{"id":1082,"date":"2010-12-17T20:20:51","date_gmt":"2010-12-17T18:20:51","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cultureduca.com\/blog\/?p=1082"},"modified":"2018-12-22T03:12:39","modified_gmt":"2018-12-22T01:12:39","slug":"don-quijote-de-la-mancha-primera-parte-capitulo-xlvi-de-lii-miguel-de-cervantes-saavedra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/don-quijote-de-la-mancha-primera-parte-capitulo-xlvi-de-lii-miguel-de-cervantes-saavedra\/","title":{"rendered":"\u00abDon Quijote de La Mancha\u00bb (Primera parte &#8211; cap\u00edtulo XLVI de LII) [Miguel de Cervantes Saavedra]"},"content":{"rendered":"<p>Primera parte<\/p>\n<p><strong>CAP\u00cdTULO XLVI<\/strong><\/p>\n<p>En tanto que don Quijote esto dec\u00eda, estaba persuadiendo el cura a los cuadrilleros como don Quijote era falto de juicio, como lo ve\u00edan por sus obras y por sus palabras, y que no ten\u00edan para qu\u00e9 llevar aquel negocio adelante, pues, aunque le prendiesen y llevasen, luego le hab\u00edan de dejar por loco; a lo que respondi\u00f3 el del mandamiento que a \u00e9l no tocaba juzgar de la locura de don Quijote, sino hacer lo que por su mayor le era mandado, y que una vez preso, siquiera le soltasen trecientas.<\/p>\n<p>-Con todo eso -dijo el cura-, por esta vez no le hab\u00e9is de llevar, ni aun \u00e9l dejar\u00e1 llevarse, a lo que yo entiendo.<\/p>\n<p>En efeto, tanto les supo el cura decir, y tantas locuras supo don Quijote hacer, que m\u00e1s locos fueran que no \u00e9l los cuadrilleros si no conocieran la falta de don Quijote; y as\u00ed, tuvieron por bien de apaciguarse, y aun de ser medianeros de hacer las paces entre el barbero y Sancho Panza, que todav\u00eda asist\u00edan con gran rancor a su pendencia. Finalmente, ellos, como miembros de\u00a0 justicia, mediaron la causa y fueron \u00e1rbitros della, de tal modo que ambas partes quedaron, si no del todo contentas, a lo menos en algo satisfechas, porque se trocaron las albardas, y no las cinchas y j\u00e1quimas; y en lo que tocaba a lo del yelmo de Mambrino, el cura, a socapa y sin que don Quijote lo entendiese, le dio por la bac\u00eda ocho reales, y el barbero le hizo una c\u00e9dula del recibo y de no llamarse a enga\u00f1o por entonces, ni por siempre jam\u00e1s am\u00e9n.<\/p>\n<p>Sosegadas, pues, estas dos pendencias, que eran las m\u00e1s principales y de m\u00e1s tomo, restaba que los criados de don Luis se contentasen de volver los tres, y que el uno quedase para acompa\u00f1arle donde don Fernando le quer\u00eda llevar; y, como ya la buena suerte y mejor fortuna hab\u00eda comenzado a romper lanzas y a facilitar dificultades en favor de los amantes de la venta y de los valientes della, quiso llevarlo al cabo y dar a todo felice suceso, porque los criados se contentaron de cuanto don Luis quer\u00eda; de que recibi\u00f3 tanto contento do\u00f1a Clara, que ninguno en aquella saz\u00f3n la mirara al rostro que no conociera el regocijo de su alma.<\/p>\n<p>Zoraida, aunque no entend\u00eda bien todos los sucesos que hab\u00eda visto, se entristec\u00eda y alegraba a bulto, conforme ve\u00eda y notaba los semblantes a cada uno, especialmente de su espa\u00f1ol, en quien ten\u00eda siempre puestos los ojos y tra\u00eda colgada el alma. El ventero, a quien no se le pas\u00f3 por alto la d\u00e1diva y recompensa que el cura hab\u00eda hecho al barbero, pidi\u00f3 el escote de don Quijote, con el menoscabo de sus cueros y falta de vino, jurando que no saldr\u00eda de la venta Rocinante, ni el jumento de Sancho, sin que se le pagase primero hasta el \u00faltimo ardite. Todo lo apacigu\u00f3 el cura, y lo pag\u00f3 don Fernando, puesto que el oidor, de muy buena voluntad, hab\u00eda tambi\u00e9n ofrecido la paga; y de tal manera quedaron todos en paz y sosiego, que ya no parec\u00eda la venta la discordia del campo de Agramante, como don Quijote hab\u00eda dicho, sino la misma paz y quietud del tiempo de Otaviano; de todo lo cual fue com\u00fan opini\u00f3n que se deb\u00edan dar las gracias a la buena intenci\u00f3n y mucha elocuencia del se\u00f1or cura y a la incomparable liberalidad de don Fernando.<\/p>\n<p>Vi\u00e9ndose, pues, don Quijote libre y desembarazado de tantas pendencias, as\u00ed de su escudero como suyas, le pareci\u00f3 que ser\u00eda bien seguir su comenzado viaje y dar fin a aquella grande aventura para que hab\u00eda sido llamado y escogido; y as\u00ed, con resoluta determinaci\u00f3n se fue a poner de hinojos ante Dorotea, la cual no le consinti\u00f3 que hablase palabra hasta que se levantase; y \u00e9l, por obedecella, se puso en pie y le dijo:<\/p>\n<p>-Es com\u00fan proverbio, fermosa se\u00f1ora, que la diligencia es madre de la buena ventura, y en muchas y graves cosas ha mostrado la experiencia que la solicitud del negociante trae a buen fin el pleito dudoso; pero en ningunas cosas se muestra m\u00e1s esta verdad que en las de la guerra, adonde la celeridad y presteza previene los discursos del enemigo, y alcanza la vitoria antes que el contrario se ponga en defensa. Todo esto digo, alta y preciosa se\u00f1ora, porque me parece que la estada nuestra en este castillo ya es sin provecho, y podr\u00eda sernos de tanto da\u00f1o que lo ech\u00e1semos de ver alg\u00fan d\u00eda; porque, \u00bfqui\u00e9n sabe si por ocultas esp\u00edas y diligentes habr\u00e1 sabido ya vuestro enemigo el gigante de que yo voy a destruille?; y, d\u00e1ndole lugar el tiempo, se fortificase en alg\u00fan inexpugnable castillo o fortaleza contra quien valiesen poco mis diligencias y la fuerza de mi incansable brazo. As\u00ed que, se\u00f1ora m\u00eda, prevengamos, como tengo dicho, con nuestra diligencia sus designios, y part\u00e1monos luego a la buena ventura; que no est\u00e1 m\u00e1s de tenerla vuestra grandeza como desea, de cuanto yo tarde de verme con vuestro contrario.<\/p>\n<p>Call\u00f3 y no dijo m\u00e1s don Quijote, y esper\u00f3 con mucho sosiego la respuesta de la fermosa infanta; la cual, con adem\u00e1n se\u00f1oril y acomodado al estilo de don Quijote, le respondi\u00f3 desta manera:<\/p>\n<p>-Yo os agradezco, se\u00f1or caballero, el deseo que mostr\u00e1is tener de favorecerme en mi gran cuita, bien as\u00ed como caballero, a quien es anejo y concerniente favorecer los hu\u00e9rfanos y menesterosos; y quiera el cielo que el vuestro y mi deseo se cumplan, para que ve\u00e1is que hay agradecidas mujeres en el mundo. Y en lo de mi partida, sea luego; que yo no tengo m\u00e1s voluntad que la vuestra: disponed vos de m\u00ed a toda vuestra guisa y talante; que la que una vez os entreg\u00f3 la defensa de su persona y puso en vuestras manos la restauraci\u00f3n de sus se\u00f1or\u00edos no ha de querer ir contra lo que la vuestra prudencia ordenare.<\/p>\n<p>-A la mano de Dios -dijo don Quijote-; pues as\u00ed es que una se\u00f1ora se me humilla, no quiero yo perder la ocasi\u00f3n de levantalla y ponella en su heredado trono. La partida sea luego, porque me va poniendo espuelas al deseo y al camino lo que suele decirse que en la tardanza est\u00e1 el peligro.<\/p>\n<p>Y, pues no ha criado el cielo, ni visto el infierno, ninguno que me espante ni acobarde, ensilla, Sancho, a Rocinante, y apareja tu jumento y el palafr\u00e9n de la reina, y despid\u00e1monos del castellano y destos se\u00f1ores, y vamos de aqu\u00ed luego al punto.<\/p>\n<p>Sancho, que a todo estaba presente, dijo, meneando la cabeza a una parte y a otra:<\/p>\n<p>-\u00a1Ay se\u00f1or, se\u00f1or, y c\u00f3mo hay m\u00e1s mal en el aldeg\u00fcela que se suena, con perd\u00f3n sea dicho de las tocadas honradas!<\/p>\n<p>-\u00bfQu\u00e9 mal puede haber en ninguna aldea, ni en todas las ciudades del mundo, que pueda sonarse en menoscabo m\u00edo, villano?<\/p>\n<p>-Si vuestra merced se enoja -respondi\u00f3 Sancho-, yo callar\u00e9, y dejar\u00e9 de decir lo que soy obligado como buen escudero, y como debe un buen criado decir a su se\u00f1or.<\/p>\n<p>-Di lo que quisieres -replic\u00f3 don Quijote-, como tus palabras no se encaminen a ponerme miedo; que si t\u00fa le tienes, haces como quien eres, y si yo no le tengo, hago como quien soy.<\/p>\n<p>-No es eso, \u00a1pecador fui yo a Dios! -respondi\u00f3 Sancho-, sino que yo tengo por cierto y por averiguado que esta se\u00f1ora que se dice ser reina del gran reino Micomic\u00f3n no lo es m\u00e1s que mi madre; porque, a ser lo que ella dice, no se anduviera hocicando con alguno de los que est\u00e1n en la rueda, a vuelta de cabeza y a cada traspuesta.<\/p>\n<p>Par\u00f3se colorada con las razones de Sancho Dorotea, porque era verdad que su esposo don Fernando, alguna vez, a hurto de otros ojos, hab\u00eda cogido con los labios parte del premio que merec\u00edan sus deseos (lo cual hab\u00eda visto Sancho, y pareci\u00e9ndole que aquella desenvoltura m\u00e1s era de dama cortesana que de reina de tan gran reino), y no pudo ni quiso responder palabra a Sancho, sino dej\u00f3le proseguir en su pl\u00e1tica, y \u00e9l fue diciendo:<\/p>\n<p>-Esto digo, se\u00f1or, porque, si al cabo de haber andado caminos y carreras, y pasado malas noches y peores d\u00edas, ha de venir a coger el fruto de nuestros trabajos el que se est\u00e1 holgando en esta venta, no hay para qu\u00e9 darme priesa a que ensille a Rocinante, albarde el jumento y aderece al palafr\u00e9n, pues ser\u00e1 mejor que nos estemos quedos, y cada puta hile, y comamos.<\/p>\n<p>\u00a1Oh, v\u00e1lame Dios, y cu\u00e1n grande que fue el enojo que recibi\u00f3 don Quijote, oyendo las descompuestas palabras de su escudero! Digo que fue tanto, que, con voz atropellada y tartamuda lengua, lanzando vivo fuego por los ojos, dijo:<\/p>\n<p>-\u00a1Oh bellaco villano, mal mirado, descompuesto, ignorante, infacundo, deslenguado, atrevido, murmurador y maldiciente! \u00bfTales palabras has osado decir en mi presencia y en la destas \u00ednclitas se\u00f1oras, y tales deshonestidades y atrevimientos osaste poner en tu confusa imaginaci\u00f3n?<\/p>\n<p>\u00a1Vete de mi presencia, monstruo de naturaleza, depositario de mentiras, almario de embustes, silo de bellaquer\u00edas, inventor de maldades, publicador de sandeces, enemigo del decoro que se debe a las reales personas! \u00a1Vete; no parezcas delante de m\u00ed, so pena de mi ira!<\/p>\n<p>Y, diciendo esto, enarc\u00f3 las cejas, hinch\u00f3 los carrillos, mir\u00f3 a todas partes, y dio con el pie derecho una gran patada en el suelo, se\u00f1ales todas de la ira que encerraba en sus entra\u00f1as. A cuyas palabras y furibundos ademanes qued\u00f3 Sancho tan encogido y medroso, que se holgara que en aquel instante se abriera debajo de sus pies la tierra y le tragara. Y no supo qu\u00e9 hacerse, sino volver las espaldas y quitarse de la enojada presencia de su se\u00f1or. Pero la discreta Dorotea, que tan entendido ten\u00eda ya el humor de don Quijote, dijo, para templarle la ira:<\/p>\n<p>-No os despech\u00e9is, se\u00f1or Caballero de la Triste Figura, de las sandeces que vuestro buen escudero ha dicho, porque quiz\u00e1 no las debe de decir sin ocasi\u00f3n, ni de su buen entendimiento y cristiana conciencia se puede sospechar que levante testimonio a nadie; y as\u00ed, se ha de creer, sin poner duda en ello, que, como en este castillo, seg\u00fan vos, se\u00f1or caballero, dec\u00eds, todas las cosas van y suceden por modo de encantamento, podr\u00eda ser, digo, que Sancho hubiese visto por esta diab\u00f3lica v\u00eda lo que \u00e9l dice que vio, tan en ofensa de mi honestidad.<\/p>\n<p>-Por el omnipotente Dios juro -dijo a esta saz\u00f3n don Quijote-, que la vuestra grandeza ha dado en el punto, y que alguna mala visi\u00f3n se le puso delante a este pecador de Sancho, que le hizo ver lo que fuera imposible verse de otro modo que por el de encantos no fuera; que s\u00e9 yo bien de la bondad e inocencia deste desdichado, que no sabe levantar testimonios a nadie.<\/p>\n<p>-Ans\u00ed es y ans\u00ed ser\u00e1 -dijo don Fernando-; por lo cual debe vuestra merced, se\u00f1or don Quijote, perdonalle y reducille al gremio de su gracia, sicut erat in principio, antes que las tales visiones le sacasen de juicio.<\/p>\n<p>Don Quijote respondi\u00f3 que \u00e9l le perdonaba, y el cura fue por Sancho, el cual vino muy humilde, y, hinc\u00e1ndose de rodillas, pidi\u00f3 la mano a su amo; y \u00e9l se la dio, y, despu\u00e9s de hab\u00e9rsela dejado besar, le ech\u00f3 la bendici\u00f3n, diciendo:<\/p>\n<p>-Agora acabar\u00e1s de conocer, Sancho hijo, ser verdad lo que yo otras muchas veces te he dicho de que todas las cosas deste castillo son hechas por v\u00eda de encantamento.<\/p>\n<p>-As\u00ed lo creo yo -dijo Sancho-, excepto aquello de la manta, que realmente sucedi\u00f3 por v\u00eda ordinaria.<\/p>\n<p>-No lo creas -respondi\u00f3 don Quijote-; que si as\u00ed fuera, yo te vengara entonces, y aun agora; pero ni entonces ni agora pude ni vi en qui\u00e9n tomar venganza de tu agravio.<\/p>\n<p>Desearon saber todos qu\u00e9 era aquello de la manta, y el ventero lo cont\u00f3, punto por punto: la volater\u00eda de Sancho Panza, de que no poco se rieron todos; y de que no menos se corriera Sancho, si de nuevo no le asegurara su amo que era encantamento; puesto que jam\u00e1s lleg\u00f3 la sandez de Sancho a tanto, que creyese no ser verdad pura y averiguada, sin mezcla de enga\u00f1o alguno, lo de haber sido manteado por personas de carne y hueso, y no por fantasmas so\u00f1adas ni imaginadas, como su se\u00f1or lo cre\u00eda y lo afirmaba.<\/p>\n<p>Dos d\u00edas eran ya pasados los que hab\u00eda que toda aquella ilustre compa\u00f1\u00eda estaba en la venta; y, pareci\u00e9ndoles que ya era tiempo de partirse, dieron orden para que, sin ponerse al trabajo de volver Dorotea y don Fernando con don Quijote a su aldea, con la invenci\u00f3n de la libertad de la reina Micomicona, pudiesen el cura y el barbero llev\u00e1rsele, como deseaban, y procurar la cura de su locura en su tierra. Y lo que ordenaron fue que se concertaron con un carretero de bueyes que acaso acert\u00f3 a pasar por all\u00ed, para que lo llevase en esta forma: hicieron una como jaula de palos enrejados, capaz que pudiese en ella caber holgadamente don Quijote; y luego don Fernando y sus camaradas, con los criados de don Luis y los cuadrilleros, juntamente con el ventero, todos por orden y parecer del cura, se cubrieron los rostros y se disfrazaron, qui\u00e9n de una manera y qui\u00e9n de otra, de modo que a don Quijote le pareciese ser otra gente de la que en aquel castillo hab\u00eda visto.<\/p>\n<p>Hecho esto, con grand\u00edsimo silencio se entraron adonde \u00e9l estaba durmiendo y descansando de las pasadas refriegas. Lleg\u00e1ronse a \u00e9l, que libre y seguro de tal acontecimiento dorm\u00eda, y, asi\u00e9ndole fuertemente, le ataron muy bien las manos y los pies, de modo que, cuando \u00e9l despert\u00f3 con sobresalto, no pudo menearse, ni hacer otra cosa m\u00e1s que admirarse y suspenderse de ver delante de s\u00ed tan estra\u00f1os visajes; y luego dio en la cuenta de lo que su continua y desvariada imaginaci\u00f3n le representaba, y se crey\u00f3 que todas aquellas figuras eran fantasmas de aquel encantado castillo, y que, sin duda alguna, ya estaba encantado, pues no se pod\u00eda menear ni defender: todo a punto como hab\u00eda pensado que suceder\u00eda el cura, trazador desta m\u00e1quina.<\/p>\n<p>S\u00f3lo Sancho, de todos los presentes, estaba en su mesmo juicio y en su mesma figura; el cual, aunque le faltaba bien poco para tener la mesma enfermedad de su amo, no dej\u00f3 de conocer qui\u00e9n eran todas aquellas contrahechas figuras; mas no os\u00f3 descoser su boca, hasta ver en qu\u00e9 paraba aquel asalto y prisi\u00f3n de su amo, el cual tampoco hablaba palabra, atendiendo a ver el paradero de su desgracia; que fue que, trayendo all\u00ed la jaula, le encerraron dentro, y le clavaron los maderos tan fuertemente que no se pudieran romper a dos tirones.<\/p>\n<p>Tom\u00e1ronle luego en hombros, y, al salir del aposento, se oy\u00f3 una voz temerosa, todo cuanto la supo formar el barbero, no el del albarda, sino el otro, que dec\u00eda:<\/p>\n<p>-\u00a1Oh Caballero de la Triste Figura!, no te d\u00e9 afincamiento la prisi\u00f3n en que vas, porque as\u00ed conviene para acabar m\u00e1s presto la aventura en que tu gran esfuerzo te puso; la cual se acabar\u00e1 cuando el furibundo le\u00f3n manchado con la blanca paloma tobosina yoguieren en uno, ya despu\u00e9s de humilladas las altas cervices al blando yugo matrimo\u00f1esco; de cuyo inaudito consorcio saldr\u00e1n a la luz del orbe los bravos cachorros, que imitar\u00e1n las rumpantes garras del valeroso padre. Y esto ser\u00e1 antes que el seguidor de la fugitiva ninfa faga dos vegadas la visita de las lucientes im\u00e1gines con su r\u00e1pido y natural curso. Y t\u00fa, \u00a1oh, el m\u00e1s noble y obediente escudero que tuvo espada en cinta, barbas en rostro y olfato en las narices!, no te desmaye ni descontente ver llevar ans\u00ed delante de tus ojos mesmos a la flor de la caballer\u00eda andante; que presto, si al plasmador del mundo le place, te ver\u00e1s tan alto y tan sublimado que no te conozcas, y no saldr\u00e1n defraudadas las promesas que te ha fecho tu buen se\u00f1or. Y aseg\u00farote, de parte de la sabia Mentironiana, que tu salario te sea pagado, como lo ver\u00e1s por la obra; y sigue las pisadas del valeroso y encantado caballero, que conviene que vayas donde par\u00e9is entrambos. Y, porque no me es l\u00edcito decir otra cosa, a Dios quedad, que yo me vuelvo adonde yo me s\u00e9.<\/p>\n<p>Y, al acabar de la profec\u00eda, alz\u00f3 la voz de punto, y diminuy\u00f3la despu\u00e9s, con tan tierno acento, que aun los sabidores de la burla estuvieron por creer que era verdad lo que o\u00edan.<\/p>\n<p>Qued\u00f3 don Quijote consolado con la escuchada profec\u00eda, porque luego coligi\u00f3 de todo en todo la significaci\u00f3n de ella; y vio que le promet\u00edan el verse ayuntados en santo y debido matrimonio con su querida Dulcinea del Toboso, de cuyo felice vientre saldr\u00edan los cachorros, que eran sus hijos, para gloria perpetua de la Mancha. Y, creyendo esto bien y firmemente, alz\u00f3 la voz, y, dando un gran suspiro, dijo:<\/p>\n<p>-\u00a1Oh t\u00fa, quienquiera que seas, que tanto bien me has pronosticado!, ru\u00e9gote que pidas de mi parte al sabio encantador que mis cosas tiene a cargo, que no me deje perecer en esta prisi\u00f3n donde agora me llevan, hasta ver cumplidas tan alegres e incomparables promesas como son las que aqu\u00ed se me han hecho; que, como esto sea, tendr\u00e9 por gloria las penas de mi c\u00e1rcel, y por alivio estas cadenas que me ci\u00f1en, y no por duro campo de batalla este lecho en que me acuestan, sino por cama blanda y t\u00e1lamo dichoso. Y, en lo que toca a la consolaci\u00f3n de Sancho Panza, mi escudero, yo conf\u00edo de su bondad y buen proceder que no me dejar\u00e1 en buena ni en mala suerte; porque, cuando no suceda, por la suya o por mi corta ventura, el poderle yo dar la \u00ednsula, o otra cosa equivalente que le tengo prometida, por lo menos su salario no podr\u00e1 perderse; que en mi testamento, que ya est\u00e1 hecho, dejo declarado lo que se le ha de dar, no conforme a sus muchos y buenos servicios, sino a la posibilidad m\u00eda.<\/p>\n<p>Sancho Panza se le inclin\u00f3 con mucho comedimiento, y le bes\u00f3 entrambas las manos, porque la una no pudiera, por estar atadas entrambas.<\/p>\n<p>Luego tomaron la jaula en hombros aquellas visiones, y la acomodaron en el carro de los bueyes.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Primera parte CAP\u00cdTULO XLVI En tanto que don Quijote esto dec\u00eda, estaba persuadiendo el cura a los cuadrilleros como don Quijote era falto de juicio, como lo ve\u00edan por sus obras y por sus palabras, y que no ten\u00edan para qu\u00e9 llevar aquel negocio adelante, pues, aunque le prendiesen y\u2026<\/p>\n<p class=\"continue-reading-button\"> <a class=\"continue-reading-link\" href=\"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/don-quijote-de-la-mancha-primera-parte-capitulo-xlvi-de-lii-miguel-de-cervantes-saavedra\/\">Seguir leyendo&#8230;<i class=\"crycon-right-dir\"><\/i><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":75,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"rop_custom_images_group":[],"rop_custom_messages_group":[],"rop_publish_now":"initial","rop_publish_now_accounts":{"twitter_226634691_226634691":""},"rop_publish_now_history":[],"rop_publish_now_status":"pending","_uag_custom_page_level_css":"","footnotes":""},"categories":[5,1109],"tags":[1016,1012,2685,2687,1013,1031,1032,1015,1034,1143,1060,1165,2686,1014,1466,2684,2683,1025,1033],"class_list":["post-1082","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-literatura","category-textos-literarios","tag-arte","tag-ave","tag-capitulo","tag-cervantes","tag-ciencia","tag-enfermedad","tag-estilo","tag-flor","tag-guerra","tag-justicia","tag-lengua","tag-mancha","tag-miguel","tag-naturaleza","tag-parte","tag-primera","tag-quijote","tag-rosa","tag-vino"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.4 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>&quot;Don Quijote de La Mancha&quot; 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