{"id":1064,"date":"2010-12-17T20:06:56","date_gmt":"2010-12-17T18:06:56","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cultureduca.com\/blog\/?p=1064"},"modified":"2018-12-22T03:12:43","modified_gmt":"2018-12-22T01:12:43","slug":"don-quijote-de-la-mancha-primera-parte-capitulo-xxxi-de-lii-miguel-de-cervantes-saavedra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/don-quijote-de-la-mancha-primera-parte-capitulo-xxxi-de-lii-miguel-de-cervantes-saavedra\/","title":{"rendered":"\u00abDon Quijote de La Mancha\u00bb (Primera parte &#8211; cap\u00edtulo XXXI de LII) [Miguel de Cervantes Saavedra]"},"content":{"rendered":"<p>Primera parte<\/p>\n<p><strong>CAP\u00cdTULO XXXI<\/strong><\/p>\n<p><strong>De los sabrosos razonamientos que pasaron entre don Quijote y Sancho Panza, su escudero, con otros sucesos<\/strong><\/p>\n<p>-Todo eso no me descontenta; prosigue adelante -dijo don Quijote-.<\/p>\n<p>Llegaste, \u00bfy qu\u00e9 hac\u00eda aquella reina de la hermosura? A buen seguro que la hallaste ensartando perlas, o bordando alguna empresa con oro de ca\u00f1utillo para este su cautivo caballero.<\/p>\n<p>-No la hall\u00e9 -respondi\u00f3 Sancho- sino ahechando dos hanegas de trigo en un corral de su casa.<\/p>\n<p>-Pues haz cuenta -dijo don Quijote- que los granos de aquel trigo eran granos de perlas, tocados de sus manos. Y si miraste, amigo, el trigo \u00bfera candeal, o trechel?<\/p>\n<p>-No era sino rubi\u00f3n -respondi\u00f3 Sancho.<\/p>\n<p>-Pues yo te aseguro -dijo don Quijote- que, ahechado por sus manos, hizo pan candeal, sin duda alguna. Pero pasa adelante: cuando le diste mi carta, \u00bfbes\u00f3la? \u00bfP\u00fasosela sobre la cabeza? \u00bfHizo alguna ceremonia digna de tal carta, o qu\u00e9 hizo?<\/p>\n<p>-Cuando yo se la iba a dar -respondi\u00f3 Sancho-, ella estaba en la fuga del meneo de una buena parte de trigo que ten\u00eda en la criba, y d\u00edjome: \u00bbPoned, amigo, esa carta sobre aquel costal, que no la puedo leer hasta que acabe de acribar todo lo que aqu\u00ed est\u00e1\u00bb.<\/p>\n<p>-\u00a1Discreta se\u00f1ora! -dijo don Quijote-. Eso debi\u00f3 de ser por leerla despacio y recrearse con ella. Adelante, Sancho: y, en tanto que estaba en su menester, \u00bfqu\u00e9 coloquios pas\u00f3 contigo? \u00bfQu\u00e9 te pregunt\u00f3 de m\u00ed? Y t\u00fa, \u00bfqu\u00e9 le respondiste? Acaba, cu\u00e9ntamelo todo; no se te quede en el tintero una m\u00ednima.<\/p>\n<p>-Ella no me pregunt\u00f3 nada -dijo Sancho-, mas yo le dije de la manera que vuestra merced, por su servicio, quedaba haciendo penitencia, desnudo de la cintura arriba, metido entre estas sierras como si fuera salvaje, durmiendo en el suelo, sin comer pan a manteles ni sin peinarse la barba, llorando y maldiciendo su fortuna.<\/p>\n<p>-En decir que maldec\u00eda mi fortuna dijiste mal -dijo don Quijote-, porque antes la bendigo y bendecir\u00e9 todos los d\u00edas de mi vida, por haberme hecho digno de merecer amar tan alta se\u00f1ora como Dulcinea del Toboso.<\/p>\n<p>-Tan alta es -respondi\u00f3 Sancho-, que a buena fe que me lleva a m\u00ed m\u00e1s de un coto.<\/p>\n<p>-Pues, \u00bfc\u00f3mo, Sancho? -dijo don Quijote-. \u00bfHaste medido t\u00fa con ella?<\/p>\n<p>-Med\u00edme en esta manera -respondi\u00f3 Sancho-: que, lleg\u00e1ndole a ayudar a poner un costal de trigo sobre un jumento, llegamos tan juntos que ech\u00e9 de ver que me llevaba m\u00e1s de un gran palmo.<\/p>\n<p>-Pues \u00a1es verdad -replic\u00f3 don Quijote- que no acompa\u00f1a esa grandeza y la adorna con mil millones y gracias del alma! Pero no me negar\u00e1s, Sancho, una cosa: cuando llegaste junto a ella, \u00bfno sentiste un olor sabeo, una fragancia arom\u00e1tica, y un no s\u00e9 qu\u00e9 de bueno, que yo no acierto a dalle nombre? Digo, \u00bfun tuho o tufo como si estuvieras en la tienda de alg\u00fan curioso guantero?<\/p>\n<p>-Lo que s\u00e9 decir -dijo Sancho- es que sent\u00ed un olorcillo algo hombruno; y deb\u00eda de ser que ella, con el mucho ejercicio, estaba sudada y algo correosa.<\/p>\n<p>-No ser\u00eda eso -respondi\u00f3 don Quijote-, sino que t\u00fa deb\u00edas de estar romadizado, o te debiste de oler a ti mismo; porque yo s\u00e9 bien a lo que huele aquella rosa entre espinas, aquel lirio del campo, aquel \u00e1mbar desle\u00eddo.<\/p>\n<p>-Todo puede ser -respondi\u00f3 Sancho-, que muchas veces sale de m\u00ed aquel olor que entonces me pareci\u00f3 que sal\u00eda de su merced de la se\u00f1ora Dulcinea; pero no hay de qu\u00e9 maravillarse, que un diablo parece a otro.<\/p>\n<p>-Y bien -prosigui\u00f3 don Quijote-, he aqu\u00ed que acab\u00f3 de limpiar su trigo y de enviallo al molino. \u00bfQu\u00e9 hizo cuando ley\u00f3 la carta?<\/p>\n<p>-La carta -dijo Sancho- no la ley\u00f3, porque dijo que no sab\u00eda leer ni escribir; antes, la rasg\u00f3 y la hizo menudas piezas, diciendo que no la quer\u00eda dar a leer a nadie, porque no se supiesen en el lugar sus secretos, y que bastaba lo que yo le hab\u00eda dicho de palabra acerca del amor que vuestra merced le ten\u00eda y de la penitencia extraordinaria que por su causa quedaba haciendo. Y, finalmente, me dijo que dijese a vuestra merced que le besaba las manos, y que all\u00ed quedaba con m\u00e1s deseo de verle que de escribirle; y que, as\u00ed, le suplicaba y mandaba que, vista la presente, saliese de aquellos matorrales y se dejase de hacer disparates, y se pusiese luego luego en camino del Toboso, si otra cosa de m\u00e1s importancia no le sucediese, porque ten\u00eda gran deseo de ver a vuestra merced. Ri\u00f3se mucho cuando le dije como se llamaba vuestra merced el Caballero de la Triste Figura. Pregunt\u00e9le si hab\u00eda ido all\u00e1 el vizca\u00edno de marras; d\u00edjome que s\u00ed, y que era un hombre muy de bien. Tambi\u00e9n le pregunt\u00e9 por los galeotes, mas d\u00edjome que no hab\u00eda visto hasta entonces alguno.<\/p>\n<p>-Todo va bien hasta agora -dijo don Quijote-. Pero dime: \u00bfqu\u00e9 joya fue la que te dio, al despedirte, por las nuevas que de m\u00ed le llevaste? Porque es usada y antigua costumbre entre los caballeros y damas andantes dar a los escuderos, doncellas o enanos que les llevan nuevas, de sus damas a ellos, a ellas de sus andantes, alguna rica joya en albricias, en agradecimiento de su recado.<\/p>\n<p>-Bien puede eso ser as\u00ed, y yo la tengo por buena usanza; pero eso debi\u00f3 de ser en los tiempos pasados, que ahora s\u00f3lo se debe de acostumbrar a dar un pedazo de pan y queso, que esto fue lo que me dio mi se\u00f1ora Dulcinea, por las bardas de un corral, cuando della me desped\u00ed; y aun, por m\u00e1s se\u00f1as, era el queso ovejuno.<\/p>\n<p>-Es liberal en estremo -dijo don Quijote-, y si no te dio joya de oro, sin duda debi\u00f3 de ser porque no la tendr\u00eda all\u00ed a la mano para d\u00e1rtela; pero buenas son mangas despu\u00e9s de Pascua: yo la ver\u00e9, y se satisfar\u00e1 todo.\u00a0<\/p>\n<p>\u00bfSabes de qu\u00e9 estoy maravillado, Sancho? De que me parece que fuiste y veniste por los aires, pues poco m\u00e1s de tres d\u00edas has tardado en ir y venir desde aqu\u00ed al Toboso, habiendo de aqu\u00ed all\u00e1 m\u00e1s de treinta leguas; por lo cual me doy a entender que aquel sabio nigromante que tiene cuenta con mis cosas y es mi amigo (porque por fuerza le hay, y le ha de haber, so pena que yo no ser\u00eda buen caballero andante); digo que este tal te debi\u00f3 de ayudar a caminar, sin que t\u00fa lo sintieses; que hay sabio d\u00e9stos que coge a un caballero andante durmiendo en su cama, y, sin saber c\u00f3mo o en qu\u00e9 manera, amanece otro d\u00eda m\u00e1s de mil leguas de donde anocheci\u00f3. Y si no fuese por esto, no se podr\u00edan socorrer en sus peligros los caballeros andantes unos a otros, como se socorren a cada paso. Que acaece estar uno peleando en las sierras de Armenia con alg\u00fan endriago, o con alg\u00fan fiero vestiglo, o con otro caballero, donde lleva lo peor de la batalla y est\u00e1 ya a punto de muerte, y cuando no os me cato, asoma por acull\u00e1, encima de una nube, o sobre un carro de fuego, otro caballero amigo suyo, que poco antes se hallaba en Ingalaterra, que le favorece y libra de la muerte, y a la noche se halla en su posada, cenando muy a su sabor; y suele haber de la una a la otra parte dos o tres mil leguas. Y todo esto se hace por industria y sabidur\u00eda destos sabios encantadores que tienen cuidado destos valerosos caballeros. As\u00ed que, amigo Sancho, no se me hace dificultoso creer que en tan breve tiempo hayas ido y venido desde este lugar al del Toboso, pues, como tengo dicho, alg\u00fan sabio amigo te debi\u00f3 de llevar en volandillas, sin que t\u00fa lo sintieses.<\/p>\n<p>-As\u00ed ser\u00eda -dijo Sancho-; porque a buena fe que andaba Rocinante como si fuera asno de gitano con azogue en los o\u00eddos.<\/p>\n<p>-Y \u00a1c\u00f3mo si llevaba azogue! -dijo don Quijote-, y aun una legi\u00f3n de demonios, que es gente que camina y hace caminar, sin cansarse, todo aquello que se les antoja. Pero, dejando esto aparte, \u00bfqu\u00e9 te parece a ti que debo yo de hacer ahora cerca de lo que mi se\u00f1ora me manda que la vaya a ver?; que, aunque yo veo que estoy obligado a cumplir su mandamiento, v\u00e9ome tambi\u00e9n imposibilitado del don que he prometido a la princesa que con nosotros viene, y fu\u00e9rzame la ley de caballer\u00eda a cumplir mi palabra antes que mi gusto. Por una parte, me acosa y fatiga el deseo de ver a mi se\u00f1ora; por otra, me incita y llama la prometida fe y la gloria que he de alcanzar en esta empresa. Pero lo que pienso hacer ser\u00e1 caminar apriesa y llegar presto donde est\u00e1 este gigante, y, en llegando, le cortar\u00e9 la cabeza, y pondr\u00e9 a la princesa pac\u00edficamente en su estado, y al punto dar\u00e9 la vuelta a ver a la luz que mis sentidos alumbra, a la cual dar\u00e9 tales disculpas que ella venga a tener por buena mi tardanza, pues ver\u00e1 que todo redunda en aumento de su gloria y fama, pues cuanta yo he alcanzado, alcanzo y alcanzare por las armas en esta vida, toda me viene del favor que ella me da y de ser yo suyo.<\/p>\n<p>-\u00a1Ay -dijo Sancho-, y c\u00f3mo est\u00e1 vuestra merced lastimado de esos cascos!<\/p>\n<p>Pues d\u00edgame, se\u00f1or: \u00bfpiensa vuestra merced caminar este camino en balde, y dejar pasar y perder un tan rico y tan principal casamiento como \u00e9ste, donde le dan en dote un reino, que a buena verdad que he o\u00eddo decir que tiene m\u00e1s de veinte mil leguas de contorno, y que es abundant\u00edsimo de todas las cosas que son necesarias para el sustento de la vida humana, y que es mayor que Portugal y que Castilla juntos? Calle, por amor de Dios, y tenga verg\u00fcenza de lo que ha dicho, y tome mi consejo, y perd\u00f3neme, y c\u00e1sese luego en el primer lugar que haya cura; y si no, ah\u00ed est\u00e1 nuestro licenciado, que lo har\u00e1 de perlas. Y advierta que ya tengo edad para dar consejos, y que este que le doy le viene de molde, y que m\u00e1s vale p\u00e1jaro en mano que buitre volando, porque quien bien tiene y mal escoge, por bien que se enoja no se venga.<\/p>\n<p>-Mira, Sancho -respondi\u00f3 don Quijote-: si el consejo que me das de que me case es porque sea luego rey, en matando al gigante, y tenga c\u00f3modo para hacerte mercedes y darte lo prometido, h\u00e1gote saber que sin casarme podr\u00e9 cumplir tu deseo muy f\u00e1cilmente, porque yo sacar\u00e9 de adahala, antes de entrar en la batalla, que, saliendo vencedor della, ya que no me case, me han de dar una parte del reino, para que la pueda dar a quien yo quisiere; y, en d\u00e1ndomela, \u00bfa qui\u00e9n quieres t\u00fa que la d\u00e9 sino a ti?<\/p>\n<p>-Eso est\u00e1 claro -respondi\u00f3 Sancho-, pero mire vuestra merced que la escoja hacia la marina, porque, si no me contentare la vivienda, pueda embarcar mis negros vasallos y hacer dellos lo que ya he dicho. Y vuestra merced no se cure de ir por agora a ver a mi se\u00f1ora Dulcinea, sino v\u00e1yase a matar al gigante, y concluyamos este negocio; que por Dios que se me asienta que ha de ser de mucha honra y de mucho provecho.<\/p>\n<p>-D\u00edgote, Sancho -dijo don Quijote-, que est\u00e1s en lo cierto, y que habr\u00e9 de tomar tu consejo en cuanto el ir antes con la princesa que a ver a Dulcinea. Y av\u00edsote que no digas nada a nadie, ni a los que con nosotros vienen, de lo que aqu\u00ed hemos departido y tratado; que, pues Dulcinea es tan recatada que no quiere que se sepan sus pensamientos, no ser\u00e1 bien que yo, ni otro por m\u00ed, los descubra.<\/p>\n<p>-Pues si eso es as\u00ed -dijo Sancho-, \u00bfc\u00f3mo hace vuestra merced que todos los que vence por su brazo se vayan a presentar ante mi se\u00f1ora Dulcinea, siendo esto firma de su nombre que la quiere bien y que es su enamorado? Y, siendo forzoso que los que fueren se han de ir a hincar de finojos ante su presencia, y decir que van de parte de vuestra merced a dalle la obediencia, \u00bfc\u00f3mo se pueden encubrir los pensamientos de entrambos?<\/p>\n<p>-\u00a1Oh, qu\u00e9 necio y qu\u00e9 simple que eres! -dijo don Quijote-. \u00bfT\u00fa no ves, Sancho, que eso todo redunda en su mayor ensalzamiento? Porque has de saber que en este nuestro estilo de caballer\u00eda es gran honra tener una dama muchos caballeros andantes que la sirvan, sin que se estiendan m\u00e1s sus pensamientos que a servilla, por s\u00f3lo ser ella quien es, sin esperar otro premio de sus muchos y buenos deseos, sino que ella se contente de acetarlos por sus caballeros.<\/p>\n<p>-Con esa manera de amor -dijo Sancho- he o\u00eddo yo predicar que se ha de amar a Nuestro Se\u00f1or, por s\u00ed solo, sin que nos mueva esperanza de gloria o temor de pena. Aunque yo le querr\u00eda amar y servir por lo que pudiese.<\/p>\n<p>-\u00a1V\u00e1late el diablo por villano -dijo don Quijote-, y qu\u00e9 de discreciones dices a las veces! No parece sino que has estudiado.<\/p>\n<p>-Pues a fe m\u00eda que no s\u00e9 leer -respondi\u00f3 Sancho.\u00a0<\/p>\n<p>En esto, les dio voces maese Nicol\u00e1s que esperasen un poco, que quer\u00edan detenerse a beber en una fontecilla que all\u00ed estaba. Det\u00favose don Quijote, con no poco gusto de Sancho, que ya estaba cansado de mentir tanto y tem\u00eda no le cogiese su amo a palabras; porque, puesto que \u00e9l sab\u00eda que Dulcinea era una labradora del Toboso, no la hab\u00eda visto en toda su vida.\u00a0<\/p>\n<p>Hab\u00edase en este tiempo vestido Cardenio los vestidos que Dorotea tra\u00eda cuando la hallaron, que, aunque no eran muy buenos, hac\u00edan mucha ventaja a los que dejaba. Ape\u00e1ronse junto a la fuente, y con lo que el cura se acomod\u00f3 en la venta satisficieron, aunque poco, la mucha hambre que todos tra\u00edan.<\/p>\n<p>Estando en esto, acert\u00f3 a pasar por all\u00ed un muchacho que iba de camino, el cual, poni\u00e9ndose a mirar con mucha atenci\u00f3n a los que en la fuente estaban, de all\u00ed a poco arremeti\u00f3 a don Quijote, y, abraz\u00e1ndole por las piernas, comenz\u00f3 a llorar muy de prop\u00f3sito, diciendo:<\/p>\n<p>-\u00a1Ay, se\u00f1or m\u00edo! \u00bfNo me conoce vuestra merced? Pues m\u00edreme bien, que yo soy aquel mozo Andr\u00e9s que quit\u00f3 vuestra merced de la encina donde estaba atado.<\/p>\n<p>Reconoci\u00f3le don Quijote, y, asi\u00e9ndole por la mano, se volvi\u00f3 a los que all\u00ed estaban y dijo:<\/p>\n<p>-Porque vean vuestras mercedes cu\u00e1n de importancia es haber caballeros andantes en el mundo, que desfagan los tuertos y agravios que en \u00e9l se hacen por los insolentes y malos hombres que en \u00e9l viven, sepan vuestras mercedes que los d\u00edas pasados, pasando yo por un bosque, o\u00ed unos gritos y unas voces muy lastimosas, como de persona afligida y menesterosa; acud\u00ed luego, llevado de mi obligaci\u00f3n, hacia la parte donde me pareci\u00f3 que las lamentables voces sonaban, y hall\u00e9 atado a una encina a este muchacho que ahora est\u00e1 delante (de lo que me huelgo en el alma, porque ser\u00e1 testigo que no me dejar\u00e1 mentir en nada); digo que estaba atado a la encina, desnudo del medio cuerpo arriba, y est\u00e1bale abriendo a azotes con las riendas de una yegua un villano, que despu\u00e9s supe que era amo suyo; y, as\u00ed como yo le vi, le pregunt\u00e9 la causa de tan atroz vapulamiento; respondi\u00f3 el zafio que le azotaba porque era su criado, y que ciertos descuidos que ten\u00eda nac\u00edan m\u00e1s de ladr\u00f3n que de simple; a lo cual este ni\u00f1o dijo: \u00bbSe\u00f1or, no me azota sino porque le pido mi salario\u00bb. El amo replic\u00f3 no s\u00e9 qu\u00e9 arengas y disculpas, las cuales, aunque de m\u00ed fueron o\u00eddas, no fueron admitidas. En resoluci\u00f3n, yo le hice desatar, y tom\u00e9 juramento al villano de que le llevar\u00eda consigo y le pagar\u00eda un real sobre otro, y aun sahumados. \u00bfNo es verdad todo esto, hijo Andr\u00e9s? \u00bfNo notaste con cu\u00e1nto imperio se lo mand\u00e9, y con cu\u00e1nta humildad prometi\u00f3 de hacer todo cuanto yo le impuse, y notifiqu\u00e9 y quise? Responde; no te turbes ni dudes en nada: di lo que pas\u00f3 a estos se\u00f1ores, porque se vea y considere ser del provecho que digo haber caballeros andantes por los caminos.<\/p>\n<p>-Todo lo que vuestra merced ha dicho es mucha verdad -respondi\u00f3 el muchacho-, pero el fin del negocio sucedi\u00f3 muy al rev\u00e9s de lo que vuestra merced se imagina.<\/p>\n<p>-\u00bfC\u00f3mo al rev\u00e9s? -replic\u00f3 don Quijote-; luego, \u00bfno te pag\u00f3 el villano?<\/p>\n<p>-No s\u00f3lo no me pag\u00f3 -respondi\u00f3 el muchacho-, pero, as\u00ed como vuestra merced traspuso del bosque y quedamos solos, me volvi\u00f3 a atar a la mesma encina, y me dio de nuevo tantos azotes que qued\u00e9 hecho un San Bartolom\u00e9 desollado; y, a cada azote que me daba, me dec\u00eda un donaire y chufeta acerca de hacer burla de vuestra merced, que, a no sentir yo tanto dolor, me riera de lo que dec\u00eda. En efeto: \u00e9l me par\u00f3 tal, que hasta ahora he estado cur\u00e1ndome en un hospital del mal que el mal villano entonces me hizo. De todo lo cual tiene vuestra merced la culpa, porque si se fuera su camino adelante y no viniera donde no le llamaban, ni se entremetiera en negocios ajenos, mi amo se contentara con darme una o dos docenas de azotes, y luego me soltara y pagara cuanto me deb\u00eda. Mas, como vuestra merced le deshonr\u00f3 tan sin prop\u00f3sito y le dijo tantas villan\u00edas, encendi\u00f3sele la c\u00f3lera, y, como no la pudo vengar en vuestra merced, cuando se vio solo descarg\u00f3 sobre m\u00ed el nublado, de modo que me parece que no ser\u00e9 m\u00e1s hombre en toda mi vida.<\/p>\n<p>-El da\u00f1o estuvo -dijo don Quijote- en irme yo de all\u00ed; que no me hab\u00eda de ir hasta dejarte pagado, porque bien deb\u00eda yo de saber, por luengas experiencias, que no hay villano que guarde palabra que tiene, si \u00e9l vee que no le est\u00e1 bien guardalla. Pero ya te acuerdas, Andr\u00e9s, que yo jur\u00e9 que si no te pagaba, que hab\u00eda de ir a buscarle, y que le hab\u00eda de hallar, aunque se escondiese en el vientre de la ballena.<\/p>\n<p>-As\u00ed es la verdad -dijo Andr\u00e9s-, pero no aprovech\u00f3 nada.<\/p>\n<p>-Ahora ver\u00e1s si aprovecha -dijo don Quijote.<\/p>\n<p>Y, diciendo esto, se levant\u00f3 muy apriesa y mand\u00f3 a Sancho que enfrenase a Rocinante, que estaba paciendo en tanto que ellos com\u00edan.<\/p>\n<p>Pregunt\u00f3le Dorotea qu\u00e9 era lo que hacer quer\u00eda. \u00c9l le respondi\u00f3 que quer\u00eda ir a buscar al villano y castigalle de tan mal t\u00e9rmino, y hacer pagado a Andr\u00e9s hasta el \u00faltimo maraved\u00ed, a despecho y pesar de cuantos villanos hubiese en el mundo. A lo que ella respondi\u00f3 que advirtiese que no pod\u00eda, conforme al don prometido, entremeterse en ninguna empresa hasta acabar la suya; y que, pues esto sab\u00eda \u00e9l mejor que otro alguno, que sosegase el pecho hasta la vuelta de su reino.<\/p>\n<p>-As\u00ed es verdad -respondi\u00f3 don Quijote-, y es forzoso que Andr\u00e9s tenga paciencia hasta la vuelta, como vos, se\u00f1ora, dec\u00eds; que yo le torno a jurar y a prometer de nuevo de no parar hasta hacerle vengado y pagado.<\/p>\n<p>-No me creo desos juramentos -dijo Andr\u00e9s-; m\u00e1s quisiera tener agora con qu\u00e9 llegar a Sevilla que todas las venganzas del mundo: d\u00e9me, si tiene ah\u00ed, algo que coma y lleve, y qu\u00e9dese con Dios su merced y todos los caballeros andantes; que tan bien andantes sean ellos para consigo como lo han sido para conmigo.<\/p>\n<p>Sac\u00f3 de su repuesto Sancho un pedazo de pan y otro de queso, y, d\u00e1ndoselo al mozo, le dijo:<\/p>\n<p>-Tom\u00e1, hermano Andr\u00e9s, que a todos nos alcanza parte de vuestra desgracia.<\/p>\n<p>-Pues, \u00bfqu\u00e9 parte os alcanza a vos? -pregunt\u00f3 Andr\u00e9s.<\/p>\n<p>-Esta parte de queso y pan que os doy -respondi\u00f3 Sancho-, que Dios sabe si me ha de hacer falta o no; porque os hago saber, amigo, que los escuderos de los caballeros andantes estamos sujetos a mucha hambre y a mala ventura, y aun a otras cosas que se sienten mejor que se dicen.<\/p>\n<p>Andr\u00e9s asi\u00f3 de su pan y queso, y, viendo que nadie le daba otra cosa, abaj\u00f3 su cabeza y tom\u00f3 el camino en las manos, como suele decirse. Bien es verdad que, al partirse, dijo a don Quijote:<\/p>\n<p>-Por amor de Dios, se\u00f1or caballero andante, que si otra vez me encontrare, aunque vea que me hacen pedazos, no me socorra ni ayude, sino d\u00e9jeme con mi desgracia; que no ser\u00e1 tanta, que no sea mayor la que me vendr\u00e1 de su ayuda de vuestra merced, a quien Dios maldiga, y a todos cuantos caballeros andantes han nacido en el mundo.<\/p>\n<p>\u00cdbase a levantar don Quijote para castigalle, mas \u00e9l se puso a correr de modo que ninguno se atrevi\u00f3 a seguille. Qued\u00f3 corrid\u00edsimo don Quijote del cuento de Andr\u00e9s, y fue menester que los dem\u00e1s tuviesen mucha cuenta con no re\u00edrse, por no acaballe de correr del todo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Primera parte CAP\u00cdTULO XXXI De los sabrosos razonamientos que pasaron entre don Quijote y Sancho Panza, su escudero, con otros sucesos -Todo eso no me descontenta; prosigue adelante -dijo don Quijote-. Llegaste, \u00bfy qu\u00e9 hac\u00eda aquella reina de la hermosura? 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