{"id":1010,"date":"2010-12-10T17:58:13","date_gmt":"2010-12-10T15:58:13","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cultureduca.com\/blog\/?p=1010"},"modified":"2010-12-10T17:58:13","modified_gmt":"2010-12-10T15:58:13","slug":"%e2%80%9cel-miserere%e2%80%9d-gustavo-adolfo-becquer","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cel-miserere%e2%80%9d-gustavo-adolfo-becquer\/","title":{"rendered":"\u201cEl Miserere\u201d [Gustavo Adolfo B\u00e9cquer]"},"content":{"rendered":"<p><em>(Leyenda religiosa)<\/em><\/p>\n<p>Hace algunos meses que, visitando la c\u00e9lebre abad\u00eda de Fitero, y ocup\u00e1ndome en revolver algunos vol\u00famenes de su abandonada biblioteca, descubr\u00ed en uno de sus rincones dos o tres cuadernos bastante antiguos, cubiertos de polvo y hasta comenzados a roer por los ratones.<\/p>\n<p>Era un Miserere.<\/p>\n<p>Yo no s\u00e9 m\u00fasica; pero le tengo tanta afici\u00f3n que, aun sin entenderla, suelo coger a veces la partitura de una \u00f3pera y me paso las horas muertas hojeando sus p\u00e1ginas, mirando los grupos de notas m\u00e1s o menos api\u00f1ados, las rayas, los semic\u00edrculos, los tri\u00e1ngulos y las especies de etc\u00e9teras que llaman llaves, y todo esto sin comprender una jota ni sacar maldito el provecho.<\/p>\n<p>Consecuente con mi man\u00eda, repas\u00e9 los cuadernos, y lo primero que me llam\u00f3 la atenci\u00f3n fue que, aunque en la \u00faltima p\u00e1gina hab\u00eda una palabra latina, tan vulgar en todas las obras, finis, la verdad era que el Miserere no estaba terminado, porque la m\u00fasica no alcanzaba sino hasta el d\u00e9cimo vers\u00edculo.<\/p>\n<p>Esto fue, sin duda, lo que me llam\u00f3 la atenci\u00f3n primeramente; pero luego que me fij\u00e9 un poco en las hojas de m\u00fasica, me choc\u00f3 m\u00e1s a\u00fan el observar que en vez de esas palabras italianas que ponen en todas, como maestoso, allegro, ritardando, pi\u00fa vivo, a piacere, hab\u00eda unos renglones escritos con letra muy menuda y en alem\u00e1n, de los cuales algunos serv\u00edan para advertir cosas tan dif\u00edciles de hacer como esto: Crujen&#8230;, crujen los huesos, y de sus m\u00e9dulas ha de parecer que salen los alaridos; o esta otra: La cuerda a\u00falla sin discordar, el metal atruena sin ensordecer; por eso suena todo y no se confunde nada, y todo es la Humanidad que solloza y gime; o la m\u00e1s original de todas, sin duda, recomendada al pie del \u00faltimo vers\u00edculo: Las notas son huesos cubiertos de carne; lumbre inextinguible, los cielos y su armon\u00eda&#8230;, fuerza:&#8230;, fuerza y dulzura.<\/p>\n<p>-\u00bfSab\u00e9is qu\u00e9 es esto? -pregunt\u00e9 a un viejecito que me acompa\u00f1aba, al acabar de medio traducir estos renglones, que parec\u00edan frases escritas por un loco.<\/p>\n<p>El anciano me cont\u00f3 entonces la leyenda que voy a referiros.<\/p>\n<p>Hace ya muchos a\u00f1os, en una noche lluviosa y oscura, lleg\u00f3 a la puerta claustral de esta abad\u00eda un romero y pidi\u00f3 un poco de lumbre para secar sus ropas, un pedazo de pan con que satisfacer su hambre y un albergue cualquiera donde esperar la ma\u00f1ana y proseguir con la luz del sol su camino.<\/p>\n<p>Su modesta colaci\u00f3n, su pobre lecho y su encendido hogar puso el hermano a quien se hizo esta demanda a disposici\u00f3n del caminante, al cual, despu\u00e9s que se hubo repuesto de su cansancio, interrog\u00f3 acerca del objeto de su romer\u00eda y del punto adonde se encaminaba.<\/p>\n<p>-Yo soy m\u00fasico -respondi\u00f3 el interpelado-. He nacido muy lejos de aqu\u00ed, y en mi patria goc\u00e9 un d\u00eda de gran renombre. En mi juventud hice de mi arte un arma poderosa de seducci\u00f3n y encend\u00ed con \u00e9l pasiones que me arrastraron a un crimen. En mi vejez quiero convertir al bien las facultades que he empleado para el mal, redimi\u00e9ndome por donde mismo pude condenarme.<\/p>\n<p>Como las enigm\u00e1ticas palabras del desconocido no pareciesen del todo claras al hermano lego, en quien ya comenzaba la curiosidad a despertarse, e instigado por \u00e9sta continuara en sus preguntas, su interlocutor prosigui\u00f3 de este modo:<\/p>\n<p>-Lloraba yo en el fondo de mi alma la culpa que hab\u00eda cometido; mas al intentar pedir a Dios misericordia no encontraba palabras para expresar dignamente mi arrepentimiento, cuando un d\u00eda se fijaron mis ojos por casualidad sobre un libro santo. Abr\u00ed aquel libro, y en una de, sus p\u00e1ginas encontr\u00e9 un gigante grito de contrici\u00f3n verdadera, un salmo de David, el que comienza: Miserere mei, Deus! Desde el instante en que hube le\u00eddo sus estrofas, mi \u00fanico pensamiento fue hallar una forma musical tan magn\u00edfica, tan sublime, que bastase a contener el grandioso himno de dolor del Rey Profeta. A\u00fan no la he encontrado; pero si logro expresar lo que siento en mi coraz\u00f3n, lo que oigo confusamente en mi cabeza, estoy seguro de hacer un Miserere tal y tan maravilloso, que no hayan o\u00eddo otro semejante los nacidos; tal y tan desgarrador, que al escuchar el primer acorde los arc\u00e1ngeles dir\u00e1n conmigo, cubiertos los ojos de l\u00e1grimas y dirigi\u00e9ndose al Se\u00f1or: \u00a1Misericordia!, y el Se\u00f1or la tendr\u00e1 de su pobre criatura.<\/p>\n<p>El romero al llegar a este punto de su narraci\u00f3n call\u00f3 por un instante, y despu\u00e9s, exhalando un suspiro, torn\u00f3 a coger el hilo de su discurso. El hermano lego, algunos dependientes de la abad\u00eda y dos o tres pastores de la granja de los frailes que formaban un c\u00edrculo alrededor del hogar, escuchaban en un profundo silencio.<\/p>\n<p>-Despu\u00e9s -continu\u00f3- de recorrer toda Alemania, toda Italia y la mayor parte de este pa\u00eds cl\u00e1sico para la m\u00fasica religiosa, a\u00fan no he o\u00eddo un Miserere en que pueda inspirarme, ni uno, ni uno, y he o\u00eddo tantos, que puedo decir que los he o\u00eddo todos.<\/p>\n<p>-\u00bfTodos? -dijo entonces, interrumpi\u00e9ndole, uno de los rabadanes-. \u00bfA que no hab\u00e9is o\u00eddo a\u00fan el Miserere de la Monta\u00f1a?<\/p>\n<p>-\u00bfEl Miserere de la Monta\u00f1a? -exclam\u00f3 el m\u00fasico con aire de extra\u00f1eza-. \u00bfQu\u00e9 Miserere es ese?.<\/p>\n<p>-\u00bfNo dije? -murmur\u00f3 el campesino, y luego prosigui\u00f3 con una entonaci\u00f3n misteriosa-: Ese Miserere, que s\u00f3lo oyen por casualidad los que, como yo, andan d\u00eda y noche tras el ganado por entre bre\u00f1as y pe\u00f1ascales, es toda una historia, una historia muy antigua, pero tan verdadera como, al parecer, incre\u00edble. Es el caso que en lo m\u00e1s fragoso de esas cordilleras de monta\u00f1as que limitan el horizonte del valle, en el fondo del cual se halla la abad\u00eda, hubo hace ya muchos a\u00f1os, \u00a1qu\u00e9 digo muchos a\u00f1os!, muchos siglos, un monasterio famoso, monasterio que, a lo que parece, edific\u00f3 a sus expensas un se\u00f1or con los bienes que hab\u00eda de legar a su hijo, al cual deshered\u00f3 al morir, en pena de sus maldades. Hasta aqu\u00ed todo fue bueno; pero es el caso que este hijo, que por lo que se ver\u00e1 m\u00e1s adelante debi\u00f3 de ser de la piel del diablo, si no era el mismo diablo en persona, sabedor de que sus bienes estaban en poder de los religiosos y de que su castillo se hab\u00eda transformado en iglesia, reuni\u00f3 a unos cuantos bandoleros, camaradas suyos en la vida de perdici\u00f3n que emprendiera al abandonar la casa de sus padres, y una noche de Jueves Santo, en que los monjes se hallaban en el coro, y en el punto y hora en que iban a comenzar o hab\u00edan comenzado el Miserere, pusieron fuego al monasterio, entraron a saco en la iglesia, y a \u00e9ste quiero, a aqu\u00e9l no, se dice que no dejaron fraile con vida. Despu\u00e9s de esta atrocidad se marcharon los bandidos, y su instigador con ellos, a donde no se sabe, a los profundos tal vez. Las llamas redujeron el monasterio a escombros; de la iglesia aun quedan en pie las ruinas sobre el c\u00f3ncavo pe\u00f1\u00f3n de donde nace la cascada que, despu\u00e9s de estrellarse de pe\u00f1a en pe\u00f1a, forma el riachuelo que viene a ba\u00f1ar los muros de esta abad\u00eda.<\/p>\n<p>-Pero -interrumpi\u00f3 impaciente el m\u00fasico- \u00bfy el Miserere?<\/p>\n<p>-Aguardaos -continu\u00f3 con gran sorna el rabad\u00e1n- que todo ir\u00e1 por partes.<\/p>\n<p>Dicho lo cual, sigui\u00f3 as\u00ed su historia:<\/p>\n<p>-Las gentes de los contornos se escandalizaron del crimen: de padres a hijos y de hijos a nietos se refiri\u00f3 con horror en las largas noches de velada; pero lo que mantiene m\u00e1s viva su memoria es que todos los a\u00f1os, tal noche como en la que se consum\u00f3, se ven brillar luces a trav\u00e9s de las rotas ventanas de la iglesia; se oye como una especie de m\u00fasica extra\u00f1a y unos cantos l\u00fagubres y aterradores que se perciben a intervalos en las r\u00e1fagas del aire. Son los monjes, los cuales, muertos tal vez sin hallarse preparados para presentarse en el Tribunal de Dios limpios de toda culpa, vienen a\u00fan del purgatorio a impetrar su misericordia cantando el Miserere.<\/p>\n<p>Los circunstantes se miraron unos a otros con muestras de incredulidad; s\u00f3lo el romero, que parec\u00eda vivamente preocupado con la narraci\u00f3n de la historia, pregunt\u00f3 con ansiedad al que la hab\u00eda referido:<\/p>\n<p>-\u00bfY dec\u00eds que ese portento se repite a\u00fan?<\/p>\n<p>-Dentro de tres horas comenzar\u00e1 sin falta alguna, porque precisamente esta noche es la del Jueves Santo y acaban de dar las ocho en el reloj de la abad\u00eda.<\/p>\n<p>-\u00bfA qu\u00e9 distancia se encuentra el monasterio?<\/p>\n<p>-A una legua y media escasa. Pero, \u00bfqu\u00e9 hac\u00e9is? \u00bfA d\u00f3nde vais con una noche como \u00e9sta? \u00a1Est\u00e1is dejado de la mano de Dios! -exclamaron todos, al ver que el romero, levant\u00e1ndose de su esca\u00f1o y tomando el bord\u00f3n, abandonaba el hogar para dirigirse a la puerta.<\/p>\n<p>-\u00bfA d\u00f3nde voy? A oir esa maravillosa m\u00fasica, a o\u00edr el grande, el verdadero Miserere, el Miserere de los que vuelven al mundo despu\u00e9s de muertos y saben lo que es morir en el pecado.<\/p>\n<p>Y esto diciendo, desapareci\u00f3 de la vista del espantado lego y de los no menos at\u00f3nitos pastores.<\/p>\n<p>El viento zumbaba y hac\u00eda crujir las puertas, como si una mano poderosa pugnase por arrancarlas de sus quicios; la lluvia ca\u00eda en turbiones, azotando los vidrios de las ventanas, y de cuando en cuando la luz de un rel\u00e1mpago iluminaba por un instante todo el horizonte que desde ellas se descubr\u00eda.<\/p>\n<p>Pasado el primer momento de estupor:<\/p>\n<p>-\u00a1Est\u00e1 loco! -exclam\u00f3 el lego.<\/p>\n<p>-\u00a1Est\u00e1 loco! -repitieron los pastores, y atizaron de nuevo la lumbre y se agruparon alrededor del hogar.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de una o dos horas de camino, el misterioso personaje que calificaron de loco en la abad\u00eda, remontando la corriente del riachuelo que le indic\u00f3 el rabad\u00e1n de la historia, lleg\u00f3 al punto en que se levantaban, negras e imponentes, las ruinas del monasterio.<\/p>\n<p>La lluvia hab\u00eda cesado; las nubes flotaban en oscuras bandas, por entre cuyos jirones se deslizaba a veces un furtivo rayo de luz p\u00e1lida y dudosa; y el aire, al azotar los fuertes machones y extenderse por los desiertos claustros, dir\u00edase que exhalaba gemidos. Sin embargo, nada sobrenatural, nada extra\u00f1o ven\u00eda a herir la imaginaci\u00f3n. Al que hab\u00eda dormido m\u00e1s de una noche sin otro amparo que las ruinas de una torre abandonada o un castillo solitario: al que hab\u00eda arrostrado en su larga peregrinaci\u00f3n cien y cien tormentas, todos aquellos ruidos le eran familiares.<\/p>\n<p>Las gotas de agua que se filtraban por entre las grietas de los rotos arcos y ca\u00edan sobre las losas con un rumor acompasado, como el de la p\u00e9ndola de un reloj; los gritos del b\u00faho, que graznaba refugiado bajo el nimbo de piedra de una imagen en pie a\u00fan en el hueco de un muro; el ruido de los reptiles, que, despiertos de su letargo por la tempestad, sacaban sus disformes cabezas de los agujeros donde duermen o se arrastran por entre los jaramagos y zarzales que crec\u00edan al pie del altar, entre las junturas de las l\u00e1pidas sepulcrales que formaban el pavimento de la iglesia, todos estos extra\u00f1os y misteriosos murmullos del campo, de la soledad y de la noche llegaban perceptibles al o\u00eddo del romero, que sentado sobre la mutilada estatua de una tumba, aguardaba ansioso la hora en que debiera realizarse el prodigio.<\/p>\n<p>Transcurri\u00f3 tiempo y tiempo, y nada se percibi\u00f3; aquellos mil confusos rumores segu\u00edan sonando y combin\u00e1ndose de mil maneras distintas, pero siempre los mismos. \u00a1Si me habr\u00e1 enga\u00f1ado!, pens\u00f3 el m\u00fasico; pero en aquel instante se oy\u00f3 un ruido nuevo, un ruido inexplicable en aquel lugar, como el que produce un reloj algunos segundos antes de sonar la hora: ruidos de ruedas que giran, de cuerdas que se dilatan, de maquinaria que se agita sordamente y se dispone a usar de su misteriosa vitalidad mec\u00e1nica, y son\u00f3 una campanada&#8230;, dos&#8230;, tres&#8230;; hasta once.<\/p>\n<p>En el derruido templo no hab\u00eda campana, ni reloj, ni torre ya siquiera.<\/p>\n<p>A\u00fan no hab\u00eda expirado, debilit\u00e1ndose de eco en eco la \u00faltima campanada; todav\u00eda se escuchaba su vibraci\u00f3n temblando en el aire, cuando los doseles de granito, que cobijaban las esculturas, las gradas de m\u00e1rmol de los altares, los sillares de las ojivas, los calados antepechos del coro, los festones de tr\u00e9boles de las cornisas, los negros machones de los muros, el pavimento, las b\u00f3vedas, la iglesia entera comenz\u00f3 a iluminarse espont\u00e1neamente, sin que se viese una antorcha, un cirio o una l\u00e1mpara que derramase aquella ins\u00f3lita claridad.<\/p>\n<p>Parec\u00eda como un esqueleto de cuyos huesos amarillos se desprende ese gas fosf\u00f3rico que brilla y humea en la oscuridad con una luz azulada, inquieta y medrosa.<\/p>\n<p>Todo pareci\u00f3 animarse, pero con ese movimiento galv\u00e1nico que imprime a la muerte contracciones que parodian la vida, movimiento instant\u00e1neo, m\u00e1s horrible a\u00fan que la inercia del cad\u00e1ver que agita con su desconocida fuerza. Las piedras se reunieron a las piedras; el ara, cuyos rotos fragmentos se ve\u00edan antes esparcidos sin orden, se levant\u00f3 intacta, como si acabase de dar en ella su \u00faltimo golpe de cincel el art\u00edfice, y al par del ara se levantaron las derribadas capillas, los rotos capiteles y las destrozadas e inmensas series de arcos que, cruz\u00e1ndose y enlaz\u00e1ndose caprichosamente entre s\u00ed, formaron con sus columnas un laberinto de p\u00f3rfido.<\/p>\n<p>Una vez reedificado el templo, comenz\u00f3 a o\u00edrse un acorde lejano que pudiera confundirse con el zumbido del aire, pero que era un conjuro de voces lejanas y graves que parec\u00eda salir del seno de la tierra e irse elevando poco a poco, haci\u00e9ndose cada vez m\u00e1s perceptible.<\/p>\n<p>El osado peregrino comenzaba a tener miedo; pero con su miedo luchaba a\u00fan su fanatismo por todo la desusado y maravilloso, y alentado por \u00e9l dej\u00f3 la tumba sobre que reposaba, se inclin\u00f3 al borde del abismo por entre cuyas rocas saltaba el torrente, despe\u00f1\u00e1ndose con un trueno incesante y espantoso, y sus cabellos se erizaron de horror.<\/p>\n<p>Mal envueltos en los jirones de sus h\u00e1bitos, caladas las capuchas, bajo los pliegues de las cuales contrastaban con sus descarnadas mand\u00edbulas y los blancos dientes las oscuras cavidades de los ojos de sus calaveras, vio los esqueletos de los monjes, que fueron arrojados desde el pretil de la iglesia a aquel precipicio, salir del fondo de las aguas y, agarr\u00e1ndose con los largos dedos de sus manos de hueso a las grietas de las pe\u00f1as, trepar por ellas hasta tocar el borde, diciendo con voz baja y sepulcral, pero con una desgarradora expresi\u00f3n de dolor, el primer vers\u00edculo del salmo de David:<\/p>\n<p>-Miserere mei, Deus, secundum magnam misericordiam tuam!<\/p>\n<p>Cuando los monjes llegaron al peristilo del templo, se ordenaron en dos hileras y, penetrando en \u00e9l, fueron a arrodillarse en el coro, donde, con voz m\u00e1s levantada y solemne, prosiguieron entonando los vers\u00edculos del salmo. La m\u00fasica sonaba al comp\u00e1s de sus voces: aquella m\u00fasica era el rumor distante del trueno, que, desvanecida la tempestad, se alejaba murmurando; era el zumbido del aire que gem\u00eda en la concavidad del monte; era el mon\u00f3tono ruido de la cascada que ca\u00eda sobre las rocas, y la gota de agua que se filtraba, y el grito del b\u00faho escondido, y el roce de los reptiles inquietos. Todo esto era la m\u00fasica y algo m\u00e1s que no puede explicarse ni apenas concebirse; algo m\u00e1s que parec\u00eda como el eco de un \u00f3rgano que acompa\u00f1aba los vers\u00edculos del gigante himno de contrici\u00f3n del rey salmista con notas y acordes tan gigantes como sus palabras terribles.<\/p>\n<p>Sigui\u00f3 la ceremonia; el m\u00fasico, que la presenciaba absorto y aterrado, cre\u00eda estar fuera del mundo real, vivir en esa regi\u00f3n fant\u00e1stica del sue\u00f1o, en que todas las cosas se revisten de formas extra\u00f1as y fenomenales.<\/p>\n<p>Un sacudimiento terrible vino a sacarlo de aquel estupor que embargaba todas las facultades de su esp\u00edritu. Sus nervios saltaron al impulso de una conmoci\u00f3n fuert\u00edsima, sus dientes chocaron, agit\u00e1ndose con un temblor imposible de reprimir, y el fr\u00edo penetr\u00f3 hasta la m\u00e9dula de los huesos.<\/p>\n<p>Los monjes pronunciaban en aquel instante estas espantosas palabras del Miserere:<\/p>\n<p>-In iniquitatibus conceptus sum: et in peccatis concepit me mater mea.<\/p>\n<p>Al resonar este vers\u00edculo y dilatarse sus ecos retumbando de b\u00f3veda en b\u00f3veda, se levant\u00f3 un alarido tremendo que parec\u00eda un grito de dolor arrancado a la Humanidad entera por la conciencia de sus maldades; un grito horroroso, formado por todos los lamentos del infortunio, de todos los aullidos de la desesperaci\u00f3n, de todas las blasfemias de la impiedad; concierto monstruoso, digno int\u00e9rprete de los que viven en el pecado y fueron concebidos en la iniquidad.<\/p>\n<p>Prosigui\u00f3 el canto, ora trist\u00edsimo y profundo, ora semejante a un rayo de sol que rompe la nube oscura de una tempestad, haciendo suceder a un rel\u00e1mpago de tenor otro rel\u00e1mpago de j\u00fabilo, hasta que, merced a una transformaci\u00f3n s\u00fabita, la iglesia resplandeci\u00f3 ba\u00f1ada en luz celeste; las osamentas de los monjes se vistieron de sus carnes; una aureola luminosa brill\u00f3 en derredor de sus frentes; se rompi\u00f3 la c\u00fapula, y a trav\u00e9s de ella se vio el cielo como un oc\u00e9ano de lumbre abierto a la mirada de los justos.<\/p>\n<p>Los serafines, los arc\u00e1ngeles y los \u00e1ngeles y las jerarqu\u00edas acompa\u00f1aban con un himno de gloria este vers\u00edculo, que sub\u00eda entonces al trono del Se\u00f1or como una tromba arm\u00f3nica, como una gigantesca espiral de sonoro incienso:<\/p>\n<p>-Auditui meo dabis gaudium et laetitiam: et exultabunt ossa humiliata.<\/p>\n<p>En este punto, la claridad deslumbradora ceg\u00f3 los ojos del romero, sus sienes latieron con violencia, zumbaron sus o\u00eddos y cay\u00f3 sin conocimiento por tierra, y no oy\u00f3 m\u00e1s&#8230;<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente, los pac\u00edficos monjes de la abad\u00eda de Fitero, a quienes el hermano lego hab\u00eda dado cuenta de la extra\u00f1a visita de la noche anterior, vieron entrar por las puertas, p\u00e1lido y como fuera de s\u00ed, al desconocido romero.<\/p>\n<p>-\u00bfO\u00edsteis, al cabo, el Miserere? -le pregunt\u00f3 con cierta mezcla de iron\u00eda el lego, lanzando a hurtadillas una mirada de inteligencia a sus superiores.<\/p>\n<p>-S\u00ed respondi\u00f3 el m\u00fasico.<\/p>\n<p>-\u00bfY qu\u00e9 tal os ha parecido?<\/p>\n<p>-Lo voy a escribir. Dadme un asilo en vuestra casa -prosigui\u00f3, dirigi\u00e9ndose al abad-, un asilo y pan para algunos meses, y voy a dejaros una obra inmortal del arte, un Miserere que borre mis culpas a los ojos de Dios, eternice mi memoria y eternice con ella la de esta abad\u00eda.<\/p>\n<p>Los monjes, por curiosidad, aconsejaron al abad que accediese a su demanda. El abad, por compasi\u00f3n, aun crey\u00e9ndole un loco, accedi\u00f3, al fin, a ello y el m\u00fasico, instalado ya en el monasterio, comenz\u00f3 su obra.<\/p>\n<p>Noche y d\u00eda trabajaba con un af\u00e1n incesante. En mitad de su tarea se paraba y parec\u00eda como escuchar algo que sonaba en su imaginaci\u00f3n, y se dilataban sus pupilas, saltaba en el asiento y exclamaba:<\/p>\n<p>-\u00a1Eso es; as\u00ed, as\u00ed, no hay duda&#8230;, as\u00ed! -y prosegu\u00eda escribiendo notas con una rapidez febril, que dio en m\u00e1s de una ocasi\u00f3n que admirar a los que lo observaban sin ser vistos.<\/p>\n<p>Escribi\u00f3 los primeros vers\u00edculos y los siguientes hasta la mitad del salmo; pero al llegar al \u00faltimo que hab\u00eda o\u00eddo en la monta\u00f1a le fue imposible proseguir.<\/p>\n<p>Escribi\u00f3 uno, dos, cien, doscientos borradores: todo in\u00fatil. Su m\u00fasica no se parec\u00eda a aquella m\u00fasica ya anotada, y el sue\u00f1o huy\u00f3 de sus p\u00e1rpados y perdi\u00f3 el apetito, y la fiebre se apoder\u00f3 de su cabeza, y se volvi\u00f3 loco, y se muri\u00f3, en fin, sin poder terminar el Miserere, que, como una losa extra\u00f1a, guardaron los frailes a su muerte, y a\u00fan se conserva hoy en el archivo de la abad\u00eda.<\/p>\n<p>&#8230;<\/p>\n<p>Cuando el viejecito concluy\u00f3 de contarme esta historia, no pude menos de volver otra vez los ojos al empolvado y antiguo manuscrito del Miserere, que a\u00fan estaba abierto sobre una de las mesas.<\/p>\n<p>In peccatis concepit me mater mea&#8230;<\/p>\n<p>Estas eran las palabras de la p\u00e1gina que ten\u00eda ante mi vista, y que parec\u00eda mofarse de m\u00ed con sus notas, sus llaves y sus garabatos ininteligibles para los legos de la m\u00fasica.<\/p>\n<p>Por haberlas podido leer hubiera dado un mundo:<\/p>\n<p>\u00bfQui\u00e9n sabe si no ser\u00e1 una locura?<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(Leyenda religiosa) Hace algunos meses que, visitando la c\u00e9lebre abad\u00eda de Fitero, y ocup\u00e1ndome en revolver algunos vol\u00famenes de su abandonada biblioteca, descubr\u00ed en uno de sus rincones dos o tres cuadernos bastante antiguos, cubiertos de polvo y hasta comenzados a roer por los ratones. Era un Miserere. Yo no\u2026<\/p>\n<p class=\"continue-reading-button\"> <a class=\"continue-reading-link\" href=\"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cel-miserere%e2%80%9d-gustavo-adolfo-becquer\/\">Seguir leyendo&#8230;<i class=\"crycon-right-dir\"><\/i><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":75,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"rop_custom_images_group":[],"rop_custom_messages_group":[],"rop_publish_now":"initial","rop_publish_now_accounts":{"twitter_226634691_226634691":""},"rop_publish_now_history":[],"rop_publish_now_status":"pending","_uag_custom_page_level_css":"","footnotes":""},"categories":[5,1109],"tags":[1016,1012,1013,1009,1017,1058,1052,1045,1145,1028,1057,1025,1033,1020],"class_list":["post-1010","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-literatura","category-textos-literarios","tag-arte","tag-ave","tag-ciencia","tag-cultura","tag-historia","tag-hogar","tag-iglesia","tag-leyenda","tag-libro","tag-musica-2","tag-pensamiento","tag-rosa","tag-vino","tag-violencia"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.4 - 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