{"id":1057,"date":"2010-12-17T20:02:59","date_gmt":"2010-12-17T18:02:59","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cultureduca.com\/blog\/?p=1057"},"modified":"2018-12-22T03:12:41","modified_gmt":"2018-12-22T01:12:41","slug":"don-quijote-de-la-mancha-primera-parte-capitulo-xxiv-de-lii-miguel-de-cervantes-saavedra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/don-quijote-de-la-mancha-primera-parte-capitulo-xxiv-de-lii-miguel-de-cervantes-saavedra\/","title":{"rendered":"\u00abDon Quijote de La Mancha\u00bb (Primera parte &#8211; cap\u00edtulo XXIV de LII) [Miguel de Cervantes Saavedra]"},"content":{"rendered":"<p>Primera parte<\/p>\n<p><strong>CAP\u00cdTULO XXIV<\/strong><\/p>\n<p><strong>Donde se prosigue la aventura de la Sierra Morena<\/strong><\/p>\n<p>Dice la historia que era grand\u00edsima la atenci\u00f3n con que don Quijote escuchaba al astroso Caballero de la Sierra, el cual, prosiguiendo su pl\u00e1tica, dijo:<\/p>\n<p>-Por cierto, se\u00f1or, quienquiera que se\u00e1is, que yo no os conozco, yo os agradezco las muestras y la cortes\u00eda que conmigo hab\u00e9is usado; y quisiera yo hallarme en t\u00e9rminos que con m\u00e1s que la voluntad pudiera servir la que hab\u00e9is mostrado tenerme en el buen acogimiento que me hab\u00e9is hecho, mas no quiere mi suerte darme otra cosa con que corresponda a las buenas obras que me hacen, que buenos deseos de satisfacerlas.<\/p>\n<p>-Los que yo tengo -respondi\u00f3 don Quijote- son de serviros; tanto, que ten\u00eda determinado de no salir destas sierras hasta hallaros y saber de vos si el dolor que en la estra\u00f1eza de vuestra vida mostr\u00e1is tener se pod\u00eda hallar alg\u00fan g\u00e9nero de remedio; y si fuera menester buscarle, buscarle con la diligencia posible. Y, cuando vuestra desventura fuera de aquellas que tienen cerradas las puertas a todo g\u00e9nero de consuelo, pensaba ayudaros a llorarla y pla\u00f1irla como mejor pudiera, que todav\u00eda es consuelo en las desgracias hallar quien se duela dellas. Y, si es que mi buen intento merece ser agradecido con alg\u00fan g\u00e9nero de cortes\u00eda, yo os suplico, se\u00f1or, por la mucha que veo que en vos se encierra, y juntamente os conjuro por la cosa que en esta vida m\u00e1s hab\u00e9is amado o am\u00e1is, que me dig\u00e1is qui\u00e9n sois y la causa que os ha tra\u00eddo a vivir y a morir entre estas soledades como bruto animal, pues mor\u00e1is entre ellos tan ajeno de vos mismo cual lo muestra vuestro traje y persona. Y juro -a\u00f1adi\u00f3 don Quijote-, por la orden de caballer\u00eda que receb\u00ed, aunque indigno y pecador, y por la profesi\u00f3n de caballero andante, que si en esto, se\u00f1or, me complac\u00e9is, de serviros con las veras a que me obliga el ser quien soy: ora remediando vuestra desgracia, si tiene remedio, ora ayud\u00e1ndoos a llorarla, como os lo he prometido.<\/p>\n<p>El Caballero del Bosque, que de tal manera oy\u00f3 hablar al de la Triste Figura, no hac\u00eda sino mirarle, y remirarle y tornarle a mirar de arriba abajo; y, despu\u00e9s que le hubo bien mirado, le dijo:<\/p>\n<p>-Si tienen algo que darme a comer, por amor de Dios que me lo den; que, despu\u00e9s de haber comido, yo har\u00e9 todo lo que se me manda, en agradecimiento de tan buenos deseos como aqu\u00ed se me han mostrado.<\/p>\n<p>Luego sacaron, Sancho de su costal y el cabrero de su zurr\u00f3n, con que satisfizo el Roto su hambre, comiendo lo que le dieron como persona atontada, tan apriesa que no daba espacio de un bocado al otro, pues antes los engull\u00eda que tragaba; y, en tanto que com\u00eda, ni \u00e9l ni los que le miraban hablaban palabra. Como acab\u00f3 de comer, les hizo de se\u00f1as que le siguiesen, como lo hicieron, y \u00e9l los llev\u00f3 a un verde pradecillo que a la vuelta de una pe\u00f1a poco desviada de all\u00ed estaba. En llegando a \u00e9l se tendi\u00f3 en el suelo, encima de la yerba, y los dem\u00e1s hicieron lo mismo; y todo esto sin que ninguno hablase, hasta que el Roto, despu\u00e9s de haberse acomodado en su asiento, dijo:<\/p>\n<p>-Si gust\u00e1is, se\u00f1ores, que os diga en breves razones la inmensidad de mis desventuras, hab\u00e9isme de prometer de que con ninguna pregunta, ni otra cosa, no interromper\u00e9is el hilo de mi triste historia; porque en el punto que lo hag\u00e1is, en \u00e9se se quedar\u00e1 lo que fuere contando.<\/p>\n<p>Estas razones del Roto trujeron a la memoria a don Quijote el cuento que le hab\u00eda contado su escudero, cuando no acert\u00f3 el n\u00famero de las cabras que hab\u00edan pasado el r\u00edo y se qued\u00f3 la historia pendiente. Pero, volviendo al Roto, prosigui\u00f3 diciendo:<\/p>\n<p>-Esta prevenci\u00f3n que hago es porque querr\u00eda pasar brevemente por el cuento de mis desgracias; que el traerlas a la memoria no me sirve de otra cosa que a\u00f1adir otras de nuevo, y, mientras menos me pregunt\u00e1redes, m\u00e1s presto acabar\u00e9 yo de decillas, puesto que no dejar\u00e9 por contar cosa alguna que sea de importancia para no satisfacer del todo a vuestro deseo.<\/p>\n<p>Don Quijote se lo prometi\u00f3, en nombre de los dem\u00e1s, y \u00e9l, con este seguro, comenz\u00f3 desta manera:<\/p>\n<p>-\u00abMi nombre es Cardenio; mi patria, una ciudad de las mejores desta Andaluc\u00eda; mi linaje, noble; mis padres, ricos; mi desventura, tanta que la deben de haber llorado mis padres y sentido mi linaje, sin poderla aliviar con su riqueza; que para remediar desdichas del cielo poco suelen valer los bienes de fortuna. Viv\u00eda en esta mesma tierra un cielo, donde puso el amor toda la gloria que yo acertara a desearme: tal es la hermosura de Luscinda, doncella tan noble y tan rica como yo, pero de m\u00e1s ventura y de menos firmeza de la que a mis honrados pensamientos se deb\u00eda. A esta Luscinda am\u00e9, quise y ador\u00e9 desde mis tiernos y primeros a\u00f1os, y ella me quiso a m\u00ed con aquella sencillez y buen \u00e1nimo que su poca edad permit\u00eda. Sab\u00edan nuestros padres nuestros intentos, y no les pesaba dello, porque bien ve\u00edan que, cuando pasaran adelante, no pod\u00edan tener otro fin que el de casarnos, cosa que casi la concertaba la igualdad de nuestro linaje y riquezas.<\/p>\n<p>Creci\u00f3 la edad, y con ella el amor de entrambos, que al padre de Luscinda le pareci\u00f3 que por buenos respetos estaba obligado a negarme la entrada de su casa, casi imitando en esto a los padres de aquella Tisbe tan decantada de los poetas. Y fue esta negaci\u00f3n a\u00f1adir llama a llama y deseo a deseo, porque, aunque pusieron silencio a las lenguas, no le pudieron poner a las plumas, las cuales, con m\u00e1s libertad que las lenguas, suelen dar a entender a quien quieren lo que en el alma est\u00e1 encerrado; que muchas veces la presencia de la cosa amada turba y enmudece la intenci\u00f3n m\u00e1s determinada y la lengua m\u00e1s atrevida. \u00a1Ay cielos, y cu\u00e1ntos billetes le escrib\u00ed! \u00a1Cu\u00e1n regaladas y honestas respuestas tuve! \u00a1Cu\u00e1ntas canciones compuse y cu\u00e1ntos enamorados versos, donde el alma declaraba y trasladaba sus sentimientos, pintaba sus encendidos deseos, entreten\u00eda sus memorias y recreaba su voluntad!<\/p>\n<p>\u00bbEn efeto, vi\u00e9ndome apurado, y que mi alma se consum\u00eda con el deseo de verla, determin\u00e9 poner por obra y acabar en un punto lo que me pareci\u00f3 que m\u00e1s conven\u00eda para salir con mi deseado y merecido premio; y fue el ped\u00edrsela a su padre por leg\u00edtima esposa, como lo hice; a lo que \u00e9l me respondi\u00f3 que me agradec\u00eda la voluntad que mostraba de honralle, y de querer honrarme con prendas suyas, pero que, siendo mi padre vivo, a \u00e9l tocaba de justo derecho hacer aquella demanda; porque, si no fuese con mucha voluntad y gusto suyo, no era Luscinda mujer para tomarse ni darse a hurto.<\/p>\n<p>\u00bbYo le agradec\u00ed su buen intento, pareci\u00e9ndome que llevaba raz\u00f3n en lo que dec\u00eda, y que mi padre vendr\u00eda en ello como yo se lo dijese; y con este intento, luego en aquel mismo instante, fui a decirle a mi padre lo que deseaba. Y, al tiempo que entr\u00e9 en un aposento donde estaba, le hall\u00e9 con una carta abierta en la mano, la cual, antes que yo le dijese palabra, me la dio y me dijo: \u00bbPor esa carta ver\u00e1s, Cardenio, la voluntad que el duque Ricardo tiene de hacerte merced\u00bb.\u00bb Este duque Ricardo, como ya vosotros, se\u00f1ores, deb\u00e9is de saber, es un grande de Espa\u00f1a que tiene su estado en lo mejor desta Andaluc\u00eda. \u00abTom\u00e9 y le\u00ed la carta, la cual ven\u00eda tan encarecida que a m\u00ed mesmo me pareci\u00f3 mal si mi padre dejaba de cumplir lo que en ella se le ped\u00eda, que era que me enviase luego donde \u00e9l estaba; que quer\u00eda que fuese compa\u00f1ero, no criado, de su hijo el mayor, y que \u00e9l tomaba a cargo el ponerme en estado que correspondiese a la estimaci\u00f3n en que me ten\u00eda. Le\u00ed la carta y enmudec\u00ed ley\u00e9ndola, y m\u00e1s cuando o\u00ed que mi padre me dec\u00eda: \u00bbDe aqu\u00ed a dos d\u00edas te partir\u00e1s, Cardenio, a hacer la voluntad del duque; y da gracias a Dios que te va abriendo camino por donde alcances lo que yo s\u00e9 que mereces\u00bb. A\u00f1adi\u00f3 a \u00e9stas otras razones de padre consejero.<\/p>\n<p>\u00bbLleg\u00f3se el t\u00e9rmino de mi partida, habl\u00e9 una noche a Luscinda, d\u00edjele todo lo que pasaba, y lo mesmo hice a su padre, suplic\u00e1ndole se entretuviese algunos d\u00edas y dilatase el darle estado hasta que yo viese lo que Ricardo me quer\u00eda. \u00c9l me lo prometi\u00f3 y ella me lo confirm\u00f3 con mil juramentos y mil desmayos. Vine, en fin, donde el duque Ricardo estaba. Fui d\u00e9l tan bien recebido y tratado, que desde luego comenz\u00f3 la envidia a hacer su oficio, teni\u00e9ndomela los criados antiguos, pareci\u00e9ndoles que las muestras que el duque daba de hacerme merced hab\u00edan de ser en perjuicio suyo. Pero el que m\u00e1s se holg\u00f3 con mi ida fue un hijo segundo del duque, llamado Fernando, mozo gallardo, gentilhombre, liberal y enamorado, el cual, en poco tiempo, quiso que fuese tan su amigo, que daba que decir a todos; y, aunque el mayor me quer\u00eda bien y me hac\u00eda merced, no lleg\u00f3 al estremo con que don Fernando me quer\u00eda y trataba.<\/p>\n<p>\u00bbEs, pues, el caso que, como entre los amigos no hay cosa secreta que no se comunique, y la privanza que yo ten\u00eda con don Fernando dejada de serlo por ser amistad, todos sus pensamientos me declaraba, especialmente uno enamorado, que le tra\u00eda con un poco de desasosiego. Quer\u00eda bien a una labradora, vasalla de su padre (y ella los ten\u00eda muy ricos), y era tan hermosa, recatada, discreta y honesta que nadie que la conoc\u00eda se determinaba en cu\u00e1l destas cosas tuviese m\u00e1s excelencia ni m\u00e1s se aventajase. Estas tan buenas partes de la hermosa labradora redujeron a tal t\u00e9rmino los deseos de don Fernando, que se determin\u00f3, para poder alcanzarlo y conquistar la entereza de la labradora, darle palabra de ser su esposo, porque de otra manera era procurar lo imposible. Yo, obligado de su amistad, con las mejores razones que supe y con los m\u00e1s vivos ejemplos que pude, procur\u00e9 estorbarle y apartarle de tal prop\u00f3sito. Pero, viendo que no aprovechaba, determin\u00e9 de decirle el caso al duque Ricardo, su padre. Mas don Fernando, como astuto y discreto, se recel\u00f3 y temi\u00f3 desto, por parecerle que estaba yo obligado, en vez de buen criado, no tener encubierta cosa que tan en perjuicio de la honra de mi se\u00f1or el duque ven\u00eda; y as\u00ed, por divertirme y enga\u00f1arme, me dijo que no hallaba otro mejor remedio para poder apartar de la memoria la hermosura que tan sujeto le ten\u00eda, que el ausentarse por algunos meses; y que quer\u00eda que el ausencia fuese que los dos nos vini\u00e9semos en casa de mi padre, con ocasi\u00f3n que dar\u00edan al duque que ven\u00eda a ver y a feriar unos muy buenos caballos que en mi ciudad hab\u00eda, que es madre de los mejores del mundo.<\/p>\n<p>\u00bbApenas le o\u00ed yo decir esto, cuando, movido de mi afici\u00f3n, aunque su determinaci\u00f3n no fuera tan buena, la aprobara yo por una de las m\u00e1s acertadas que se pod\u00edan imaginar, por ver cu\u00e1n buena ocasi\u00f3n y coyuntura se me ofrec\u00eda de volver a ver a mi Luscinda. Con este pensamiento y deseo, aprob\u00e9 su parecer y esforc\u00e9 su prop\u00f3sito, dici\u00e9ndole que lo pusiese por obra con la brevedad posible, porque, en efeto, la ausencia hac\u00eda su oficio, a pesar de los m\u00e1s firmes pensamientos. Ya cuando \u00e9l me vino a decir esto, seg\u00fan despu\u00e9s se supo, hab\u00eda gozado a la labradora con t\u00edtulo de esposo, y esperaba ocasi\u00f3n de descubrirse a su salvo, temeroso de lo que el duque su padre har\u00eda cuando supiese su disparate.<\/p>\n<p>\u00bbSucedi\u00f3, pues, que, como el amor en los mozos, por la mayor parte, no lo es, sino apetito, el cual, como tiene por \u00faltimo fin el deleite, en llegando a alcanzarle se acaba y ha de volver atr\u00e1s aquello que parec\u00eda amor, porque no puede pasar adelante del t\u00e9rmino que le puso naturaleza, el cual t\u00e9rmino no le puso a lo que es verdadero amor&#8230;; quiero decir que, as\u00ed como don Fernando goz\u00f3 a la labradora, se le aplacaron sus deseos y se resfriaron sus ah\u00edncos; y si primero fing\u00eda quererse ausentar, por remediarlos, ahora de veras procuraba irse, por no ponerlos en ejecuci\u00f3n.<\/p>\n<p>Diole el duque licencia, y mand\u00f3me que le acompa\u00f1ase. Venimos a mi ciudad, recibi\u00f3le mi padre como quien era; vi yo luego a Luscinda, tornaron a vivir, aunque no hab\u00edan estado muertos ni amortiguados, mis deseos, de los cuales di cuenta, por mi mal, a don Fernando, por parecerme que, en la ley de la mucha amistad que mostraba, no le deb\u00eda encubrir nada. Alab\u00e9le la hermosura, donaire y discreci\u00f3n de Luscinda de tal manera, que mis alabanzas movieron en \u00e9l los deseos de querer ver doncella de tantas buenas partes adornada. Cumpl\u00edselos yo, por mi corta suerte, ense\u00f1\u00e1ndosela una noche, a la luz de una vela, por una ventana por donde los dos sol\u00edamos hablarnos. Viola en sayo, tal, que todas las bellezas hasta entonces por \u00e9l vistas las puso en olvido. Enmudeci\u00f3, perdi\u00f3 el sentido, qued\u00f3 absorto y, finalmente, tan enamorado cual lo ver\u00e9is en el discurso del cuento de mi desventura. Y, para encenderle m\u00e1s el deseo, que a m\u00ed me celaba y al cielo a solas descubr\u00eda, quiso la fortuna que hallase un d\u00eda un billete suyo pidi\u00e9ndome que la pidiese a su padre por esposa, tan discreto, tan honesto y tan enamorado que, en ley\u00e9ndolo, me dijo que en sola Luscinda se encerraban todas las gracias de hermosura y de entendimiento que en las dem\u00e1s mujeres del mundo estaban repartidas.<\/p>\n<p>\u00bbBien es verdad que quiero confesar ahora que, puesto que yo ve\u00eda con cu\u00e1n justas causas don Fernando a Luscinda alababa, me pesaba de o\u00edr aquellas alabanzas de su boca, y comenc\u00e9 a temer y a recelarme d\u00e9l, porque no se pasaba momento donde no quisiese que trat\u00e1semos de Luscinda, y \u00e9l mov\u00eda la pl\u00e1tica, aunque la trujese por los cabellos; cosa que despertaba en m\u00ed un no s\u00e9 qu\u00e9 de celos, no porque yo temiese rev\u00e9s alguno de la bondad y de la fe de Luscinda, pero, con todo eso, me hac\u00eda temer mi suerte lo mesmo que ella me aseguraba. Procuraba siempre don Fernando leer los papeles que yo a Luscinda enviaba y los que ella me respond\u00eda, a t\u00edtulo que de la discreci\u00f3n de los dos gustaba mucho. Acaeci\u00f3, pues, que, habi\u00e9ndome pedido Luscinda un libro de caballer\u00edas en que leer, de quien era ella muy aficionada, que era el de Amad\u00eds de Gaula&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>No hubo bien o\u00eddo don Quijote nombrar libro de caballer\u00edas, cuando dijo:<\/p>\n<p>-Con que me dijera vuestra merced, al principio de su historia, que su merced de la se\u00f1ora Luscinda era aficionada a libros de caballer\u00edas, no fuera menester otra exageraci\u00f3n para darme a entender la alteza de su entendimiento, porque no le tuviera tan bueno como vos, se\u00f1or, le hab\u00e9is pintado, si careciera del gusto de tan sabrosa leyenda: as\u00ed que, para conmigo, no es menester gastar m\u00e1s palabras en declararme su hermosura, valor y entendimiento; que, con s\u00f3lo haber entendido su afici\u00f3n, la confirmo por la m\u00e1s hermosa y m\u00e1s discreta mujer del mundo. Y quisiera yo, se\u00f1or, que vuestra merced le hubiera enviado junto con Amad\u00eds de Gaula al bueno de Don Rugel de Grecia, que yo s\u00e9 que gustara la se\u00f1ora Luscinda mucho de Daraida y Geraya, y de las discreciones del pastor Darinel y de aquellos admirables versos de sus buc\u00f3licas, cantadas y representadas por \u00e9l con todo donaire, discreci\u00f3n y desenvoltura. Pero tiempo podr\u00e1 venir en que se enmiende esa falta, y no dura m\u00e1s en hacerse la enmienda de cuanto quiera vuestra merced ser servido de venirse conmigo a mi aldea, que all\u00ed le podr\u00e9 dar m\u00e1s de trecientos libros, que son el regalo de mi alma y el entretenimiento de mi vida; aunque tengo para m\u00ed que ya no tengo ninguno, merced a la malicia de malos y envidiosos encantadores. Y perd\u00f3neme vuestra merced el haber contravenido a lo que prometimos de no interromper su pl\u00e1tica, pues, en oyendo cosas de caballer\u00edas y de caballeros andantes, as\u00ed es en mi mano dejar de hablar en ellos, como lo es en la de los rayos del sol dejar de calentar, ni humedecer en los de la luna. As\u00ed que, perd\u00f3n y proseguir, que es lo que ahora hace m\u00e1s al caso.<\/p>\n<p>En tanto que don Quijote estaba diciendo lo que queda dicho, se le hab\u00eda ca\u00eddo a Cardenio la cabeza sobre el pecho, dando muestras de estar profundamente pensativo. Y, puesto que dos veces le dijo don Quijote que prosiguiese su historia, ni alzaba la cabeza ni respond\u00eda palabra; pero, al cabo de un buen espacio, la levant\u00f3 y dijo:<\/p>\n<p>-No se me puede quitar del pensamiento, ni habr\u00e1 quien me lo quite en el mundo, ni quien me d\u00e9 a entender otra cosa (y ser\u00eda un majadero el que lo contrario entendiese o creyese), sino que aquel bellaconazo del maestro Elisabat estaba amancebado con la reina Mad\u00e9sima.<\/p>\n<p>-Eso no, \u00a1voto a tal! -respondi\u00f3 con mucha c\u00f3lera don Quijote (y arroj\u00f3le, como ten\u00eda de costumbre)-; y \u00e9sa es una muy gran malicia, o bellaquer\u00eda, por mejor decir: la reina Mad\u00e1sima fue muy principal se\u00f1ora, y no se ha de presumir que tan alta princesa se hab\u00eda de amancebar con un sacapotras; y quien lo contrario entendiere, miente como muy gran bellaco. Y yo se lo dar\u00e9 a entender, a pie o a caballo, armado o desarmado, de noche o de d\u00eda, o como m\u00e1s gusto le diere.<\/p>\n<p>Est\u00e1bale mirando Cardenio muy atentamente, al cual ya hab\u00eda venido el accidente de su locura y no estaba para proseguir su historia; ni tampoco don Quijote se la oyera, seg\u00fan le hab\u00eda disgustado lo que de Mad\u00e1sima le hab\u00eda o\u00eddo. \u00a1Estra\u00f1o caso; que as\u00ed volvi\u00f3 por ella como si verdaderamente fuera su verdadera y natural se\u00f1ora: tal le ten\u00edan sus descomulgados libros! Digo, pues, que, como ya Cardenio estaba loco y se oy\u00f3 tratar de ment\u00eds y de bellaco, con otros denuestos semejantes, pareci\u00f3le mal la burla, y alz\u00f3 un guijarro que hall\u00f3 junto a s\u00ed, y dio con \u00e9l en los pechos tal golpe a don Quijote que le hizo caer de espaldas. Sancho Panza, que de tal modo vio parar a su se\u00f1or, arremeti\u00f3 al loco con el pu\u00f1o cerrado; y el Roto le recibi\u00f3 de tal suerte que con una pu\u00f1ada dio con \u00e9l a sus pies, y luego se subi\u00f3 sobre \u00e9l y le brum\u00f3 las costillas muy a su sabor. El cabrero, que le quiso defender, corri\u00f3 el mesmo peligro. Y, despu\u00e9s que los tuvo a todos rendidos y molidos, los dej\u00f3 y se fue, con gentil sosiego, a emboscarse en la monta\u00f1a.<\/p>\n<p>Levant\u00f3se Sancho, y, con la rabia que ten\u00eda de verse aporreado tan sin merecerlo, acudi\u00f3 a tomar la venganza del cabrero, dici\u00e9ndole que \u00e9l ten\u00eda la culpa de no haberles avisado que a aquel hombre le tomaba a tiempos la locura; que, si esto supieran, hubieran estado sobre aviso para poderse guardar. Respondi\u00f3 el cabrero que ya lo hab\u00eda dicho, y que si \u00e9l no lo hab\u00eda o\u00eddo, que no era suya la culpa. Replic\u00f3 Sancho Panza, y torn\u00f3 a replicar el cabrero, y fue el fin de las r\u00e9plicas asirse de las barbas y darse tales pu\u00f1adas que, si don Quijote no los pusiera en paz, se hicieran pedazos. Dec\u00eda Sancho, asido con el cabrero:<\/p>\n<p>-D\u00e9jeme vuestra merced, se\u00f1or Caballero de la Triste Figura, que en \u00e9ste, que es villano como yo y no est\u00e1 armado caballero, bien puedo a mi salvo satisfacerme del agravio que me ha hecho, peleando con \u00e9l mano a mano, como hombre honrado.<\/p>\n<p>-As\u00ed es -dijo don Quijote-, pero yo s\u00e9 que \u00e9l no tiene ninguna culpa de lo sucedido.<\/p>\n<p>Con esto los apacigu\u00f3, y don Quijote volvi\u00f3 a preguntar al cabrero si ser\u00eda posible hallar a Cardenio, porque quedaba con grand\u00edsimo deseo de saber el fin de su historia. D\u00edjole el cabrero lo que primero le hab\u00eda dicho, que era no saber de cierto su manida; pero que, si anduviese mucho por aquellos contornos, no dejar\u00eda de hallarle, o cuerdo o loco.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Primera parte CAP\u00cdTULO XXIV Donde se prosigue la aventura de la Sierra Morena Dice la historia que era grand\u00edsima la atenci\u00f3n con que don Quijote escuchaba al astroso Caballero de la Sierra, el cual, prosiguiendo su pl\u00e1tica, dijo: -Por cierto, se\u00f1or, quienquiera que se\u00e1is, que yo no os conozco, yo\u2026<\/p>\n<p class=\"continue-reading-button\"> <a class=\"continue-reading-link\" href=\"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/don-quijote-de-la-mancha-primera-parte-capitulo-xxiv-de-lii-miguel-de-cervantes-saavedra\/\">Seguir leyendo&#8230;<i class=\"crycon-right-dir\"><\/i><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":75,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"rop_custom_images_group":[],"rop_custom_messages_group":[],"rop_publish_now":"initial","rop_publish_now_accounts":{"twitter_226634691_226634691":""},"rop_publish_now_history":[],"rop_publish_now_status":"pending","_uag_custom_page_level_css":"","footnotes":""},"categories":[5,1109],"tags":[1010,1069,1016,1012,1018,1039,2685,2687,1017,1060,1061,1142,1045,1145,1149,1165,2686,1014,1466,1057,2684,2683,1025,1033],"class_list":["post-1057","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-literatura","category-textos-literarios","tag-amor","tag-animal","tag-arte","tag-ave","tag-ayuda","tag-belleza","tag-capitulo","tag-cervantes","tag-historia","tag-lengua","tag-lenguas","tag-ley","tag-leyenda","tag-libro","tag-libros-2","tag-mancha","tag-miguel","tag-naturaleza","tag-parte","tag-pensamiento","tag-primera","tag-quijote","tag-rosa","tag-vino"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.4 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>&quot;Don Quijote de La Mancha&quot; 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