uma, los hab\u00edan puesto en ello, y que el d\u00edcho Mutee\u00e7uma ten\u00eda all\u00ed en tal parte &#8211; que, seg\u00fan despu\u00e9s paresci\u00f3, ser\u00eda legua y med\u00eda &#8211; cincuenta mill hombres en guarnici\u00f3n para lo hacer; pero que ya conoscian c\u00f3mo hab\u00edan sido enga\u00f1ados, que soltase uno o dos dellos y que har\u00edan recoger la gente de la cibdad y tornar a ella todas las mujeres y ni\u00f1os y ropa que ten\u00edan fuera; y que me rogaban que aquel yerro les perdonase, que ellos me certificaban que de all\u00ed adelante nadie los enga\u00f1ar\u00eda y ser\u00edan muy ciertos y leales vasallos de Vuestra Alteza y mis amigos. Y despu\u00e9s de les haber hablado muchas cosas acerca de su yerro solt\u00e9 dos dellos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SEGUNDA RELACI\u00d3N &#8211;\u00a0Parte 1 Carta de relaci\u00f3n enviada a Su Sacra Majestad del Emperador Nuestro Se\u00f1or por el Capit\u00e1n General de la Nueva Espa\u00f1a llamado Fernando Cort\u00e9s, en la cual hace relaci\u00f3n de las tierras y provincias sin cuento que ha descubierto nuevamente en el Yucat\u00e1n desde el a\u00f1o de\u2026<\/p>\n<p class=\"continue-reading-button\"> <a class=\"continue-reading-link\" href=\"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/cartas-de-relacion-de-hernan-cortes-ii-i\/\">Seguir leyendo&#8230;<i 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