{"id":1046,"date":"2010-12-17T19:55:51","date_gmt":"2010-12-17T17:55:51","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cultureduca.com\/blog\/?p=1046"},"modified":"2018-12-22T03:12:37","modified_gmt":"2018-12-22T01:12:37","slug":"don-quijote-de-la-mancha-primera-parte-capitulo-xiii-de-lii-miguel-de-cervantes-saavedra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/don-quijote-de-la-mancha-primera-parte-capitulo-xiii-de-lii-miguel-de-cervantes-saavedra\/","title":{"rendered":"\u00abDon Quijote de La Mancha\u00bb (Primera parte &#8211; cap\u00edtulo XIII de LII) [Miguel de Cervantes Saavedra]"},"content":{"rendered":"<p>Primera parte<\/p>\n<p><strong>CAP\u00cdTULO XIII<\/strong><\/p>\n<p><strong>Donde se da fin al cuento de la pastora Marcela, con otros sucesos<\/strong><\/p>\n<p>Mas, apenas comenz\u00f3 a descubrirse el d\u00eda por los balcones del oriente, cuando los cinco de los seis cabreros se levantaron y fueron a despertar a don Quijote, y a decille si estaba todav\u00eda con prop\u00f3sito de ir a ver el famoso entierro de Gris\u00f3stomo, y que ellos le har\u00edan compa\u00f1\u00eda. Don Quijote, que otra cosa no deseaba, se levant\u00f3 y mand\u00f3 a Sancho que ensillase y enalbardase al momento, lo cual \u00e9l hizo con mucha diligencia, y con la mesma se pusieron luego todos en camino. Y no hubieron andado un cuarto de legua, cuando, al cruzar de una senda, vieron venir hacia ellos hasta seis pastores, vestidos con pellicos negros y coronadas las cabezas con guirnaldas de cipr\u00e9s y de amarga adelfa. Tra\u00eda cada uno un grueso bast\u00f3n de acebo en la mano. Ven\u00edan con ellos, asimesmo, dos gentiles hombres de a caballo, muy bien aderezados de camino, con otros tres mozos de a pie que los acompa\u00f1aban. En lleg\u00e1ndose a juntar, se saludaron cort\u00e9smente, y, pregunt\u00e1ndose los unos a los otros d\u00f3nde iban, supieron que todos se encaminaban al lugar del entierro; y as\u00ed, comenzaron a caminar todos juntos.<\/p>\n<p>Uno de los de a caballo, hablando con su compa\u00f1ero, le dijo:<\/p>\n<p>-Par\u00e9ceme, se\u00f1or Vivaldo, que habemos de dar por bien empleada la tardanza que hici\u00e9remos en ver este famoso entierro, que no podr\u00e1 dejar de ser famoso, seg\u00fan estos pastores nos han contado estra\u00f1ezas, ans\u00ed del muerto pastor como de la pastora homicida.<\/p>\n<p>-As\u00ed me lo parece a m\u00ed -respondi\u00f3 Vivaldo-; y no digo yo hacer tardanza de un d\u00eda, pero de cuatro la hiciera a trueco de verle.<\/p>\n<p>Pregunt\u00f3les don Quijote qu\u00e9 era lo que hab\u00edan o\u00eddo de Marcela y de Gris\u00f3stomo. El caminante dijo que aquella madrugada hab\u00edan encontrado con aquellos pastores, y que, por haberles visto en aquel tan triste traje, les hab\u00edan preguntado la ocasi\u00f3n por que iban de aquella manera; que uno dellos se lo cont\u00f3, contando la estra\u00f1eza y hermosura de una pastora llamada Marcela, y los amores de muchos que la recuestaban, con la muerte de aquel Gris\u00f3stomo a cuyo entierro iban. Finalmente, \u00e9l cont\u00f3 todo lo que Pedro a don Quijote hab\u00eda contado.<\/p>\n<p>Ces\u00f3 esta pl\u00e1tica y comenz\u00f3se otra, preguntando el que se llamaba Vivaldo a don Quijote qu\u00e9 era la ocasi\u00f3n que le mov\u00eda a andar armado de aquella manera por tierra tan pac\u00edfica. A lo cual respondi\u00f3 don Quijote:<\/p>\n<p>-La profesi\u00f3n de mi ejercicio no consiente ni permite que yo ande de otra manera. El buen paso, el regalo y el reposo, all\u00e1 se invent\u00f3 para los blandos cortesanos; mas el trabajo, la inquietud y las armas s\u00f3lo se inventaron e hicieron para aquellos que el mundo llama caballeros andantes, de los cuales yo, aunque indigno, soy el menor de todos.<\/p>\n<p>Apenas le oyeron esto, cuando todos le tuvieron por loco; y, por averiguarlo m\u00e1s y ver qu\u00e9 g\u00e9nero de locura era el suyo, le torn\u00f3 a preguntar Vivaldo que qu\u00e9 quer\u00eda decir \u00abcaballeros andantes\u00bb.<\/p>\n<p>-\u00bfNo han vuestras mercedes le\u00eddo -respondi\u00f3 don Quijote- los anales e historias de Ingalaterra, donde se tratan las famosas faza\u00f1as del rey Arturo, que continuamente en nuestro romance castellano llamamos el rey Art\u00fas, de quien es tradici\u00f3n antigua y com\u00fan en todo aquel reino de la Gran Breta\u00f1a que este rey no muri\u00f3, sino que, por arte de encantamento, se convirti\u00f3 en cuervo, y que, andando los tiempos, ha de volver a reinar y a cobrar su reino y cetro; a cuya causa no se probar\u00e1 que desde aquel tiempo a \u00e9ste haya ning\u00fan ingl\u00e9s muerto cuervo alguno? Pues en tiempo de este buen rey fue instituida aquella famosa orden de caballer\u00eda de los caballeros de la Tabla Redonda, y pasaron, sin faltar un punto, los amores que all\u00ed se cuentan de don Lanzarote del Lago con la reina Ginebra, siendo medianera dellos y sabidora aquella tan honrada due\u00f1a Quinta\u00f1ona, de donde naci\u00f3 aquel tan sabido romance, y tan decantado en nuestra Espa\u00f1a, de:<\/p>\n<p>Nunca fuera caballero<br \/>\nde damas tan bien servido<br \/>\ncomo fuera Lanzarote<br \/>\ncuando de Breta\u00f1a vino;<br \/>\ncon aquel progreso tan dulce y tan suave de sus amorosos y fuertes fechos.<\/p>\n<p>Pues desde entonces, de mano en mano, fue aquella orden de caballer\u00eda estendi\u00e9ndose y dilat\u00e1ndose por muchas y diversas partes del mundo; y en ella fueron famosos y conocidos por sus fechos el valiente Amad\u00eds de Gaula, con todos sus hijos y nietos, hasta la quinta generaci\u00f3n, y el valeroso Felixmarte de Hircania, y el nunca como se debe alabado Tirante el Blanco, y casi que en nuestros d\u00edas vimos y comunicamos y o\u00edmos al invencible y valeroso caballero don Belian\u00eds de Grecia. Esto, pues, se\u00f1ores, es ser caballero andante, y la que he dicho es la orden de su caballer\u00eda; en la cual, como otra vez he dicho, yo, aunque pecador, he hecho profesi\u00f3n, y lo mesmo que profesaron los caballeros referidos profeso yo. Y as\u00ed, me voy por estas soledades y despoblados buscando las aventuras, con \u00e1nimo deliberado de ofrecer mi brazo y mi persona a la m\u00e1s peligrosa que la suerte me deparare, en ayuda de los flacos y menesterosos.<\/p>\n<p>Por estas razones que dijo, acabaron de enterarse los caminantes que era don Quijote falto de juicio, y del g\u00e9nero de locura que lo se\u00f1oreaba, de lo cual recibieron la mesma admiraci\u00f3n que recib\u00edan todos aquellos que de nuevo ven\u00edan en conocimiento della. Y Vivaldo, que era persona muy discreta y de alegre condici\u00f3n, por pasar sin pesadumbre el poco camino que dec\u00edan que les faltaba, al llegar a la sierra del entierro, quiso darle ocasi\u00f3n a que pasase m\u00e1s adelante con sus disparates. Y as\u00ed, le dijo:<\/p>\n<p>-Par\u00e9ceme, se\u00f1or caballero andante, que vuestra merced ha profesado una de las m\u00e1s estrechas profesiones que hay en la tierra, y tengo para m\u00ed que aun la de los frailes cartujos no es tan estrecha.<\/p>\n<p>-Tan estrecha bien pod\u00eda ser -respondi\u00f3 nuestro don Quijote-, pero tan necesaria en el mundo no estoy en dos dedos de ponello en duda. Porque, si va a decir verdad, no hace menos el soldado que pone en ejecuci\u00f3n lo que su capit\u00e1n le manda que el mesmo capit\u00e1n que se lo ordena. Quiero decir que los religiosos, con toda paz y sosiego, piden al cielo el bien de la tierra; pero los soldados y caballeros ponemos en ejecuci\u00f3n lo que ellos piden, defendi\u00e9ndola con el valor de nuestros brazos y filos de nuestras espadas; no debajo de cubierta, sino al cielo abierto, puestos por blanco de los insufribles rayos del sol en verano y de los erizados yelos del invierno. As\u00ed que, somos ministros de Dios en la tierra, y brazos por quien se ejecuta en ella su justicia. Y, como las cosas de la guerra y las a ellas tocantes y concernientes no se pueden poner en ejecuci\u00f3n sino sudando, afanando y trabajando, s\u00edguese que aquellos que la profesan tienen, sin duda, mayor trabajo que aquellos que en sosegada paz y reposo est\u00e1n rogando a Dios favorezca a los que poco pueden. No quiero yo decir, ni me pasa por pensamiento, que es tan buen estado el de caballero andante como el del encerrado religioso; s\u00f3lo quiero inferir, por lo que yo padezco, que, sin duda, es m\u00e1s trabajoso y m\u00e1s aporreado, y m\u00e1s hambriento y sediento, miserable, roto y piojoso; porque no hay duda sino que los caballeros andantes pasados pasaron mucha malaventura en el discurso de su vida. Y si algunos subieron a ser emperadores por el valor de su brazo, a fe que les cost\u00f3 buen porqu\u00e9 de su sangre y de su sudor; y que si a los que a tal grado subieron les faltaran encantadores y sabios que los ayudaran, que ellos quedaran bien defraudados de sus deseos y bien enga\u00f1ados de sus esperanzas.<\/p>\n<p>-De ese parecer estoy yo -replic\u00f3 el caminante-; pero una cosa, entre otras muchas, me parece muy mal de los caballeros andantes, y es que, cuando se ven en ocasi\u00f3n de acometer una grande y peligrosa aventura, en que se vee manifiesto peligro de perder la vida, nunca en aquel instante de acometella se acuerdan de encomendarse a Dios, como cada cristiano est\u00e1 obligado a hacer en peligros semejantes; antes, se encomiendan a sus damas, con tanta gana y devoci\u00f3n como si ellas fueran su Dios: cosa que me parece que huele algo a gentilidad.<\/p>\n<p>-Se\u00f1or -respondi\u00f3 don Quijote-, eso no puede ser menos en ninguna manera, y caer\u00eda en mal caso el caballero andante que otra cosa hiciese; que ya est\u00e1 en uso y costumbre en la caballer\u00eda andantesca que el caballero andante que, al acometer alg\u00fan gran fecho de armas, tuviese su se\u00f1ora delante,vuelva a ella los ojos blanda y amorosamente, como que le pide con ellos le favorezca y ampare en el dudoso trance que acomete; y aun si nadie le oye, est\u00e1 obligado a decir algunas palabras entre dientes, en que de todo coraz\u00f3n se le encomiende; y desto tenemos innumerables ejemplos en las historias. Y no se ha de entender por esto que han de dejar de encomendarse a Dios; que tiempo y lugar les queda para hacerlo en el discurso de la obra.<\/p>\n<p>-Con todo eso -replic\u00f3 el caminante-, me queda un escr\u00fapulo, y es que muchas veces he le\u00eddo que se traban palabras entre dos andantes caballeros, y, de una en otra, se les viene a encender la c\u00f3lera, y a volver los caballos y tomar una buena pieza del campo, y luego, sin m\u00e1s ni m\u00e1s, a todo el correr dellos, se vuelven a encontrar; y, en mitad de la corrida, se encomiendan a sus damas; y lo que suele suceder del encuentro es que el uno cae por las ancas del caballo, pasado con la lanza del contrario de parte a parte, y al otro le viene tambi\u00e9n que, a no tenerse a las crines del suyo, no pudiera dejar de venir al suelo. Y no s\u00e9 yo c\u00f3mo el muerto tuvo lugar para encomendarse a Dios en el discurso de esta tan acelerada obra. Mejor fuera que las palabras que en la carrera gast\u00f3 encomend\u00e1ndose a su dama las gastara en lo que deb\u00eda y estaba obligado como cristiano. Cuanto m\u00e1s, que yo tengo para m\u00ed que no todos los caballeros andantes tienen damas a quien encomendarse, porque no todos son enamorados.<\/p>\n<p>-Eso no puede ser -respondi\u00f3 don Quijote-: digo que no puede ser que haya caballero andante sin dama, porque tan proprio y tan natural les es a los tales ser enamorados como al cielo tener estrellas, y a buen seguro que no se haya visto historia donde se halle caballero andante sin amores; y por el mesmo caso que estuviese sin ellos, no ser\u00eda tenido por leg\u00edtimo caballero, sino por bastardo, y que entr\u00f3 en la fortaleza de la caballer\u00eda dicha, no por la puerta, sino por las bardas, como salteador y ladr\u00f3n.<\/p>\n<p>-Con todo eso -dijo el caminante-, me parece, si mal no me acuerdo, haber le\u00eddo que don Galaor, hermano del valeroso Amad\u00eds de Gaula, nunca tuvo dama se\u00f1alada a quien pudiese encomendarse; y, con todo esto, no fue tenido en menos, y fue un muy valiente y famoso caballero.<\/p>\n<p>A lo cual respondi\u00f3 nuestro don Quijote:<\/p>\n<p>-Se\u00f1or, una golondrina sola no hace verano. Cuanto m\u00e1s, que yo s\u00e9 que de secreto estaba ese caballero muy bien enamorado; fuera que, aquello de querer a todas bien cuantas bien le parec\u00edan era condici\u00f3n natural, a quien no pod\u00eda ir a la mano. Pero, en resoluci\u00f3n, averiguado est\u00e1 muy bien que \u00e9l ten\u00eda una sola a quien \u00e9l hab\u00eda hecho se\u00f1ora de su voluntad, a la cual se encomendaba muy a menudo y muy secretamente, porque se preci\u00f3 de secreto caballero.<\/p>\n<p>-Luego, si es de esencia que todo caballero andante haya de ser enamorado -dijo el caminante-, bien se puede creer que vuestra merced lo es, pues es de la profesi\u00f3n. Y si es que vuestra merced no se precia de ser tan secreto como don Galaor, con las veras que puedo le suplico, en nombre de toda esta compa\u00f1\u00eda y en el m\u00edo, nos diga el nombre, patria, calidad y hermosura de su dama; que ella se tendr\u00eda por dichosa de que todo el mundo sepa que es querida y servida de un tal caballero como vuestra merced parece.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed dio un gran suspiro don Quijote, y dijo:<\/p>\n<p>-Yo no podr\u00e9 afirmar si la dulce mi enemiga gusta, o no, de que el mundo sepa que yo la sirvo; s\u00f3lo s\u00e9 decir, respondiendo a lo que con tanto comedimiento se me pide, que su nombre es Dulcinea; su patria, el Toboso, un lugar de la Mancha; su calidad, por lo menos, ha de ser de princesa, pues es reina y se\u00f1ora m\u00eda; su hermosura, sobrehumana, pues en ella se vienen a hacer verdaderos todos los imposibles y quim\u00e9ricos atributos de belleza que los poetas dan a sus damas: que sus cabellos son oro, su frente campos el\u00edseos, sus cejas arcos del cielo, sus ojos soles, sus mejillas rosas, sus labios corales, perlas sus dientes, alabastro su cuello, m\u00e1rmol su pecho, marfil sus manos, su blancura nieve, y las partes que a la vista humana encubri\u00f3 la honestidad son tales, seg\u00fan yo pienso y entiendo, que s\u00f3lo la discreta consideraci\u00f3n puede encarecerlas, y no compararlas.<\/p>\n<p>-El linaje, prosapia y alcurnia querr\u00edamos saber -replic\u00f3 Vivaldo.<\/p>\n<p>A lo cual respondi\u00f3 don Quijote:<\/p>\n<p>-No es de los antiguos Curcios, Gayos y Cipiones romanos, ni de los modernos Colonas y Ursinos; ni de los Moncadas y Requesenes de Catalu\u00f1a, ni menos de los Rebellas y Villanovas de Valencia; Palafoxes, Nuzas, Rocabertis, Corellas, Lunas, Alagones, Urreas, Foces y Gurreas de Arag\u00f3n; Cerdas, Manriques, Mendozas y Guzmanes de Castilla; Alencastros, Pallas y Meneses de Portogal; pero es de los del Toboso de la Mancha, linaje, aunque moderno, tal, que puede dar generoso principio a las m\u00e1s ilustres familias de los venideros siglos. Y no se me replique en esto, si no fuere con las condiciones que puso Cervino al pie del trofeo de las armas de Orlando, que dec\u00eda:<\/p>\n<p>nadie las mueva que estar no pueda con Rold\u00e1n a prueba.<\/p>\n<p>-Aunque el m\u00edo es de los Cachopines de Laredo -respondi\u00f3 el caminante-, no le osar\u00e9 yo poner con el del Toboso de la Mancha, puesto que, para decir verdad, semejante apellido hasta ahora no ha llegado a mis o\u00eddos.<\/p>\n<p>-\u00a1Como eso no habr\u00e1 llegado! -replic\u00f3 don Quijote.<\/p>\n<p>Con gran atenci\u00f3n iban escuchando todos los dem\u00e1s la pl\u00e1tica de los dos, y aun hasta los mesmos cabreros y pastores conocieron la demasiada falta de juicio de nuestro don Quijote. S\u00f3lo Sancho Panza pensaba que cuanto su amo dec\u00eda era verdad, sabiendo \u00e9l qui\u00e9n era y habi\u00e9ndole conocido desde su nacimiento; y en lo que dudaba algo era en creer aquello de la linda Dulcinea del Toboso, porque nunca tal nombre ni tal princesa hab\u00eda llegado jam\u00e1s a su noticia, aunque viv\u00eda tan cerca del Toboso.<\/p>\n<p>En estas pl\u00e1ticas iban, cuando vieron que, por la quiebra que dos altas monta\u00f1as hac\u00edan, bajaban hasta veinte pastores, todos con pellicos de negra lana vestidos y coronados con guirnaldas, que, a lo que despu\u00e9s pareci\u00f3, eran cu\u00e1l de tejo y cu\u00e1l de cipr\u00e9s. Entre seis dellos tra\u00edan unas andas, cubiertas de mucha diversidad de flores y de ramos. Lo cual visto por uno de los cabreros, dijo:<\/p>\n<p>-Aquellos que all\u00ed vienen son los que traen el cuerpo de Gris\u00f3stomo, y el pie de aquella monta\u00f1a es el lugar donde \u00e9l mand\u00f3 que le enterrasen.<\/p>\n<p>Por esto se dieron priesa a llegar, y fue a tiempo que ya los que ven\u00edan hab\u00edan puesto las andas en el suelo; y cuatro dellos con agudos picos estaban cavando la sepultura a un lado de una dura pe\u00f1a.<\/p>\n<p>Recibi\u00e9ronse los unos y los otros cort\u00e9smente; y luego don Quijote y los que con \u00e9l ven\u00edan se pusieron a mirar las andas, y en ellas vieron cubierto de flores un cuerpo muerto, vestido como pastor, de edad, al parecer, de treinta a\u00f1os; y, aunque muerto, mostraba que vivo hab\u00eda sido de rostro hermoso y de disposici\u00f3n gallarda. Alrededor d\u00e9l ten\u00eda en las mesmas andas algunos libros y muchos papeles, abiertos y cerrados. Y as\u00ed los que esto miraban, como los que abr\u00edan la sepultura, y todos los dem\u00e1s que all\u00ed hab\u00eda, guardaban un maravilloso silencio, hasta que uno de los que al muerto trujeron dijo a otro:<\/p>\n<p>-Mir\u00e1 bien, Ambrosio, si es \u00e9ste el lugar que Gris\u00f3stomo dijo, ya que quer\u00e9is que tan puntualmente se cumpla lo que dej\u00f3 mandado en su testamento.<\/p>\n<p>-\u00c9ste es -respondi\u00f3 Ambrosio-; que muchas veces en \u00e9l me cont\u00f3 mi desdichado amigo la historia de su desventura. All\u00ed me dijo \u00e9l que vio la vez primera a aquella enemiga mortal del linaje humano, y all\u00ed fue tambi\u00e9n donde la primera vez le declar\u00f3 su pensamiento, tan honesto como enamorado, y all\u00ed fue la \u00faltima vez donde Marcela le acab\u00f3 de desenga\u00f1ar y desde\u00f1ar, de suerte que puso fin a la tragedia de su miserable vida. Y aqu\u00ed, en memoria de tantas desdichas, quiso \u00e9l que le depositasen en las entra\u00f1as del eterno olvido.<\/p>\n<p>Y, volvi\u00e9ndose a don Quijote y a los caminantes, prosigui\u00f3 diciendo:<\/p>\n<p>-Ese cuerpo, se\u00f1ores, que con piadosos ojos est\u00e1is mirando, fue depositario de un alma en quien el cielo puso infinita parte de sus riquezas. \u00c9se es el cuerpo de Gris\u00f3stomo, que fue \u00fanico en el ingenio, solo en la cortes\u00eda, estremo en la gentileza, f\u00e9nix en la amistad, magn\u00edfico sin tasa, grave sin presunci\u00f3n, alegre sin bajeza, y, finalmente, primero en todo lo que es ser bueno, y sin segundo en todo lo que fue ser desdichado. Quiso bien, fue aborrecido; ador\u00f3, fue desde\u00f1ado; rog\u00f3 a una fiera, importun\u00f3 a un m\u00e1rmol, corri\u00f3 tras el viento, dio voces a la soledad, sirvi\u00f3 a la ingratitud, de quien alcanz\u00f3 por premio ser despojos de la muerte en la mitad de la carrera de su vida, a la cual dio fin una pastora a quien \u00e9l procuraba eternizar para que viviera en la memoria de las gentes, cual lo pudieran mostrar bien esos papeles que est\u00e1is mirando, si \u00e9l no me hubiera mandado que los entregara al fuego en habiendo entregado su cuerpo a la tierra.<\/p>\n<p>-De mayor rigor y crueldad usar\u00e9is vos con ellos -dijo Vivaldo- que su mesmo due\u00f1o, pues no es justo ni acertado que se cumpla la voluntad de quien lo que ordena va fuera de todo razonable discurso. Y no le tuviera bueno Augusto C\u00e9sar si consintiera que se pusiera en ejecuci\u00f3n lo que el divino Mantuano dej\u00f3 en su testamento mandado. Ans\u00ed que, se\u00f1or Ambrosio, ya que deis el cuerpo de vuestro amigo a la tierra, no quer\u00e1is dar sus escritos al olvido; que si \u00e9l orden\u00f3 como agraviado, no es bien que vos cumpl\u00e1is como indiscreto. Antes haced, dando la vida a estos papeles, que la tenga siempre la crueldad de Marcela, para que sirva de ejemplo, en los tiempos que est\u00e1n por venir, a los vivientes, para que se aparten y huyan de caer en semejantes despe\u00f1aderos; que ya s\u00e9 yo, y los que aqu\u00ed venimos, la historia deste vuestro enamorado y desesperado amigo, y sabemos la amistad vuestra, y la ocasi\u00f3n de su muerte, y lo que dej\u00f3 mandado al acabar de la vida; de la cual lamentable historia se puede sacar cu\u00e1nto haya sido la crueldad de Marcela, el amor de Gris\u00f3stomo, la fe de la amistad vuestra, con el paradero que tienen los que a rienda suelta corren por la senda que el desvariado amor delante de los ojos les pone. Anoche supimos la muerte de Gris\u00f3stomo, y que en este lugar hab\u00eda de ser enterrado; y as\u00ed, de curiosidad y de l\u00e1stima, dejamos nuestro derecho viaje, y acordamos de venir a ver con los ojos lo que tanto nos hab\u00eda lastimado en o\u00edllo. Y, en pago desta l\u00e1stima y del deseo que en nosotros naci\u00f3 de remedialla si pudi\u00e9ramos, te rogamos, \u00a1oh discreto Ambrosio! (a lo menos, yo te lo suplico de mi parte), que, dejando de abrasar estos papeles, me dejes llevar algunos dellos.<\/p>\n<p>Y, sin aguardar que el pastor respondiese, alarg\u00f3 la mano y tom\u00f3 algunos de los que m\u00e1s cerca estaban; viendo lo cual Ambrosio, dijo:<\/p>\n<p>-Por cortes\u00eda consentir\u00e9 que os qued\u00e9is, se\u00f1or, con los que ya hab\u00e9is tomado; pero pensar que dejar\u00e9 de abrasar los que quedan es pensamiento vano.<\/p>\n<p>Vivaldo, que deseaba ver lo que los papeles dec\u00edan, abri\u00f3 luego el uno dellos y vio que ten\u00eda por t\u00edtulo: Canci\u00f3n desesperada. Oy\u00f3lo Ambrosio y dijo:<\/p>\n<p>-\u00c9se es el \u00faltimo papel que escribi\u00f3 el desdichado; y, porque ve\u00e1is, se\u00f1or, en el t\u00e9rmino que le ten\u00edan sus desventuras, leelde de modo que se\u00e1is o\u00eddo; que bien os dar\u00e1 lugar a ello el que se tardare en abrir la sepultura.<\/p>\n<p>-Eso har\u00e9 yo de muy buena gana -dijo Vivaldo.<\/p>\n<p>Y, como todos los circunstantes ten\u00edan el mesmo deseo, se le pusieron a la redonda; y \u00e9l, leyendo en voz clara, vio que as\u00ed dec\u00eda:<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Primera parte CAP\u00cdTULO XIII Donde se da fin al cuento de la pastora Marcela, con otros sucesos Mas, apenas comenz\u00f3 a descubrirse el d\u00eda por los balcones del oriente, cuando los cinco de los seis cabreros se levantaron y fueron a despertar a don Quijote, y a decille si estaba\u2026<\/p>\n<p class=\"continue-reading-button\"> <a class=\"continue-reading-link\" href=\"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/don-quijote-de-la-mancha-primera-parte-capitulo-xiii-de-lii-miguel-de-cervantes-saavedra\/\">Seguir leyendo&#8230;<i class=\"crycon-right-dir\"><\/i><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":75,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"rop_custom_images_group":[],"rop_custom_messages_group":[],"rop_publish_now":"initial","rop_publish_now_accounts":{"twitter_226634691_226634691":""},"rop_publish_now_history":[],"rop_publish_now_status":"pending","_uag_custom_page_level_css":"","footnotes":""},"categories":[5,1109],"tags":[1010,1016,1012,1018,1039,2685,2687,1015,1034,1017,1143,1149,1165,2686,1466,1057,2684,2683,1025,1046,1033],"class_list":["post-1046","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-literatura","category-textos-literarios","tag-amor","tag-arte","tag-ave","tag-ayuda","tag-belleza","tag-capitulo","tag-cervantes","tag-flor","tag-guerra","tag-historia","tag-justicia","tag-libros-2","tag-mancha","tag-miguel","tag-parte","tag-pensamiento","tag-primera","tag-quijote","tag-rosa","tag-salud","tag-vino"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.4 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>&quot;Don Quijote de La Mancha&quot; 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