{"id":1068,"date":"2010-12-17T20:09:06","date_gmt":"2010-12-17T18:09:06","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cultureduca.com\/blog\/?p=1068"},"modified":"2018-12-22T03:12:44","modified_gmt":"2018-12-22T01:12:44","slug":"don-quijote-de-la-mancha-primera-parte-capitulo-xxxv-de-lii-miguel-de-cervantes-saavedra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/don-quijote-de-la-mancha-primera-parte-capitulo-xxxv-de-lii-miguel-de-cervantes-saavedra\/","title":{"rendered":"\u00abDon Quijote de La Mancha\u00bb (Primera parte &#8211; cap\u00edtulo XXXV de LII) [Miguel de Cervantes Saavedra]"},"content":{"rendered":"<p>Primera parte<\/p>\n<p><strong>CAP\u00cdTULO XXXV<\/strong><\/p>\n<p><strong>Donde se da fin a la novela del Curioso impertinente<\/strong><\/p>\n<p>Poco m\u00e1s quedaba por leer de la novela, cuando del caramanch\u00f3n donde reposaba don Quijote sali\u00f3 Sancho Panza todo alborotado, diciendo a voces:<\/p>\n<p>-Acudid, se\u00f1ores, presto y socorred a mi se\u00f1or, que anda envuelto en la m\u00e1s re\u00f1ida y trabada batalla que mis ojos han visto. \u00a1Vive Dios, que ha dado una cuchillada al gigante enemigo de la se\u00f1ora princesa Micomicona, que le ha tajado la cabeza, cercen a cercen, como si fuera un nabo!<\/p>\n<p>-\u00bfQu\u00e9 dices, hermano? -dijo el cura, dejando de leer lo que de la novela quedaba-. \u00bfEst\u00e1is en vos, Sancho? \u00bfC\u00f3mo diablos puede ser eso que dec\u00eds, estando el gigante dos mil leguas de aqu\u00ed?<\/p>\n<p>En esto, oyeron un gran ruido en el aposento, y que don Quijote dec\u00eda a voces:<\/p>\n<p>-\u00a1Tente, ladr\u00f3n, malandr\u00edn, foll\u00f3n, que aqu\u00ed te tengo, y no te ha de valer tu cimitarra!<\/p>\n<p>Y parec\u00eda que daba grandes cuchilladas por las paredes. Y dijo Sancho:<\/p>\n<p>-No tienen que pararse a escuchar, sino entren a despartir la pelea, o a ayudar a mi amo; aunque ya no ser\u00e1 menester, porque, sin duda alguna, el gigante est\u00e1 ya muerto, y dando cuenta a Dios de su pasada y mala vida, que yo vi correr la sangre por el suelo, y la cabeza cortada y ca\u00edda a un lado, que es tama\u00f1a como un gran cuero de vino.<\/p>\n<p>-Que me maten -dijo a esta saz\u00f3n el ventero- si don Quijote, o don diablo, no ha dado alguna cuchillada en alguno de los cueros de vino tinto que a su cabecera estaban llenos, y el vino derramado debe de ser lo que le parece sangre a este buen hombre.<\/p>\n<p>Y, con esto, entr\u00f3 en el aposento, y todos tras \u00e9l, y hallaron a don Quijote en el m\u00e1s estra\u00f1o traje del mundo: estaba en camisa, la cual no era tan cumplida que por delante le acabase de cubrir los muslos, y por detr\u00e1s ten\u00eda seis dedos menos; las piernas eran muy largas y flacas, llenas de vello y no nada limpias; ten\u00eda en la cabeza un bonetillo colorado, grasiento, que era del ventero; en el brazo izquierdo ten\u00eda revuelta la manta de la cama, con quien ten\u00eda ojeriza Sancho, y \u00e9l se sab\u00eda bien el porqu\u00e9; y en la derecha, desenvainada la espada, con la cual daba cuchilladas a todas partes, diciendo palabras como si verdaderamente estuviera peleando con alg\u00fan gigante. Y es lo bueno que no ten\u00eda los ojos abiertos, porque estaba durmiendo y so\u00f1ando que estaba en batalla con el gigante; que fue tan intensa la imaginaci\u00f3n de la aventura que iba a fenecer, que le hizo so\u00f1ar que ya hab\u00eda llegado al reino de Micomic\u00f3n, y que ya estaba en la pelea con su enemigo. Y hab\u00eda dado tantas cuchilladas en los cueros, creyendo que las daba en el gigante, que todo el aposento estaba lleno de vino; lo cual visto por el ventero, tom\u00f3 tanto enojo que arremeti\u00f3 con don Quijote, y a pu\u00f1o cerrado le comenz\u00f3 a dar tantos golpes que si Cardenio y el cura no se le quitaran, \u00e9l acabara la guerra del gigante; y, con todo aquello, no despertaba el pobre caballero, hasta que el barbero trujo un gran caldero de agua fr\u00eda del pozo y se le ech\u00f3 por todo el cuerpo de golpe, con lo cual despert\u00f3 don Quijote; mas no con tanto acuerdo que echase de ver de la manera que estaba.<\/p>\n<p>Dorotea, que vio cu\u00e1n corta y sotilmente estaba vestido, no quiso entrar a ver la batalla de su ayudador y de su contrario.<\/p>\n<p>Andaba Sancho buscando la cabeza del gigante por todo el suelo, y, como no la hallaba, dijo:<\/p>\n<p>-Ya yo s\u00e9 que todo lo desta casa es encantamento; que la otra vez, en este mesmo lugar donde ahora me hallo, me dieron muchos mojicones y porrazos, sin saber qui\u00e9n me los daba, y nunca pude ver a nadie; y ahora no parece por aqu\u00ed esta cabeza que vi cortar por mis mism\u00edsimos ojos, y la sangre corr\u00eda del cuerpo como de una fuente.<\/p>\n<p>-\u00bfQu\u00e9 sangre ni qu\u00e9 fuente dices, enemigo de Dios y de sus santos? -dijo el ventero-. \u00bfNo vees, ladr\u00f3n, que la sangre y la fuente no es otra cosa que estos cueros que aqu\u00ed est\u00e1n horadados y el vino tinto que nada en este aposento, que nadando vea yo el alma en los infiernos de quien los horad\u00f3?<\/p>\n<p>-No s\u00e9 nada -respondi\u00f3 Sancho-; s\u00f3lo s\u00e9 que vendr\u00e9 a ser tan desdichado que, por no hallar esta cabeza, se me ha de deshacer mi condado como la sal en el agua.<\/p>\n<p>Y estaba peor Sancho despierto que su amo durmiendo: tal le ten\u00edan las promesas que su amo le hab\u00eda hecho. El ventero se desesperaba de ver la flema del escudero y el maleficio del se\u00f1or, y juraba que no hab\u00eda de ser como la vez pasada, que se le fueron sin pagar; y que ahora no le hab\u00edan de valer los previlegios de su caballer\u00eda para dejar de pagar lo uno y lo otro, aun hasta lo que pudiesen costar las botanas que se hab\u00edan de echar a los rotos cueros.<\/p>\n<p>Ten\u00eda el cura de las manos a don Quijote, el cual, creyendo que ya hab\u00eda acabado la aventura, y que se hallaba delante de la princesa Micomicona, se hinc\u00f3 de rodillas delante del cura, diciendo:<\/p>\n<p>-Bien puede la vuestra grandeza, alta y famosa se\u00f1ora, vivir, de hoy m\u00e1s, segura que le pueda hacer mal esta mal nacida criatura; y yo tambi\u00e9n, de hoy m\u00e1s, soy quito de la palabra que os di, pues, con el ayuda del alto Dios y con el favor de aquella por quien yo vivo y respiro, tan bien la he cumplido.<\/p>\n<p>-\u00bfNo lo dije yo? -dijo oyendo esto Sancho-. S\u00ed que no estaba yo borracho: \u00a1mirad si tiene puesto ya en sal mi amo al gigante! \u00a1Ciertos son los toros: mi condado est\u00e1 de molde!<\/p>\n<p>\u00bfQui\u00e9n no hab\u00eda de re\u00edr con los disparates de los dos, amo y mozo? Todos re\u00edan sino el ventero, que se daba a Satan\u00e1s. Pero, en fin, tanto hicieron el barbero, Cardenio y el cura que, con no poco trabajo, dieron con don Quijote en la cama, el cual se qued\u00f3 dormido, con muestras de grand\u00edsimo cansancio. Dej\u00e1ronle dormir, y sali\u00e9ronse al portal de la venta a consolar a Sancho Panza de no haber hallado la cabeza del gigante; aunque m\u00e1s tuvieron que hacer en aplacar al ventero, que estaba desesperado por la repentina muerte de sus cueros. Y la ventera dec\u00eda en voz y en grito:<\/p>\n<p>-En mal punto y en hora menguada entr\u00f3 en mi casa este caballero andante, que nunca mis ojos le hubieran visto, que tan caro me cuesta. La vez pasada se fue con el costo de una noche, de cena, cama, paja y cebada, para \u00e9l y para su escudero, y un roc\u00edn y un jumento, diciendo que era caballero aventurero (que mala ventura le d\u00e9 Dios a \u00e9l y a cuantos aventureros hay en el mundo) y que por esto no estaba obligado a pagar nada, que as\u00ed estaba escrito en los aranceles de la caballer\u00eda andantesca. Y ahora, por su respeto,\u00a0 vino estotro se\u00f1or y me llev\u00f3 mi cola, y h\u00e1mela vuelto con m\u00e1s de dos cuartillos de da\u00f1o, toda pelada, que no puede servir para lo que la quiere mi marido. Y, por fin y remate de todo, romperme mis cueros y derramarme mi vino; que derramada le vea yo su sangre. \u00a1Pues no se piense; que, por los huesos de mi padre y por el siglo de mi madre, si no me lo han de pagar un cuarto sobre otro, o no me llamar\u00eda yo como me llamo ni ser\u00eda hija de quien soy!<\/p>\n<p>Estas y otras razones tales dec\u00eda la ventera con grande enojo, y ayud\u00e1bala su buena criada Maritornes. La hija callaba, y de cuando en cuando se sonre\u00eda. El cura lo soseg\u00f3 todo, prometiendo de satisfacerles su p\u00e9rdida lo mejor que pudiese, as\u00ed de los cueros como del vino, y principalmente del menoscabo de la cola, de quien tanta cuenta hac\u00edan. Dorotea consol\u00f3 a Sancho Panza dici\u00e9ndole que cada y cuando que pareciese haber sido verdad que su amo hubiese descabezado al gigante, le promet\u00eda, en vi\u00e9ndose pac\u00edfica en su reino, de darle el mejor condado que en \u00e9l hubiese.<\/p>\n<p>Consol\u00f3se con esto Sancho, y asegur\u00f3 a la princesa que tuviese por cierto que \u00e9l hab\u00eda visto la cabeza del gigante, y que, por m\u00e1s se\u00f1as, ten\u00eda una barba que le llegaba a la cintura; y que si no parec\u00eda, era porque todo cuanto en aquella casa pasaba era por v\u00eda de encantamento, como \u00e9l lo hab\u00eda probado otra vez que hab\u00eda posado en ella. Dorotea dijo que as\u00ed lo cre\u00eda, y que no tuviese pena, que todo se har\u00eda bien y suceder\u00eda a pedir de boca.<\/p>\n<p>Sosegados todos, el cura quiso acabar de leer la novela, porque vio que faltaba poco. Cardenio, Dorotea y todos los dem\u00e1s le rogaron la acabase. \u00c9l, que a todos quiso dar gusto, y por el que \u00e9l ten\u00eda de leerla, prosigui\u00f3 el cuento, que as\u00ed dec\u00eda:<\/p>\n<p>\u00abSucedi\u00f3, pues, que, por la satisfaci\u00f3n que Anselmo ten\u00eda de la bondad de Camila, viv\u00eda una vida contenta y descuidada, y Camila, de industria, hac\u00eda mal rostro a Lotario, porque Anselmo entendiese al rev\u00e9s de la voluntad que le ten\u00eda; y, para m\u00e1s confirmaci\u00f3n de su hecho, pidi\u00f3 licencia Lotario para no venir a su casa, pues claramente se mostraba la pesadumbre que con su vista Camila receb\u00eda; mas el enga\u00f1ado Anselmo le dijo que en ninguna manera tal hiciese. Y, desta manera, por mil maneras era Anselmo el fabricador de su deshonra, creyendo que lo era de su gusto.<\/p>\n<p>\u00bbEn esto, el que ten\u00eda Leonela de verse cualificada, no de con sus amores, lleg\u00f3 a tanto que, sin mirar a otra cosa, se iba tras \u00e9l a suelta rienda, fiada en que su se\u00f1ora la encubr\u00eda, y aun la advert\u00eda del modo que con poco recelo pudiese ponerle en ejecuci\u00f3n. En fin, una noche sinti\u00f3 Anselmo pasos en el aposento de Leonela, y, queriendo entrar a ver qui\u00e9n los daba, sinti\u00f3 que le deten\u00edan la puerta, cosa que le puso m\u00e1s voluntad de abrirla; y tanta fuerza hizo, que la abri\u00f3, y entr\u00f3 dentro a tiempo que vio que un hombre saltaba por la ventana a la calle; y, acudiendo con presteza a alcanzarle o conocerle, no pudo conseguir lo uno ni lo otro, porque Leonela se abraz\u00f3 con \u00e9l, dici\u00e9ndole:<\/p>\n<p>\u00bb-Sosi\u00e9gate, se\u00f1or m\u00edo, y no te alborotes, ni sigas al que de aqu\u00ed salt\u00f3; es cosa m\u00eda, y tanto, que es mi esposo.<\/p>\n<p>\u00bbNo lo quiso creer Anselmo; antes, ciego de enojo, sac\u00f3 la daga y quiso herir a Leonela, dici\u00e9ndole que le dijese la verdad, si no, que la matar\u00eda.<\/p>\n<p>Ella, con el miedo, sin saber lo que se dec\u00eda, le dijo:<\/p>\n<p>\u00bb-No me mates, se\u00f1or, que yo te dir\u00e9 cosas de m\u00e1s importancia de las que puedes imaginar.<\/p>\n<p>\u00bb-Dilas luego -dijo Anselmo-; si no, muerta eres.<\/p>\n<p>\u00bb-Por ahora ser\u00e1 imposible -dijo Leonela-, seg\u00fan estoy de turbada; d\u00e9jame hasta ma\u00f1ana, que entonces sabr\u00e1s de m\u00ed lo que te ha de admirar; y est\u00e1 seguro que el que salt\u00f3 por esta ventana es un mancebo desta ciudad, que me ha dado la mano de ser mi esposo.<\/p>\n<p>\u00bbSoseg\u00f3se con esto Anselmo y quiso aguardar el t\u00e9rmino que se le ped\u00eda, porque no pensaba o\u00edr cosa que contra Camila fuese, por estar de su bondad tan satisfecho y seguro; y as\u00ed, se sali\u00f3 del aposento y dej\u00f3 encerrada en \u00e9l a Leonela, dici\u00e9ndole que de all\u00ed no saldr\u00eda hasta que le dijese lo que ten\u00eda que decirle.<\/p>\n<p>\u00bbFue luego a ver a Camila y a decirle, como le dijo, todo aquello que con su doncella le hab\u00eda pasado, y la palabra que le hab\u00eda dado de decirle grandes cosas y de importancia. Si se turb\u00f3 Camila o no, no hay para qu\u00e9 decirlo, porque fue tanto el temor que cobr\u00f3, creyendo verdaderamente -y era de creer- que Leonela hab\u00eda de decir a Anselmo todo lo que sab\u00eda de su poca fe, que no tuvo \u00e1nimo para esperar si su sospecha sal\u00eda falsa o no. Y aquella mesma noche, cuando le pareci\u00f3 que Anselmo dorm\u00eda, junt\u00f3 las mejores joyas que ten\u00eda y algunos dineros, y, sin ser de nadie sentida, sali\u00f3 de casa y se fue a la de Lotario, a quien cont\u00f3 lo que pasaba, y le pidi\u00f3 que la pusiese en cobro, o que se ausentasen los dos donde de Anselmo pudiesen estar seguros. La confusi\u00f3n en que Camila puso a Lotario fue tal, que no le sab\u00eda responder palabra, ni menos sab\u00eda resolverse en lo que har\u00eda.<\/p>\n<p>\u00bbEn fin, acord\u00f3 de llevar a Camila a un monesterio, en quien era priora una su hermana. Consinti\u00f3 Camila en ello, y, con la presteza que el caso ped\u00eda, la llev\u00f3 Lotario y la dej\u00f3 en el monesterio, y \u00e9l, ansimesmo, se ausent\u00f3 luego de la ciudad, sin dar parte a nadie de su ausencia.<\/p>\n<p>\u00bbCuando amaneci\u00f3, sin echar de ver Anselmo que Camila faltaba de su lado, con el deseo que ten\u00eda de saber lo que Leonela quer\u00eda decirle, se levant\u00f3 y fue adonde la hab\u00eda dejado encerrada. Abri\u00f3 y entr\u00f3 en el aposento, pero no hall\u00f3 en \u00e9l a Leonela: s\u00f3lo hall\u00f3 puestas unas s\u00e1banas a\u00f1udadas a la ventana, indicio y se\u00f1al que por all\u00ed se hab\u00eda descolgado e ido. Volvi\u00f3 luego muy triste a dec\u00edrselo a Camila, y, no hall\u00e1ndola en la cama ni en toda la casa, qued\u00f3 asombrado.Pregunt\u00f3 a los criados de casa por ella, pero nadie le supo dar raz\u00f3n de lo que ped\u00eda.<\/p>\n<p>\u00bbAcert\u00f3 acaso, andando a buscar a Camila, que vio sus cofres abiertos y que dellos faltaban las m\u00e1s de sus joyas, y con esto acab\u00f3 de caer en la cuenta de su desgracia, y en que no era Leonela la causa de su desventura. Y, ans\u00ed como estaba, sin acabarse de vestir, triste y pensativo, fue a dar cuenta de su desdicha a su amigo Lotario. Mas, cuando no le hall\u00f3, y sus criados le dijeron que aquella noche hab\u00eda faltado de casa y hab\u00eda llevado consigo todos los dineros que ten\u00eda, pens\u00f3 perder el juicio. Y, para acabar de concluir con todo, volvi\u00e9ndose a su casa, no hall\u00f3 en ella ninguno de cuantos criados ni criadas ten\u00eda, sino la casa desierta y sola.<\/p>\n<p>\u00bbNo sab\u00eda qu\u00e9 pensar, qu\u00e9 decir, ni qu\u00e9 hacer, y poco a poco se le iba volviendo el juicio. Contempl\u00e1base y mir\u00e1base en un instante sin mujer, sin amigo y sin criados; desamparado, a su parecer, del cielo que le cubr\u00eda, y sobre todo sin honra, porque en la falta de Camila vio su perdici\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00bbResolvi\u00f3se, en fin, a cabo de una gran pieza, de irse a la aldea de su amigo, donde hab\u00eda estado cuando dio lugar a que se maquinase toda aquella desventura. Cerr\u00f3 las puertas de su casa, subi\u00f3 a caballo, y con desmayado aliento se puso en camino; y, apenas hubo andado la mitad, cuando, acosado de sus pensamientos, le fue forzoso apearse y arrendar su caballo a un \u00e1rbol, a cuyo tronco se dej\u00f3 caer, dando tiernos y dolorosos suspiros, y all\u00ed se estuvo hasta casi que anochec\u00eda; y aquella hora vio que ven\u00eda un hombre a caballo de la ciudad, y, despu\u00e9s de haberle saludado, le pregunt\u00f3 qu\u00e9 nuevas hab\u00eda en Florencia. El ciudadano respondi\u00f3:<\/p>\n<p>\u00bb-Las m\u00e1s estra\u00f1as que muchos d\u00edas ha se han o\u00eddo en ella; porque se dice p\u00fablicamente que Lotario, aquel grande amigo de Anselmo el rico, que viv\u00eda a San Juan, se llev\u00f3 esta noche a Camila, mujer de Anselmo, el cual tampoco parece. Todo esto ha dicho una criada de Camila, que anoche la hall\u00f3 el gobernador descolg\u00e1ndose con una s\u00e1bana por las ventanas de la casa de Anselmo. En efeto, no s\u00e9 puntualmente c\u00f3mo pas\u00f3 el negocio; s\u00f3lo s\u00e9 que toda la ciudad est\u00e1 admirada deste suceso, porque no se pod\u00eda esperar tal hecho de la mucha y familiar amistad de los dos, que dicen que era tanta, que los llamaban los dos amigos.<\/p>\n<p>\u00bb-\u00bfS\u00e1bese, por ventura -dijo Anselmo-, el camino que llevan Lotario y Camila?<\/p>\n<p>\u00bb-Ni por pienso -dijo el ciudadano-, puesto que el gobernador ha usado de mucha diligencia en buscarlos<\/p>\n<p>\u00bb-A Dios vais, se\u00f1or -dijo Anselmo.<\/p>\n<p>\u00bb-Con \u00c9l qued\u00e9is -respondi\u00f3 el ciudadano, y fuese.<\/p>\n<p>\u00bbCon tan desdichadas nuevas, casi casi lleg\u00f3 a t\u00e9rminos Anselmo, no s\u00f3lo de perder el juicio, sino de acabar la vida. Levant\u00f3se como pudo y lleg\u00f3 a casa de su amigo, que a\u00fan no sab\u00eda su desgracia; mas, como le vio llegar amarillo, consumido y seco, entendi\u00f3 que de alg\u00fan grave mal ven\u00eda fatigado.<\/p>\n<p>Pidi\u00f3 luego Anselmo que le acostasen, y que le diesen aderezo de escribir.<\/p>\n<p>H\u00edzose as\u00ed, y dej\u00e1ronle acostado y solo, porque \u00e9l as\u00ed lo quiso, y aun que le cerrasen la puerta. Vi\u00e9ndose, pues, solo, comenz\u00f3 a cargar tanto la imaginaci\u00f3n de su desventura, que claramente conoci\u00f3 que se le iba acabando la vida; y as\u00ed, orden\u00f3 de dejar noticia de la causa de su estra\u00f1a muerte; y, comenzando a escribir, antes que acabase de poner todo lo que quer\u00eda, le falt\u00f3 el aliento y dej\u00f3 la vida en las manos del dolor que le caus\u00f3 su curiosidad impertinente.<\/p>\n<p>\u00bbViendo el se\u00f1or de casa que era ya tarde y que Anselmo no llamaba, acord\u00f3 de entrar a saber si pasaba adelante su indisposici\u00f3n, y hall\u00f3le tendido boca abajo, la mitad del cuerpo en la cama y la otra mitad sobre el bufete, sobre el cual estaba con el papel escrito y abierto, y \u00e9l ten\u00eda a\u00fan la pluma en la mano. Lleg\u00f3se el hu\u00e9sped a \u00e9l, habi\u00e9ndole llamado primero; y, trab\u00e1ndole por la mano, viendo que no le respond\u00eda y hall\u00e1ndole fr\u00edo, vio que estaba muerto. Admir\u00f3se y congoj\u00f3se en gran manera, y llam\u00f3 a la gente de casa para que viesen la desgracia a Anselmo sucedida; y, finalmente, ley\u00f3 el papel, que conoci\u00f3 que de su mesma mano estaba escrito, el cual conten\u00eda estas razones:<\/p>\n<p>Un necio e impertinente deseo me quit\u00f3 la vida. Si las nuevas de mi muerte llegaren a los o\u00eddos de Camila, sepa que yo la perdono, porque no estaba ella obligada a hacer milagros, ni yo ten\u00eda necesidad de querer que ella los hiciese; y, pues yo fui el fabricador de mi deshonra, no hay para qu\u00e9&#8230;<\/p>\n<p>\u00bbHasta aqu\u00ed escribi\u00f3 Anselmo, por donde se ech\u00f3 de ver que en aquel punto, sin poder acabar la raz\u00f3n, se le acab\u00f3 la vida. Otro d\u00eda dio aviso su amigo a los parientes de Anselmo de su muerte, los cuales ya sab\u00edan su desgracia, y el monesterio donde Camila estaba, casi en el t\u00e9rmino de acompa\u00f1ar a su esposo en aquel forzoso viaje, no por las nuevas del muerto esposo, mas por las que supo del ausente amigo. D\u00edcese que, aunque se vio viuda, no quiso salir del monesterio, ni, menos, hacer profesi\u00f3n de monja, hasta que, no de all\u00ed a muchos d\u00edas, le vinieron nuevas que Lotario hab\u00eda muerto en una batalla que en aquel tiempo dio monsieur de Lautrec al Gran Capit\u00e1n Gonzalo Fern\u00e1ndez de C\u00f3rdoba en el reino de N\u00e1poles, donde hab\u00eda ido a parar el tarde arrepentido amigo; lo cual sabido por Camila, hizo profesi\u00f3n, y acab\u00f3 en breves d\u00edas la vida a las rigurosas manos de tristezas y melancol\u00edas.<\/p>\n<p>\u00c9ste fue el fin que tuvieron todos, nacido de un tan desatinado principio.\u00bb<\/p>\n<p>-Bien -dijo el cura- me parece esta novela, pero no me puedo persuadir que esto sea verdad; y si es fingido, fingi\u00f3 mal el autor, porque no se puede imaginar que haya marido tan necio que quiera hacer tan costosa experiencia como Anselmo. Si este caso se pusiera entre un gal\u00e1n y una dama, pudi\u00e9rase llevar, pero entre marido y mujer, algo tiene del imposible; y, en lo que toca al modo de contarle, no me descontenta.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Primera parte CAP\u00cdTULO XXXV Donde se da fin a la novela del Curioso impertinente Poco m\u00e1s quedaba por leer de la novela, cuando del caramanch\u00f3n donde reposaba don Quijote sali\u00f3 Sancho Panza todo alborotado, diciendo a voces: -Acudid, se\u00f1ores, presto y socorred a mi se\u00f1or, que anda envuelto en la\u2026<\/p>\n<p class=\"continue-reading-button\"> <a class=\"continue-reading-link\" href=\"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/don-quijote-de-la-mancha-primera-parte-capitulo-xxxv-de-lii-miguel-de-cervantes-saavedra\/\">Seguir leyendo&#8230;<i class=\"crycon-right-dir\"><\/i><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":75,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"rop_custom_images_group":[],"rop_custom_messages_group":[],"rop_publish_now":"initial","rop_publish_now_accounts":{"twitter_226634691_226634691":""},"rop_publish_now_history":[],"rop_publish_now_status":"pending","_uag_custom_page_level_css":"","footnotes":""},"categories":[5,1109],"tags":[1010,1016,1012,1018,2685,2687,1053,1015,1034,1054,1142,1165,2686,1466,1057,2684,2683,1025,1046,1033],"class_list":["post-1068","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-literatura","category-textos-literarios","tag-amor","tag-arte","tag-ave","tag-ayuda","tag-capitulo","tag-cervantes","tag-dinero","tag-flor","tag-guerra","tag-industria","tag-ley","tag-mancha","tag-miguel","tag-parte","tag-pensamiento","tag-primera","tag-quijote","tag-rosa","tag-salud","tag-vino"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.4 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>&quot;Don Quijote de La Mancha&quot; 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