{"id":1056,"date":"2010-12-17T20:02:22","date_gmt":"2010-12-17T18:02:22","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cultureduca.com\/blog\/?p=1056"},"modified":"2018-12-22T03:12:41","modified_gmt":"2018-12-22T01:12:41","slug":"don-quijote-de-la-mancha-primera-parte-capitulo-xxiii-de-lii-miguel-de-cervantes-saavedra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/don-quijote-de-la-mancha-primera-parte-capitulo-xxiii-de-lii-miguel-de-cervantes-saavedra\/","title":{"rendered":"\u00abDon Quijote de La Mancha\u00bb (Primera parte &#8211; cap\u00edtulo XXIII de LII) [Miguel de Cervantes Saavedra]"},"content":{"rendered":"<p>Primera parte<\/p>\n<p><strong>CAP\u00cdTULO XXIII<\/strong><\/p>\n<p><strong>De lo que le aconteci\u00f3 al famoso don Quijote en Sierra Morena, que fue una de las m\u00e1s raras aventuras que en esta verdadera historia se cuentan<\/strong><\/p>\n<p>Vi\u00e9ndose tan malparado don Quijote, dijo a su escudero:<\/p>\n<p>-Siempre, Sancho, lo he o\u00eddo decir, que el hacer bien a villanos es echar agua en la mar. Si yo hubiera cre\u00eddo lo que me dijiste, yo hubiera escusado esta pesadumbre; pero ya est\u00e1 hecho: paciencia, y escarmentar para desde aqu\u00ed adelante.<\/p>\n<p>-As\u00ed escarmentar\u00e1 vuestra merced -respondi\u00f3 Sancho- como yo soy turco; pero, pues dice que si me hubiera cre\u00eddo se hubiera escusado este da\u00f1o, cr\u00e9ame ahora y escusar\u00e1 otro mayor; porque le hago saber que con la Santa Hermandad no hay usar de caballer\u00edas, que no se le da a ella por cuantos caballeros andantes hay dos maraved\u00eds; y sepa que ya me parece que sus saetas me zumban por los o\u00eddos.<\/p>\n<p>-Naturalmente eres cobarde, Sancho -dijo don Quijote-, pero, porque no digas que soy contumaz y que jam\u00e1s hago lo que me aconsejas, por esta vez quiero tomar tu consejo y apartarme de la furia que tanto temes; mas ha de ser con una condici\u00f3n: que jam\u00e1s, en vida ni en muerte, has de decir a nadie que yo me retir\u00e9 y apart\u00e9 deste peligro de miedo, sino por complacer a tus ruegos; que si otra cosa dijeres, mentir\u00e1s en ello, y desde ahora para entonces, y desde entonces para ahora, te desmiento, y digo que mientes y mentir\u00e1s todas las veces que lo pensares o lo dijeres. Y no me repliques m\u00e1s, que en s\u00f3lo pensar que me aparto y retiro de alg\u00fan peligro, especialmente d\u00e9ste, que parece que lleva alg\u00fan es no es de sombra de miedo, estoy ya para quedarme, y para aguardar aqu\u00ed solo, no solamente a la Santa Hermandad que dices y temes, sino a los hermanos de los doce tribus de Israel, y a los siete Macabeos, y a C\u00e1stor y a P\u00f3lux, y aun a todos los hermanos y hermandades que hay en el mundo.<\/p>\n<p>-Se\u00f1or -respondi\u00f3 Sancho-, que el retirar no es huir, ni el esperar es cordura, cuando el peligro sobrepuja a la esperanza, y de sabios es guardarse hoy para ma\u00f1ana y no aventurarse todo en un d\u00eda. Y sepa que, aunque zafio y villano, todav\u00eda se me alcanza algo desto que llaman buen gobierno; as\u00ed que, no se arrepienta de haber tomado mi consejo, sino suba en Rocinante, si puede, o si no yo le ayudar\u00e9, y s\u00edgame, que el caletre me dice que hemos menester ahora m\u00e1s los pies que las manos.<\/p>\n<p>Subi\u00f3 don Quijote, sin replicarle m\u00e1s palabra, y, guiando Sancho sobre su asno, se entraron por una parte de Sierra Morena, que all\u00ed junto estaba, llevando Sancho intenci\u00f3n de atravesarla toda e ir a salir al Viso, o a Almod\u00f3var del Campo, y esconderse algunos d\u00edas por aquellas asperezas, por no ser hallados si la Hermandad los buscase. Anim\u00f3le a esto haber visto que de la refriega de los galeotes se hab\u00eda escapado libre la despensa que sobre su asno ven\u00eda, cosa que la juzg\u00f3 a milagro, seg\u00fan fue lo que llevaron y buscaron los galeotes.<\/p>\n<p>As\u00ed como don Quijote entr\u00f3 por aquellas monta\u00f1as, se le alegr\u00f3 el coraz\u00f3n, pareci\u00e9ndole aquellos lugares acomodados para las aventuras que buscaba.<\/p>\n<p>Reduc\u00edansele a la memoria los maravillosos acaecimientos que en semejantes soledades y asperezas hab\u00edan sucedido a caballeros andantes. Iba pensando en estas cosas, tan embebecido y trasportado en ellas que de ninguna otra se acordaba. Ni Sancho llevaba otro cuidado -despu\u00e9s que le pareci\u00f3 que caminaba por parte segura- sino de satisfacer su est\u00f3mago con los relieves que del despojo clerical hab\u00edan quedado; y as\u00ed, iba tras su amo sentado a la mujeriega sobre su jumento, sacando de un costal y embaulando en su panza; y no se le diera por hallar otra ventura, entretanto que iba de aquella manera, un ardite.<\/p>\n<p>En esto, alz\u00f3 los ojos y vio que su amo estaba parado, procurando con la punta del lanz\u00f3n alzar no s\u00e9 qu\u00e9 bulto que estaba ca\u00eddo en el suelo, por lo cual se dio priesa a llegar a ayudarle si fuese menester; y cuando lleg\u00f3 fue a tiempo que alzaba con la punta del lanz\u00f3n un coj\u00edn y una maleta asida a \u00e9l, medio podridos, o podridos del todo, y deshechos; mas, pesaba tanto, que fue necesario que Sancho se apease a tomarlos, y mand\u00f3le su amo que viese lo que en la maleta ven\u00eda.<\/p>\n<p>H\u00edzolo con mucha presteza Sancho, y, aunque la maleta ven\u00eda cerrada con una cadena y su candado, por lo roto y podrido della vio lo que en ella hab\u00eda, que eran cuatro camisas de delgada holanda y otras cosas de lienzo, no menos curiosas que limpias, y en un pa\u00f1izuelo hall\u00f3 un buen montoncillo de escudos de oro; y, as\u00ed como los vio, dijo:<\/p>\n<p>-\u00a1Bendito sea todo el cielo, que nos ha deparado una aventura que sea de provecho!<\/p>\n<p>Y buscando m\u00e1s, hall\u00f3 un librillo de memoria, ricamente guarnecido. \u00c9ste le pidi\u00f3 don Quijote, y mand\u00f3le que guardase el dinero y lo tomase para \u00e9l.<\/p>\n<p>Bes\u00f3le las manos Sancho por la merced, y, desvalijando a la valija de su lencer\u00eda, la puso en el costal de la despensa. Todo lo cual visto por don Quijote, dijo:<\/p>\n<p>-Par\u00e9ceme, Sancho, y no es posible que sea otra cosa, que alg\u00fan caminante descaminado debi\u00f3 de pasar por esta sierra, y, salte\u00e1ndole malandrines, le debieron de matar, y le trujeron a enterrar en esta tan escondida parte.<\/p>\n<p>-No puede ser eso -respondi\u00f3 Sancho-, porque si fueran ladrones, no se dejaran aqu\u00ed este dinero.<\/p>\n<p>-Verdad dices -dijo don Quijote-, y as\u00ed, no adivino ni doy en lo que esto pueda ser; mas, esp\u00e9rate: veremos si en este librillo de memoria hay alguna cosa escrita por donde podamos rastrear y venir en conocimiento de lo que deseamos.<\/p>\n<p>Abri\u00f3le, y lo primero que hall\u00f3 en \u00e9l escrito, como en borrador, aunque de muy buena letra, fue un soneto, que, ley\u00e9ndole alto porque Sancho tambi\u00e9n lo oyese, vio que dec\u00eda desta manera:<\/p>\n<p>O le falta al Amor conocimiento,<br \/>\no le sobra crueldad, o no es mi pena<br \/>\nigual a la ocasi\u00f3n que me condena<br \/>\nal g\u00e9nero m\u00e1s duro de tormento.<br \/>\nPero si Amor es dios, es argumento<br \/>\nque nada ignora, y es raz\u00f3n muy buena<br \/>\nque un dios no sea cruel. Pues, \u00bfqui\u00e9n ordena<br \/>\nel terrible dolor que adoro y siento?<br \/>\nSi digo que sois vos, Fili, no acierto;<br \/>\nque tanto mal en tanto bien no cabe,<br \/>\nni me viene del cielo esta r\u00fcina.<br \/>\nPresto habr\u00e9 de morir, que es lo m\u00e1s cierto;<br \/>\nque al mal de quien la causa no se sabe<br \/>\nmilagro es acertar la medicina.<\/p>\n<p>-Por esa trova -dijo Sancho- no se puede saber nada, si ya no es que por ese hilo que est\u00e1 ah\u00ed se saque el ovillo de todo.<\/p>\n<p>-\u00bfQu\u00e9 hilo est\u00e1 aqu\u00ed? -dijo don Quijote.<\/p>\n<p>-Par\u00e9ceme -dijo Sancho- que vuestra merced nombr\u00f3 ah\u00ed hilo.<\/p>\n<p>-No dije sino Fili -respondi\u00f3 don Quijote-, y \u00e9ste, sin duda, es el nombre de la dama de quien se queja el autor deste soneto; y a fe que debe de ser razonable poeta, o yo s\u00e9 poco del arte.<\/p>\n<p>-Luego, \u00bftambi\u00e9n -dijo Sancho- se le entiende a vuestra merced de trovas?<\/p>\n<p>-Y m\u00e1s de lo que t\u00fa piensas -respondi\u00f3 don Quijote-, y ver\u00e1slo cuando lleves una carta, escrita en verso de arriba abajo, a mi se\u00f1ora Dulcinea del Toboso. Porque quiero que sepas, Sancho, que todos o los m\u00e1s caballeros andantes de la edad pasada eran grandes trovadores y grandes m\u00fasicos; que estas dos habilidades, o gracias, por mejor decir, son anexas a los enamorados andantes. Verdad es que las coplas de los pasados caballeros tienen m\u00e1s de esp\u00edritu que de primor.<\/p>\n<p>-Lea m\u00e1s vuestra merced -dijo Sancho-, que ya hallar\u00e1 algo que nos satisfaga.<\/p>\n<p>Volvi\u00f3 la hoja don Quijote y dijo:<\/p>\n<p>-Esto es prosa, y parece carta.<\/p>\n<p>-\u00bfCarta misiva, se\u00f1or? -pregunt\u00f3 Sancho.<\/p>\n<p>-En el principio no parece sino de amores -respondi\u00f3 don Quijote.<\/p>\n<p>-Pues lea vuestra merced alto -dijo Sancho-, que gusto mucho destas cosas de amores.<\/p>\n<p>-Que me place -dijo don Quijote.<\/p>\n<p>Y, ley\u00e9ndola alto, como Sancho se lo hab\u00eda rogado, vio que dec\u00eda desta manera:<\/p>\n<p>Tu falsa promesa y mi cierta desventura me llevan a parte donde antes volver\u00e1n a tus o\u00eddos las nuevas de mi muerte que las razones de mis quejas.<\/p>\n<p>Desech\u00e1steme, \u00a1oh ingrata!, por quien tiene m\u00e1s, no por quien vale m\u00e1s que yo; mas si la virtud fuera riqueza que se estimara, no envidiara yo dichas ajenas ni llorara desdichas propias. Lo que levant\u00f3 tu hermosura han derribado tus obras: por ella entend\u00ed que eras \u00e1ngel, y por ellas conozco que eres mujer. Qu\u00e9date en paz, causadora de mi guerra, y haga el cielo que los enga\u00f1os de tu esposo est\u00e9n siempre encubiertos, porque t\u00fa no quedes arrepentida de lo que heciste y yo no tome venganza de lo que no deseo.<\/p>\n<p>Acabando de leer la carta, dijo don Quijote:<\/p>\n<p>-Menos por \u00e9sta que por los versos se puede sacar m\u00e1s de que quien la escribi\u00f3 es alg\u00fan desde\u00f1ado amante.<\/p>\n<p>Y, hojeando casi todo el librillo, hall\u00f3 otros versos y cartas, que algunos pudo leer y otros no; pero lo que todos conten\u00edan eran quejas, lamentos, desconfianzas, sabores y sinsabores, favores y desdenes, solenizados los unos y llorados los otros.<\/p>\n<p>En tanto que don Quijote pasaba el libro, pasaba Sancho la maleta, sin dejar rinc\u00f3n en toda ella, ni en el coj\u00edn, que no buscase, escudri\u00f1ase e inquiriese, ni costura que no deshiciese, ni vedija de lana que no escarmenase, porque no se quedase nada por diligencia ni mal recado: tal golosina hab\u00edan despertado en \u00e9l los hallados escudos, que pasaban de ciento. Y, aunque no hall\u00f3 mas de lo hallado, dio por bien empleados los vuelos de la manta, el vomitar del brebaje, las bendiciones de las estacas, las pu\u00f1adas del arriero, la falta de las alforjas, el robo del gab\u00e1n y toda la hambre, sed y cansancio que hab\u00eda pasado en servicio de su buen se\u00f1or, pareci\u00e9ndole que estaba m\u00e1s que rebi\u00e9n pagado con la merced recebida de la entrega del hallazgo.<\/p>\n<p>Con gran deseo qued\u00f3 el Caballero de la Triste Figura de saber qui\u00e9n fuese el due\u00f1o de la maleta, conjeturando, por el soneto y carta, por el dinero en oro y por las tan buenas camisas, que deb\u00eda de ser de alg\u00fan principal enamorado, a quien desdenes y malos tratamientos de su dama deb\u00edan de haber conducido a alg\u00fan desesperado t\u00e9rmino. Pero, como por aquel lugar inhabitable y escabroso no parec\u00eda persona alguna de quien poder informarse, no se cur\u00f3 de m\u00e1s que de pasar adelante, sin llevar otro camino que aquel que Rocinante quer\u00eda, que era por donde \u00e9l pod\u00eda caminar, siempre con imaginaci\u00f3n que no pod\u00eda faltar por aquellas malezas alguna estra\u00f1a aventura.<\/p>\n<p>Yendo, pues, con este pensamiento, vio que, por cima de una monta\u00f1uela que delante de los ojos se le ofrec\u00eda, iba saltando un hombre, de risco en risco y de mata en mata, con estra\u00f1a ligereza. Figur\u00f3sele que iba desnudo, la barba negra y espesa, los cabellos muchos y rabultados, los pies descalzos y las piernas sin cosa alguna; los muslos cubr\u00edan unos calzones, al parecer de terciopelo leonado, mas tan hechos pedazos que por muchas partes se le descubr\u00edan las carnes. Tra\u00eda la cabeza descubierta, y, aunque pas\u00f3 con la ligereza que se ha dicho, todas estas menudencias mir\u00f3 y not\u00f3 el Caballero de la Triste Figura; y, aunque lo procur\u00f3, no pudo seguille, porque no era dado a la debilidad de Rocinante andar por aquellas asperezas, y m\u00e1s siendo \u00e9l de suyo pisacorto y flem\u00e1tico. Luego imagin\u00f3 don Quijote que aqu\u00e9l era el due\u00f1o del coj\u00edn y de la maleta, y propuso en s\u00ed de buscalle, aunque supiese andar un a\u00f1o por aquellas monta\u00f1as hasta hallarle; y as\u00ed, mand\u00f3 a Sancho que se apease del asno y atajase por la una parte de la monta\u00f1a, que \u00e9l ir\u00eda por la otra y podr\u00eda ser que topasen, con esta diligencia, con aquel hombre que con tanta priesa se les hab\u00eda quitado de delante.<\/p>\n<p>-No podr\u00e9 hacer eso -respondi\u00f3 Sancho-, porque, en apart\u00e1ndome de vuestra merced, luego es conmigo el miedo, que me asalta con mil g\u00e9neros de sobresaltos y visiones. Y s\u00edrvale esto que digo de aviso, para que de aqu\u00ed adelante no me aparte un dedo de su presencia.<\/p>\n<p>-As\u00ed ser\u00e1 -dijo el de la Triste Figura-, y yo estoy muy contento de que te quieras valer de mi \u00e1nimo, el cual no te ha de faltar, aunque te falte el \u00e1nima del cuerpo. Y vente ahora tras m\u00ed poco a poco, o como pudieres, y haz de los ojos lanternas; rodearemos esta serrezuela: quiz\u00e1 toparemos con aquel hombre que vimos, el cual, sin duda alguna, no es otro que el due\u00f1o de nuestro hallazgo.<\/p>\n<p>A lo que Sancho respondi\u00f3:<\/p>\n<p>-Harto mejor ser\u00eda no buscalle, porque si le hallamos y acaso fuese el due\u00f1o del dinero, claro est\u00e1 que lo tengo de restituir; y as\u00ed, fuera mejor, sin hacer esta in\u00fatil diligencia, poseerlo yo con buena fe hasta que, por otra v\u00eda menos curiosa y diligente, pareciera su verdadero se\u00f1or; y quiz\u00e1 fuera a tiempo que lo hubiera gastado, y entonces el rey me hac\u00eda franco.<\/p>\n<p>-Eng\u00e1\u00f1aste en eso, Sancho -respondi\u00f3 don Quijote-; que, ya que hemos ca\u00eddo en sospecha de qui\u00e9n es el due\u00f1o, cuasi delante, estamos obligados a buscarle y volv\u00e9rselos; y, cuando no le busc\u00e1semos, la vehemente sospecha que tenemos de que \u00e9l lo sea nos pone ya en tanta culpa como si lo fuese.<\/p>\n<p>As\u00ed que, Sancho amigo, no te d\u00e9 pena el buscalle, por la que a m\u00ed se me quitar\u00e1 si le hallo.<\/p>\n<p>Y as\u00ed, pic\u00f3 a Rocinante, y sigui\u00f3le Sancho con su acostumbrado jumento; y, habiendo rodeado parte de la monta\u00f1a, hallaron en un arroyo, ca\u00edda, muerta y medio comida de perros y picada de grajos, una mula ensillada y enfrenada; todo lo cual confirm\u00f3 en ellos m\u00e1s la sospecha de que aquel que hu\u00eda era el due\u00f1o de la mula y del coj\u00edn.<\/p>\n<p>Est\u00e1ndola mirando, oyeron un silbo como de pastor que guardaba ganado, y a deshora, a su siniestra mano, parecieron una buena cantidad de cabras, y tras ellas, por cima de la monta\u00f1a, pareci\u00f3 el cabrero que las guardaba, que era un hombre anciano. Diole voces don Quijote, y rog\u00f3le que bajase donde estaban. \u00c9l respondi\u00f3 a gritos que qui\u00e9n les hab\u00eda tra\u00eddo por aquel lugar, pocas o ningunas veces pisado sino de pies de cabras o de lobos y otras fieras que por all\u00ed andaban. Respondi\u00f3le Sancho que bajase, que de todo le dar\u00edan buena cuenta. Baj\u00f3 el cabrero, y, en llegando adonde don Quijote estaba, dijo:<\/p>\n<p>-Apostar\u00e9 que est\u00e1 mirando la mula de alquiler que est\u00e1 muerta en esa hondonada. Pues a buena fe que ha ya seis meses que est\u00e1 en ese lugar.<\/p>\n<p>D\u00edganme: \u00bfhan topado por ah\u00ed a su due\u00f1o?<\/p>\n<p>-No hemos topado a nadie -respondi\u00f3 don Quijote-, sino a un coj\u00edn y a una maletilla que no lejos deste lugar hallamos.<\/p>\n<p>-Tambi\u00e9n la hall\u00e9 yo -respondi\u00f3 el cabrero-, mas nunca la quise alzar ni llegar a ella, temeroso de alg\u00fan desm\u00e1n y de que no me la pidiesen por de hurto; que es el diablo sotil, y debajo de los pies se levanta allombre cosa donde tropiece y caya, sin saber c\u00f3mo ni c\u00f3mo no.<\/p>\n<p>-Eso mesmo es lo que yo digo -respondi\u00f3 Sancho-: que tambi\u00e9n la hall\u00e9 yo, y no quise llegar a ella con un tiro de piedra; all\u00ed la dej\u00e9 y all\u00ed se queda como se estaba, que no quiero perro con cencerro.<\/p>\n<p>-Decidme, buen hombre -dijo don Quijote-, \u00bfsab\u00e9is vos qui\u00e9n sea el due\u00f1o destas prendas?<\/p>\n<p>-Lo que sabr\u00e9 yo decir -dijo el cabrero- es que \u00abhabr\u00e1 al pie de seis meses, poco m\u00e1s a menos, que lleg\u00f3 a una majada de pastores, que estar\u00e1 como tres leguas deste lugar, un mancebo de gentil talle y apostura, caballero sobre esa mesma mula que ah\u00ed est\u00e1 muerta, y con el mesmo coj\u00edn y maleta que dec\u00eds que hallastes y no tocastes. Pregunt\u00f3nos que cu\u00e1l parte desta sierra era la m\u00e1s \u00e1spera y escondida; dij\u00edmosle que era esta donde ahora estamos; y es ans\u00ed la verdad, porque si entr\u00e1is media legua m\u00e1s adentro, quiz\u00e1 no acertar\u00e9is a salir; y estoy maravillado de c\u00f3mo hab\u00e9is podido llegar aqu\u00ed, porque no hay camino ni senda que a este lugar encamine. Digo, pues, que, en oyendo nuestra respuesta el mancebo, volvi\u00f3 las riendas y encamin\u00f3 hacia el lugar donde le se\u00f1alamos, dej\u00e1ndonos a todos contentos de su buen talle, y admirados de su demanda y de la priesa con que le v\u00edamos caminar y volverse hacia la sierra; y desde entonces nunca m\u00e1s le vimos, hasta que desde all\u00ed a algunos d\u00edas sali\u00f3 al camino a uno de nuestros pastores, y, sin decille nada, se lleg\u00f3 a \u00e9l y le dio muchas pu\u00f1adas y coces, y luego se fue a la borrica del hato y le quit\u00f3 cuanto pan y queso en ella tra\u00eda; y, con estra\u00f1a ligereza, hecho esto, se volvi\u00f3 a emboscar en la sierra. Como esto supimos algunos cabreros, le anduvimos a buscar casi dos d\u00edas por lo m\u00e1s cerrado desta sierra, al cabo de los cuales le hallamos metido en el hueco de un grueso y valiente alcornoque. Sali\u00f3 a nosotros con mucha mansedumbre, ya roto el vestido, y el rostro disfigurado y tostado del sol, de tal suerte que apenas le conoc\u00edamos, sino que los vestidos, aunque rotos, con la noticia que dellos ten\u00edamos, nos dieron a entender que era el que busc\u00e1bamos. Salud\u00f3nos cort\u00e9smente, y en pocas y muy buenas razones nos dijo que no nos maravill\u00e1semos de verle andar de aquella suerte, porque as\u00ed le conven\u00eda para cumplir cierta penitencia que por sus muchos pecados le hab\u00eda sido impuesta. Rog\u00e1mosle que nos dijese qui\u00e9n era, mas nunca lo pudimos acabar con \u00e9l. Ped\u00edmosle tambi\u00e9n que, cuando hubiese menester el sustento, sin el cual no pod\u00eda pasar, nos dijese d\u00f3nde le hallar\u00edamos, porque con mucho amor y cuidado se lo llevar\u00edamos; y que si esto tampoco fuese de su gusto, que, a lo menos, saliese a pedirlo, y no a quitarlo a los pastores. Agradeci\u00f3 nuestro ofrecimiento, pidi\u00f3 perd\u00f3n de los asaltos pasados, y ofreci\u00f3 de pedillo de all\u00ed adelante por amor de Dios, sin dar molestia alguna a nadie.\u00a0<\/p>\n<p>En cuanto lo que tocaba a la estancia de su habitaci\u00f3n, dijo que no ten\u00eda otra que aquella que le ofrec\u00eda la ocasi\u00f3n donde le tomaba la noche; y acab\u00f3 su pl\u00e1tica con un tan tierno llanto, que bien fu\u00e9ramos de piedra los que escuchado le hab\u00edamos, si en \u00e9l no le acompa\u00f1\u00e1ramos, consider\u00e1ndole c\u00f3mo le hab\u00edamos visto la vez primera, y cu\u00e1l le ve\u00edamos entonces. Porque, como tengo dicho, era un muy gentil y agraciado mancebo, y en sus corteses y concertadas razones mostraba ser bien nacido y muy cortesana persona; que, puesto que \u00e9ramos r\u00fasticos los que le escuch\u00e1bamos, su gentileza era tanta, que bastaba a darse a conocer a la mesma rusticidad. Y, estando en lo mejor de su pl\u00e1tica, par\u00f3 y enmudeci\u00f3se; clav\u00f3 los ojos en el suelo por un buen espacio, en el cual todos estuvimos quedos y suspensos, esperando en qu\u00e9 hab\u00eda de parar aquel embelesamiento, con no poca l\u00e1stima de verlo; porque, por lo que hac\u00eda de abrir los ojos, estar fijo mirando al suelo sin mover pesta\u00f1a gran rato, y otras veces cerrarlos, apretando los labios y enarcando las cejas, f\u00e1cilmente conocimos que alg\u00fan accidente de locura le hab\u00eda sobrevenido. Mas \u00e9l nos dio a entender presto ser verdad lo que pens\u00e1bamos, porque se levant\u00f3 con gran furia del suelo, donde se hab\u00eda echado, y arremeti\u00f3 con el primero que hall\u00f3 junto a s\u00ed, con tal denuedo y rabia que, si no se le quit\u00e1ramos, le matara a pu\u00f1adas y a bocados; y todo esto hac\u00eda, diciendo: \u00bb\u00a1Ah, fementido Fernando! \u00a1Aqu\u00ed, aqu\u00ed me pagar\u00e1s la sinraz\u00f3n que me heciste: estas manos te sacar\u00e1n el coraz\u00f3n, donde albergan y tienen manida todas las maldades juntas, principalmente la fraude y el enga\u00f1o!\u00bb Y a \u00e9stas a\u00f1ad\u00eda otras razones, que todas se encaminaban a decir mal de aquel Fernando y a tacharle de traidor y fementido. Quit\u00e1mossele, pues, con no poca pesadumbre, y \u00e9l, sin decir m\u00e1s palabra, se apart\u00f3 de nosotros y se embosc\u00f3 corriendo por entre estos jarales y malezas, de modo que nos imposibilit\u00f3 el seguille. Por esto conjeturamos que la locura le ven\u00eda a tiempos, y que alguno que se llamaba Fernando le deb\u00eda de haber hecho alguna mala obra, tan pesada cuanto lo mostraba el t\u00e9rmino a que le hab\u00eda conducido. Todo lo cual se ha confirmado despu\u00e9s ac\u00e1 con las veces, que han sido muchas, que \u00e9l ha salido al camino, unas a pedir a los pastores le den de lo que llevan para comer y otras a quit\u00e1rselo por fuerza; porque cuando est\u00e1 con el accidente de la locura, aunque los pastores se lo ofrezcan de buen grado, no lo admite, sino que lo toma a pu\u00f1adas; y cuando est\u00e1 en su seso, lo pide por amor de Dios, cort\u00e9s y comedidamente, y rinde por ello muchas gracias, y no con falta de l\u00e1grimas.<\/p>\n<p>Y en verdad os digo, se\u00f1ores -prosigui\u00f3 el cabrero-, que ayer determinamos yo y cuatro zagales, los dos criados y los dos amigos m\u00edos, de buscarle hasta tanto que le hallemos, y, despu\u00e9s de hallado, ya por fuerza ya por grado, le hemos de llevar a la villa de Almod\u00f3var, que est\u00e1 de aqu\u00ed ocho leguas, y all\u00ed le curaremos, si es que su mal tiene cura, o sabremos qui\u00e9n es cuando est\u00e9 en sus seso, y si tiene parientes a quien dar noticia de su desgracia\u00bb. Esto es, se\u00f1ores, lo que sabr\u00e9 deciros de lo que me hab\u00e9is preguntado; y entended que el due\u00f1o de las prendas que hallastes es el mesmo que vistes pasar con tanta ligereza como desnudez -que ya le hab\u00eda dicho don Quijote c\u00f3mo hab\u00eda visto pasar aquel hombre saltando por la sierra.<\/p>\n<p>El cual qued\u00f3 admirado de lo que al cabrero hab\u00eda o\u00eddo, y qued\u00f3 con m\u00e1s deseo de saber qui\u00e9n era el desdichado loco; y propuso en s\u00ed lo mesmo que ya ten\u00eda pensado: de buscalle por toda la monta\u00f1a, sin dejar rinc\u00f3n ni cueva en ella que no mirase, hasta hallarle. Pero h\u00edzolo mejor la suerte de lo que \u00e9l pensaba ni esperaba, porque en aquel mesmo instante pareci\u00f3, por entre una quebrada de una sierra que sal\u00eda donde ellos estaban, el mancebo que buscaba, el cual ven\u00eda hablando entre s\u00ed cosas que no pod\u00edan ser entendidas de cerca, cuanto m\u00e1s de lejos. Su traje era cual se ha pintado, s\u00f3lo que, llegando cerca, vio don Quijote que un coleto hecho pedazos que sobre s\u00ed tra\u00eda era de \u00e1mbar; por donde acab\u00f3 de entender que persona que tales h\u00e1bitos tra\u00eda no deb\u00eda de ser de \u00ednfima calidad.<\/p>\n<p>En llegando el mancebo a ellos, les salud\u00f3 con una voz desentonada y bronca, pero con mucha cortes\u00eda. Don Quijote le volvi\u00f3 las saludes con no menos comedimiento, y, ape\u00e1ndose de Rocinante, con gentil continente y donaire, le fue a abrazar y le tuvo un buen espacio estrechamente entre sus brazos, como si de luengos tiempos le hubiera conocido. El otro, a quien podemos llamar el Roto de la Mala Figura -como a don Quijote el de la Triste-, despu\u00e9s de haberse dejado abrazar, le apart\u00f3 un poco de s\u00ed, y, puestas sus manos en los hombros de don Quijote, le estuvo mirando, como que quer\u00eda ver si le conoc\u00eda; no menos admirado quiz\u00e1 de ver la figura, talle y armas de don Quijote, que don Quijote lo estaba de verle a \u00e9l. En resoluci\u00f3n, el primero que habl\u00f3 despu\u00e9s del abrazamiento fue el Roto, y dijo lo que se dir\u00e1 adelante.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Primera parte CAP\u00cdTULO XXIII De lo que le aconteci\u00f3 al famoso don Quijote en Sierra Morena, que fue una de las m\u00e1s raras aventuras que en esta verdadera historia se cuentan Vi\u00e9ndose tan malparado don Quijote, dijo a su escudero: -Siempre, Sancho, lo he o\u00eddo decir, que el hacer bien\u2026<\/p>\n<p class=\"continue-reading-button\"> <a class=\"continue-reading-link\" href=\"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/don-quijote-de-la-mancha-primera-parte-capitulo-xxiii-de-lii-miguel-de-cervantes-saavedra\/\">Seguir leyendo&#8230;<i class=\"crycon-right-dir\"><\/i><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":75,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"rop_custom_images_group":[],"rop_custom_messages_group":[],"rop_publish_now":"initial","rop_publish_now_accounts":{"twitter_226634691_226634691":""},"rop_publish_now_history":[],"rop_publish_now_status":"pending","_uag_custom_page_level_css":"","footnotes":""},"categories":[5,1109],"tags":[1010,1016,1012,1018,2685,1013,1053,1023,1034,1017,1142,1145,1165,1065,2686,1466,1057,2684,1153,2683,1025,1046,1033,2682],"class_list":["post-1056","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-literatura","category-textos-literarios","tag-amor","tag-arte","tag-ave","tag-ayuda","tag-capitulo","tag-ciencia","tag-dinero","tag-gobierno","tag-guerra","tag-historia","tag-ley","tag-libro","tag-mancha","tag-medicina","tag-miguel","tag-parte","tag-pensamiento","tag-primera","tag-prosa","tag-quijote","tag-rosa","tag-salud","tag-vino","tag-xxiii"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.4 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>&quot;Don Quijote de La Mancha&quot; 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