{"id":1012,"date":"2010-12-10T17:59:43","date_gmt":"2010-12-10T15:59:43","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cultureduca.com\/blog\/?p=1012"},"modified":"2010-12-10T17:59:43","modified_gmt":"2010-12-10T15:59:43","slug":"%e2%80%9clos-ojos-verdes%e2%80%9d-gustavo-adolfo-becquer","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9clos-ojos-verdes%e2%80%9d-gustavo-adolfo-becquer\/","title":{"rendered":"\u201cLos ojos verdes\u201d [Gustavo Adolfo B\u00e9cquer]"},"content":{"rendered":"<p>Hace mucho tiempo que ten\u00eda ganas de escribir cualquier cosa con este t\u00edtulo. Hoy, que se me ha presentado ocasi\u00f3n, lo he puesto con letras grandes en la primera cuartilla de papel, y luego he dejado a capricho volar la pluma.<br \/>\nYo creo que he visto unos ojos como los que he pintado en esta leyenda. No s\u00e9 si en sue\u00f1os, pero yo los he visto. De seguro no los podr\u00e9 describir tal cuales ellos eran: luminosos, transparentes como las gotas de la lluvia que se resbalan sobre las hojas de los \u00e1rboles despu\u00e9s de una tempestad de verano. De todos modos, cuento con la imaginaci\u00f3n de mis lectores para hacerme comprender en este que pudi\u00e9ramos llamar boceto de un cuadro que pintar\u00e9 alg\u00fan d\u00eda.<\/p>\n<p><strong>I<\/strong><\/p>\n<p>\u2014Herido va el ciervo&#8230;, herido va&#8230; no hay duda. Se ve el rastro de la sangre entre las zarzas del monte, y al saltar uno de esos lentiscos han flaqueado sus piernas&#8230; Nuestro joven se\u00f1or comienza por donde otros acaban&#8230; En cuarenta a\u00f1os de montero no he visto mejor golpe&#8230; Pero, \u00a1por San Saturio, patr\u00f3n de Soria!, cortadle el paso por esas carrascas, azuzad los perros, soplad en esas trompas hasta echar los h\u00edgados, y hundid a los corceles una cuarta de hierro en los ijares: \u00bfno veis que se dirige hacia la fuente de los \u00c1lamos y si la salva antes de morir podemos darlo por perdido?<br \/>\nLas cuencas del Moncayo repitieron de eco en eco el bramido de las trompas, el latir de la jaur\u00eda desencadenada, y las voces de los pajes resonaron con nueva furia, y el confuso tropel de hombres, caballos y perros, se dirigi\u00f3 al punto que I\u00f1igo, el montero mayor de los marqueses de Almenar, se\u00f1alara como el m\u00e1s a prop\u00f3sito para cortarle el paso a la res.<br \/>\nPero todo fue in\u00fatil. Cuando el m\u00e1s \u00e1gil de los lebreles lleg\u00f3 a las carrascas, jadeante y cubiertas las fauces de espuma, ya el ciervo, r\u00e1pido como una saeta, las hab\u00eda salvado de un solo brinco, perdi\u00e9ndose entre los matorrales de una trocha que conduc\u00eda a la fuente.<br \/>\n\u2014\u00a1Alto!&#8230; \u00a1Alto todo el mundo! \u2014grit\u00f3 I\u00f1igo entonces\u2014. Estaba de Dios que hab\u00eda de marcharse.<br \/>\nY la cabalgata se detuvo, y enmudecieron las trompas, y los lebreles dejaron refunfu\u00f1ando la pista a la voz de los cazadores.<br \/>\nEn aquel momento, se reun\u00eda a la comitiva el h\u00e9roe de la fiesta, Fernando de Argensola, el primog\u00e9nito de Almenar.<br \/>\n\u2014\u00bfQu\u00e9 haces? \u2014exclam\u00f3, dirigi\u00e9ndose a su montero, y en tanto, ya se pintaba el asombro en sus facciones, ya ard\u00eda la c\u00f3lera en sus ojos\u2014. \u00bfQu\u00e9 haces, imb\u00e9cil? Ves que la pieza est\u00e1 herida, que es la primera que cae por mi mano, y abandonas el rastro y la dejas perder para que vaya a morir en el fondo del bosque. \u00bfCrees acaso que he venido a matar ciervos para festines de lobos?<br \/>\n\u2014Se\u00f1or \u2014murmur\u00f3 I\u00f1igo entre dientes\u2014, es imposible pasar de este punto. \u2014\u00a1Imposible! \u00bfY por qu\u00e9?<br \/>\n\u2014Porque esa trocha \u2014prosigui\u00f3 el montero\u2014 conduce a la fuente de los \u00c1lamos: la fuente de los \u00c1lamos, en cuyas aguas habita un esp\u00edritu del mal. El que osa enturbiar su corriente paga caro su atrevimiento. Ya la res, habr\u00e1 salvado sus m\u00e1rgenes. \u00bfC\u00f3mo la salvar\u00e9is vos sin atraer sobre vuestra cabeza alguna calamidad horrible? Los cazadores somos reyes del Moncayo, pero reyes que pagan un tributo. Fiera que se refugia en esta fuente misteriosa, pieza perdida.<br \/>\n\u2014\u00a1Pieza perdida! Primero perder\u00e9 yo el se\u00f1or\u00edo de mis padres, y primero perder\u00e9 el \u00e1nima en manos de Satan\u00e1s, que permitir que se me escape ese ciervo, el \u00fanico que ha herido mi venablo, la primicia de mis excursiones de cazador&#8230; \u00bfLo ves?&#8230; \u00bfLo ves?&#8230; A\u00fan se distingue a intervalos desde aqu\u00ed; las piernas le fallan, su carrera se acorta; d\u00e9jame&#8230;, d\u00e9jame; suelta esa brida o te revuelvo en el polvo&#8230; \u00bfQui\u00e9n sabe si no le dar\u00e9 lugar para que llegue a la fuente? Y si llegase, al diablo ella, su limpidez y sus habitadores. \u00a1Sus, Rel\u00e1mpago!; \u00a1sus, caballo m\u00edo! Si lo alcanzas, mando engarzar los diamantes de mi joyel en tu serreta de oro.<br \/>\nCaballo y jinete partieron como un hurac\u00e1n. I\u00f1igo los sigui\u00f3 con la vista hasta que se perdieron en la maleza; despu\u00e9s volvi\u00f3 los ojos en derredor suyo; todos, como \u00e9l, permanec\u00edan inm\u00f3viles y consternados.<br \/>\nEl montero exclam\u00f3 al fin:<br \/>\n\u2014Se\u00f1ores, vosotros lo hab\u00e9is visto; me he expuesto a morir entre los pies de su caballo por detenerlo. Yo he cumplido con mi deber. Con el diablo no sirven valent\u00edas. Hasta aqu\u00ed llega el montero con su ballesta; de aqu\u00ed en adelante, que pruebe a pasar el capell\u00e1n con su hisopo.<\/p>\n<p><strong>II<\/strong><\/p>\n<p>-Ten\u00e9is la color quebrada; and\u00e1is mustio y sombr\u00edo. \u00bfQu\u00e9 os sucede? Desde el d\u00eda, que yo siempre tendr\u00e9 por funesto, en que llegasteis a la fuente de los \u00c1lamos, en pos de la res herida, dir\u00edase que una mala bruja os ha encanijado con sus hechizos. Ya no vais a los montes precedido de la ruidosa jaur\u00eda, ni el clamor de vuestras trompas despierta sus ecos. S\u00f3lo con esas cavilaciones que os persiguen, todas las ma\u00f1anas tom\u00e1is la ballesta para enderezaros a la espesura y permanecer en ella hasta que el sol se esconde. Y cuando la noche oscurece y volv\u00e9is p\u00e1lido y fatigado al castillo, en balde busc\u00f3 en la bandolera los despojos de la caza. \u00bfQu\u00e9 os ocupa tan largas horas lejos de los que m\u00e1s os quieren?<br \/>\nMientras I\u00f1igo hablaba, Fernando, absorto en sus ideas, sacaba maquinalmente astillas de su esca\u00f1o de \u00e9bano con un cuchillo de monte.<br \/>\nDespu\u00e9s de un largo silencio, que s\u00f3lo interrump\u00eda el chirrido de la hoja al resbalar sobre la pulimentada madera, el joven exclam\u00f3, dirigi\u00e9ndose a su servidor, como si no hubiera escuchado una sola de sus palabras:<br \/>\n\u2014I\u00f1igo, t\u00fa que eres viejo, t\u00fa que conoces las guaridas del Moncayo, que has vivido en sus faldas persiguiendo a las fieras, y en tus errantes excursiones de cazador subiste m\u00e1s de una vez a su cumbre, dime: \u00bfhas encontrado, por acaso, una mujer que vive entre sus rocas?<br \/>\n\u2014\u00a1Una mujer! \u2014exclam\u00f3 el montero con asombro y mir\u00e1ndole de hito en hito.<br \/>\n\u2014S\u00ed \u2014dijo el joven\u2014, es una cosa extra\u00f1a lo que me sucede, muy extra\u00f1a&#8230; Cre\u00ed poder guardar ese secreto eternamente, pero ya no es posible; rebosa en mi coraz\u00f3n y asoma a mi semblante. Voy, pues, a revel\u00e1rtelo&#8230; T\u00fa me ayudar\u00e1s a desvanecer el misterio que envuelve a esa criatura que, al parecer, s\u00f3lo para m\u00ed existe, pues nadie la conoce, ni la ha visto, ni puede dame raz\u00f3n de ella.<br \/>\nEl montero, sin despegar los labios, arrastr\u00f3 su banquillo hasta colocarse junto al esca\u00f1o de su se\u00f1or, del que no apartaba un punto los espantados ojos&#8230; Este, despu\u00e9s de coordinar sus ideas, prosigui\u00f3 as\u00ed:<br \/>\n\u2014Desde el d\u00eda en que, a pesar de sus funestas predicciones, llegu\u00e9 a la fuente de los \u00c1lamos, y, atravesando sus aguas, recobr\u00e9 el ciervo que vuestra superstici\u00f3n hubiera dejado huir, se llen\u00f3 mi alma del deseo de soledad.<br \/>\nT\u00fa no conoces aquel sitio. Mira: la fuente brota escondida en el seno de una pe\u00f1a, y cae, resbal\u00e1ndose gota a gota, por entre las verdes y flotantes hojas de las plantas que crecen al borde de su cuna. Aquellas gotas, que al desprenderse brillan como puntos de oro y suenan como las notas de un instrumento, se re\u00fanen entre los c\u00e9spedes y, susurrando, susurrando, con un ruido semejante al de las abejas que zumban en torno a las flores, se alejan por entre las arenas y forman un cauce, y luchan con los obst\u00e1culos que se oponen a su camino, y se repliegan sobre s\u00ed mismas, saltan, y huyen, y corren, unas veces, con risas; otras, con suspiros, hasta caer en un lago. En el lago caen con un rumor indescriptible. Lamentos, palabras, nombres, cantares, yo no s\u00e9 lo que he o\u00eddo en aquel rumor cuando me he sentado solo y febril sobre el pe\u00f1asco a cuyos pies saltan las aguas de la fuente misteriosa, Para estancarse en una balsa profunda cuya inm\u00f3vil superficie apenas riza el viento de la tarde.<br \/>\nTodo all\u00ed es grande. La soledad, con sus mil rumores desconocidos, vive en aquellos lugares y embriaga el esp\u00edritu en su inefable melancol\u00eda. En las plateadas hojas de los \u00e1lamos, en los huecos de las pe\u00f1as, en las ondas del agua, parece que nos hablan los invisibles esp\u00edritus de la Naturaleza, que reconocen un hermano en el inmortal esp\u00edritu del hombre.<br \/>\nCuando al despuntar la ma\u00f1ana me ve\u00edas tomar la ballesta y dirigirme al monte, no fue nunca para perderme entre sus matorrales en pos de la caza, no; iba a sentarme al borde de la fuente, a buscar en sus ondas&#8230; no s\u00e9 qu\u00e9, \u00a1una locura! El d\u00eda en que salt\u00f3 sobre ella mi Rel\u00e1mpago, cre\u00ed haber visto brillar en su fondo una cosa extra\u00f1a.., muy extra\u00f1a..: los ojos de una mujer.<br \/>\nTal vez ser\u00eda un rayo de sol que serpente\u00f3 fugitivo entre su espuma; tal vez ser\u00eda una de esas flores que flotan entre las algas de su seno y cuyos c\u00e1lices parecen esmeraldas&#8230;; no s\u00e9; yo cre\u00ed ver una mirada que se clav\u00f3 en la m\u00eda, una mirada que encendi\u00f3 en mi pecho un deseo absurdo, irrealizable: el de encontrar una persona con unos ojos como aquellos. En su busca fui un d\u00eda y otro a aquel sitio.<br \/>\nPor \u00faltimo, una tarde&#8230; yo me cre\u00ed juguete de un sue\u00f1o&#8230;; pero no, es verdad; le he hablado ya muchas veces como te hablo a ti ahora&#8230;; una tarde encontr\u00e9 sentada en mi puesto, vestida con unas ropas que llegaban hasta las aguas y flotaban sobre su haz, una mujer hermosa sobre toda ponderaci\u00f3n. Sus cabellos eran como el oro; sus pesta\u00f1as brillaban como hilos de luz, y entre las pesta\u00f1as volteaban inquietas unas pupilas que yo hab\u00eda visto&#8230;, s\u00ed, porque los ojos de aquella mujer eran los ojos que yo ten\u00eda clavados en la mente, unos ojos de un color imposible, unos ojos&#8230;<br \/>\n\u2014\u00a1Verdes! \u2014exclam\u00f3 I\u00f1igo con un acento de profundo terror e incorpor\u00e1ndose de un golpe en su asiento.<br \/>\nFernando lo mir\u00f3 a su vez como asombrado de que concluyese lo que iba a decir, y le pregunt\u00f3 con una mezcla de ansiedad y de alegr\u00eda:<br \/>\n-\u00bfLa conoces?<br \/>\n\u2014\u00a1Oh, no!\u2014dijo el montero\u2014.\u00a1L\u00edbreme Dios de conocerla! Pero mis padres, al prohibirme llegar hasta estos lugares, me dijeron mil veces que el esp\u00edritu, trasgo, demonio o mujer que habita en sus aguas tiene los ojos de ese color. Yo os conjuro por lo que m\u00e1s am\u00e9is en la tierra a no volver a la fuente de los \u00e1lamos. Un d\u00eda u otro os alcanzar\u00e1 su venganza y expiar\u00e9is, muriendo, el delito de haber encenagado sus ondas.<br \/>\n\u2014\u00a1Por lo que m\u00e1s amo! \u2014murmur\u00f3 el joven con una triste sonrisa.<br \/>\n\u2014S\u00ed \u2014prosigui\u00f3 el anciano\u2014; por vuestros padres, por vuestros deudos, por las l\u00e1grimas de la que el Cielo destina para vuestra esposa, por las de un servidor, que os ha visto nacer.<br \/>\n\u2014\u00bfSabes t\u00fa lo que m\u00e1s amo en el mundo? \u00bfSabes t\u00fa por qu\u00e9 dar\u00eda yo el amor de mi padre, los besos de la que me dio la vida y todo el cari\u00f1o que pueden atesorar todas las mujeres de la tierra? Por una mirada, por una sola mirada de esos ojos&#8230; \u00a1Mira c\u00f3mo podr\u00e9 dejar yo de buscarlos!<br \/>\nDijo Fernando estas palabras con tal acento, que la l\u00e1grima que temblaba en los p\u00e1rpados de I\u00f1igo se resbal\u00f3 silenciosa por su mejilla, mientras exclam\u00f3 con acento sombr\u00edo:<br \/>\n\u2014\u00a1C\u00famplase la voluntad del Cielo!<\/p>\n<p><strong>III<\/strong><\/p>\n<p>\u2014\u00bfQui\u00e9n eres t\u00fa? \u00bfCu\u00e1l es tu patria? \u00bfEn d\u00f3nde habitas? Yo vengo un d\u00eda y otro en tu busca, y ni veo el corcel que te trae a estos lugares ni a los servidores que conducen tu litera. Rompe de una vez el misterioso velo en que te envuelves como en una noche profunda. Yo te amo, y, noble o villana, ser\u00e9 tuyo, tuyo siempre.<br \/>\nEl sol hab\u00eda traspuesto la cumbre del monte; las sombras bajaban a grandes pasos por su falda; la brisa gem\u00eda entre los \u00e1lamos de la fuente, y la niebla, elev\u00e1ndose poco a poco de la superficie del lago, comenzaba a envolver las rocas de su margen.<br \/>\nSobre una de estas rocas, sobre la que parec\u00eda pr\u00f3xima a desplomarse en el fondo de las aguas, en cuya superficie se retrataba, temblando, el primog\u00e9nito Almenar, de rodillas a los pies de su misteriosa amante, procuraba en vano arrancarle el secreto de su existencia.<br \/>\nElla era hermosa, hermosa y p\u00e1lida como una estatua de alabastro. Y uno de sus rizos ca\u00eda sobre sus hombros, desliz\u00e1ndose entre los pliegues del velo como un rayo de sol que atraviesa las nubes, y en el cerco de sus pesta\u00f1as rubias brillaban sus pupilas como dos esmeraldas sujetas en una joya de oro.<br \/>\nCuando el joven acab\u00f3 de hablarle, sus labios se removieron como para pronunciar algunas palabras; pero exhalaron un suspiro, un suspiro d\u00e9bil, doliente, como el de la ligera onda que empuja una brisa al morir entre los juncos.<br \/>\n\u2014\u00a1No me respondes! \u2014exclam\u00f3 Fernando al ver burlada su esperanza\u2014. \u00bfQuerr\u00e1s que d\u00e9 cr\u00e9dito a lo que de ti me han dicho? \u00a1Oh, no!&#8230; H\u00e1blame; yo quiero saber si me amas; yo quiero saber si puedo amarte, si eres una mujer&#8230;<br \/>\n\u2014O un demonio&#8230; \u00bfY si lo fuese?<br \/>\nEl joven vacil\u00f3 un instante; un sudor fr\u00edo corri\u00f3 por sus miembros; sus pupilas se dilataron al fijarse con m\u00e1s intensidad en las de aquella mujer, y fascinado por su brillo fosf\u00f3rico, demente casi, exclam\u00f3 en un arrebato de amor:<br \/>\n\u2014Si lo fueses.:., te amar\u00eda&#8230;, te amar\u00eda como te amo ahora, como es mi destino amarte, hasta m\u00e1s all\u00e1 de esta vida, si hay algo m\u00e1s de ella.<br \/>\n\u2014Fernando \u2014dijo la hermosa entonces con una voz semejante a una m\u00fasica\u2014, yo te amo m\u00e1s a\u00fan que t\u00fa me amas; yo, que desciendo hasta un mortal siendo un esp\u00edritu puro. No soy una mujer como las que existen en la Tierra; soy una mujer digna de ti, que eres superior a los dem\u00e1s hombres. Yo vivo en el fondo de estas aguas, incorp\u00f3rea como ellas, fugaz y transparente: hablo con sus rumores y ondulo con sus pliegues. Yo no castigo al que osa turbar la fuente donde moro; antes lo premio con mi amor, como a un mortal superior a las supersticiones del vulgo, como a un amante capaz de comprender mi caso extra\u00f1o y misterioso.<br \/>\nMientras ella hablaba as\u00ed, el joven absorto en la contemplaci\u00f3n de su fant\u00e1stica hermosura, atra\u00eddo como por una fuerza desconocida, se aproximaba m\u00e1s y m\u00e1s al borde de la roca.<br \/>\nLa mujer de los ojos verdes prosigui\u00f3 as\u00ed:<br \/>\n\u2014\u00bfVes, ves el l\u00edmpido fondo de este lago? \u00bfVes esas plantas de largas y verdes hojas que se agitan en su fondo?&#8230; Ellas nos dar\u00e1n un lecho de esmeraldas y corales&#8230;, y yo&#8230;, yo te dar\u00e9 una felicidad sin nombre, esa felicidad que has so\u00f1ado en tus horas de delirio y que no puede ofrecerte nadie&#8230; Ven; la niebla del lago flota sobre nuestras frentes como un pabell\u00f3n de lino&#8230;; las ondas nos llaman con sus voces incomprensibles; el viento empieza entre los \u00e1lamos sus himnos de amor; ven&#8230;, ven.<br \/>\nLa noche comenzaba a extender sus sombras; la luna rielaba en la superficie del lago; la niebla se arremolinaba al soplo del aire, y los ojos verdes brillaban en la oscuridad como los fuegos fatuos que corren sobre el haz de las aguas infectas&#8230; Ven, ven&#8230; Estas palabras zumbaban en los o\u00eddos de Fernando como un conjuro. Ven&#8230; y la mujer misteriosa lo llamaba al borde del abismo donde estaba suspendida, y parec\u00eda ofrecerle un beso&#8230;, un beso&#8230;<br \/>\nFernando dio un paso hac\u00eda ella&#8230;, otro&#8230;, y sinti\u00f3 unos brazos delgados y flexibles que se liaban a su cuello, y una sensaci\u00f3n fr\u00eda en sus labios ardorosos, un beso de nieve&#8230;, y vacil\u00f3&#8230;, y perdi\u00f3 pie, y cay\u00f3 al agua con un rumor sordo y l\u00fagubre.<br \/>\nLas aguas saltaron en chispas de luz y se cerraron sobre su cuerpo, y sus c\u00edrculos de plata fueron ensanch\u00e1ndose, ensanch\u00e1ndose hasta expirar en las orillas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hace mucho tiempo que ten\u00eda ganas de escribir cualquier cosa con este t\u00edtulo. Hoy, que se me ha presentado ocasi\u00f3n, lo he puesto con letras grandes en la primera cuartilla de papel, y luego he dejado a capricho volar la pluma. Yo creo que he visto unos ojos como los\u2026<\/p>\n<p class=\"continue-reading-button\"> <a class=\"continue-reading-link\" href=\"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9clos-ojos-verdes%e2%80%9d-gustavo-adolfo-becquer\/\">Seguir leyendo&#8230;<i class=\"crycon-right-dir\"><\/i><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":75,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"rop_custom_images_group":[],"rop_custom_messages_group":[],"rop_publish_now":"initial","rop_publish_now_accounts":{"twitter_226634691_226634691":""},"rop_publish_now_history":[],"rop_publish_now_status":"pending","_uag_custom_page_level_css":"","footnotes":""},"categories":[5,1109],"tags":[1010,1016,1012,1018,1015,1045,1014,1051],"class_list":["post-1012","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-literatura","category-textos-literarios","tag-amor","tag-arte","tag-ave","tag-ayuda","tag-flor","tag-leyenda","tag-naturaleza","tag-planta"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.3 - 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