{"id":1224,"date":"2011-02-22T11:15:53","date_gmt":"2011-02-22T09:15:53","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cultureduca.com\/blog\/?p=1224"},"modified":"2018-12-22T03:12:59","modified_gmt":"2018-12-22T01:12:59","slug":"cartas-de-relacion-de-hernan-cortes-i","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/cartas-de-relacion-de-hernan-cortes-i\/","title":{"rendered":"Cartas de Relaci\u00f3n de Hern\u00e1n Cort\u00e9s (I)"},"content":{"rendered":"<p>Las Cartas de Relaci\u00f3n\u00a0de Hern\u00e1n Cort\u00e9s, un\u00a0militar espa\u00f1ol con linaje de nobles y una cierta preparaci\u00f3n intelectual, fueron escritas y dirigidas al\u00a0Rey Carlos V entre 1519 y 1526, y en ellas se narra su viaje a M\u00e9xico, la llegada a la capital del imperio azteca (Tenochitl\u00e1n), y algunas de las situaciones vividas durante la conquista de M\u00e9xico.<\/p>\n<p>Estas Cartas fueron cinco,\u00a0que se guardan en un C\u00f3dice en la Biblioteca Imperial de Viena. La edici\u00f3n completa de las cinco cartas es de 1868. La primera de las cartas no ha sido encontrada, pero se la reemplaz\u00f3 por un env\u00edo al Emperador, de la Justicia y Regimiento de la Villa Rica de Veracruz, de 1519.<\/p>\n<p>La m\u00e1s interesante de las Cartas de Relaci\u00f3n, es la segunda, donde se relata el desembarco en tierras mexicanas y las luchas por la toma de Tenochtitl\u00e1<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;<\/p>\n<p><strong>Primera Carta de Relaci\u00f3n<br \/>\n<\/strong>(Carta de Veracruz)<\/p>\n<p>Muy Altos y Muy Poderosos, Excelent\u00edsimos Pr\u00edncipes, Muy Cat\u00f3licos y Muy Grandes Reyes y Se\u00f1ores:<\/p>\n<p>Bien creemos que Vuestras Majestades por letras de Diego Vel\u00e1zquez, teniente de almirante en la isla Fernandina, habr\u00e1n sido informados de una nueva tierra que puede haber dos a\u00f1os poco m\u00e1s o menos que en estas partes fue descubierta, que principio fue intitulada por nombre Co\u00e7umel y despu\u00e9s la nombraron Yucat\u00e1n sin ser lo uno ni lo otro, como por esta nuestra relaci\u00f3n Vuestras Reales Altezas mandar\u00e1n ver. Porque las relaciones que hasta agora a Vuestras Majestades desta tierra se han hecho, ans\u00ed de la manera y riqueza della como de la forma en que fue descubierta y otras cosas que della se han dicho, no son ni han podido ser ciertas, porque nadie hasta agora las ha sabido, como ser\u00e1 \u00e9sta que nosotros a Vuestras Reales Altezas enviamos. Y trataremos aqu\u00ed desdel principio que fue descubierta esta tierra hasta el estado en que al presente est\u00e1 porque Vuestras Majestades sepan la tierra que es, la gente que la posee y la manera de su vevir y el rito y cerimonias, seta o ley que tienen, y el fruto que en ella Vuestras Reales Altezas podr\u00e1n hacer y della podr\u00e1n rescibir y de qui\u00e9n en ella Vuestras Majestades han sido servidos, porque en todo Vuestras Reales Altezas puedan hacer lo que m\u00e1s servidos ser\u00e1n. Y la cierta y muy verdadera relaci\u00f3n es en esta manera:<br \/>\nPuede haber dos a\u00f1os poco m\u00e1s o menos, Muy Esclarecidos Pr\u00edncipes, que en la cibdad de Santiago, que es en la isla Fernandina, donde nosotros hemos se\u00eddo vecinos en los pueblos della, se juntaron tres vecinos de la dicha isla, y el uno de los cuales se dice Francisco Fern\u00e1ndez de C\u00f3rdoba y el otro Lope Ochoa de Cayzedo y el otro Crist\u00f3bal Morante. Y como es costumbre en estas islas que en nombre de Vuestras Majestades est\u00e1n pobladas de espa\u00f1oles de ir por indios a las islas que no est\u00e1n pobladas de espa\u00f1oles para se servir dellos, env\u00edan los susodichos dos nav\u00edos y un bergant\u00edn para que de las dichas islas trujesen indios a la dicha isla Fernandina para se servir dellos. Y cre[e]mos, porque a\u00fan no lo sabemos de cierto, que el dicho Diego Vel\u00e1zquez, teniente de almirante, ten\u00eda la cuarta parte de la dicha armada. Y el uno de los dichos armadores fue por capit\u00e1n del armada, llamado Francisco Fern\u00e1ndez de C\u00f3rdoba, y llev\u00f3 por piloto a un Ant\u00f3n de Alaminos, vecino de la villa de Palos. Y a este Ant\u00f3n Ala minos trujimos nosotros agora tambi\u00e9n por piloto, [y] lo enviamos a Vuestras Reales Altezas para que d\u00e9l Vuestras Majestades puedan ser informados.<br \/>\nY seguiendo su viaje fueron a dar a la dicha tierra intitulada de Yucat\u00e1n a la punta della, que estar\u00e1 sesenta o setenta leguas de la dicha isla Fernandina [y] desta tierra de la Rica Villa de la Vera Cruz donde nosotros en nombre de Vuestras Reales Altezas estamos, en la cual salt\u00f3 en un pueblo que se dice Campoche, donde al se\u00f1or d\u00e9l pusieron por nombre L\u00e1zaro y all\u00ed le dieron dos m\u00e1scaras con una tela de oro por cima y otras cosillas de oro. Y porque los naturales de la dicha tierra no los consintieron estar en el pueblo y tierra se partieron de all\u00e1 y se fue la costa abajo hasta diez leguas, donde torn\u00f3 a saltar en tierra junto a otro pueblo que se llama Mochocobon y el se\u00f1or d\u00e9l Champoton. Y all\u00ed fueron bien rescebidos de los naturales de la tierra, mas no los consintieron entrar en su pueblo y aquella noche durmieron los espa\u00f1oles fuera de las naos en tierra. Y viendo esto los naturales de aquella tierra, pelearon otro d\u00eda por la ma\u00f1ana con ellos en tal manera que murieron veintes\u00e9is es pa\u00f1oles y fueron heridos todos los otros. Y finalmente, viendo el capit\u00e1n Francisco Fern\u00e1ndez de C\u00f3rdoba esto, escap\u00f3 con los que le quedaron con acogerse a las naos.<br \/>\nViendo pues el dicho capit\u00e1n c\u00f3mo le hab\u00edan muerto m\u00e1s de la cuarta parte de su gente y que todos los que le quedaban estaban heridos y que \u00e9l mismo ten\u00eda treinta y tantas heridas y que estaba cuasi muerto que no pe[n]sar\u00eda escapar, se volvi\u00f3 con los dichos nav\u00edos y gente a la isla Fe[r]nandina, don[de] hicieron saber al dicho Diego Vel\u00e1zquez c\u00f3mo hab\u00edan hallado una tierra muy rica de oro, porque a todos los naturales della lo[s] hab\u00edan visto traer puesto[s] adellos en las narices, adellos en las orejas y en otras partes; y que en la dicha tierra hab\u00eda edificios de cal y canto y mucha cantidad de otras cosas que de la dicha tierra publicaron de mucha administraci\u00f3n y riquezas. Y diji\u00e9ronle que si \u00e9l pod\u00eda enviar nav\u00edos a rescatar oro, que habr\u00eda mucha cantidad dello.<br \/>\nSabido esto por el dicho Diego Vel\u00e1zquez, movido m\u00e1s a cobdicia que a otro celo, despach\u00f3 luego un su procurador a la isla Espa\u00f1ola con cierta relaci\u00f3n que hizo a los reverendos padres de Sant Jer\u00f3nimo que en ella resid\u00edan por gobernadores destas Indias, para que en nombre de Vuestras Majestades le diesen licencia por los poderes que de Vuestras Altezas ten\u00edan para que \u00e9l pudiese enviar a bojar la dicha tierra, deci\u00e9ndoles que en ello har\u00eda gran servicio a Vuestra Majestad, con tal que le diesen licencia para que res[ca]tase con los naturales della oro y perlas y piedras preciosas y otras cosas lo cual todo fuese suyo pagando el quinto a Vuestras Majestades, los cuales por los dichos reverendos padres gobernadores jer\u00f3nimos le fue concedido, ans\u00ed porque hizo relaci\u00f3n que \u00e9l hab\u00eda descubierto la dicha tierra a su costa como por saber el secreto della y p[r]ove[e]r como al servicio de Vuestras Reales Altezas conveniese. Y por otra parte, sin lo saber los dichos padres jer\u00f3nimos, invi\u00f3 a un Gonzalo de Guzm\u00e1n con su poder y con la dicha relaci\u00f3n a Vuestras Reales Altezas deciendo que \u00e9l hab\u00eda descubierto aquella tierra a su costa, en lo cual a Vuestras Majestades hab\u00eda hecho servicio; y que la quer\u00eda conquistar a su costa, y suplicando a Vuestras Reales Altezas lo hiciesen adelantado y gobernador della en ciertas mercedes que allende desto ped\u00eda, como Vuestras Majestades habr\u00e1n ya visto por su relaci\u00f3n y por esto no las expresamos aqu\u00ed.<br \/>\nEn este medio tiempo como le vino la licencia que en nombre de Vuestras Majestades le dieron los reverendos padres gobernadores de la orden de Sant Jer\u00f3nimo, diose priesa en armar tres nav\u00edos y un bergant\u00edn, porque si Vuestras Majestades no fuesen servidos de le conceder lo que con Gonzalo de Guzm\u00e1n les hab\u00eda inviado a pidir, los hobiese ya inviado con la licencia de los dichos padres jer\u00f3nimos, y armados, envi\u00f3 por capit\u00e1n dellos a un debdo suyo que se dice Juan de Grijalba, y con \u00e9l ciento y sesenta hombres de los vecinos de la dicha isla entre los cuales venimos algunos de nosotros por capitanes por servir a Vuestras Reales Altezas. Y non s\u00f3lo venimos y venieron los de la dicha armada aventurando nuestras personas, mas aun casi todos los bastimentos de la dicha armada pusieron y pusimos de nuestras casas, en lo cual gastamos y gastaron asaz parte de sus haciendas. Y fue por piloto de la dicha armada el dicho Ant\u00f3n de Alaminos, que primero hab\u00eda descubierto la dicha tierra cuando fue con Francisco Fern\u00e1ndez de C\u00f3rdoba. Y para hacer este veaje tomaron su dicha derrota, que antes que a la dicha tierra veniesen descubrieron una isla peque\u00f1a que bojaba hasta treinta leguas que est\u00e1 por la parte del sur de la dicha tierra, la cual es llamada Co\u00e7umel. Y llegaron en la dicha isla a un pueblo que pusieron por nombre San Juan de Portal atina, y a la dicha isla llamaron Santa Cruz.<br \/>\nY el primero d\u00eda que all\u00ed llegaron salieron a verlos hasta ciento y cincuenta personas de los indios del pueblo. Y otro d\u00eda seguiente, seg\u00fand paresci\u00f3, dejaron el pueblo los dichos indios y acog\u00e9ronse al monte. Y como el capit\u00e1n tuviese necesidad de agua, h\u00edzose a la vela para la ir a tomar a otra parte el mesmo d\u00eda. Y yendo su viaje acord\u00f3se de volver al dicho puerto e isla de Santa Cruz y surj\u00f3 en \u00e9l, y saltando en tierra hall\u00f3 el pueblo sin gente como si nunca fuera poblado. Y tomada su agua, se torn\u00f3 a sus naos sin calar la tierra ni saber el secreto della, lo cual no debieran hacer, pues era menester que la calara y supiera para hacer verdadera relaci\u00f3n a Vuestras Reales Altezas de lo que era aquella isla. Y alzando velas, se fue,y prosegui\u00f3 su viaje hasta llegar a la tierra que Francisco Fern\u00e1ndez de C\u00f3rdoba hab\u00eda descubierto, adonde iba para la bojar y hacer su rescate. Y llegados all\u00e1, anduvieron por la costa della del sur hacia el poniente hasta llegar a una bah\u00eda a la cual el d\u00edcho capit\u00e1n Grijalba y piloto mayor Ant\u00f3n de Alaminos pusieron por nombre la bah\u00eda de la Ascensi\u00f3n, que seg\u00fand opini\u00f3n de pilotos es muy cerca de la punta de las Veras, que es la tierra que Vicente Ya\u00f1es descubri\u00f3 y apunt\u00f3 que la parte y mide aquella bah\u00eda, la cual es muy grande y se cree que pasa a la Mar del Norte. Y desde all\u00e1 se olvieron por la dicha costa por donde hab\u00edan ido hasta doblar la punta de la dicha tierra, y por la parte del norte della navegaron hasta llegar al dicho puerto Campoche que el se\u00f1or d\u00e9l se llama L\u00e1zaro, donde hab\u00eda llegado el dicho Francisco Fern\u00e1ndez de C\u00f3rdoba, y ans\u00ed para hacer su rescate que por el dicho Diego Vel\u00e1zquez les era mandado como por la mucha necesidad que ten\u00edan de tomar agua. Y luego que los vieron venir los naturales de la tierra, se pusieron en manera de batalla cerca de su pueblo para los defender la entrada. Y el capit\u00e1n los lIam\u00f3 con una lengua e int\u00e9rprete que lleva[ba] y venieron ciertos indios, a los cuales hizo entender que \u00e9l no ven\u00eda sino a rescatar con ellos de lo que tuviesen y a tomar agua. Y ans\u00ed se fue con ellos hasta un jag\u00fcey de agua que estaba junto a su pueblo y all\u00ed comenz\u00f3 a tomar su agua y a les decir con el dicho f[a]raute que les diesen oro y que les dar\u00edan de las preseas que llevaban. Y los indios desque aquello vieron, como no ten\u00edan oro que le dar diji\u00e9ronle que [se] fuese. Y \u00e9l les rog\u00f3 que les dejasen tomar su agua y que luego se ir\u00edan, y con todo eso no se pudo dellos defender sin que otro d\u00eda de ma\u00f1ana a hora de misas los indios no comenzasen a pel[e]ar con ellos con sus arcos y flechas y lanzas y rodelas, por manera que mataron a un espa\u00f1ol e hirieron al dicho capit\u00e1n Grijalba y a otros muchos. Y aquella tarde se embarcaron en las carabelas con su gente sin entrar en pueblo de los dichos indios y sin saber cosa de que a Vuestras Reales Majestades verdadera relaci\u00f3n se pudiese hacer.<br \/>\nY de all\u00ed se fueron por la dicha costa hasta llegar a un r\u00edo al cual pusieron por nombre el r\u00edo de Grijalba, y surj\u00f3 en \u00e9l casi a hora de vi\u00e9speras. Y otro d\u00eda de ma\u00f1ana se pusieron de la una y de la otra parte del r\u00edo gran n\u00famero de indios y gente de guerra, con sus arcos y flechas y lanzas y rodelas para defender la entrada en su tierra, y seg\u00fand paresci\u00f3 [a] algunas personas, ser\u00edan hasta cinco mill indios. Y como el capit\u00e1n esto vido no salt\u00f3 a tierra nadie de los nav\u00edos, sino desde los nav\u00edos les habl\u00f3 con las le[n]guas y farautes que tra\u00eda, rog\u00e1ndoles que se llegasen m\u00e1s cerca para que les pudiese decir la cabsa de su venida. Y entraron veinte indios en una canoa y venieron muy recatados y acerc\u00e1ronse a los nav\u00edos, y el capit\u00e1n Grijalba les dijo y dio a entender por aquel int\u00e9rpetre que llevaba c\u00f3mo \u00e9l no ven\u00eda sino a rescatar, y que quer\u00eda ser amigo dellos; y que le trajiesen oro de lo que ten\u00edan y que \u00e9l les dar\u00eda de las preseas que llevaban. Y ans\u00ed lo hicieron el d\u00eda seguiente en tray\u00e9ndole ciertas joyas de oro sotiles, y el dicho capit\u00e1n les dio de su rescate lo que le paresci\u00f3 y ellos se volvieron a su pueblo.<br \/>\nY el dicho capit\u00e1n estuvo all\u00e1 aquel d\u00eda, y otro dia seguiente se hizo a la vela sin saber m\u00e1s secreto alguno de aquella tierra, y segui\u00f3 hasta llegar a una bah\u00eda a la cual pusieron por nombre la bah\u00eda de San Juan y all\u00ed salt\u00f3 el capit\u00e1n en tierra con cierta gente en unos arenales despoblados. Y como los naturales de la tierra hab\u00edan visto que los nav\u00edos ven\u00edan por la costa acudieron all\u00ed, con los cuales \u00e9l habl\u00f3 con sus int\u00e9rpetres y sac\u00f3 una mesa en que puso ciertas preseas, haci\u00e9ndoles entender c\u00f3mo ven\u00edan a rescatar y a ser sus amigos. Y como esto vieron y entendieron los indios, comenzaron a traer piezas de ropas y algunas joyas de oro, las cuales rescataron con el dicho capit\u00e1n. Y desde aqu\u00ed despach\u00f3 y envi\u00f3 el dicho capit\u00e1n Grijalba a Diego Vel\u00e1zquez la una de las dichas carabelas con todo lo que hasta entonces hab\u00edan rescatado.<br \/>\nY partida dicha carabela para la isla Fernandina, adonde estaba Diego Vel\u00e1zquez, se fue el dicho capit\u00e1n Grijalba por la costa abajo con los nav\u00edos que le quedaron y anduvo por ella hasta cuarenta y cinco leguas sin saltar en tierra ni ver cosa alguna excepto aquello que desde la mar se paresc\u00eda. Y desde all\u00ed se comenz\u00f3 a volver para la isla Fernandina y nunca m\u00e1s vido cosa alguna de la tierra que de contar fuese, por lo cual Vuestras Reales Altezas pueden creer que todas las relaciones que desta tierra se les han hecho no han podido ser ciertas, pues no supieron los secretos dellas m\u00e1s de lo que por sus voluntades han querido escribir.<br \/>\nLlegado a la isla Fernandina el dicho nav\u00edo que el capit\u00e1n Juan de Grijalba hab\u00eda despachado de la bah\u00eda de San Juan, como Diego Vel\u00e1zquez vido el oro que llegaba y supo por las cartas que Grijalba le escrib\u00eda la ropa y preseas que por ello hab\u00edan dado en rescate, paresci\u00f3le que se hab\u00eda rescatado poco, seg\u00fand las nuevas que le daban los que en la dicha carabela hab\u00edan ido y el deseo que \u00e9l ten\u00eda de haber oro, y publicaba que no hab\u00eda ahorrado la costa que hab\u00eda hecho en la dicha armada y que le pesaba y mostraba sentimiento por lo poco que el capit\u00e1n Grijalba en esta tierra hab\u00eda hecho. En la verdad no ten\u00eda mucha raz\u00f3n de se quejar el dicho Diego Vel\u00e1zquez, porque los gastos que \u00e9l hizo en la dicha armada se le ahorraron con ciertas botas y toneles de vino y con ciertas cajas de camisas de presilla y con cierto rescate de cuentas que envi\u00f3 en la dicha armada, porque ac\u00e1 se nos vendi\u00f3 el vino a cuatro pesos de oro, que son dos mill maraved\u00eds el arroba, y la camisa de presilla se nos vendi\u00f3 a dos pesos de oro, y el mazo de las cuentas verdes a dos pesos, por manera que ahorr\u00f3 con esto todo el gasto de su armada y a\u00fan gan\u00f3 dineros. Y hacemos desto tan particular relaci\u00f3n a Vuestras Majestades porque sepan que las armadas que hasta aqu\u00ed ha hecho el dicho Diego Vel\u00e1zquez han sido tanto de trato de mercader\u00edas como de armador, y con nuestras personas y gastos de nuestras haciendas. Y aunque hemos padescido infinitos trabajos, hemos servido a Vuestras Reales Altezas y serviremos hasta tanto que la vida nos dure.<br \/>\nEstando el dicho Diego Vel\u00e1zquez con este enojo del poco oro que le hab\u00eda llevado, teniendo deseo de haber m\u00e1s, acord\u00f3 sin lo decir ni hacer saber a los padres gobernadores jer\u00f3nimos de hacer una armada so color de inviar a buscar al dicho capit\u00e1n Juan de Grijalba. Y para la hacer a menos costa suya habl\u00f3 con Fernando Cort\u00e9s, vecino y alcalde de la cibdad de Santiago por Vuestras Majestades, y d\u00edjole que armasen ambos a dos hasta ocho o diez nav\u00edos, porque a la saz\u00f3n el dicho Fernando Cort\u00e9s ten\u00eda mejor aparejo que otra persona alguna de la dicha isla por tener entonces tres nav\u00edos suyos propios y dineros para poder gastar, y porque era bien quisto en la dicha isla y que con \u00e9l se cre\u00eda que querr\u00eda venir mucha m\u00e1s gente que con otro, como vino. Y visto el dicho Fernando Cort\u00e9s lo que Diego Vel\u00e1zquez le dec\u00eda, movido con celo de servir a Vuestras Reales Altezas, propuso de gastar todo cuanto ten\u00eda y hacer aquella armada cuasi las dos partes della a su costa ans\u00ed en nav\u00edos como en bastimentos, dem\u00e1s y allende de repartir sus dineros por las personas que hab\u00edan de ir en la dicha armada que ten\u00edan necesidad para se prove[e]r de cosas necesarias para el viaje.<br \/>\nY hecha y ordenada la dicha armada, nombr\u00f3 en nombre de Vuestras Majestades el dicho Diego Vel\u00e1zquez al dicho Fernando Cort\u00e9s por capit\u00e1n della para que veniese a esta tierra a rescatar y hacer lo que Grijalba no hab\u00eda hecho. Y todo el concierto de la dicha armada se hizo a voluntad del dicho Diego Vel\u00e1zquez aunque no puso ni gast\u00f3 \u00e9l m\u00e1s de la tercia parte della, seg\u00fand Vuestras Reales Altezas podr\u00e1n mandar ver por la instruciones y poder que el dicho Fernando Cort\u00e9s rescibi\u00f3 de Diego Vel\u00e1zquez en nombre de Vuestras Majestades, las cuales enviamos agora con estos nuestros procuradores a Vuestras Altezas. Y sepan Vuestras Majestades que la mayor parte de la dicha tercia parte que el dicho Diego Vel\u00e1zquez gast\u00f3 en hacer la dicha armada fue emplear sus dineros en vinos y en ropas y en otras cosas de poco valor para nos lo vender ac\u00e1 en mucha m\u00e1s cantidad de lo que a \u00e9l le cost\u00f3 o por manera que podemos decir que entre nosotros los espa\u00f1oles, vasa llos [de] Vuestras Reales Altezas, hace Diego Vel\u00e1zquez su rescate y granjea sus dineros cobr\u00e1ndolos muy bien.<br \/>\nY acabada de hacer la dicha armada, se parti\u00f3 de la dicha isla Fernandina el dicho capit\u00e1n de Vuestras Reales Altezas Fernando Cort\u00e9s para seguir su viaje con diez carabelas y cuatrocientos hombres de guerra, entre los cuales venieron muchos caballeros e hidalgos y dices\u00e9is de caballo. Y proseguiendo el viaje, a la primera tierra que llegaron fue la isla de Co\u00e7ume[I], que agora se dice de Santa Cruz, como arriba hemos dicho, en el puerto de San Juan de Portalatina. Y saltando en tierra, se hall\u00f3 el pueblo que all\u00ed hay despoblado sin gente como si nunca hobiera sido h[ab]itado de persona alguna. Y deseando el dicho capit\u00e1n Fernando Cort\u00e9s saber cu\u00e1l era la cabsa de estar despoblado aquel lugar, hizo salir la gente de los nav\u00edos y aposent\u00e1ronse en aquel pueblo. Y estando all\u00ed con su gente, supo de tres indios que se tomaron en una canoa en la mar que se pasaba a la isla de Yucat\u00e1n que los caciques de aquella isla, visto c\u00f3mo los espa\u00f1oles hab\u00edan aportado all\u00ed, hab\u00edan dejado los pueblos y con todos sus indios se hab\u00edan ido a los montes por temor de los espa\u00f1oles por no saber con qu\u00e9 intenci\u00f3n y voluntad ven\u00edan con aquellas naos. Y el dicho Fernando Cort\u00e9s habl\u00e1ndoles por medio de una lengua y farabte que llevaba les dijo que no iban [a] hacerles mal ni da\u00f1o alguno, sino para les amonestar y atraer para que veniesen en conoscimiento de nuestra santa fee cat\u00f3lica y para que fuesen vasallos de Vuestras Majestades y les serviesen y obedeciesen como lo hacen todos los indios y gente destas partes que est\u00e1n pobladas de espa\u00f1oles vasallos de Vuestras Reales Altezas. Y asegur\u00e1ndolos el dicho capit\u00e1n por esta manera, perdieron mucha parte del temor que ten\u00edan y dijieron que ellos quer\u00edan ir a llamar a los caciques que estaban la tierra adentro en lo[s] montes, y luego el dicho capit\u00e1n les dio una su carta para que los dichos caciques veniesen seguros. Y ans\u00ed se fueron con ella, d\u00e1ndoles el capit\u00e1n t\u00e9rmino de cinco d\u00edas para volver.<br \/>\nPues como el capit\u00e1n estuviese aguardando la respuesta que los dichos indios le hab\u00edan de traer y hobiesen ya pasado otros tres o cuatro d\u00edas m\u00e1s de los cinco que llevaron de licencia y viese que no ven\u00edan, determin\u00f3, porque aquella isla no se despoblase, de inviar por la costa della otra parte. E invi\u00f3 dos capitanes con cada cient hombres y mand\u00f3les que el uno fuese a la una punta de la dicha isla y el otro a la otra, y que hablasen a los caciques que topasen y les dijiesen c\u00f3mo \u00e9l los estaba esperando en aquel pueblo y puerto de San Juan de Portalatina para les hablar de parte de Vuestras Majestades; y que les rogasen y atrajiesen como mejor pudiesen para que quisiesen venir al dicho puerto de San Juan, y que no les hiciesen mal alguno en sus personas ni casas ni haciendas porque no se alterasen ni alcanzasen m\u00e1s de lo que estaban. Y fueron los dichos dos capitanes como el capit\u00e1n Fernando Cort\u00e9s les mand\u00f3, y volviendo de ah\u00ed a cuatro d\u00edas dijieron que todo[s] los pueblos que hab\u00edan topado estaban vac\u00edos, y trujieron consigo hasta diez y doce personas que pudieron haber entre los cuales ven\u00eda un indio pr\u00edncipal, al c[u]al habl\u00f3 el dicho capit\u00e1n Fernando Cort\u00e9s de parte de Vuestras Altezas con la lengua e int\u00e9rprete que tra\u00eda y le dijo que fuesen a llamar a los caciques, porque \u00e9l no hab\u00eda de partir en ninguna manera de la dicha isla sin los ver y hablar. Y dijo que ans\u00ed lo har\u00eda, y as\u00ed se parti\u00f3 con su carta para los dichos caciques, y de ah\u00ed [a] dos d\u00edas vino con \u00e9l el pr\u00edncipal y le dijo que era se\u00f1or de la isla y que ven\u00eda a ver qu\u00e9 era lo que quer\u00eda. El capit\u00e1n le habl\u00f3 con el intr\u00e9prete y le dijo que \u00e9l no quer\u00eda ni ven\u00eda a les hacer mal alguno, sino a les decir que veniesen al conoscimiento de nuestra santa fee y que supiesen que ten\u00edamos por se\u00f1ores a los mayores pr\u00edncipes del mundo, y que estos obedec\u00edan al mayor parte d\u00e9l, y que lo que el dicho capit\u00e1n Fernando Cort\u00e9s les dijo que quer\u00eda dellos no era otra cosa sino que los caciques indios de aquella isla obedeciesen tambi\u00e9n a Vuestras Altezas; y que haci\u00e9ndolo ans\u00ed ser\u00edan muy favorescidos, y que haciendo esto no habr\u00eda qui\u00e9n los enojase. Y el dicho cacique respondi\u00f3 que era contento de lo hacer ans\u00ed, e invi\u00f3 luego a llamar a todos los principales de la dicha isla, los cuales venieron. Y venidos, holgaron mucho de todo lo que el dicho capit\u00e1n Hernando Cort\u00e9s hab\u00eda hablado a aquel cacique, se\u00f1or de la isla, y ans\u00ed los mand\u00f3 volver, y volvieron muy contentos, y en tanta manera se aseguraron que de ah\u00ed a pocos d\u00edas estaban los pueblos tan llenos de gente y tan poblados como antes, y andaban entre nosotros todos aquellos indios con tan poco temor como si mucho tiempo hobiera[n] tenido conversaci\u00f3n con nosotros.<br \/>\nEn este medio tiempo supo el capit\u00e1n que unos espa\u00f1oles estaban siete a\u00f1os hab\u00eda cativos en el Yucat\u00e1n en poder de ciertos caciques, los cuales se hab\u00edan perdido en una carabela que dio al trav\u00e9s en los bajos de Jaymayca [sic], la cual venia de tierra firme. Y ellos escaparon en una barca [de] aquella carabela saliendo a aquella tierra, y desde entonces los ten\u00edan all\u00ed cativos y presos los indios. Y bien tra\u00eda aviso el dicho capit\u00e1n Fernando Cort\u00e9s cuando parti\u00f3 de la isla Fernandina para saber destos espa\u00f1oles, y como aqu\u00ed supo nueva dellos y la tierra donde estaba[n], le paresci\u00f3 que har\u00eda mucho servicio a Dios [y] a Vuestra Majestad en trabajar que saliesen de la presi\u00f3n y cabteverio en que estaban. Y luego quisiera ir con toda la flota con su persona a los redemir si no fuera porque los pilotos le dijieron que en ninguna manera lo hiciese porque ser\u00eda cabsa que la flota y gente que en ella iba se perdiese, a cabsa de ser la costa muy brava como lo es y no haber en ella puerto ni parte donde pudiese surgir con los dichos nav\u00edos, y por esto lo dej\u00f3. Y provey\u00f3 luego con ciertos indios en una canoa, los cuales le hab\u00edan dicho que sab\u00edan qui\u00e9n era el cacique con quien los dichos espa\u00f1oles estaban, y les escribi\u00f3 c\u00f3mo si \u00e9l dejaba de ir en persona con su armada por los librar no era sino por ser mala y brava la costa para surgir, pero que les rogaba que trabajasen de se soltar y huir en algunas canoas, y que ellos esperar\u00edan all\u00ed en la isla de Santa Cruz.<br \/>\nTres d\u00edas despu\u00e9s que el dicho capit\u00e1n despach\u00f3 aquellos indios con sus cartas, no le paresciendo que estaba muy satisfecho, creyendo que aquellos indios no lo sabr\u00edan hacer tan bien como \u00e9l deseaba, acord\u00f3 de inviar e invi\u00f3 dos bergantines y un batel con cuarenta espa\u00f1oles de su armada a la dicha costa para que tomasen y recogesen a los espa\u00f1oles cativos si all\u00ed acudiesen. Y envi\u00f3 con ellos otros tres indios para que saltasen en tierra y fuesen a buscar y llamar a los espa\u00f1oles presos con otra carta suya. Y llegados estos dos bergantines y batel a la costa donde iban, echaron a tierra los tres indios e invi\u00e1ronlos a buscar a los espa\u00f1oles como el capit\u00e1n les hab\u00eda mandado. Y estuvi\u00e9ronlos esperando en la dicha costa seis d\u00edas con mucho trabajo, que casi se hobieran perdido y dado al trav\u00e9s en la dicha costa por ser tan brava all\u00ed la mar, seg\u00fand los pilotos hab\u00edan dicho. Y visto que no ven\u00edan los espa\u00f1oles y captivos ni los indios que a buscarlos hab\u00edan ido, acordaron de se volver adonde el dicho capit\u00e1n Fernando Cort\u00e9s los estaba agraciando a la isla de Santa Cruz. Y llegados a la isla, como el capit\u00e1n supo el mal que tra\u00edan rescibi\u00f3 mucha pena, y luego otro d\u00eda propuso de embarcar con toda determinaci\u00f3n de ir y llegar a aquella tierra aunque toda la flota se perdiese, y tambi\u00e9n por se certificar si era verdad lo que el capit\u00e1n Juan de Grijalba hab\u00eda enviado a decir a la isla Fernandina diciendo que era burla, que nunca a aquella costa hab\u00edan llegado ni se hab\u00eda[n] perdido aquellos espa\u00f1oles que se dec\u00eda estar captivos.<br \/>\nY estando con este prop\u00f3sito el capit\u00e1n, embarcada ya toda la gente, que no faltaba de se embarcar salvo su persona con otros veinte espa\u00f1oles que con \u00e9l estaban en tierra, y haci\u00e9ndoles el tiempo muy bueno y conforme a su prop\u00f3sito para salir del puerto, se llevant\u00f3 a deshora un viento contrario con unos aguaceros muy contrarios para salir, en tanta manera que los pilotos dijieron al capit\u00e1n que no se embarcarse porque el tiempo era muy contrario para salir del puerto. Y visto esto, el capit\u00e1n mand\u00f3 desembarcar toda la otra gente del armada. Y otro d\u00eda a mediod\u00eda vieron venir una canoa a la vela hacia la dicha isla. Llegada donde nosotros est\u00e1bamos, vimos c\u00f3mo ven\u00eda en ella uno de los espa\u00f1oles cativos que se llama Jer\u00f3nimo de Aguilar, el cual nos cont\u00f3 la manera c\u00f3mo se hab\u00eda perdido y el tiempo que hab\u00eda que estaba en aquel cabtiverio, que es como arriba a Vuestras Reales Altezas hemos hecho relaci\u00f3n. Y t\u00favose entre nosotros aquella contrariedad de tiempo que sucedi\u00f3 de improviso, como es verdad, por muy gran misterio, milagro de Dios, por donde se cree que ninguna cosa se comenzar\u00e1 que en servicio de Vuestras Majestades sea que pueda suceder sino en bien. D\u00e9ste Jer\u00f3nimo de Aguilar fuimos informados que los otros espa\u00f1oles que con \u00e9l se perdieron en aquella carabela que dio al trav\u00e9s estaban muy desparramados por la tierra, la cual nos dijo que era muy grande y que era imposible poderlos recoger sin estar ni gastar mucho tiempo en ello.<br \/>\nPues como el capit\u00e1n Fernando Cort\u00e9s viese que se iban ya acabando los bastimentos del armada y que la gente padecer\u00eda mucha necesidad de hambre si se dilatase y esperase all\u00ed m\u00e1s tiempo y que no habr\u00eda efecto el prop\u00f3sito de su viaje, determin\u00f3, con parescer de los que en su compa\u00f1\u00eda ven\u00edan, de se partir. Y luego se parti\u00f3 dejando aquella isla de Cozume[l], que agora se llama de Santa Cruz, muy pac\u00edfica, y en tanta manera que si fuera para ser poblador della pudieran con toda voluntad los indios della comenzar luego a servir. Y los caciques quedaron muy contentos y alegres por lo que de parte de Vuestras Reales Altezas les hab\u00eda dicho el capit\u00e1n y por les haber dado muchos atav\u00edos para sus personas. Y tengo por cierto que todos los espa\u00f1oles que de aqu\u00ed adelante a la dicha isla veniere[n] ser\u00e1n tan bien rescibidos como si a otra tierra de las que ha mucho tiempo que est\u00e1n pobladas llegasen.<br \/>\nEs la dicha isla peque\u00f1a, y no hay en ella r\u00edo alguno ni arroyo y toda el agua que los indios beben es de pozos, y en ella no hay otra cosa sino pe\u00f1as y piedras y arcabucos y montes. Y la granjer\u00eda que los indios della tienen es colmenares, y nuestros procuradores llevaban a Vuestras Altezas la muestra, de la miel y cera de los dichos colmenares para que la manden ver.<br \/>\nSepan Vuestras Majestades que como el capit\u00e1n respondiese a los caciques de la dicha isla deci\u00e9ndoles que no veviesen m\u00e1s en la secta gent\u00edlica que ten\u00edan, pidieron que les diese ley en que veviesen de all\u00ed adelante. Y el dicho capit\u00e1n los inform\u00f3 lo mejor que \u00e9l supo en la fee cat\u00f3lica y les dej\u00f3 una cruz de palo puesta en una casa alta y una imagen de Nuestra Se\u00f1ora la Virgen Mar\u00eda y les dio a entender muy cumplidamente lo que deb\u00edan hacer para ser buenos cristianos. Y ellos mostr\u00e1ronlo que rescib\u00edan todo de muy buena voluntad, y ans\u00ed quedaron muy alegres y contentos.<br \/>\nPartidos desta isla fuimos a Yucat\u00e1n, y por la banda del norte corrimos la tierra adelante hasta llegar al r\u00edo grande que se dice de Grijalba, que es, seg\u00fand a Vuestras Reales Altezas hicimos desuso relaci\u00f3n, adonde lleg\u00f3 el capit\u00e1n Juan de Grijalba, pariente de Diego Vel\u00e1zquez. Y es tan baja la entrada de aquel r\u00edo que ning\u00fan nav\u00edo de los grandes pudo en \u00e9l entrar, mas como el dicho capit\u00e1n Fernando Cort\u00e9s est\u00e9 tan inclinado al servicio de Vuestras Majestades y tenga voluntad de les hacer verdadera relaci\u00f3n de lo que en la tierra hay, propuso de no pasar m\u00e1s adelante hasta saber el secreto de aquel r\u00edo y pueblos que en la ribera d\u00e9l est\u00e1n por la gran fama que de riqueza se dec\u00eda ten\u00edan, y ans\u00ed sac\u00f3 toda la gente de su armada en los bergantines peque\u00f1os y en las barcas. Y subimos por el dicho r\u00edo arriba hasta llegar y ver la tierra y pueblos della, y como lleg\u00e1semos al primero pueblo hallamos la gente de los indios d\u00e9l puesta a la orilla del agua. Y el dicho capit\u00e1n les habl\u00f3 con la lengua y farabte que llev\u00e1bamos y con el dicho Jer\u00f3nimo de Aguilar, que hab\u00eda, como dicho es desuso, estado captivo en Yucat\u00e1n, que entend\u00eda muy bien y hablaba la lengua de aquella tierra. Y les hizo entender c\u00f3mo \u00e9l no ven\u00eda a les hacer mal ni da\u00f1o alguno sino a les hablar de parte de Vuestras Majestades, y que para esto les rogaba que nos dejasen y hobiesen por bien que salt\u00e1semos en tierra porque no ten\u00edamos d\u00f3nde dormir aquella noche sino en la mar, en aquellos bergantines y barcas en las cuales no cab\u00edamos aun de pies, porque para volver a nuestros nav\u00edos era muy tarde porque quedaban en alta mar. Y o\u00eddo esto por los indios, respondi\u00e9ronle que hablase desde all\u00ed lo que quisiese, y que no hab\u00edase de saltar \u00e9l ni su gente en tierra, sino que le defender\u00edan la entrada. Y luego en dic\u00edendo esto comenz\u00e1ronse a poner en orden para nos tirar flechas, amenaz\u00e1ndonos y deci\u00e9ndonos que nos fu\u00e9semos de all\u00ed. Y por ser este dia muy tarde, que casi era ya que se quer\u00eda poner el sol, acord\u00f3 el capit\u00e1n que nos fu\u00e9semos a unos arenales que estaban enfrente de aquel pueblo, y all\u00ed saltamos en tierra y dormimos aquella noche.<br \/>\nOtro dia de ma\u00f1ana luego seguiente venieron a nosotros ciertos indios en un[a] canoa y trajeron ciertas gallinas y un poco de ma\u00edz, que habr\u00eda para comer&#8230; hombres en una comida, y diji\u00e9ronnos que tom\u00e1semos aquello y que nos fu\u00e9semos de su tierra. Y el capit\u00e1n les habl\u00f3 con los int\u00e9rpetres que ten\u00edamos y les dio a entender que en ninguna manera \u00e9l se hab\u00eda de partir de aquella tierra hasta saber el secreto della para poder escribir a Vuestra Sacra Majestad verdadera relaci\u00f3n della, y que les tomaba a rogar que no rescibiesen pena dello ni le defendiesen la entrada en el dicho pueblo, pues que era[n] vasallos de Vuestras Reales Altezas. Y todav\u00eda respondieron deciendo que no cur\u00e1semos de entrar en el dicho puerto, sino que nos fu\u00e9semos de su tierra, y ans\u00ed se fueron. Y despu\u00e9s de idos, determin\u00f3 el dicho capit\u00e1n de ir all\u00e1 y mand\u00f3 a un capit\u00e1n de los que en su compa\u00f1\u00eda estaban que se fuese con docientos hombres por un camino que aquella noche que en tierra estuvimos se hall\u00f3 que iba a aquel pueblo. Y el dicho capit\u00e1n Fernando Cort\u00e9s se embarc\u00f3 con hasta ochenta hombres en las barcas y bergantines y se fue a poner frontero del pueblo para saltar en tierra si le dejasen. Y como lleg\u00f3 hall\u00f3 los indios puestos de guerra armados con sus arcos y flechas y lanzas y rodelas deciendo que nos fu\u00e9semos de su tierra no si quer\u00edamos guerra, que comenz\u00e1semos luego porque ellos eran hombres para defender su pueblo. Y despu\u00e9s de les haber requerido el dicho capit\u00e1n tres veces y ped\u00eddolo por testimonio al escribano de Vuestras Reales Altezas que consigo llevaba deci\u00e9ndoles que no quer\u00eda guerra, viendo que la deter[mi]nada voluntad de los dichos indios era resistirle que no saltase en tierra y que comenzaban a flechar contra nosotros, mand\u00f3 soltar los tiros de artiller\u00eda que llevaba y que arremeti\u00e9semos a ellos.Y soltados los tiros, al saltar que la gente salt\u00f3 en tierra nos hirieron a algunos, pero finalmente con a priesa que les dimos y con la gente que por las espaldas les dio de la nuestra que por el camino hab\u00eda ido, huyeron y dejaron el pueblo, y ans\u00ed lo tomamos y nos aposentamos en \u00e9l en la parte d\u00e9l que m\u00e1s fuerte nos paresci\u00f3.<br \/>\nY otro d\u00eda seguiente venieron a hora de vi\u00e9speras dos indios de parte de los caciques y trajieron ciertas joyas de oro muy delgadas de poco valor, y dijieron al capit\u00e1n que ellos le tra\u00edan aquello porque se fuese y les dejase su tierra como antes sol\u00edan estar, y que no les hiciese mal ni da\u00f1o. Y el dicho capit\u00e1n le[s] respondi\u00f3 deciendo que a lo que ped\u00edan de no les hacer mal ni da\u00f1o que \u00e9l era contento, y de dejarles la tierra, porque supiesen que de all\u00ed adelante hab\u00edan de tener por se\u00f1ores a los mayores pr\u00edncipes del mundo y que hab\u00edan de ser sus vasallos y I[e]s hab\u00edan de servir; y que haciendo esto, Vuestras Majestades les har\u00edan muchas mercedes y los favorescer\u00edan y amparar\u00eda[n] y defender\u00eda[n] de sus enemigos. Y ellos respondieron que eran contentos de lo hacer ans\u00ed, pero todav\u00eda le requer\u00edan que les dejase su tierra, y ans\u00ed quedamos todos amigos. Y concertada esta amistad, les dijo el capit\u00e1n que la gente espa\u00f1ola que all\u00ed est\u00e1bamos con \u00e9l no ten\u00edamos qu\u00e9 comer ni lo hab\u00edamos sacado de las naos, que les rogaba que el tiempo que all\u00ed en tierra estuvi\u00e9semos nos trujiesen de comer. Y ellos respondieron que otro di[a] lo traer\u00edan, y ans\u00ed se fueron. Y tardaron aquel d\u00eda y otro que no venieron con ninguna comida, y desta cabsa est\u00e1bamos todos con mucha necesidad de mantenimiento. Y al tercero d\u00eda pidieron algunos espa\u00f1oles licencia al capit\u00e1n para ir por las estancias de alderredor a buscar de comer. Y como el capit\u00e1n viese que los indios no ven\u00edan como hab\u00edan quedado, invi\u00f3 cuatro capitanes con m\u00e1s de docientos hombres a buscar a la redonda del pueblo si hallar\u00edan algo de comer. Y and\u00e1ndolo buscando toparon con muchos indios, y comenzaron luego a flecharlos en tal manera que hirieron veinte espa\u00f1oles, y si no fuera hecho de presto saber el capit\u00e1n para que los socorriese como les socorri\u00f3, que creyese que mataran m\u00e1s de la mitad de los cristianos. Y ans\u00ed nos venimos y retrujimos todos a nuestro real, y fueron curados los heridos y descansaron los que hab\u00edan peleado. Y viendo el capit\u00e1n cu\u00e1nd mal los indios lo hab\u00edan hecho, que en lugar de nos traer de comer, como hab\u00eda[n] quedado, nos frechaba[n] y hacia[n] guerra, mand\u00f3 sacar diez caballos y yeguas de los que en las naos llevaban y lapercebir toda la gente, porque ten\u00eda pensamiento que aquellos indios con el favor que el d\u00eda pasado hab\u00edan tomado vern\u00edan a dar con nosotros al real con pensamiento de hacer da\u00f1o. Y estando ans\u00ed todos bien apercebidos, envi\u00f3 otro d\u00eda ciertos capitanes con trescientos hombres adonde el d\u00eda pasado hab\u00edan habido la batalla a saber si estaban all\u00ed los dichos indios o qu\u00e9 hab\u00eda sido dellos. Y dende a poco envi\u00f3 otros dos capitanes con la retroguardia con otros cient hombres, y el dicho capit\u00e1n Fernando Cort\u00e9s se fue con los diez de a caballo encubiertamente por un lado. Yendo pues en esta orden, los delanteros toparon gran multitud de indios de guerra que ven\u00edan todos a dar sobre nosotros en el real, y si por caso aquel d\u00eda no los hobi\u00e9ramos salido a rescibir al camino pudiera ser que nos pusieran en harto trabajo. Y como el capit\u00e1n del artiller\u00eda que iba delante hiciese ciertos requer\u00edmientos por ante escribano a los dichos indios de guerra que top\u00f3, d\u00e1ndoles a entender por los farautes y le[n]guas que all\u00ed iban con nosotros [que] no quer\u00edamos guerra sino paz y amor con ellos, no se curaron de responder con palabras sino con frechas muy espesas que comenzaron a tirar. Y estando ans\u00ed pelleando los delanteros con los indios, llegaron los dos capitanes de la retroguardia. Y habiendo dos horas que estaban pelleando todos con los indios, lleg\u00f3 el capit\u00e1n Fernando Cort\u00e9s con los de caballo por la una parte del monte por donde los indios comenzar\u00edan a cercar a los espa\u00f1oles a la redonda, y all\u00ed anduvo p[e]leando con los dichos indios una hora. Y tanta era la multitud de indios que ni los que estaban peleando con la gente de pie de los espa\u00f1oles v\u00edan a los de caballo ni sab\u00edan a qu\u00e9 parte andaban ni los mismos de caballo entrando y saliendo en los indios se v\u00edan unos a otros. Mas desque los espa\u00f1oles sintieron a los de caballo arremetieron de golpe a ellos, y luego fueron los dichos indios puestos en huida. Y seguiendo media legua el alcance,visto por el capit\u00e1n c\u00f3mo los indios iban huyendo y que no hab\u00eda m\u00e1s que hacer y que su gente estaba muy cansada, mand\u00f3 que todos se recogesen a unas casas de unas estancias que all\u00ed hab\u00eda. Y despu\u00e9s de recogidos, se hallaron heridos veinte hombres, de los cuales ninguno muri\u00f3 ni de los que herieron el d\u00eda pasado.<br \/>\nY ans\u00ed, recogidos y curados los heridos, nos volvimos al real y trujimos con nosotros dos indios que all\u00ed se tomaron, los cuales el dicho capit\u00e1n mand\u00f3 soltar, y envi\u00f3 con ellos sus cartas a los caciques deci\u00e9ndoles que si quisiesen venir adonde \u00e9l estaba, que les perdonar\u00eda el yerro que hab\u00edan hecho y que ser\u00edan sus amigos. Y este mesmo d\u00eda en la tarde venieron dos indios que paresc\u00edan principales y dijieron que a ellos les pesaba mucho de lo pasado, y que aquellos caciques le rogaban que los perdonase[n] y que no les hiciesen m\u00e1s da\u00f1o de lo pasado y que no les matasen m\u00e1s gente de la muerta, que fueron hasta docientos y veinte hombres los muertos; y que lo pasado fuese pasado y que dende adelante ellos quer\u00edan ser vasallos de aquellos pr\u00edncipes que les dec\u00eda, y que por tales se daban y ten\u00edan, y que quedaban y se obligaban de servirles cada vez que en nombre de Vuestras Majestades algo les mandasen. Y ans\u00ed se asentaron y quedaron hechas las paces. Y pregunt\u00f3 el capit\u00e1n a los dichos indios por el int\u00e9rpetre que ten\u00eda que qu\u00e9 gente era la que en la batalla se hab\u00eda hallado. Y respondi\u00e9ronle que de ocho proviencias se hab\u00edan ayuntado los que all\u00ed hab\u00edan venido, y que seg\u00fand la cuenta y copia que ellos ten\u00edan ser\u00eda por todos cuarenta mill hombres, y que hasta aquel n\u00famero sab\u00edan ellos muy bien contar. Crean Vuestras Reales Altezas por cierto que esta batalla fue vencida m\u00e1s por voluntad de Dios que por nuestras fuerzas, porque para con cuarenta mill hombres de guerra poca defensa fuera cuatrocientos que nosotros \u00e9ramos.<br \/>\nDespu\u00e9s de quedar todos muy amigos nos dieron en cuatro o cinco dias que all\u00ed estuvimos hasta ciento y cuarenta pesos de oro entre todas piezas, y tan delgadas y tenidas [por] ellos en tanto que bien paresce ser tierra muy pobre de oro, porque de muy cierto se pens\u00f3 que aquello poco que ten\u00edan era tra\u00eddo de otras partes por rescate.<br \/>\nLa tierra es muy buena y muy abondosa de comida, ans\u00ed de ma\u00edz como de frutas, pescado y otras cosas que ellos comen. Est\u00e1 asentado este pueblo en la ribera del susodicho r\u00edo por donde entramos en un llano en el cual hay muchas estancias y labranzas de las que ellos usan y tienen. Reprendi\u00f3seles el mal que hac\u00edan en adorar a los \u00eddolos y dioses que ellos tienen e h\u00edzoseles entender c\u00f3mo hab\u00edan de venir en conoscimiento de nuestra muy santa fee. Y qued\u00f3 les una cruz de madera grande puesta en alto, y quedaron muy contentos y dijieron que la tern\u00edan en mucha ven[er]aci\u00f3n y la adorar\u00edan, quedando los dichos indios en esta manera por nuestros amigos y por vasallos de Vuestras Reales Altezas.<br \/>\nEl dicho capit\u00e1n Fernando Cort\u00e9s se parti\u00f3 de all\u00ed proseguiendo su viaje y llegamos al puerto y bah\u00eda que se dice San Juan, que es adonde el susodicho capit\u00e1n Juan de Grijalba hizo el rescate de que arriba a Vuestras Majestades est\u00e1 hecha relaci\u00f3n. Luego que all\u00ed llegamos, los indios naturales de la tierra vinieron a saber qu\u00e9 carabelas eran aqu\u00e9llas que hab\u00edan venido, y por ser el d\u00eda que llegamos muy tarde de casi noche est\u00favose quedo el capit\u00e1n en las carabelas y mand\u00f3 que nadie saltase en tierra. Y otro d\u00eda de ma\u00f1ana sali\u00f3 a tierra el dicho capit\u00e1n con mucha parte de la gente de su armada y hall\u00f3 all\u00ed dos principales de los indios a los cuales dio ciertas preseas de vestir de su persona. Y les habl\u00f3 con los int\u00e9rpetres y lenguas que llev\u00e1bamos d\u00e1ndoles a entender c\u00f3mo \u00e9l ven\u00eda a estas partes por mandado de Vuestras Reales Altezas a les hablar y decir lo que hab\u00edan de hacer que a su servicio conven\u00eda, y que para esto les rogaba que luego fuesen a su pueblo y que llamasen al dicho cacique y caciques que all\u00ed hobiese para que le veniesen [a] hablar. Y porque veniesen seguros les dio para los caciques dos camisas, [cintas de] oro y dos jubones, uno de raso y otro de terciopelo, y sendas gorras de grana y sendos pares de zaraveles, y ans\u00ed se fueron con estas joyas a los dichos caciques.<br \/>\nY otro d\u00eda seguiente poco antes de mediod\u00eda vino un cacique con ellos de aquel pueblo, al cual el dicho capit\u00e1n habl\u00f3 y le hizo entender con los farabtes que no ven\u00edan a les hacer mal ni da\u00f1o alguno, sino a les hacer saber c\u00f3mo hab\u00edan de ser vasallos de Vuestras Majestades y le[s] hab\u00edan de servir y dar de lo que en su tierra tuviesen, como todos los que son ans\u00ed lo hacen. Y respondi\u00f3 que \u00e9l era muy contento de lo ser y obedescer, y que le plac\u00eda de le servir y tener por se\u00f1ores a tan altos pr\u00edncipes como el capit\u00e1n les hab\u00eda hecho entender que eran Vuestras Reales Altezas. Y luego el capit\u00e1n le dijo que pues tan buena voluntad mostraba a su rey y se\u00f1or, que \u00e9l ver\u00eda las mercedes que Vuestras Majestades dende en adelante le har\u00edan. Deci\u00e9ndole esto, le hizo vestir una camisa de holanda y un say\u00f3n de terciopelo y una cinta de oro, con lo cual el dicho cacique fue muy contento y alegre deciendo al capit\u00e1n que \u00e9l se quer\u00eda ir a su tierra, y que lo esper\u00e1semos all\u00ed y que otro d\u00eda volver\u00eda y traer\u00eda de lo que tuviese porque m\u00e1s enteramente conosci\u00e9semos la voluntad que del servicio de Vuestras Reales Altezas tiene, y ans\u00ed se despedi\u00f3 y se fue. Y otro d\u00eda adelante vino el dicho cacique como hab\u00eda quedado e hizo tender una manta blanca delante del capit\u00e1n y ofresci\u00f3le ciertas pre[cio]sas joyas de oro poni\u00e9ndolas sobre la manta, de las cuales y de otras que despu\u00e9s se hobieron hacemos particular relaci\u00f3n a Vuestras Majestades en un memorial que nuestros procuradores llevar\u00e1n.<br \/>\nDespu\u00e9s de se haber despedido de nosotros el dicho cacique y vuelto a su casa en mucha conformidad, como en esta armada venimos personas nobles, caballeros hijosdalgo celosos del servicio de Nuestro Se\u00f1or y de Vuestras Reales Altezas y deseosos de ensalzar su corona real, de acrecentar sus se\u00f1or\u00edos y de aumentar sus rentas, nos juntamos y platicamos con el dicho capit\u00e1n Fernando Cort\u00e9s, deciendo que esta tierra era buena y que seg\u00fand la muestra de oro que aquel cacique hab\u00eda tra\u00eddo se cre\u00eda que deb\u00eda de ser muy rica, y que seg\u00fand las muestras que el dicho cacique hab\u00eda dado era de creer que \u00e9l y todos sus indios nos ten\u00edan muy buena voluntad; por tanto, que nos paresc\u00eda que no conven\u00eda al servicio de Vuestras Majestades que en tal tierra se hiciese lo que Diego Vel\u00e1zquez hab\u00eda mandado hacer al dicho capit\u00e1n Fernando Cort\u00e9s, que era rescatar todo el oro que pudiese, y rescatado, volverse con todo ello a la isla Fernandina para gozar solamente dello el dicho Diego Vel\u00e1zquez y el dicho capit\u00e1n; y que lo mejor que a todos nos paresc\u00eda era que en nombre de Vuestras Reales Altezas se poblase y fundase all\u00ed un pueblo en que hobiese justicia para que en esta tierra tuviesen se\u00f1or\u00edo como en sus reinos y se\u00f1or\u00edos lo tienen; porque siendo esta tierra poblada de espa\u00f1oles, dem\u00e1s de acrecentar los reinos y se\u00f1or\u00edos de Vuestras Majestades y sus rentas, nos podr\u00edan hacer mercedes a nosotros y a los pobladores que de m\u00e1s all\u00e1 veniesen adelante. Y acordado esto, nos juntamos todos en concordes de un \u00e1nimo y voluntad y fecimos un requerimiento al dicho capit\u00e1n en el cual dijimos que, pues \u00e9l v\u00eda cu\u00e1nto al servicio de Dios Nuestro Se\u00f1or y al de Vuestras Majestades conven\u00eda que esta tierra estuviese poblada, d\u00e1ndole las cabsas de que arriba a Vuestras Altezas se ha hecho relaci\u00f3n, que le requerimos que luego cesase de hacer rescates de la manera que los ven\u00eda a hacer, porque ser\u00eda destruir la ti[e]rra en mucha manera y Vuestras Majestades ser\u00edan en ello muy deservidos; y que ans\u00edmismo le pedimos y requer\u00edmos que luego nombrase para aquella villa que se hab\u00eda por nosotros de hacer y fundar alcaldes y regidores en nombre de Vuestras Reales Altezas, con ciertas protestaciones en forma que contra \u00e9l protestamos si ans\u00ed no lo hiciese. Y hecho este requerimiento al dicho capit\u00e1n, dijo que con su respuesta el d\u00eda seguiente nos responder\u00eda. Y viendo pues el dicho capit\u00e1n c\u00f3mo conven\u00eda al servicio de Vuestras Reales Altezas lo que le ped\u00edamos, luego otro d\u00eda nos respondi\u00f3 deciendo que su voluntad estaba m\u00e1s inclinada a[l] servicio de Vuestras Majestades que a otra cosa alguna; y que no mirando al interese que a \u00e9l se le seguiera si procediera en el rescate que tra\u00eda presupuesto de hacer ni a los grandes gastos que de su hacienda hab\u00eda hecho en aquella armada juntamente con el dicho Diego Vel\u00e1zquez, antes posponi\u00e9ndolo todo, le plac\u00eda y era contento de hacer lo que por nosotros le era pedido pues que tanto conven\u00eda al servicio de Vuestras Reales Altezas, y luego comenz\u00f3 con gran diligencia a poblar y a fundar una villa, a la cual puso por nombre la Rica Villa de la Vera Cruz. Y nombr\u00f3nos a los que la presente carta escribimos por alcaldes y regidores de la dicha villa, y en nombre de Vuestras Reales Altezas rescibi\u00f3 de nosotros el juramento y solemnidad que en tal caso se acostumbra y suele hacer. Despu\u00e9s de lo cual, otro d\u00eda seguiente entramos en nuestro cabildo y ayuntamiento. Y estando ans\u00ed juntos, inviamos a llamar al dicho capit\u00e1n Fernando Cort\u00e9s y le pedimos en nombre de Vuestras Reales Altezas que nos mostrase los poderes e instituciones que el dicho Diego Vel\u00e1zquez le hab\u00eda dado para venir a estas partes, el cual envi\u00f3 luego por ellos y nos los mostr\u00f3.Y vistos y le\u00eddos por nosotros, bien examinados seg\u00fand lo que podimos mejor entender, hallamos a nuestro parescer que por los dichos poderes e instruciones no ten\u00eda m\u00e1s poder el dicho capit\u00e1n Fernando Cort\u00e9s, y que por haber ya espirado no pod\u00eda usar de justicia ni de capit\u00e1n de all\u00ed adelante. Paresci\u00e9ndonos pues, Muy Exelentisimos Pr\u00edncipes, que para la pacificaci\u00f3n y concordia dentre nosotros y para nos gobernar bien conven\u00eda poner una persona para su real servicio que estuviese en nombre de Vuestras Majestades en la dicha villa y en estas partes por justicia mayor y capit\u00e1n y cabeza a quien todos acat\u00e1semos hasta hacer relaci\u00f3n dello a vuestras Reales Altezas, para que en ello proveyese[n] lo que m\u00e1s servidos fuesen. Y visto que a ninguna persona se podr\u00eda dar mejor el dicho cargo que al dicho Fernando Cort\u00e9s, porque dem\u00e1s de ser persona tal cual para ello conviene tiene muy gran celo y deseo del servicio de Vuestras Majestades, y ans\u00edmismo por la esperiencia que destas partes e islas tiene de cabsa de los oficios reales y cargos que en ellas de Vuestras Reales Altezas ha tenido, de los cuales ha siempre dado buena cuenta, y por haber gastado todo cuanto ten\u00eda por venir como vino con esta armada en servicio de Vuestras Majestades, y por haber tenido en poco, como hemos hecho relaci\u00f3n, todo lo que pod\u00eda ganar e interese que se le pod\u00eda seguir si rescatara como ten\u00eda concertado, le prove\u00edmos en nombre de Vuestras Reales Altezas de justicia y alcalde mayor, del cual rescibimos el juramento que en tal caso se requiere. Y hecho como conven\u00eda al servicio de Vuestras Majestades, lo rescibimos en su real nombre en nuestro ayuntamiento y cabildo por justicia mayor y capit\u00e1n de Vuestras Reales [Altezas], y ans\u00ed est\u00e1 y estar\u00e1 hasta tanto que Vuestras Majestades provea[n] lo que m\u00e1s a su servicio convenga. Hemos querido hacer de todo esto relaci\u00f3n a Vuestras Reales Altezas porque sepan lo que ac\u00e1 se ha hecho y el estado y manera en [que] quedamos.<br \/>\nDespu\u00e9s de hecho lo susodicho, estando todos ayuntados en nuestro cabildo, acordamos de escribir a Vuestras Majestades y les inviar todo el oro y plata y joyas que en esta tierra habemos habido, dem\u00e1s y allende de la quinta parte que de sus rentas y derechos reales les pertenesce. Y que con todo ello por ser lo primero sin quedar cosa alguna en nuestro poder servi\u00e9semos a Vuestras Reales Altezas, mostrando en esto la mucha voluntad que a su servicio tenemos, como hasta aqu\u00ed la habemos hecho con nuestras personas y haciendas. Y acordado por nosotros esto, elegimos por nuestros procuradores a Alonso Fern\u00e1ndez Puerto Carrero y a Francisco de Montejo, los cuales enviamos a Vuestras Majestades con todo ello para que de nuestra parte besen sus reales manos y en nuestro nombre y desta villa y concejo supliquen a Vuestras Reales Altezas nos hagan mercedes de algunas cosas complideras al servicio de Dios y de Vuestras Majestades y al bien pro com\u00fan de la dicha villa, seg\u00fand m\u00e1s largamente llevan por las instruciones que le[s] dimos. A los cuales humillmente suplicamos a Vuestras Majestades, con todo el acatamiento que debemos, resciban y den sus reales manos para que de nuestra parte las besen, y todas las mercedes que en nombre deste concejo y nuestro pi dieren y suplicaren las concedan, porque dem\u00e1s de hacer Vuestras Majestades servicio a Nuestro Se\u00f1or en ello, esta villa y concejo rescibiremos muy se\u00f1alada merced, como de cada d\u00eda esperamos que Vuestras Reales Altezas nos han de hacer.<br \/>\nEn un cap\u00edtulo desta carta dejimos desuso que hariamos a Vuestras Reales Altezas relaci\u00f3n para que mejor Vuestras Majestades fuesen informados de las cosas desta tierra y de la manera y riquezas della y de la gente que la posee y de la ley o seta, ritos y cirimonias en que viven. Y esta tierra, Muy Poderosos Se\u00f1ores, donde agora en nombre de Vuestras Majestades estamos, tiene cincuenta leguas de costa de la una parte y de la otra deste pueblo. Por la costa de la mar es toda llana de muchos arenales, que en algunas partes duran dos leguas y m\u00e1s. La tierra adentro y fuera de dichos arenales es tierra muy llana y de muy hermosas vegas y riberas en ella, tales y tan hermosas que en toda Espa\u00f1a no pueden ser mejores ans\u00ed de aplaciblesa la vista como de frut\u00edveras de cosas que en ellas siembran, y muy ap[ar]ejadas y convenibles y para andar por ellas y se apacentar toda manera de ganados. Hay en esta tierra todo g\u00e9nero de caza y animales y aves conforme a los de nuestra naturaleza, ans\u00ed como ciervos, corzos, gamos, lobos, zorros, perdices, palomas, t\u00f3rtolas [de] dos y de tres maneras, codornices, liebres, conejos, por manera que en aves y animalias no hay diferencia desta tierra a Espa\u00f1a. Y hay leones y tigres.<br \/>\nA cinco leguas de la mar por unas partes, y por otras a menos y por otras a m\u00e1s, va una gran cordillera de sierras muy hermosas. Y algunas dellas son en grand manera muy altas, entre las cuales hay una que excede en mucha altura a todas las otras y della se ve y descubre gran parte de la mar y de la tierra, y es tan alta que si el d\u00eda no es bien claro no se puede devisar ni ver lo alto della porque de la mitad arriba est\u00e1 toda cubierta de nubes. Y algunas veces, cuando hace muy claro d\u00eda, se ve por cima de las dichas nubes lo alto della, y est\u00e1 tan blanco que lo juzgamos por nieve y aun los naturales de la tierra nos dicen que es nieve, mas porque no lo hemos bien visto (aunque hemos llegado cerca) y por ser esta regi\u00f3n tan c\u00e1lida no nos afirma[mo]s si es nieve.<br \/>\nTrabajaremos de ver aquello y otras cosas de que tenemos noticia para dellas hacer a Vuestras Reales Altezas verdadera relaci\u00f3n de las riquezas de oro y plata y piedras, y juzgamos lo que Vuestras Majestades podr\u00e1n mandar juzgar, seg\u00fand la muestra que de [to]do ello a Vuestras Reales Altezas enviamos. A nuestro parescer, se debe creer que hay en esta tierra tanto cuanto en aquella de donde se dice haber llevado Salam\u00f3n [sic] el para el templo, mas como ha tan poco tiempo que en ella entramos no hemos podido ver m\u00e1s de hasta cinco leguas de tierra adentro de la costa de la mar y hasta diez y doce leguas de largo de tierra por las costas de una o de otra parte que hemos andado desque saltamos en tierra, aunque desde la mar mucho m\u00e1s se paresce y mucho m\u00e1s vimos viniendo navegando.<br \/>\nLa gente desta tierra,que habita desde la isla de Cozumel y punta de Yucat\u00e1n hasta donde nosotros estamos, es una gente de mediana estatura de cuerpos y gestos bien proporcionada, exceto que en cada proviencia se diferencia[n] ellos mesmos los gestos, unos horad\u00e1ndose las orejas y poni\u00e9ndose en ellas muy grandes y feas cosas, y otros horad\u00e1ndose las ternillas de las narices hasta la boca y poni\u00e9ndose en ellas unas ruedas de piedras muy grandes que parescen espejos, y otros se horadan los besos de la parte de abajo hasta los dientes, y cuel[gan] dellos unas grandes ruedas de piedra o de oro tan pesadas que les hacen traer los bezos ca\u00eddos y pare[sce]n muy disformes. Y los vestidos que traen es como de almaizares muy pintados. Y los hombres traen tapadas sus verg\u00fcenzas y encima del cuerpo unas mantas muy delgadas y pintadas a manera de alquiceles moriscos. Y las mujeres y de la gente com\u00fan traen unas mantas muy pintadas desde la cintura hasta los pies y otras que les cubren las tetas, y todo lo dem\u00e1s traen descubierto. Y las mujeres principales andan vestidas de unas muy delgadas camisas de algod\u00f3n muy grandes, labradas y hechas a manera de roquetes.<br \/>\nY los mantenimientos que tienen [son] el ma\u00edz y algunos ajes como los de las otras islas, y potuyuca ans\u00ed como la que comen en la isla de Cuba. Y c\u00f3menla asada porque no hacen pan della. Y tienen sus pesquer\u00edas y cazas. Cr\u00edan muchas gallinas como las de Tierra Firme que son tan grandes como pavos.<br \/>\nHay algunos pueblos grandes y bien concertados. Las casas en las partes que alcanzan piedra son de cal y canto, y los aposentos dellas peque\u00f1os y bajos, muy amoriscados. Y en las partes donde no alcanzan pi[e]dra h\u00e1cenlas de adobes y enc\u00e1lanlos por encima, y las coberturas de encima son de paja. Hay casas de algunos principales muy frescas y de muchos aposentos, porque nosotros habemos visto casas de cinco patios dentro de unas solas casas y sus aposentos muy concertados, cada pieza para el servicio que ha de ser por s\u00ed. Y tienen dentro sus pozos y albercas de agua y aposentos para esclavos y gente de servicio, que tiene[n] mucha. Y cada uno destos pr\u00edncipales tienen a la entrada de sus casas fuera della[s] un patio muy grande, y algunos dos y tres y cuatro muy altos con sus gradas para subir a ellos, y son muy bien hechos. Y con \u00e9stos tienen sus mesquitas y adoratorios y sus andenes todo a la redonda muy ancho, y all\u00ed tienen sus \u00eddolos que adoran, dellos de piedra y dellos de barro y dellos de palo, a los cuales honran y serven en tanta manera y con tantas ciromonias [sic] que en mucho papel no se podr\u00eda hacer de todo ello a Vuestras Reales Altezas entera y particular relaci\u00f3n. Y estas casas y mesquitas donde los tienen son las mayores y mejores y m\u00e1s bien obradas que en los pueblos hay, y ti\u00e9nenlas muy ataviadas con plumajes y pa\u00f1os muy labrados con toda manera de gentileza. Y todos los d\u00edas antes que obra alguna comiencen queman en las dichas mesquitas encienso, y algunas veces sacrifican sus mesmas personas cort\u00e1ndose unos las lenguas y otros las orejas y otros acuchill\u00e1ndose el cuerpo con unas navajas. Y toda la sangre que del los corre la ofrecen a aquellos \u00eddolos, ech\u00e1ndola por todas partes de aquellas mesquitas y otras veces ech\u00e1ndola hacia el cielo y haciendo otras muchas maneras de cerimonias, por manera que ninguna obra comienzan sin que primero hagan all\u00ed sacrisficio. Y tienen otra cosa horrible y abominable y dina de ser punida loque hasta hoy [no se ha] visto en ninguna parte, y es que todas las veces que alguna cosa quieren pedir a sus \u00eddolos, para que m\u00e1s aceptasen su petici\u00f3n toman muchas ni\u00f1as y ni\u00f1os y aun hombres y mujeres de mayor edad, y en presencia de aquellos \u00eddolos los abren vivos por los pechos y les sacan el coraz\u00f3n y las entra\u00f1as y queman las dichas entra\u00f1as y corazones delante de los idolos ofresci\u00e9ndoles en sacrificio aquel humo. Esto habemos visto algunos de nosotros, y los que lo han visto dicen que es la m\u00e1s cruda y m\u00e1s espantosa cosa de ver que jam\u00e1s han visto. Facen [esto] estos indios tan frecuentemente y tan a menudo que, seg\u00fand somos informados y en parte habemos visto por esperencia en lo poco que ha que en esta tierra estamos, no hay a\u00f1o en que no maten y sacrifiquen cincuenta \u00e1nimas en cada mesquita. Y esto se usa y tienen por costumbre desde la isla de Cozumel hasta esta tierra donde estamos poblados. Y tengan Vuestras Majestades por muy cierto que seg\u00fand la cantidad de la tierra nos paresce ser grande y las muchas mesquitas que tienen, no hay a\u00f1o que en lo que hasta agora hemos descubierto y visto no maten y sacrifiquen desta manera tres o cuatro mill \u00e1nimas. Vean Vuestras Reales Majestades si deben evitar tan grand mal y da\u00f1o. Y cierto ser\u00eda Dios Nuestro Se\u00f1or muy servido si por mano de Vuestras Reales Altezas estas gentes fuesen introdocidas e instrutas en nuestra muy santa fee cat\u00f3lica y conmutada la devoci\u00f3n, fee y esperanza que en estos sus \u00eddolos tienen en la divina potencia de Dios, porque es cierto que si con tanta fee y fervor y diligencia a Dios serviesen ellos har\u00edan muchos milagros. Es de creer que no sin cabsa Dios Nuestro Se\u00f1or ha sido servido que se descubriesen estas partes en nombre de Vuestras Reales Altezas para que tan gran fruto y merescimiento de Dios alcanzasen Vuestras Majestades mandando informar y siendo por su mano tra\u00eddas a la fee estas gentes b\u00e1rbaras, que seg\u00fand lo que del[l]os hemos conoscido creemos que habiendo lenguas y personas que le[s] hiciesen entender la verdad de la fee y el error en que est\u00e1n, muchos dellos y aun todos se apartar\u00edan muy brevemente de aquella irronia que tienen y vern\u00edan al verdadero conoscimiento, porque viven m\u00e1s pol\u00edtica y razonablemente que ninguna de las gentes que hasta hoy en estas partes se ha visto.<br \/>\nQuerer decir a Vuestras Majestades todas las particularidades desta tierra y gente della podr\u00eda ser que en algo se errase la relaci\u00f3n, porque muchas dellas no se han visto m\u00e1s de por informaciones de los naturales de ella, y por esto no nos entremetemos a decir m\u00e1s de aquello que por muy cierto y verdadero Vuestras Reales Altezas podr\u00e1n mandar tener dello. Podr\u00e1n Vuestras Majestades, si fueren servidos, hacer por cosa verdadera relaci\u00f3n [a] nuestro muy Santo Padre para que en la conversi\u00f3n desta gente se ponga diligencia y buena orden pues que dello se espera sacar tan gran fruto, y tambi\u00e9n para que Su Santidad haya por bien y premita que los malos y rebeldes, siendo primero amonestados, puedan ser punidos y castigados como enemigos de nuestra sancta fee cat\u00f3lica, Y ser\u00e1 ocasi\u00f3n de castigo y espanto a los que fueren rebeldes en venir en conoscimiento de la verdad, y evitarse han tan grandes males y da\u00f1os como son los que en servicio del demonio hacen. Porque aun allende de lo que arriba hemos hecho relaci\u00f3n a Vuestras Majestades de los ni\u00f1os y hombres y mujeres que matan y ofrescen en sus sacrificios, hemos sabido y sido informados de cierto que todos son sodomitas y usan aquel abominable pecado. En todo suplicamos a Vuestras Mercedes manden prove[e]r como vieren que m\u00e1s conviene al servicio de Dios y de Vuestras Reales Altezas y como los que aqu\u00ed en su servicio estamos seamos favorescidos y aprovechados.<br \/>\nCon estos nuestros procuradores que a Vuestras Reales Altezas enviamos, entre otras cosas que en nuestra instruci\u00f3n Ileva[n] es una: que de nuestra parte supliquen a Vuestras Majestades que en ninguna manera den ni hagan merced en estas partes a Diego Vel\u00e1zquez, teniente de almirante en la isla Fernandina, de adelantamiento ni gobernaci\u00f3n perpetua ni de otra manera ni de cargos de justicia, y si alguna se tuviere hecha la manden revocar, porque no conviene al servicio de su corona real que el dicho Diego Vel\u00e1zquez ni otra persona alguna tengan se\u00f1or\u00edo ni merced otra alguna perpetua ni de otra manera, salvo por cuanto fue[re] la voluntad de Vuestras Majestades en esta tierra de Vuestras Reales Altezas, por ser como es a lo que agora alcanzamos y a lo que se espera muy rica. Y aun allende de no convenir al servicio de Vuestras Majestades que el dicho Diego Vel\u00e1zquez sea prove\u00eddo de oficio alguno, esperamos, si lo fuese, que los vasallos de Vuestras Reales Altezas que en esta tierra hemos empezado a poblar y vevimos ser\u00edamos muy mal tratados por \u00e9l. Porque cre[e]mos que lo que agora se ha hecho en servicio de Vuestras Majestades en les inviar este servicio de oro y plata y joyas que les inviamos que en esta tierra hemos podido haber no era su voluntad que ans\u00ed se hiciera, seg\u00fand ha parescido claramente por cuatro criados suyos que ac\u00e1 pasaron, los cuales desque vieron la voluntad que ten\u00edamos de lo inviar todo como lo enviamos a Vuestras Reales Altezas, publicaron y dijieron que fuera mejor enviarlo a Diego Vel\u00e1zquez y otras cosas que hablaron perturbando que no se llevase a Vuestras Majestades, por lo cual los mandamos prender y quedan presos para se hacer dellos justicia. Y despu\u00e9s de hecha, se har\u00e1 relaci\u00f3n a Vuestras Majestades de lo que en ello hici\u00e9remos. Y porque lo que hemos visto que el dicho Diego Vel\u00e1zquez ha hecho y por la esperiencia que dello tenemos, tenemos temor que si con cargo a esta tierra veniese nos tratara mal, como lo ha hecho en la isla Fernandina al tiempo que ha tenido cargo de la gobernaci\u00f3n, no haciendo justicia a nadie m\u00e1s de por su voluntad y contra quien a \u00e9l se antojaba por enojo y pasi\u00f3n, y no por justicia ni raz\u00f3n. Y desta manera ha destruido a muchos buenos tray\u00e9ndolos a mucha probeza, no les queri\u00e9ndo dar indios con que puedan vevir, tom\u00e1ndose los todos para s\u00ed y tomando \u00e9l todo el oro que han cogido sin les dar parte dello, teniendo como tiene parte compa\u00f1\u00edas desaforadas con todos los m\u00e1s muy a su prop\u00f3sito y provecho. Y como sea gobernador y repartidor, con pensamiento y miedo que los ha de destruir no osan hacer m\u00e1s de lo que \u00e9l quiere. Y desto no tienen Vuestras Majestades noticias ni geles ha hecho jam\u00e1s relaci\u00f3n dello porque los procuradores que a su corte han ido de la dicha isla son fechos por su mano y sus criados, y ti\u00e9nenlos bien contentos d\u00e1ndoles indios a su voluntad. Y los procuradores que van a [\u00e9]l de las villas para negociar lo que toca a las comunidades c\u00fampleles hacer lo que \u00e9l quiere porque les da indios a su contento, y cua[n]do los tales procuradores vuelven a sus villas y les mandan cuenta de lo que han hecho dicen y responden que no inv\u00eden personas pobres, porque por un cacique que Diego Vel\u00e1zquez les da hacen todo lo que \u00e9l quiere. Y porque los regidores y alcaldes que tienen indios no se los quite el dicho Diego Vel\u00e1zquez no osan hablar ni reprender a los procuradores que han hecho lo que no deb\u00edan, complaciendo a Diego Vel\u00e1zquez. Y para esto y para otras cosas tiene \u00e9l muy buenas [maneras], por donde Vuestras Reales Altezas pueden ver que todas las relaciones que la isla Fernandina por Diego Vel\u00e1zquez hace y las mercedes que para \u00e9l piden son por los indios que da a los procuradores, y no porque las comunidades son dello contentas ni tal cosa desean, antes querr\u00edan que los tales procuradores fuesen castigados. Y siendo a todos los vecinos y moradores desta villa de la Vera Cruz notorio lo susodicho, se juntaron con el procurador deste concejo y nos pidieron y requirieron por su requerimiento firmado de sus nombres que en nombre de todos suplic\u00e1semos a Vuestras Majestades que no proveyesen de los dichos cargos ni de alguno dellos al dicho Diego Vel\u00e1zquez, antes le mandasen tomar residencia y le quitasen el cargo que en la isla Fernandina tiene, pues que lo susodicho, tom\u00e1ndole residencia, se sabr\u00eda ser verdad y muy notorio. Por lo cual a Vuestras Majestades suplicamos manden dar un pe[s]quisidor para que haga la pesquisa de todo esto de que hemos hecho relaci\u00f3n a Vuestras Altezas, ans\u00ed para la isla de Cuba como para otras partes, porque le entendemos probar cosas por donde Vuestras Majestades vean si es justicia ni conciencia que \u00e9l tenga cargos reales en estas partes ni en las otras donde al presente reside.<br \/>\nH\u00e1nnos ansimismo pedido el procurador y vecinos y moradores desta villa en el dicho pedimento que en su nombre supliquemos a Vuestras Majestades que provean y manden dar su c\u00e9dula y provisi\u00f3n real para Fernando Cort\u00e9s, capit\u00e1n y justicia mayor de Vuestras Reales Altezas, para que \u00e9l nos tenga en justicia y gobernaci\u00f3n hasta tanto que esta tierra est\u00e9 conquistada y pac\u00edfica y por el tiempo que m\u00e1s a Vuestras Majestades paresciere y fuere[n] servidos, por conoscer ser tal persona que conviene para ello, el cual pedimento y requerimiento enviamos con estos nuestros procuradores a Vuestras Majestades, y humillmente suplicamos a Vuestras Reales Altezas que ans\u00ed en esto como en todas las otras mercedes [que] en nombre deste concejo y villa les fueron suplicadas por parte de los dichos procuradores nos las hagan y manden conceder, y que nos tengan por sus muy leales vasallos como lo hemos sido y seremos siempre.<br \/>\nEl oro y platas y rodelas y joyas y ropa que a Vuestras Reales Altezas enviamos con los procuradores, dem\u00e1s del quinto que a Vuestras Majestades pertenesce, de que su capit\u00e1n Fernando Cort\u00e9s y este concejo les hacen servicio, va en esta memoria firmada de los dichos procuradores, como por ella Vuestras Reales Altezas podr\u00e1n ver. De la Rica Villa de la Vera Cruz, a diez de Julio de mill y quinientos y dicenueve.<br \/>\nEl oro y joyas y piedras y plumajes que se han habido en estas partes nuevamente descubiertas despu\u00e9s que estamos en ella, que vos, Alonso Hern\u00e1ndez Puerto Carrero y Francisco de Montejo, que vais por procuradores desta Rica Villa de la Vera Cruz a los Muy Altos Exelent\u00edsimos Pr\u00edncipes y Muy Cat\u00f3licos y Muy Grandes Reyes y Se\u00f1ores la Reina Do\u00f1a Juana y el Rey Don Carlos su hijo, nuestros se\u00f1ores, llev\u00e1is, son las seguientes:<br \/>\nPrimeramente, una rueda de oro grande con una figura de mostruos en ella y labrada toda de follajes, la cual pes\u00f3 tres mill y ochocientos pesos de oro. Y en esta rueda, porque era la mejor pieza que ac\u00e1 se hab\u00eda habido y de mejor oro se tom\u00f3 el quinto para Sus Altezas, que fue dos mill castellanos que les pertenesc\u00eda de su quinto y derecho real, seg\u00fand la capitulaci\u00f3n que trujo el capit\u00e1n general Fernando Cort\u00e9s de los padres jer\u00f3nimos que residen en la isla Espa\u00f1ola y en las otras. Y los mill y ochocientos pesos restantes, a todo lo dem\u00e1s que tiene a cumplimiento de los dichos tres mill y ochocientos pesos, el concejo desta villa hace servicio dello a Sus Altezas con todo lo dem\u00e1s que aqu\u00ed en esta memoria va, que era y pertenesc\u00eda a los [de] dicha villa.<br \/>\nIten: dos collares de oro y pedreria, que el uno tiene ocho hilos y en ellos docientas y treinta y dos piedras coloradas y ciento y sesenta y tres verdes. Y cuelgan por el dicho collar por la orladura d\u00e9l veinte y siete cascabeles de oro, y en medio dellos hay cuatro figuras de piedras grandes engastadas en oro, y de cada una de las dos en medio cuelgan siete pinjantes sencillos, y de las de los cabos cada cuatro pinjantes doblados. Y el otro collar tiene cuatro hilos que tienen ciento y dos piedras coloradas y setenta y dos piedras que parescen en la color verdes, y a la redonda de las dichas piedras veinte y seis cascabeles de oro, y en el dicho collar diez piedras grandes engastadas en oro de que cuelgan ciento y cuarenta y dos pinjantes de oro.<br \/>\nIten: cuatro pares de antiparas, los dos pares de hoja de oro delgado con una guarnici\u00f3n de cuero de venado amarillo, y los otros dos de hoja de plata delgada con una guarnici\u00f3n de cuero de venado blanco, y las restantes de plumajes de diversos colores y muy bien obradas, de cada una de las cuales cuelgan diez y seis cascabeles de oro, y todas guarnescidas de cuero de venado colorado.<br \/>\nIten m\u00e1s: cient pesos de oro por fundir, para que Sus Altezas vean c\u00f3mo se coge ac\u00e1 oro de minas.<br \/>\nIten m\u00e1s: en una caja, una pieza grande de plumajes enforrada en cuero, que en las colores parescen martas, atadas y puestas en la dicha pieza, y en el medio una paten[a] grande de oro que pes\u00f3 sesenta pesos de oro. Y una pieza de pedrer\u00eda azul y colorado a manera de rueda, y otra pieza de pedrer\u00eda azul un poco colorada y al cabo de la pieza otro plumaje de colores que cuelga della.<br \/>\nIten : un moscador de plumajes de colores con treinta y siete verguitas cubiertas de oro.<br \/>\nIten m\u00e1s: una pieza grande de plumajes de colores que se pone en la cabeza, en que haya la redonda della sesenta y ocho piezas peque\u00f1as de oro, que ser\u00e1 cada una como medio cuarto, y debajo dellas veinte torrecitas de oro.<br \/>\nItem: una mitra de pedrer\u00eda azul con una figura de mostruos en el medio della y enforrada en un cuero que paresce en las colores martas con un plumaje peque\u00f1o, el cual [y] el de que arriba se hace minci\u00f3n son desta dicha mitra.<br \/>\nIten: cuatro arpones de plumajes con sus puntas de piedra atadas con hilo de oro, y un cetro de pedrer\u00eda con dos anillos de oro y lo dem\u00e1s plumaje.<br \/>\nIten: un brazalete de pedrer\u00eda m\u00e1s una pieza de plumaje negra y de otras colores peque\u00f1a.<br \/>\nIten: un par de zapatones de cuero de colores que parescen martas, y las suelas blancas cosidas con tiritas de oro.<br \/>\nM\u00e1s un espejo puesto en una pieza de pedrer\u00eda azul y colorada con un plumaje pegado a \u00e9l, y dos tiras de cuero colorado pegadas y otro cuero que paresce de aquellas martas.<br \/>\nIten: tres plumajes de colores que son de una cabeza grande [de] oro que paresce de caim\u00e1n .<br \/>\nIten: unas antiparas de pedrer\u00eda de piedra azul enforradas en un cuero que las colores parescen martas. En cada quince cascabeles de oro.<br \/>\nM\u00e1s un man\u00edpulo de cuero de lobo con cuatro tiras de cuero que parescen de martas.<br \/>\nM\u00e1s unas barbas puestas en unas plumas de colores. Y las dichas barbas son blancas que parecen de cabellos.<br \/>\nIten m\u00e1s: dos plumajes de colores que son para dos capace tes de pedrer\u00eda que abajo dir\u00e1.<br \/>\nM\u00e1s otros dos plumajes de colores que son para dos piezas de oro que se ponen en la cabeza, hechas de manera de caracoles grandes.<br \/>\nM\u00e1s dos p\u00e1jaros de pluma verde con sus pies y picos y ojos de oro, que se ponen en la una pieza de las de oro que parescen caracoles.<br \/>\nM\u00e1s dos guariques grandes de pedrer\u00eda azul que son para poner enla cabeza grande del caim\u00e1n.<br \/>\nEn otra caja cuadrada, una cabeza de caim\u00e1n grande de oro, que es la que arr\u00edba se dice para poner las dichas piezas.<br \/>\nM\u00e1s un capacete de pedrer\u00eda azul con veinte cascabeles de oro que le cuelgan a la redonda con dos sartas que est\u00e1n encima de cada cascabel y dos guariques de palo con dos chapas de oro.<br \/>\nM\u00e1s una p\u00e1jara de plumajes verdes, e los pies y pico y ojos de oro.<br \/>\nIte[n] m\u00e1s: otro capacete de pedrer\u00eda azul con veinte y cinco cascabeles de oro y dos cuentas de oro encima de cada cascabel que le cuelgan a la redonda, con unos guariques de palo con chapas de oro y un p\u00e1jaro de plumaje verde con los pies y picos y ojos de oro.<br \/>\nIten m\u00e1s: en una haba de ca\u00f1a dos piezas grandes de oro que se ponen en la cabeza que son hechas a manera de caracol de oro, con sus guariques de palo y chapas de oro. Y m\u00e1s dos p\u00e1jaros de plumaje verde con sus pies y picos y ojos de oro.<br \/>\nM\u00e1s diceseis rodelas de pedrer\u00eda, con sus plumajes de colores que cuelgan de la redonda dellas. Y una tabla ancha esquinada de pedrer\u00eda con sus plumajes de colores, y en medio de la dicha tabla hecha de la dicha pedrer\u00eda una cruz de rueda la cual est\u00e1 aforrada en cuero que tiene las colores como martas.<br \/>\nOtros\u00ed, un cetro de pedrer\u00eda colorada hecho a manera de culiebra con su cabeza y los dientes y ojos que parescen de n\u00e1car, y el pu\u00f1o guarnecido con un cuero de animal pintado, y debajo del dicho pu\u00f1o cuelgan seis plumajes peque\u00f1os.<br \/>\nIten m\u00e1s: una moscador de plumajes puesto en una ca\u00f1a guarnecida en un cuero [de] animal pintado, hecho a manera de veleta, y encima tiene una copa de plumajes y en fin de todo tiene muchas plumas verdes largas.<br \/>\nIten: dos aves hechas de hilo y de plumajes. Y tienen los ca\u00f1ones de las alas y colas y las u\u00f1as de los pies y los ojos y los cabos de los picos de oro, puestas en sendas ca\u00f1a[s] cubiertas de oro, y abajo unas pellas de plumajes una blanca y otra amar\u00edlla, con cierta argenter\u00eda de oro entre las plumas, y de cada una dellas cuelgan siete ramales de plumas.<br \/>\nIten: cuatro piezas hechas a manera de lisas puestas en sendas ca\u00f1as de oro. Y tienen las colas y las agallas y los ojos y bocas de oro, [y] abajo en las colas unos plumajes de plumas verdes. Y tienen hacia las bocas las dichas lisas sendas copas de plumajes de colores, y en algunas de las plumas blancas est\u00e1 cierta argenter\u00eda de oro, y bajo del asidero cuelga[n] de cada una seis ramales de plumajes de colores.<br \/>\nIten: una verguita de cobre aforrada en un cuero en que est\u00e1 puesto una pieza de oro a manera de plumaje que encima y abajo tiene ciertos plumajes de colores.<br \/>\nIten m\u00e1s: cinco moscadores de plumaje de colores, y los cuatro dellos tiene[n] diez ca\u00f1oncitos cubiertos de oro y el uno tiene trece.<br \/>\nIten: cuatro arpones de pedernal blanco puestos en cuatro varas guarnecidas de plumajes.<br \/>\nIten: una rodela grande de plumajes guarnecida del env\u00e9s y de un cuero de animal pintado, y en el campo de la dicha rodela, en el medio, una chapa de oro con una figura de las que los indios hacen, con cuatro otras medias chapas en la orla, que todas ellas juntas hacen una cruz.<br \/>\nIten m\u00e1s: una pieza de plumajes de diversos colores hecha a manera de media casulla aforrada en un cuero de animal pintado, que los se\u00f1ores destas partes que hasta agora hemos visto se pone[n] colgada del pescuezo. Y en el pecho tiene trece piezas de oro muy bien asentadas.<br \/>\nIten: una pieza de plumajes de colores que los se\u00f1ores destas tierras se suelen poner en las cabezas hecha a manera de cimera de justador . Y della cuelgan dos orejas de pedrer\u00eda con dos cascabeles y dos cuentas de oro, y encima un plumaje de plumas verdes ancho, y debajo cuelgan unos cabellos blancos.<br \/>\nOtros\u00ed, cuatro cabezas de animales, las dos parescen de lobo y las otras dos de tigres, con unos cueros pintados, y dello les cuelgan cascabeles de metal.<br \/>\nIten: dos cueros de animales pintados aforrados en unas ma[n]tas de algod\u00f3n, y parescen los cueros de gato cerbal.<br \/>\nIten: un cuero bermejo y pardillo de otro animal que paresce de le\u00f3[n]. Otros dos cueros de venado.<br \/>\nlten: cuatro cueros de venados de guadamecieres de la que ac\u00e1 hacen los guantes peque\u00f1os adobados.<br \/>\nM\u00e1s dos libros de los que ac\u00e1 tienen los indios. M\u00e1s media docena de moscadores de plumajes de colores.<br \/>\nM\u00e1s una poma de plumajes de colores. M\u00e1s una poma de plumas de colores con cierta argenter\u00eda en ella.<br \/>\nOtros\u00ed, una rueda de plata grande que pes\u00f3 cuarenta y ocho marcos de plata. Y m\u00e1s, en unos brazaletes y unas hojas batidas un marco y cinco onzas y cuatro adarmes de plata. Y una rodela grande y otra peque\u00f1a de plata que pesaron cuatro marcos y dos onzas de plata . Y otras dos rodelas que parescen de plata que pesaron seis marcos y dos onzas. Y otra rodela que paresce ans\u00edmesmo de plata que pes\u00f3 un marco y siete onzas. Que son por todo sesenta [y] dos marcos de plata.<\/p>\n<p>ROPA DE ALGO DON:<\/p>\n<p>Iten m\u00e1s: dos piezas grandes de algod\u00f3n, tejidas de labores de blanco y negro y leonado muy ricas. Iten: dos piezas tejidas de plumas y otra pieza tejida a escaques de colores. Otra pieza tejida de labores colorada, negra y blanca , y por el env\u00e9s no parescen las labores.<br \/>\nIten: otra pieza tejida de labores, y en medio unas ruedas negras de pluma.<br \/>\nItem: dos mantas blancas en unos plumajes tejidas. Otra manta con unas prececias y colores pegadas.<br \/>\nUn sayo de hombre de la tierra. Una pieza blanca con una rued[a] grande de plumas blancas en medio. Dos piezas de guascasa pardilla con unas ruedas de pluma y otras dos de guasca leonada.<br \/>\nSeis piezas de pintura de pincel. Otra pieza colorada con unas ruedas y otras dos piezas azules de pincel. Y dos camisas de mujer. Doce almaiza[les].<br \/>\nIten: seis rodelas que tiene cada una una chapa de oro que toma toda la rodela.<br \/>\nIten: media mitra de oro.<br \/>\nLas cuales cosas y cada una dellas, seg\u00fand que por sus cap\u00edtulos van declaradas y asentadas, nos, Alonso Fern\u00e1ndez Puerto Carrero y Francisco de Montejo, procuradores susodichos, es verdad que las rescibimos y nos fueron entregadas para llevar a Sus Altezas de vos, Fernando Cort\u00e9s, justicia mayor por Sus Altezas en estas partes, y de vos, Alonso de Avilla [sic] y Alonso de Grado, tesorero y ve[e]dor de Sus Altezas en ellas. Y porque es verdad, lo firmamos de nuestros nombres. Hecho a seis d\u00edas de julio de mill y quinientos y diez y nueve a\u00f1os.<br \/>\nLas cuales cosas y cada una dellas seg\u00fan que por estos cap\u00edtulos van declaradas y asentadas, nos Alonso Fern\u00e1ndez Puerto Carrero y Francisco de Montejo, procuradores susodichos, es verdad que las recibimos y nos fueron entregadas para llevar a Sus Altezas de vos Fernando Cort\u00e9s, justicia mayor por Sus Altezas en estas partes, y de vos Alonso de Avila y Alonso de Grado, tesorero y veedor de Sus Altezas. Y porque es verdad lo firmamos de nuestros nombres. Fecho a seis d\u00edas de julio de 1519 a\u00f1os. &#8211; Puerto Carrero, Francisco de Montejo.<br \/>\n[Las cosas desuso nombradas en el dicho memorial, con la carta y relaci\u00f3n desuso dicha que el concejo de la Vera Cruz envi\u00f3, rescibi\u00f3 el Rey Don Carlos Nuestro Se\u00f1or, como desuso se di[ce], en Valladolid, en la Semana Santa, en principio del mes de abril del a\u00f1o del Se\u00f1or de mill y quinientos y veinte a\u00f1os.]<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Las Cartas de Relaci\u00f3n\u00a0de Hern\u00e1n Cort\u00e9s, un\u00a0militar espa\u00f1ol con linaje de nobles y una cierta preparaci\u00f3n intelectual, fueron escritas y dirigidas al\u00a0Rey Carlos V entre 1519 y 1526, y en ellas se narra su viaje a M\u00e9xico, la llegada a la capital del imperio azteca (Tenochitl\u00e1n), y algunas de las\u2026<\/p>\n<p class=\"continue-reading-button\"> <a class=\"continue-reading-link\" 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