{"id":1014,"date":"2010-12-10T18:05:27","date_gmt":"2010-12-10T16:05:27","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cultureduca.com\/blog\/?p=1014"},"modified":"2010-12-10T18:05:27","modified_gmt":"2010-12-10T16:05:27","slug":"%e2%80%9cla-rosa-de-pasion%e2%80%9d-gustavo-adolfo-becquer","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-rosa-de-pasion%e2%80%9d-gustavo-adolfo-becquer\/","title":{"rendered":"\u201cLa rosa de pasi\u00f3n\u201d [Gustavo Adolfo B\u00e9cquer]"},"content":{"rendered":"<p><em>(Leyenda religiosa)<\/em><\/p>\n<p>Una tarde de verano, y en un jard\u00edn de Toledo, me refiri\u00f3 esta singular historia una muchacha muy buena y muy bonita.<\/p>\n<p>Mientras me explicaba el misterio de su forma especial, besaba las hojas y los pistilos que iba arrancando, uno a uno, de la flor que da nombre a esta leyenda.<\/p>\n<p>Si yo la pudiera referir con el suave encanto y la tierna sencillez que ten\u00eda en su boca, os conmover\u00eda como a m\u00ed me conmovi\u00f3, la historia de la infeliz Sara.<\/p>\n<p>Ya que esto no es posible, ah\u00ed va lo que de esa piadosa tradici\u00f3n se me acuerda en este instante.<\/p>\n<p>En una de las callejas m\u00e1s oscuras y tortuosas de la ciudad imperial, empotrada y casi escondida entre la alta torre morisca de una antigua parroquia moz\u00e1rabe y los sombr\u00edos y blasonados muros de una casa solariega, ten\u00eda hace muchos a\u00f1os su habitaci\u00f3n raqu\u00edtica, tenebrosa y miserable como su due\u00f1o, un jud\u00edo llamado Daniel Lev\u00ed.<\/p>\n<p>Era este jud\u00edo rencoroso y vengativo, como todos los de su raza, pero m\u00e1s que ninguno enga\u00f1ador e hip\u00f3crita.<\/p>\n<p>Due\u00f1o, seg\u00fan los rumores del vulgo, de una inmensa fortuna, ve\u00edasele, no obstante, todo el d\u00eda acurrucado en el sombr\u00edo portal de su vivienda, componiendo y aderezando cadenillas de metal, cintos viejos o guarniciones rotas, con las que tra\u00eda un gran tr\u00e1fico entre los truhanes de Zocodover, las revendedoras del Postigo y los escuderos pobres.<\/p>\n<p>Aborrecedor implacable de los cristianos y de cuanto a ellos pudiera pertenecer, jam\u00e1s pas\u00f3 junto a un caballero principal o un can\u00f3nigo de la primada sin quitarse una y hasta diez veces el mugriento bonetillo que cubr\u00eda su cabeza calva y amarillenta, ni acogi\u00f3 en su tenducho a uno de sus habituales parroquianos sin agobiarlo a fuerza de humildes salutaciones, acompa\u00f1adas de aduladoras sonrisas.<\/p>\n<p>La sonrisa de Daniel hab\u00eda llegado a hacerse proverbial en todo Toledo, y su mansedumbre, a prueba de las jugarretas m\u00e1s pesadas y las burlas y rechiflas de sus vecinos, no conoc\u00edan limites.<\/p>\n<p>In\u00fatilmente los muchachos, para desesperarlo, tiraban piedras a su tugurio; en vano los pajecillos y hasta los hombres de armas del pr\u00f3ximo palacio pretend\u00edan aburrirlo, llam\u00e1ndole con los nombres m\u00e1s injuriosos, o las viejas devotas de la feligres\u00eda se santiguaban al pasar por el umbral de su puerta, como si viesen al mismo Lucifer en persona.<\/p>\n<p>Daniel sonre\u00eda eternamente, con una sonrisa extra\u00f1a e indescriptible. Sus labios delgados y hundidos se dilataban a la sombra de su nariz desmesurada y corva como el pico de un aguilucho, y aunque de sus ojos peque\u00f1os, redondos y casi ocultos entre las espesas cejas, brotaba una chispa de mal reprimida c\u00f3lera, segu\u00eda impasible golpeando con su martillito de hierro el yunque donde aderezaba las mil baratijas mohosas y, al parecer, sin aplicaci\u00f3n alguna, de que se compon\u00eda su tr\u00e1fico.<\/p>\n<p>Sobre la puerta de la casucha del jud\u00edo, y dentro de un marco de azulejos de vivos colores, se abr\u00eda un ajimez \u00e1rabe, resto de las antiguas construcciones de los moros toledanos. Alrededor de las caladas franjas del ajimez, y enred\u00e1ndose por la columnilla de m\u00e1rmol que lo part\u00eda en dos huecos iguales, sub\u00eda desde el interior de la vivienda una de esas plantas trepadoras que se mecen verdes y llenas de savia y lozan\u00eda sobre los ennegrecidos muros de los edificios ruinosos.<\/p>\n<p>En la parte de la casa que recib\u00eda una dudosa luz por los estrechos vanos de aquel ajimez, \u00fanico abierto en el musgoso y agrietado pared\u00f3n de la calleja, habitaba Sara, la hija predilecta de Daniel.<\/p>\n<p>Cuando los vecinos del barrio pasaban por delante de la tienda del jud\u00edo y ve\u00edan por casualidad a Sara tras las celos\u00edas de su ajimez morisco y a Daniel acurrucado junto a su yunque, exclamaban en alta voz, admirados de las perfecciones de la hebrea:<\/p>\n<p>-\u00a1Parece mentira que tan ruin tronco haya dado tan hermoso v\u00e1stago!<\/p>\n<p>Porque, en efecto, Sara era un prodigio de belleza. Ten\u00eda los ojos grandes y rodeados de un sombr\u00edo cerco de pesta\u00f1as negras, en cuyo fondo brillaba el punto de luz de su ardiente pupila como una estrella en el cielo de una noche oscura. Sus labios, encendidos y rojos parec\u00edan recortados h\u00e1bilmente de un pa\u00f1o de p\u00farpura por las invisibles manos de un hada. Su tez era blanca, p\u00e1lida y transparente como el alabastro de la estatua de un sepulcro. Contaba apenas diecis\u00e9is a\u00f1os, y ya se ve\u00eda grabada en su rostro esa dulce tristeza de las inteligencias precoces, y ya hinchaban su seno y se escapaban de su boca esos suspiros que anuncian el vago despertar del deseo.<\/p>\n<p>Los jud\u00edos m\u00e1s poderosos de la ciudad, prendados de su maravillosa hermosura, la hab\u00edan solicitado para esposa; pero la hebrea, insensible a los homenajes de sus adoradores y a los consejos de su padre, que instaba para que eligiese un compa\u00f1ero antes de quedar sola en el mundo, se manten\u00eda encerrada en un profundo silencio, sin dar m\u00e1s raz\u00f3n de su extra\u00f1a conducta que el capricho de permanecer libre.<\/p>\n<p>Al fin, un d\u00eda, cansado de sufrir los desdenes de Sara y sospechando que su eterna tristeza era indicio cierto de que su coraz\u00f3n abrigaba alg\u00fan secreto importante, uno de sus adoradores se acerc\u00f3 a Daniel y dijo:<\/p>\n<p>-\u00bfSabes, Daniel, que entre nuestros hermanos se murmura de tu hija?<\/p>\n<p>El jud\u00edo levant\u00f3 un instante los ojos de su yunque, suspendi\u00f3 su continuo martilleo, y sin mostrar la menor emoci\u00f3n, pregunt\u00f3 a su interpelante:<\/p>\n<p>-\u00bfY qu\u00e9 dicen de ella?<\/p>\n<p>-Dicen -prosigui\u00f3 su interlocutor-, dicen&#8230; \u00a1Qu\u00e9 s\u00e9 yo! Muchas cosas&#8230; Entre ellas, que tu hija est\u00e1 enamorada de un cristiano.<\/p>\n<p>Al llegar a este punto, el desde\u00f1ado amante de Sara se detuvo para ver el efecto que sus palabras hac\u00edan en Daniel.<\/p>\n<p>Daniel levant\u00f3 de nuevo sus ojos, lo mir\u00f3 un rato fijamente, sin decir palabra, y, bajando otra vez la vista para seguir su interrumpida tarea, exclam\u00f3:<\/p>\n<p>-\u00bfY qui\u00e9n dice que eso no es una calumnia?<\/p>\n<p>-Quien los ha visto conversar m\u00e1s de una vez en esta misma calle, mientras t\u00fa asistes al oculto sanedr\u00edn de nuestros rabinos -insisti\u00f3 el joven hebreo, admirado de que sus sospechas primero, y despu\u00e9s sus afirmaciones, no hiciesen mella en el \u00e1nimo de Daniel.<\/p>\n<p>Este, sin abandonar su ocupaci\u00f3n, fija la mirada en el yunque, sobre el que despu\u00e9s de dejar a un lado el martillo se ocupaba en bru\u00f1ir el broche de metal de una guarnici\u00f3n con una peque\u00f1a lima, comenz\u00f3 a hablar en voz baja y entrecortada, como si maquinalmente fuesen repitiendo sus labios las ideas que cruzaban por su mente.<\/p>\n<p>-\u00a1Je, je, je! -dec\u00eda, ri\u00e9ndose de una manera extra\u00f1a y diab\u00f3lica-. \u00bfCon que a mi Sara, al orgullo de la tribu, al b\u00e1culo en que se apoya mi vejez, piensa arrebat\u00e1rmela un perro cristiano? \u00bfY vosotros cre\u00e9is que lo hay? \u00a1Je!, \u00a1je! -continuaba, siempre hablando para s\u00ed y siempre ri\u00e9ndose mientras la lima chirriaba cada vez con m\u00e1s fuerza, mordiendo el metal con sus dientes de acero-. \u00a1Je! \u00a1Je! Pobre Daniel, dir\u00e1n los m\u00edos, \u00a1ya chochea! \u00bfPara qu\u00e9 quiere ese viejo moribundo y decr\u00e9pito esa hija tan hermosa y tan joven, si no sabe guardarla de los codiciosos ojos de nuestros enemigos?&#8230; \u00a1Je! \u00bfCrees t\u00fa, por ventura, que Daniel duerme? \u00bfCrees t\u00fa, por ventura, que si mi hija tiene un amante&#8230;, que bien pudiera ser, y ese amante es cristiano y procura seducirla, y la seduce, que todo es posible, y proyecta huir con ella, que tambi\u00e9n es f\u00e1cil, y huye ma\u00f1ana, por ejemplo, lo cual cabe dentro de lo humano, crees t\u00fa que Daniel se dejara arrebatar su tesoro?&#8230; \u00bfCrees t\u00fa que no sabr\u00e1 vengarse?<\/p>\n<p>-Pero -exclam\u00f3 interrumpi\u00e9ndole el joven-, \u00bfsab\u00e9is acaso&#8230;?<\/p>\n<p>-S\u00e9 -dijo Daniel levant\u00e1ndose y d\u00e1ndole un golpecito en la espalda-, s\u00e9 m\u00e1s que t\u00fa, que nada sabes ni nada sabr\u00edas si no hubiese llegado la hora de decirlo todo&#8230; Adi\u00f3s; avisa a nuestros hermanos para que cuanto antes se re\u00fanan. Esta noche, dentro de una o dos horas, yo estar\u00e9 con ellos. \u00a1Adi\u00f3s!<\/p>\n<p>Y esto diciendo, Daniel empuj\u00f3 suavemente a su interlocutor hacia la calle, recogi\u00f3 sus trebejos muy despacio y comenz\u00f3 a cerrar con dobles cerrojos y aldabas la puerta de la tiendecilla.<\/p>\n<p>El ruido que produjo \u00e9sta al encajarse rechinando sobres sus premiosos goznes impidi\u00f3 al que se alejaba o\u00edr el rumor de las celos\u00edas sobre el ajimez, que en aquel punto cayeron de golpe, como si la jud\u00eda acabara de retirarse de su alf\u00e9izar.<\/p>\n<p>Era noche de Viernes Santo, y los habitantes de Toledo, despu\u00e9s de haber asistido a las tinieblas en su magn\u00edfica catedral, acababan de entregarse al sue\u00f1o o refer\u00edan al amor de la lumbre consejas parecidas a las del Cristo de la Luz, que, robado por unos jud\u00edos, dej\u00f3 un rastro de sangre por el cual se descubri\u00f3 el crimen, o la historia del Santo Ni\u00f1o de la Guardia, en quien los implacables enemigos de nuestra fe renovaron la cruel Pasi\u00f3n de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>Reinaba en la ciudad un silencio profundo, interrumpido a intervalos, ya por las lejanas voces de los guardias nocturnos que en aquella \u00e9poca velaban en derredor del Alc\u00e1zar, ya por los gemidos del viento, que hac\u00eda girar las veletas de las torres o zumbaba entre las torcidas revueltas de las calles, cuando el due\u00f1o de un barquichuelo que se mec\u00eda amarrado a un poste cerca de los molinos, que parecen como incrustados al pie de las rocas que ba\u00f1a el Tajo, y sobre las que se asienta la ciudad, vio aproximarse a la orilla, bajando trabajosamente por uno de los estrechos senderos que desde lo alto de los muros conducen al r\u00edo, a una persona a quien, al parecer, aguardaba con impaciencia.<\/p>\n<p>-\u00a1Ella es! -murmur\u00f3 entre dientes el barquero-. \u00a1No parece sino que esta noche anda revuelta toda esa endiablada raza de jud\u00edos !&#8230; \u00bfD\u00f3nde diantres se tendr\u00e1n dada cita con Satan\u00e1s, que todos acuden a mi barca, teniendo tan cerca el puente?&#8230; No, no ir\u00e1n a nada bueno cuando as\u00ed evitan toparse de manos a boca con los hombres de armas de San Cervantes, pero, en fin, ello es que me dan buenos dineros a ganar, y a su alma su palma, que yo en nada entro ni salgo.<\/p>\n<p>Esto diciendo, el buen hombre, sent\u00e1ndose en su barca, aparej\u00f3 los remos, y cuando Sara, que no era otra la persona a quien al parecer hab\u00eda aguardado hasta entonces, hubo saltado al barquichuelo, solt\u00f3 la amarra que lo sujetaba y comenz\u00f3 a bogar en direcci\u00f3n a la orilla opuesta.<\/p>\n<p>-\u00bfCu\u00e1ntos han pasado esta noche? -pregunt\u00f3 Sara al barquero apenas se hubieron alejado de los molinos y como refiri\u00e9ndose a algo de que ya hab\u00edan tratado anteriormente.<\/p>\n<p>-Ni los he podido contar -respondi\u00f3 el interpelado: \u00a1un enjambre! Parece que esta noche ser\u00e1 la \u00faltima que se re\u00fanen.<\/p>\n<p>-\u00bfY sabes de qu\u00e9 tratan y con qu\u00e9 objeto abandonan la ciudad a estas horas?<\/p>\n<p>-Lo ignoro&#8230;; pero ello es que aguardan a alguien que debe de llegar esta noche. Yo no s\u00e9 para qu\u00e9 lo aguardar\u00e1n, aunque presumo que para nada bueno.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de este breve di\u00e1logo, Sara se mantuvo algunos instantes sumida en un profundo silencio y como tratando de ordenar sus ideas. \u00abNo hay duda -pensaba entre s\u00ed-; mi padre ha sorprendido nuestro amor y prepara, alguna venganza horrible. Es preciso que yo sepa d\u00f3nde van, qu\u00e9 hacen, qu\u00e9 intentan. Un momento de vacilaci\u00f3n podr\u00eda perderlo.\u00bb<\/p>\n<p>Cuando Sara se puso un instante en pie, y como para alejar las horribles dudas que la preocupaban se pas\u00f3 la mano por la frente, que la angustia hab\u00eda cubierto de un sudor glacial, la barca tocaba a la orilla opuesta.<\/p>\n<p>-Buen hombre -exclam\u00f3 la hermosa hebrea, arrojando algunas monedas a su conductor y se\u00f1alando un camino estrecho y tortuoso que sub\u00eda serpenteando por entre las rocas, \u00bfes ese el camino que siguen?<\/p>\n<p>-Ese es, y cuando llegan a la Cabeza del Moro, desaparecen por la izquierda. Despu\u00e9s, el diablo y ellos sabr\u00e1n a d\u00f3nde se dirigen -respondi\u00f3 el barquero.<\/p>\n<p>Sara se alej\u00f3 en la direcci\u00f3n que \u00e9ste le hab\u00eda indicado. Durante algunos minutos se la vio aparecer y desaparecer alternativamente entre aquel oscuro laberinto de rocas oscuras y cortadas a pico despu\u00e9s, y cuando hubo llegado a la cima llamada la Cabeza del Moro, su negra silueta se dibuj\u00f3 un instante sobre el fondo azul del cielo, y, por \u00faltimo, desapareci\u00f3 entre las sombras de la noche.<\/p>\n<p>Siguiendo el camino donde hoy se encuentra la pintoresca ermita de la Virgen del Valle, y como a dos tiros de ballesta del picacho que el vulgo conoce en Toledo por la Cabeza del Moro, exist\u00edan a\u00fan en aquella \u00e9poca los ruinosos restos de una iglesia bizantina, anterior a la conquista de los \u00e1rabes.<\/p>\n<p>En el atrio, que dibujaban algunos pedruscos diseminados por el suelo, crec\u00edan zarzales y hierbas par\u00e1sitas, entre las que yac\u00edan, medio ocultas, ya el destrozado capitel de una columna, ya un sillar groseramente esculpido con hojas entrelazadas, endriagos horribles o grotescas o informes figuras humanas. Del templo s\u00f3lo quedaban en pie los muros laterales y algunos arcos rotos ya y cubiertos de hiedra.<\/p>\n<p>Sara, a quien parec\u00eda guiar un sobrenatural presentimiento, al llegar al punto que le hab\u00eda se\u00f1alado su conductor, vacil\u00f3 algunos instantes, indecisa acerca del camino que deb\u00eda seguir; pero, por \u00faltimo, se dirigi\u00f3 con paso firme y resuelto hacia las abandonadas ruinas de la iglesia.<\/p>\n<p>En efecto, su instinto no la hab\u00eda enga\u00f1ado. Daniel, que ya no sonre\u00eda; Daniel, que no era ya el viejo d\u00e9bil y humilde, sino que, antes bien, respirando c\u00f3lera de sus peque\u00f1os y redondos ojos, parec\u00eda animado del esp\u00edritu de la venganza, rodeado de una multitud como \u00e9l, \u00e1vida de saciar su sed de odio en uno de los enemigos de su religi\u00f3n, estaba all\u00ed y parec\u00eda multiplicarse dando \u00f3rdenes a los unos, animando en el trabajo a los otros, disponiendo, en fin, con una horrible solicitud los aprestos necesarios para la consumaci\u00f3n de la espantosa obra que hab\u00eda estado meditando d\u00edas y d\u00edas, mientras golpeaba impasible el yunque de su covacha de Toledo.<\/p>\n<p>Sara, que en favor de la oscuridad hab\u00eda logrado llegar hasta el atrio de la iglesia, tuvo que hacer un esfuerzo para no arrojar un grito de horror al penetrar en su interior con la mirada.<\/p>\n<p>Al rojizo resplandor de una fogata que proyectaba las sombras de aquel c\u00edrculo infernal en los muros del templo, hab\u00eda cre\u00eddo ver que algunos hac\u00edan esfuerzos por levantar en alto una pesada cruz, mientras otros tej\u00edan una corona con las ramas de los zarzales o afilaban sobre una piedra las puntas de enormes clavos de hierro. Una idea espantosa cruz\u00f3 por su mente: record\u00f3 que a los de su raza los hab\u00edan acusado m\u00e1s de una vez de misteriosos cr\u00edmenes; record\u00f3 vagamente la aterradora historia del Ni\u00f1o Crucificado, que ella hasta entonces hab\u00eda cre\u00eddo una grosera calumnia inventada por el vulgo para apostrofar y zaherir a los hebreos.<\/p>\n<p>Pero ya no le cab\u00eda duda alguna; all\u00ed, delante de sus ojos, estaban aquellos horribles instrumentos de martirio, y los feroces verdugos s\u00f3lo aguardaban a la v\u00edctima.<\/p>\n<p>Sara, llena de una santa indignaci\u00f3n, rebosando en generosa ira y animada de esa fe inquebrantable en el verdadero Dios que su amante le hab\u00eda revelado, no pudo contenerse a la vista de aquel espect\u00e1culo y, rompiendo por entre la maleza que la ocultaba, present\u00f3se de imprevisto en el umbral del templo.<\/p>\n<p>Al verla aparecer, los jud\u00edos arrojaron un grito de sorpresa, y Daniel, dando un paso hacia su hija, en adem\u00e1n amenazante, le pregunt\u00f3 con voz ronca:<\/p>\n<p>-\u00bfQu\u00e9 buscas aqu\u00ed, desdichada?<\/p>\n<p>-Vengo a arrojar sobre vuestras frentes -dijo Sara con voz firme y resuelta- todo el bald\u00f3n de vuestra infame obra, y vengo a deciros que en vano esper\u00e1is la v\u00edctima para el sacrificio, si ya no es que intent\u00e1is cebar en m\u00ed vuestra sed de sangre, porque el cristiano a quien aguard\u00e1is no vendr\u00e1 porque yo lo he prevenido de vuestras asechanzas.<\/p>\n<p>-\u00bfSara! -exclam\u00f3 el jud\u00edo, rugiendo de c\u00f3lera-. Sara, eso no es verdad; t\u00fa no puedes habernos hecho traici\u00f3n, hasta el punto de revelar nuestros misteriosos ritos, y si es verdad que los has revelado, t\u00fa no eres mi hija&#8230;<\/p>\n<p>-No; ya no lo soy; he encontrado otro Padre, un Padre todo amor para los suyos, un Padre a quien vosotros clavasteis en una afrentosa cruz y que muri\u00f3 en ella por redimiros, abri\u00e9ndonos para una eternidad las puertas del cielo. No; ya no soy vuestra hija, porque soy cristiana y me averg\u00fcenzo de mi origen.<\/p>\n<p>Al o\u00edr estas palabras, pronunciadas con esa en\u00e9rgica entereza que s\u00f3lo pone el cielo en boca de los m\u00e1rtires, Daniel, ciego de furor, se arroj\u00f3 sobre la hermosa hebrea y derrib\u00e1ndola en tierra y asi\u00e9ndola por los cabellos, la arrastr\u00f3, como pose\u00eddo de un esp\u00edritu infernal, hasta el pie de la cruz, que parec\u00eda abrir sus descarnados brazos para recibirla, exclamando al dirigirse a los que los rodeaban:<\/p>\n<p>-Ah\u00ed os la entrego; haced vosotros justicia de esa infame, que ha vendido su honra, su religi\u00f3n y a sus hermanos.<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente, cuando las campanas de la catedral asordaban los aires tocando a gloria, y los honrados vecinos de Toledo se entreten\u00edan en tirar ballestazos a los Judas de paja, ni m\u00e1s ni menos que como todav\u00eda lo hacen en algunas de nuestras poblaciones, Daniel abri\u00f3 la puerta de su tenducho, como ten\u00eda por costumbre, y con su eterna sonrisa en los labios comenz\u00f3 a saludar a los que pasaban, sin dejar por eso de golpear en el yunque con su martillito de hierro; pero las celos\u00edas del morisco ajimez de Sara no volvieron a abrirse, ni nadie vio m\u00e1s a la hermosa hebrea recostada en su alf\u00e9izar de azulejos de colores.<\/p>\n<p>&#8230;<\/p>\n<p>Cuentan que algunos a\u00f1os despu\u00e9s un pastor trajo al arzobispo una flor hasta entonces nunca vista, en la cual se ve\u00edan figurados todos los atributos del martirio del Salvador del mundo, flor extra\u00f1a y misteriosa, que hab\u00eda crecido y enredado sus tallos por entre los ruinosos muros de la derruida iglesia.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(Leyenda religiosa) Una tarde de verano, y en un jard\u00edn de Toledo, me refiri\u00f3 esta singular historia una muchacha muy buena y muy bonita. 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