{"id":1066,"date":"2010-12-17T20:08:06","date_gmt":"2010-12-17T18:08:06","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cultureduca.com\/blog\/?p=1066"},"modified":"2018-12-22T03:12:43","modified_gmt":"2018-12-22T01:12:43","slug":"don-quijote-de-la-mancha-primera-parte-capitulo-xxxiii-de-lii-miguel-de-cervantes-saavedra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/don-quijote-de-la-mancha-primera-parte-capitulo-xxxiii-de-lii-miguel-de-cervantes-saavedra\/","title":{"rendered":"\u00abDon Quijote de La Mancha\u00bb (Primera parte &#8211; cap\u00edtulo XXXIII de LII) [Miguel de Cervantes Saavedra]"},"content":{"rendered":"<p>Primera parte<\/p>\n<p><strong>CAP\u00cdTULO XXXIII<\/strong><\/p>\n<p><strong>Donde se cuenta la novela del Curioso impertinente<\/strong><\/p>\n<p>\u00abEn Florencia, ciudad rica y famosa de Italia, en la provincia que llaman Toscana, viv\u00edan Anselmo y Lotario, dos caballeros ricos y principales, y tan amigos que, por excelencia y antonomasia, de todos los que los conoc\u00edan los dos amigos eran llamados. Eran solteros, mozos de una misma edad y de unas mismas costumbres; todo lo cual era bastante causa a que los dos con rec\u00edproca amistad se correspondiesen. Bien es verdad que el Anselmo era algo m\u00e1s inclinado a los pasatiempos amorosos que el Lotario, al cual llevaban tras s\u00ed los de la caza; pero, cuando se ofrec\u00eda, dejaba Anselmo de acudir a sus gustos por seguir los de Lotario, y Lotario dejaba los suyos por acudir a los de Anselmo; y, desta manera, andaban tan a una sus voluntades, que no hab\u00eda concertado reloj que as\u00ed lo anduviese.<\/p>\n<p>\u00bbAndaba Anselmo perdido de amores de una doncella principal y hermosa de la misma ciudad, hija de tan buenos padres y tan buena ella por s\u00ed, que se determin\u00f3, con el parecer de su amigo Lotario, sin el cual ninguna cosa hac\u00eda, de pedilla por esposa a sus padres, y as\u00ed lo puso en ejecuci\u00f3n; y el que llev\u00f3 la embajada fue Lotario, y el que concluy\u00f3 el negocio tan a gusto de su amigo, que en breve tiempo se vio puesto en la posesi\u00f3n que deseaba, y Camila tan contenta de haber alcanzado a Anselmo por esposo, que no cesaba de dar gracias al cielo, y a Lotario, por cuyo medio tanto bien le hab\u00eda venido.<\/p>\n<p>\u00bbLos primeros d\u00edas, como todos los de boda suelen ser alegres, continu\u00f3 Lotario, como sol\u00eda, la casa de su amigo Anselmo, procurando honralle, festejalle y regocijalle con todo aquello que a \u00e9l le fue posible; pero, acabadas las bodas y sosegada ya la frecuencia de las visitas y parabienes, comenz\u00f3 Lotario a descuidarse con cuidado de las idas en casa de Anselmo, por parecerle a \u00e9l -como es raz\u00f3n que parezca a todos los que fueren discretos- que no se han de visitar ni continuar las casas de los amigos casados de la misma manera que cuando eran solteros; porque, aunque la buena y verdadera amistad no puede ni debe de ser sospechosa en nada, con todo esto, es tan delicada la honra del casado, que parece que se puede ofender aun de los mesmos hermanos, cuanto m\u00e1s de los amigos.<\/p>\n<p>\u00bbNot\u00f3 Anselmo la remisi\u00f3n de Lotario, y form\u00f3 d\u00e9l quejas grandes, dici\u00e9ndole que si \u00e9l supiera que el casarse hab\u00eda de ser parte para no comunicalle como sol\u00eda, que jam\u00e1s lo hubiera hecho, y que si, por la buena correspondencia que los dos ten\u00edan mientras \u00e9l fue soltero, hab\u00edan alcanzado tan dulce nombre como el de ser llamados los dos amigos, que no permitiese, por querer hacer del circunspecto, sin otra ocasi\u00f3n alguna, que tan famoso y tan agradable nombre se perdiese; y que as\u00ed, le suplicaba, si era l\u00edcito que tal t\u00e9rmino de hablar se usase entre ellos, que volviese a ser se\u00f1or de su casa, y a entrar y salir en ella como de antes, asegur\u00e1ndole que su esposa Camila no ten\u00eda otro gusto ni otra voluntad que la que \u00e9l quer\u00eda que tuviese, y que, por haber sabido ella con cu\u00e1ntas veras los dos se amaban, estaba confusa de ver en \u00e9l tanta esquiveza.<\/p>\n<p>\u00bbA todas estas y otras muchas razones que Anselmo dijo a Lotario para persuadille volviese como sol\u00eda a su casa, respondi\u00f3 Lotario con tanta prudencia, discreci\u00f3n y aviso, que Anselmo qued\u00f3 satisfecho de la buena intenci\u00f3n de su amigo, y quedaron de concierto que dos d\u00edas en la semana y las fiestas fuese Lotario a comer con \u00e9l; y, aunque esto qued\u00f3 as\u00ed concertado entre los dos, propuso Lotario de no hacer m\u00e1s de aquello que viese que m\u00e1s conven\u00eda a la honra de su amigo, cuyo cr\u00e9dito estimaba en m\u00e1s que el suyo proprio. Dec\u00eda \u00e9l, y dec\u00eda bien, que el casado a quien el cielo hab\u00eda concedido mujer hermosa, tanto cuidado hab\u00eda de tener qu\u00e9 amigos llevaba a su casa como en mirar con qu\u00e9 amigas su mujer conversaba, porque lo que no se hace ni concierta en las plazas, ni en los templos, ni en las fiestas p\u00fablicas, ni estaciones -cosas que no todas veces las han de negar los maridos a sus mujeres-, se concierta y facilita en casa de la amiga o la parienta de quien m\u00e1s satisfaci\u00f3n se tiene.<\/p>\n<p>\u00bbTambi\u00e9n dec\u00eda Lotario que ten\u00edan necesidad los casados de tener cada uno alg\u00fan amigo que le advirtiese de los descuidos que en su proceder hiciese, porque suele acontecer que con el mucho amor que el marido a la mujer tiene, o no le advierte o no le dice, por no enojalla, que haga o deje de hacer algunas cosas, que el hacellas o no, le ser\u00eda de honra o de vituperio; de lo cual, siendo del amigo advertido, f\u00e1cilmente pondr\u00eda remedio en todo. Pero, \u00bfd\u00f3nde se hallar\u00e1 amigo tan discreto y tan leal y verdadero como aqu\u00ed Lotario le pide? No lo s\u00e9 yo, por cierto; s\u00f3lo Lotario era \u00e9ste, que con toda solicitud y advertimiento miraba por la honra de su amigo y procuraba dezmar, frisar y acortar los d\u00edas del concierto del ir a su casa, porque no pareciese mal al vulgo ocioso y a los ojos vagabundos y maliciosos la entrada de un mozo rico, gentilhombre y bien nacido, y de las buenas partes que \u00e9l pensaba que ten\u00eda, en la casa de una mujer tan hermosa como Camila; que, puesto que su bondad y valor pod\u00eda poner freno a toda maldiciente lengua, todav\u00eda no quer\u00eda poner en duda su cr\u00e9dito ni el de su amigo, y por esto los m\u00e1s de los d\u00edas del concierto los ocupaba y entreten\u00eda en otras cosas, que \u00e9l daba a entender ser inexcusables. As\u00ed que, en quejas del uno y disculpas del otro se pasaban muchos ratos y partes del d\u00eda.<\/p>\n<p>\u00bbSucedi\u00f3, pues, que uno que los dos se andaban paseando por un prado fuera de la ciudad, Anselmo dijo a Lotario las semejantes razones:<\/p>\n<p>\u00bb-Pensabas, amigo Lotario, que a las mercedes que Dios me ha hecho en hacerme hijo de tales padres como fueron los m\u00edos y al darme, no con mano escasa, los bienes, as\u00ed los que llaman de naturaleza como los de fortuna, no puedo yo corresponder con agradecimiento que llegue al bien recebido, y sobre al que me hizo en darme a ti por amigo y a Camila por mujer propria: dos prendas que las estimo, si no en el grado que debo, en el que puedo.<\/p>\n<p>Pues con todas estas partes, que suelen ser el todo con que los hombres suelen y pueden vivir contentos, vivo yo el m\u00e1s despechado y el m\u00e1s desabrido hombre de todo el universo mundo; porque no s\u00e9 qu\u00e9 d\u00edas a esta parte me fatiga y aprieta un deseo tan estra\u00f1o, y tan fuera del uso com\u00fan de otros, que yo me maravillo de m\u00ed mismo, y me culpo y me ri\u00f1o a solas, y procuro callarlo y encubrirlo de mis proprios pensamientos; y as\u00ed me ha sido posible salir con este secreto como si de industria procurara decillo a todo el mundo. Y, pues que, en efeto, \u00e9l ha de salir a plaza,quiero que sea en la del archivo de tu secreto, confiado que, con \u00e9l y con la diligencia que pondr\u00e1s, como mi amigo verdadero, en remediarme, yo me ver\u00e9 presto libre de la angustia que me causa, y llegar\u00e1 mi alegr\u00eda por tu solicitud al grado que ha llegado mi descontento por mi locura.<\/p>\n<p>\u00bbSuspenso ten\u00edan a Lotario las razones de Anselmo, y no sab\u00eda en qu\u00e9 hab\u00eda de parar tan larga prevenci\u00f3n o pre\u00e1mbulo; y, aunque iba revolviendo en su imaginaci\u00f3n qu\u00e9 deseo podr\u00eda ser aquel que a su amigo tanto fatigaba, dio siempre muy lejos del blanco de la verdad; y, por salir presto de la agon\u00eda que le causaba aquella suspensi\u00f3n, le dijo que hac\u00eda notorio agravio a su mucha amistad en andar buscando rodeos para decirle sus m\u00e1s encubiertos pensamientos, pues ten\u00eda cierto que se pod\u00eda prometer d\u00e9l, o ya consejos para entretenellos, o ya remedio para cumplillos.<\/p>\n<p>\u00bb-As\u00ed es la verdad -respondi\u00f3 Anselmo-, y con esa confianza te hago saber, amigo Lotario, que el deseo que me fatiga es pensar si Camila, mi esposa, es tan buena y tan perfeta como yo pienso; y no puedo enterarme en esta verdad, si no es prob\u00e1ndola de manera que la prueba manifieste los quilates de su bondad, como el fuego muestra los del oro. Porque yo tengo para m\u00ed, \u00a1oh amigo!, que no es una mujer m\u00e1s buena de cuanto es o no es solicitada, y que aquella sola es fuerte que no se dobla a las promesas, a las d\u00e1divas, a las l\u00e1grimas y a las continuas importunidades de los sol\u00edcitos amantes.<\/p>\n<p>Porque, \u00bfqu\u00e9 hay que agradecer -dec\u00eda \u00e9l- que una mujer sea buena, si nadie le dice que sea mala? \u00bfQu\u00e9 mucho que est\u00e9 recogida y temerosa la que no le dan ocasi\u00f3n para que se suelte, y la que sabe que tiene marido que, en cogi\u00e9ndola en la primera desenvoltura, la ha de quitar la vida? Ans\u00ed que, la que es buena por temor, o por falta de lugar, yo no la quiero tener en aquella estima en que tendr\u00e9 a la solicitada y perseguida que sali\u00f3 con la corona del vencimiento. De modo que, por estas razones y por otras muchas que te pudiera decir para acreditar y fortalecer la opini\u00f3n que tengo, deseo que Camila, mi esposa, pase por estas dificultades y se acrisole y quilate en el fuego de verse requerida y solicitada, y de quien tenga valor para poner en ella sus deseos; y si ella sale, como creo que saldr\u00e1, con la palma desta batalla, tendr\u00e9 yo por sin igual mi ventura; podr\u00e9 yo decir que est\u00e1 colmo el vac\u00edo de mis deseos; dir\u00e9 que me cupo en suerte la mujer fuerte, de quien el Sabio dice que \u00bfqui\u00e9n la hallar\u00e1? Y, cuando esto suceda al rev\u00e9s de lo que pienso, con el gusto de ver que acert\u00e9 en mi opini\u00f3n, llevar\u00e9 sin pena la que de raz\u00f3n podr\u00e1 causarme mi tan costosa experiencia.<\/p>\n<p>Y, prosupuesto que ninguna cosa de cuantas me dijeres en contra de mi deseo ha de ser de alg\u00fan provecho para dejar de ponerle por la obra, quiero, \u00a1oh amigo Lotario!, que te dispongas a ser el instrumento que labre aquesta obra de mi gusto; que yo te dar\u00e9 lugar para que lo hagas, sin faltarte todo aquello que yo viere ser necesario para solicitar a una mujer honesta, honrada, recogida y desinteresada. Y mu\u00e9veme, entre otras cosas, a fiar de ti esta tan ardua empresa, el ver que si de ti es vencida Camila, no ha de llegar el vencimiento a todo trance y rigor, sino a s\u00f3lo a tener por hecho lo que se ha de hacer, por buen respeto; y as\u00ed, no quedar\u00e9 yo ofendido m\u00e1s de con el deseo, y mi injuria quedar\u00e1 escondida en la virtud de tu silencio, que bien s\u00e9 que en lo que me tocare ha de ser eterno como el de la muerte. As\u00ed que, si quieres que yo tenga vida que pueda decir que lo es, desde luego has de entrar en esta amorosa batalla, no tibia ni perezosamente, sino con el ah\u00ednco y diligencia que mi deseo pide, y con la confianza que nuestra amistad me asegura.<\/p>\n<p>\u00bb\u00c9stas fueron las razones que Anselmo dijo a Lotario, a todas las cuales estuvo tan atento, que si no fueron las que quedan escritas que le dijo, no despleg\u00f3 sus labios hasta que hubo acabado; y, viendo que no dec\u00eda m\u00e1s, despu\u00e9s que le estuvo mirando un buen espacio, como si mirara otra cosa que jam\u00e1s hubiera visto, que le causara admiraci\u00f3n y espanto, le dijo:<\/p>\n<p>\u00bb-No me puedo persuadir, \u00a1oh amigo Anselmo!, a que no sean burlas las cosas que me has dicho; que, a pensar que de veras las dec\u00edas, no consintiera que tan adelante pasaras, porque con no escucharte previniera tu larga arenga. Sin duda imagino, o que no me conoces, o que yo no te conozco. Pero no; que bien s\u00e9 que eres Anselmo, y t\u00fa sabes que yo soy Lotario; el da\u00f1o est\u00e1 en que yo pienso que no eres el Anselmo que sol\u00edas, y t\u00fa debes de haber pensado que tampoco yo soy el Lotario que deb\u00eda ser, porque las cosas que me has dicho, ni son de aquel Anselmo mi amigo, ni las que me pides se han de pedir a aquel Lotario que t\u00fa conoces; porque los buenos amigos han de probar a sus amigos y valerse dellos, como dijo un poeta, usque ad aras; que quiso decir que no se hab\u00edan de valer de su amistad en cosas que fuesen contra Dios. Pues, si esto sinti\u00f3 un gentil de la amistad, \u00bfcu\u00e1nto mejor es que lo sienta el cristiano, que sabe que por ninguna humana ha de perder la amistad divina? Y cuando el amigo tirase tanto la barra que pusiese aparte los respetos del cielo por acudir a los de su amigo, no ha de ser por cosas ligeras y de poco momento, sino por aquellas en que vaya la honra y la vida de su amigo. Pues dime t\u00fa ahora, Anselmo: \u00bfcu\u00e1l destas dos cosas tienes en peligro para que yo me aventure a complacerte y a hacer una cosa tan detestable como me pides? Ninguna, por cierto; antes, me pides, seg\u00fan yo entiendo, que procure y solicite quitarte la honra y la vida, y quit\u00e1rmela a m\u00ed juntamente. Porque si yo he de procurar quitarte la honra, claro est\u00e1 que te quito la vida, pues el hombre sin honra peor es que un muerto; y, siendo yo el instrumento, como t\u00fa quieres que lo sea, de tanto mal tuyo, \u00bfno vengo a quedar deshonrado, y, por el mesmo consiguiente, sin vida?<\/p>\n<p>Escucha, amigo Anselmo, y ten paciencia de no responderme hasta que acabe de decirte lo que se me ofreciere acerca de lo que te ha pedido tu deseo; que tiempo quedar\u00e1 para que t\u00fa me repliques y yo te escuche.<\/p>\n<p>\u00bb-Que me place -dijo Anselmo-: di lo que quisieres.<\/p>\n<p>\u00bbY Lotario prosigui\u00f3 diciendo:<\/p>\n<p>\u00bb-Par\u00e9ceme, \u00a1oh Anselmo!, que tienes t\u00fa ahora el ingenio como el que siempre tienen los moros, a los cuales no se les puede dar a entender el error de su secta con las acotaciones de la Santa Escritura, ni con razones que consistan en especulaci\u00f3n del entendimiento, ni que vayan fundadas en art\u00edculos de fe, sino que les han de traer ejemplos palpables, f\u00e1ciles, intelegibles, demonstrativos, indubitables, con demostraciones matem\u00e1ticas que no se pueden negar, como cuando dicen: \u00abSi de dos partes iguales quitamos partes iguales, las que quedan tambi\u00e9n son iguales\u00bb; y, cuando esto no entiendan de palabra, como, en efeto, no lo entienden, h\u00e1seles de mostrar con las manos y pon\u00e9rselo delante de los ojos, y, aun con todo esto, no basta nadie con ellos a persuadirles las verdades de mi sacra religi\u00f3n. Y este mesmo t\u00e9rmino y modo me convendr\u00e1 usar contigo, porque el deseo que en ti ha nacido va tan descaminado y tan fuera de todo aquello que tenga sombra de razonable, que me parece que ha de ser tiempo gastado el que ocupare en darte a entender tu simplicidad, que por ahora no le quiero dar otro nombre, y aun estoy por dejarte en tu desatino, en pena de tu mal deseo; mas no me deja usar deste rigor la amistad que te tengo, la cual no consiente que te deje puesto en tan manifiesto peligro de perderte.<\/p>\n<p>Y, porque claro lo veas, dime, Anselmo: \u00bft\u00fa no me has dicho que tengo de solicitar a una retirada, persuadir a una honesta, ofrecer a una desinteresada, servir a una prudente? S\u00ed que me lo has dicho. Pues si t\u00fa sabes que tienes mujer retirada, honesta, desinteresada y prudente, \u00bfqu\u00e9 buscas? Y si piensas que de todos mis asaltos ha de salir vencedora, como saldr\u00e1 sin duda, \u00bfqu\u00e9 mejores t\u00edtulos piensas darle despu\u00e9s que los que ahora tiene, o qu\u00e9 ser\u00e1 m\u00e1s despu\u00e9s de lo que es ahora? O es que t\u00fa no la tienes por la que dices, o t\u00fa no sabes lo que pides. Si no la tienes por lo que dices, \u00bfpara qu\u00e9 quieres probarla, sino, como a mala, hacer della lo que m\u00e1s te viniere en gusto? Mas si es tan buena como crees, impertinente cosa ser\u00e1 hacer experiencia de la mesma verdad, pues, despu\u00e9s de hecha, se ha de quedar con la estimaci\u00f3n que primero ten\u00eda. As\u00ed que, es raz\u00f3n concluyente que el intentar las cosas de las cuales antes nos puede suceder da\u00f1o que provecho es de juicios sin discurso y temerarios, y m\u00e1s cuando quieren intentar aquellas a que no son forzados ni compelidos, y que de muy lejos traen descubierto que el intentarlas es manifiesta locura. Las cosas dificultosas se intentan por Dios, o por el mundo, o por entrambos a dos: las que se acometen por Dios son las que acometieron los santos, acometiendo a vivir vida de \u00e1ngeles en cuerpos humanos; las que se acometen por respeto del mundo son las de aquellos que pasan tanta infinidad de agua, tanta diversidad de climas, tanta estra\u00f1eza de gentes, por adquirir estos que llaman bienes de fortuna. Y las que se intentan por Dios y por el mundo juntamente son aquellas de los valerosos soldados, que apenas veen en el contrario muro abierto tanto espacio cuanto es el que pudo hacer una redonda bala de artiller\u00eda, cuando, puesto aparte todo temor, sin hacer discurso ni advertir al manifiesto peligro que les amenaza, llevados en vuelo de las alas del deseo de volver por su fe, por su naci\u00f3n y por su rey, se arrojan intr\u00e9pidamente por la mitad de mil contrapuestas muertes que los esperan. Estas cosas son las que suelen intentarse, y es honra, gloria y provecho intentarlas, aunque tan llenas de inconvenientes y peligros. Pero la que t\u00fa dices que quieres intentar y poner por obra, ni te ha de alcanzar gloria de Dios, bienes de la fortuna, ni fama con los hombres; porque, puesto que salgas con ella como deseas, no has de quedar ni m\u00e1s ufano, ni m\u00e1s rico, ni m\u00e1s honrado que est\u00e1s ahora; y si no sales, te has de ver en la mayor miseria que imaginarse pueda, porque no te ha de aprovechar pensar entonces que no sabe nadie la desgracia que te ha sucedido, porque bastar\u00e1 para afligirte y deshacerte que la sepas t\u00fa mesmo.<\/p>\n<p>Y, para confirmaci\u00f3n desta verdad, te quiero decir una estancia que hizo el famoso poeta Luis Tansilo, en el fin de su primera parte de Las l\u00e1grimas de San Pedro, que dice as\u00ed:<\/p>\n<p>Crece el dolor y crece la verg\u00fcenza<br \/>\nen Pedro, cuando el d\u00eda se ha mostrado;<br \/>\ny, aunque all\u00ed no ve a nadie, se averg\u00fcenza<br \/>\nde s\u00ed mesmo, por ver que hab\u00eda pecado:<br \/>\nque a un magn\u00e1nimo pecho a haber verg\u00fcenza<br \/>\nno s\u00f3lo ha de moverle el ser mirado;<br \/>\nque de s\u00ed se averg\u00fcenza cuando yerra,<br \/>\nsi bien otro no vee que cielo y tierra.<\/p>\n<p>As\u00ed que, no escusar\u00e1s con el secreto tu dolor; antes, tendr\u00e1s que llorar contino, si no l\u00e1grimas de los ojos, l\u00e1grimas de sangre del coraz\u00f3n, como las lloraba aquel simple doctor que nuestro poeta nos cuenta que hizo la prueba del vaso, que, con mejor discurso, se escus\u00f3 de hacerla el prudente Reinaldos; que, puesto que aquello sea ficci\u00f3n po\u00e9tica, tiene en s\u00ed encerrados secretos morales dignos de ser advertidos y entendidos e imitados. Cuanto m\u00e1s que, con lo que ahora pienso decirte, acabar\u00e1s de venir en conocimiento del grande error que quieres cometer. Dime, Anselmo, si el cielo, o la suerte buena, te hubiera hecho se\u00f1or y leg\u00edtimo posesor de un fin\u00edsimo diamante, de cuya bondad y quilates estuviesen satisfechos cuantos lapidarios le viesen, y que todos a una voz y de com\u00fan parecer dijesen que llegaba en quilates, bondad y fineza a cuanto se pod\u00eda estender la naturaleza de tal piedra, y t\u00fa mesmo lo creyeses as\u00ed, sin saber otra cosa en contrario, \u00bfser\u00eda justo que te viniese en deseo de tomar aquel diamante, y ponerle entre un ayunque y un martillo, y all\u00ed, a pura fuerza de golpes y brazos, probar si es tan duro y tan fino como dicen? Y m\u00e1s, si lo pusieses por obra; que, puesto caso que la piedra hiciese resistencia a tan necia prueba, no por eso se le a\u00f1adir\u00eda m\u00e1s valor ni m\u00e1s fama; y si se rompiese, cosa que podr\u00eda ser, \u00bfno se perder\u00eda todo? S\u00ed, por cierto, dejando a su due\u00f1o en estimaci\u00f3n de que todos le tengan por simple. Pues haz cuenta, Anselmo amigo, que Camila es f\u00ednisimo diamante, as\u00ed en tu estimaci\u00f3n como en la ajena, y que no es raz\u00f3n ponerla en contingencia de que se quiebre, pues, aunque se quede con su entereza, no puede subir a m\u00e1s valor del que ahora tiene; y si faltase y no resistiese, considera desde ahora cu\u00e1l quedar\u00edas sin ella, y con cu\u00e1nta raz\u00f3n te podr\u00edas quejar de ti mesmo, por haber sido causa de su perdici\u00f3n y la tuya. Mira que no hay joya en el mundo que tanto valga como la mujer casta y honrada, y que todo el honor de las mujeres consiste en la opini\u00f3n buena que dellas se tiene; y, pues la de tu esposa es tal que llega al estremo de bondad que sabes, \u00bfpara qu\u00e9 quieres poner esta verdad en duda? Mira, amigo, que la mujer es animal imperfecto, y que no se le han de poner embarazos donde tropiece y caiga, sino quit\u00e1rselos y despejalle el camino de cualquier inconveniente, para que sin pesadumbre corra ligera a alcanzar la perfeci\u00f3n que le falta, que consiste en el ser virtuosa. Cuentan los naturales que el arminio es un animalejo que tiene una piel blanqu\u00edsima, y que cuando quieren cazarle, los cazadores usan deste artificio: que, sabiendo las partes por donde suele pasar y acudir, las atajan con lodo, y despu\u00e9s, oje\u00e1ndole, le encaminan hacia aquel lugar, y as\u00ed como el arminio llega al lodo, se est\u00e1 quedo y se deja prender y cautivar, a trueco de no pasar por el cieno y perder y ensuciar su blancura, que la estima en m\u00e1s que la libertad y la vida. La honesta y casta mujer es arminio, y es m\u00e1s que nieve blanca y limpia la virtud de la honestidad; y el que quisiere que no la pierda, antes la guarde y conserve, ha de usar de otro estilo diferente que con el arminio se tiene, porque no le han de poner delante el cieno de los regalos y servicios de los importunos amantes, porque quiz\u00e1, y aun sin quiz\u00e1, no tiene tanta virtud y fuerza natural que pueda por s\u00ed mesma atropellar y pasar por aquellos embarazos, y es necesario quit\u00e1rselos y ponerle delante la limpieza de la virtud y la belleza que encierra en s\u00ed la buena fama. Es asimesmo la buena mujer como espejo de cristal luciente y claro; pero est\u00e1 sujeto a empa\u00f1arse y escurecerse con cualquiera aliento que le toque. Hase de usar con la honesta mujer el estilo que con las reliquias: adorarlas y no tocarlas. Hase de guardar y estimar la mujer buena como se guarda y estima un hermoso jard\u00edn que est\u00e1 lleno de flores y rosas, cuyo due\u00f1o no consiente que nadie le pasee ni manosee; basta que desde lejos, y por entre las verjas de hierro, gocen de su fragrancia y hermosura. Finalmente, quiero decirte unos versos que se me han venido a la memoria, que los o\u00ed en una comedia moderna, que me parece que hacen al prop\u00f3sito de lo que vamos tratando. Aconsejaba un prudente viejo a otro, padre de una doncella, que la recogiese, guardase y encerrase, y entre otras razones, le dijo \u00e9stas:<\/p>\n<p>Es de vidrio la mujer;<br \/>\npero no se ha de probar<br \/>\nsi se puede o no quebrar,<br \/>\nporque todo podr\u00eda ser.<br \/>\nY es m\u00e1s f\u00e1cil el quebrarse,<br \/>\ny no es cordura ponerse<br \/>\na peligro de romperse<br \/>\nlo que no puede soldarse.<br \/>\nY en esta opini\u00f3n est\u00e9n<br \/>\ntodos, y en raz\u00f3n la fundo:<br \/>\nque si hay D\u00e1naes en el mundo,<br \/>\nhay pluvias de oro tambi\u00e9n.<\/p>\n<p>Cuanto hasta aqu\u00ed te he dicho, \u00a1oh Anselmo!, ha sido por lo que a ti te toca; y ahora es bien que se oiga algo de lo que a m\u00ed me conviene; y si fuere largo, perd\u00f3name, que todo lo requiere el laberinto donde te has entrado y de donde quieres que yo te saque. T\u00fa me tienes por amigo y quieres quitarme la honra, cosa que es contra toda amistad; y aun no s\u00f3lo pretendes esto, sino que procuras que yo te la quite a ti. Que me la quieres quitar a m\u00ed est\u00e1 claro, pues, cuando Camila vea que yo la solicito, como me pides, cierto est\u00e1 que me ha de tener por hombre sin honra y mal mirado, pues intento y hago una cosa tan fuera de aquello que el ser quien soy y tu amistad me obliga. De que quieres que te la quite a ti no hay duda, porque, viendo Camila que yo la solicito, ha de pensar que yo he visto en ella alguna liviandad que me dio atrevimiento a descubrirle mi mal deseo; y, teni\u00e9ndose por deshonrada, te toca a ti, como a cosa suya, su mesma deshonra. Y de aqu\u00ed nace lo que com\u00fanmente se platica: que el marido de la mujer ad\u00faltera, puesto que \u00e9l no lo sepa ni haya dado ocasi\u00f3n para que su mujer no sea la que debe, ni haya sido en su mano, ni en su descuido y poco recato estorbar su desgracia, con todo, le llaman y le nombran con nombre de vituperio y bajo; y en cierta manera le miran, los que la maldad de su mujer saben, con ojos de menosprecio, en cambio de mirarle con los de l\u00e1stima, viendo que no por su culpa, sino por el gusto de su mala compa\u00f1era, est\u00e1 en aquella desventura. Pero qui\u00e9rote decir la causa por que con justa raz\u00f3n es deshonrado el marido de la mujer mala, aunque \u00e9l no sepa\u00a0 que lo es, ni tenga culpa, ni haya sido parte, ni dado ocasi\u00f3n, para que ella lo sea. Y no te canses de o\u00edrme, que todo ha de redundar en tu provecho. Cuando Dios cri\u00f3 a nuestro primero padre en el Para\u00edso terrenal, dice la Divina Escritura que infundi\u00f3 Dios sue\u00f1o en Ad\u00e1n, y que, estando durmiendo, le sac\u00f3 una costilla del lado siniestro, de la cual form\u00f3 a nuestra madre Eva; y, as\u00ed como Ad\u00e1n despert\u00f3 y la mir\u00f3, dijo: \u00bb\u00c9sta es carne de mi carne y hueso de mis huesos\u00bb. Y Dios dijo: \u00bbPor \u00e9sta dejar\u00e1 el hombre a su padre y madre, y ser\u00e1n dos en una carne misma\u00bb. Y entonces fue instituido el divino sacramento del matrimonio, con tales lazos que sola la muerte puede desatarlos. Y tiene tanta fuerza y virtud este milagroso sacramento, que hace que dos diferentes personas sean una mesma carne; y a\u00fan hace m\u00e1s en los buenos casados, que, aunque tienen dos almas, no tienen m\u00e1s de una voluntad. Y de aqu\u00ed viene que, como la carne de la esposa sea una mesma con la del esposo, las manchas que en ella caen, o los defectos que se procura, redundan en la carne del marido, aunque \u00e9l no haya dado, como queda dicho, ocasi\u00f3n para aquel da\u00f1o. Porque, as\u00ed como el dolor del pie o de cualquier miembro del cuerpo humano le siente todo el cuerpo, por ser todo de una carne mesma, y la cabeza siente el da\u00f1o del tobillo, sin que ella se le haya causado, as\u00ed el marido es participante de la deshonra de la mujer, por ser una mesma cosa con ella. Y como las honras y deshonras del mundo sean todas y nazcan de carne y sangre, y las de la mujer mala sean deste g\u00e9nero, es forzoso que al marido le quepa parte dellas, y sea tenido por deshonrado sin que \u00e9l lo sepa. Mira, pues, \u00a1oh Anselmo!, al peligro que te pones en querer turbar el sosiego en que tu buena esposa vive. Mira por cu\u00e1n vana e impertinente curiosidad quieres revolver los humores que ahora est\u00e1n sosegados en el pecho de tu casta esposa. Advierte que lo que aventuras a ganar es poco, y que lo que perder\u00e1s ser\u00e1 tanto que lo dejar\u00e9 en su punto, porque me faltan palabras para encarecerlo. Pero si todo cuanto he dicho no basta a moverte de tu mal prop\u00f3sito, bien puedes buscar otro instrumento de tu deshonra y desventura, que yo no pienso serlo, aunque por ello pierda tu amistad, que es la mayor p\u00e9rdida que imaginar puedo.<\/p>\n<p>\u00bbCall\u00f3, en diciendo esto, el virtuoso y prudente Lotario, y Anselmo qued\u00f3 tan confuso y pensativo que por un buen espacio no le pudo responder palabra; pero, en fin, le dijo:<\/p>\n<p>\u00bb-Con la atenci\u00f3n que has visto he escuchado, Lotario amigo, cuanto has querido decirme, y en tus razones, ejemplos y comparaciones he visto la mucha discreci\u00f3n que tienes y el estremo de la verdadera amistad que alcanzas; y ansimesmo veo y confieso que si no sigo tu parecer y me voy tras el m\u00edo, voy huyendo del bien y corriendo tras el mal. Prosupuesto esto, has de considerar que yo padezco ahora la enfermedad que suelen tener algunas mujeres, que se les antoja comer tierra, yeso, carb\u00f3n y otras cosas peores, aun asquerosas para mirarse, cuanto m\u00e1s para comerse; as\u00ed que, es menester usar de alg\u00fan artificio para que yo sane, y esto se pod\u00eda hacer con facilidad, s\u00f3lo con que comiences, aunque tibia y fingidamente, a solicitar a Camila, la cual no ha de ser tan tierna que a los primeros encuentros d\u00e9 con su honestidad por tierra; y con solo este principio quedar\u00e9 contento y t\u00fa habr\u00e1s cumplido con lo que debes a nuestra amistad, no solamente d\u00e1ndome la vida, sino persuadi\u00e9ndome de no verme sin honra. Y est\u00e1s obligado a hacer esto por una raz\u00f3n sola; y es que, estando yo, como estoy, determinado de poner en pl\u00e1tica esta prueba, no has t\u00fa de consentir que yo d\u00e9 cuenta de mi desatino a otra persona, con que pondr\u00eda en aventura el honor que t\u00fa procuras que no pierda; y, cuando el tuyo no est\u00e9 en el punto que debe en la intenci\u00f3n de Camila en tanto que la solicitares, importa poco o nada, pues con brevedad, viendo en ella la entereza que esperamos, le podr\u00e1s decir la pura verdad de nuestro artificio, con que volver\u00e1 tu cr\u00e9dito al ser primero. Y, pues tan poco aventuras y tanto contento me puedes dar aventur\u00e1ndote, no lo dejes de hacer, aunque m\u00e1s inconvenientes se te pongan delante, pues, como ya he dicho, con s\u00f3lo que comiences dar\u00e9 por concluida la causa.<\/p>\n<p>\u00bbViendo Lotario la resoluta voluntad de Anselmo, y no sabiendo qu\u00e9 m\u00e1s ejemplos traerle ni qu\u00e9 m\u00e1s razones mostrarle para que no la siguiese, y viendo que le amenazaba que dar\u00eda a otro cuenta de su mal deseo, por evitar mayor mal, determin\u00f3 de contentarle y hacer lo que le ped\u00eda, con prop\u00f3sito e intenci\u00f3n de guiar aquel negocio de modo que, sin alterar los pensamientos de Camila, quedase Anselmo satisfecho; y as\u00ed, le respondi\u00f3 que no comunicase su pensamiento con otro alguno, que \u00e9l tomaba a su cargo aquella empresa, la cual comenzar\u00eda cuando a \u00e9l le diese m\u00e1s gusto.<\/p>\n<p>Abraz\u00f3le Anselmo tierna y amorosamente, y agradeci\u00f3le su ofrecimiento, como si alguna grande merced le hubiera hecho; y quedaron de acuerdo entre los dos que desde otro d\u00eda siguiente se comenzase la obra; que \u00e9l le dar\u00eda lugar y tiempo como a sus solas pudiese hablar a Camila, y asimesmo le dar\u00eda dineros y joyas que darla y que ofrecerla. Aconsej\u00f3le que le diese m\u00fasicas, que escribiese versos en su alabanza, y que, cuando \u00e9l no quisiese tomar trabajo de hacerlos, \u00e9l mesmo los har\u00eda. A todo se ofreci\u00f3 Lotario, bien con diferente intenci\u00f3n que Anselmo pensaba.<\/p>\n<p>\u00bbY con este acuerdo se volvieron a casa de Anselmo, donde hallaron a Camila con ansia y cuidado, esperando a su esposo, porque aquel d\u00eda tardaba en venir m\u00e1s de lo acostumbrado.<\/p>\n<p>\u00bbFuese Lotario a su casa, y Anselmo qued\u00f3 en la suya, tan contento como Lotario fue pensativo, no sabiendo qu\u00e9 traza dar para salir bien de aquel impertinente negocio. Pero aquella noche pens\u00f3 el modo que tendr\u00eda para enga\u00f1ar a Anselmo, sin ofender a Camila; y otro d\u00eda vino a comer con su amigo, y fue bien recebido de Camila, la cual le receb\u00eda y regalaba con mucha voluntad, por entender la buena que su esposo le ten\u00eda.<\/p>\n<p>\u00bbAcabaron de comer, levantaron los manteles y Anselmo dijo a Lotario que se quedase all\u00ed con Camila, en tanto que \u00e9l iba a un negocio forzoso, que dentro de hora y media volver\u00eda. Rog\u00f3le Camila que no se fuese y Lotario se ofreci\u00f3 a hacerle compa\u00f1\u00eda, m\u00e1s nada aprovech\u00f3 con Anselmo; antes, importun\u00f3 a Lotario que se quedase y le aguardase, porque ten\u00eda que tratar con \u00e9l una cosa de mucha importancia. Dijo tambi\u00e9n a Camila que no dejase solo a Lotario en tanto que \u00e9l volviese. En efeto, \u00e9l supo tan bien fingir la necesidad, o necedad, de su ausencia, que nadie pudiera entender que era fingida. Fuese Anselmo, y quedaron solos a la mesa Camila y Lotario, porque la dem\u00e1s gente de casa toda se hab\u00eda ido a comer. Viose Lotario puesto en la estacada que su amigo deseaba y con el enemigo delante, que pudiera vencer con sola su hermosura a un escuadr\u00f3n de caballeros armados: mirad si era raz\u00f3n que le temiera Lotario.<\/p>\n<p>\u00bbPero lo que hizo fue poner el codo sobre el brazo de la silla y la mano abierta en la mejilla, y, pidiendo perd\u00f3n a Camila del mal comedimiento, dijo que quer\u00eda reposar un poco en tanto que Anselmo volv\u00eda. Camila le respondi\u00f3 que mejor reposar\u00eda en el estrado que en la silla, y as\u00ed, le rog\u00f3 se entrase a dormir en \u00e9l. No quiso Lotario, y all\u00ed se qued\u00f3 dormido hasta que volvi\u00f3 Anselmo, el cual, como hall\u00f3 a Camila en su aposento y a Lotario durmiendo, crey\u00f3 que, como se hab\u00eda tardado tanto, ya habr\u00edan tenido los dos lugar para hablar, y aun para dormir, y no vio la hora en que Lotario despertase, para volverse con \u00e9l fuera y preguntarle de su ventura.<\/p>\n<p>\u00bbTodo le sucedi\u00f3 como \u00e9l quiso: Lotario despert\u00f3, y luego salieron los dos de casa, y as\u00ed, le pregunt\u00f3 lo que deseaba, y le respondi\u00f3 Lotario que no le hab\u00eda parecido ser bien que la primera vez se descubriese del todo; y as\u00ed, no hab\u00eda hecho otra cosa que alabar a Camila de hermosa, dici\u00e9ndole que en toda la ciudad no se trataba de otra cosa que de su hermosura y discreci\u00f3n, y que \u00e9ste le hab\u00eda parecido buen principio para entrar ganando la voluntad, y disponi\u00e9ndola a que otra vez le escuchase con gusto, usando en esto del artificio que el demonio usa cuando quiere enga\u00f1ar a alguno que est\u00e1 puesto en atalaya de mirar por s\u00ed: que se transforma en \u00e1ngel de luz, si\u00e9ndolo \u00e9l de tinieblas, y, poni\u00e9ndole delante apariencias buenas, al cabo descubre qui\u00e9n es y sale con su intenci\u00f3n, si a los principios no es descubierto su enga\u00f1o. Todo esto le content\u00f3 mucho a Anselmo, y dijo que cada d\u00eda dar\u00eda el mesmo lugar, aunque no saliese de casa, porque en ella se ocupar\u00eda en cosas que Camila no pudiese venir en conocimiento de su artificio.<\/p>\n<p>\u00bbSucedi\u00f3, pues, que se pasaron muchos d\u00edas que, sin decir Lotario palabra a Camila, respond\u00eda a Anselmo que la hablaba y jam\u00e1s pod\u00eda sacar della una peque\u00f1a muestra de venir en ninguna cosa que mala fuese, ni aun dar una se\u00f1al de sombra de esperanza; antes, dec\u00eda que le amenazaba que si de aquel mal pensamiento no se quitaba, que lo hab\u00eda de decir a su esposo.<\/p>\n<p>\u00bb-Bien est\u00e1 -dijo Anselmo-. Hasta aqu\u00ed ha resistido Camila a las palabras; es menester ver c\u00f3mo resiste a las obras: yo os dar\u00e9 ma\u00f1ana dos mil escudos de oro para que se los ofrezc\u00e1is, y aun se los deis, y otros tantos para que compr\u00e9is joyas con que cebarla; que las mujeres suelen ser aficionadas, y m\u00e1s si son hermosas, por m\u00e1s castas que sean, a esto de traerse bien y andar galanas; y si ella resiste a esta tentaci\u00f3n, yo quedar\u00e9 satisfecho y no os dar\u00e9 m\u00e1s pesadumbre.<\/p>\n<p>\u00bbLotario respondi\u00f3 que ya que hab\u00eda comenzado, que \u00e9l llevar\u00eda hasta el fin aquella empresa, puesto que entend\u00eda salir della cansado y vencido. Otro d\u00eda recibi\u00f3 los cuatro mil escudos, y con ellos cuatro mil confusiones, porque no sab\u00eda qu\u00e9 decirse para mentir de nuevo; pero, en efeto, determin\u00f3 de decirle que Camila estaba tan entera a las d\u00e1divas y promesas como a las palabras, y que no hab\u00eda para qu\u00e9 cansarse m\u00e1s, porque todo el tiempo se gastaba en balde.<\/p>\n<p>\u00bbPero la suerte, que las cosas guiaba de otra manera, orden\u00f3 que, habiendo dejado Anselmo solos a Lotario y a Camila, como otras veces sol\u00eda, \u00e9l se encerr\u00f3 en un aposento y por los agujeros de la cerradura estuvo mirando y escuchando lo que los dos trataban, y vio que en m\u00e1s de media hora Lotario no habl\u00f3 palabra a Camila, ni se la hablara si all\u00ed estuviera un siglo, y cay\u00f3 en la cuenta de que cuanto su amigo le hab\u00eda dicho de las respuestas de Camila todo era ficci\u00f3n y mentira. Y, para ver si esto era ans\u00ed, sali\u00f3 del aposento, y, llamando a Lotario aparte, le pregunt\u00f3 qu\u00e9 nuevas hab\u00eda y de qu\u00e9 temple estaba Camila. Lotario le respondi\u00f3 que no pensaba m\u00e1s darle puntada en aquel negocio, porque respond\u00eda tan \u00e1spera y desabridamente, que no tendr\u00eda \u00e1nimo para volver a decirle cosa alguna.<\/p>\n<p>\u00bb-\u00a1Ah! -dijo Anselmo-, Lotario, Lotario, y cu\u00e1n mal correspondes a lo que me debes y a lo mucho que de ti conf\u00edo! Ahora te he estado mirando por el lugar que concede la entrada desta llave, y he visto que no has dicho palabra a Camila, por donde me doy a entender que aun las primeras le tienes por decir; y si esto es as\u00ed, como sin duda lo es, \u00bfpara qu\u00e9 me enga\u00f1as, o por qu\u00e9 quieres quitarme con tu industria los medios que yo podr\u00eda hallar para conseguir mi deseo?<\/p>\n<p>\u00bbNo dijo m\u00e1s Anselmo, pero bast\u00f3 lo que hab\u00eda dicho para dejar corrido y confuso a Lotario; el cual, casi como tomando por punto de honra el haber sido hallado en mentira, jur\u00f3 a Anselmo que desde aquel momento tomaba tan a su cargo el contentalle y no mentille, cual lo ver\u00eda si con curiosidad lo espiaba; cuanto m\u00e1s, que no ser\u00eda menester usar de ninguna diligencia, porque la que \u00e9l pensaba poner en satisfacelle le quitar\u00eda de toda sospecha. Crey\u00f3le Anselmo, y para dalle comodidad m\u00e1s segura y menos sobresaltada, determin\u00f3 de hacer ausencia de su casa por ocho d\u00edas, y\u00e9ndose a la de un amigo suyo, que estaba en una aldea, no lejos de la ciudad, con el cual amigo concert\u00f3 que le enviase a llamar con muchas veras, para tener ocasi\u00f3n con Camila de su partida.<\/p>\n<p>\u00bb\u00a1Desdichado y mal advertido de ti, Anselmo! \u00bfQu\u00e9 es lo que haces? \u00bfQu\u00e9 es lo que trazas? \u00bfQu\u00e9 es lo que ordenas? Mira que haces contra ti mismo, trazando tu deshonra y ordenando tu perdici\u00f3n. Buena es tu esposa Camila, quieta y sosegadamente la posees, nadie sobresalta tu gusto, sus pensamientos no salen de las paredes de su casa, t\u00fa eres su cielo en la tierra, el blanco de sus deseos, el cumplimiento de sus gustos y la medida por donde mide su voluntad, ajust\u00e1ndola en todo con la tuya y con la del cielo. Pues si la mina de su honor, hermosura, honestidad y recogimiento te da sin ning\u00fan trabajo toda la riqueza que tiene y t\u00fa puedes desear, \u00bfpara qu\u00e9 quieres ahondar la tierra y buscar nuevas vetas de nuevo y nunca visto tesoro, poni\u00e9ndote a peligro que toda venga abajo, pues, en fin, se sustenta sobre los d\u00e9biles arrimos de su flaca naturaleza? Mira que el que busca lo imposible es justo que lo posible se le niegue, como lo dijo mejor un poeta, diciendo:<\/p>\n<p>Busco en la muerte la vida,<br \/>\nsalud en la enfermedad,<br \/>\nen la prisi\u00f3n libertad,<br \/>\nen lo cerrado salida<br \/>\ny en el traidor lealtad.<br \/>\nPero mi suerte, de quien<br \/>\njam\u00e1s espero alg\u00fan bien,<br \/>\ncon el cielo ha estatuido<br \/>\nque, pues lo imposible pido,<br \/>\nlo posible aun no me den.<\/p>\n<p>\u00bbFuese otro d\u00eda Anselmo a la aldea, dejando dicho a Camila que el tiempo que \u00e9l estuviese ausente vendr\u00eda Lotario a mirar por su casa y a comer con ella; que tuviese cuidado de tratalle como a su mesma persona. Afligi\u00f3se Camila, como mujer discreta y honrada, de la orden que su marido le dejaba, y d\u00edjole que advirtiese que no estaba bien que nadie, \u00e9l ausente, ocupase la silla de su mesa, y que si lo hac\u00eda por no tener confianza que ella sabr\u00eda gobernar su casa, que probase por aquella vez, y ver\u00eda por experiencia como para mayores cuidados era bastante. Anselmo le replic\u00f3 que aqu\u00e9l era su gusto, y que no ten\u00eda m\u00e1s que hacer que bajar la cabeza y obedecelle. Camila dijo que ans\u00ed lo har\u00eda, aunque contra su voluntad.<\/p>\n<p>\u00bbParti\u00f3se Anselmo, y otro d\u00eda vino a su casa Lotario, donde fue rescebido de Camila con amoroso y honesto acogimiento; la cual jam\u00e1s se puso en parte donde Lotario la viese a solas, porque siempre andaba rodeada de sus criados y criadas, especialmente de una doncella suya, llamada Leonela, a quien ella mucho quer\u00eda, por haberse criado desde ni\u00f1as las dos juntas en casa de los padres de Camila, y cuando se cas\u00f3 con Anselmo la trujo consigo.<\/p>\n<p>\u00bbEn los tres d\u00edas primeros nunca Lotario le dijo nada, aunque pudiera, cuando se levantaban los manteles y la gente se iba a comer con mucha priesa, porque as\u00ed se lo ten\u00eda mandado Camila. Y aun ten\u00eda orden Leonela que comiese primero que Camila, y que de su lado jam\u00e1s se quitase; mas ella, que en otras cosas de su gusto ten\u00eda puesto el pensamiento y hab\u00eda menester aquellas horas y aquel lugar para ocuparle en sus contentos, no cumpl\u00eda todas veces el mandamiento de su se\u00f1ora; antes, los dejaba solos, como si aquello le hubieran mandado. Mas la honesta presencia de Camila, la gravedad de su rostro, la compostura de su persona era tanta, que pon\u00eda freno a la lengua de Lotario.<\/p>\n<p>\u00bbPero el provecho que las muchas virtudes de Camila hicieron, poniendo silencio en la lengua de Lotario, redund\u00f3 m\u00e1s en da\u00f1o de los dos, porque si la lengua callaba, el pensamiento discurr\u00eda y ten\u00eda lugar de contemplar, parte por parte, todos los estremos de bondad y de hermosura que Camila ten\u00eda, bastantes a enamorar una estatua de m\u00e1rmol, no que un coraz\u00f3n de carne.<\/p>\n<p>\u00bbMir\u00e1bala Lotario en el lugar y espacio que hab\u00eda de hablarla, y consideraba cu\u00e1n digna era de ser amada; y esta consideraci\u00f3n comenz\u00f3 poco a poco a dar asaltos a los respectos que a Anselmo ten\u00eda, y mil veces quiso ausentarse de la ciudad y irse donde jam\u00e1s Anselmo le viese a \u00e9l, ni \u00e9l viese a Camila; mas ya le hac\u00eda impedimento y deten\u00eda el gusto que hallaba en mirarla. Hac\u00edase fuerza y peleaba consigo mismo por desechar y no sentir el contento que le llevaba a mirar a Camila. Culp\u00e1base a solas de su desatino, llam\u00e1base mal amigo y aun mal cristiano; hac\u00eda discursos y comparaciones entre \u00e9l y Anselmo, y todos paraban en decir que m\u00e1s hab\u00eda sido la locura y confianza de Anselmo que su poca fidelidad, y que si as\u00ed tuviera disculpa para con Dios como para con los hombres de lo que pensaba hacer, que no temiera pena por su culpa.<\/p>\n<p>\u00bbEn efecto, la hermosura y la bondad de Camila, juntamente con la ocasi\u00f3n que el ignorante marido le hab\u00eda puesto en las manos, dieron con la lealtad de Lotario en tierra. Y, sin mirar a otra cosa que aquella a que su gusto le inclinaba, al cabo de tres d\u00edas de la ausencia de Anselmo, en los cuales estuvo en continua batalla por resistir a sus deseos, comenz\u00f3 a requebrar a Camila, con tanta turbaci\u00f3n y con tan amorosas razones que Camila qued\u00f3 suspensa, y no hizo otra cosa que levantarse de donde estaba y entrarse a su aposento, sin respondelle palabra alguna. Mas no por esta sequedad se desmay\u00f3 en Lotario la esperanza, que siempre nace juntamente con el amor; antes, tuvo en m\u00e1s a Camila. La cual, habiendo visto en Lotario lo que jam\u00e1s pensara, no sab\u00eda qu\u00e9 hacerse. Y, pareci\u00e9ndole no ser cosa segura ni bien hecha darle ocasi\u00f3n ni lugar a que otra vez la hablase, determin\u00f3 de enviar aquella mesma noche, como lo hizo, a un criado suyo con un billete a Anselmo, donde le escribi\u00f3 estas razones:<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Primera parte CAP\u00cdTULO XXXIII Donde se cuenta la novela del Curioso impertinente \u00abEn Florencia, ciudad rica y famosa de Italia, en la provincia que llaman Toscana, viv\u00edan Anselmo y Lotario, dos caballeros ricos y principales, y tan amigos que, por excelencia y antonomasia, de todos los que los conoc\u00edan los\u2026<\/p>\n<p class=\"continue-reading-button\"> <a class=\"continue-reading-link\" href=\"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/don-quijote-de-la-mancha-primera-parte-capitulo-xxxiii-de-lii-miguel-de-cervantes-saavedra\/\">Seguir leyendo&#8230;<i class=\"crycon-right-dir\"><\/i><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":75,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"rop_custom_images_group":[],"rop_custom_messages_group":[],"rop_publish_now":"initial","rop_publish_now_accounts":{"twitter_226634691_226634691":""},"rop_publish_now_history":[],"rop_publish_now_status":"pending","_uag_custom_page_level_css":"","footnotes":""},"categories":[5,1109],"tags":[1010,1069,1016,1012,1039,2685,1013,1073,1053,1059,1031,1130,1032,1015,1054,1060,1165,2686,1014,1466,1057,2684,2683,1025,1046,1077,1033,1425],"class_list":["post-1066","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-literatura","category-textos-literarios","tag-amor","tag-animal","tag-arte","tag-ave","tag-belleza","tag-capitulo","tag-ciencia","tag-clima","tag-dinero","tag-empresa","tag-enfermedad","tag-escritura","tag-estilo","tag-flor","tag-industria","tag-lengua","tag-mancha","tag-miguel","tag-naturaleza","tag-parte","tag-pensamiento","tag-primera","tag-quijote","tag-rosa","tag-salud","tag-universo","tag-vino","tag-xxxiii"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.4 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>&quot;Don Quijote de La Mancha&quot; 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