{"id":1062,"date":"2010-12-17T20:05:51","date_gmt":"2010-12-17T18:05:51","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cultureduca.com\/blog\/?p=1062"},"modified":"2018-12-22T03:12:41","modified_gmt":"2018-12-22T01:12:41","slug":"don-quijote-de-la-mancha-primera-parte-capitulo-xxix-de-lii-miguel-de-cervantes-saavedra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/don-quijote-de-la-mancha-primera-parte-capitulo-xxix-de-lii-miguel-de-cervantes-saavedra\/","title":{"rendered":"\u00abDon Quijote de La Mancha\u00bb (Primera parte &#8211; cap\u00edtulo XXIX de LII) [Miguel de Cervantes Saavedra]"},"content":{"rendered":"<p>Primera parte<\/p>\n<p><strong>CAP\u00cdTULO XXIX<\/strong><\/p>\n<p><strong>Que trata de la discreci\u00f3n de la hermosa Dorotea, con otras cosas de mucho gusto y pasatiempo<\/strong><\/p>\n<p>-Esta es, se\u00f1ores, la verdadera historia de mi tragedia: mirad y juzgad ahora si los suspiros que escuchastes, las palabras que o\u00edstes y las l\u00e1grimas que de mis ojos sal\u00edan, ten\u00edan ocasi\u00f3n bastante para mostrarse en mayor abundancia; y, considerada la calidad de mi desgracia, ver\u00e9is que ser\u00e1 en vano el consuelo, pues es imposible el remedio della. S\u00f3lo os ruego (lo que con facilidad podr\u00e9is y deb\u00e9is hacer) que me aconsej\u00e9is d\u00f3nde podr\u00e9 pasar la vida sin que me acabe el temor y sobresalto que tengo de ser hallada de los que me buscan; que, aunque s\u00e9 que el mucho amor que mis padres me tienen me asegura que ser\u00e9 dellos bien recebida, es tanta la verg\u00fcenza que me ocupa s\u00f3lo el pensar que, no como ellos pensaban, tengo de parecer a su presencia, que tengo por mejor desterrarme para siempre de ser vista que no verles el rostro, con pensamiento que ellos miran el m\u00edo ajeno de la honestidad que de m\u00ed se deb\u00edan de tener prometida.<\/p>\n<p>Call\u00f3 en diciendo esto, y el rostro se le cubri\u00f3 de un color que mostr\u00f3 bien claro el sentimiento y verg\u00fcenza del alma. En las suyas sintieron los que escuchado la hab\u00edan tanta l\u00e1stima como admiraci\u00f3n de su desgracia; y, aunque luego quisiera el cura consolarla y aconsejarla, tom\u00f3 primero la mano Cardenio, diciendo:<\/p>\n<p>-En fin, se\u00f1ora, que t\u00fa eres la hermosa Dorotea, la hija \u00fanica del rico Clenardo.<\/p>\n<p>Admirada qued\u00f3 Dorotea cuando oy\u00f3 el nombre de su padre, y de ver cu\u00e1n de poco era el que le nombraba, porque ya se ha dicho de la mala manera que Cardenio estaba vestido; y as\u00ed, le dijo:<\/p>\n<p>-Y \u00bfqui\u00e9n sois vos, hermano, que as\u00ed sab\u00e9is el nombre de mi padre? Porque yo, hasta ahora, si mal no me acuerdo, en todo el discurso del cuento de mi desdicha no le he nombrado.<\/p>\n<p>-Soy -respondi\u00f3 Cardenio- aquel sin ventura que, seg\u00fan vos, se\u00f1ora, hab\u00e9is dicho, Luscinda dijo que era su esposa. Soy el desdichado Cardenio, a quien el mal t\u00e9rmino de aquel que a vos os ha puesto en el que est\u00e1is me ha tra\u00eddo a que me ve\u00e1is cual me veis: roto, desnudo, falto de todo humano consuelo y, lo que es peor de todo, falto de juicio, pues no le tengo sino cuando al cielo se le antoja d\u00e1rmele por alg\u00fan breve espacio. Yo, Teodora, soy el que me hall\u00e9 presente a las sinrazones de don Fernando, y el que aguard\u00f3 o\u00edr el s\u00ed que de ser su esposa pronunci\u00f3 Luscinda. Yo soy el que no tuvo \u00e1nimo para ver en qu\u00e9 paraba su desmayo, ni lo que resultaba del papel que le fue hallado en el pecho, porque no tuvo el alma sufrimiento para ver tantas desventuras juntas; y as\u00ed, dej\u00e9 la casa y la paciencia, y una carta que dej\u00e9 a un hu\u00e9sped m\u00edo, a quien rogu\u00e9 que en manos de Luscinda la pusiese, y v\u00edneme a estas soledades, con intenci\u00f3n de acabar en ellas la vida, que desde aquel punto aborrec\u00ed como mortal enemiga m\u00eda. Mas no ha querido la suerte quit\u00e1rmela, content\u00e1ndose con quitarme el juicio, quiz\u00e1 por guardarme para la buena ventura que he tenido en hallaros; pues, siendo verdad, como creo que lo es, lo que aqu\u00ed hab\u00e9is contado, a\u00fan podr\u00eda ser que a entrambos nos tuviese el cielo guardado mejor suceso en nuestros desastres que nosotros pensamos. Porque, presupuesto que Luscinda no puede casarse con don Fernando, por ser m\u00eda, ni don Fernando con ella, por ser vuestro, y haberlo ella tan manifiestamente declarado, bien podemos esperar que el cielo nos restituya lo que es nuestro, pues est\u00e1 todav\u00eda en ser, y no se ha enajenado ni deshecho. Y, pues este consuelo tenemos, nacido no de muy remota esperanza, ni fundado en desvariadas imaginaciones, supl\u00edcoos, se\u00f1ora, que tom\u00e9is otra resoluci\u00f3n en vuestros honrados pensamientos, pues yo la pienso tomar en los m\u00edos, acomod\u00e1ndoos a esperar mejor fortuna; que yo os juro, por la fe de caballero y de cristiano, de no desampararos hasta veros en poder de don Fernando, y que, cuando con razones no le pudiere atraer a que conozca lo que os debe, de usar entonces la libertad que me concede el ser caballero, y poder con justo t\u00edtulo desafialle, en raz\u00f3n de la sinraz\u00f3n que os hace, sin acordarme de mis agravios, cuya venganza dejar\u00e9 al cielo por acudir en la tierra a los vuestros.<\/p>\n<p>Con lo que Cardenio dijo se acab\u00f3 de admirar Dorotea, y, por no saber qu\u00e9 gracias volver a tan grandes ofrecimientos, quiso tomarle los pies para bes\u00e1rselos; mas no lo consinti\u00f3 Cardenio, y el licenciado respondi\u00f3 por entrambos, y aprob\u00f3 el buen discurso de Cardenio, y, sobre todo, les rog\u00f3, aconsej\u00f3 y persuadi\u00f3 que se fuesen con \u00e9l a su aldea, donde se podr\u00edan reparar de las cosas que les faltaban, y que all\u00ed se dar\u00eda orden c\u00f3mo buscar a\u00a0 don Fernando, o c\u00f3mo llevar a Dorotea a sus padres, o hacer lo que m\u00e1s les pareciese conveniente. Cardenio y Dorotea se lo agradecieron, y acetaron la merced que se les ofrec\u00eda. El barbero, que a todo hab\u00eda estado suspenso y callado, hizo tambi\u00e9n su buena pl\u00e1tica y se ofreci\u00f3 con no menos voluntad que el cura a todo aquello que fuese bueno para servirles.<\/p>\n<p>Cont\u00f3 asimesmo con brevedad la causa que all\u00ed los hab\u00eda tra\u00eddo, con la estra\u00f1eza de la locura de don Quijote, y c\u00f3mo aguardaban a su escudero, que hab\u00eda ido a buscalle. V\u00ednosele a la memoria a Cardenio, como por sue\u00f1os, la pendencia que con don Quijote hab\u00eda tenido y cont\u00f3la a los dem\u00e1s, mas no supo decir por qu\u00e9 causa fue su quisti\u00f3n.<\/p>\n<p>En esto, oyeron voces, y conocieron que el que las daba era Sancho Panza, que, por no haberlos hallado en el lugar donde los dej\u00f3, los llamaba a voces. Sali\u00e9ronle al encuentro, y, pregunt\u00e1ndole por don Quijote, les dijo c\u00f3mo le hab\u00eda hallado desnudo en camisa, flaco, amarillo y muerto de hambre, y suspirando por su se\u00f1ora Dulcinea; y que, puesto que le hab\u00eda dicho que ella le mandaba que saliese de aquel lugar y se fuese al del Toboso, donde le quedaba esperando, hab\u00eda respondido que estaba determinado de no parecer ante su fermosura fasta que hobiese fecho faza\u00f1as que le ficiesen digno de su gracia. Y que si aquello pasaba adelante, corr\u00eda peligro de no venir a ser emperador, como estaba obligado, ni aun arzobispo, que era lo menos que pod\u00eda ser. Por eso, que mirasen lo que se hab\u00eda de hacer para sacarle de all\u00ed.<\/p>\n<p>El licenciado le respondi\u00f3 que no tuviese pena, que ellos le sacar\u00edan de all\u00ed, mal que le pesase. Cont\u00f3 luego a Cardenio y a Dorotea lo que ten\u00edan pensado para remedio de don Quijote, a lo menos para llevarle a su casa. A lo cual dijo Dorotea que ella har\u00eda la doncella menesterosa mejor que el barbero, y m\u00e1s, que ten\u00eda all\u00ed vestidos con que hacerlo al natural, y que la dejasen el cargo de saber representar todo aquello que fuese menester para llevar adelante su intento, porque ella hab\u00eda le\u00eddo muchos libros de caballer\u00edas y sab\u00eda bien el estilo que ten\u00edan las doncellas cuitadas cuando ped\u00edan sus dones a los andantes caballeros.<\/p>\n<p>-Pues no es menester m\u00e1s -dijo el cura- sino que luego se ponga por obra; que, sin duda, la buena suerte se muestra en favor nuestro, pues, tan sin pensarlo, a vosotros, se\u00f1ores, se os ha comenzado a abrir puerta para vuestro remedio y a nosotros se nos ha facilitado la que hab\u00edamos menester.<\/p>\n<p>Sac\u00f3 luego Dorotea de su almohada una saya entera de cierta telilla rica y una mantellina de otra vistosa tela verde, y de una cajita un collar y otras joyas, con que en un instante se adorn\u00f3 de manera que una rica y gran se\u00f1ora parec\u00eda. Todo aquello, y m\u00e1s, dijo que hab\u00eda sacado de su casa para lo que se ofreciese, y que hasta entonces no se le hab\u00eda ofrecido ocasi\u00f3n de habello menester. A todos content\u00f3 en estremo su mucha gracia, donaire y hermosura, y confirmaron a don Fernando por de poco conocimiento, pues tanta belleza desechaba.<\/p>\n<p>Pero el que m\u00e1s se admir\u00f3 fue Sancho Panza, por parecerle -como era as\u00ed verdad- que en todos los d\u00edas de su vida hab\u00eda visto tan hermosa criatura; y as\u00ed, pregunt\u00f3 al cura con grande ah\u00ednco le dijese qui\u00e9n era aquella tan fermosa se\u00f1ora, y qu\u00e9 era lo que buscaba por aquellos andurriales.<\/p>\n<p>-Esta hermosa se\u00f1ora -respondi\u00f3 el cura-, Sancho hermano, es, como quien no dice nada, es la heredera por l\u00ednea recta de var\u00f3n del gran reino de Micomic\u00f3n, la cual viene en busca de vuestro amo a pedirle un don, el cual es que le desfaga un tuerto o agravio que un mal gigante le tiene fecho; y, a la fama que de buen caballero vuestro amo tiene por todo lo descubierto, de Guinea ha venido a buscarle esta princesa.<\/p>\n<p>-Dichosa buscada y dichoso hallazgo -dijo a esta saz\u00f3n Sancho Panza-, y m\u00e1s si mi amo es tan venturoso que desfaga ese agravio y enderece ese tuerto, matando a ese hideputa dese gigante que vuestra merced dice; que s\u00ed matar\u00e1 si \u00e9l le encuentra, si ya no fuese fantasma, que contra las fantasmas no tiene mi se\u00f1or poder alguno. Pero una cosa quiero suplicar a vuestra merced, entre otras, se\u00f1or licenciado, y es que, porque a mi amo no le tome gana de ser arzobispo, que es lo que yo temo, que vuestra merced le aconseje que se case luego con esta princesa, y as\u00ed quedar\u00e1 imposibilitado de recebir \u00f3rdenes arzobispales y vendr\u00e1 con facilidad a su imperio y yo al fin de mis deseos; que yo he mirado bien en ello y hallo por mi cuenta que no me est\u00e1 bien que mi amo sea arzobispo, porque yo soy in\u00fatil para la Iglesia, pues soy casado, y andarme ahora a traer dispensaciones para poder tener renta por la Iglesia, teniendo, como tengo, mujer y hijos, ser\u00eda nunca acabar. As\u00ed que, se\u00f1or, todo el toque est\u00e1 en que mi amo se case luego con esta se\u00f1ora, que hasta ahora no s\u00e9 su gracia, y as\u00ed, no la llamo por su nombre.<\/p>\n<p>-Ll\u00e1mase -respondi\u00f3 el cura- la princesa Micomicona, porque, llam\u00e1ndose su reino Micomic\u00f3n, claro est\u00e1 que ella se ha de llamar as\u00ed.<\/p>\n<p>-No hay duda en eso -respondi\u00f3 Sancho-, que yo he visto a muchos tomar el apellido y alcurnia del lugar donde nacieron, llam\u00e1ndose Pedro de Alcal\u00e1, Juan de \u00dabeda y Diego de Valladolid; y esto mesmo se debe de usar all\u00e1 en Guinea: tomar las reinas los nombres de sus reinos.<\/p>\n<p>-As\u00ed debe de ser -dijo el cura-; y en lo del casarse vuestro amo, yo har\u00e9 en ello todos mis poder\u00edos.<\/p>\n<p>Con lo que qued\u00f3 tan contento Sancho cuanto el cura admirado de su simplicidad, y de ver cu\u00e1n encajados ten\u00eda en la fantas\u00eda los mesmos disparates que su amo, pues sin alguna duda se daba a entender que hab\u00eda de venir a ser emperador.<\/p>\n<p>Ya, en esto, se hab\u00eda puesto Dorotea sobre la mula del cura y el barbero se hab\u00eda acomodado al rostro la barba de la cola de buey, y dijeron a Sancho que los guiase adonde don Quijote estaba; al cual advirtieron que no dijese que conoc\u00eda al licenciado ni al barbero, porque en no conocerlos consist\u00eda todo el toque de venir a ser emperador su amo; puesto que ni el cura ni Cardenio quisieron ir con ellos, porque no se le acordase a don Quijote la pendencia que con Cardenio hab\u00eda tenido, y el cura porque no era menester por entonces su presencia. Y as\u00ed, los dejaron ir delante, y ellos los fueron siguiendo a pie, poco a poco. No dej\u00f3 de avisar el cura lo que hab\u00eda de hacer Dorotea; a lo que ella dijo que descuidasen, que todo se har\u00eda, sin faltar punto, como lo ped\u00edan y pintaban los libros de caballer\u00edas.<\/p>\n<p>Tres cuartos de legua habr\u00edan andado, cuando descubrieron a don Quijote entre unas intricadas pe\u00f1as, ya vestido, aunque no armado; y, as\u00ed como Dorotea le vio y fue informada de Sancho que aqu\u00e9l era don Quijote, dio del azote a su palafr\u00e9n, sigui\u00e9ndole el bien barbado barbero. Y, en llegando junto a \u00e9l, el escudero se arroj\u00f3 de la mula y fue a tomar en los brazos a Dorotea, la cual, ape\u00e1ndose con grande desenvoltura, se fue a hincar de rodillas ante las de don Quijote; y, aunque \u00e9l pugnaba por levantarla, ella, sin levantarse, le fabl\u00f3 en esta guisa:<\/p>\n<p>-De aqu\u00ed no me levantar\u00e9, \u00a1oh valeroso y esforzado caballero!, fasta que la vuestra bondad y cortes\u00eda me otorgue un don, el cual redundar\u00e1 en honra y prez de vuestra persona, y en pro de la m\u00e1s desconsolada y agraviada doncella que el sol ha visto. Y si es que el valor de vuestro fuerte brazo corresponde a la voz de vuestra inmortal fama, obligado est\u00e1is a favorecer a la sin ventura que de tan lue\u00f1es tierras viene, al olor de vuestro famoso nombre, busc\u00e1ndoos para remedio de sus desdichas.<\/p>\n<p>-No os responder\u00e9 palabra, fermosa se\u00f1ora -respondi\u00f3 don Quijote-, ni oir\u00e9 m\u00e1s cosa de vuestra facienda, fasta que os levant\u00e9is de tierra.<\/p>\n<p>-No me levantar\u00e9, se\u00f1or -respondi\u00f3 la afligida doncella-, si primero, por la vuestra cortes\u00eda, no me es otorgado el don que pido.<\/p>\n<p>-Yo vos le otorgo y concedo -respondi\u00f3 don Quijote-, como no se haya de cumplir en da\u00f1o o mengua de mi rey, de mi patria y de aquella que de mi coraz\u00f3n y libertad tiene la llave.<\/p>\n<p>-No ser\u00e1 en da\u00f1o ni en mengua de los que dec\u00eds, mi buen se\u00f1or -replic\u00f3 la dolorosa doncella.<\/p>\n<p>Y, estando en esto, se lleg\u00f3 Sancho Panza al o\u00eddo de su se\u00f1or y muy pasito le dijo:<\/p>\n<p>-Bien puede vuestra merced, se\u00f1or, concederle el don que pide, que no es cosa de nada: s\u00f3lo es matar a un gigantazo, y esta que lo pide es la alta princesa Micomicona, reina del gran reino Micomic\u00f3n de Etiop\u00eda.<\/p>\n<p>-Sea quien fuere -respondi\u00f3 don Quijote-, que yo har\u00e9 lo que soy obligado y lo que me dicta mi conciencia, conforme a lo que profesado tengo.<\/p>\n<p>Y, volvi\u00e9ndose a la doncella, dijo:<\/p>\n<p>-La vuestra gran fermosura se levante, que yo le otorgo el don que pedirme quisiere.<\/p>\n<p>-Pues el que pido es -dijo la doncella- que la vuestra magn\u00e1nima persona se venga luego conmigo donde yo le llevare, y me prometa que no se ha de entremeter en otra aventura ni demanda alguna hasta darme venganza de un traidor que, contra todo derecho divino y humano, me tiene usurpado mi reino.<\/p>\n<p>-Digo que as\u00ed lo otorgo -respondi\u00f3 don Quijote-, y as\u00ed pod\u00e9is, se\u00f1ora, desde hoy m\u00e1s, desechar la malencon\u00eda que os fatiga y hacer que cobre nuevos br\u00edos y fuerzas vuestra desmayada esperanza; que, con el ayuda de Dios y la de mi brazo, vos os ver\u00e9is presto restituida en vuestro reino y sentada en la silla de vuestro antiguo y grande estado, a pesar y a despecho de los follones que contradecirlo quisieren. Y manos a labor, que en la tardanza dicen que suele estar el peligro.<\/p>\n<p>La menesterosa doncella pugn\u00f3, con mucha porf\u00eda, por besarle las manos, mas don Quijote, que en todo era comedido y cort\u00e9s caballero, jam\u00e1s lo consinti\u00f3; antes, la hizo levantar y la abraz\u00f3 con mucha cortes\u00eda y comedimiento, y mand\u00f3 a Sancho que requiriese las cinchas a Rocinante y le armase luego al punto. Sancho descolg\u00f3 las armas, que, como trofeo, de un \u00e1rbol estaban pendientes, y, requiriendo las cinchas, en un punto arm\u00f3 a su se\u00f1or; el cual, vi\u00e9ndose armado, dijo:<\/p>\n<p>-Vamos de aqu\u00ed, en el nombre de Dios, a favorecer esta gran se\u00f1ora. Est\u00e1base el barbero a\u00fan de rodillas, teniendo gran cuenta de disimular la risa y de que no se le cayese la barba, con cuya ca\u00edda quiz\u00e1 quedaran todos sin conseguir su buena intenci\u00f3n; y, viendo que ya el don estaba concedido y con la diligencia que don Quijote se alistaba para ir a cumplirle, se levant\u00f3 y tom\u00f3 de la otra mano a su se\u00f1ora, y entre los dos la subieron en la mula. Luego subi\u00f3 don Quijote sobre Rocinante, y el barbero se acomod\u00f3 en su cabalgadura, qued\u00e1ndose Sancho a pie, donde de nuevo se le renov\u00f3 la p\u00e9rdida del rucio, con la falta que entonces le hac\u00eda; mas todo lo llevaba con gusto, por parecerle que ya su se\u00f1or estaba puesto en camino, y muy a pique, de ser emperador; porque sin duda alguna pensaba que se hab\u00eda de casar con aquella princesa, y ser, por lo menos, rey de Micomic\u00f3n. S\u00f3lo le daba pesadumbre el pensar que aquel reino era en tierra de negros, y que la gente que por sus vasallos le diesen hab\u00edan de ser todos negros; a lo cual hizo luego en su imaginaci\u00f3n un buen remedio, y d\u00edjose a s\u00ed mismo:<\/p>\n<p>-\u00bfQu\u00e9 se me da a m\u00ed que mis vasallos sean negros? \u00bfHabr\u00e1 m\u00e1s que cargar con ellos y traerlos a Espa\u00f1a, donde los podr\u00e9 vender, y adonde me los pagar\u00e1n de contado, de cuyo dinero podr\u00e9 comprar alg\u00fan t\u00edtulo o alg\u00fan oficio con que vivir descansado todos los d\u00edas de mi vida? \u00a1No, sino dorm\u00edos, y no teng\u00e1is ingenio ni habilidad para disponer de las cosas y para vender treinta o diez mil vasallos en d\u00e1came esas pajas! Par Dios que los he de volar, chico con grande, o como pudiere, y que, por negros que sean, los he de volver blancos o amarillos. \u00a1Llegaos, que me mamo el dedo!<\/p>\n<p>Con esto, andaba tan sol\u00edcito y tan contento que se le olvidaba la pesadumbre de caminar a pie.<\/p>\n<p>Todo esto miraban de entre unas bre\u00f1as Cardenio y el cura, y no sab\u00edan qu\u00e9 hacerse para juntarse con ellos; pero el cura, que era gran tracista, imagin\u00f3 luego lo que har\u00edan para conseguir lo que deseaban; y fue que con unas tijeras que tra\u00eda en un estuche quit\u00f3 con mucha presteza la barba a Cardenio, y visti\u00f3le un capotillo pardo que \u00e9l tra\u00eda y diole un herreruelo negro, y \u00e9l se qued\u00f3 en calzas y en jub\u00f3n; y qued\u00f3 tan otro de lo que antes parec\u00eda Cardenio, que \u00e9l mesmo no se conociera, aunque a un espejo se mirara. Hecho esto, puesto ya que los otros hab\u00edan pasado adelante en tanto que ellos se disfrazaron, con facilidad salieron al camino real antes que ellos, porque las malezas y malos pasos de aquellos lugares no conced\u00edan que anduviesen tanto los de a caballo como los de a pie. En efeto, ellos se pusieron en el llano, a la salida de la sierra, y, as\u00ed como sali\u00f3 della don Quijote y sus camaradas, el cura se le puso a mirar muy de espacio, dando se\u00f1ales de que le iba reconociendo; y, al cabo de haberle una buena pieza estado mirando, se fue a \u00e9l abiertos los brazos y diciendo a voces:<\/p>\n<p>-Para bien sea hallado el espejo de la caballer\u00eda, el mi buen compatriota don Quijote de la Mancha, la flor y la nata de la gentileza, el amparo y remedio de los menesterosos, la quintaesencia de los caballeros andantes.<\/p>\n<p>Y, diciendo esto, ten\u00eda abrazado por la rodilla de la pierna izquierda a don Quijote; el cual, espantado de lo que ve\u00eda y o\u00eda decir y hacer aquel hombre, se le puso a mirar con atenci\u00f3n, y, al fin, le conoci\u00f3 y qued\u00f3 como espantado de verle, y hizo grande fuerza por apearse; mas el cura no lo consinti\u00f3, por lo cual don Quijote dec\u00eda:<\/p>\n<p>-D\u00e9jeme vuestra merced, se\u00f1or licenciado, que no es raz\u00f3n que yo est\u00e9 a caballo, y una tan reverenda persona como vuestra merced est\u00e9 a pie.<\/p>\n<p>-Eso no consentir\u00e9 yo en ning\u00fan modo -dijo el cura-: est\u00e9se la vuestra grandeza a caballo, pues estando a caballo acaba las mayores faza\u00f1as y aventuras que en nuestra edad se han visto; que a m\u00ed, aunque indigno sacerdote, bastar\u00e1me subir en las ancas de una destas mulas destos se\u00f1ores que con vuestra merced caminan, si no lo han por enojo. Y aun har\u00e9 cuenta que voy caballero sobre el caballo Pegaso, o sobre la cebra o alfana en que cabalgaba aquel famoso moro Muzaraque, que a\u00fan hasta ahora yace encantado en la gran cuesta Zulema, que dista poco de la gran Compluto.<\/p>\n<p>-A\u00fan no ca\u00eda yo en tanto, mi se\u00f1or licenciado -respondi\u00f3 don Quijote-; y yo s\u00e9 que mi se\u00f1ora la princesa ser\u00e1 servida, por mi amor, de mandar a su escudero d\u00e9 a vuestra merced la silla de su mula, que \u00e9l podr\u00e1 acomodarse en las ancas, si es que ella las sufre.<\/p>\n<p>-S\u00ed sufre, a lo que yo creo -respondi\u00f3 la princesa-; y tambi\u00e9n s\u00e9 que no ser\u00e1 menester mand\u00e1rselo al se\u00f1or mi escudero, que \u00e9l es tan cort\u00e9s y tan cortesano que no consentir\u00e1 que una persona eclesi\u00e1stica vaya a pie, pudiendo ir a caballo.<\/p>\n<p>-As\u00ed es -respondi\u00f3 el barbero.<\/p>\n<p>Y, ape\u00e1ndose en un punto, convid\u00f3 al cura con la silla, y \u00e9l la tom\u00f3 sin hacerse mucho de rogar. Y fue el mal que al subir a las ancas el barbero, la mula, que, en efeto, era de alquiler, que para decir que era mala esto basta, alz\u00f3 un poco los cuartos traseros y dio dos coces en el aire, que, a darlas en el pecho de maese Nicol\u00e1s, o en la cabeza, \u00e9l diera al diablo la venida por don Quijote. Con todo eso, le sobresaltaron de manera que cay\u00f3 en el suelo, con tan poco cuidado de las barbas, que se le cayeron en el suelo; y, como se vio sin ellas, no tuvo otro remedio sino acudir a cubrirse el rostro con ambas manos y a quejarse que le hab\u00edan derribado las muelas. Don Quijote, como vio todo aquel mazo de barbas, sin quijadas y sin sangre, lejos del rostro del escudero ca\u00eddo, dijo:<\/p>\n<p>-\u00a1Vive Dios, que es gran milagro \u00e9ste! \u00a1Las barbas le ha derribado y arrancado del rostro, como si las quitaran aposta!<\/p>\n<p>El cura, que vio el peligro que corr\u00eda su invenci\u00f3n de ser descubierta, acudi\u00f3 luego a las barbas y fuese con ellas adonde yac\u00eda maese Nicol\u00e1s, dando a\u00fan voces todav\u00eda, y de un golpe, lleg\u00e1ndole la cabeza a su pecho, se las puso, murmurando sobre \u00e9l unas palabras, que dijo que era cierto ensalmo apropiado para pegar barbas, como lo ver\u00edan; y, cuando se las tuvo puestas, se apart\u00f3, y qued\u00f3 el escudero tan bien barbado y tan sano como de antes, de que se admir\u00f3 don Quijote sobremanera, y rog\u00f3 al cura que cuando tuviese lugar le ense\u00f1ase aquel ensalmo; que \u00e9l entend\u00eda que su virtud a m\u00e1s que pegar barbas se deb\u00eda de estender, pues estaba claro que de donde las barbas se quitasen hab\u00eda de quedar la carne llagada y maltrecha, y que, pues todo lo sanaba, a m\u00e1s que barbas aprovechaba.<\/p>\n<p>-As\u00ed es -dijo el cura, y prometi\u00f3 de ense\u00f1\u00e1rsele en la primera ocasi\u00f3n.<\/p>\n<p>Concert\u00e1ronse que por entonces subiese el cura, y a trechos se fuesen los tres mudando, hasta que llegasen a la venta, que estar\u00eda hasta dos leguas de all\u00ed. Puestos los tres a caballo, es a saber, don Quijote, la princesa y el cura, y los tres a pie, Cardenio, el barbero y Sancho Panza, don Quijote dijo a la doncella:<\/p>\n<p>-Vuestra grandeza, se\u00f1ora m\u00eda, gu\u00ede por donde m\u00e1s gusto le diere.<\/p>\n<p>Y, antes que ella respondiese, dijo el licenciado:<\/p>\n<p>-\u00bfHacia qu\u00e9 reino quiere guiar la vuestra se\u00f1or\u00eda? \u00bfEs, por ventura, hacia el de Micomic\u00f3n?; que s\u00ed debe de ser, o yo s\u00e9 poco de reinos.<\/p>\n<p>Ella, que estaba bien en todo, entendi\u00f3 que hab\u00eda de responder que s\u00ed; y as\u00ed, dijo:<\/p>\n<p>-S\u00ed, se\u00f1or, hacia ese reino es mi camino.<\/p>\n<p>-Si as\u00ed es -dijo el cura-, por la mitad de mi pueblo hemos de pasar, y de all\u00ed tomar\u00e1 vuestra merced la derrota de Cartagena, donde se podr\u00e1 embarcar con la buena ventura; y si hay viento pr\u00f3spero, mar tranquilo y sin borrasca, en poco menos de nueve a\u00f1os se podr\u00e1 estar a vista de la gran laguna Meona, digo, Me\u00f3tides, que est\u00e1 poco m\u00e1s de cien jornadas m\u00e1s ac\u00e1 del reino de vuestra grandeza.<\/p>\n<p>-Vuestra merced est\u00e1 enga\u00f1ado, se\u00f1or m\u00edo -dijo ella-, porque no ha dos a\u00f1os que yo part\u00ed d\u00e9l, y en verdad que nunca tuve buen tiempo, y, con todo eso, he llegado a ver lo que tanto deseaba, que es al se\u00f1or don Quijote de la Mancha, cuyas nuevas llegaron a mis o\u00eddos as\u00ed como puse los pies en Espa\u00f1a, y ellas me movieron a buscarle, para encomendarme en su cortes\u00eda y fiar mi justicia del valor de su invencible brazo.<\/p>\n<p>-No m\u00e1s: cesen mis alabanzas -dijo a esta saz\u00f3n don Quijote-, porque soy enemigo de todo g\u00e9nero de adulaci\u00f3n; y, aunque \u00e9sta no lo sea, todav\u00eda ofenden mis castas orejas semejantes pl\u00e1ticas. Lo que yo s\u00e9 decir, se\u00f1ora m\u00eda, que ora tenga valor o no, el que tuviere o no tuviere se ha de emplear en vuestro servicio hasta perder la vida; y as\u00ed, dejando esto para su tiempo, ruego al se\u00f1or licenciado me diga qu\u00e9 es la causa que le ha tra\u00eddo por estas partes, tan solo, y tan sin criados, y tan a la ligera, que me pone espanto.<\/p>\n<p>-A eso yo responder\u00e9 con brevedad -respondi\u00f3 el cura-, porque sabr\u00e1 vuestra merced, se\u00f1or don Quijote, que yo y maese Nicol\u00e1s, nuestro amigo y nuestro barbero, \u00edbamos a Sevilla a cobrar cierto dinero que un pariente m\u00edo que ha muchos a\u00f1os que pas\u00f3 a Indias me hab\u00eda enviado, y no tan pocos que no pasan de sesenta mil pesos ensayados, que es otro que tal; y, pasando ayer por estos lugares, nos salieron al encuentro cuatro salteadores y nos quitaron hasta las barbas; y de modo nos las quitaron, que le convino al barbero pon\u00e9rselas postizas; y aun a este mancebo que aqu\u00ed va -se\u00f1alando a Cardenio- le pusieron como de nuevo. Y es lo bueno que es p\u00fablica fama por todos estos contornos que los que nos saltearon son de unos galeotes que dicen que libert\u00f3, casi en este mesmo sitio, un hombre tan valiente que, a pesar del comisario y de las guardas, los solt\u00f3 a todos; y, sin duda alguna, \u00e9l deb\u00eda de estar fuera de juicio, o debe de ser tan grande bellaco como ellos, o alg\u00fan hombre sin alma y sin conciencia, pues quiso soltar al lobo entre las ovejas, a la raposa entre las gallinas, a la mosca entre la miel; quiso defraudar la justicia, ir contra su rey y se\u00f1or natural, pues fue contra sus justos mandamientos. Quiso, digo, quitar a las galeras sus pies, poner en alboroto a la Santa Hermandad, que hab\u00eda muchos a\u00f1os que reposaba; quiso, finalmente, hacer un hecho por donde se pierda su alma y no se gane su cuerpo.<\/p>\n<p>Hab\u00edales contado Sancho al cura y al barbero la aventura de los galeotes, que acab\u00f3 su amo con tanta gloria suya, y por esto cargaba la mano el cura refiri\u00e9ndola, por ver lo que hac\u00eda o dec\u00eda don Quijote; al cual se le mudaba la color a cada palabra, y no osaba decir que \u00e9l hab\u00eda sido el libertador de aquella buena gente.<\/p>\n<p>-\u00c9stos, pues -dijo el cura-, fueron los que nos robaron; que Dios, por su misericordia, se lo perdone al que no los dej\u00f3 llevar al debido suplicio.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Primera parte CAP\u00cdTULO XXIX Que trata de la discreci\u00f3n de la hermosa Dorotea, con otras cosas de mucho gusto y pasatiempo -Esta es, se\u00f1ores, la verdadera historia de mi tragedia: mirad y juzgad ahora si los suspiros que escuchastes, las palabras que o\u00edstes y las l\u00e1grimas que de mis ojos\u2026<\/p>\n<p class=\"continue-reading-button\"> <a class=\"continue-reading-link\" href=\"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/don-quijote-de-la-mancha-primera-parte-capitulo-xxix-de-lii-miguel-de-cervantes-saavedra\/\">Seguir leyendo&#8230;<i class=\"crycon-right-dir\"><\/i><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":75,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"rop_custom_images_group":[],"rop_custom_messages_group":[],"rop_publish_now":"initial","rop_publish_now_accounts":{"twitter_226634691_226634691":""},"rop_publish_now_history":[],"rop_publish_now_status":"pending","_uag_custom_page_level_css":"","footnotes":""},"categories":[5,1109],"tags":[1010,1016,1012,1018,1039,2685,2687,1013,1053,1032,1015,1017,1052,1143,1149,1165,2686,1466,1057,2684,2683,1025,1033],"class_list":["post-1062","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-literatura","category-textos-literarios","tag-amor","tag-arte","tag-ave","tag-ayuda","tag-belleza","tag-capitulo","tag-cervantes","tag-ciencia","tag-dinero","tag-estilo","tag-flor","tag-historia","tag-iglesia","tag-justicia","tag-libros-2","tag-mancha","tag-miguel","tag-parte","tag-pensamiento","tag-primera","tag-quijote","tag-rosa","tag-vino"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.3 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>&quot;Don Quijote de La Mancha&quot; 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