{"id":1054,"date":"2010-12-17T20:01:07","date_gmt":"2010-12-17T18:01:07","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cultureduca.com\/blog\/?p=1054"},"modified":"2018-12-22T03:12:40","modified_gmt":"2018-12-22T01:12:40","slug":"don-quijote-de-la-mancha-primera-parte-capitulo-xxi-de-lii-miguel-de-cervantes-saavedra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/don-quijote-de-la-mancha-primera-parte-capitulo-xxi-de-lii-miguel-de-cervantes-saavedra\/","title":{"rendered":"\u00abDon Quijote de La Mancha\u00bb (Primera parte &#8211; cap\u00edtulo XXI de LII) [Miguel de Cervantes Saavedra]"},"content":{"rendered":"<p>Primera parte<\/p>\n<p><strong>CAP\u00cdTULO XXI<\/strong><\/p>\n<p><strong>Que trata de la alta aventura y rica ganancia del yelmo de Mambrino, con otras cosas sucedidas a nuestro invencible caballero<\/strong><\/p>\n<p>En esto, comenz\u00f3 a llover un poco, y quisiera Sancho que se entraran en el molino de los batanes; mas hab\u00edales cobrado tal aborrecimiento don Quijote, por la pesada burla, que en ninguna manera quiso entrar dentro; y as\u00ed, torciendo el camino a la derecha mano, dieron en otro como el que hab\u00edan llevado el d\u00eda de antes.<\/p>\n<p>De all\u00ed a poco, descubri\u00f3 don Quijote un hombre a caballo, que tra\u00eda en la cabeza una cosa que relumbraba como si fuera de oro, y a\u00fan \u00e9l apenas le hubo visto, cuando se volvi\u00f3 a Sancho y le dijo:<\/p>\n<p>-Par\u00e9ceme, Sancho, que no hay refr\u00e1n que no sea verdadero, porque todos son sentencias sacadas de la mesma experiencia, madre de las ciencias todas, especialmente aquel que dice: \u00abDonde una puerta se cierra, otra se abre\u00bb.<\/p>\n<p>D\u00edgolo porque si anoche nos cerr\u00f3 la ventura la puerta de la que busc\u00e1bamos, enga\u00f1\u00e1ndonos con los batanes, ahora nos abre de par en par otra, para otra mejor y m\u00e1s cierta aventura; que si yo no acertare a entrar por ella, m\u00eda ser\u00e1 la culpa, sin que la pueda dar a la poca noticia de batanes ni a la escuridad de la noche. Digo esto porque, si no me enga\u00f1o, hacia nosotros viene uno que trae en su cabeza puesto el yelmo de Mambrino, sobre que yo hice el juramento que sabes.<\/p>\n<p>-Mire vuestra merced bien lo que dice, y mejor lo que hace -dijo Sancho-, que no querr\u00eda que fuesen otros batanes que nos acabasen de abatanar y aporrear el sentido.<\/p>\n<p>-\u00a1V\u00e1late el diablo por hombre! -replic\u00f3 don Quijote-. \u00bfQu\u00e9 va de yelmo a batanes?<\/p>\n<p>-No s\u00e9 nada -respondi\u00f3 Sancho-; mas, a fe que si yo pudiera hablar tanto como sol\u00eda, que quiz\u00e1 diera tales razones que vuestra merced viera que se enga\u00f1aba en lo que dice.<\/p>\n<p>-\u00bfC\u00f3mo me puedo enga\u00f1ar en lo que digo, traidor escrupuloso? -dijo don Quijote-. Dime, \u00bfno ves aquel caballero que hacia nosotros viene, sobre un caballo rucio rodado, que trae puesto en la cabeza un yelmo de oro?<\/p>\n<p>-Lo que yo veo y columbro -respondi\u00f3 Sancho- no es sino un hombre sobre un asno pardo, como el m\u00edo, que trae sobre la cabeza una cosa que relumbra.<\/p>\n<p>-Pues \u00e9se es el yelmo de Mambrino -dijo don Quijote-. Ap\u00e1rtate a una parte y d\u00e9jame con \u00e9l a solas: ver\u00e1s cu\u00e1n sin hablar palabra, por ahorrar del tiempo, concluyo esta aventura y queda por m\u00edo el yelmo que tanto he deseado.<\/p>\n<p>-Yo me tengo en cuidado el apartarme -replic\u00f3 Sancho-, mas quiera Dios, torno a decir, que or\u00e9gano sea, y no batanes.<\/p>\n<p>-Ya os he dicho, hermano, que no me ment\u00e9is, ni por pienso, m\u00e1s eso de los batanes -dijo don Quijote-; que voto&#8230;, y no digo m\u00e1s, que os batanee el alma.<\/p>\n<p>Call\u00f3 Sancho, con temor que su amo no cumpliese el voto que le hab\u00eda echado, redondo como una bola.<\/p>\n<p>Es, pues, el caso que el yelmo, y el caballo y caballero que don Quijote ve\u00eda, era esto: que en aquel contorno hab\u00eda dos lugares, el uno tan peque\u00f1o que ni ten\u00eda botica ni barbero, y el otro, que estaba junto, s\u00ed; y as\u00ed, el barbero del mayor serv\u00eda al menor, en el cual tuvo necesidad un enfermo de sangrarse y otro de hacerse la barba, para lo cual ven\u00eda el barbero, y tra\u00eda una bac\u00eda de az\u00f3far; y quiso la suerte que, al tiempo que ven\u00eda, comenz\u00f3 a llover, y, porque no se le manchase el sombrero, que deb\u00eda de ser nuevo, se puso la bac\u00eda sobre la cabeza; y, como estaba limpia, desde media legua relumbraba. Ven\u00eda sobre un asno pardo, como Sancho dijo, y \u00e9sta fue la ocasi\u00f3n que a don Quijote le pareci\u00f3 caballo rucio rodado, y caballero, y yelmo de oro; que todas las cosas que ve\u00eda, con mucha facilidad las acomodaba a sus desvariadas caballer\u00edas y malandantes pensamientos. Y cuando \u00e9l vio que el pobre caballero llegaba cerca, sin ponerse con \u00e9l en razones, a todo correr de Rocinante le enristr\u00f3 con el lanz\u00f3n bajo, llevando intenci\u00f3n de pasarle de parte a parte; mas cuando a \u00e9l llegaba, sin detener la furia de su carrera, le dijo:<\/p>\n<p>-\u00a1Defi\u00e9ndete, cautiva criatura, o entri\u00e9game de tu voluntad lo que con tanta raz\u00f3n se me debe!<\/p>\n<p>El barbero, que, tan sin pensarlo ni temerlo, vio venir aquella fantasma sobre s\u00ed, no tuvo otro remedio, para poder guardarse del golpe de la lanza, si no fue el dejarse caer del asno abajo; y no hubo tocado al suelo, cuando se levant\u00f3 m\u00e1s ligero que un gamo y comenz\u00f3 a correr por aquel llano, que no le alcanzara el viento. Dej\u00f3se la bac\u00eda en el suelo, con la cual se content\u00f3 don Quijote, y dijo que el pagano hab\u00eda andado discreto y que hab\u00eda imitado al castor, el cual, vi\u00e9ndose acosado de los cazadores, se taraza y arpa con los dientes aqu\u00e9llo por lo que \u00e9l, por distinto natural, sabe que es perseguido. Mand\u00f3 a Sancho que alzase el yelmo, el cual, tom\u00e1ndola en las manos, dijo:<\/p>\n<p>-Por Dios, que la bac\u00eda es buena y que vale un real de a ocho como un maraved\u00ed.<\/p>\n<p>Y, d\u00e1ndosela a su amo, se la puso luego en la cabeza, rode\u00e1ndola a una parte y a otra, busc\u00e1ndole el encaje; y, como no se le hallaba, dijo:<\/p>\n<p>-Sin duda que el pagano, a cuya medida se forj\u00f3 primero esta famosa celada, deb\u00eda de tener grand\u00edsima cabeza, y lo peor dello es que le falta la mitad.\u00a0<\/p>\n<p>Cuando Sancho oy\u00f3 llamar a la bac\u00eda celada, no pudo tener la risa; mas v\u00ednosele a las mientes la c\u00f3lera de su amo, y call\u00f3 en la mitad della.<\/p>\n<p>-\u00bfDe qu\u00e9 te r\u00edes, Sancho? -dijo don Quijote.<\/p>\n<p>-R\u00edome -respondi\u00f3 \u00e9l- de considerar la gran cabeza que ten\u00eda el pagano due\u00f1o deste almete, que no semeja sino una bac\u00eda de barbero pintiparada.<\/p>\n<p>-\u00bfSabes qu\u00e9 imagino, Sancho? Que esta famosa pieza deste encantado yelmo, por alg\u00fan estra\u00f1o acidente, debi\u00f3 de venir a manos de quien no supo conocer ni estimar su valor, y, sin saber lo que hac\u00eda, vi\u00e9ndola de oro pur\u00edsimo, debi\u00f3 de fundir la otra mitad para aprovecharse del precio, y de la otra mitad hizo \u00e9sta, que parece bac\u00eda de barbero, como t\u00fa dices. Pero, sea lo que fuere; que para m\u00ed que la conozco no hace al caso su trasmutaci\u00f3n; que yo la aderezar\u00e9 en el primer lugar donde haya herrero, y de suerte que no le haga ventaja, ni aun le llegue, la que hizo y forj\u00f3 el dios de las herrer\u00edas para el dios de las batallas; y, en este entretanto, la traer\u00e9 como pudiere, que m\u00e1s vale algo que no nada; cuanto m\u00e1s, que bien ser\u00e1 bastante para defenderme de alguna pedrada.<\/p>\n<p>-Eso ser\u00e1 -dijo Sancho- si no se tira con honda, como se tiraron en la pelea de los dos ej\u00e9rcitos, cuando le santiguaron a vuestra merced las muelas y le rompieron el alcuza donde ven\u00eda aquel bendit\u00edsimo brebaje que me hizo vomitar las asaduras.<\/p>\n<p>-No me da mucha pena el haberle perdido, que ya sabes t\u00fa, Sancho -dijo don Quijote-, que yo tengo la receta en la memoria.<\/p>\n<p>-Tambi\u00e9n la tengo yo -respondi\u00f3 Sancho-, pero si yo le hiciere ni le probare m\u00e1s en mi vida, aqu\u00ed sea mi hora. Cuanto m\u00e1s, que no pienso ponerme en ocasi\u00f3n de haberle menester, porque pienso guardarme con todos mis cinco sentidos de ser ferido ni de ferir a nadie. De lo del ser otra vez manteado, no digo nada, que semejantes desgracias mal se pueden prevenir, y si vienen, no hay que hacer otra cosa sino encoger los hombros, detener el aliento, cerrar los ojos y dejarse ir por donde la suerte y la manta nos llevare.<\/p>\n<p>-Mal cristiano eres, Sancho -dijo, oyendo esto, don Quijote-, porque nunca olvidas la injuria que una vez te han hecho; pues s\u00e1bete que es de pechos nobles y generosos no hacer caso de ni\u00f1er\u00edas. \u00bfQu\u00e9 pie sacaste cojo, qu\u00e9 costilla quebrada, qu\u00e9 cabeza rota, para que no se te olvide aquella burla?\u00a0<\/p>\n<p>Que, bien apurada la cosa, burla fue y pasatiempo; que, a no entenderlo yo ans\u00ed, ya yo hubiera vuelto all\u00e1 y hubiera hecho en tu venganza m\u00e1s da\u00f1o que el que hicieron los griegos por la robada Elena. La cual, si fuera en este tiempo, o mi Dulcinea fuera en aqu\u00e9l, pudiera estar segura que no tuviera tanta fama de hermosa como tiene.<\/p>\n<p>Y aqu\u00ed dio un sospiro, y le puso en las nubes. Y dijo Sancho:<\/p>\n<p>-Pase por burlas, pues la venganza no puede pasar en veras; pero yo s\u00e9 de qu\u00e9 calidad fueron las veras y las burlas, y s\u00e9 tambi\u00e9n que no se me caer\u00e1n de la memoria, como nunca se quitar\u00e1n de las espaldas. Pero, dejando esto aparte, d\u00edgame vuestra merced qu\u00e9 haremos deste caballo rucio rodado, que parece asno pardo, que dej\u00f3 aqu\u00ed desamparado aquel Martino que vuestra merced derrib\u00f3; que, seg\u00fan \u00e9l puso los pies en polvorosa y cogi\u00f3 las de Villadiego, no lleva pergenio de volver por \u00e9l jam\u00e1s; y \u00a1para mis barbas, si no es bueno el rucio!<\/p>\n<p>-Nunca yo acostumbro -dijo don Quijote- despojar a los que venzo, ni es uso de caballer\u00eda quitarles los caballos y dejarlos a pie, si ya no fuese que el vencedor hubiese perdido en la pendencia el suyo; que, en tal caso, l\u00edcito es tomar el del vencido, como ganado en guerra l\u00edcita. As\u00ed que, Sancho, deja ese caballo, o asno, o lo que t\u00fa quisieres que sea, que, como su due\u00f1o nos vea alongados de aqu\u00ed, volver\u00e1 por \u00e9l.<\/p>\n<p>-Dios sabe si quisiera llevarle -replic\u00f3 Sancho-, o, por lo menos, trocalle con este m\u00edo, que no me parece tan bueno. Verdaderamente que son estrechas las leyes de caballer\u00eda, pues no se estienden a dejar trocar un asno por otro; y querr\u00eda saber si podr\u00eda trocar los aparejos siquiera.\u00a0<\/p>\n<p>-En eso no estoy muy cierto -respondi\u00f3 don Quijote-; y, en caso de duda, hasta estar mejor informado, digo que los trueques, si es que tienes dellos necesidad estrema.<\/p>\n<p>-Tan estrema es -respondi\u00f3 Sancho- que si fueran para mi misma persona, no los hubiera menester m\u00e1s.<\/p>\n<p>Y luego, habilitado con aquella licencia, hizo mutatio caparum y puso su jumento a las mil lindezas, dej\u00e1ndole mejorado en tercio y quinto.<\/p>\n<p>Hecho esto, almorzaron de las sobras del real que del ac\u00e9mila despojaron, bebieron del agua del arroyo de los batanes, sin volver la cara a mirallos: tal era el aborrecimiento que les ten\u00edan por el miedo en que les hab\u00edan puesto.<\/p>\n<p>Cortada, pues, la c\u00f3lera, y aun la malencon\u00eda, subieron a caballo, y, sin tomar determinado camino, por ser muy de caballeros andantes el no tomar ninguno cierto, se pusieron a caminar por donde la voluntad de Rocinante quiso, que se llevaba tras s\u00ed la de su amo, y aun la del asno, que siempre le segu\u00eda por dondequiera que guiaba, en buen amor y compa\u00f1\u00eda. Con todo esto, volvieron al camino real y siguieron por \u00e9l a la ventura, sin otro disignio alguno.<\/p>\n<p>Yendo, pues, as\u00ed caminando, dijo Sancho a su amo:<\/p>\n<p>-Se\u00f1or, \u00bfquiere vuestra merced darme licencia que departa un poco con \u00e9l?<\/p>\n<p>Que, despu\u00e9s que me puso aquel \u00e1spero mandamiento del silencio, se me han podrido m\u00e1s de cuatro cosas en el est\u00f3mago, y una sola que ahora tengo en el pico de la lengua no querr\u00eda que se mal lograse.<\/p>\n<p>-Dila -dijo don Quijote-, y s\u00e9 breve en tus razonamientos, que ninguno hay gustoso si es largo.<\/p>\n<p>-Digo, pues, se\u00f1or -respondi\u00f3 Sancho-, que, de algunos d\u00edas a esta parte, he considerado cu\u00e1n poco se gana y granjea de andar buscando estas aventuras que vuestra merced busca por estos desiertos y encrucijadas de caminos, donde, ya que se venzan y acaben las m\u00e1s peligrosas, no hay quien las vea ni sepa; y as\u00ed, se han de quedar en perpetuo silencio, y en perjuicio de la intenci\u00f3n de vuestra merced y de lo que ellas merecen. Y as\u00ed, me parece que ser\u00eda mejor, salvo el mejor parecer de vuestra merced, que nos fu\u00e9semos a servir a alg\u00fan emperador, o a otro pr\u00edncipe grande que tenga alguna guerra, en cuyo servicio vuestra merced muestre el valor de su persona, sus grandes fuerzas y mayor entendimiento; que, visto esto del se\u00f1or a quien sirvi\u00e9remos, por fuerza nos ha de remunerar, a cada cual seg\u00fan sus m\u00e9ritos, y all\u00ed no faltar\u00e1 quien ponga en escrito las haza\u00f1as de vuestra merced, para perpetua memoria. De las m\u00edas no digo nada, pues no han de salir de los l\u00edmites escuderiles; aunque s\u00e9 decir que, si se usa en la caballer\u00eda escribir haza\u00f1as de escuderos, que no pienso que se han de quedar las m\u00edas entre renglones.<\/p>\n<p>-No dices mal, Sancho -respondi\u00f3 don Quijote-; mas, antes que se llegue a ese t\u00e9rmino, es menester andar por el mundo, como en aprobaci\u00f3n, buscando las aventuras, para que, acabando algunas, se cobre nombre y fama tal que, cuando se fuere a la corte de alg\u00fan gran monarca, ya sea el caballero conocido por sus obras; y que, apenas le hayan visto entrar los muchachos por la puerta de la ciudad, cuando todos le sigan y rodeen, dando voces, diciendo: \u00bb\u00c9ste es el Caballero del Sol\u00bb, o de la Sierpe, o de otra insignia alguna, debajo de la cual hubiere acabado grandes haza\u00f1as. \u00bb\u00c9ste es -dir\u00e1n- el que venci\u00f3 en singular batalla al gigantazo Brocabruno de la Gran Fuerza; el que desencant\u00f3 al Gran Mameluco de Persia del largo encantamento en que hab\u00eda estado casi novecientos a\u00f1os\u00bb. As\u00ed que, de mano en mano, ir\u00e1n pregonando tus hechos, y luego, al alboroto de los muchachos y de la dem\u00e1s gente, se parar\u00e1 a las fenestras de su real palacio el rey de aquel reino, y as\u00ed como vea al caballero, conoci\u00e9ndole por las armas o por la empresa del escudo, forzosamente ha de decir: \u00bb\u00a1Ea, sus! \u00a1Salgan mis caballeros, cuantos en mi corte est\u00e1n, a recebir a la flor de la caballer\u00eda, que all\u00ed viene!\u00bb A cuyo mandamiento saldr\u00e1n todos, y \u00e9l llegar\u00e1 hasta la mitad de la escalera, y le abrazar\u00e1 estrech\u00edsimamente, y le dar\u00e1 paz bes\u00e1ndole en el rostro; y luego le llevar\u00e1 por la mano al aposento de la se\u00f1ora reina, adonde el caballero la hallar\u00e1 con la infanta, su hija, que ha de ser una de las m\u00e1s fermosas y acabadas doncellas que, en gran parte de lo descubierto de la tierra, a duras penas se pueda hallar.<\/p>\n<p>Suceder\u00e1 tras esto, luego en continente, que ella ponga los ojos en el caballero y \u00e9l en los della, y cada uno parezca a otro cosa m\u00e1s divina que humana; y, sin saber c\u00f3mo ni c\u00f3mo no, han de quedar presos y enlazados en la intricable red amorosa, y con gran cuita en sus corazones por no saber c\u00f3mo se han de fablar para descubrir sus ansias y sentimientos. Desde all\u00ed le llevar\u00e1n, sin duda, a alg\u00fan cuarto del palacio, ricamente aderezado, donde, habi\u00e9ndole quitado las armas, le traer\u00e1n un rico manto de escarlata con que se cubra; y si bien pareci\u00f3 armado, tan bien y mejor ha de parecer en farseto. Venida la noche, cenar\u00e1 con el rey, reina e infanta, donde nunca quitar\u00e1 los ojos della, mir\u00e1ndola a furto de los circustantes, y ella har\u00e1 lo mesmo con la mesma sagacidad, porque, como tengo dicho, es muy discreta doncella. Levantarse han las tablas, y entrar\u00e1 a deshora por la puerta de la sala un feo y peque\u00f1o enano con una fermosa due\u00f1a, que, entre dos gigantes, detr\u00e1s del enano viene, con cierta aventura, hecha por un antiqu\u00edsimo sabio, que el que la acabare ser\u00e1 tenido por el mejor caballero del mundo. Mandar\u00e1 luego el rey que todos los que est\u00e1n presentes la prueben, y ninguno le dar\u00e1 fin y cima sino el caballero hu\u00e9sped, en mucho pro de su fama, de lo cual quedar\u00e1 content\u00edsima la infanta, y se tendr\u00e1 por contenta y pagada adem\u00e1s, por haber puesto y colocado sus pensamientos en tan alta parte. Y lo bueno es que este rey, o pr\u00edncipe, o lo que es, tiene una muy re\u00f1ida guerra con otro tan poderoso como \u00e9l, y el caballero hu\u00e9sped le pide (al cabo de algunos d\u00edas que ha estado en su corte) licencia para ir a servirle en aquella guerra dicha. Dar\u00e1sela el rey de muy buen talante, y el caballero le besar\u00e1 cort\u00e9smente las manos por la merced que le face. Y aquella noche se despedir\u00e1 de su se\u00f1ora la infanta por las rejas de un jard\u00edn, que cae en el aposento donde ella duerme, por las cuales ya otras muchas veces la hab\u00eda fablado, siendo medianera y sabidora de todo una doncella de quien la infanta mucho se fiaba. Sospirar\u00e1 \u00e9l, desmayar\u00e1se ella, traer\u00e1 agua la doncella, acuitar\u00e1se mucho porque viene la ma\u00f1ana, y no querr\u00eda que fuesen descubiertos, por la honra de su se\u00f1ora. Finalmente, la infanta volver\u00e1 en s\u00ed y dar\u00e1 sus blancas manos por la reja al caballero, el cual se las besar\u00e1 mil y mil veces y se las ba\u00f1ar\u00e1 en l\u00e1grimas. Quedar\u00e1 concertado entre los dos del modo que se han de hacer saber sus buenos o malos sucesos, y rogar\u00e1le la princesa que se detenga lo menos que pudiere; promet\u00e9rselo ha \u00e9l con muchos juramentos; t\u00f3rnale a besar las manos, y desp\u00eddese con tanto sentimiento que estar\u00e1 poco por acabar la vida. Vase desde all\u00ed a su aposento, \u00e9chase sobre su lecho, no puede dormir del dolor de la partida, madruga muy de ma\u00f1ana, vase a despedir del rey y de la reina y de la infanta; d\u00edcenle, habi\u00e9ndose despedido de los dos, que la se\u00f1ora infanta est\u00e1 mal dispuesta y que no puede recebir visita; piensa el caballero que es de pena de su partida, trasp\u00e1sasele el coraz\u00f3n, y falta poco de no dar indicio manifiesto de su pena. Est\u00e1 la doncella medianera delante, halo de notar todo, v\u00e1selo a decir a su se\u00f1ora, la cual la recibe con l\u00e1grimas y le dice que una de las mayores penas que tiene es no saber qui\u00e9n sea su caballero, y si es de linaje de reyes o no; aseg\u00farala la doncella que no puede caber tanta cortes\u00eda, gentileza y valent\u00eda como la de su caballero sino en subjeto real y grave; consu\u00e9lase con esto la cuitada; procura consolarse, por no dar mal indicio de s\u00ed a sus padres, y, a cabo de dos d\u00edas, sale en p\u00fablico. Ya se es ido el caballero: pelea en la guerra, vence al enemigo del rey, gana muchas ciudades, triunfa de muchas batallas, vuelve a la corte, ve a su se\u00f1ora por donde suele, conci\u00e9rtase que la pida a su padre por mujer en pago de sus servicios. No se la quiere dar el rey, porque no sabe qui\u00e9n es; pero, con todo esto, o robada o de otra cualquier suerte que sea, la infanta viene a ser su esposa y su padre lo viene a tener a gran ventura, porque se vino a averiguar que el tal caballero es hijo de un valeroso rey de no s\u00e9 qu\u00e9 reino, porque creo que no debe de estar en el mapa. Mu\u00e9rese el padre, hereda la infanta, queda rey el caballero en dos palabras. Aqu\u00ed entra luego el hacer mercedes a su escudero y a todos aquellos que le ayudaron a subir a tan alto estado: casa a su escudero con una doncella de la infanta, que ser\u00e1, sin duda, la que fue tercera en sus amores, que es hija de un duque muy principal.\u00a0<\/p>\n<p>-Eso pido, y barras derechas -dijo Sancho-; a eso me atengo, porque todo, al pie de la letra, ha de suceder por vuestra merced, llam\u00e1ndose el Caballero de la Triste Figura.<\/p>\n<p>-No lo dudes, Sancho -replic\u00f3 don Quijote-, porque del mesmo y por los mesmos pasos que esto he contado suben y han subido los caballeros andantes a ser reyes y emperadores. S\u00f3lo falta agora mirar qu\u00e9 rey de los cristianos o de los paganos tenga guerra y tenga hija hermosa; pero tiempo habr\u00e1 para pensar esto, pues, como te tengo dicho, primero se ha de cobrar fama por otras partes que se acuda a la corte. Tambi\u00e9n me falta otra cosa; que, puesto caso que se halle rey con guerra y con hija hermosa, y que yo haya cobrado fama incre\u00edble por todo el universo, no s\u00e9 yo c\u00f3mo se pod\u00eda hallar que yo sea de linaje de reyes, o, por lo menos, primo segundo de emperador; porque no me querr\u00e1 el rey dar a su hija por mujer si no est\u00e1 primero muy enterado en esto, aunque m\u00e1s lo merezcan mis famosos hechos. As\u00ed que, por esta falta, temo perder lo que mi brazo tiene bien merecido. Bien es verdad que yo soy hijodalgo de solar conocido, de posesi\u00f3n y propriedad y de devengar quinientos sueldos; y podr\u00eda ser que el sabio que escribiese mi historia deslindase de tal manera mi parentela y decendencia, que me hallase quinto o sesto nieto de rey. Porque te hago saber, Sancho, que hay dos maneras de linajes en el mundo: unos que traen y derriban su decendencia de pr\u00edncipes y monarcas, a quien poco a poco el tiempo ha deshecho, y han acabado en punta, como pir\u00e1mide puesta al rev\u00e9s; otros tuvieron principio de gente baja, y van subiendo de grado en grado, hasta llegar a ser grandes se\u00f1ores. De manera que est\u00e1 la diferencia en que unos fueron, que ya no son, y otros son, que ya no fueron; y podr\u00eda ser yo d\u00e9stos que, despu\u00e9s de averiguado, hubiese sido mi principio grande y famoso, con lo cual se deb\u00eda de contentar el rey, mi suegro, que hubiere de ser. Y cuando no, la infanta me ha de querer de manera que, a pesar de su padre, aunque claramente sepa que soy hijo de un azac\u00e1n, me ha de admitir por se\u00f1or y por esposo; y si no, aqu\u00ed entra el roballa y llevalla donde m\u00e1s gusto me diere; que el tiempo o la muerte ha de acabar el enojo de sus padres.<\/p>\n<p>-Ah\u00ed entra bien tambi\u00e9n -dijo Sancho- lo que algunos desalmados dicen: \u00abNo pidas de grado lo que puedes tomar por fuerza\u00bb; aunque mejor cuadra decir:<\/p>\n<p>\u00abM\u00e1s vale salto de mata que ruego de hombres buenos\u00bb. D\u00edgolo porque si el se\u00f1or rey, suegro de vuestra merced, no se quisiere dome\u00f1ar a entregalle a mi se\u00f1ora la infanta, no hay sino, como vuestra merced dice, roballa y trasponella. Pero est\u00e1 el da\u00f1o que, en tanto que se hagan las paces y se goce pac\u00edficamente el reino, el pobre escudero se podr\u00e1 estar a diente en esto de las mercedes. Si ya no es que la doncella tercera, que ha de ser su mujer, se sale con la infanta, y \u00e9l pasa con ella su mala ventura, hasta que el cielo ordene otra cosa; porque bien podr\u00e1, creo yo, desde luego d\u00e1rsela su se\u00f1or por lig\u00edtima esposa.\u00a0<\/p>\n<p>-Eso no hay quien la quite -dijo don Quijote.<\/p>\n<p>-Pues, como eso sea -respondi\u00f3 Sancho-, no hay sino encomendarnos a Dios, y dejar correr la suerte por donde mejor lo encaminare.<\/p>\n<p>-H\u00e1galo Dios -respondi\u00f3 don Quijote- como yo deseo y t\u00fa, Sancho, has menester; y ruin sea quien por ruin se tiene.<\/p>\n<p>-Sea par Dios -dijo Sancho-, que yo cristiano viejo soy, y para ser conde esto me basta.<\/p>\n<p>-Y aun te sobra -dijo don Quijote-; y cuando no lo fueras, no hac\u00eda nada al caso, porque, siendo yo el rey, bien te puedo dar nobleza, sin que la compres ni me sirvas con nada. Porque, en haci\u00e9ndote conde, c\u00e1tate ah\u00ed caballero, y digan lo que dijeren; que a buena fe que te han de llamar se\u00f1or\u00eda, mal que les pese.<\/p>\n<p>-Y \u00a1montas que no sabr\u00eda yo autorizar el litado! -dijo Sancho.<\/p>\n<p>-Dictado has de decir, que no litado -dijo su amo.<\/p>\n<p>-Sea ans\u00ed -respondi\u00f3 Sancho Panza-. Digo que le sabr\u00eda bien acomodar, porque, por vida m\u00eda, que un tiempo fui mu\u00f1idor de una cofrad\u00eda, y que me asentaba tan bien la ropa de mu\u00f1idor, que dec\u00edan todos que ten\u00eda presencia para poder ser prioste de la mesma cofrad\u00eda. Pues, \u00bfqu\u00e9 ser\u00e1 cuando me ponga un rop\u00f3n ducal a cuestas, o me vista de oro y de perlas, a uso de conde estranjero? Para m\u00ed tengo que me han de venir a ver de cien leguas.<\/p>\n<p>-Bien parecer\u00e1s -dijo don Quijote-, pero ser\u00e1 menester que te rapes las barbas a menudo; que, seg\u00fan las tienes de espesas, aborrascadas y mal puestas, si no te las rapas a navaja, cada dos d\u00edas por lo menos, a tiro de escopeta se echar\u00e1 de ver lo que eres.<\/p>\n<p>-\u00bfQu\u00e9 hay m\u00e1s -dijo Sancho-, sino tomar un barbero y tenelle asalariado en casa? Y aun, si fuere menester, le har\u00e9 que ande tras m\u00ed, como caballerizo de grande.<\/p>\n<p>-Pues, \u00bfc\u00f3mo sabes t\u00fa -pregunt\u00f3 don Quijote- que los grandes llevan detr\u00e1s de s\u00ed a sus caballerizos?<\/p>\n<p>-Yo se lo dir\u00e9 -respondi\u00f3 Sancho-: los a\u00f1os pasados estuve un mes en la corte, y all\u00ed vi que, pase\u00e1ndose un se\u00f1or muy peque\u00f1o, que dec\u00edan que era muy grande, un hombre le segu\u00eda a caballo a todas las vueltas que daba, que no parec\u00eda sino que era su rabo. Pregunt\u00e9 que c\u00f3mo aquel hombre no se juntaba con el otro, sino que siempre andaba tras d\u00e9l. Respondi\u00e9ronme que era su caballerizo y que era uso de los grandes llevar tras s\u00ed a los tales.<\/p>\n<p>Desde entonces lo s\u00e9 tan bien que nunca se me ha olvidado.<\/p>\n<p>-Digo que tienes raz\u00f3n -dijo don Quijote-, y que as\u00ed puedes t\u00fa llevar a tu barbero; que los usos no vinieron todos juntos, ni se inventaron a una, y puedes ser t\u00fa el primero conde que lleve tras s\u00ed su barbero; y aun es de m\u00e1s confianza el hacer la barba que ensillar un caballo.<\/p>\n<p>-Qu\u00e9dese eso del barbero a mi cargo -dijo Sancho-, y al de vuestra merced se quede el procurar venir a ser rey y el hacerme conde.<\/p>\n<p>-As\u00ed ser\u00e1 -respondi\u00f3 don Quijote.<\/p>\n<p>Y, alzando los ojos, vio lo que se dir\u00e1 en el siguiente cap\u00edtulo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Primera parte CAP\u00cdTULO XXI Que trata de la alta aventura y rica ganancia del yelmo de Mambrino, con otras cosas sucedidas a nuestro invencible caballero En esto, comenz\u00f3 a llover un poco, y quisiera Sancho que se entraran en el molino de los batanes; mas hab\u00edales cobrado tal aborrecimiento don\u2026<\/p>\n<p class=\"continue-reading-button\"> <a class=\"continue-reading-link\" href=\"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/don-quijote-de-la-mancha-primera-parte-capitulo-xxi-de-lii-miguel-de-cervantes-saavedra\/\">Seguir leyendo&#8230;<i class=\"crycon-right-dir\"><\/i><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":75,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"rop_custom_images_group":[],"rop_custom_messages_group":[],"rop_publish_now":"initial","rop_publish_now_accounts":{"twitter_226634691_226634691":""},"rop_publish_now_history":[],"rop_publish_now_status":"pending","_uag_custom_page_level_css":"","footnotes":""},"categories":[5,1109],"tags":[1010,1016,1012,1018,2685,2687,1013,1011,1059,1015,1034,1017,1060,1144,1165,2686,1466,1057,2684,2683,1025,1077,1033],"class_list":["post-1054","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-literatura","category-textos-literarios","tag-amor","tag-arte","tag-ave","tag-ayuda","tag-capitulo","tag-cervantes","tag-ciencia","tag-corazon","tag-empresa","tag-flor","tag-guerra","tag-historia","tag-lengua","tag-leyes","tag-mancha","tag-miguel","tag-parte","tag-pensamiento","tag-primera","tag-quijote","tag-rosa","tag-universo","tag-vino"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.4 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>&quot;Don Quijote de La Mancha&quot; 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