{"id":1067,"date":"2010-12-17T20:08:37","date_gmt":"2010-12-17T18:08:37","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cultureduca.com\/blog\/?p=1067"},"modified":"2018-12-22T03:12:44","modified_gmt":"2018-12-22T01:12:44","slug":"don-quijote-de-la-mancha-primera-parte-capitulo-xxxiv-de-lii-miguel-de-cervantes-saavedra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/don-quijote-de-la-mancha-primera-parte-capitulo-xxxiv-de-lii-miguel-de-cervantes-saavedra\/","title":{"rendered":"\u00abDon Quijote de La Mancha\u00bb (Primera parte &#8211; cap\u00edtulo XXXIV de LII) [Miguel de Cervantes Saavedra]"},"content":{"rendered":"<p>Primera parte<\/p>\n<p><strong>CAP\u00cdTULO XXXIV<\/strong><\/p>\n<p><strong>Donde se prosigue la novela del Curioso impertinente<\/strong><\/p>\n<p>\u00bbAs\u00ed como suele decirse que parece mal el ej\u00e9rcito sin su general y el castillo sin su castellano, digo yo que parece muy peor la mujer casada y moza sin su marido, cuando just\u00edsimas ocasiones no lo impiden. Yo me hallo tan mal sin vos, y tan imposibilitada de no poder sufrir esta ausencia, que si presto no ven\u00eds, me habr\u00e9 de ir a entretener en casa de mis padres, aunque deje sin guarda la vuestra; porque la que me dejastes, si es que qued\u00f3 con tal t\u00edtulo, creo que mira m\u00e1s por su gusto que por lo que a vos os toca; y, pues sois discreto, no tengo m\u00e1s que deciros, ni aun es bien que m\u00e1s os diga.<\/p>\n<p>\u00bbEsta carta recibi\u00f3 Anselmo, y entendi\u00f3 por ella que Lotario hab\u00eda ya comenzado la empresa, y que Camila deb\u00eda de haber respondido como \u00e9l deseaba; y, alegre sobremanera de tales nuevas, respondi\u00f3 a Camila, de palabra, que no hiciese mudamiento de su casa en modo ninguno, porque \u00e9l volver\u00eda con mucha brevedad. Admirada qued\u00f3 Camila de la respuesta de Anselmo, que la puso en m\u00e1s confusi\u00f3n que primero, porque ni se atrev\u00eda a estar en su casa, ni menos irse a la de sus padres; porque en la quedada corr\u00eda peligro su honestidad, y en la ida iba contra el mandamiento de su esposo.<\/p>\n<p>\u00bbEn fin, se resolvi\u00f3 en lo que le estuvo peor, que fue en el quedarse, con determinaci\u00f3n de no huir la presencia de Lotario, por no dar que decir a sus criados; y ya le pesaba de haber escrito lo que escribi\u00f3 a su esposo, temerosa de que no pensase que Lotario hab\u00eda visto en ella alguna desenvoltura que le hubiese movido a no guardalle el decoro que deb\u00eda.<\/p>\n<p>Pero, fiada en su bondad, se fi\u00f3 en Dios y en su buen pensamiento, con que pensaba resistir callando a todo aquello que Lotario decirle quisiese, sin dar m\u00e1s cuenta a su marido, por no ponerle en alguna pendencia y trabajo. Y aun andaba buscando manera como disculpar a Lotario con Anselmo, cuando le preguntase la ocasi\u00f3n que le hab\u00eda movido a escribirle aquel papel. Con estos pensamientos, m\u00e1s honrados que acertados ni provechosos, estuvo otro d\u00eda escuchando a Lotario, el cual carg\u00f3 la mano de manera que comenz\u00f3 a titubear la firmeza de Camila, y su honestidad tuvo harto que hacer en acudir a los ojos, para que no diesen muestra de alguna amorosa compasi\u00f3n que las l\u00e1grimas y las razones de Lotario en su pecho hab\u00edan despertado.<\/p>\n<p>Todo esto notaba Lotario, y todo le encend\u00eda.<\/p>\n<p>\u00bbFinalmente, a \u00e9l le pareci\u00f3 que era menester, en el espacio y lugar que daba la ausencia de Anselmo, apretar el cerco a aquella fortaleza. Y as\u00ed, acometi\u00f3 a su presunci\u00f3n con las alabanzas de su hermosura, porque no hay cosa que m\u00e1s presto rinda y allane las encastilladas torres de la vanidad de las hermosas que la mesma vanidad, puesta en las lenguas de la adulaci\u00f3n. En efecto, \u00e9l, con toda diligencia, min\u00f3 la roca de su entereza, con tales pertrechos que, aunque Camila fuera toda de bronce, viniera al suelo. Llor\u00f3, rog\u00f3, ofreci\u00f3, adul\u00f3, porfi\u00f3, y fingi\u00f3 Lotario con tantos sentimientos, con muestras de tantas veras, que dio al trav\u00e9s con el recato de Camila y vino a triunfar de lo que menos se pensaba y m\u00e1s deseaba.<\/p>\n<p>\u00bbRindi\u00f3se Camila, Camila se rindi\u00f3; pero, \u00bfqu\u00e9 mucho, si la amistad de Lotario no qued\u00f3 en pie? Ejemplo claro que nos muestra que s\u00f3lo se vence la pasi\u00f3n amorosa con huilla, y que nadie se ha de poner a brazos con tan poderoso enemigo, porque es menester fuerzas divinas para vencer las suyas humanas. S\u00f3lo supo Leonela la flaqueza de su se\u00f1ora, porque no se la pudieron encubrir los dos malos amigos y nuevos amantes. No quiso Lotario decir a Camila la pretensi\u00f3n de Anselmo, ni que \u00e9l le hab\u00eda dado lugar para llegar a aquel punto, porque no tuviese en menos su amor y pensase que as\u00ed, acaso y sin pensar, y no de prop\u00f3sito, la hab\u00eda solicitado.<\/p>\n<p>\u00bbVolvi\u00f3 de all\u00ed a pocos d\u00edas Anselmo a su casa, y no ech\u00f3 de ver lo que faltaba en ella, que era lo que en menos ten\u00eda y m\u00e1s estimaba. Fuese luego a ver a Lotario, y hall\u00f3le en su casa; abraz\u00e1ronse los dos, y el uno pregunt\u00f3 por las nuevas de su vida o de su muerte.<\/p>\n<p>\u00bb-Las nuevas que te podr\u00e9 dar, \u00a1oh amigo Anselmo! -dijo Lotario-, son de que tienes una mujer que dignamente puede ser ejemplo y corona de todas las mujeres buenas. Las palabras que le he dicho se las ha llevado el aire, los ofrecimientos se han tenido en poco, las d\u00e1divas no se han admitido, de algunas l\u00e1grimas fingidas m\u00edas se ha hecho burla notable. En resoluci\u00f3n, as\u00ed como Camila es cifra de toda belleza, es archivo donde asiste la honestidad y vive el comedimiento y el recato, y todas las virtudes que pueden hacer loable y bien afortunada a una honrada mujer. Vuelve a tomar tus dineros, amigo, que aqu\u00ed los tengo, sin haber tenido necesidad de tocar a ellos; que la entereza de Camila no se rinde a cosas tan bajas como son d\u00e1divas ni promesas. Cont\u00e9ntate, Anselmo, y no quieras hacer m\u00e1s pruebas de las hechas; y, pues a pie enjuto has pasado el mar de las dificultades y sospechas que de las mujeres suelen y pueden tenerse, no quieras entrar de nuevo en el profundo pi\u00e9lago de nuevos inconvenientes, ni quieras hacer experiencia con otro piloto de la bondad y fortaleza del nav\u00edo que el cielo te dio en suerte para que en \u00e9l pasases la mar deste mundo, sino haz cuenta que est\u00e1s ya en seguro puerto, y af\u00e9rrate con las \u00e1ncoras de la buena consideraci\u00f3n, y d\u00e9jate estar hasta que te vengan a pedir la deuda que no hay hidalgu\u00eda humana que de pagarla se escuse.<\/p>\n<p>\u00bbContent\u00edsimo qued\u00f3 Anselmo de las razones de Lotario, y as\u00ed se las crey\u00f3 como si fueran dichas por alg\u00fan or\u00e1culo. Pero, con todo eso, le rog\u00f3 que no dejase la empresa, aunque no fuese m\u00e1s de por curiosidad y entretenimiento, aunque no se aprovechase de all\u00ed adelante de tan ahincadas diligencias como hasta entonces; y que s\u00f3lo quer\u00eda que le escribiese algunos versos en su alabanza, debajo del nombre de Clori, porque \u00e9l le dar\u00eda a entender a Camila que andaba enamorado de una dama, a quien le hab\u00eda puesto aquel nombre por poder celebrarla con el decoro que a su honestidad se le deb\u00eda; y que, cuando Lotario no quisiera tomar trabajo de escribir los versos, que \u00e9l los har\u00eda.<\/p>\n<p>\u00bb-No ser\u00e1 menester eso -dijo Lotario-, pues no me son tan enemigas las musas que algunos ratos del a\u00f1o no me visiten. Dile t\u00fa a Camila lo que has dicho del fingimiento de mis amores, que los versos yo los har\u00e9; si no tan buenos como el subjeto merece, ser\u00e1n, por lo menos, los mejores que yo pudiere.<\/p>\n<p>\u00bbQuedaron deste acuerdo el impertinente y el traidor amigo; y, vuelto Anselmo a su casa, pregunt\u00f3 a Camila lo que ella ya se maravillaba que no se lo hubiese preguntado: que fue que le dijese la ocasi\u00f3n por que le hab\u00eda escrito el papel que le envi\u00f3. Camila le respondi\u00f3 que le hab\u00eda parecido que Lotario la miraba un poco m\u00e1s desenvueltamente que cuando \u00e9l estaba en casa; pero que ya estaba desenga\u00f1ada y cre\u00eda que hab\u00eda sido imaginaci\u00f3n suya, porque ya Lotario hu\u00eda de vella y de estar con ella a solas. D\u00edjole Anselmo que bien pod\u00eda estar segura de aquella sospecha, porque \u00e9l sab\u00eda que Lotario andaba enamorado de una doncella principal de la ciudad, a quien \u00e9l celebraba debajo del nombre de Clori, y que, aunque no lo estuviera, no hab\u00eda que temer de la verdad de Lotario y de la mucha amistad de entrambos. Y, a no estar avisada Camila de Lotario de que eran fingidos aquellos amores de Clori, y que \u00e9l se lo hab\u00eda dicho a Anselmo por poder ocuparse algunos ratos en las mismas alabanzas de Camila, ella, sin duda, cayera en la desesperada red de los celos; mas, por estar ya advertida, pas\u00f3 aquel sobresalto sin pesadumbre.<\/p>\n<p>\u00bbOtro d\u00eda, estando los tres sobre mesa, rog\u00f3 Anselmo a Lotario dijese alguna cosa de las que hab\u00eda compuesto a su amada Clori; que, pues Camila no la conoc\u00eda, seguramente pod\u00eda decir lo que quisiese.<\/p>\n<p>\u00bb-Aunque la conociera -respondi\u00f3 Lotario-, no encubriera yo nada, porque cuando alg\u00fan amante loa a su dama de hermosa y la nota de cruel, ning\u00fan oprobrio hace a su buen cr\u00e9dito. Pero, sea lo que fuere, lo que s\u00e9 decir, que ayer hice un soneto a la ingratitud desta Clori, que dice ans\u00ed:<\/p>\n<p>Soneto<\/p>\n<p>En el silencio de la noche, cuando<br \/>\nocupa el dulce sue\u00f1o a los mortales,<br \/>\nla pobre cuenta de mis ricos males<br \/>\nestoy al cielo y a mi Clori dando.<\/p>\n<p>Y, al tiempo cuando el sol se va mostrando<br \/>\npor las rosadas puertas orientales,<br \/>\ncon suspiros y acentos desiguales,<br \/>\nvoy la antigua querella renovando.<\/p>\n<p>Y cuando el sol, de su estrellado asiento,<br \/>\nderechos rayos a la tierra env\u00eda,<br \/>\nel llanto crece y doblo los gemidos.<\/p>\n<p>Vuelve la noche, y vuelvo al triste cuento,<br \/>\ny siempre hallo, en mi mortal porf\u00eda,<br \/>\nal cielo, sordo; a Clori, sin o\u00eddos.<\/p>\n<p>\u00bbBien le pareci\u00f3 el soneto a Camila, pero mejor a Anselmo, pues le alab\u00f3, y dijo que era demasiadamente cruel la dama que a tan claras verdades no correspond\u00eda. A lo que dijo Camila:<\/p>\n<p>\u00bb-Luego, \u00bftodo aquello que los poetas enamorados dicen es verdad?<\/p>\n<p>\u00bb-En cuanto poetas, no la dicen -respondi\u00f3 Lotario-; mas, en cuanto enamorados, siempre quedan tan cortos como verdaderos.<\/p>\n<p>\u00bb-No hay duda deso -replic\u00f3 Anselmo, todo por apoyar y acreditar los pensamientos de Lotario con Camila, tan descuidada del artificio de Anselmo como ya enamorada de Lotario.<\/p>\n<p>\u00bbY as\u00ed, con el gusto que de sus cosas ten\u00eda, y m\u00e1s, teniendo por entendido que sus deseos y escritos a ella se encaminaban, y que ella era la verdadera Clori, le rog\u00f3 que si otro soneto o otros versos sab\u00eda, los dijese:<\/p>\n<p>\u00bb-S\u00ed s\u00e9 -respondi\u00f3 Lotario-, pero no creo que es tan bueno como el primero, o, por mejor decir, menos malo. Y podr\u00e9islo bien juzgar, pues es \u00e9ste:<\/p>\n<p>Soneto<\/p>\n<p>Yo s\u00e9 que muero; y si no soy cre\u00eddo,<br \/>\nes m\u00e1s cierto el morir, como es m\u00e1s cierto<br \/>\nverme a tus pies, \u00a1oh bella ingrata!, muerto,<br \/>\nantes que de adorarte arrepentido.<\/p>\n<p>Podr\u00e9 yo verme en la regi\u00f3n de olvido,<br \/>\nde vida y gloria y de favor desierto,<br \/>\ny all\u00ed verse podr\u00e1 en mi pecho abierto<br \/>\nc\u00f3mo tu hermoso rostro est\u00e1 esculpido.<\/p>\n<p>Que esta reliquia guardo para el duro<br \/>\ntrance que me amenaza mi porf\u00eda,<br \/>\nque en tu mismo rigor se fortalece.<\/p>\n<p>\u00a1Ay de aquel que navega, el cielo escuro,<br \/>\npor mar no usado y peligrosa v\u00eda,<br \/>\nadonde norte o puerto no se ofrece!<\/p>\n<p>\u00bbTambi\u00e9n alab\u00f3 este segundo soneto Anselmo, como hab\u00eda hecho el primero, y desta manera iba a\u00f1adiendo eslab\u00f3n a eslab\u00f3n a la cadena con que se enlazaba y trababa su deshonra, pues cuando m\u00e1s Lotario le deshonraba, entonces le dec\u00eda que estaba m\u00e1s honrado; y, con esto, todos los escalones que Camila bajaba hacia el centro de su menosprecio, los sub\u00eda, en la opini\u00f3n de su marido, hacia la cumbre de la virtud y de su buena fama.<\/p>\n<p>\u00bbSucedi\u00f3 en esto que, hall\u00e1ndose una vez, entre otras, sola Camila con su doncella, le dijo:<\/p>\n<p>\u00bb-Corrida estoy, amiga Leonela, de ver en cu\u00e1n poco he sabido estimarme, pues siquiera no hice que con el tiempo comprara Lotario la entera posesi\u00f3n que le di tan presto de mi voluntad. Temo que ha de estimar mi presteza o ligereza, sin que eche de ver la fuerza que \u00e9l me hizo para no poder resistirle.<\/p>\n<p>\u00bb-No te d\u00e9 pena eso, se\u00f1ora m\u00eda -respondi\u00f3 Leonela-, que no est\u00e1 la monta, ni es causa para menguar la estimaci\u00f3n, darse lo que se da presto, si, en efecto, lo que se da es bueno, y ello por s\u00ed digno de estimarse. Y aun suele decirse que el que luego da, da dos veces.<\/p>\n<p>\u00bb-Tambi\u00e9n se suele decir -dijo Camila- que lo que cuesta poco se estima en menos.<\/p>\n<p>\u00bb-No corre por ti esa raz\u00f3n -respondi\u00f3 Leonela-, porque el amor, seg\u00fan he o\u00eddo decir, unas veces vuela y otras anda, con \u00e9ste corre y con aqu\u00e9l va despacio, a unos entibia y a otros abrasa, a unos hiere y a otros mata, en un mesmo punto comienza la carrera de sus deseos y en aquel mesmo punto la acaba y concluye, por la ma\u00f1ana suele poner el cerco a una fortaleza y a la noche la tiene rendida, porque no hay fuerza que le resista. Y, siendo as\u00ed, \u00bfde qu\u00e9 te espantas, o de qu\u00e9 temes, si lo mismo debe de haber acontecido a Lotario, habiendo tomado el amor por instrumento de rendirnos la ausencia de mi se\u00f1or? Y era forzoso que en ella se concluyese lo que el amor ten\u00eda determinado, sin dar tiempo al tiempo para que Anselmo le tuviese de volver, y con su presencia quedase imperfecta la obra. Porque el amor no tiene otro mejor ministro para ejecutar lo que desea que es la ocasi\u00f3n: de la ocasi\u00f3n se sirve en todos sus hechos, principalmente en los principios.\u00a0<\/p>\n<p>Todo esto s\u00e9 yo muy bien, m\u00e1s de experiencia que de o\u00eddas, y alg\u00fan d\u00eda te lo dir\u00e9, se\u00f1ora, que yo tambi\u00e9n soy de carne y de sangre moza. Cuanto m\u00e1s, se\u00f1ora Camila, que no te entregaste ni diste tan luego, que primero no hubieses visto en los ojos, en los suspiros, en las razones y en las promesas y d\u00e1divas de Lotario toda su alma, viendo en ella y en sus virtudes cu\u00e1n digno era Lotario de ser amado. Pues si esto es ans\u00ed, no te asalten la imaginaci\u00f3n esos escrupulosos y melindrosos pensamientos, sino aseg\u00farate que Lotario te estima como t\u00fa le estimas a \u00e9l, y vive con contento y satisfaci\u00f3n de que, ya que ca\u00edste en el lazo amoroso, es el que te aprieta de valor y de estima. Y que no s\u00f3lo tiene las cuatro eses que dicen que han de tener los buenos enamorados, sino todo un ABC entero: si no, esc\u00fachame y ver\u00e1s como te le digo de coro. \u00c9l es, seg\u00fan yo veo y a m\u00ed me parece, agradecido, bueno, caballero, dadivoso, enamorado, firme, gallardo, honrado, ilustre, leal, mozo, noble, onesto, principal, quantioso, rico, y las eses que dicen; y luego, t\u00e1cito, verdadero. La X no le cuadra, porque es letra \u00e1spera; la Y ya est\u00e1 dicha; la Z, zelador de tu honra.<\/p>\n<p>\u00bbRi\u00f3se Camila del ABC de su doncella, y t\u00favola por m\u00e1s pl\u00e1tica en las cosas de amor que ella dec\u00eda; y as\u00ed lo confes\u00f3 ella, descubriendo a Camila como trataba amores con un mancebo bien nacido, de la mesma ciudad; de lo cual se turb\u00f3 Camila, temiendo que era aqu\u00e9l camino por donde su honra pod\u00eda correr riesgo. Apur\u00f3la si pasaban sus pl\u00e1ticas a m\u00e1s que serlo. Ella, con poca verg\u00fcenza y mucha desenvoltura, le respondi\u00f3 que s\u00ed pasaban; porque es cosa ya cierta que los descuidos de las se\u00f1oras quitan la verg\u00fcenza a las criadas, las cuales, cuando ven a las amas echar traspi\u00e9s, no se les da nada a ellas de cojear, ni de que lo sepan.<\/p>\n<p>\u00bbNo pudo hacer otra cosa Camila sino rogar a Leonela no dijese nada de su hecho al que dec\u00eda ser su amante, y que tratase sus cosas con secreto, porque no viniesen a noticia de Anselmo ni de Lotario. Leonela respondi\u00f3 que as\u00ed lo har\u00eda, mas cumpli\u00f3lo de manera que hizo cierto el temor de Camila de que por ella hab\u00eda de perder su cr\u00e9dito. Porque la deshonesta y atrevida Leonela, despu\u00e9s que vio que el proceder de su ama no era el que sol\u00eda, atrevi\u00f3se a entrar y poner dentro de casa a su amante, confiada que, aunque su se\u00f1ora le viese, no hab\u00eda de osar descubrille; que este da\u00f1o acarrean, entre otros, los pecados de las se\u00f1oras: que se hacen esclavas de sus mesmas criadas y se obligan a encubrirles sus deshonestidades y vilezas, como aconteci\u00f3 con Camila; que, aunque vio una y muchas veces que su Leonela estaba con su gal\u00e1n en un aposento de su casa, no s\u00f3lo no la osaba re\u00f1ir, mas d\u00e1bale lugar a que lo encerrase, y quit\u00e1bale todos los estorbos, para que no fuese visto de su marido.<\/p>\n<p>\u00bbPero no los pudo quitar que Lotario no le viese una vez salir, al romper del alba; el cual, sin conocer qui\u00e9n era, pens\u00f3 primero que deb\u00eda de ser alguna fantasma; mas, cuando le vio caminar, embozarse y encubrirse con cuidado y recato, cay\u00f3 de su simple pensamiento y dio en otro, que fuera la perdici\u00f3n de todos si Camila no lo remediara. Pens\u00f3 Lotario que aquel hombre que hab\u00eda visto salir tan a deshora de casa de Anselmo no hab\u00eda entrado en ella por Leonela, ni aun se acord\u00f3 si Leonela era en el mundo; s\u00f3lo crey\u00f3 que Camila, de la misma manera que hab\u00eda sido f\u00e1cil y ligera con \u00e9l, lo era para otro; que estas a\u00f1adiduras trae consigo la maldad de la mujer mala: que pierde el cr\u00e9dito de su honra con el mesmo a quien se entreg\u00f3 rogada y persuadida, y cree que con mayor facilidad se entrega a otros, y da infalible cr\u00e9dito a cualquiera sospecha que desto le venga. Y no parece sino que le falt\u00f3 a Lotario en este punto todo su buen entendimiento, y se le fueron de la memoria todos sus advertidos discursos, pues, sin hacer alguno que bueno fuese, ni aun razonable, sin m\u00e1s ni m\u00e1s, antes que Anselmo se levantase, impaciente y ciego de la celosa rabia que las entra\u00f1as le ro\u00eda, muriendo por vengarse de Camila, que en ninguna cosa le hab\u00eda ofendido, se fue a Anselmo y le dijo:<\/p>\n<p>\u00bb-S\u00e1bete, Anselmo, que ha muchos d\u00edas que he andado peleando conmigo mesmo, haci\u00e9ndome fuerza a no decirte lo que ya no es posible ni justo que m\u00e1s te encubra. S\u00e1bete que la fortaleza de Camila est\u00e1 ya rendida y sujeta a todo aquello que yo quisiere hacer della; y si he tardado en descubrirte esta verdad, ha sido por ver si era alg\u00fan liviano antojo suyo, o si lo hac\u00eda por probarme y ver si eran con prop\u00f3sito firme tratados los amores que, con tu licencia, con ella he comenzado. Cre\u00ed, ansimismo, que ella, si fuera la que deb\u00eda y la que entrambos pens\u00e1bamos, ya te hubiera dado cuenta de mi solicitud, pero, habiendo visto que se tarda, conozco que son verdaderas las promesas que me ha dado de que, cuando otra vez hagas ausencia de tu casa, me hablar\u00e1 en la rec\u00e1mara, donde est\u00e1 el repuesto de tus alhajas -y era la verdad, que all\u00ed le sol\u00eda hablar Camila-; y no quiero que precipitosamente corras a hacer alguna venganza, pues no est\u00e1 a\u00fan cometido el pecado sino con pensamiento, y podr\u00eda ser que, desde \u00e9ste hasta el tiempo de ponerle por obra, se mudase el de Camila y naciese en su lugar el arrepentimiento. Y as\u00ed, ya que, en todo o en parte, has seguido siempre mis consejos, sigue y guarda uno que ahora te dir\u00e9, para que sin enga\u00f1o y con medroso advertimento te satisfagas de aquello que m\u00e1s vieres que te convenga. Finge que te ausentas por dos o tres d\u00edas, como otras veces sueles, y haz de manera que te quedes escondido en tu rec\u00e1mara, pues los tapices que all\u00ed hay y otras cosas con que te puedas encubrir te ofrecen mucha comodidad, y entonces ver\u00e1s por tus mismos ojos, y yo por los m\u00edos, lo que Camila quiere; y si fuere la maldad que se puede temer antes que esperar, con silencio, sagacidad y discreci\u00f3n podr\u00e1s ser el verdugo de tu agravio.<\/p>\n<p>\u00bbAbsorto, suspenso y admirado qued\u00f3 Anselmo con las razones de Lotario, porque le cogieron en tiempo donde menos las esperaba o\u00edr, porque ya ten\u00eda a Camila por vencedora de los fingidos asaltos de Lotario y comenzaba a gozar la gloria del vencimiento. Callando estuvo por un buen espacio, mirando al suelo sin mover pesta\u00f1a, y al cabo dijo:<\/p>\n<p>\u00bb-T\u00fa lo has hecho, Lotario, como yo esperaba de tu amistad; en todo he de seguir tu consejo: haz lo que quisieres y guarda aquel secreto que ves que conviene en caso tan no pensado.<\/p>\n<p>\u00bbPrometi\u00f3selo Lotario, y, en apart\u00e1ndose d\u00e9l, se arrepinti\u00f3 totalmente de cuanto le hab\u00eda dicho, viendo cu\u00e1n neciamente hab\u00eda andado, pues pudiera \u00e9l vengarse de Camila, y no por camino tan cruel y tan deshonrado. Maldec\u00eda su entendimiento, afeaba su ligera determinaci\u00f3n, y no sab\u00eda qu\u00e9 medio tomarse para deshacer lo hecho, o para dalle alguna razonable salida. Al fin, acord\u00f3 de dar cuenta de todo a Camila; y, como no faltaba lugar para poderlo hacer, aquel mismo d\u00eda la hall\u00f3 sola, y ella, as\u00ed como vio que le pod\u00eda hablar, le dijo.<\/p>\n<p>\u00bb-Sabed, amigo Lotario, que tengo una pena en el coraz\u00f3n que me le aprieta de suerte que parece que quiere reventar en el pecho, y ha de ser maravilla si no lo hace, pues ha llegado la desverg\u00fcenza de Leonela a tanto, que cada noche encierra a un gal\u00e1n suyo en esta casa y se est\u00e1 con \u00e9l hasta el d\u00eda, tan a costa de mi cr\u00e9dito cuanto le quedar\u00e1 campo abierto de juzgarlo al que le viere salir a horas tan inusitadas de mi casa. Y lo que me fatiga es que no la puedo castigar ni re\u00f1ir: que el ser ella secretario de nuestros tratos me ha puesto un freno en la boca para callar los suyos, y temo que de aqu\u00ed ha de nacer alg\u00fan mal suceso.<\/p>\n<p>\u00bbAl principio que Camila esto dec\u00eda crey\u00f3 Lotario que era artificio para desmentille que el hombre que hab\u00eda visto salir era de Leonela, y no suyo; pero, vi\u00e9ndola llorar y afligirse, y pedirle remedio, vino a creer la verdad, y, en crey\u00e9ndola, acab\u00f3 de estar confuso y arrepentido del todo.<\/p>\n<p>Pero, con todo esto, respondi\u00f3 a Camila que no tuviese pena, que \u00e9l ordenar\u00eda remedio para atajar la insolencia de Leonela. D\u00edjole asimismo lo que, instigado de la furiosa rabia de los celos, hab\u00eda dicho a Anselmo, y c\u00f3mo estaba concertado de esconderse en la rec\u00e1mara, para ver desde all\u00ed a la clara la poca lealtad que ella le guardaba. Pidi\u00f3le perd\u00f3n desta locura, y consejo para poder remedialla y salir bien de tan revuelto laberinto como su mal discurso le hab\u00eda puesto.<\/p>\n<p>\u00bbEspantada qued\u00f3 Camila de o\u00edr lo que Lotario le dec\u00eda, y con mucho enojo y muchas y discretas razones le ri\u00f1\u00f3 y afe\u00f3 su mal pensamiento y la simple y mala determinaci\u00f3n que hab\u00eda tenido. Pero, como naturalmente tiene la mujer ingenio presto para el bien y para el mal m\u00e1s que el var\u00f3n, puesto que le va faltando cuando de prop\u00f3sito se pone a hacer discursos, luego al instante hall\u00f3 Camila el modo de remediar tan al parecer inremediable negocio, y dijo a Lotario que procurase que otro d\u00eda se escondiese Anselmo donde dec\u00eda, porque ella pensaba sacar de su escondimiento comodidad para que desde all\u00ed en adelante los dos se gozasen sin sobresalto alguno; y, sin declararle del todo su pensamiento, le advirti\u00f3 que tuviese cuidado que, en estando Anselmo escondido, \u00e9l viniese cuando Leonela le llamase, y que a cuanto ella le dijese le respondiese como respondiera aunque no supiera que Anselmo le escuchaba. Porfi\u00f3 Lotario que le acabase de declarar su intenci\u00f3n, porque con m\u00e1s seguridad y aviso guardase todo lo que viese ser necesario.<\/p>\n<p>\u00bb-Digo -dijo Camila- que no hay m\u00e1s que guardar, si no fuere responderme como yo os preguntare (no queriendo Camila darle antes cuenta de lo que pensaba hacer, temerosa que no quisiese seguir el parecer que a ella tan bueno le parec\u00eda, y siguiese o buscase otros que no podr\u00edan ser tan buenos).<\/p>\n<p>\u00bbCon esto, se fue Lotario; y Anselmo, otro d\u00eda, con la escusa de ir aquella aldea de su amigo, se parti\u00f3 y volvi\u00f3 a esconderse: que lo pudo hacer con comodidad, porque de industria se la dieron Camila y Leonela.<\/p>\n<p>\u00bbEscondido, pues, Anselmo, con aquel sobresalto que se puede imaginar que tendr\u00eda el que esperaba ver por sus ojos hacer notom\u00eda de las entra\u00f1as de su honra, \u00edbase a pique de perder el sumo bien que \u00e9l pensaba que ten\u00eda en su querida Camila. Seguras ya y ciertas Camila y Leonela que Anselmo estaba escondido, entraron en la rec\u00e1mara; y apenas hubo puesto los pies en ella Camilia, cuando, dando un grande suspiro, dijo:<\/p>\n<p>\u00bb-\u00a1Ay, Leonela amiga! \u00bfNo ser\u00eda mejor que, antes que llegase a poner en ejecuci\u00f3n lo que no quiero que sepas, porque no procures estorbarlo, que tomases la daga de Anselmo, que te he pedido, y pasases con ella este infame pecho m\u00edo? Pero no hagas tal, que no ser\u00e1 raz\u00f3n que yo lleve la pena de la ajena culpa. Primero quiero saber qu\u00e9 es lo que vieron en m\u00ed los atrevidos y deshonestos ojos de Lotario que fuese causa de darle atrevimiento a descubrirme un tan mal deseo como es el que me ha descubierto, en desprecio de su amigo y en deshonra m\u00eda. Ponte, Leonela, a esa ventana y ll\u00e1male, que, sin duda alguna, \u00e9l debe de estar en la calle, esperando poner en efeto su mala intenci\u00f3n. Pero primero se pondr\u00e1 la cruel cuanto honrada m\u00eda.<\/p>\n<p>\u00bb-\u00a1Ay, se\u00f1ora m\u00eda! -respondi\u00f3 la sagaz y advertida Leonela-, y \u00bfqu\u00e9 es lo que quieres hacer con esta daga? \u00bfQuieres por ventura quitarte la vida o quit\u00e1rsela a Lotario? Que cualquiera destas cosas que quieras ha de redundar en p\u00e9rdida de tu cr\u00e9dito y fama. Mejor es que disimules tu agravio, y no des lugar a que este mal hombre entre ahora en esta casa y nos halle solas. Mira, se\u00f1ora, que somos flacas mujeres, y \u00e9l es hombre y determinado; y, como viene con aquel mal prop\u00f3sito, ciego y apasionado, quiz\u00e1 antes que t\u00fa pongas en ejecuci\u00f3n el tuyo, har\u00e1 \u00e9l lo que te estar\u00eda m\u00e1s mal que quitarte la vida. \u00a1Mal haya mi se\u00f1or Anselmo, que tanto mal ha querido dar a este desuellacaras en su casa! Y ya, se\u00f1ora, que le mates, como yo pienso que quieres hacer, \u00bfqu\u00e9 hemos de hacer d\u00e9l despu\u00e9s de muerto?<\/p>\n<p>\u00bb-\u00bfQu\u00e9, amiga? -respondi\u00f3 Camila-: dejar\u00e9mosle para que Anselmo le entierre, pues ser\u00e1 justo que tenga por descanso el trabajo que tomare en poner debajo de la tierra su misma infamia. Ll\u00e1male, acaba, que todo el tiempo que tardo en tomar la debida venganza de mi agravio parece que ofendo a la lealtad que a mi esposo debo.<\/p>\n<p>\u00bbTodo esto escuchaba Anselmo, y, a cada palabra que Camila dec\u00eda, se le mudaban los pensamientos; mas, cuando entendi\u00f3 que estaba resuelta en matar a Lotario, quiso salir y descubrirse, porque tal cosa no se hiciese; pero det\u00favole el deseo de ver en qu\u00e9 paraba tanta gallard\u00eda y honesta resoluci\u00f3n, con prop\u00f3sito de salir a tiempo que la estorbase.<\/p>\n<p>\u00bbTom\u00f3le en esto a Camila un fuerte desmayo, y, arroj\u00e1ndose encima de una cama que all\u00ed estaba, comenz\u00f3 Leonela a llorar muy amargamente y a decir:<\/p>\n<p>\u00bb-\u00a1Ay, desdichada de m\u00ed si fuese tan sin ventura que se me muriese aqu\u00ed entre mis brazos la flor de la honestidad del mundo, la corona de las buenas mujeres, el ejemplo de la castidad&#8230;!<\/p>\n<p>\u00bbCon otras cosas a \u00e9stas semejantes, que ninguno la escuchara que no la tuviera por la m\u00e1s lastimada y leal doncella del mundo, y a su se\u00f1ora por otra nueva y perseguida Pen\u00e9lope. Poco tard\u00f3 en volver de su desmayo Camila; y, al volver en s\u00ed, dijo:<\/p>\n<p>\u00bb-\u00bfPor qu\u00e9 no vas, Leonela, a llamar al m\u00e1s leal amigo de amigo que vio el sol o cubri\u00f3 la noche? Acaba, corre, aguija, camina, no se esfogue con la tardanza el fuego de la c\u00f3lera que tengo, y se pase en amenazas y maldiciones la justa venganza que espero.<\/p>\n<p>\u00bb-Ya voy a llamarle, se\u00f1ora m\u00eda -dijo Leonela-, mas hasme de dar primero esa daga, porque no hagas cosa, en tanto que falto, que dejes con ella que llorar toda la vida a todos los que bien te quieren.<\/p>\n<p>\u00bb-Ve segura, Leonela amiga, que no har\u00e9 -respondi\u00f3 Camila-; porque, ya que sea atrevida y simple a tu parecer en volver por mi honra, no lo he de ser tanto como aquella Lucrecia de quien dicen que se mat\u00f3 sin haber cometido error alguno, y sin haber muerto primero a quien tuvo la causa de su desgracia. Yo morir\u00e9, si muero, pero ha de ser vengada y satisfecha del que me ha dado ocasi\u00f3n de venir a este lugar a llorar sus atrevimientos, nacidos tan sin culpa m\u00eda.<\/p>\n<p>\u00bbMucho se hizo de rogar Leonela antes que saliese a llamar a Lotario, pero, en fin, sali\u00f3; y, entre tanto que volv\u00eda, qued\u00f3 Camilia diciendo, como que hablaba consigo misma:<\/p>\n<p>\u00bb-\u00a1V\u00e1lame Dios! \u00bfNo fuera m\u00e1s acertado haber despedido a Lotario, como otras muchas veces lo he hecho, que no ponerle en condici\u00f3n, como ya le he puesto, que me tenga por deshonesta y mala, siquiera este tiempo que he de tardar en desenga\u00f1arle? Mejor fuera, sin duda; pero no quedara yo vengada, ni la honra de mi marido satisfecha, si tan a manos lavadas y tan a paso llano se volviera a salir de donde sus malos pensamientos le entraron.<\/p>\n<p>Pague el traidor con la vida lo que intent\u00f3 con tan lascivo deseo: sepa el mundo, si acaso llegare a saberlo, de que Camila no s\u00f3lo guard\u00f3 la lealtad a su esposo, sino que le dio venganza del que se atrevi\u00f3 a ofendelle. Mas, con todo, creo que fuera mejor dar cuenta desto a Anselmo, pero ya se la apunt\u00e9 a dar en la carta que le escrib\u00ed al aldea, y creo que el no acudir \u00e9l al remedio del da\u00f1o que all\u00ed le se\u00f1al\u00e9, debi\u00f3 de ser que, de puro bueno y confiado, no quiso ni pudo creer que en el pecho de su tan firme amigo pudiese caber g\u00e9nero de pensamiento que contra su honra fuese; ni aun yo lo cre\u00ed despu\u00e9s, por muchos d\u00edas, ni lo creyera jam\u00e1s, si su insolencia no llegara a tanto, que las manifiestas d\u00e1divas y las largas promesas y las continuas l\u00e1grimas no me lo manifestaran. Mas, \u00bfpara qu\u00e9 hago yo ahora estos discursos? \u00bfTiene, por ventura, una resuluci\u00f3n gallarda necesidad de consejo alguno? No, por cierto. \u00a1Afuera, pues, traidores; aqu\u00ed, venganzas!<\/p>\n<p>\u00a1Entre el falso, venga, llegue, muera y acabe, y suceda lo que sucediere!\u00a0<\/p>\n<p>Limpia entr\u00e9 en poder del que el cielo me dio por m\u00edo, limpia he de salir d\u00e9l; y, cuando mucho, saldr\u00e9 ba\u00f1ada en mi casta sangre, y en la impura del m\u00e1s falso amigo que vio la amistad en el mundo.<\/p>\n<p>\u00bbY, diciendo esto, se paseaba por la sala con la daga desenvainada, dando tan desconcertados y desaforados pasos, y haciendo tales ademanes, que no parec\u00eda sino que le faltaba el juicio, y que no era mujer delicada, sino un rufi\u00e1n desesperado.<\/p>\n<p>\u00bbTodo lo miraba Anselmo, cubierto detr\u00e1s de unos tapices donde se hab\u00eda escondido, y de todo se admiraba, y ya le parec\u00eda que lo que hab\u00eda visto y o\u00eddo era bastante satisfaci\u00f3n para mayores sospechas; y ya quisiera que la prueba de venir Lotario faltara, temeroso de alg\u00fan mal repentino suceso. Y, estando ya para manifestarse y salir, para abrazar y desenga\u00f1ar a su esposa, se detuvo porque vio que Leonela volv\u00eda con Lotario de la mano; y, as\u00ed como Camila le vio, haciendo con la daga en el suelo una gran raya delante della, le dijo:<\/p>\n<p>\u00bb-Lotario, advierte lo que te digo: si a dicha te atrevieres a pasar desta raya que ves, ni aun llegar a ella, en el punto que viere que lo intentas, en ese mismo me pasar\u00e9 el pecho con esta daga que en las manos tengo. Y, antes que a esto me respondas palabra, quiero que otras algunas me escuches; que despu\u00e9s responder\u00e1s lo que m\u00e1s te agradare. Lo primero, quiero, Lotario, que me digas si conoces a Anselmo, mi marido, y en qu\u00e9 opini\u00f3n le tienes; y lo segundo, quiero saber tambi\u00e9n si me conoces a m\u00ed.\u00a0<\/p>\n<p>Resp\u00f3ndeme a esto, y no te turbes, ni pienses mucho lo que has de responder, pues no son dificultades las que te pregunto.<\/p>\n<p>\u00bbNo era tan ignorante Lotario que, desde el primer punto que Camila le dijo que hiciese esconder a Anselmo, no hubiese dado en la cuenta de lo que ella pensaba hacer; y as\u00ed, correspondi\u00f3 con su intenci\u00f3n tan discretamente, y tan a tiempo, que hicieran los dos pasar aquella mentira por m\u00e1s que cierta verdad; y as\u00ed, respondi\u00f3 a Camila desta manera:<\/p>\n<p>\u00bb-No pens\u00e9 yo, hermosa Camila, que me llamabas para preguntarme cosas tan fuera de la intenci\u00f3n con que yo aqu\u00ed vengo. Si lo haces por dilatarme la prometida merced, desde m\u00e1s lejos pudieras entretenerla, porque tanto m\u00e1s fatiga el bien deseado cuanto la esperanza est\u00e1 m\u00e1s cerca de poseello; pero, porque no digas que no respondo a tus preguntas, digo que conozco a tu esposo Anselmo, y nos conocemos los dos desde nuestros m\u00e1s tiernos a\u00f1os; y no quiero decir lo que t\u00fa tan bien sabes de nuestra amistad, por no me hacer testigo del agravio que el amor hace que le haga, poderosa disculpa de mayores yerros. A ti te conozco y tengo en la misma posesi\u00f3n que \u00e9l te tiene; que, a no ser as\u00ed, por menos prendas que las tuyas no hab\u00eda yo de ir contra lo que debo a ser quien soy y contra las santas leyes de la verdadera amistad, ahora por tan poderoso enemigo como el amor por m\u00ed rompidas y violadas.<\/p>\n<p>\u00bb-Si eso confiesas -respondi\u00f3 Camila-, enemigo mortal de todo aquello que justamente merece ser amado, \u00bfcon qu\u00e9 rostro osas parecer ante quien sabes que es el espejo donde se mira aquel en quien t\u00fa te debieras mirar, para que vieras con cu\u00e1n poca ocasi\u00f3n le agravias? Pero ya cayo, \u00a1ay, desdichada de m\u00ed!, en la cuenta de qui\u00e9n te ha hecho tener tan poca con lo que a ti mismo debes, que debe de haber sido alguna desenvoltura m\u00eda, que no quiero llamarla deshonestidad, pues no habr\u00e1 procedido de deliberada determinaci\u00f3n, sino de alg\u00fan descuido de los que las mujeres que piensan que no tienen de qui\u00e9n recatarse suelen hacer inadvertidamente. Si no, dime: \u00bfcu\u00e1ndo, \u00a1oh traidor!, respond\u00ed a tus ruegos con alguna palabra o se\u00f1al que pudiese despertar en ti alguna sombra de esperanza de cumplir tus infames deseos? \u00bfCu\u00e1ndo tus amorosas palabras no fueron deshechas y reprehendidas de las m\u00edas con rigor y con aspereza? \u00bfCu\u00e1ndo tus muchas promesas y mayores d\u00e1divas fueron de m\u00ed cre\u00eddas, ni admitidas? Pero, por parecerme que alguno no puede perseverar en el intento amoroso luengo tiempo, si no es sustentado de alguna esperanza, quiero atribuirme a m\u00ed la culpa de tu impertinencia, pues, sin duda, alg\u00fan descuido m\u00edo ha sustentado tanto tiempo tu cuidado; y as\u00ed, quiero castigarme y darme la pena que tu culpa merece. Y, porque vieses que, siendo conmigo tan inhumana, no era posible dejar de serlo contigo, quise traerte a ser testigo del sacrificio que pienso hacer a la ofendida honra de mi tan honrado marido, agraviado de ti con el mayor cuidado que te ha sido posible, y de m\u00ed tambi\u00e9n con el poco recato que he tenido del huir la ocasi\u00f3n, si alguna te di, para favorecer y canonizar tus malas intenciones. Torno a decir que la sospecha que tengo que alg\u00fan descuido m\u00edo engendr\u00f3 en ti tan desvariados pensamientos es la que m\u00e1s me fatiga, y la que yo m\u00e1s deseo castigar con mis propias manos, porque, castig\u00e1ndome otro verdugo, quiz\u00e1 ser\u00eda m\u00e1s p\u00fablica mi culpa; pero, antes que esto haga, quiero matar muriendo, y llevar conmigo quien me acabe de satisfacer el deseo de la venganza que espero y tengo, viendo all\u00e1, dondequiera que fuere, la pena que da la justicia desinteresada y que no se dobla al que en t\u00e9rminos tan desesperados me ha puesto.<\/p>\n<p>\u00bbY, diciendo estas razones, con una incre\u00edble fuerza y ligereza arremeti\u00f3 a Lotario con la daga desenvainada, con tales muestras de querer enclav\u00e1rsela en el pecho, que casi \u00e9l estuvo en duda si aquellas demostraciones eran falsas o verdaderas, porque le fue forzoso valerse de su industria y de su fuerza para estorbar que Camila no le diese. La cual tan vivamente fing\u00eda aquel estra\u00f1o embuste y fealdad que, por dalle color de verdad, la quiso matizar con su misma sangre; porque, viendo que no pod\u00eda haber a Lotario, o fingiendo que no pod\u00eda, dijo:\u00a0<\/p>\n<p>\u00bb-Pues la suerte no quiere satisfacer del todo mi tan justo deseo, a lo menos, no ser\u00e1 tan poderosa que, en parte, me quite que no le satisfaga.<\/p>\n<p>Y, haciendo fuerza para soltar la mano de la daga, que Lotario la ten\u00eda asida, la sac\u00f3, y, guiando su punta por parte que pudiese herir no profundamente, se la entr\u00f3 y escondi\u00f3 por m\u00e1s arriba de la islilla del lado izquierdo, junto al hombro, y luego se dej\u00f3 caer en el suelo, como desmayada.<\/p>\n<p>\u00bbEstaban Leonela y Lotario suspensos y at\u00f3nitos de tal suceso, y todav\u00eda dudaban de la verdad de aquel hecho, viendo a Camila tendida en tierra y ba\u00f1ada en su sangre. Acudi\u00f3 Lotario con mucha presteza, despavorido y sin aliento, a sacar la daga, y, en ver la peque\u00f1a herida, sali\u00f3 del temor que hasta entonces ten\u00eda, y de nuevo se admir\u00f3 de la sagacidad, prudencia y mucha discreci\u00f3n de la hermosa Camila; y, por acudir con lo que a \u00e9l le tocaba, comenz\u00f3 a hacer una larga y triste lamentaci\u00f3n sobre el cuerpo de Camila, como si estuviera difunta, ech\u00e1ndose muchas maldiciones, no s\u00f3lo a \u00e9l, sino al que hab\u00eda sido causa de habelle puesto en aquel t\u00e9rmino. Y, como sab\u00eda que le escuchaba su amigo Anselmo, dec\u00eda cosas que el que le oyera le tuviera mucha m\u00e1s l\u00e1stima que a Camila, aunque por muerta la juzgara.<\/p>\n<p>\u00bbLeonela la tom\u00f3 en brazos y la puso en el lecho, suplicando a Lotario fuese a buscar quien secretamente a Camila curase; ped\u00edale asimismo consejo y parecer de lo que dir\u00edan a Anselmo de aquella herida de su se\u00f1ora, si acaso viniese antes que estuviese sana. \u00c9l respondi\u00f3 que dijesen lo que quisiesen, que \u00e9l no estaba para dar consejo que de provecho fuese; s\u00f3lo le dijo que procurase tomarle la sangre, porque \u00e9l se iba adonde gentes no le viesen. Y, con muestras de mucho dolor y sentimiento, se sali\u00f3 de casa; y, cuando se vio solo y en parte donde nadie le ve\u00eda, no cesaba de hacerse cruces, maravill\u00e1ndose de la industria de Camila y de los ademanes tan proprios de Leonela. Consideraba cu\u00e1n enterado hab\u00eda de quedar Anselmo de que ten\u00eda por mujer a una segunda Porcia, y deseaba verse con \u00e9l para celebrar los dos la mentira y la verdad m\u00e1s disimulada que jam\u00e1s pudiera imaginarse.<\/p>\n<p>\u00bbLeonela tom\u00f3, como se ha dicho, la sangre a su se\u00f1ora, que no era m\u00e1s de aquello que bast\u00f3 para acreditar su embuste; y, lavando con un poco de vino la herida, se la at\u00f3 lo mejor que supo, diciendo tales razones, en tanto que la curaba, que, aunque no hubieran precedido otras, bastaran a hacer creer a Anselmo que ten\u00eda en Camila un simulacro de la honestidad.<\/p>\n<p>\u00bbJunt\u00e1ronse a las palabras de Leonela otras de Camila, llam\u00e1ndose cobarde y de poco \u00e1nimo, pues le hab\u00eda faltado al tiempo que fuera m\u00e1s necesario tenerle, para quitarse la vida, que tan aborrecida ten\u00eda. Ped\u00eda consejo a su doncella si dar\u00eda, o no, todo aquel suceso a su querido esposo; la cual le dijo que no se lo dijese, porque le pondr\u00eda en obligaci\u00f3n de vengarse de Lotario, lo cual no podr\u00eda ser sin mucho riesgo suyo, y que la buena mujer estaba obligada a no dar ocasi\u00f3n a su marido a que ri\u00f1ese, sino a quitalle todas aquellas que le fuese posible.<\/p>\n<p>\u00bbRespondi\u00f3 Camila que le parec\u00eda muy bien su parecer y que ella le seguir\u00eda; pero que en todo caso conven\u00eda buscar qu\u00e9 decir a Anselmo de la causa de aquella herida, que \u00e9l no podr\u00eda dejar de ver; a lo que Leonela respond\u00eda que ella, ni aun burlando, no sab\u00eda mentir.<\/p>\n<p>\u00bb-Pues yo, hermana -replic\u00f3 Camila-, \u00bfqu\u00e9 tengo de saber, que no me atrever\u00e9 a forjar ni sustentar una mentira, si me fuese en ello la vida? Y si es que no hemos de saber dar salida a esto, mejor ser\u00e1 decirle la verdad desnuda, que no que nos alcance en mentirosa cuenta.<\/p>\n<p>\u00bb-No tengas pena, se\u00f1ora: de aqu\u00ed a ma\u00f1ana -respondi\u00f3 Leonela- yo pensar\u00e9 qu\u00e9 le digamos, y quiz\u00e1 que, por ser la herida donde es, la podr\u00e1s encubrir sin que \u00e9l la vea, y el cielo ser\u00e1 servido de favorecer a nuestros tan justos y tan honrados pensamientos. Sosi\u00e9gate, se\u00f1ora m\u00eda, y procura sosegar tu alteraci\u00f3n, porque mi se\u00f1or no te halle sobresaltada, y lo dem\u00e1s d\u00e9jalo a mi cargo, y al de Dios, que siempre acude a los buenos deseos.<\/p>\n<p>\u00bbAtent\u00edsimo hab\u00eda estado Anselmo a escuchar y a ver representar la tragedia de la muerte de su honra; la cual con tan estra\u00f1os y eficaces afectos la representaron los personajes della, que pareci\u00f3 que se hab\u00edan transformado en la misma verdad de lo que fing\u00edan. Deseaba mucho la noche, y el tener lugar para salir de su casa, y ir a verse con su buen amigo Lotario, congratul\u00e1ndose con \u00e9l de la margarita preciosa que hab\u00eda hallado en el desenga\u00f1o de la bondad de su esposa. Tuvieron cuidado las dos de darle lugar y comodidad a que saliese, y \u00e9l, sin perdella, sali\u00f3 y luego fue a buscar a Lotario, el cual hallado, no se puede buenamente contar los abrazos que le dio, las cosas que de su contento le dijo, las alabanzas que dio a Camila. Todo lo cual escuch\u00f3 Lotario sin poder dar muestras de alguna alegr\u00eda, porque se le representaba a la memoria cu\u00e1n enga\u00f1ado estaba su amigo y cu\u00e1n injustamente \u00e9l le agraviaba. Y, aunque Anselmo ve\u00eda que Lotario no se alegraba, cre\u00eda ser la causa por haber dejado a Camila herida y haber \u00e9l sido la causa; y as\u00ed, entre otras razones, le dijo que no tuviese pena del suceso de Camila, porque, sin duda, la herida era ligera, pues quedaban de concierto de encubr\u00edrsela a \u00e9l; y que, seg\u00fan esto, no hab\u00eda de qu\u00e9 temer, sino que de all\u00ed adelante se gozase y alegrase con \u00e9l, pues por su industria y medio \u00e9l se ve\u00eda levantado a la m\u00e1s alta felicidad que acertara desearse, y quer\u00eda que no fuesen otros sus entretenimientos que en hacer versos en alabanza de Camila, que la hiciesen eterna en la memoria de los siglos venideros. Lotario alab\u00f3 su buena determinaci\u00f3n y dijo que \u00e9l, por su parte, ayudar\u00eda a levantar tan ilustre edificio.<\/p>\n<p>\u00bbCon esto qued\u00f3 Anselmo el hombre m\u00e1s sabrosamente enga\u00f1ado que pudo haber en el mundo: \u00e9l mismo llev\u00f3 por la mano a su casa, creyendo que llevaba el instrumento de su gloria, toda la perdici\u00f3n de su fama. Receb\u00edale Camila con rostro, al parecer, torcido, aunque con alma risue\u00f1a. Dur\u00f3 este enga\u00f1o algunos d\u00edas, hasta que, al cabo de pocos meses, volvi\u00f3 Fortuna su rueda y sali\u00f3 a plaza la maldad con tanto artificio hasta all\u00ed cubierta, y a Anselmo le cost\u00f3 la vida su impertinente curiosidad.\u00bb<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Primera parte CAP\u00cdTULO XXXIV Donde se prosigue la novela del Curioso impertinente \u00bbAs\u00ed como suele decirse que parece mal el ej\u00e9rcito sin su general y el castillo sin su castellano, digo yo que parece muy peor la mujer casada y moza sin su marido, cuando just\u00edsimas ocasiones no lo impiden.\u2026<\/p>\n<p class=\"continue-reading-button\"> <a class=\"continue-reading-link\" href=\"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/don-quijote-de-la-mancha-primera-parte-capitulo-xxxiv-de-lii-miguel-de-cervantes-saavedra\/\">Seguir leyendo&#8230;<i class=\"crycon-right-dir\"><\/i><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":75,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"rop_custom_images_group":[],"rop_custom_messages_group":[],"rop_publish_now":"initial","rop_publish_now_accounts":{"twitter_226634691_226634691":""},"rop_publish_now_history":[],"rop_publish_now_status":"pending","_uag_custom_page_level_css":"","footnotes":""},"categories":[5,1109],"tags":[1010,1016,1012,1018,1039,2685,1053,1059,1015,1054,1143,1060,1061,1144,1165,2686,1466,1057,2684,2683,1025,1033],"class_list":["post-1067","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-literatura","category-textos-literarios","tag-amor","tag-arte","tag-ave","tag-ayuda","tag-belleza","tag-capitulo","tag-dinero","tag-empresa","tag-flor","tag-industria","tag-justicia","tag-lengua","tag-lenguas","tag-leyes","tag-mancha","tag-miguel","tag-parte","tag-pensamiento","tag-primera","tag-quijote","tag-rosa","tag-vino"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.4 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>&quot;Don Quijote de La Mancha&quot; 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