{"id":1053,"date":"2010-12-17T20:00:24","date_gmt":"2010-12-17T18:00:24","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cultureduca.com\/blog\/?p=1053"},"modified":"2018-12-22T03:12:40","modified_gmt":"2018-12-22T01:12:40","slug":"don-quijote-de-la-mancha-primera-parte-capitulo-xx-de-lii-miguel-de-cervantes-saavedra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/don-quijote-de-la-mancha-primera-parte-capitulo-xx-de-lii-miguel-de-cervantes-saavedra\/","title":{"rendered":"\u00abDon Quijote de La Mancha\u00bb (Primera parte &#8211; cap\u00edtulo XX de LII) [Miguel de Cervantes Saavedra]"},"content":{"rendered":"<p>Primera parte<\/p>\n<p><strong>CAP\u00cdTULO XX<\/strong><\/p>\n<p><strong>De la jam\u00e1s vista ni o\u00edda aventura que con m\u00e1s poco peligro fue acabada de famoso caballero en el mundo, como la que acab\u00f3 el valeroso don Quijote de la Mancha<\/strong><\/p>\n<p>-No es posible, se\u00f1or m\u00edo, sino que estas yerbas dan testimonio de que por aqu\u00ed cerca debe de estar alguna fuente o arroyo que estas yerbas humedece; y as\u00ed, ser\u00e1 bien que vamos un poco m\u00e1s adelante, que ya toparemos donde podamos mitigar esta terrible sed que nos fatiga, que, sin duda, causa mayor pena que la hambre.<\/p>\n<p>Pareci\u00f3le bien el consejo a don Quijote, y, tomando de la rienda a Rocinante, y Sancho del cabestro a su asno, despu\u00e9s de haber puesto sobre \u00e9l los relieves que de la cena quedaron, comenzaron a caminar por el prado arriba a tiento, porque la escuridad de la noche no les dejaba ver cosa alguna; mas, no hubieron andado docientos pasos, cuando lleg\u00f3 a sus o\u00eddos un grande ruido de agua, como que de algunos grandes y levantados riscos se despe\u00f1aba. Alegr\u00f3les el ruido en gran manera, y, par\u00e1ndose a escuchar hacia qu\u00e9 parte sonaba, oyeron a deshora otro estruendo que les agu\u00f3 el contento del agua, especialmente a Sancho, que naturalmente era medroso y de poco \u00e1nimo. Digo que oyeron que daban unos golpes a comp\u00e1s, con un cierto crujir de hierros y cadenas, que, acompa\u00f1ados del furioso estruendo del agua, que pusieran pavor a cualquier otro coraz\u00f3n que no fuera el de don Quijote.<\/p>\n<p>Era la noche, como se ha dicho, escura, y ellos acertaron a entrar entre unos \u00e1rboles altos, cuyas hojas, movidas del blando viento, hac\u00edan un temeroso y manso ruido; de manera que la soledad, el sitio, la escuridad, el ruido del agua con el susurro de las hojas, todo causaba horror y espanto, y m\u00e1s cuando vieron que ni los golpes cesaban, ni el viento dorm\u00eda, ni la ma\u00f1ana llegaba; a\u00f1adi\u00e9ndose a todo esto el ignorar el lugar donde se hallaban. Pero don Quijote, acompa\u00f1ado de su intr\u00e9pido coraz\u00f3n, salt\u00f3 sobre Rocinante, y, embrazando su rodela, terci\u00f3 su lanz\u00f3n y dijo:<\/p>\n<p>-Sancho amigo, has de saber que yo nac\u00ed, por querer del cielo, en esta nuestra edad de hierro, para resucitar en ella la de oro, o la dorada, como suele llamarse. Yo soy aqu\u00e9l para quien est\u00e1n guardados los peligros, las grandes haza\u00f1as, los valerosos hechos. Yo soy, digo otra vez, quien ha de resucitar los de la Tabla Redonda, los Doce de Francia y los Nueve de la Fama, y el que ha de poner en olvido los Platires, los Tablantes, Olivantes y Tirantes, los Febos y Belianises, con toda la caterva de los famosos caballeros andantes del pasado tiempo, haciendo en este en que me hallo tales grandezas, estra\u00f1ezas y fechos de armas, que escurezcan las m\u00e1s claras que ellos ficieron. Bien notas, escudero fiel y legal, las tinieblas desta noche, su estra\u00f1o silencio, el sordo y confuso estruendo destos \u00e1rboles, el temeroso ruido de aquella agua en cuya busca venimos, que parece que se despe\u00f1a y derrumba desde los altos montes de la luna, y aquel incesable golpear que nos hiere y lastima los o\u00eddos; las cuales cosas, todas juntas y cada una por s\u00ed, son bastantes a infundir miedo, temor y espanto en el pecho del mesmo Marte, cuanto m\u00e1s en aquel que no est\u00e1 acostumbrado a semejantes acontecimientos y aventuras. Pues todo esto que yo te pinto son incentivos y despertadores de mi \u00e1nimo, que ya hace que el coraz\u00f3n me reviente en el pecho, con el deseo que tiene de acometer esta aventura, por m\u00e1s dificultosa que se muestra. As\u00ed que, aprieta un poco las cinchas a Rocinante y qu\u00e9date a Dios, y esp\u00e9rame aqu\u00ed hasta tres d\u00edas no m\u00e1s, en los cuales, si no volviere, puedes t\u00fa volverte a nuestra aldea, y desde all\u00ed, por hacerme merced y buena obra, ir\u00e1s al Toboso, donde dir\u00e1s a la incomparable se\u00f1ora m\u00eda Dulcinea que su cautivo caballero muri\u00f3 por acometer cosas que le hiciesen digno de poder llamarse suyo.<\/p>\n<p>Cuando Sancho oy\u00f3 las palabras de su amo, comenz\u00f3 a llorar con la mayor ternura del mundo y a decille:<\/p>\n<p>-Se\u00f1or, yo no s\u00e9 por qu\u00e9 quiere vuestra merced acometer esta tan temerosa aventura: ahora es de noche, aqu\u00ed no nos vee nadie, bien podemos torcer el camino y desviarnos del peligro, aunque no bebamos en tres d\u00edas; y, pues no hay quien nos vea, menos habr\u00e1 quien nos note de cobardes; cuanto m\u00e1s, que yo he o\u00eddo predicar al cura de nuestro lugar, que vuestra merced bien conoce, que quien busca el peligro perece en \u00e9l; as\u00ed que, no es bien tentar a Dios acometiendo tan desaforado hecho, donde no se puede escapar sino por milagro; y basta los que ha hecho el cielo con vuestra merced en librarle de ser manteado, como yo lo fui, y en sacarle vencedor, libre y salvo de entre tantos enemigos como acompa\u00f1aban al difunto. Y, cuando todo esto no mueva ni ablande ese duro coraz\u00f3n, mu\u00e9vale el pensar y creer que apenas se habr\u00e1 vuestra merced apartado de aqu\u00ed, cuando yo, de miedo, d\u00e9 mi \u00e1nima a quien quisiere llevarla. Yo sal\u00ed de mi tierra y dej\u00e9 hijos y mujer por venir a servir a vuestra merced, creyendo valer m\u00e1s y no menos; pero, como la cudicia rompe el saco, a m\u00ed me ha rasgado mis esperanzas, pues cuando m\u00e1s vivas las ten\u00eda de alcanzar aquella negra y malhadada \u00ednsula que tantas veces vuestra merced me ha prometido, veo que, en pago y trueco della, me quiere ahora dejar en un lugar tan apartado del trato humano. Por un solo Dios, se\u00f1or m\u00edo, que non se me faga tal desaguisado; y ya que del todo no quiera vuestra merced desistir de acometer este fecho, dil\u00e1telo, a lo menos, hasta la ma\u00f1ana; que, a lo que a m\u00ed me muestra la ciencia que aprend\u00ed cuando era pastor, no debe de haber desde aqu\u00ed al alba tres horas, porque la boca de la Bocina est\u00e1 encima de la cabeza, y hace la media noche en la l\u00ednea del brazo izquierdo.<\/p>\n<p>-\u00bfC\u00f3mo puedes t\u00fa, Sancho -dijo don Quijote-, ver d\u00f3nde hace esa l\u00ednea, ni d\u00f3nde est\u00e1 esa boca o ese colodrillo que dices, si hace la noche tan escura que no parece en todo el cielo estrella alguna?<\/p>\n<p>-As\u00ed es -dijo Sancho-, pero tiene el miedo muchos ojos y vee las cosas debajo de tierra, cuanto m\u00e1s encima en el cielo; puesto que, por buen discurso, bien se puede entender que hay poco de aqu\u00ed al d\u00eda.<\/p>\n<p>-Falte lo que faltare -respondi\u00f3 don Quijote-; que no se ha de decir por m\u00ed, ahora ni en ning\u00fan tiempo, que l\u00e1grimas y ruegos me apartaron de hacer lo que deb\u00eda a estilo de caballero; y as\u00ed, te ruego, Sancho, que calles; que Dios, que me ha puesto en coraz\u00f3n de acometer ahora esta tan no vista y tan temerosa aventura, tendr\u00e1 cuidado de mirar por mi salud y de consolar tu tristeza. Lo que has de hacer es apretar bien las cinchas a Rocinante y quedarte aqu\u00ed, que yo dar\u00e9 la vuelta presto, o vivo o muerto.<\/p>\n<p>Viendo, pues, Sancho la \u00faltima resoluci\u00f3n de su amo y cu\u00e1n poco val\u00edan con \u00e9l sus l\u00e1grimas, consejos y ruegos, determin\u00f3 de aprovecharse de su industria y hacerle esperar hasta el d\u00eda, si pudiese; y as\u00ed, cuando apretaba las cinchas al caballo, bonitamente y sin ser sentido, at\u00f3 con el cabestro de su asno ambos pies a Rocinante, de manera que cuando don Quijote se quiso partir, no pudo, porque el caballo no se pod\u00eda mover sino a saltos. Viendo Sancho Panza el buen suceso de su embuste, dijo:<\/p>\n<p>-Ea, se\u00f1or, que el cielo, conmovido de mis l\u00e1grimas y plegarias, ha ordenado que no se pueda mover Rocinante; y si vos quer\u00e9is porfiar, y espolear, y dalle, ser\u00e1 enojar a la fortuna y dar coces, como dicen, contra el aguij\u00f3n.<\/p>\n<p>Desesper\u00e1base con esto don Quijote, y, por m\u00e1s que pon\u00eda las piernas al caballo, menos le pod\u00eda mover; y, sin caer en la cuenta de la ligadura, tuvo por bien de sosegarse y esperar, o a que amaneciese, o a que Rocinante se menease, creyendo, sin duda, que aquello ven\u00eda de otra parte que de la industria de Sancho; y as\u00ed, le dijo:<\/p>\n<p>-Pues as\u00ed es, Sancho, que Rocinante no puede moverse, yo soy contento de esperar a que r\u00eda el alba, aunque yo llore lo que ella tardare en venir.<\/p>\n<p>-No hay que llorar -respondi\u00f3 Sancho-, que yo entretendr\u00e9 a vuestra merced contando cuentos desde aqu\u00ed al d\u00eda, si ya no es que se quiere apear y echarse a dormir un poco sobre la verde yerba, a uso de caballeros andantes, para hallarse m\u00e1s descansado cuando llegue el d\u00eda y punto de acometer esta tan desemejable aventura que le espera.<\/p>\n<p>-\u00bfA qu\u00e9 llamas apear o a qu\u00e9 dormir? -dijo don Quijote-. \u00bfSoy yo, por ventura, de aquellos caballeros que toman reposo en los peligros? Duerme t\u00fa, que naciste para dormir, o haz lo que quisieres, que yo har\u00e9 lo que viere que m\u00e1s viene con mi pretensi\u00f3n.<\/p>\n<p>No se enoje vuestra merced, se\u00f1or m\u00edo -respondi\u00f3 Sancho-, que no lo dije por tanto.<\/p>\n<p>Y, lleg\u00e1ndose a \u00e9l, puso la una mano en el arz\u00f3n delantero y la otra en el otro, de modo que qued\u00f3 abrazado con el muslo izquierdo de su amo, sin osarse apartar d\u00e9l un dedo: tal era el miedo que ten\u00eda a los golpes, que todav\u00eda alternativamente sonaban. D\u00edjole don Quijote que contase alg\u00fan cuento para entretenerle, como se lo hab\u00eda prometido, a lo que Sancho dijo que s\u00ed hiciera si le dejara el temor de lo que o\u00eda.<\/p>\n<p>-Pero, con todo eso, yo me esforzar\u00e9 a decir una historia que, si la acierto a contar y no me van a la mano, es la mejor de las historias; y est\u00e9me vuestra merced atento, que ya comienzo. \u00ab\u00c9rase que se era, el bien que viniere para todos sea, y el mal, para quien lo fuere a buscar&#8230;\u00bb Y advierta vuestra merced, se\u00f1or m\u00edo, que el principio que los antiguos dieron a sus consejas no fue as\u00ed comoquiera, que fue una sentencia de Cat\u00f3n Zonzorino, romano, que dice: \u00abY el mal, para quien le fuere a buscar\u00bb, que viene aqu\u00ed como anillo al dedo, para que vuestra merced se est\u00e9 quedo y no vaya a buscar el mal a ninguna parte, sino que nos volvamos por otro camino, pues nadie nos fuerza a que sigamos \u00e9ste, donde tantos miedos nos sobresaltan.<\/p>\n<p>-Sigue tu cuento, Sancho -dijo don Quijote-, y del camino que hemos de seguir d\u00e9jame a m\u00ed el cuidado.<\/p>\n<p>-\u00abDigo, pues -prosigui\u00f3 Sancho-, que en un lugar de Estremadura hab\u00eda un pastor cabrerizo (quiero decir que guardaba cabras), el cual pastor o cabrerizo, como digo, de mi cuento, se llamaba Lope Ruiz; y este Lope Ruiz andaba enamorado de una pastora que se llamaba Torralba, la cual pastora llamada Torralba era hija de un ganadero rico, y este ganadero rico&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>-Si desa manera cuentas tu cuento, Sancho -dijo don Quijote-, repitiendo dos veces lo que vas diciendo, no acabar\u00e1s en dos d\u00edas; dilo seguidamente y cu\u00e9ntalo como hombre de entendimiento, y si no, no digas nada.<\/p>\n<p>-De la misma manera que yo lo cuento -respondi\u00f3 Sancho-, se cuentan en mi tierra todas las consejas, y yo no s\u00e9 contarlo de otra, ni es bien que vuestra merced me pida que haga usos nuevos.<\/p>\n<p>-Di como quisieres -respondi\u00f3 don Quijote-; que, pues la suerte quiere que no pueda dejar de escucharte, prosigue.<\/p>\n<p>-\u00abAs\u00ed que, se\u00f1or m\u00edo de mi \u00e1nima -prosigui\u00f3 Sancho-, que, como ya tengo dicho, este pastor andaba enamorado de Torralba, la pastora, que era una moza rolliza, zahare\u00f1a y tiraba algo a hombruna, porque ten\u00eda unos pocos de bigotes, que parece que ahora la veo.\u00bb<\/p>\n<p>-Luego, \u00bfconoc\u00edstela t\u00fa? -dijo don Quijote.<\/p>\n<p>-No la conoc\u00ed yo -respondi\u00f3 Sancho-, pero quien me cont\u00f3 este cuento me dijo que era tan cierto y verdadero que pod\u00eda bien, cuando lo contase a otro, afirmar y jurar que lo hab\u00eda visto todo. \u00abAs\u00ed que, yendo d\u00edas y viniendo d\u00edas, el diablo, que no duerme y que todo lo a\u00f1asca, hizo de manera que el amor que el pastor ten\u00eda a la pastora se volviese en omecillo y mala voluntad; y la causa fue, seg\u00fan malas lenguas, una cierta cantidad de celillos que ella le dio, tales que pasaban de la raya y llegaban a lo vedado; y fue tanto lo que el pastor la aborreci\u00f3 de all\u00ed adelante que, por no verla, se quiso ausentar de aquella tierra e irse donde sus ojos no la viesen jam\u00e1s. La Torralba, que se vio desde\u00f1ada del Lope, luego le quiso bien, mas que nunca le hab\u00eda querido.\u00bb<\/p>\n<p>-\u00c9sa es natural condici\u00f3n de mujeres -dijo don Quijote-: desde\u00f1ar a quien las quiere y amar a quien las aborrece. Pasa adelante, Sancho.<\/p>\n<p>-\u00abSucedi\u00f3 -dijo Sancho- que el pastor puso por obra su determinaci\u00f3n, y, antecogiendo sus cabras, se encamin\u00f3 por los campos de Estremadura, para pasarse a los reinos de Portugal. La Torralba, que lo supo, se fue tras \u00e9l, y segu\u00edale a pie y descalza desde lejos, con un bord\u00f3n en la mano y con unas alforjas al cuello, donde llevaba, seg\u00fan es fama, un pedazo de espejo y otro de un peine, y no s\u00e9 qu\u00e9 botecillo de mudas para la cara; mas, llevase lo que llevase, que yo no me quiero meter ahora en averiguallo, s\u00f3lo dir\u00e9 que dicen que el pastor lleg\u00f3 con su ganado a pasar el r\u00edo Guadiana, y en aquella saz\u00f3n iba crecido y casi fuera de madre, y por la parte que lleg\u00f3 no hab\u00eda barca ni barco, ni quien le pasase a \u00e9l ni a su ganado de la otra parte, de lo que se congoj\u00f3 mucho, porque ve\u00eda que la Torralba ven\u00eda ya muy cerca y le hab\u00eda de dar mucha pesadumbre con sus ruegos y l\u00e1grimas; mas, tanto anduvo mirando, que vio un pescador que ten\u00eda junto a s\u00ed un barco, tan peque\u00f1o que solamente pod\u00edan caber en \u00e9l una persona y una cabra; y, con todo esto, le habl\u00f3 y concert\u00f3 con \u00e9l que le pasase a \u00e9l y a trecientas cabras que llevaba. Entr\u00f3 el pescador en el barco, y pas\u00f3 una cabra; volvi\u00f3, y pas\u00f3 otra; torn\u00f3 a volver, y torn\u00f3 a pasar otra.\u00bb Tenga vuestra merced cuenta en las cabras que el pescador va pasando, porque si se pierde una de la memoria, se acabar\u00e1 el cuento y no ser\u00e1 posible contar m\u00e1s palabra d\u00e9l. \u00abSigo, pues, y digo que el desembarcadero de la otra parte estaba lleno de cieno y resbaloso, y tardaba el pescador mucho tiempo en ir y volver. Con todo esto, volvi\u00f3 por otra cabra, y otra, y otra&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>-Haz cuenta que las pas\u00f3 todas -dijo don Quijote-: no andes yendo y viniendo desa manera, que no acabar\u00e1s de pasarlas en un a\u00f1o.<\/p>\n<p>-\u00bfCu\u00e1ntas han pasado hasta agora? -dijo Sancho.<\/p>\n<p>-\u00a1Yo qu\u00e9 diablos s\u00e9! -respondi\u00f3 don Quijote-.<\/p>\n<p>-He ah\u00ed lo que yo dije: que tuviese buena cuenta. Pues, por Dios, que se ha acabado el cuento, que no hay pasar adelante.<\/p>\n<p>-\u00bfC\u00f3mo puede ser eso? -respondi\u00f3 don Quijote-. \u00bfTan de esencia de la historia es saber las cabras que han pasado, por estenso, que si se yerra una del n\u00famero no puedes seguir adelante con la historia?<\/p>\n<p>-No se\u00f1or, en ninguna manera -respondi\u00f3 Sancho-; porque, as\u00ed como yo pregunt\u00e9 a vuestra merced que me dijese cu\u00e1ntas cabras hab\u00edan pasado y me respondi\u00f3 que no sab\u00eda, en aquel mesmo instante se me fue a m\u00ed de la memoria cuanto me quedaba por decir, y a fe que era de mucha virtud y contento.<\/p>\n<p>-\u00bfDe modo -dijo don Quijote- que ya la historia es acabada?<\/p>\n<p>-Tan acabada es como mi madre -dijo Sancho.<\/p>\n<p>-D\u00edgote de verdad -respondi\u00f3 don Quijote- que t\u00fa has contado una de las m\u00e1s nuevas consejas, cuento o historia, que nadie pudo pensar en el mundo; y que tal modo de contarla ni dejarla, jam\u00e1s se podr\u00e1 ver ni habr\u00e1 visto en toda la vida, aunque no esperaba yo otra cosa de tu buen discurso; mas no me maravillo, pues quiz\u00e1 estos golpes, que no cesan, te deben de tener turbado el entendimiento.<\/p>\n<p>-Todo puede ser -respondi\u00f3 Sancho-, mas yo s\u00e9 que en lo de mi cuento no hay m\u00e1s que decir: que all\u00ed se acaba do comienza el yerro de la cuenta del pasaje de las cabras.<\/p>\n<p>-Acabe norabuena donde quisiere -dijo don Quijote-, y veamos si se puede mover Rocinante.<\/p>\n<p>Torn\u00f3le a poner las piernas, y \u00e9l torn\u00f3 a dar saltos y a estarse quedo: tanto estaba de bien atado.<\/p>\n<p>En esto, parece ser, o que el fr\u00edo de la ma\u00f1ana, que ya ven\u00eda, o que Sancho hubiese cenado algunas cosas lenitivas, o que fuese cosa natural -que es lo que m\u00e1s se debe creer-, a \u00e9l le vino en voluntad y deseo de hacer lo que otro no pudiera hacer por \u00e9l; mas era tanto el miedo que hab\u00eda entrado en su coraz\u00f3n, que no osaba apartarse un negro de u\u00f1a de su amo. Pues pensar de no hacer lo que ten\u00eda gana, tampoco era posible; y as\u00ed, lo que hizo, por bien de paz, fue soltar la mano derecha, que ten\u00eda asida al arz\u00f3n trasero, con la cual, bonitamente y sin rumor alguno, se solt\u00f3 la lazada corrediza con que los calzones se sosten\u00edan, sin ayuda de otra alguna, y, en quit\u00e1ndosela, dieron luego abajo y se le quedaron como grillos. Tras esto, alz\u00f3 la camisa lo mejor que pudo y ech\u00f3 al aire entrambas posaderas, que no eran muy peque\u00f1as. Hecho esto -que \u00e9l pens\u00f3 que era lo m\u00e1s que ten\u00eda que hacer para salir de aquel terrible aprieto y angustia-, le sobrevino otra mayor, que fue que le pareci\u00f3 que no pod\u00eda mudarse sin hacer estr\u00e9pito y ruido, y comenz\u00f3 a apretar los dientes y a encoger los hombros, recogiendo en s\u00ed el aliento todo cuanto pod\u00eda; pero, con todas estas diligencias, fue tan desdichado que, al cabo al cabo, vino a hacer un poco de ruido, bien diferente de aquel que a \u00e9l le pon\u00eda tanto miedo. Oy\u00f3lo don Quijote y dijo:<\/p>\n<p>-\u00bfQu\u00e9 rumor es \u00e9se, Sancho?<\/p>\n<p>-No s\u00e9, se\u00f1or -respondi\u00f3 \u00e9l-. Alguna cosa nueva debe de ser, que las aventuras y desventuras nunca comienzan por poco.<\/p>\n<p>Torn\u00f3 otra vez a probar ventura, y sucedi\u00f3le tan bien que, sin m\u00e1s ruido ni alboroto que el pasado, se hall\u00f3 libre de la carga que tanta pesadumbre le hab\u00eda dado. Mas, como don Quijote ten\u00eda el sentido del olfato tan vivo como el de los o\u00eddos, y Sancho estaba tan junto y cosido con \u00e9l que casi por l\u00ednea recta sub\u00edan los vapores hacia arriba, no se pudo escusar de que algunos no llegasen a sus narices; y, apenas hubieron llegado, cuando \u00e9l fue al socorro, apret\u00e1ndolas entre los dos dedos; y, con tono algo gangoso, dijo:<\/p>\n<p>-Par\u00e9ceme, Sancho, que tienes mucho miedo.<\/p>\n<p>-S\u00ed tengo -respondi\u00f3 Sancho-; mas, \u00bfen qu\u00e9 lo echa de ver vuestra merced ahora m\u00e1s que nunca?<\/p>\n<p>-En que ahora m\u00e1s que nunca hueles, y no a \u00e1mbar -respondi\u00f3 don Quijote.<\/p>\n<p>-Bien podr\u00e1 ser -dijo Sancho-, mas yo no tengo la culpa, sino vuestra merced, que me trae a deshoras y por estos no acostumbrados pasos.<\/p>\n<p>-Ret\u00edrate tres o cuatro all\u00e1, amigo -dijo don Quijote (todo esto sin quitarse los dedos de las narices)-, y desde aqu\u00ed adelante ten m\u00e1s cuenta con tu persona y con lo que debes a la m\u00eda; que la mucha conversaci\u00f3n que tengo contigo ha engendrado este menosprecio.<\/p>\n<p>-Apostar\u00e9 -replic\u00f3 Sancho- que piensa vuestra merced que yo he hecho de mi persona alguna cosa que no deba.<\/p>\n<p>-Peor es meneallo, amigo Sancho -respondi\u00f3 don Quijote.<\/p>\n<p>En estos coloquios y otros semejantes pasaron la noche amo y mozo. Mas, viendo Sancho que a m\u00e1s andar se ven\u00eda la ma\u00f1ana, con mucho tiento deslig\u00f3 a Rocinante y se at\u00f3 los calzones. Como Rocinante se vio libre, aunque \u00e9l de suyo no era nada brioso, parece que se resinti\u00f3, y comenz\u00f3 a dar manotadas; porque corvetas -con perd\u00f3n suyo- no las sab\u00eda hacer. Viendo, pues, don Quijote que ya Rocinante se mov\u00eda, lo tuvo a buena se\u00f1al, y crey\u00f3 que lo era de que acometiese aquella temerosa aventura.<\/p>\n<p>Acab\u00f3 en esto de descubrirse el alba y de parecer distintamente las cosas, y vio don Quijote que estaba entre unos \u00e1rboles altos, que ellos eran casta\u00f1os, que hacen la sombra muy escura. Sinti\u00f3 tambi\u00e9n que el golpear no cesaba, pero no vio qui\u00e9n lo pod\u00eda causar; y as\u00ed, sin m\u00e1s detenerse, hizo sentir las espuelas a Rocinante, y, tornando a despedirse de Sancho, le mand\u00f3 que all\u00ed le aguardase tres d\u00edas, a lo m\u00e1s largo, como ya otra vez se lo hab\u00eda dicho; y que, si al cabo dellos no hubiese vuelto, tuviese por cierto que Dios hab\u00eda sido servido de que en aquella peligrosa aventura se le acabasen sus d\u00edas. Torn\u00f3le a referir el recado y embajada que hab\u00eda de llevar de su parte a su se\u00f1ora Dulcinea, y que, en lo que tocaba a la paga de sus servicios, no tuviese pena, porque \u00e9l hab\u00eda dejado hecho su testamento antes que saliera de su lugar, donde se hallar\u00eda gratificado de todo lo tocante a su salario, rata por cantidad, del tiempo que hubiese servido; pero que si Dios le sacaba de aquel peligro sano y salvo y sin cautela, se pod\u00eda tener por muy m\u00e1s que cierta la prometida \u00ednsula.<\/p>\n<p>De nuevo torn\u00f3 a llorar Sancho, oyendo de nuevo las lastimeras razones de su buen se\u00f1or, y determin\u00f3 de no dejarle hasta el \u00faltimo tr\u00e1nsito y fin de aquel negocio.<\/p>\n<p>Destas l\u00e1grimas y determinaci\u00f3n tan honrada de Sancho Panza saca el autor desta historia que deb\u00eda de ser bien nacido, y, por lo menos, cristiano viejo. Cuyo sentimiento enterneci\u00f3 algo a su amo, pero no tanto que mostrase flaqueza alguna; antes, disimulando lo mejor que pudo, comenz\u00f3 a caminar hacia la parte por donde le pareci\u00f3 que el ruido del agua y del golpear ven\u00eda.<\/p>\n<p>Segu\u00edale Sancho a pie, llevando, como ten\u00eda de costumbre, del cabestro a su jumento, perpetuo compa\u00f1ero de sus pr\u00f3speras y adversas fortunas; y, habiendo andado una buena pieza por entre aquellos casta\u00f1os y \u00e1rboles sombr\u00edos, dieron en un pradecillo que al pie de unas altas pe\u00f1as se hac\u00eda, de las cuales se precipitaba un grand\u00edsimo golpe de agua. Al pie de las pe\u00f1as, estaban unas casas mal hechas, que m\u00e1s parec\u00edan ruinas de edificios que casas, de entre las cuales advirtieron que sal\u00eda el ruido y estruendo de aquel golpear, que a\u00fan no cesaba.<\/p>\n<p>Alborot\u00f3se Rocinante con el estruendo del agua y de los golpes, y, soseg\u00e1ndole don Quijote, se fue llegando poco a poco a las casas, encomend\u00e1ndose de todo coraz\u00f3n a su se\u00f1ora, suplic\u00e1ndole que en aquella temerosa jornada y empresa le favoreciese, y de camino se encomendaba tambi\u00e9n a Dios, que no le olvidase. No se le quitaba Sancho del lado, el cual alargaba cuanto pod\u00eda el cuello y la vista por entre las piernas de Rocinante, por ver si ver\u00eda ya lo que tan suspenso y medroso le ten\u00eda.<\/p>\n<p>Otros cien pasos ser\u00edan los que anduvieron, cuando, al doblar de una punta, pareci\u00f3 descubierta y patente la misma causa, sin que pudiese ser otra, de aquel horr\u00edsono y para ellos espantable ruido, que tan suspensos y medrosos toda la noche los hab\u00eda tenido. Y eran -si no lo has, \u00a1oh lector!, por pesadumbre y enojo- seis mazos de bat\u00e1n, que con sus alternativos golpes aquel estruendo formaban.<\/p>\n<p>Cuando don Quijote vio lo que era, enmudeci\u00f3 y pasm\u00f3se de arriba abajo.<\/p>\n<p>Mir\u00f3le Sancho, y vio que ten\u00eda la cabeza inclinada sobre el pecho, con muestras de estar corrido. Mir\u00f3 tambi\u00e9n don Quijote a Sancho, y viole que ten\u00eda los carrillos hinchados y la boca llena de risa, con evidentes se\u00f1ales de querer reventar con ella, y no pudo su melancon\u00eda tanto con \u00e9l que, a la vista de Sancho, pudiese dejar de re\u00edrse; y, como vio Sancho que su amo hab\u00eda comenzado, solt\u00f3 la presa de manera que tuvo necesidad de apretarse las ijadas con los pu\u00f1os, por no reventar riendo. Cuatro veces soseg\u00f3, y otras tantas volvi\u00f3 a su risa con el mismo \u00edmpetu que primero; de lo cual ya se daba al diablo don Quijote, y m\u00e1s cuando le oy\u00f3 decir, como por modo de fisga:<\/p>\n<p>-\u00abHas de saber, \u00a1oh Sancho amigo!, que yo nac\u00ed, por querer del cielo, en esta nuestra edad de hierro, para resucitar en ella la dorada, o de oro. Yo soy aqu\u00e9l para quien est\u00e1n guardados los peligros, las haza\u00f1as grandes, los valerosos fechos&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>Y por aqu\u00ed fue repitiendo todas o las m\u00e1s razones que don Quijote dijo la vez primera que oyeron los temerosos golpes.<\/p>\n<p>Viendo, pues, don Quijote que Sancho hac\u00eda burla d\u00e9l, se corri\u00f3 y enoj\u00f3 en tanta manera, que alz\u00f3 el lanz\u00f3n y le asent\u00f3 dos palos, tales que, si, como los recibi\u00f3 en las espaldas, los recibiera en la cabeza, quedara libre de pagarle el salario, si no fuera a sus herederos. Viendo Sancho que sacaba tan malas veras de sus burlas, con temor de que su amo no pasase adelante en ellas, con mucha humildad le dijo:<\/p>\n<p>-Sosi\u00e9guese vuestra merced; que, por Dios, que me burlo.<\/p>\n<p>-Pues, porque os burl\u00e1is, no me burlo yo -respondi\u00f3 don Quijote-. Venid ac\u00e1, se\u00f1or alegre: \u00bfpar\u00e9ceos a vos que, si como \u00e9stos fueron mazos de bat\u00e1n, fueran otra peligrosa aventura, no hab\u00eda yo mostrado el \u00e1nimo que conven\u00eda para emprendella y acaballa? \u00bfEstoy yo obligado, a dicha, siendo, como soy, caballero, a conocer y destinguir los sones y saber cu\u00e1les son de bat\u00e1n o no? Y m\u00e1s, que podr\u00eda ser, como es verdad, que no los he visto en mi vida, como vos los habr\u00e9is visto, como villano ruin que sois, criado y nacido entre ellos. Si no, haced vos que estos seis mazos se vuelvan en seis jayanes, y ech\u00e1dmelos a las barbas uno a uno, o todos juntos, y, cuando yo no diere con todos patas arriba, haced de m\u00ed la burla que quisi\u00e9redes.<\/p>\n<p>-No haya m\u00e1s, se\u00f1or m\u00edo -replic\u00f3 Sancho-, que yo confieso que he andado algo risue\u00f1o en demas\u00eda. Pero d\u00edgame vuestra merced, ahora que estamos en paz (as\u00ed Dios le saque de todas las aventuras que le sucedieren tan sano y salvo como le ha sacado d\u00e9sta), \u00bfno ha sido cosa de re\u00edr, y lo es de contar, el gran miedo que hemos tenido? A lo menos, el que yo tuve; que de vuestra merced ya yo s\u00e9 que no le conoce, ni sabe qu\u00e9 es temor ni espanto.<\/p>\n<p>-No niego yo -respondi\u00f3 don Quijote- que lo que nos ha sucedido no sea cosa digna de risa, pero no es digna de contarse; que no son todas las personas tan discretas que sepan poner en su punto las cosas.<\/p>\n<p>-A lo menos -respondi\u00f3 Sancho-, supo vuestra merced poner en su punto el lanz\u00f3n, apunt\u00e1ndome a la cabeza, y d\u00e1ndome en las espaldas, gracias a Dios y a la diligencia que puse en ladearme. Pero vaya, que todo saldr\u00e1 en la colada; que yo he o\u00eddo decir: \u00ab\u00c9se te quiere bien, que te hace llorar\u00bb; y m\u00e1s, que suelen los principales se\u00f1ores, tras una mala palabra que dicen a un criado, darle luego unas calzas; aunque no s\u00e9 lo que le suelen dar tras haberle dado de palos, si ya no es que los caballeros andantes dan tras palos \u00ednsulas o reinos en tierra firme.<\/p>\n<p>-Tal podr\u00eda correr el dado -dijo don Quijote- que todo lo que dices viniese a ser verdad; y perdona lo pasado, pues eres discreto y sabes que los primeros movimientos no son en mano del hombre, y est\u00e1 advertido de aqu\u00ed adelante en una cosa, para que te abstengas y reportes en el hablar demasiado conmigo; que en cuantos libros de caballer\u00edas he le\u00eddo, que son infinitos, jam\u00e1s he hallado que ning\u00fan escudero hablase tanto con su se\u00f1or como t\u00fa con el tuyo. Y en verdad que lo tengo a gran falta, tuya y m\u00eda: tuya, en que me estimas en poco; m\u00eda, en que no me dejo estimar en m\u00e1s. S\u00ed, que Gandal\u00edn, escudero de Amad\u00eds de Gaula, conde fue de la \u00ednsula Firme; y se lee d\u00e9l que siempre hablaba a su se\u00f1or con la gorra en la mano, inclinada la cabeza y doblado el cuerpo more turquesco. Pues, \u00bfqu\u00e9 diremos de Gasabal, escudero de don Galaor, que fue tan callado que, para declararnos la excelencia de su maravilloso silencio, sola una vez se nombra su nombre en toda aquella tan grande como verdadera historia? De todo lo que he dicho has de inferir, Sancho, que es menester hacer diferencia de amo a mozo, de se\u00f1or a criado y de caballero a escudero. As\u00ed que, desde hoy en adelante, nos hemos de tratar con m\u00e1s respeto, sin darnos cordelejo, porque, de cualquiera manera que yo me enoje con vos, ha de ser mal para el c\u00e1ntaro. Las mercedes y beneficios que yo os he prometido llegar\u00e1n a su tiempo; y si no llegaren, el salario, a lo menos, no se ha de perder, como ya os he dicho.<\/p>\n<p>-Est\u00e1 bien cuanto vuestra merced dice -dijo Sancho-, pero querr\u00eda yo saber, por si acaso no llegase el tiempo de las mercedes y fuese necesario acudir al de los salarios, cu\u00e1nto ganaba un escudero de un caballero andante en aquellos tiempos, y si se concertaban por meses, o por d\u00edas, como peones de alba\u00f1ir.<\/p>\n<p>-No creo yo -respondi\u00f3 don Quijote- que jam\u00e1s los tales escuderos estuvieron a salario, sino a merced. Y si yo ahora te le he se\u00f1alado a ti en el testamento cerrado que dej\u00e9 en mi casa, fue por lo que pod\u00eda suceder; que a\u00fan no s\u00e9 c\u00f3mo prueba en estos tan calamitosos tiempos nuestros la caballer\u00eda, y no querr\u00eda que por pocas cosas penase mi \u00e1nima en el otro mundo. Porque quiero que sepas, Sancho, que en \u00e9l no hay estado m\u00e1s peligroso que el de los aventureros.<\/p>\n<p>-As\u00ed es verdad -dijo Sancho-, pues s\u00f3lo el ruido de los mazos de un bat\u00e1n pudo alborotar y desasosegar el coraz\u00f3n de un tan valeroso andante aventurero como es vuestra merced. Mas, bien puede estar seguro que, de aqu\u00ed adelante, no despliegue mis labios para hacer donaire de las cosas de vuestra merced, si no fuere para honrarle, como a mi amo y se\u00f1or natural.<\/p>\n<p>-Desa manera -replic\u00f3 don Quijote-, vivir\u00e1s sobre la haz de la tierra; porque, despu\u00e9s de a los padres, a los amos se ha de respetar como si lo fuesen.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Primera parte CAP\u00cdTULO XX De la jam\u00e1s vista ni o\u00edda aventura que con m\u00e1s poco peligro fue acabada de famoso caballero en el mundo, como la que acab\u00f3 el valeroso don Quijote de la Mancha -No es posible, se\u00f1or m\u00edo, sino que estas yerbas dan testimonio de que por aqu\u00ed\u2026<\/p>\n<p class=\"continue-reading-button\"> <a class=\"continue-reading-link\" href=\"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/don-quijote-de-la-mancha-primera-parte-capitulo-xx-de-lii-miguel-de-cervantes-saavedra\/\">Seguir leyendo&#8230;<i class=\"crycon-right-dir\"><\/i><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":75,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"rop_custom_images_group":[],"rop_custom_messages_group":[],"rop_publish_now":"initial","rop_publish_now_accounts":{"twitter_226634691_226634691":""},"rop_publish_now_history":[],"rop_publish_now_status":"pending","_uag_custom_page_level_css":"","footnotes":""},"categories":[5,1109],"tags":[1010,1016,1012,1018,2685,2687,1013,1059,1032,1017,1054,1060,1061,1149,1165,2686,1079,1466,2684,2683,1025,1046,1033],"class_list":["post-1053","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-literatura","category-textos-literarios","tag-amor","tag-arte","tag-ave","tag-ayuda","tag-capitulo","tag-cervantes","tag-ciencia","tag-empresa","tag-estilo","tag-historia","tag-industria","tag-lengua","tag-lenguas","tag-libros-2","tag-mancha","tag-miguel","tag-mito","tag-parte","tag-primera","tag-quijote","tag-rosa","tag-salud","tag-vino"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.4 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>&quot;Don Quijote de La Mancha&quot; 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