{"id":1058,"date":"2010-12-17T20:03:41","date_gmt":"2010-12-17T18:03:41","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cultureduca.com\/blog\/?p=1058"},"modified":"2018-12-22T03:12:42","modified_gmt":"2018-12-22T01:12:42","slug":"don-quijote-de-la-mancha-primera-parte-capitulo-xxv-de-lii-miguel-de-cervantes-saavedra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/don-quijote-de-la-mancha-primera-parte-capitulo-xxv-de-lii-miguel-de-cervantes-saavedra\/","title":{"rendered":"\u00abDon Quijote de La Mancha\u00bb (Primera parte &#8211; cap\u00edtulo XXV de LII) [Miguel de Cervantes Saavedra]"},"content":{"rendered":"<p>Primera parte<\/p>\n<p><strong>CAP\u00cdTULO XXV<\/strong><\/p>\n<p><strong>Que trata de las estra\u00f1as cosas que en Sierra Morena sucedieron al valiente caballero de la Mancha, y de la imitaci\u00f3n que hizo a la penitencia de Beltenebros<\/strong><\/p>\n<p>Despidi\u00f3se del cabrero don Quijote, y, subiendo otra vez sobre Rocinante, mand\u00f3 a Sancho que le siguiese, el cual lo hizo, con su jumento, de muy mala gana. \u00cdbanse poco a poco entrando en lo m\u00e1s \u00e1spero de la monta\u00f1a, y Sancho iba muerto por razonar con su amo, y deseaba que \u00e9l comenzase la pl\u00e1tica, por no contravenir a lo que le ten\u00eda mandado; mas, no pudiendo sufrir tanto silencio, le dijo:<\/p>\n<p>-Se\u00f1or don Quijote, vuestra merced me eche su bendici\u00f3n y me d\u00e9 licencia; que desde aqu\u00ed me quiero volver a mi casa, y a mi mujer y a mis hijos, con los cuales, por lo menos, hablar\u00e9 y departir\u00e9 todo lo que quisiere; porque querer vuestra merced que vaya con \u00e9l por estas soledades, de d\u00eda y de noche, y que no le hable cuando me diere gusto es enterrarme en vida. Si ya quisiera la suerte que los animales hablaran, como hablaban en tiempos de Guisopete, fuera menos mal, porque departiera yo con mi jumento lo que me viniera en gana, y con esto pasara mi mala ventura; que es recia cosa, y que no se puede llevar en paciencia, andar buscando aventuras toda la vida y no hallar sino coces y manteamientos, ladrillazos y pu\u00f1adas, y, con todo esto, nos hemos de coser la boca, sin osar decir lo que el hombre tiene en su coraz\u00f3n, como si fuera mudo.<\/p>\n<p>-Ya te entiendo, Sancho -respondi\u00f3 don Quijote-: t\u00fa mueres porque te alce el entredicho que te tengo puesto en la lengua. Dale por alzado y di lo que quisieres, con condici\u00f3n que no ha de durar este alzamiento m\u00e1s de en cuanto anduvi\u00e9remos por estas sierras.<\/p>\n<p>-Sea ans\u00ed -dijo Sancho-: hable yo ahora, que despu\u00e9s Dios sabe lo que ser\u00e1; y, comenzando a gozar de ese salvoconduto, digo que \u00bfqu\u00e9 le iba a vuestra merced en volver tanto por aquella reina Magimasa, o como se llama? O, \u00bfqu\u00e9 hac\u00eda al caso que aquel abad fuese su amigo o no? Que, si vuestra merced pasara con ello, pues no era su juez, bien creo yo que el loco pasara adelante con su historia, y se hubieran ahorrado el golpe del guijarro, y las coces, y aun m\u00e1s de seis torniscones.<\/p>\n<p>-A fe, Sancho -respondi\u00f3 don Quijote-, que si t\u00fa supieras, como yo lo s\u00e9, cu\u00e1n honrada y cu\u00e1n principal se\u00f1ora era la reina Mad\u00e1sima, yo s\u00e9 que dijeras que tuve mucha paciencia, pues no quebr\u00e9 la boca por donde tales blasfemias salieron; porque es muy gran blasfemia decir ni pensar que una reina est\u00e9 amancebada con un cirujano. La verdad del cuento es que aquel maestro Elisabat, que el loco dijo, fue un hombre muy prudente y de muy sanos consejos, y sirvi\u00f3 de ayo y de m\u00e9dico a la reina; pero pensar que ella era su amiga es disparate digno de muy gran castigo. Y, porque veas que Cardenio no supo lo que dijo, has de advertir que cuando lo dijo ya estaba sin juicio.<\/p>\n<p>-Eso digo yo -dijo Sancho-: que no hab\u00eda para qu\u00e9 hacer cuenta de las palabras de un loco, porque si la buena suerte no ayudara a vuestra merced y encaminara el guijarro a la cabeza, como le encamin\u00f3 al pecho, buenos qued\u00e1ramos por haber vuelto por aquella mi se\u00f1ora, que Dios cohonda. Pues, \u00a1montas que no se librara Cardenio por loco!<\/p>\n<p>-Contra cuerdos y contra locos est\u00e1 obligado cualquier caballero andante a volver por la honra de las mujeres, cualesquiera que sean, cuanto m\u00e1s por las reinas de tan alta guisa y pro como fue la reina Mad\u00e1sima, a quien yo tengo particular afici\u00f3n por sus buenas partes; porque, fuera de haber sido fermosa, adem\u00e1s fue muy prudente y muy sufrida en sus calamidades, que las tuvo muchas; y los consejos y compa\u00f1\u00eda del maestro Elisabat le fue y le fueron de mucho provecho y alivio para poder llevar sus trabajos con prudencia y paciencia. Y de aqu\u00ed tom\u00f3 ocasi\u00f3n el vulgo ignorante y mal intencionado de decir y pensar que ella era su manceba; y mienten, digo otra vez, y mentir\u00e1n otras docientas, todos los que tal pensaren y dijeren.<\/p>\n<p>-Ni yo lo digo ni lo pienso -respondi\u00f3 Sancho-: all\u00e1 se lo hayan; con su pan se lo coman. Si fueron amancebados, o no, a Dios habr\u00e1n dado la cuenta.<\/p>\n<p>De mis vi\u00f1as vengo, no s\u00e9 nada; no soy amigo de saber vidas ajenas; que el que compra y miente, en su bolsa lo siente. Cuanto m\u00e1s, que desnudo nac\u00ed, desnudo me hallo: ni pierdo ni gano; mas que lo fuesen, \u00bfqu\u00e9 me va a m\u00ed? Y muchos piensan que hay tocinos y no hay estacas. Mas, \u00bfqui\u00e9n puede poner puertas al campo? Cuanto m\u00e1s, que de Dios dijeron.<\/p>\n<p>-\u00a1V\u00e1lame Dios -dijo don Quijote-, y qu\u00e9 de necedades vas, Sancho, ensartando! \u00bfQu\u00e9 va de lo que tratamos a los refranes que enhilas? Por tu vida, Sancho, que calles; y de aqu\u00ed adelante, entrem\u00e9tete en espolear a tu asno, y deja de hacello en lo que no te importa. Y entiende con todos tus cinco sentidos que todo cuanto yo he hecho, hago e hiciere, va muy puesto en raz\u00f3n y muy conforme a las reglas de caballer\u00eda, que las s\u00e9 mejor que cuantos caballeros las profesaron en el mundo.<\/p>\n<p>-Se\u00f1or -respondi\u00f3 Sancho-, y \u00bfes buena regla de caballer\u00eda que andemos perdidos por estas monta\u00f1as, sin senda ni camino, buscando a un loco, el cual, despu\u00e9s de hallado, quiz\u00e1 le vendr\u00e1 en voluntad de acabar lo que dej\u00f3 comenzado, no de su cuento, sino de la cabeza de vuestra merced y de mis costillas, acab\u00e1ndonoslas de romper de todo punto?<\/p>\n<p>-Calla, te digo otra vez, Sancho -dijo don Quijote-; porque te hago saber que no s\u00f3lo me trae por estas partes el deseo de hallar al loco, cuanto el que tengo de hacer en ellas una haza\u00f1a con que he de ganar perpetuo nombre y fama en todo lo descubierto de la tierra; y ser\u00e1 tal, que he de echar con ella el sello a todo aquello que puede hacer perfecto y famoso a un andante caballero.<\/p>\n<p>-Y \u00bfes de muy gran peligro esa haza\u00f1a? -pregunt\u00f3 Sancho Panza.<\/p>\n<p>-No -respondi\u00f3 el de la Triste Figura-, puesto que de tal manera pod\u00eda correr el dado, que ech\u00e1semos azar en lugar de encuentro; pero todo ha de estar en tu diligencia.<\/p>\n<p>-\u00bfEn mi diligencia? -dijo Sancho.<\/p>\n<p>-S\u00ed -dijo don Quijote-, porque si vuelves presto de adonde pienso enviarte, presto se acabar\u00e1 mi pena y presto comenzar\u00e1 mi gloria. Y, porque no es bien que te tenga m\u00e1s suspenso, esperando en lo que han de parar mis razones, quiero, Sancho, que sepas que el famoso Amad\u00eds de Gaula fue uno de los m\u00e1s perfectos caballeros andantes. No he dicho bien fue uno: fue el solo, el primero, el \u00fanico, el se\u00f1or de todos cuantos hubo en su tiempo en el mundo. Mal a\u00f1o y mal mes para don Belian\u00eds y para todos aquellos que dijeren que se le igual\u00f3 en algo, porque se enga\u00f1an, juro cierto. Digo asimismo que, cuando alg\u00fan pintor quiere salir famoso en su arte, procura imitar los originales de los m\u00e1s \u00fanicos pintores que sabe; y esta mesma regla corre por todos los m\u00e1s oficios o ejercicios de cuenta que sirven para adorno de las rep\u00fablicas. Y as\u00ed lo ha de hacer y hace el que quiere alcanzar nombre de prudente y sufrido, imitando a Ulises, en cuya persona y trabajos nos pinta Homero un retrato vivo de prudencia y de sufrimiento; como tambi\u00e9n nos mostr\u00f3 Virgilio, en persona de Eneas, el valor de un hijo piadoso y la sagacidad de un valiente y entendido capit\u00e1n, no pint\u00e1ndolo ni descubri\u00e9ndolo como ellos fueron, sino como hab\u00edan de ser, para quedar ejemplo a los venideros hombres de sus virtudes. Desta mesma suerte, Amad\u00eds fue el norte, el lucero, el sol de los valientes y enamorados caballeros, a quien debemos de imitar todos aquellos que debajo de la bandera de amor y de la caballer\u00eda militamos. Siendo, pues, esto ans\u00ed, como lo es, hallo yo, Sancho amigo, que el caballero andante que m\u00e1s le imitare estar\u00e1 m\u00e1s cerca de alcanzar la perfeci\u00f3n de la caballer\u00eda. Y una de las cosas en que m\u00e1s este caballero mostr\u00f3 su prudencia, valor, valent\u00eda, sufrimiento, firmeza y amor, fue cuando se retir\u00f3, desde\u00f1ado de la se\u00f1ora Oriana, a hacer penitencia en la Pe\u00f1a Pobre, mudado su nombre en el de Beltenebros, nombre, por cierto, significativo y proprio para la vida que \u00e9l de su voluntad hab\u00eda escogido. Ans\u00ed que, me es a m\u00ed m\u00e1s f\u00e1cil imitarle en esto que no en hender gigantes, descabezar serpientes, matar endriagos, desbaratar ej\u00e9rcitos, fracasar armadas y deshacer encantamentos. Y, pues estos lugares son tan acomodados para semejantes efectos, no hay para qu\u00e9 se deje pasar la ocasi\u00f3n, que ahora con tanta comodidad me ofrece sus guedejas.<\/p>\n<p>-En efecto -dijo Sancho-, \u00bfqu\u00e9 es lo que vuestra merced quiere hacer en este tan remoto lugar?<\/p>\n<p>-\u00bfYa no te he dicho -respondi\u00f3 don Quijote- que quiero imitar a Amad\u00eds, haciendo aqu\u00ed del desesperado, del sandio y del furioso, por imitar juntamente al valiente don Rold\u00e1n, cuando hall\u00f3 en una fuente las se\u00f1ales de que Ang\u00e9lica la Bella hab\u00eda cometido vileza con Medoro, de cuya pesadumbre se volvi\u00f3 loco y arranc\u00f3 los \u00e1rboles, enturbi\u00f3 las aguas de las claras fuentes, mat\u00f3 pastores, destruy\u00f3 ganados, abras\u00f3 chozas, derrib\u00f3 casas, arrastr\u00f3 yeguas y hizo otras cien mil insolencias, dignas de eterno nombre y escritura? Y, puesto que yo no pienso imitar a Rold\u00e1n, o Orlando, o Rotolando (que todos estos tres nombres ten\u00eda), parte por parte en todas las locuras que hizo, dijo y pens\u00f3, har\u00e9 el bosquejo, como mejor pudiere, en las que me pareciere ser m\u00e1s esenciales. Y podr\u00e1 ser que viniese a contentarme con sola la imitaci\u00f3n de Amad\u00eds, que sin hacer locuras de da\u00f1o, sino de lloros y sentimientos, alcanz\u00f3 tanta fama como el que m\u00e1s.<\/p>\n<p>-Par\u00e9ceme a m\u00ed -dijo Sancho- que los caballeros que lo tal ficieron fueron provocados y tuvieron causa para hacer esas necedades y penitencias, pero vuestra merced, \u00bfqu\u00e9 causa tiene para volverse loco? \u00bfQu\u00e9 dama le ha desde\u00f1ado, o qu\u00e9 se\u00f1ales ha hallado que le den a entender que la se\u00f1ora Dulcinea del Toboso ha hecho alguna ni\u00f1er\u00eda con moro o cristiano?<\/p>\n<p>-Ah\u00ed esta el punto -respondi\u00f3 don Quijote- y \u00e9sa es la fineza de mi negocio; que volverse loco un caballero andante con causa, ni grado ni gracias: el toque est\u00e1 desatinar sin ocasi\u00f3n y dar a entender a mi dama que si en seco hago esto, \u00bfqu\u00e9 hiciera en mojado? Cuanto m\u00e1s, que harta ocasi\u00f3n tengo en la larga ausencia que he hecho de la siempre se\u00f1ora m\u00eda Dulcinea del Toboso; que, como ya o\u00edste decir a aquel pastor de marras, Ambrosio: quien est\u00e1 ausente todos los males tiene y teme. As\u00ed que, Sancho amigo, no gastes tiempo en aconsejarme que deje tan rara, tan felice y tan no vista imitaci\u00f3n. Loco soy, loco he de ser hasta tanto que t\u00fa vuelvas con la respuesta de una carta que contigo pienso enviar a mi se\u00f1ora Dulcinea; y si fuere tal cual a mi fe se le debe, acabarse ha mi sandez y mi penitencia; y si fuere al contrario, ser\u00e9 loco de veras, y, si\u00e9ndolo, no sentir\u00e9 nada.<\/p>\n<p>Ans\u00ed que, de cualquiera manera que responda, saldr\u00e9 del conflito y trabajo en que me dejares, gozando el bien que me trujeres, por cuerdo, o no sintiendo el mal que me aportares, por loco. Pero dime, Sancho, \u00bftraes bien guardado el yelmo de Mambrino?; que ya vi que le alzaste del suelo cuando aquel desagradecido le quiso hacer pedazos. Pero no pudo, donde se puede echar de ver la fineza de su temple.<\/p>\n<p>A lo cual respondi\u00f3 Sancho:<\/p>\n<p>-Vive Dios, se\u00f1or Caballero de la Triste Figura, que no puedo sufrir ni llevar en paciencia algunas cosas que vuestra merced dice, y que por ellas vengo a imaginar que todo cuanto me dice de caballer\u00edas y de alcanzar reinos e imperios, de dar \u00ednsulas y de hacer otras mercedes y grandezas, como es uso de caballeros andantes, que todo debe de ser cosa de viento y mentira, y todo pastra\u00f1a, o patra\u00f1a, o como lo llam\u00e1remos. Porque quien oyere decir a vuestra merced que una bac\u00eda de barbero es el yelmo de Mambrino, y que no salga de este error en m\u00e1s de cuatro d\u00edas, \u00bfqu\u00e9 ha de pensar, sino que quien tal dice y afirma debe de tener g\u00fcero el juicio? La bac\u00eda yo la llevo en el costal, toda abollada, y ll\u00e9vola para aderezarla en mi casa y hacerme la barba en ella, si Dios me diere tanta gracia que alg\u00fan d\u00eda me vea con mi mujer y hijos.<\/p>\n<p>-Mira, Sancho, por el mismo que denantes juraste, te juro -dijo don Quijote- que tienes el m\u00e1s corto entendimiento que tiene ni tuvo escudero en el mundo. \u00bfQue es posible que en cuanto ha que andas conmigo no has echado de ver que todas las cosas de los caballeros andantes parecen quimeras, necedades y desatinos, y que son todas hechas al rev\u00e9s? Y no porque sea ello ans\u00ed, sino porque andan entre nosotros siempre una caterva de encantadores que todas nuestras cosas mudan y truecan y les vuelven seg\u00fan su gusto, y seg\u00fan tienen la gana de favorecernos o destruirnos; y as\u00ed, eso que a ti te parece bac\u00eda de barbero, me parece a m\u00ed el yelmo de Mambrino, y a otro le parecer\u00e1 otra cosa. Y fue rara providencia del sabio que es de mi parte hacer que parezca bac\u00eda a todos lo que real y verdaderamente es yelmo de Mambrino, a causa que, siendo \u00e9l de tanta estima, todo el mundo me perseguir\u00e1 por quit\u00e1rmele; pero, como ven que no es m\u00e1s de un bac\u00edn de barbero, no se curan de procuralle, como se mostr\u00f3 bien en el que quiso rompelle y le dej\u00f3 en el suelo sin llevarle; que a fe que si le conociera, que nunca \u00e9l le dejara. Gu\u00e1rdale, amigo, que por ahora no le he menester; que antes me tengo de quitar todas estas armas y quedar desnudo como cuando nac\u00ed, si es que me da en voluntad de seguir en mi penitencia m\u00e1s a Rold\u00e1n que a Amad\u00eds.<\/p>\n<p>Llegaron, en estas pl\u00e1ticas, al pie de una alta monta\u00f1a que, casi como pe\u00f1\u00f3n tajado, estaba sola entre otras muchas que la rodeaban. Corr\u00eda por su falda un manso arroyuelo, y hac\u00edase por toda su redondez un prado tan verde y vicioso, que daba contento a los ojos que le miraban. Hab\u00eda por all\u00ed muchos \u00e1rboles silvestres y algunas plantas y flores, que hac\u00edan el lugar apacible. Este sitio escogi\u00f3 el Caballero de la Triste Figura para hacer su penitencia; y as\u00ed, en vi\u00e9ndole, comenz\u00f3 a decir en voz alta, como si estuviera sin juicio:<\/p>\n<p>-\u00c9ste es el lugar, \u00a1oh cielos!, que diputo y escojo para llorar la desventura en que vosotros mesmos me hab\u00e9is puesto. \u00c9ste es el sitio donde el humor de mis ojos acrecentar\u00e1 las aguas deste peque\u00f1o arroyo, y mis continos y profundos sospiros mover\u00e1n a la contina las hojas destos montaraces \u00e1rboles, en testimonio y se\u00f1al de la pena que mi asendereado coraz\u00f3n padece. \u00a1Oh vosotros, quienquiera que se\u00e1is, r\u00fasticos dioses que en este inhabitable lugar ten\u00e9is vuestra morada, o\u00edd las quejas deste desdichado amante, a quien una luenga ausencia y unos imaginados celos han tra\u00eddo a lamentarse entre estas asperezas, y a quejarse de la dura condici\u00f3n de aquella ingrata y bella, t\u00e9rmino y fin de toda humana hermosura! \u00a1Oh vosotras, napeas y dr\u00edadas, que ten\u00e9is por costumbre de habitar en las espesuras de los montes, as\u00ed los ligeros y lascivos s\u00e1tiros, de quien sois, aunque en vano, amadas, no perturben jam\u00e1s vuestro dulce sosiego, que me ayud\u00e9is a lamentar mi desventura, o, a lo menos, no os cans\u00e9is de o\u00edlla! \u00a1Oh Dulcinea del Toboso, d\u00eda de mi noche, gloria de mi pena, norte de mis caminos, estrella de mi ventura, as\u00ed el cielo te la d\u00e9 buena en cuanto acertares a pedirle, que consideres el lugar y el estado a que tu ausencia me ha conducido, y que con buen t\u00e9rmino correspondas al que a mi fe se le debe! \u00a1Oh solitarios \u00e1rboles, que desde hoy en adelante hab\u00e9is de hacer compa\u00f1\u00eda a mi soledad, dad indicio, con el blando movimiento de vuestras ramas, que no os desagrade mi presencia! \u00a1Oh t\u00fa, escudero m\u00edo, agradable compa\u00f1ero en m\u00e1s pr\u00f3speros y adversos sucesos, toma bien en la memoria lo que aqu\u00ed me ver\u00e1s hacer, para que lo cuentes y recetes a la causa total de todo ello!<\/p>\n<p>Y, diciendo esto, se ape\u00f3 de Rocinante, y en un momento le quit\u00f3 el freno y la silla; y, d\u00e1ndole una palmada en las ancas, le dijo:<\/p>\n<p>-Libertad te da el que sin ella queda, \u00a1oh caballo tan estremado por tus obras cuan desdichado por tu suerte! Vete por do quisieres, que en la frente llevas escrito que no te igual\u00f3 en ligereza el Hipogrifo de Astolfo, ni el nombrado Frontino, que tan caro le cost\u00f3 a Bradamante.<\/p>\n<p>Viendo esto Sancho, dijo:<\/p>\n<p>-Bien haya quien nos quit\u00f3 ahora del trabajo de desenalbardar al rucio; que a fe que no faltaran palmadicas que dalle, ni cosas que decille en su alabanza; pero si \u00e9l aqu\u00ed estuviera, no consintiera yo que nadie le desalbardara, pues no hab\u00eda para qu\u00e9, que a \u00e9l no le tocaban las generales de enamorado ni de desesperado, pues no lo estaba su amo, que era yo, cuando Dios quer\u00eda. Y en verdad, se\u00f1or Caballero de la Triste Figura, que si es que mi partida y su locura de vuestra merced va de veras, que ser\u00e1 bien tornar a ensillar a Rocinante, para que supla la falta del rucio, porque ser\u00e1 ahorrar tiempo a mi ida y vuelta; que si la hago a pie, no s\u00e9 cu\u00e1ndo llegar\u00e9 ni cu\u00e1ndo volver\u00e9, porque, en resoluci\u00f3n, soy mal caminante.<\/p>\n<p>-Digo, Sancho -respondi\u00f3 don Quijote-, que sea como t\u00fa quisieres, que no me parece mal tu designio; y digo que de aqu\u00ed a tres d\u00edas te partir\u00e1s, porque quiero que en este tiempo veas lo que por ella hago y digo, para que se lo digas.<\/p>\n<p>-Pues, \u00bfqu\u00e9 m\u00e1s tengo de ver -dijo Sancho- que lo que he visto?<\/p>\n<p>-\u00a1Bien est\u00e1s en el cuento! -respondi\u00f3 don Quijote-. Ahora me falta rasgar las vestiduras, esparcir las armas y darme de calabazadas por estas pe\u00f1as, con otras cosas deste jaez que te han de admirar.<\/p>\n<p>-Por amor de Dios -dijo Sancho-, que mire vuestra merced c\u00f3mo se da esas calabazadas; que a tal pe\u00f1a podr\u00e1 llegar, y en tal punto, que con la primera se acabase la m\u00e1quina desta penitencia; y ser\u00eda yo de parecer que, ya que vuestra merced le parece que son aqu\u00ed necesarias calabazadas y que no se puede hacer esta obra sin ellas, se contentase, pues todo esto es fingido y cosa contrahecha y de burla, se contentase, digo, con d\u00e1rselas en el agua, o en alguna cosa blanda, como algod\u00f3n; y d\u00e9jeme a m\u00ed el cargo, que yo dir\u00e9 a mi se\u00f1ora que vuestra merced se las daba en una punta de pe\u00f1a m\u00e1s dura que la de un diamante.<\/p>\n<p>-Yo agradezco tu buena intenci\u00f3n, amigo Sancho -respondi\u00f3 don Quijote-, mas qui\u00e9rote hacer sabidor de que todas estas cosas que hago no son de burlas, sino muy de veras; porque de otra manera, ser\u00eda contravenir a las \u00f3rdenes de caballer\u00eda, que nos mandan que no digamos mentira alguna, pena de relasos, y el hacer una cosa por otra lo mesmo es que mentir. Ans\u00ed que, mis calabazadas han de ser verdaderas, firmes y valederas, sin que lleven nada del sof\u00edstico ni del fant\u00e1stico. Y ser\u00e1 necesario que me dejes algunas hilas para curarme, pues que la ventura quiso que nos faltase el b\u00e1lsamo que perdimos.<\/p>\n<p>-M\u00e1s fue perder el asno -respondi\u00f3 Sancho-, pues se perdieron en \u00e9l las hilas y todo. Y ru\u00e9gole a vuestra merced que no se acuerde m\u00e1s de aquel maldito brebaje; que en s\u00f3lo o\u00edrle mentar se me revuelve el alma, no que el est\u00f3mago. Y m\u00e1s le ruego: que haga cuenta que son ya pasados los tres d\u00edas que me ha dado de t\u00e9rmino para ver las locuras que hace, que ya las doy por vistas y por pasadas en cosa juzgada, y dir\u00e9 maravillas a mi se\u00f1ora; y escriba la carta y desp\u00e1cheme luego, porque tengo gran deseo de volver a sacar a vuestra merced deste purgatorio donde le dejo.<\/p>\n<p>-\u00bfPurgatorio le llamas, Sancho? -dijo don Quijote-. Mejor hicieras de llamarle infierno, y aun peor, si hay otra cosa que lo sea.<\/p>\n<p>-Quien ha infierno -respondi\u00f3 Sancho-, nula es retencio, seg\u00fan he o\u00eddo decir.<\/p>\n<p>-No entiendo qu\u00e9 quiere decir retencio -dijo don Quijote.<\/p>\n<p>-Retencio es -respondi\u00f3 Sancho- que quien est\u00e1 en el infierno nunca sale d\u00e9l, ni puede. Lo cual ser\u00e1 al rev\u00e9s en vuestra merced, o a m\u00ed me andar\u00e1n mal los pies, si es que llevo espuelas para avivar a Rocinante; y p\u00f3ngame yo una por una en el Toboso, y delante de mi se\u00f1ora Dulcinea, que yo le dir\u00e9 tales cosas de las necedades y locuras, que todo es uno, que vuestra merced ha hecho y queda haciendo, que la venga a poner m\u00e1s blanda que un guante, aunque la halle m\u00e1s dura que un alcornoque; con cuya respuesta dulce y melificada volver\u00e9 por los aires, como brujo, y sacar\u00e9 a vuestra merced deste purgatorio, que parece infierno y no lo es, pues hay esperanza de salir d\u00e9l, la cual, como tengo dicho, no la tienen de salir los que est\u00e1n en el infierno, ni creo que vuestra merced dir\u00e1 otra cosa.<\/p>\n<p>-As\u00ed es la verdad -dijo el de la Triste Figura-; pero, \u00bfqu\u00e9 haremos para escribir la carta?<\/p>\n<p>-Y la libranza pollinesca tambi\u00e9n -a\u00f1adi\u00f3 Sancho.<\/p>\n<p>-Todo ir\u00e1 inserto -dijo don Quijote-; y ser\u00eda bueno, ya que no hay papel, que la escribi\u00e9semos, como hac\u00edan los antiguos, en hojas de \u00e1rboles, o en unas tablitas de cera; aunque tan dificultoso ser\u00e1 hallarse eso ahora como el papel. Mas ya me ha venido a la memoria d\u00f3nde ser\u00e1 bien, y aun m\u00e1s que bien, escribilla: que es en el librillo de memoria que fue de Cardenio; y t\u00fa tendr\u00e1s cuidado de hacerla trasladar en papel, de buena letra, en el primer lugar que hallares, donde haya maestro de escuela de muchachos, o si no, cualquiera sacrist\u00e1n te la trasladar\u00e1; y no se la des a trasladar a ning\u00fan escribano, que hacen letra procesada, que no la entender\u00e1 Satan\u00e1s.<\/p>\n<p>-Pues, \u00bfqu\u00e9 se ha de hacer de la firma? -dijo Sancho.<\/p>\n<p>-Nunca las cartas de Amad\u00eds se firman -respondi\u00f3 don Quijote.<\/p>\n<p>-Est\u00e1 bien -respondi\u00f3 Sancho-, pero la libranza forzosamente se ha de firmar, y \u00e9sa, si se traslada, dir\u00e1n que la firma es falsa y quedar\u00e9me sin pollinos.<\/p>\n<p>-La libranza ir\u00e1 en el mesmo librillo firmada; que, en vi\u00e9ndola, mi sobrina no pondr\u00e1 dificultad en cumplilla. Y, en lo que toca a la carta de amores, pondr\u00e1s por firma: \u00abVuestro hasta la muerte, el Caballero de la Triste Figura\u00bb. Y har\u00e1 poco al caso que vaya de mano ajena, porque, a lo que yo me s\u00e9 acordar, Dulcinea no sabe escribir ni leer, y en toda su vida ha visto letra m\u00eda ni carta m\u00eda, porque mis amores y los suyos han sido siempre plat\u00f3nicos, sin estenderse a m\u00e1s que a un honesto mirar. Y aun esto tan de cuando en cuando, que osar\u00e9 jurar con verdad que en doce a\u00f1os que ha que la quiero m\u00e1s que a la lumbre destos ojos que han de comer la tierra, no la he visto cuatro veces; y aun podr\u00e1 ser que destas cuatro veces no hubiese ella echado de ver la una que la miraba: tal es el recato y encerramiento con que sus padres, Lorenzo Corchuelo, y su madre, Aldonza Nogales, la han criado.<\/p>\n<p>-\u00a1Ta, ta! -dijo Sancho-. \u00bfQue la hija de Lorenzo Corchuelo es la se\u00f1ora Dulcinea del Toboso, llamada por otro nombre Aldonza Lorenzo?<\/p>\n<p>-\u00c9sa es -dijo don Quijote-, y es la que merece ser se\u00f1ora de todo el universo.<\/p>\n<p>-Bien la conozco -dijo Sancho-, y s\u00e9 decir que tira tan bien una barra como el m\u00e1s forzudo zagal de todo el pueblo. \u00a1Vive el Dador, que es moza de chapa, hecha y derecha y de pelo en pecho, y que puede sacar la barba del lodo a cualquier caballero andante, o por andar, que la tuviere por se\u00f1ora!<\/p>\n<p>\u00a1Oh hideputa, qu\u00e9 dejo que tiene, y qu\u00e9 voz! S\u00e9 decir que se puso un d\u00eda encima del campanario del aldea a llamar unos zagales suyos que andaban en un barbecho de su padre, y, aunque estaban de all\u00ed m\u00e1s de media legua, as\u00ed la oyeron como si estuvieran al pie de la torre. Y lo mejor que tiene es que no es nada melindrosa, porque tiene mucho de cortesana: con todos se burla y de todo hace mueca y donaire. Ahora digo, se\u00f1or Caballero de la Triste Figura, que no solamente puede y debe vuestra merced hacer locuras por ella, sino que, con justo t\u00edtulo, puede desesperarse y ahorcarse; que nadie habr\u00e1 que lo sepa que no diga que hizo demasiado de bien, puesto que le lleve el diablo. Y querr\u00eda ya verme en camino, s\u00f3lo por vella; que ha muchos d\u00edas que no la veo, y debe de estar ya trocada, porque gasta mucho la faz de las mujeres andar siempre al campo, al sol y al aire. Y confieso a vuestra merced una verdad, se\u00f1or don Quijote: que hasta aqu\u00ed he estado en una grande ignorancia; que pensaba bien y fielmente que la se\u00f1ora Dulcinea deb\u00eda de ser alguna princesa de quien vuestra merced estaba enamorado, o alguna persona tal, que mereciese los ricos presentes que vuestra merced le ha enviado: as\u00ed el del vizca\u00edno como el de los galeotes, y otros muchos que deben ser, seg\u00fan deben de ser muchas las vitorias que vuestra merced ha ganado y gan\u00f3 en el tiempo que yo a\u00fan no era su escudero. Pero, bien considerado, \u00bfqu\u00e9 se le ha de dar a la se\u00f1ora Aldonza Lorenzo, digo, a la se\u00f1ora Dulcinea del Toboso, de que se le vayan a hincar de rodillas delante della los vencidos que vuestra merced le env\u00eda y ha de enviar? Porque podr\u00eda ser que, al tiempo que ellos llegasen, estuviese ella rastrillando lino, o trillando en las eras, y ellos se corriesen de verla, y ella se riese y enfadase del presente.<\/p>\n<p>-Ya te tengo dicho antes de agora muchas veces, Sancho -dijo don Quijote-, que eres muy grande hablador, y que, aunque de ingenio boto, muchas veces despuntas de agudo. Mas, para que veas cu\u00e1n necio eres t\u00fa y cu\u00e1n discreto soy yo, quiero que me oyas un breve cuento. \u00abHas de saber que una viuda hermosa, moza, libre y rica, y, sobre todo, desenfadada, se enamor\u00f3 de un mozo motil\u00f3n, rollizo y de buen tomo. Alcanz\u00f3lo a saber su mayor, y un d\u00eda dijo a la buena viuda, por v\u00eda de fraternal reprehensi\u00f3n: \u00bbMaravillado estoy, se\u00f1ora, y no sin mucha causa, de que una mujer tan principal, tan hermosa y tan rica como vuestra merced, se haya enamorado de un hombre tan soez, tan bajo y tan idiota como fulano, habiendo en esta casa tantos maestros, tantos presentados y tantos te\u00f3logos, en quien vuestra merced pudiera escoger como entre peras, y decir: \u00ab\u00c9ste quiero, aqu\u00e9ste no quiero\u00bb\u00bb. Mas ella le respondi\u00f3, con mucho donaire y desenvoltura:<\/p>\n<p>\u00bbVuestra merced, se\u00f1or m\u00edo, est\u00e1 muy enga\u00f1ado, y piensa muy a lo antiguo si piensa que yo he escogido mal en fulano, por idiota que le parece, pues, para lo que yo le quiero, tanta filosof\u00eda sabe, y m\u00e1s, que Arist\u00f3teles\u00bb\u00bb.<\/p>\n<p>As\u00ed que, Sancho, por lo que yo quiero a Dulcinea del Toboso, tanto vale como la m\u00e1s alta princesa de la tierra. S\u00ed, que no todos los poetas que alaban damas, debajo de un nombre que ellos a su albedr\u00edo les ponen, es verdad que las tienen. \u00bfPiensas t\u00fa que las Amariles, las Filis, las Silvias, las Dianas, las Galateas, las Alidas y otras tales de que los libros, los romances, las tiendas de los barberos, los teatros de las comedias, est\u00e1n llenos, fueron verdaderamente damas de carne y hueso, y de aqu\u00e9llos que las celebran y celebraron? No, por cierto, sino que las m\u00e1s se las fingen, por dar subjeto a sus versos y porque los tengan por enamorados y por hombres que tienen valor para serlo. Y as\u00ed, b\u00e1stame a m\u00ed pensar y creer que la buena de Aldonza Lorenzo es hermosa y honesta; y en lo del linaje importa poco, que no han de ir a hacer la informaci\u00f3n d\u00e9l para darle alg\u00fan h\u00e1bito, y yo me hago cuenta que es la m\u00e1s alta princesa del mundo.<\/p>\n<p>Porque has de saber, Sancho, si no lo sabes, que dos cosas solas incitan a amar m\u00e1s que otras, que son la mucha hermosura y la buena fama; y estas dos cosas se hallan consumadamente en Dulcinea, porque en ser hermosa ninguna le iguala, y en la buena fama, pocas le llegan. Y para concluir con todo, yo imagino que todo lo que digo es as\u00ed, sin que sobre ni falte nada; y p\u00edntola en mi imaginaci\u00f3n como la deseo, as\u00ed en la belleza como en la principalidad, y ni la llega Elena, ni la alcanza Lucrecia, ni otra alguna de las famosas mujeres de las edades pret\u00e9ritas, griega, b\u00e1rbara o latina.<\/p>\n<p>Y diga cada uno lo que quisiere; que si por esto fuere reprehendido de los ignorantes, no ser\u00e9 castigado de los rigurosos.<\/p>\n<p>-Digo que en todo tiene vuestra merced raz\u00f3n -respondi\u00f3 Sancho-, y que yo soy un asno. Mas no s\u00e9 yo para qu\u00e9 nombro asno en mi boca, pues no se ha de mentar la soga en casa del ahorcado. Pero venga la carta, y a Dios, que me mudo.<\/p>\n<p>Sac\u00f3 el libro de memoria don Quijote, y, apart\u00e1ndose a una parte, con mucho sosiego comenz\u00f3 a escribir la carta; y, en acab\u00e1ndola, llam\u00f3 a Sancho y le dijo que se la quer\u00eda leer, porque la tomase de memoria, si acaso se le perdiese por el camino, porque de su desdicha todo se pod\u00eda temer. A lo cual respondi\u00f3 Sancho:<\/p>\n<p>-Escr\u00edbala vuestra merced dos o tres veces ah\u00ed en el libro y d\u00e9mele, que yo le llevar\u00e9 bien guardado, porque pensar que yo la he de tomar en la memoria es disparate: que la tengo tan mala que muchas veces se me olvida c\u00f3mo me llamo. Pero, con todo eso, d\u00edgamela vuestra merced, que me holgar\u00e9 mucho de o\u00edlla, que debe de ir como de molde.<\/p>\n<p>-Escucha, que as\u00ed dice -dijo don Quijote:<\/p>\n<p>Carta de don Quijote a Dulcinea del Toboso Soberana y alta se\u00f1ora:<\/p>\n<p>El ferido de punta de ausencia y el llagado de las telas del coraz\u00f3n, dulc\u00edsima Dulcinea del Toboso, te env\u00eda la salud que \u00e9l no tiene. Si tu fermosura me desprecia, si tu valor no es en mi pro, si tus desdenes son en mi afincamiento, maguer que yo sea asaz de sufrido, mal podr\u00e9 sostenerme en esta cuita, que, adem\u00e1s de ser fuerte, es muy duradera. Mi buen escudero Sancho te dar\u00e1 entera relaci\u00f3n, \u00a1oh bella ingrata, amada enemiga m\u00eda!, del modo que por tu causa quedo. Si gustares de acorrerme, tuyo soy; y si no, haz lo que te viniere en gusto; que, con acabar mi vida, habr\u00e9 satisfecho a tu crueldad y a mi deseo.<\/p>\n<p>Tuyo hasta la muerte, El Caballero de la Triste Figura.<\/p>\n<p>-Por vida de mi padre -dijo Sancho en oyendo la carta-, que es la m\u00e1s alta cosa que jam\u00e1s he o\u00eddo. \u00a1Pesia a m\u00ed, y c\u00f3mo que le dice vuestra merced ah\u00ed todo cuanto quiere, y qu\u00e9 bien que encaja en la firma El Caballero de la Triste Figura! Digo de verdad que es vuestra merced el mesmo diablo, y que no haya cosa que no sepa.<\/p>\n<p>-Todo es menester -respondi\u00f3 don Quijote- para el oficio que trayo.<\/p>\n<p>-Ea, pues -dijo Sancho-, ponga vuestra merced en esotra vuelta la c\u00e9dula de los tres pollinos y f\u00edrmela con mucha claridad, porque la conozcan en vi\u00e9ndola.<\/p>\n<p>-Que me place -dijo don Quijote.<\/p>\n<p>Y, habi\u00e9ndola escrito,se la ley\u00f3; que dec\u00eda ans\u00ed:<\/p>\n<p>Mandar\u00e1 vuestra merced, por esta primera de pollinos, se\u00f1ora sobrina, dar a Sancho Panza, mi escudero, tres de los cinco que dej\u00e9 en casa y est\u00e1n a cargo de vuestra merced. Los cuales tres pollinos se los mando librar y pagar por otros tantos aqu\u00ed recebidos de contado, que consta, y con su carta de pago ser\u00e1n bien dados. Fecha en las entra\u00f1as de Sierra Morena, a veinte y dos de agosto deste presente a\u00f1o.<\/p>\n<p>-Buena est\u00e1 -dijo Sancho-; f\u00edrmela vuestra merced.<\/p>\n<p>-No es menester firmarla -dijo don Quijote-, sino solamente poner mi r\u00fabrica, que es lo mesmo que firma, y para tres asnos, y aun para trecientos, fuera bastante.<\/p>\n<p>-Yo me conf\u00edo de vuestra merced -respondi\u00f3 Sancho-. D\u00e9jeme, ir\u00e9 a ensillar a Rocinante, y apar\u00e9jese vuestra merced a echarme su bendici\u00f3n, que luego pienso partirme, sin ver las sandeces que vuestra merced ha de hacer, que yo dir\u00e9 que le vi hacer tantas que no quiera m\u00e1s.<\/p>\n<p>-Por lo menos quiero, Sancho, y porque es menester ans\u00ed, quiero, digo, que me veas en cueros, y hacer una o dos docenas de locuras, que las har\u00e9 en menos de media hora, porque, habi\u00e9ndolas t\u00fa visto por tus ojos, puedas jurar a tu salvo en las dem\u00e1s que quisieres a\u00f1adir; y aseg\u00farote que no dir\u00e1s t\u00fa tantas cuantas yo pienso hacer.<\/p>\n<p>-Por amor de Dios, se\u00f1or m\u00edo, que no vea yo en cueros a vuestra merced, que me dar\u00e1 mucha l\u00e1stima y no podr\u00e9 dejar de llorar; y tengo tal la cabeza, del llanto que anoche hice por el rucio, que no estoy para meterme en nuevos lloros; y si es que vuestra merced gusta de que yo vea algunas locuras, h\u00e1galas vestido, breves y las que le vinieren m\u00e1s a cuento. Cuanto m\u00e1s, que para m\u00ed no era menester nada deso, y, como ya tengo dicho, fuera ahorrar el camino de mi vuelta, que ha de ser con las nuevas que vuestra merced desea y merece. Y si no, apar\u00e9jese la se\u00f1ora Dulcinea; que si no responde como es raz\u00f3n, voto hago solene a quien puedo que le tengo de sacar la buena respuesta del est\u00f3mago a coces y a bofetones. Porque, \u00bfd\u00f3nde se ha de sufrir que un caballero andante, tan famoso como vuestra merced, se vuelva loco, sin qu\u00e9 ni para qu\u00e9, por una&#8230;? No me lo haga decir la se\u00f1ora, porque por Dios que despotrique y lo eche todo a doce, aunque nunca se venda. \u00a1Bonico soy yo para eso! \u00a1Mal me conoce! \u00a1Pues, a fe que si me conociese, que me ayunase!<\/p>\n<p>-A fe, Sancho -dijo don Quijote-, que, a lo que parece, que no est\u00e1s t\u00fa m\u00e1s cuerdo que yo.<\/p>\n<p>-No estoy tan loco -respondi\u00f3 Sancho-, mas estoy m\u00e1s col\u00e9rico. Pero, dejando esto aparte, \u00bfqu\u00e9 es lo que ha de comer vuestra merced en tanto que yo vuelvo? \u00bfHa de salir al camino, como Cardenio, a quit\u00e1rselo a los pastores?<\/p>\n<p>-No te d\u00e9 pena ese cuidado -respondi\u00f3 don Quijote-, porque, aunque tuviera, no comiera otra cosa que las yerbas y frutos que este prado y estos \u00e1rboles me dieren, que la fineza de mi negocio est\u00e1 en no comer y en hacer otras asperezas equivalentes.<\/p>\n<p>-A Dios, pues. Pero, \u00bfsabe vuestra merced qu\u00e9 temo? Que no tengo de acertar a volver a este lugar donde agora le dejo, seg\u00fan est\u00e1 de escondido.<\/p>\n<p>-Toma bien las se\u00f1as, que yo procurar\u00e9 no apartarme destos contornos -dijo don Quijote-, y aun tendr\u00e9 cuidado de subirme por estos m\u00e1s altos riscos, por ver si te descubro cuando vuelvas. Cuanto m\u00e1s, que lo m\u00e1s acertado ser\u00e1, para que no me yerres y te pierdas, que cortes algunas retamas de las muchas que por aqu\u00ed hay y las vayas poniendo de trecho a trecho, hasta salir a lo raso, las cuales te servir\u00e1n de mojones y se\u00f1ales para que me halles cuando vuelvas, a imitaci\u00f3n del hilo del laberinto de Teseo.<\/p>\n<p>-As\u00ed lo har\u00e9 -respondi\u00f3 Sancho Panza.<\/p>\n<p>Y, cortando algunos, pidi\u00f3 la bendici\u00f3n a su se\u00f1or, y, no sin muchas l\u00e1grimas de entrambos, se despidi\u00f3 d\u00e9l. Y, subiendo sobre Rocinante, a quien don Quijote encomend\u00f3 mucho, y que mirase por \u00e9l como por su propria persona, se puso en camino del llano, esparciendo de trecho a trecho los ramos de la retama, como su amo se lo hab\u00eda aconsejado. Y as\u00ed, se fue, aunque todav\u00eda le importunaba don Quijote que le viese siquiera hacer dos locuras. Mas no hubo andado cien pasos, cuando volvi\u00f3 y dijo:<\/p>\n<p>-Digo, se\u00f1or, que vuestra merced ha dicho muy bien: que, para que pueda jurar sin cargo de conciencia que le he visto hacer locuras, ser\u00e1 bien que vea siquiera una, aunque bien grande la he visto en la quedada de vuestra merced.<\/p>\n<p>-\u00bfNo te lo dec\u00eda yo? -dijo don Quijote-. Esp\u00e9rate, Sancho, que en un credo las har\u00e9.<\/p>\n<p>Y, desnud\u00e1ndose con toda priesa los calzones, qued\u00f3 en carnes y en pa\u00f1ales, y luego, sin m\u00e1s ni m\u00e1s, dio dos zapatetas en el aire y dos tumbas, la cabeza abajo y los pies en alto, descubriendo cosas que, por no verlas otra vez, volvi\u00f3 Sancho la rienda a Rocinante y se dio por contento y satisfecho de que pod\u00eda jurar que su amo quedaba loco. Y as\u00ed, le dejaremos ir su camino, hasta la vuelta, que fue breve.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Primera parte CAP\u00cdTULO XXV Que trata de las estra\u00f1as cosas que en Sierra Morena sucedieron al valiente caballero de la Mancha, y de la imitaci\u00f3n que hizo a la penitencia de Beltenebros Despidi\u00f3se del cabrero don Quijote, y, subiendo otra vez sobre Rocinante, mand\u00f3 a Sancho que le siguiese, el\u2026<\/p>\n<p class=\"continue-reading-button\"> <a class=\"continue-reading-link\" href=\"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/don-quijote-de-la-mancha-primera-parte-capitulo-xxv-de-lii-miguel-de-cervantes-saavedra\/\">Seguir leyendo&#8230;<i class=\"crycon-right-dir\"><\/i><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":75,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"rop_custom_images_group":[],"rop_custom_messages_group":[],"rop_publish_now":"initial","rop_publish_now_accounts":{"twitter_226634691_226634691":""},"rop_publish_now_history":[],"rop_publish_now_status":"pending","_uag_custom_page_level_css":"","footnotes":""},"categories":[5,1109],"tags":[1010,1069,1016,1012,1018,1039,2685,2687,1013,1015,1017,1060,1142,1145,1149,1165,2686,1466,1051,2684,2683,1025,1046,1026,1155,1077],"class_list":["post-1058","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-literatura","category-textos-literarios","tag-amor","tag-animal","tag-arte","tag-ave","tag-ayuda","tag-belleza","tag-capitulo","tag-cervantes","tag-ciencia","tag-flor","tag-historia","tag-lengua","tag-ley","tag-libro","tag-libros-2","tag-mancha","tag-miguel","tag-parte","tag-planta","tag-primera","tag-quijote","tag-rosa","tag-salud","tag-teatro","tag-teatros","tag-universo"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.4 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>&quot;Don Quijote de La Mancha&quot; 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