{"id":1008,"date":"2010-12-10T17:56:24","date_gmt":"2010-12-10T15:56:24","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cultureduca.com\/blog\/?p=1008"},"modified":"2010-12-10T17:56:24","modified_gmt":"2010-12-10T15:56:24","slug":"%e2%80%9cla-promesa%e2%80%9d-gustavo-adolfo-becquer","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-promesa%e2%80%9d-gustavo-adolfo-becquer\/","title":{"rendered":"\u201cLa promesa\u201d [Gustavo Adolfo B\u00e9cquer]"},"content":{"rendered":"<p>(Leyenda de Castilla)<\/p>\n<p>\u00a0 Margarita lloraba con el rostro oculto entre las manos; lloraba sin gemir, pero las l\u00e1grimas corr\u00edan silenciosas a lo largo de sus mejillas, desliz\u00e1ndose por entre sus dedos para caer en la tierra, hacia la que hab\u00eda doblado su frente.<\/p>\n<p>Junto a Margarita estaba Pedro; \u00e9ste levantaba de cuando en cuando los ojos para mirarla, y vi\u00e9ndola llorar, tornaba a bajarlos, guardando a su vez un silencio profundo.<\/p>\n<p>Y todo callaba alrededor y parec\u00eda respetar su pena. Los rumores del campo se apagaban; el viento de la tarde dorm\u00eda y las sombras comenzaban a envolver los espesos \u00e1rboles del soto.<\/p>\n<p>As\u00ed transcurrieron algunos minutos, durante los cuales se acab\u00f3 de borrar el rastro de luz que el sol hab\u00eda dejado al morir en el horizonte; la luna comenz\u00f3 a dibujarse vagamente sobre el fondo violado del cielo del crep\u00fasculo, y unas tras otras fueron apareciendo las mayores estrellas.<\/p>\n<p>Pedro rompi\u00f3 al fin aquel silencio angustioso, exclamando con voz sorda y entrecortada, y como si hablase consigo mismo:<\/p>\n<p>-\u00a1Es imposible&#8230;, imposible!<\/p>\n<p>Despu\u00e9s, acerc\u00e1ndose a la desconsolada ni\u00f1a y tomando una de sus manos, prosigui\u00f3 con acento m\u00e1s cari\u00f1oso y suave:<\/p>\n<p>-Margarita, para ti el amor es todo, y t\u00fa no ves nada m\u00e1s all\u00e1 del amor. No obstante, hay algo tan respetable como nuestro cari\u00f1o, y es mi deber. Nuestro se\u00f1or, el conde de G\u00f3mara, parte ma\u00f1ana de su castillo para reunir su hueste a las del rey don Fernando, que va a sacar a Sevilla del poder de los infieles, y yo debo partir con el conde. Hu\u00e9rfano oscuro, sin nombre y sin familia, a \u00e9l le debo cuanto soy. Yo le he servido en el ocio de las paces, he dormido bajo su techo, me he calentado en su hogar y he comido el pan a su mesa. Si hoy le abandono, ma\u00f1ana sus hombres de armas al salir en tropel por las poternas de su castillo, preguntar\u00e1n maravillados de no verme: &lt;&lt;\u00bfD\u00f3nde est\u00e1 el escudero favorito del conde de G\u00f3mara?&gt;&gt;, y mi se\u00f1or callar\u00e1 con verg\u00fcenza, y sus pajes y sus bufones dir\u00e1n, en son de mofa: &lt;&lt;El escudero del conde no es m\u00e1s que un gal\u00e1n de justas, un lidiador de cortes\u00eda&gt;&gt;.<\/p>\n<p>Al llegar a este punto, Margarita levant\u00f3 sus ojos, llenos de l\u00e1grimas, para fijarlos en los de su amante, y removi\u00f3 los labios como para dirigirle la palabra; pero su voz se ahog\u00f3 en un sollozo.<\/p>\n<p>Pedro, con acento a\u00fan m\u00e1s dulce y persuasivo, prosigui\u00f3 as\u00ed:<\/p>\n<p>-No llores, por Dios, Margarita; no llores, porque tus l\u00e1grimas me hacen da\u00f1o. Voy a alejarme de ti; mas yo volver\u00e9 despu\u00e9s de haber conseguido un poco de gloria para mi nombre oscuro&#8230; El cielo nos ayudar\u00e1 en la santa empresa. Conquistaremos a Sevilla, y el rey nos dar\u00e1 feudos en las riberas del Guadalquivir a los conquistadores.<\/p>\n<p>Entonces volver\u00e9 en tu busca y nos iremos juntos a habitar en aquel para\u00edso de los \u00e1rabes, donde dicen que hasta el cielo es m\u00e1s limpio y m\u00e1s azul que el de Castilla; volver\u00e9, te lo juro; volver\u00e9 a cumplir la palabra solemnemente empe\u00f1ada el d\u00eda que puse en tus manos ese anillo, s\u00edmbolo de una promesa.<\/p>\n<p>-\u00a1Pedro! -exclam\u00f3 entonces Margarita, dominando su emoci\u00f3n y con voz resuelta y firme-. Ve, ve a mantener tu honra -y al pronunciar estas palabras se arroj\u00f3 por \u00faltima vez en brazos de su amante. Despu\u00e9s a\u00f1adi\u00f3, con acento m\u00e1s sordo y conmovido-:Ve a mantener tu honra; pero vuelve&#8230;, vuelve a traerme la m\u00eda.<\/p>\n<p>Pedro bes\u00f3 la frente de Margarita, desat\u00f3 su caballo, que estaba sujeto a uno de los \u00e1rboles del soto y se alej\u00f3 al galope por el fondo de la alameda.<br \/>\nMargarita sigui\u00f3 a Pedro con los ojos hasta que su sombra se confundi\u00f3 entre la niebla de la noche, y cuando ya no pudo distinguirle, se volvi\u00f3 lentamente al lugar donde la guardaban sus hermanos.<\/p>\n<p>-Ponte tus vestidos de gala -le dijo uno de ellos al entrar-; que ma\u00f1ana vamos a G\u00f3mara con todos los vecinos del pueblo para ver al conde, que se marcha a Andaluc\u00eda.<\/p>\n<p>-A m\u00ed m\u00e1s me entristece que me alegra ver irse a los que acaso no han de volver -respondi\u00f3 Margarita con un susp\u00edro.<\/p>\n<p>-Sin embargo -insisti\u00f3 el otro hermano-, has de venir con nosotros, y has de venir compuesta y alegre; as\u00ed no dir\u00e1n las gentes murmuradoras que tienes amores en el castillo y que tus amores se van a la guerra. Apenas rayaba en el cielo la primera luz del alba, cuando empez\u00f3 a o\u00edrse por todo el campo de G\u00f3mara la aguda trompeter\u00eda de los soldados del conde, y los campesinos que llegaban en numerosos grupos de los lugares cercanos vieron desplegarse al viento el pend\u00f3n se\u00f1orial en la torre m\u00e1s alta de la fortaleza.<\/p>\n<p>Unos sentados al borde de los fosos, otros subidos en las copas de los \u00e1rboles, \u00e9stos vagando por la llanura, aqu\u00e9llos coronando las cumbres de las colinas, los de m\u00e1s all\u00e1 formando un cord\u00f3n a lo largo de la calzada, ya har\u00eda cerca de una hora que los curiosos esperaban el espect\u00e1culo, no sin que algunos comenzaran a impacientarse, cuando volvi\u00f3 a sonar de nuevo el toque de los clarines, rechinaron las cadenas del puente, que cay\u00f3 con pausa sobre el foso, y se levantaron los rastrillos, mientras se abr\u00edan de par en par, y gimiendo sobre sus goznes, las pesadas puertas del arco que conduc\u00eda al patio de armas.<\/p>\n<p>La multitud corri\u00f3 a agolparse en los ribazos del camino para ver m\u00e1s a su sabor las brillantes armaduras y los lujosos arreos del s\u00e9quito del conde de G\u00f3mara, c\u00e9lebre en toda la comarca por su esplendidez y sus riquezas.<\/p>\n<p>Rompieron la marcha los farautes, que, deteni\u00e9ndose de trecho en trecho, pregonaban en alta voz y a son de caja las c\u00e9dulas del rey llamando a sus feudatarios a la guerra de moros y requiriendo a las villas y lugares libres para que diesen paso y ayuda a sus huestes.<\/p>\n<p>A los farautes siguieron los heraldos de corte, ufanos con sus casullas de seda, sus escudos bordados de oro y colores y sus birretes guarnecidos de plumas vistosas.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s vino el escudero mayor de la casa, armado de punta en blanco, caballero sobre un potro morcillo, llevando en sus manos el pend\u00f3n de ricohombre con sus motes y sus calderas, y al estribo izquierdo, el ejecutor de las justicias del se\u00f1or\u00edo vestido de negro y rojo.<\/p>\n<p>Preced\u00edan al escudero mayor hasta una veintena de aquellos famosos trompeteros de la tierra llana, c\u00e9lebres en las cr\u00f3nicas de nuestros reyes por la incre\u00edble fuerza de sus pulmones.<\/p>\n<p>Cuando dej\u00f3 de herir el viento al agudo clamor de la formidable trompeter\u00eda, comenz\u00f3 a o\u00edrse un rumor sordo, compasado y uniforme. Eran los peones de la mesnada, armados de largas picas y provistos de sendas adargas de cuero. Tras \u00e9stos no tardaron en aparecer los aparejadores de las m\u00e1quinas, con sus herramientas y sus torres de palo; las cuadrillas de escaladores y la gente menuda del servicio de las ac\u00e9milas.<\/p>\n<p>Luego, envueltos en la nube de polvo que levantaba el casco de sus caballos, y lanzando chispas de luz de sus petos de hierro, pasaron los hombres de armas del castillo, formados en gruesos pelotones, que semejaban a lo lejos un bosque de lanzas.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, precedido de los timbaleros, que montaban poderosas mulas con gualdrapas y penachos, rodeado de sus pajes, que vest\u00edan ricos trajes de seda y oro y seguido de los escuderos de su casa, apareci\u00f3 el conde.<\/p>\n<p>Al verle, la multitud levant\u00f3 un clamor inmenso para saludarle, y entre la confusa vocer\u00eda se ahog\u00f3 el grito de una mujer, que en aquel momento cay\u00f3 desmayada y como herida de un rayo en los brazos de algunas personas que acudieron a socorrerla. Era Margarita, Margarita, que hab\u00eda conocido a su misterioso amante en el muy alto y muy temido se\u00f1or conde de G\u00f3mara, un de los m\u00e1s nobles y poderosos feudatarios de la corona de Castilla. El ej\u00e9rcito de don Fernando, despu\u00e9s de salir de C\u00f3rdoba, hab\u00eda venido por sus jornadas hasta Sevilla, no sin haber luchado antes en \u00c9cija, Carmona y Alcal\u00e1 del R\u00edo de Guadaira, donde, una vez expugnado el famoso castillo, puso los reales a la vista de la ciudad de los infieles.<\/p>\n<p>El conde de G\u00f3mara estaba en la tienda sentado en un esca\u00f1o de alerce, inm\u00f3vil, p\u00e1lido, terrible, as manos cruzadas sobre la empu\u00f1adura del montante y los ojos fijos en el espacio con esa vaguedad del que parece mirar un objeto y, sin embargo, no ve nada de cuanto hay a su alrededor.<\/p>\n<p>A un lado, y de pie, le hablaba el m\u00e1s antiguo de los escuderos de su casa, el \u00fanico que en aquellas horas de negra melancol\u00eda hubiera osado interrumpirle sin atraer sobre su cabeza la explosi\u00f3n de su c\u00f3lera.<\/p>\n<p>-\u00bfQu\u00e9 ten\u00e9is, se\u00f1or?-le dec\u00eda-.\u00bfQu\u00e9 mal os aqueja y consume? Triste vais al combate y triste volv\u00e9is, aun tornando con la victoria. Cuando todos los guerreros duermen rendidos a la fatiga del d\u00eda, os oigo suspirar angustiado, y si corro a vuestro lecho, os miro all\u00ed luchar con algo invisible que os atormenta. Abr\u00eds los ojos y vuestro terror no se desvanece. \u00bfQu\u00e9 os pasa, se\u00f1or? Dec\u00eddmelo. Si es un secreto, yo sabr\u00e9 guardarlo en el fondo de mi memoria como en un sepulcro.<\/p>\n<p>El conde parec\u00eda no o\u00edr al escudero. No obstante, despu\u00e9s de un largo espacio, y como si las palabras hubiesen tardado todo aquel tiempo en llegar desde sus o\u00eddos a su inteligencia, sali\u00f3 poco a poco de su inmovilidad y, atray\u00e9ndole hacia s\u00ed cari\u00f1osamente, le dijo con voz grave y reposada:<\/p>\n<p>-He sufrido demasiado en silencio. Crey\u00e9ndome juguete de una vana fantas\u00eda, hasta ahora he callado por verg\u00fcenza; pero no, no es ilusi\u00f3n lo que me sucede. Yo debo hallarme bajo la influencia de laguna maldici\u00f3n terrible. El cielo o el infierno deben querer algo de m\u00ed, y lo avisan con hechos sobrenaturales. \u00bfTe acuerdas del d\u00eda de nuestro encuentro con los moros de Nebrija en el aljarafe de Triana? \u00c9ramos pocos. La pelea fue dura, y yo estuve a punto de perecer. T\u00fa lo viste: en lo m\u00e1s re\u00f1ido del combate, mi caballo, herido y ciego de furor, se precipit\u00f3 hacia el grueso de la hueste mora. Yo pugnaba en balde por contenerle. Las riendas se hab\u00edan escapado de mis manos, y el fogoso animal corr\u00eda llev\u00e1ndome a una muerte segura. Ya los moros, cerrando sus escuadrones, apoyaban en tierra el cuento de sus largas picas para recibirme en ellas. Una nube de saetas silbaba en mis o\u00eddos. El caballo estaba algunos pies de distancia del muro de hierro en que \u00edbamos a estrellarnos, cuando&#8230; Cr\u00e9eme: no fue una ilusi\u00f3n. Vi una mano que, agarr\u00e1ndole de la brida, lo detuvo con una fuerza sobrenatural y, volvi\u00e9ndole en direcci\u00f3n a las filas de mis soldados, me salv\u00f3 milagrosamente. En vano pregunt\u00e9 a unos y otros por mi salvador. Nadie le conoc\u00eda, nadie le hab\u00eda visto. &lt;&lt;Cuando volabais a estrellaros en la muralla de picas -me dijeron-, ibais s\u00f3lo, completamente solo. Por eso nos maravillamos al veros tornar, sabiendo que ya el corcel no obedec\u00eda al jinete&gt;&gt;. Aquella noche entr\u00e9 preocupado en mi tienda. Quer\u00eda en vano arrancarme de la imaginaci\u00f3n el recuerdo de la extra\u00f1a aventura. Mas al dirigirme al lecho torn\u00e9 a ver la misma mano, una mano hermosa, blanca hasta la palidez, que descorri\u00f3 la cortinas, desapareciendo despu\u00e9s de descorrerlas. Desde entonces, a todas horas, en todas partes, estoy viendo esa mano misteriosa que previene mis deseos y se adelanta a mis acciones. La he visto, al expugnar el castillo de Triana, coger entre sus dedos y partir en el aire una saeta que ven\u00eda a herirme; la he visto, en los banquetes donde procuraba ahogar mi pena entre la confusi\u00f3n y el tumulto, escanciar el vino en mi copa, y siempre se halla delante de mis ojos, y por donde voy me sigue: en la tienda, en el combate, de d\u00eda, de noche&#8230; Ahora mismo, m\u00edrala, m\u00edrala aqu\u00ed, apoyada suavemente en mis hombros.<\/p>\n<p>Al pronunciar estas \u00faltimas palabras el conde se puso de pie y dio algunos pasos como fuera de s\u00ed y embargado de un terror profundo.<\/p>\n<p>El escudero se enjug\u00f3 una l\u00e1grima que corr\u00eda por sus mejillas. Creyendo loco a su se\u00f1or, no insisti\u00f3, sin embargo, en contrariar sus ideas, y se limit\u00f3 a decirle con voz profundamente conmovida:<\/p>\n<p>-Venid&#8230; Salgamos un momento de la tienda. Acaso la brisa de la tarde refrescar\u00e1 vuestras sienes, calmando ese incomprensible dolor, para el que yo no hallo palabras de consuelo. El real de los cristianos se extend\u00eda por todo el campo de Guadaira hasta tocar en la margen izquierda del Guadalquivir. Enfrente del real, y destac\u00e1ndose sobre el luminoso horizonte, se alzaban los muros de Sevilla, flanqueados de torres, almenadas y fuertes. Por cima de la corona de almenas rebosaba la verdura de los mil jardines de la morisca ciudad, y entre las oscuras manchas del follaje luc\u00edan los miradores blancos como la nieve, los minaretes de las mezquitas y la gigantesca atalaya, sobre cuyo a\u00e9reo pretil lanzaban chispas de luz, heridas por el sol, las cuatro grandes bolas de oro, que desde el campo de los cristianos parec\u00edan cuatro llamas.<\/p>\n<p>La empresa de don Fernando, una de las m\u00e1s heroicas y atrevidas de aquella \u00e9poca, hab\u00eda tra\u00eddo a su alrededor a los m\u00e1s c\u00e9lebres guerreros de los diferentes reinos de la Pen\u00ednsula, no faltando algunos que de pa\u00edses extra\u00f1os y distantes vinieran tambi\u00e9n, llamados por la fama, a unir los esfuerzos a los del santo rey.<\/p>\n<p>Tendidas a lo largo de la llanura mir\u00e1banse, pues, tiendas de campa\u00f1a de todas formas y colores sobre el remate de las cuales ondeaban al viento distintas ense\u00f1as con escudos partidos, astros, grifos, leones, cadenas, barras y calderas y otras cien y cien figuras o s\u00edmbolos her\u00e1ldicos que pregonaban el nombre y la calidad de sus due\u00f1os. Por entre las calles de aquella improvisada ciudad circulaban en todas direcciones multitud de soldados, que, hablando dialectos diversos y vestido cada cual al uso de su pa\u00eds y cada cual armado a su guisa, formaban un extra\u00f1o y pintoresco contraste.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed descansaban algunos se\u00f1ores de las fatigas del combate, sentados en esca\u00f1os de alerce a la puerta de sus tiendas y jugando a las tablas, en tanto que sus pajes les escanciaban el vino en copas de metal; all\u00ed algunos peones aprovechaban un momento de ocio para aderezar y componer sus armas rotas en la \u00faltima refriega; m\u00e1s all\u00e1 cubr\u00edan de saetas un blanco los m\u00e1s expertos ballesteros de la hueste, entre las aclamaciones de la multitud, pasmada de su destreza; y el rumor de los tambores, el clamor de las trompetas, las voces de los mercaderes ambulantes, el golpear del hierro contra el hierro, los c\u00e1nticos de los juglares, que entreten\u00edan a sus oyentes con la relaci\u00f3n de haza\u00f1as portentosas, y los gritos de los farautes que publicaban las ordenanzas de los maestros del campo, llenando los aires de mil y mil ruidos discordes, prestaban a aquel cuadro de costumbres guerreras una vida y una animaci\u00f3n imposible de pintar con palabras.<\/p>\n<p>El conde de G\u00f3mara, acompa\u00f1ado de su fiel escudero, atraves\u00f3 por entre los animados grupos sin levantar los ojos de la tierra, silencioso, triste, como si ning\u00fan objeto hiriese su vista ni llegase a su o\u00eddo el rumor m\u00e1s leve. Andaba maquinalmente, a la manera que un somn\u00e1mbulo, cuyo esp\u00edritu se agita en el mundo de los sue\u00f1os, se mueve y marcha sin la conciencia de sus acciones y como arrastrado por una voluntad ajena a la suya.<\/p>\n<p>Pr\u00f3ximo a la tienda del rey, y en medio de un gran corro de soldados, pajecillos y gente menuda que le escuchaban con la boca abierta apresur\u00e1ndose a comprarle alguna de las baratijas que anunciaba a voces y con hiperb\u00f3licos encomios, hab\u00eda un extra\u00f1o personaje, mitad romero, mitad juglar que, ora recitando una especie de letan\u00eda en lat\u00edn b\u00e1rbaro, ora diciendo una bufonada o una chocarrer\u00eda, mezclada en su interminable relaci\u00f3n, chistes capaces de poner colorado a un ballestero con oraciones devotas, historias de amores picarescos con leyendas de santos.<\/p>\n<p>En las inmensas alforjas que colgaban de sus hombros se hallaban revueltos y confundidos mil objetos diferentes: cintas tocadas en el sepulcro de Santiago, c\u00e9dulas con palabras que \u00e9l dec\u00eda ser hebraicas, las mismas que dijo el rey Salom\u00f3n cuando fundaba el templo y las \u00fanicas para libertarse de toda clase de enfermedades contagiosas; b\u00e1lsamos maravillosos para pegar a hombres partidos por la mitad; evangelios cosidos en bolsitas de brocatel, secretos para hacerse amar de todas las mujeres, reliquias de los santos patrones de todos los lugares de Espa\u00f1a, joyuelas, cadenillas, cinturones, medallas y otras muchas baratijas de alquimia, de vidrio y plomo.<\/p>\n<p>Cuando el conde lleg\u00f3 cerca del grupo que formaban el romero y sus admiradores, comenzaba \u00e9ste a templar una especie de bandolina o guzla \u00e1rabe con que se acompa\u00f1aba en la relaci\u00f3n de sus romances. Despu\u00e9s que hubo estirado bien las cuerdas unas tras otras y con mucha calma, mientras su acompa\u00f1ante daba la vuelta al corro sacando los \u00faltimos cornados de la flaca escarcela de los oyentes, el romero comenz\u00f3 a cantar con voz gangosa y con un aire mon\u00f3tono y pla\u00f1idero un romance que siempre terminaba con el mismo estribillo.<\/p>\n<p>El conde se acerc\u00f3 al grupo y prest\u00f3 atenci\u00f3n. Por una coincidencia, al parecer extra\u00f1a, el t\u00edtulo de aquella historia respond\u00eda en un todo a los l\u00fagubres pensamientos que embargaban su \u00e1nimo. Seg\u00fan hab\u00eda enunciado el cantor antes de comenzar, el romance se titulaba el Romance de la mano muerta.<\/p>\n<p>Al o\u00edr el escudero tan extra\u00f1o anuncio, pugn\u00f3 por arrancar a su se\u00f1or de aquel sitio; pero el conde, con los ojos fijos en el juglar permaneci\u00f3 inm\u00f3vil escuchando esta c\u00e1ntiga:<\/p>\n<p>La ni\u00f1a tiene un amante<br \/>\nque escudero se dec\u00eda.<br \/>\nEl escudero le anuncia<br \/>\nque a la guerra se part\u00eda.<br \/>\n&lt;&lt;Te vas y acaso no tornes.&gt;&gt;<br \/>\n&lt;&lt;Tornar\u00e9 por vida m\u00eda.&gt;&gt;<br \/>\nMientras el amante jura,<br \/>\ndiz que el viento repet\u00eda:<br \/>\nMal haya quien en promesas de hombre f\u00eda!<\/p>\n<p>II<\/p>\n<p>El conde, con la mesnada,<br \/>\nde su castillo sal\u00eda.<br \/>\nElla, que le ha conocido,<br \/>\ncon grande aflicci\u00f3n gem\u00eda:<br \/>\n&lt;&lt;\u00a1Ay de m\u00ed, que se va el conde<br \/>\ny se lleva la honra m\u00eda!&gt;&gt;<br \/>\nMientras la cuitada llora,<br \/>\ndiz que el viento repet\u00eda:<br \/>\n\u00a1Mal haya quien en promesas de hombre f\u00eda!<\/p>\n<p>III<\/p>\n<p>Su hermano, que estaba all\u00ed,<br \/>\nestas palabras o\u00eda.<br \/>\n&lt;&lt;Nos has deshonrado&gt;&gt;, dice.<br \/>\n&lt;&lt;Me jur\u00f3 que tornar\u00eda.&gt;&gt;<br \/>\n&lt;&lt;No te encontrar\u00e1, si torna,<br \/>\ndonde encontrarte sol\u00eda.&gt;&gt;<br \/>\nMientras la infelice muere,<br \/>\ndiz que el viento repet\u00eda:<br \/>\n\u00a1Mal haya quien en promesas de hombre f\u00eda!<\/p>\n<p>IV<\/p>\n<p>Muerta la llevan al soto;<br \/>\nla han enterrado en la umbr\u00eda;<br \/>\npor m\u00e1s tierra que le echaban,<br \/>\nla mano no le cubr\u00eda:<br \/>\nla mano donde un anillo que le dio el conde ten\u00eda.<br \/>\nDe noche, sobre la tumba,<br \/>\ndiz que el viento repet\u00eda:<br \/>\n\u00a1Mal haya quien en promesas de hombre f\u00eda!<\/p>\n<p>Apenas el cantor hab\u00eda terminado la \u00faltima estrofa, cuando rompiendo el muro de curiosos, que se apartaban con respeto al reconocerle, el conde lleg\u00f3 a donde se encontraba el romero y, cogi\u00e9ndole con fuerza del brazo, le pregunt\u00f3 en voz baja y convulsa:<\/p>\n<p>-\u00bfDe qu\u00e9 tierra eres?<\/p>\n<p>-De tierra de Soria -le respondi\u00f3 \u00e9ste sin alterarse.<\/p>\n<p>-\u00bfY d\u00f3nde has aprendido ese romance? \u00bfA qui\u00e9n se refiere la historia que cuentas? -volvi\u00f3 a exclamar su interlocutor, cada vez con muestras de emoci\u00f3n m\u00e1s profunda.<\/p>\n<p>-Se\u00f1or -dijo el romero, clavando sus ojos en los del conde con una fijeza imperturbable-, esta c\u00e1ntiga la repiten de unos en otros los aldeanos del campo de G\u00f3mara, y se refiere a una desdichada cruelmente ofendida por un poderoso. Altos juicios de Dios han permitido que al enterrarla quedase siempre fuera de la sepultura la mano en que su amante le puso un anillo al hacerla una promesa. Vos sabr\u00e9is, quiz\u00e1, a qui\u00e9n toca cumplirla. Ven un lugarejo miserable y que se encuentra a un lado del camino que conduce a G\u00f3mara he visto no hace mucho el sitio en donde se asegura tuvo lugar la extra\u00f1a ceremonia del casamiento del conde.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s que \u00e9ste, arrodillado sobre la humilde fosa, estrech\u00f3 en la suya la mano de Margarita y un sacerdote autorizado por el Papa bendijo la l\u00fagubre uni\u00f3n, es fama que ces\u00f3 el prodigio y la mano muerta se hundi\u00f3 para siempre.<\/p>\n<p>Al pie de unos \u00e1rboles a\u00f1osos y corpulentos hay un pedacito de prado que al llegar la primavera se cubre espont\u00e1neamente de flores. La gente del pa\u00eds dice que all\u00ed est\u00e1 enterrada Margarita.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(Leyenda de Castilla) \u00a0 Margarita lloraba con el rostro oculto entre las manos; lloraba sin gemir, pero las l\u00e1grimas corr\u00edan silenciosas a lo largo de sus mejillas, desliz\u00e1ndose por entre sus dedos para caer en la tierra, hacia la que hab\u00eda doblado su frente. Junto a Margarita estaba Pedro; \u00e9ste\u2026<\/p>\n<p class=\"continue-reading-button\"> <a class=\"continue-reading-link\" href=\"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-promesa%e2%80%9d-gustavo-adolfo-becquer\/\">Seguir leyendo&#8230;<i class=\"crycon-right-dir\"><\/i><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":75,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"rop_custom_images_group":[],"rop_custom_messages_group":[],"rop_publish_now":"initial","rop_publish_now_accounts":{"twitter_226634691_226634691":""},"rop_publish_now_history":[],"rop_publish_now_status":"pending","_uag_custom_page_level_css":"","footnotes":""},"categories":[5,1109],"tags":[1010,1069,1016,1012,1018,1013,1059,1031,1015,1034,1017,1058,1044,1045,1057,1025,1046,1033],"class_list":["post-1008","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-literatura","category-textos-literarios","tag-amor","tag-animal","tag-arte","tag-ave","tag-ayuda","tag-ciencia","tag-empresa","tag-enfermedad","tag-flor","tag-guerra","tag-historia","tag-hogar","tag-jardin","tag-leyenda","tag-pensamiento","tag-rosa","tag-salud","tag-vino"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.4 - 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