{"id":1040,"date":"2010-12-17T19:50:43","date_gmt":"2010-12-17T17:50:43","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cultureduca.com\/blog\/?p=1040"},"modified":"2018-12-22T03:12:36","modified_gmt":"2018-12-22T01:12:36","slug":"don-quijote-de-la-mancha-primera-parte-capitulo-viii-de-lii-miguel-de-cervantes-saavedra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/don-quijote-de-la-mancha-primera-parte-capitulo-viii-de-lii-miguel-de-cervantes-saavedra\/","title":{"rendered":"\u00abDon Quijote de La Mancha\u00bb (Primera parte &#8211; cap\u00edtulo VIII de LII) [Miguel de Cervantes Saavedra]"},"content":{"rendered":"<p>Primera parte<\/p>\n<p><strong>CAP\u00cdTULO VIII<\/strong><\/p>\n<p><strong>Del buen suceso que el valeroso don Quijote tuvo en la espantable y jam\u00e1s imaginada aventura de los molinos de viento, con otros sucesos dignos de felice recordaci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>En esto, descubrieron treinta o cuarenta molinos de viento que hay en aquel campo; y, as\u00ed como don Quijote los vio, dijo a su escudero:<\/p>\n<p>-La ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acert\u00e1ramos a desear, porque ves all\u00ed, amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta, o pocos m\u00e1s, desaforados gigantes, con quien pienso hacer batalla y quitarles a todos las vidas, con cuyos despojos comenzaremos a enriquecer; que \u00e9sta es buena guerra, y es gran servicio de Dios quitar tan mala simiente de sobre la faz de la tierra.<\/p>\n<p>-\u00bfQu\u00e9 gigantes? -dijo Sancho Panza.<\/p>\n<p>-Aquellos que all\u00ed ves -respondi\u00f3 su amo- de los brazos largos, que los<\/p>\n<p>suelen tener algunos de casi dos leguas.<\/p>\n<p>-Mire vuestra merced -respondi\u00f3 Sancho- que aquellos que all\u00ed se parecen no son gigantes, sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que, volteadas del viento, hacen andar la piedra del molino.<\/p>\n<p>-Bien parece -respondi\u00f3 don Quijote- que no est\u00e1s cursado en esto de las aventuras: ellos son gigantes; y si tienes miedo, qu\u00edtate de ah\u00ed, y ponte en oraci\u00f3n en el espacio que yo voy a entrar con ellos en fiera y desigual batalla.<\/p>\n<p>Y, diciendo esto, dio de espuelas a su caballo Rocinante, sin atender a las voces que su escudero Sancho le daba, advirti\u00e9ndole que, sin duda alguna, eran molinos de viento, y no gigantes, aquellos que iba a acometer. Pero \u00e9l iba tan puesto en que eran gigantes, que ni o\u00eda las voces de su escudero Sancho ni echaba de ver, aunque estaba ya bien cerca, lo que eran; antes, iba diciendo en voces altas:<\/p>\n<p>-Non fuyades, cobardes y viles criaturas, que un solo caballero es el que os acomete.<\/p>\n<p>Levant\u00f3se en esto un poco de viento y las grandes aspas comenzaron a moverse, lo cual visto por don Quijote, dijo:<\/p>\n<p>-Pues, aunque mov\u00e1is m\u00e1s brazos que los del gigante Briareo, me lo hab\u00e9is de pagar.<\/p>\n<p>Y, en diciendo esto, y encomend\u00e1ndose de todo coraz\u00f3n a su se\u00f1ora Dulcinea, pidi\u00e9ndole que en tal trance le socorriese, bien cubierto de su rodela, con la lanza en el ristre, arremeti\u00f3 a todo el galope de Rocinante y embisti\u00f3 con el primero molino que estaba delante; y, d\u00e1ndole una lanzada en el aspa, la volvi\u00f3 el viento con tanta furia que hizo la lanza pedazos, llev\u00e1ndose tras s\u00ed al caballo y al caballero, que fue rodando muy maltrecho por el campo. Acudi\u00f3 Sancho Panza a socorrerle, a todo el correr de su asno, y cuando lleg\u00f3 hall\u00f3 que no se pod\u00eda menear: tal fue el golpe que dio con \u00e9l Rocinante.<\/p>\n<p>-\u00a1V\u00e1lame Dios! -dijo Sancho-. \u00bfNo le dije yo a vuestra merced que mirase bien lo que hac\u00eda, que no eran sino molinos de viento, y no lo pod\u00eda<\/p>\n<p>ignorar sino quien llevase otros tales en la cabeza?<\/p>\n<p>-Calla, amigo Sancho -respondi\u00f3 don Quijote-, que las cosas de la guerra, m\u00e1s que otras, est\u00e1n sujetas a continua mudanza; cuanto m\u00e1s, que yo pienso, y es as\u00ed verdad, que aquel sabio Frest\u00f3n que me rob\u00f3 el aposento y los libros ha vuelto estos gigantes en molinos por quitarme la gloria de su vencimiento: tal es la enemistad que me tiene; mas, al cabo al cabo, han de poder poco sus malas artes contra la bondad de mi espada.<\/p>\n<p>-Dios lo haga como puede -respondi\u00f3 Sancho Panza.<\/p>\n<p>Y, ayud\u00e1ndole a levantar, torn\u00f3 a subir sobre Rocinante, que medio despaldado estaba. Y, hablando en la pasada aventura, siguieron el camino del Puerto L\u00e1pice, porque all\u00ed dec\u00eda don Quijote que no era posible dejar de hallarse muchas y diversas aventuras, por ser lugar muy pasajero; sino que iba muy pesaroso por haberle faltado la lanza; y, dici\u00e9ndoselo a su escudero, le dijo:<\/p>\n<p>-Yo me acuerdo haber le\u00eddo que un caballero espa\u00f1ol, llamado Diego P\u00e9rez de Vargas, habi\u00e9ndosele en una batalla roto la espada, desgaj\u00f3 de una encina un pesado ramo o tronco, y con \u00e9l hizo tales cosas aquel d\u00eda, y machac\u00f3 tantos moros, que le qued\u00f3 por sobrenombre Machuca, y as\u00ed \u00e9l como sus decendientes se llamaron, desde aquel d\u00eda en adelante, Vargas y Machuca.<\/p>\n<p>Hete dicho esto, porque de la primera encina o roble que se me depare pienso desgajar otro tronco tal y tan bueno como aqu\u00e9l, que me imagino y pienso hacer con \u00e9l tales haza\u00f1as, que t\u00fa te tengas por bien afortunado de haber merecido venir a vellas y a ser testigo de cosas que apenas podr\u00e1n ser cre\u00eddas.<\/p>\n<p>-A la mano de Dios -dijo Sancho-; yo lo creo todo as\u00ed como vuestra merced lo dice; pero ender\u00e9cese un poco, que parece que va de medio lado, y debe de ser del molimiento de la ca\u00edda.<\/p>\n<p>-As\u00ed es la verdad -respondi\u00f3 don Quijote-; y si no me quejo del dolor, es porque no es dado a los caballeros andantes quejarse de herida alguna, aunque se le salgan las tripas por ella.<\/p>\n<p>-Si eso es as\u00ed, no tengo yo qu\u00e9 replicar -respondi\u00f3 Sancho-, pero sabe Dios si yo me holgara que vuestra merced se quejara cuando alguna cosa le doliera. De m\u00ed s\u00e9 decir que me he de quejar del m\u00e1s peque\u00f1o dolor que tenga, si ya no se entiende tambi\u00e9n con los escuderos de los caballeros andantes eso del no quejarse.<\/p>\n<p>No se dej\u00f3 de re\u00edr don Quijote de la simplicidad de su escudero; y as\u00ed, le declar\u00f3 que pod\u00eda muy bien quejarse, como y cuando quisiese, sin gana o con ella; que hasta entonces no hab\u00eda le\u00eddo cosa en contrario en la orden de caballer\u00eda. D\u00edjole Sancho que mirase que era hora de comer. Respondi\u00f3le su amo que por entonces no le hac\u00eda menester; que comiese \u00e9l cuando se le antojase. Con esta licencia, se acomod\u00f3 Sancho lo mejor que pudo sobre su jumento, y, sacando de las alforjas lo que en ellas hab\u00eda puesto, iba caminando y comiendo detr\u00e1s de su amo muy de su espacio, y de cuando en cuando empinaba la bota, con tanto gusto, que le pudiera envidiar el m\u00e1s regalado bodegonero de M\u00e1laga. Y, en tanto que \u00e9l iba de aquella manera menudeando tragos, no se le acordaba de ninguna promesa que su amo le hubiese hecho, ni ten\u00eda por ning\u00fan trabajo, sino por mucho descanso, andar buscando las aventuras, por peligrosas que fuesen.<\/p>\n<p>En resoluci\u00f3n, aquella noche la pasaron entre unos \u00e1rboles, y del uno dellos desgaj\u00f3 don Quijote un ramo seco que casi le pod\u00eda servir de lanza, y puso en \u00e9l el hierro que quit\u00f3 de la que se le hab\u00eda quebrado. Toda aquella noche no durmi\u00f3 don Quijote, pensando en su se\u00f1ora Dulcinea, por acomodarse a lo que hab\u00eda le\u00eddo en sus libros, cuando los caballeros pasaban sin dormir muchas noches en las florestas y despoblados, entretenidos con las memorias de sus se\u00f1oras. No la pas\u00f3 ans\u00ed Sancho Panza, que, como ten\u00eda el est\u00f3mago lleno, y no de agua de chicoria, de un sue\u00f1o se la llev\u00f3 toda; y no fueran parte para despertarle, si su amo no lo llamara, los rayos del sol, que le daban en el rostro, ni el canto de las aves, que, muchas y muy regocijadamente, la venida del nuevo d\u00eda saludaban. Al levantarse dio un tiento a la bota, y hall\u00f3la algo m\u00e1s flaca que la noche antes; y afligi\u00f3sele el coraz\u00f3n, por parecerle que no llevaban camino de remediar tan presto su falta. No quiso desayunarse don Quijote, porque, como est\u00e1 dicho, dio en sustentarse de sabrosas memorias. Tornaron a su comenzado camino del Puerto L\u00e1pice, y a obra de las tres del d\u00eda le descubrieron.<\/p>\n<p>-Aqu\u00ed -dijo, en vi\u00e9ndole, don Quijote- podemos, hermano Sancho Panza, meter las manos hasta los codos en esto que llaman aventuras. Mas advierte que, aunque me veas en los mayores peligros del mundo, no has de poner mano a tu espada para defenderme, si ya no vieres que los que me ofenden es canalla y gente baja, que en tal caso bien puedes ayudarme; pero si fueren caballeros, en ninguna manera te es l\u00edcito ni concedido por las leyes de caballer\u00eda que me ayudes, hasta que seas armado caballero.<\/p>\n<p>-Por cierto, se\u00f1or -respondi\u00f3 Sancho-, que vuestra merced sea muy bien obedicido en esto; y m\u00e1s, que yo de m\u00edo me soy pac\u00edfico y enemigo de meterme en ruidos ni pendencias. Bien es verdad que, en lo que tocare a defender mi persona, no tendr\u00e9 mucha cuenta con esas leyes, pues las divinas y humanas permiten que cada uno se defienda de quien quisiere agraviarle.<\/p>\n<p>-No digo yo menos -respondi\u00f3 don Quijote-; pero, en esto de ayudarme contra caballeros, has de tener a raya tus naturales \u00edmpetus.<\/p>\n<p>-Digo que as\u00ed lo har\u00e9 -respondi\u00f3 Sancho-, y que guardar\u00e9 ese preceto tan bien como el d\u00eda del domingo.<\/p>\n<p>Estando en estas razones, asomaron por el camino dos frailes de la orden de San Benito, caballeros sobre dos dromedarios: que no eran m\u00e1s peque\u00f1as dos mulas en que ven\u00edan. Tra\u00edan sus antojos de camino y sus quitasoles. Detr\u00e1s dellos ven\u00eda un coche, con cuatro o cinco de a caballo que le acompa\u00f1aban y dos mozos de mulas a pie. Ven\u00eda en el coche, como despu\u00e9s se supo, una se\u00f1ora vizca\u00edna, que iba a Sevilla, donde estaba su marido, que pasaba a las Indias con un muy honroso cargo. No ven\u00edan los frailes con ella, aunque iban el mesmo camino; mas, apenas los divis\u00f3 don Quijote, cuando dijo a su escudero:<\/p>\n<p>-O yo me enga\u00f1o, o \u00e9sta ha de ser la m\u00e1s famosa aventura que se haya visto; porque aquellos bultos negros que all\u00ed parecen deben de ser, y son sin duda, algunos encantadores que llevan hurtada alguna princesa en aquel coche, y es menester deshacer este tuerto a todo mi poder\u00edo.<\/p>\n<p>-Peor ser\u00e1 esto que los molinos de viento -dijo Sancho-. Mire, se\u00f1or, que aqu\u00e9llos son frailes de San Benito, y el coche debe de ser de alguna gente pasajera. Mire que digo que mire bien lo que hace, no sea el diablo que le enga\u00f1e.<\/p>\n<p>-Ya te he dicho, Sancho -respondi\u00f3 don Quijote-, que sabes poco de achaque de aventuras; lo que yo digo es verdad, y ahora lo ver\u00e1s.<\/p>\n<p>Y, diciendo esto, se adelant\u00f3 y se puso en la mitad del camino por donde los frailes ven\u00edan, y, en llegando tan cerca que a \u00e9l le pareci\u00f3 que le podr\u00edan o\u00edr lo que dijese, en alta voz dijo:<\/p>\n<p>-Gente endiablada y descomunal, dejad luego al punto las altas princesas que en ese coche llev\u00e1is forzadas; si no, aparejaos a recebir presta muerte, por justo castigo de vuestras malas obras.<\/p>\n<p>Detuvieron los frailes las riendas, y quedaron admirados, as\u00ed de la figura de don Quijote como de sus razones, a las cuales respondieron:<\/p>\n<p>-Se\u00f1or caballero, nosotros no somos endiablados ni descomunales, sino dos religiosos de San Benito que vamos nuestro camino, y no sabemos si en este coche vienen, o no, ningunas forzadas princesas.<\/p>\n<p>-Para conmigo no hay palabras blandas, que ya yo os conozco, fementida canalla -dijo don Quijote.<\/p>\n<p>Y, sin esperar m\u00e1s respuesta, pic\u00f3 a Rocinante y, la lanza baja, arremeti\u00f3 contra el primero fraile, con tanta furia y denuedo que, si el fraile no se dejara caer de la mula, \u00e9l le hiciera venir al suelo mal de su grado, y aun malferido, si no cayera muerto. El segundo religioso, que vio del modo que trataban a su compa\u00f1ero, puso piernas al castillo de su buena mula, y comenz\u00f3 a correr por aquella campa\u00f1a, m\u00e1s ligero que el mesmo viento.<\/p>\n<p>Sancho Panza, que vio en el suelo al fraile, ape\u00e1ndose ligeramente de su asno, arremeti\u00f3 a \u00e9l y le comenz\u00f3 a quitar los h\u00e1bitos. Llegaron en esto dos mozos de los frailes y pregunt\u00e1ronle que por qu\u00e9 le desnudaba.<\/p>\n<p>Respondi\u00f3les Sancho que aquello le tocaba a \u00e9l lig\u00edtimamente, como despojos de la batalla que su se\u00f1or don Quijote hab\u00eda ganado. Los mozos, que no sab\u00edan de burlas, ni entend\u00edan aquello de despojos ni batallas, viendo que ya don Quijote estaba desviado de all\u00ed, hablando con las que en el coche ven\u00edan, arremetieron con Sancho y dieron con \u00e9l en el suelo; y, sin dejarle pelo en las barbas, le molieron a coces y le dejaron tendido en el suelo sin aliento ni sentido. Y, sin detenerse un punto, torn\u00f3 a subir el fraile, todo temeroso y acobardado y sin color en el rostro; y, cuando se vio a caballo, pic\u00f3 tras su compa\u00f1ero, que un buen espacio de all\u00ed le estaba aguardando, y esperando en qu\u00e9 paraba aquel sobresalto; y, sin querer aguardar el fin de todo aquel comenzado suceso, siguieron su camino, haci\u00e9ndose m\u00e1s cruces que si llevaran al diablo a las espaldas.<\/p>\n<p>Don Quijote estaba, como se ha dicho, hablando con la se\u00f1ora del coche, dici\u00e9ndole:<\/p>\n<p>-La vuestra fermosura, se\u00f1ora m\u00eda, puede facer de su persona lo que m\u00e1s le viniere en talante, porque ya la soberbia de vuestros robadores yace por el suelo, derribada por este mi fuerte brazo; y, porque no pen\u00e9is por saber el nombre de vuestro libertador, sabed que yo me llamo don Quijote de la Mancha, caballero andante y aventurero, y cautivo de la sin par y hermosa do\u00f1a Dulcinea del Toboso; y, en pago del beneficio que de m\u00ed hab\u00e9is recebido, no quiero otra cosa sino que volv\u00e1is al Toboso, y que de mi parte os present\u00e9is ante esta se\u00f1ora y le dig\u00e1is lo que por vuestra libertad he fecho.<\/p>\n<p>Todo esto que don Quijote dec\u00eda escuchaba un escudero de los que el coche acompa\u00f1aban, que era vizca\u00edno; el cual, viendo que no quer\u00eda dejar pasar el coche adelante, sino que dec\u00eda que luego hab\u00eda de dar la vuelta al Toboso, se fue para don Quijote y, asi\u00e9ndole de la lanza, le dijo, en mala lengua castellana y peor vizca\u00edna, desta manera:<\/p>\n<p>-Anda, caballero que mal andes; por el Dios que cri\u00f3me, que, si no dejas coche, as\u00ed te matas como est\u00e1s ah\u00ed vizca\u00edno.<\/p>\n<p>Entendi\u00f3le muy bien don Quijote, y con mucho sosiego le respondi\u00f3:<\/p>\n<p>-Si fueras caballero, como no lo eres, ya yo hubiera castigado tu sandez y atrevimiento, cautiva criatura.<\/p>\n<p>A lo cual replic\u00f3 el vizca\u00edno:<\/p>\n<p>-\u00bfYo no caballero? Juro a Dios tan mientes como cristiano. Si lanza arrojas y espada sacas, \u00a1el agua cu\u00e1n presto ver\u00e1s que al gato llevas!<\/p>\n<p>Vizca\u00edno por tierra, hidalgo por mar, hidalgo por el diablo; y mientes que mira si otra dices cosa.<\/p>\n<p>-\u00a1Ahora lo veredes, dijo Agrajes! -respondi\u00f3 don Quijote.<\/p>\n<p>Y, arrojando la lanza en el suelo, sac\u00f3 su espada y embraz\u00f3 su rodela, y arremeti\u00f3 al vizca\u00edno con determinaci\u00f3n de quitarle la vida. El vizca\u00edno, que as\u00ed le vio venir, aunque quisiera apearse de la mula, que, por ser de las malas de alquiler, no hab\u00eda que fiar en ella, no pudo hacer otra cosa sino sacar su espada; pero av\u00ednole bien que se hall\u00f3 junto al coche, de donde pudo tomar una almohada que le sirvi\u00f3 de escudo, y luego se fueron el uno para el otro, como si fueran dos mortales enemigos. La dem\u00e1s gente quisiera ponerlos en paz, mas no pudo, porque dec\u00eda el vizca\u00edno en sus mal trabadas razones que si no le dejaban acabar su batalla, que \u00e9l mismo hab\u00eda de matar a su ama y a toda la gente que se lo estorbase. La se\u00f1ora del coche, admirada y temerosa de lo que ve\u00eda, hizo al cochero que se desviase de all\u00ed alg\u00fan poco, y desde lejos se puso a mirar la rigurosa contienda, en el discurso de la cual dio el vizca\u00edno una gran cuchillada a don Quijote encima de un hombro, por encima de la rodela, que, a d\u00e1rsela sin defensa, le abriera hasta la cintura. Don Quijote, que sinti\u00f3 la pesadumbre de aquel desaforado golpe, dio una gran voz, diciendo:<\/p>\n<p>-\u00a1Oh se\u00f1ora de mi alma, Dulcinea, flor de la fermosura, socorred a este vuestro caballero, que, por satisfacer a la vuestra mucha bondad, en este riguroso trance se halla!<\/p>\n<p>El decir esto, y el apretar la espada, y el cubrirse bien de su rodela, y el arremeter al vizca\u00edno, todo fue en un tiempo, llevando determinaci\u00f3n de aventurarlo todo a la de un golpe solo.<\/p>\n<p>El vizca\u00edno, que as\u00ed le vio venir contra \u00e9l, bien entendi\u00f3 por su denuedo su coraje, y determin\u00f3 de hacer lo mesmo que don Quijote; y as\u00ed, le aguard\u00f3 bien cubierto de su almohada, sin poder rodear la mula a una ni a otra parte; que ya, de puro cansada y no hecha a semejantes ni\u00f1er\u00edas, no pod\u00eda dar un paso.<\/p>\n<p>Ven\u00eda, pues, como se ha dicho, don Quijote contra el cauto vizca\u00edno, con la espada en alto, con determinaci\u00f3n de abrirle por medio, y el vizca\u00edno le aguardaba ansimesmo levantada la espada y aforrado con su almohada, y todos los circunstantes estaban temerosos y colgados de lo que hab\u00eda de suceder de aquellos tama\u00f1os golpes con que se amenazaban; y la se\u00f1ora del coche y las dem\u00e1s criadas suyas estaban haciendo mil votos y ofrecimientos a todas las im\u00e1genes y casas de devoci\u00f3n de Espa\u00f1a, porque Dios librase a su escudero y a ellas de aquel tan grande peligro en que se hallaban.<\/p>\n<p>Pero est\u00e1 el da\u00f1o de todo esto que en este punto y t\u00e9rmino deja pendiente el autor desta historia esta batalla, disculp\u00e1ndose que no hall\u00f3 m\u00e1s escrito destas haza\u00f1as de don Quijote de las que deja referidas. Bien es verdad que el segundo autor desta obra no quiso creer que tan curiosa historia estuviese entregada a las leyes del olvido, ni que hubiesen sido tan poco curiosos los ingenios de la Mancha que no tuviesen en sus archivos o en sus escritorios algunos papeles que deste famoso caballero tratasen; y as\u00ed, con esta imaginaci\u00f3n, no se desesper\u00f3 de hallar el fin desta apacible historia, el cual, si\u00e9ndole el cielo favorable, le hall\u00f3 del modo que se contar\u00e1 en la segunda parte.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Primera parte CAP\u00cdTULO VIII Del buen suceso que el valeroso don Quijote tuvo en la espantable y jam\u00e1s imaginada aventura de los molinos de viento, con otros sucesos dignos de felice recordaci\u00f3n En esto, descubrieron treinta o cuarenta molinos de viento que hay en aquel campo; y, as\u00ed como don\u2026<\/p>\n<p class=\"continue-reading-button\"> <a class=\"continue-reading-link\" href=\"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/don-quijote-de-la-mancha-primera-parte-capitulo-viii-de-lii-miguel-de-cervantes-saavedra\/\">Seguir leyendo&#8230;<i class=\"crycon-right-dir\"><\/i><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":75,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"rop_custom_images_group":[],"rop_custom_messages_group":[],"rop_publish_now":"initial","rop_publish_now_accounts":{"twitter_226634691_226634691":""},"rop_publish_now_history":[],"rop_publish_now_status":"pending","_uag_custom_page_level_css":"","footnotes":""},"categories":[5,1109],"tags":[1016,1139,1012,1018,2685,2687,1015,1034,1017,1060,1144,1149,1165,2686,1466,2684,2683,1025,1046],"class_list":["post-1040","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-literatura","category-textos-literarios","tag-arte","tag-artes","tag-ave","tag-ayuda","tag-capitulo","tag-cervantes","tag-flor","tag-guerra","tag-historia","tag-lengua","tag-leyes","tag-libros-2","tag-mancha","tag-miguel","tag-parte","tag-primera","tag-quijote","tag-rosa","tag-salud"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.4 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>&quot;Don Quijote de La Mancha&quot; 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