{"id":1009,"date":"2010-12-10T17:57:24","date_gmt":"2010-12-10T15:57:24","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cultureduca.com\/blog\/?p=1009"},"modified":"2010-12-10T17:57:24","modified_gmt":"2010-12-10T15:57:24","slug":"%e2%80%9cmaese-perez-el-organista%e2%80%9d-gustavo-adolfo-becquer","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cmaese-perez-el-organista%e2%80%9d-gustavo-adolfo-becquer\/","title":{"rendered":"\u201cMaese P\u00e9rez, el organista\u201d [Gustavo Adolfo B\u00e9cquer]"},"content":{"rendered":"<p>En Sevilla, en el mismo atrio de Santa In\u00e9s, y mientras esperaba que comenzase la misa del Gallo o\u00ed esta tradici\u00f3n a una demandadera del convento.<\/p>\n<p>Como era natural, despu\u00e9s de o\u00edrla aguard\u00e9 impaciente que comenzara la ceremonia, ansioso de asistir a un prodigio.<\/p>\n<p>Nada menos prodigioso, sin embargo, que el \u00f3rgano de Santa In\u00e9s, ni nada m\u00e1s vulgar que los insulsos motetes con que nos regal\u00f3 su organista aquella noche.<\/p>\n<p>Al salir de la misa no pude por menos que decirle a la demandadera con aire de burla:<\/p>\n<p>-\u00bfEn qu\u00e9 consiste que el \u00f3rgano de maese P\u00e9rez suene ahora tan mal?<\/p>\n<p>-\u00a1Toma! -me contest\u00f3 la vieja-, \u00a1es que \u00e9se no es el suyo!<\/p>\n<p>-\u00bfNo es el suyo? \u00bfPues qu\u00e9 ha sido de \u00e9l?<\/p>\n<p>-Se cay\u00f3 a pedazos de puro viejo hace una porci\u00f3n de a\u00f1os.<\/p>\n<p>-\u00bfY el alma del organista?<\/p>\n<p>-No ha vuelto a aparecer desde que colocaron \u00e9l que ahora lo sustituye.<\/p>\n<p>Si a alguno de mis lectores se le ocurriese hacerme la misma pregunta despu\u00e9s de leer esta historia, ya sabe por qu\u00e9 no se ha continuado el milagroso portento hasta nuestros d\u00edas.<\/p>\n<p>-\u00bfVeis ese de la capa roja y la pluma blanca en el fieltro, que parece que trae sobre su justillo todo el oro de los galeones de Indias; aquel que baja en este momento de su litera para dar la mano a esa otra se\u00f1ora que, despu\u00e9s de dejar la suya, se adelanta hac\u00eda aqu\u00ed, precedida de cuatro pajes con hachas? Pues \u00e9se es el marqu\u00e9s de Moscoso, gal\u00e1n de la duquesa viuda de Villapineda. Se dice que antes de poner los ojos sobre esta dama hab\u00eda pedido en matrimonio a la hija de un opulento se\u00f1or; mas el padre de la doncella, de quien se murmura que es un poco avaro&#8230; Pero, \u00a1calla!, en hablando del ruin de Roma, c\u00e1tale que aqu\u00ed se asoma. \u00bfVeis aquel que viene por debajo del Arco de San Felipe, a pie, embozado con una capa oscura y precedido de un solo criado con una linterna? Ahora llega frente al retablo.<\/p>\n<p>\u00bfReparasteis, al desembozarse para saludar a la imagen, en la encomienda que brilla en su pecho? A no ser por ese noble distintivo, cualquiera lo creer\u00eda un lonjista de la calle de Culebras&#8230; Pues \u00e9se es el padre en cuesti\u00f3n. Mirad c\u00f3mo la gente del pueblo le abre paso y lo saluda. Toda Sevilla lo conoce por su colosal fortuna. El solo tiene m\u00e1s ducados de oro en sus arcas que soldados mantiene nuestro se\u00f1or el rey don Felipe, y con sus galeones podr\u00eda formar una escuadra suficiente a resistir a la del Gran Turco&#8230;<\/p>\n<p>Mirad, mirad ese grupo de se\u00f1ores graves; \u00e9sos son los caballeros veinticuatro. \u00a1Hola, hola! Tambi\u00e9n est\u00e1 aqu\u00ed el flamencote, a quien se dice que no han echado ya el guante los se\u00f1ores de la Cruz Verde merced a su influjo con los magnates de Madrid&#8230; Ese no viene a la iglesia m\u00e1s que a o\u00edr m\u00fasica&#8230; No, pues si maese P\u00e9rez no le arranca con su \u00f3rgano l\u00e1grimas como pu\u00f1os, bien se puede asegurar que no tiene su alma en su almario, sino fri\u00e9ndose en las calderas de Pedro Botero&#8230; \u00a1Ay, vecina! Malo&#8230;, malo&#8230; Presumo que vamos a tener jarana. Yo me refugio en la iglesia. Pues, por lo que veo, aqu\u00ed van a andar m\u00e1s de sobra los cintarazos que los patern\u00f3ster. Mirad, mirad: las gentes del duque de Alcal\u00e1 doblan la esquina de la plaza de San Pedro, y por el callej\u00f3n de las Due\u00f1as se me figura que he columbrado a las del de Medina Sidonia. \u00bfNo os lo dije?<\/p>\n<p>Ya se han visto, ya se detienen unos y otros, sin pasar de sus puestos&#8230; Los grupos se disuelven&#8230; Los ministrales, a quienes en estas ocasiones apalean amigos y enemigos, se retiran&#8230; Hasta el se\u00f1or asistente, con su vara y todo, se refugia en el atrio&#8230; Y luego dicen que hay justicia&#8230; Para los pobres.<\/p>\n<p>Vamos, vamos, ya brillan los broqueles en la oscuridad&#8230; \u00a1Nuestro Se\u00f1or del Gran Poder nos asista! Ya comienzan los golpes&#8230; \u00a1Vecina, vecina! Aqu\u00ed&#8230;, antes que cierren las puertas. Pero, \u00a1calle! \u00bfQu\u00e9 es eso? A\u00fan no han comenzado cuando lo dejan&#8230; \u00bfQu\u00e9 resplandor es aquel?&#8230; \u00a1Hachas encendidas! \u00a1Literas! Es el se\u00f1or arzobispo.<\/p>\n<p>La Virgen Sant\u00edsima del Amparo, a quien invocaba ahora mismo con el pensamiento, lo trae en mi ayuda&#8230; \u00a1Ay! \u00a1Si nadie sabe lo que yo debo a esta Se\u00f1ora!&#8230; \u00bfCon cu\u00e1nta usura me paga las candelillas que le enciendo los s\u00e1bados!&#8230; Vedlo qu\u00e9 hermosote est\u00e1 con sus h\u00e1bitos morados y su birrete rojo&#8230; Dios le conserve en su silla tantos siglos como deseo de vida para m\u00ed. Si no fuera por \u00e9l media Sevilla hubiera ya ardido con estas disensiones de los duques. Vedlos, vedlos, los hipocritones, c\u00f3mo se acercan ambos a la litera del prelado para besarle el anillo&#8230; C\u00f3mo lo siguen y lo acompa\u00f1an confundi\u00e9ndose con sus familiares. Qui\u00e9n dir\u00eda que esos dos que parecen tan amigos, si dentro de media hora se encuentran en una calle oscura&#8230; Es decir, \u00a1ellos, ellos!&#8230; L\u00edbreme Dios de creerlos cobardes. Buena muestra han dado de s\u00ed peleando en algunas ocasiones contra los enemigos de Nuestro Se\u00f1or&#8230; Pero es la verdad que si buscaran&#8230; Y si se buscaran con ganas de encontrarse, se encontrar\u00edan, poniendo fin de una vez a estas continuas reyertas, en las cuales los que verdaderamente baten el cobre de firme son sus deudos, sus allegados y su servidumbre.<\/p>\n<p>Pero, vamos, vecina, vamos a la iglesia, antes que se ponga de bote en bote&#8230;, que algunas noches como \u00e9sta suele llenarse de modo que no cabe ni un grano de trigo&#8230; Buena ganga tienen las monjas con su organista&#8230; \u00bfCu\u00e1ndo se ha visto el convento tan favorecido como ahora?&#8230; De las otras comunidades puede decirse que le han hecho a maese P\u00e9rez proposiciones magn\u00edficas. Verdad que nada tiene de extra\u00f1o, pues hasta el se\u00f1or arzobispo le ha ofrecido montes de oro por llevarlo a la catedral&#8230; Pero \u00e9l, nada&#8230; Primero dejar\u00eda la vida que abandonar su \u00f3rgano favorito&#8230; \u00bfNo conoc\u00e9is a maese P\u00e9rez? Verdad es que sois nueva en el barrio&#8230; Pues es un santo var\u00f3n pobre, s\u00ed, pero limosnero, cual no otro&#8230; Sin m\u00e1s pariente que su hija, ni m\u00e1s amigos que su \u00f3rgano, pasa su vida entera en velar por la inocencia de la una y componer los registros del otro&#8230; \u00a1Cuidado que el \u00f3rgano es viejo!&#8230; Pues nada; \u00e9l se da tal ma\u00f1a en arreglarlo y cuidarlo, que suena que es una maravilla&#8230; Como que lo conoce de tal modo, que a tientas&#8230; Porque no s\u00e9 si os lo he dicho, pero el pobre es ciego de nacimiento&#8230; \u00bfY con qu\u00e9 paciencia lleva su desgracia!&#8230; Cuando le preguntan que cu\u00e1nto dar\u00eda por ver, responde: Mucho, pero no tanto como cre\u00e9is, porque tengo esperanzas. \u00bfEsperanzas de ver? S\u00ed, y muy pronto -a\u00f1ade, sonriendo como un \u00e1ngel-. Ya cuento setenta y seis a\u00f1os. Por muy larga que sea mi vida, pronto ver\u00e9 a Dios:<\/p>\n<p>\u00a1Pobrecito! Y si lo ver\u00e1&#8230;, porque es humilde como las piedras de la calle, que se dejan pisar de todo el mundo&#8230; Siempre dice que no es m\u00e1s que un pobre organista de convento, y puede dar lecciones de solfa al mismo maestro de capilla de la Primada. Como que ech\u00f3 los dientes en el oficio&#8230; Su padre ten\u00eda la misma profesi\u00f3n que \u00e9l. Yo no lo conoc\u00ed, pero mi se\u00f1ora madre que santa gloria haya, dice que lo llevaba siempre al \u00f3rgano consigo para darle a los fuelles. Luego, el muchacho mostr\u00f3 tales disposiciones que, como era natural, a la muerte de su padre hered\u00f3 el cargo&#8230; \u00a1Y qu\u00e9 manos tiene, Dios se las bendiga! Merec\u00eda que se las llevaran a la calle de Chicharreros y se las engarzasen en oro&#8230; Siempre toca bien, siempre; pero en semejante noche como \u00e9sta es un prodigio&#8230; El tiene una gran devoci\u00f3n por esta ceremonia de la misa del Gallo, y cuando levantan la Sagrada Forma, al punto y hora de las doce, que es cuando vino al mundo Nuestro Se\u00f1or Jesucristo&#8230;, las voces de su \u00f3rgano son voces de \u00e1ngeles&#8230;<\/p>\n<p>En fin, \u00bfpara qu\u00e9 tengo que ponderarle lo que esta noche oir\u00e1? Baste ver c\u00f3mo todo lo m\u00e1s florido de Sevilla, hasta el mismo se\u00f1or arzobispo, vienen a un humilde convento para escucharlo. Y no se crea que s\u00f3lo la gente sabida, y a la que se le alcanza esto de la solfa, conoce su m\u00e9rito; sino que hasta el populacho. Todas esas bandadas que veis llegar con teas encendidas, entonando villancicos con gritos desaforados al comp\u00e1s de los panderos, las sonajas y las zambombas, contra su costumbre, que es la de alborotar las iglesias, callan como muertos cuando pone maese P\u00e9rez las manos en el \u00f3rgano&#8230;; y cuando alzan no se siente una mosca&#8230;: de todos los ojos caen lagrimones tama\u00f1os, al concluir se oye como un suspiro inmenso, que no es otra cosa que la respiraci\u00f3n de los circunstantes, contenida mientras dura la m\u00fasica&#8230; Pero vamos, vamos; ya han dejado de tocar las campanas, y va a comenzar la misa. Vamos adentro&#8230; Para todo el mundo es esta noche Nochebuena, mas para nadie mejor que para nosotros.<\/p>\n<p>Esto diciendo, la buena mujer que hab\u00eda servido de cicerone a su vecina atraves\u00f3 el atrio del convento de Santa In\u00e9s y, codazo con \u00e9ste, empuj\u00f3n en aqu\u00e9l, se intern\u00f3 en el templo perdi\u00e9ndose entre la muchedumbre que se agolpaba en la puerta.<\/p>\n<p>La iglesia estaba iluminada con una profusi\u00f3n asombrosa. El torrente de luz que se desprend\u00eda de los altares para llenar sus \u00e1mbitos chispeaba en los ricos joyeles de las damas, que arrodill\u00e1ndose sobre los cojines de terciopelo que tend\u00edan los pajes y tomando el libro de oraciones de manos de sus due\u00f1as, vinieron a formar un brillante circulo alrededor de la verja del presbiterio.<\/p>\n<p>Junto a aquella verja, de pie, envueltos en sus capas de color galoneadas de oro, dejando entrever con estudiado descuido las encomiendas rojas y verdes, en la una mano el fieltro, cuyas plumas besaban los tapices; la otra sobre los bru\u00f1idos gavilanes del estoque o acariciando el pomo del cincelado pu\u00f1al, los caballeros veinticuatro, con gran parte de lo mejor de la nobleza sevillana, parec\u00edan formar un muro destinado a defender a sus hijas y a sus esposas del contacto de la plebe. Esta, que se agitaba en el fondo de las naves con un rumor parecido al del mar cuando se alborota, prorrumpi\u00f3 en una exclamaci\u00f3n de j\u00fabilo, acompa\u00f1ada del discordante sonido de las sonajas y los panderos, al mirar aparecer al arzobispo, el cual, despu\u00e9s de sentarse junto al altar mayor, bajo un solio de grana que rodearon sus familiares, ech\u00f3 por tres veces la bendici\u00f3n al pueblo.<\/p>\n<p>Era hora de que comenzase la misa. Transcurrieron, sin embargo, algunos minutos sin que el celebrante apareciese. La multitud comenzaba a rebullirse demostrando su impaciencia; los caballeros cambiaban entre s\u00ed algunas palabras a media voz, y el arzobispo mand\u00f3 a la sacrist\u00eda a uno de sus familiares a inquirir por qu\u00e9 no comenzaba la ceremonia.<\/p>\n<p>-Maese P\u00e9rez se ha puesto malo, muy malo y ser\u00e1 imposible que asista esta noche a la misa de medianoche.<\/p>\n<p>Esta fue la respuesta del familiar.<\/p>\n<p>La noticia cundi\u00f3 instant\u00e1neamente entre la muchedumbre. Pintar el efecto desagradable que caus\u00f3 en todo el mundo ser\u00eda imposible. Baste decir que comenz\u00f3 a notarse tal bullicio en el templo, que el asistente se puso en pie y los alguaciles entraron a imponer silencio confundi\u00e9ndose entre las apiadas olas de la multitud.<\/p>\n<p>En aquel momento, un hombre mal trazado, seco, huesudo y bisojo por a\u00f1adidura, se adelant\u00f3 hasta el sitio que ocupaba el prelado.<\/p>\n<p>-Maese P\u00e9rez est\u00e1 enfermo -dijo-. La ceremonia no puede empezar. Si quer\u00e9is, yo tocar\u00e9 el \u00f3rgano en su ausencia, que si maese P\u00e9rez es el primer organista del mundo, ni a su muerte dejar\u00e1 de usarse este instrumento por falta de inteligente.<\/p>\n<p>El arzobispo hizo una se\u00f1al de asentimiento con la cabeza, y ya algunos de los fieles, que conoc\u00edan a aquel personaje extra\u00f1o por un organista envidioso, enemigo del de Santa In\u00e9s, comenzaba a prorrumpir en exclamaciones de disgusto, cuando de improviso se oy\u00f3 en el atrio un ruido espantoso.<\/p>\n<p>-\u00a1Maese P\u00e9rez est\u00e1 aqu\u00ed!&#8230; \u00a1Maese P\u00e9rez est\u00e1 aqu\u00ed!&#8230;<\/p>\n<p>A estas voces de los que estaban api\u00f1ados en la puerta, todo el mundo volvi\u00f3 la cara.<\/p>\n<p>Maese P\u00e9rez, p\u00e1lido y desencajado, entraba, en efecto, en la iglesia, conducido en un sill\u00f3n, que todos se disputaban el honor de llevar en sus hombros.<\/p>\n<p>Los preceptos de los doctores, las l\u00e1grimas de su hija, nada hab\u00eda sido bastante a detenerle en el lecho.<\/p>\n<p>-No -hab\u00eda dicho-. Esta es la \u00faltima, lo conozco. Lo conozco, y no quiero morir sin visitar mi \u00f3rgano, esta noche sobre todo, la Nochebuena. Vamos, lo quiero, lo mando. Vamos a la iglesia.<\/p>\n<p>Sus deseos se hab\u00edan cumplido. Los concurrentes lo subieron en brazos a la tribuna y comenz\u00f3 la misa. En aquel punto sonaban las doce en el reloj de la catedral. Pas\u00f3 el Introito, y el Evangelio, y el Ofertorio; lleg\u00f3 el instante solemne en que el sacerdote, despu\u00e9s de haberla consagrado, toma con la extremidad de sus dedos la Sagrada Forma y comienza a elevarla. Una nube de incienso que se desenvolv\u00eda en ondas azuladas llen\u00f3 el \u00e1mbito de la iglesia. Las campanas repicaron con un sonido vibrante y maese P\u00e9rez puso sus crispadas manos sobre las teclas del \u00f3rgano.<\/p>\n<p>Las cien voces de sus tubos de metal resonaron en un acorde majestuoso y prolongado, que se perdi\u00f3 poco a poco, como si una r\u00e1faga de aire hubiese arrebatado sus \u00faltimos ecos.<\/p>\n<p>A este primer acorde, que parec\u00eda una voz que se elevaba desde la tierra al cielo, respondi\u00f3 otro lejano y en un torrente de atronadora armon\u00eda. Era la voz de los \u00e1ngeles que, atravesando los espacios, llegaba al mundo.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s comenzaron a o\u00edrse como unos himnos distantes que entonaban las jerarqu\u00edas de serafines. Mil himnos a la vez, que al confundirse formaban uno solo, que, no obstante, s\u00f3lo era el acompa\u00f1amiento de una extra\u00f1a melod\u00eda, que parec\u00eda flotar sobre aquel oc\u00e9ano de acordes misteriosos, como un jir\u00f3n de niebla sobre las olas del mar.<\/p>\n<p>Luego fueron perdi\u00e9ndose unos cuantos; despu\u00e9s, otros. La combinaci\u00f3n se simplificaba. Ya no eran m\u00e1s que dos voces, cuyos ecos se confund\u00edan entre s\u00ed; luego qued\u00f3 una aislada, sosteniendo una nota brillante como un hilo de luz. El sacerdote inclin\u00f3 la frente, y por encima de su cabeza cana, y como a trav\u00e9s de una gasa azul que fing\u00eda el humo del incienso, apareci\u00f3 la Hostia a los ojos de los fieles. En aquel instante, la nota que maese P\u00e9rez sosten\u00eda tremante se abri\u00f3 y una explosi\u00f3n de armon\u00eda gigante estremeci\u00f3 la iglesia, en cuyos \u00e1ngulos zumbaba el aire comprimido y cuyos vidrios de colores se estremec\u00edan en sus angostos ajimeces.<\/p>\n<p>De cada una de las notas que formaban aquel magn\u00edfico acorde se desarroll\u00f3 un tema, y unos cerca, otros lejos, \u00e9stos brillantes, aqu\u00e9llos sordos, dir\u00edase que las aguas y los p\u00e1jaros, las brisas y las frondas, los hombres y los \u00e1ngeles, la tierra y los cielos, cantaban, cada cual en su idioma, un himno al nacimiento del Salvador.<\/p>\n<p>La multitud escuchaba at\u00f3nita y suspendida. En todos los ojos hab\u00eda una l\u00e1grima; en todos los esp\u00edritus, un profundo recogimiento. El sacerdote que oficiaba sent\u00eda temblar sus manos, porque Aquel que levantaba en ellas, Aquel a quien saludaban hombres y arc\u00e1ngeles, era su Dios, y le parec\u00eda haber visto abrirse los cielos y transfigurarse la Hostia.<\/p>\n<p>El \u00f3rgano prosegu\u00eda sonando; pero sus voces se apagaban gradualmente, como una voz que se pierde de eco en eco y se aleja y se debilita al alejarse, cuando de pronto son\u00f3 un grito en la tribuna, un grito desgarrador, agudo, un grito de mujer.<\/p>\n<p>El \u00f3rgano exhal\u00f3 un sonido discorde y extra\u00f1o, semejante a un sollozo, y qued\u00f3 mudo.<\/p>\n<p>La multitud se agolp\u00f3 a la escalera de la tribuna, hacia la que, arrancados de su \u00e9xtasis religioso, volvieron la mirada con ansiedad todos los fieles.<\/p>\n<p>-\u00bfQu\u00e9 ha sucedido? \u00bfQu\u00e9 pasa? -se dec\u00edan unos a otros, y nadie sab\u00eda responder, y todos se empe\u00f1aban en adivinarlo, y crec\u00eda la confusi\u00f3n, y el alboroto comenzaba a subir de punto, amenazando turbar el orden y el recogimiento propios de la iglesia.<\/p>\n<p>-\u00bfQu\u00e9 ha sido eso? -preguntaron las damas al asistente, que; precedido de los ministriles, fue uno de los primeros en subir a la tribuna y que, p\u00e1lido y con muestras de profundo pesar, se dirig\u00eda al puesto donde lo esperaba el arzobispo, ansioso, como todos, por saber la causa de aquel desorden.<\/p>\n<p>-\u00bfQu\u00e9 hay?<\/p>\n<p>-Que maese P\u00e9rez acaba de morir.<\/p>\n<p>En efecto, cuando los primeros fieles, despu\u00e9s de atropellarse por la escalera, llegaron a la tribuna, vieron al pobre organista ca\u00eddo de boca sobre las teclas de su viejo instrumento, que a\u00fan vibraba sordamente, mientras su hija, arrodillada a sus pies, lo lloraba en vano entre suspiros y sollozos.<\/p>\n<p>-Buenas noches, mi se\u00f1ora do\u00f1a Baltasara. \u00bfTambi\u00e9n usarced viene esta noche a la misa del Gallo? Por mi parte, ten\u00eda hecha intenci\u00f3n de ir a o\u00edrla a la parroquia pero, lo que sucede&#8230; \u00bfD\u00f3nde va Vicente? Donde va la gente. Y eso que, si he de decir la verdad, desde que muri\u00f3 maese P\u00e9rez parece que me echan una losa sobre el coraz\u00f3n cuando entro en Santa In\u00e9s&#8230; \u00a1Pobrecillo! \u00a1Era un santo!&#8230; Yo de mi s\u00e9 decir que conservo un pedazo de su jub\u00f3n como una reliquia, y lo merece&#8230; Pues en Dios y en ni \u00e1nima que si el se\u00f1or arzobispo tomara mano en ello, es seguro que nuestros nietos lo ver\u00edan en los altares&#8230; Mas \u00a1c\u00f3mo ha de ser!&#8230; A muertos y a idos no hay amigos&#8230; Ahora lo que priva es la novedad&#8230;, ya me entiende usarced. \u00a1Qu\u00e9! \u00bfNo sabe usted nada de lo que pasa? Verdad que nosotras nos parecemos en eso: de nuestra casita a la iglesia y de la iglesia a nuestra casita, sin cuidarnos de lo que se dice o deja de decir&#8230; S\u00f3lo que yo, as\u00ed&#8230;, al vuelo&#8230;, una palabra de ac\u00e1, otra de acull\u00e1&#8230; sin ganas de enterarme siquiera, suelo estar al corriente de algunas novedades.<\/p>\n<p>Pues, s\u00ed, se\u00f1or. Parece cosa hecha que el organista de San Rom\u00e1n, aquel bisojo que siempre est\u00e1 echando pestes de los otros organistas, perdulariote; que m\u00e1s parece jifero de la Puerta de la Carne que maestro de solfa, va a tocar esta Nochebuena en lugar de maese P\u00e9rez. Ya sabr\u00e1 usarced, porque esto lo ha sabido todo el mundo y es cosa p\u00fablica en Sevilla, que nadie quer\u00eda comprometerse a hacerlo. Ni aun su hija, que es profesora, despu\u00e9s de la muerte de su padre entr\u00f3 en un convento de novicia. Y era natural: acostumbrados a oir aquellas maravillas, cualquiera otra cosa hab\u00eda de parecernos mala, por m\u00e1s que quisieran evitarse las comparaciones. Pues cuando ya la comunidad hab\u00eda decidido que en honor del difunto, y como muestra de respeto a su memoria, permaneciera callado el \u00f3rgano en esta noche, hete aqu\u00ed que se presenta nuestro hombre diciendo que \u00e9l se atreve a tocarlo&#8230; No hay nada m\u00e1s atrevido que la ignorancia&#8230; Cierto que la culpa no es suya, sino de los que le consienten esta profanaci\u00f3n. Pero as\u00ed va el mundo&#8230; Y digo&#8230; No es cosa la gente que acude&#8230; Cualquiera dir\u00eda que nada ha cambiado de un a\u00f1o a otro. Los mismos personajes, el mismo lujo, los mismos empellones en la puerta, la misma animaci\u00f3n en el atrio, la multitud en el templo&#8230; \u00a1Ay, si levantara la cabeza el muerto! Se volv\u00eda a morir por no o\u00edr su \u00f3rgano tocado por manos semejantes.<\/p>\n<p>Lo que tiene que, si es verdad lo que me han dicho, las gentes del barrio le preparan una buena al intruso. Cuando llegue el momento de poner la mano sobre las teclas, va a comenzar una algarab\u00eda de sonajas, panderos y zambombas que no hay m\u00e1s que o\u00edr&#8230; Pero, calle, ya entra en la iglesia el h\u00e9roe de la funci\u00f3n. \u00a1Jes\u00fas!, \u00a1qu\u00e9 ropilla de colorines, qu\u00e9 gorguera de ca\u00f1utos, qu\u00e9 aire de personaje! Vamos, vamos, que hace ya rato que lleg\u00f3 el arzobispo y va a comenzar la misa&#8230; Vamos, que me parece que esta noche va a darnos que contar para muchos d\u00edas.<\/p>\n<p>Esto diciendo la buena mujer, que ya conocen nuestros lectores por sus exabruptos de locuacidad, penetr\u00f3 en Santa In\u00e9s, abri\u00e9ndose, seg\u00fan costumbre, un camino entre la multitud a fuerza de empellones y codazos.<\/p>\n<p>Ya se hab\u00eda dado principio a la ceremonia. El templo estaba tan brillante como el a\u00f1o anterior. El nuevo organista, despu\u00e9s de atravesar por en medio de los fieles que ocupaban las naves para ir a besar el anillo del prelado, hab\u00eda subido a la tribuna, donde tocaba, unos tras otros, los registros del \u00f3rgano con una gravedad tan afectada como rid\u00edcula. Entre la gente menuda que se api\u00f1aba a los pies de la iglesia se o\u00eda un rumor sordo y confuso, cierto presagio de que la tempestad comenzaba a fraguarse y no tardar\u00eda mucho en dejarse sentir.<\/p>\n<p>-Es un truh\u00e1n que, por no hacer nada bien, ni aun mira a la derecha -dec\u00edan los unos.<\/p>\n<p>-Es un ignorant\u00f3n que, despu\u00e9s de haber puesto el \u00f3rgano de su parroquia peor que una carraca; viene a probar el de maese P\u00e9rez -dec\u00edan los otros.<\/p>\n<p>Y mientras \u00e9ste se desembarazaba del capote para prepararse a darle de firme a su pandero, y aqu\u00e9l percib\u00eda sus sonajas, y todos se dispon\u00edan a hacer bulla a m\u00e1s y mejor, s\u00f3lo alguno que otro se aventuraba a defender tibiamente al extra\u00f1o personaje, cuyo porte orgulloso y pedantesco hac\u00eda tan notable contraposici\u00f3n con la modesta apariencia y la afable bondad del difunto maese P\u00e9rez.<\/p>\n<p>Al fin lleg\u00f3 el esperado momento, el momento solemne en que el sacerdote, despu\u00e9s de inclinarse y murmurar algunas palabras santas, tom\u00f3 la Hostia en sus manos&#8230; Las campanillas repicaron, asemejando su repique una lluvia de notas de cristal. Se elevaron las di\u00e1fanas ondas de incienso y son\u00f3 el \u00f3rgano. Una estruendosa algarab\u00eda llen\u00f3 los \u00e1mbitos de la iglesia en aquel instante y ahog\u00f3 su primer acorde.<\/p>\n<p>Zampo\u00f1as, gaitas, sonajas, panderos, todos los instrumentos del populacho, alzaron sus discordantes voces a la vez; pero la confusi\u00f3n y el estr\u00e9pito s\u00f3lo duraron algunos segundos. Todos a la vez, como hab\u00edan comenzado, enmudecieron de pronto. El segundo acorde, amplio, valiente, magn\u00edfico, se sosten\u00eda a\u00fan, brotando de los tubos de metal del \u00f3rgano como una cascada de armon\u00eda inagotable y sonora.<\/p>\n<p>Cantos celestes como los que acarician los o\u00eddos en los momentos de \u00e9xtasis, cantos que percibe el esp\u00edritu y no los puede repetir el labio, notas sueltas de una melod\u00eda lejana que suena a intervalos, tra\u00eddas en las r\u00e1fagas del viento; rumor de hojas que se besan en los \u00e1rboles con un murmullo semejante al de la lluvia, trinos de alondras que se levantan gorjeando de entre las flores como una saeta despedida de las nubes; estruendos sin nombre, imponentes como los rugidos de una tempestad; coros de serafines sin ritmo ni cadencia, ignota m\u00fasica del cielo que s\u00f3lo la imaginaci\u00f3n comprende, himnos alados que parec\u00edan remontarse al trono del Se\u00f1or como una tromba de luz y de sonidos&#8230;, todo lo expresaban las cien voces del \u00f3rgano con m\u00e1s pujanza, con m\u00e1s misteriosa poes\u00eda, con m\u00e1s fant\u00e1stico color que lo hab\u00edan expresado nunca.<\/p>\n<p>&#8230;<\/p>\n<p>Cuando el organista baj\u00f3 de la tribuna, la muchedumbre que se agolp\u00f3 a la escalera fue tanta y tanto su af\u00e1n por verlo y admirarlo, que el asistente, temiendo, no sin raz\u00f3n, que lo ahogaran entre todos, mand\u00f3 a algunos de sus ministriles para que, vara en mano, le fueran abriendo camino hasta llegar al altar mayor, donde el prelado lo esperaba.<\/p>\n<p>-Ya veis -le dijo este \u00faltimo cuando lo trajeron a su presencia-. Vengo desde mi palacio aqu\u00ed s\u00f3lo por escucharos. \u00bfSer\u00e9is tan cruel como maese P\u00e9rez, que nunca quiso excusarme el viaje tocando la Nochebuena en la misa de la catedral?<\/p>\n<p>-El a\u00f1o que viene -respondi\u00f3 el organista- prometo daros gusto, pues por todo el oro de la tierra no volver\u00eda a tocar este \u00f3rgano.<\/p>\n<p>-\u00bfY por qu\u00e9? -interrumpi\u00f3 el prelado.<\/p>\n<p>-Porque&#8230; -a\u00f1adi\u00f3 el organista, procurando dominar la emoci\u00f3n que se revelaba en la palidez de su rostro-, porque es viejo y malo, y no puede expresar todo lo que se quiere.<\/p>\n<p>El arzobispo se retir\u00f3, seguido de sus familiares. Unas tras otras, las literas de los se\u00f1ores fueron desfilando y perdi\u00e9ndose en las revueltas de las calles vecinas; los grupos del atrio se disolvieron, dispers\u00e1ndose los fieles en distintas direcciones, y ya la demandadera se dispon\u00eda a cerrar las puertas de la entrada del atrio, cuando se divisaban a\u00fan dos mujeres que despu\u00e9s de persignarse y murmurar una oraci\u00f3n ante el retablo del Arco de San Felipe, prosiguieron su camino, intern\u00e1ndose en el callej\u00f3n de las Due\u00f1as.<\/p>\n<p>-\u00bfQu\u00e9 quiere usarced, mi se\u00f1ora do\u00f1a Baltasara? -dec\u00eda la una-. Yo soy de este genial. Cada loco con su tema&#8230; Me lo hab\u00edan de asegurar capuchinos descalzos y no lo creer\u00eda del todo&#8230; Ese hombre no puede haber tocado lo que acabamos de escuchar&#8230; Si yo lo he o\u00eddo mil veces en San Bartolom\u00e9, que era su parroquia, y de donde tuvo que echarlo el se\u00f1or cura por malo; y era cosa de taparse los o\u00eddos con algodones&#8230; Y luego, si no hay m\u00e1s que mirarlo al rostro, que, seg\u00fan dicen, es el espejo del alma&#8230; Yo me acuerdo, pobrecito, como si lo estuviera viendo, me acuerdo de la cara de maese P\u00e9rez cuando, en semejante noche como \u00e9sta, bajaba de la tribuna, despu\u00e9s de haber suspendido al auditorio con sus primores&#8230; \u00a1Qu\u00e9 sonrisa tan bondadosa, qu\u00e9 color tan animado!&#8230; Era viejo y parec\u00eda un \u00e1ngel&#8230; No que \u00e9ste, que ha bajado las escaleras a trompicones, como si le ladrase un perro en la meseta, Y con un olor de difunto y unas&#8230; Vamos, mi se\u00f1ora do\u00f1a Baltasara, cr\u00e9ame usarced, y cr\u00e9ame con todas veras: yo sospecho que aqu\u00ed hay busilis&#8230;<\/p>\n<p>Comentando las \u00faltimas palabras, las dos mujeres doblaban la esquina del callej\u00f3n y desaparec\u00edan. Creemos in\u00fatil decir a nuestros lectores qui\u00e9n era una de ellas.<\/p>\n<p>Hab\u00eda transcurrido un a\u00f1o m\u00e1s. La abadesa del convento de Santa In\u00e9s y la hija de Maese P\u00e9rez hablaban en voz baja, medio ocultas entre las sombras del coro de la iglesia. El esquil\u00f3n llamaba a voz herida a los fieles desde la torre, y alguna que otra rara persona atravesaba el atrio, silencioso y desierto esta vez, y despu\u00e9s de tomar el agua bendita en la puerta, escog\u00eda un puesto en un rinc\u00f3n de las naves, donde unos cuantos vecinos del barrio esperaban tranquilamente a que comenzara la misa del Gallo.<\/p>\n<p>-Ya lo veis -dec\u00eda la superiora-: vuestro temor es sobre manera pueril; nadie hay en el templo; toda Sevilla acude en tropel a la catedral esta noche. Tocad vos el \u00f3rgano, tocadlo sin desconfianza de ninguna clase; estaremos en comunidad&#8230; Pero&#8230; prosegu\u00eds callando, sin que cesen vuestros suspiros. \u00bfQu\u00e9 os pasa? \u00bfQu\u00e9 ten\u00e9is?<\/p>\n<p>-Tengo&#8230; miedo -exclam\u00f3 la joven con un acento profundamente conmovido.<\/p>\n<p>-\u00bfMiedo? \u00bfDe qu\u00e9?<\/p>\n<p>-No s\u00e9&#8230;, de una cosa sobrenatural&#8230; Anoche, mirad, yo os hab\u00eda o\u00eddo decir que ten\u00edais empe\u00f1o en que tocase el \u00f3rgano en la misa, y, ufana con esta distinci\u00f3n, pens\u00e9 arreglar unos registros y templarlo, a fin de que os sorprendiese&#8230; Vine al coro&#8230; sola&#8230;, abr\u00ed la puerta que conduce a la tribuna&#8230; En el reloj de la catedral sonaba en aquel momento una hora&#8230;, no s\u00e9 cu\u00e1l&#8230;, pero las campanas eran trist\u00edsimas y muchas&#8230;, muchas&#8230;, estuvieron sonando todo el tiempo que yo permanec\u00ed como clavada en el umbral, y aquel tiempo me pareci\u00f3 un siglo.<\/p>\n<p>La iglesia estaba desierta y oscura&#8230; All\u00e1 lejos, en el fondo, brillaba como una estrella perdida en el cielo de la noche, una luz moribunda&#8230;: la luz de la l\u00e1mpara que arde en el altar mayor&#8230; A sus reflejos debil\u00edsimos, que s\u00f3lo contribu\u00edan a hacer m\u00e1s visible todo el profundo horror de las sombras, vi&#8230;, lo vi, madre, no lo dud\u00e9is; vi a un hombre que, en silencio, y vuelto de espaldas hacia el sitio en que yo estaba, recorr\u00eda con una mano las teclas del \u00f3rgano, mientras tocaba con la otra sus registros&#8230;, y el \u00f3rgano sonaba, pero sonaba de una manera indescriptible. Cada una de sus notas parec\u00eda un sollozo ahogado dentro del tubo de metal, que vibraba con el aire comprimido en su hueco y reproduc\u00eda el tono sordo, casi imperceptible, pero justo.<\/p>\n<p>Y el reloj de la catedral continuaba dando la hora, y el hombre aquel prosegu\u00eda recorriendo las teclas. Yo o\u00eda hasta su respiraci\u00f3n.<\/p>\n<p>El horror hab\u00eda helado la sangre de mis venas; sent\u00eda en mi cuerpo como un fr\u00edo glacial, y en mis sienes fuego&#8230; Entonces quise gritar, quise gritar, pero no pude. El hombre aquel hab\u00eda vuelto la cara y me hab\u00eda mirado&#8230;; digo mal, no me hab\u00eda mirado, porque era ciego&#8230; \u00a1Era mi padre!<\/p>\n<p>-\u00a1Bah! Hermana, desechad esas fantas\u00edas con que el enemigo malo procura turbar las imaginaciones d\u00e9biles&#8230; Rezad un patern\u00f3ster y un avemar\u00eda al arc\u00e1ngel San Miguel, jefe de las milicias celestiales, para que os asista contra los malos esp\u00edritus. Llevad al cuello un escapulario tocado en la reliquia de San Pacomio, abogado contra las tentaciones, y marchad, marchad a ocupar la tribuna del \u00f3rgano; la misa va a comenzar, y ya esperan con impaciencia los fieles&#8230; Vuestro padre est\u00e1 en el cielo, y desde all\u00ed, antes que daros sustos, bajar\u00e1 a inspirar a su hija en esta ceremonia solemne, para el objeto de tan especial devoci\u00f3n.<\/p>\n<p>La priora fue a ocupar su sill\u00f3n en el coro en medio de la comunidad. La hija de maese P\u00e9rez abri\u00f3 con mano temblorosa la puerta de la tribuna para sentarse en el banquillo del \u00f3rgano, y comenz\u00f3 la misa.<\/p>\n<p>Comenz\u00f3 la misa y prosigui\u00f3 sin que ocurriera nada notable hasta que lleg\u00f3 la consagraci\u00f3n. En aquel momento son\u00f3 el \u00f3rgano, y al mismo tiempo que el \u00f3rgano, un grito de la hija de maese P\u00e9rez. La superiora, las monjas y algunos de los fieles corrieron a la tribuna.<\/p>\n<p>-\u00a1Miradlo! \u00a1Miradlo! -dec\u00eda la joven, fijando sus desencajados ojos en el banquillo; de donde se hab\u00eda levantado, asombrada, para agarrarse con sus manos convulsas al barandal de la tribuna.<\/p>\n<p>Todo el mundo fij\u00f3 sus miradas en aquel punto. El \u00f3rgano estaba solo, y, no obstante, el \u00f3rgano segu\u00eda sonando&#8230;; sonando como s\u00f3lo los arc\u00e1ngeles podr\u00edan imitarlo&#8230; en sus raptos de m\u00edstico alborozo.<\/p>\n<p>&#8230;<\/p>\n<p>-\u00bfNo os dije yo una y mil veces, mi se\u00f1ora do\u00f1a Baltasara; no os lo dije yo? \u00a1Aqu\u00ed hay busilis! O\u00eddlo. \u00a1Qu\u00e9! \u00bfno estuvisteis anoche en la misa del Gallo? Pero, en fin, ya sabr\u00e9is lo que pas\u00f3. En toda Sevilla no se habla de otra cosa&#8230; El se\u00f1or arzobispo est\u00e1 hecho, con raz\u00f3n, una furia&#8230; Haber dejado de asistir a Santa In\u00e9s, no haber podido presenciar el portento&#8230;, \u00bfy para qu\u00e9?&#8230; Para o\u00edr una cencerrada, porque personas que lo oyeron dicen que lo que hizo el dichoso organista de San Bartolom\u00e9 en la catedral no fue otra cosa&#8230; Si lo dec\u00eda yo. Eso no puede haberlo tocado el bisojo, mentira&#8230;; aqu\u00ed hay busilis, y el busilis era, en efecto, el alma de maese P\u00e9rez.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En Sevilla, en el mismo atrio de Santa In\u00e9s, y mientras esperaba que comenzase la misa del Gallo o\u00ed esta tradici\u00f3n a una demandadera del convento. Como era natural, despu\u00e9s de o\u00edrla aguard\u00e9 impaciente que comenzara la ceremonia, ansioso de asistir a un prodigio. 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