{"id":1007,"date":"2010-12-10T17:55:42","date_gmt":"2010-12-10T15:55:42","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cultureduca.com\/blog\/?p=1007"},"modified":"2010-12-10T17:55:42","modified_gmt":"2010-12-10T15:55:42","slug":"%e2%80%9cel-gnomo%e2%80%9d-gustavo-adolfo-becquer","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cel-gnomo%e2%80%9d-gustavo-adolfo-becquer\/","title":{"rendered":"\u201cEl Gnomo\u201d [Gustavo Adolfo B\u00e9cquer]"},"content":{"rendered":"<p>(Leyenda de Arag\u00f3n)\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0 Las muchachas del lugar volv\u00edan de la fuente con sus c\u00e1ntaros en la cabeza. Volv\u00edan cantando y riendo con un ruido y una algazara de una banda de golondrinas cuando revolotean espesas como el granizo alrededor de la veleta de un campanario.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 En el p\u00f3rtico de la iglesia, y sentado al pie de un enebro, estaba el t\u00edo Gregorio. El t\u00edo Gregorio era el m\u00e1s viejecito del lugar. Ten\u00eda cerca de noventa navidades, el pelo blanco, la boca de risa, los ojos alegres y las manos temblonas. De ni\u00f1o fue pastor; de joven, soldado. Despu\u00e9s cultiv\u00f3 una peque\u00f1a heredad, patrimonio de sus padres, hasta que, por \u00faltimo, le faltaron las fuerzas y se sent\u00f3 tranquilamente a esperar su muerte, que ni tem\u00eda ni deseaba. Nadie contaba un chascarrillo con m\u00e1s gracia que \u00e9l, ni sab\u00eda historias m\u00e1s estupendas, ni tra\u00eda a cuento tan oportunamente un refr\u00e1n, una sentencia o un adagio.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Las muchachas, al verlo, apresuraron el paso con \u00e1nimo de irle a hablar, y cuando estuvieron en el p\u00f3rtico todas comenzaron a suplicarle que les contase una historia con que entretener el tiempo que a\u00fan faltaba para hacerse de noche, que no era mucho, pues el sol poniente her\u00eda de soslayo la tierra y las sombras de los montes se dilataban por momentos a lo largo de la llanura.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El t\u00edo Gregorio escuch\u00f3 sonriendo la petici\u00f3n de las muchachas, las cuales, una vez obtenida la promesa de que les referir\u00eda alguna cosa, dejaron los c\u00e1ntaros en el suelo y, sent\u00e1ndose a su alrededor, formaron un corro, en cuyo centro qued\u00f3 el viejecito, que comenz\u00f3 a hablarles de esta manera:<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 No os contar\u00e9 una historia, porque aunque recuerdo algunas en este momento, ata\u00f1en a cosas tan graves que ni vosotras, que sois unas locuelas me prestar\u00edais atenci\u00f3n para escucharlas, ni a mi, por lo avanzado de la tarde, me quedar\u00eda espacio para referirlas. Os dar\u00e9 en su lugar un consejo.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 !Un consejo!, exclamaron las muchachas con aire visible de mal humor, no es para o\u00edr consejos para lo que nos hemos detenido. cuando nos hagan falta ya nos los dar\u00e1 el se\u00f1or cura.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Es, prosigui\u00f3 el anciano con su habitual sonrisa y su voz cansada y temblorosa, que el se\u00f1or cura acaso no sabr\u00eda d\u00e1roslo en esta ocasi\u00f3n tan oportuna como os lo puede dar el t\u00edo Gregorio, porque \u00e9l, ocupado en sus rezos y letan\u00edas, no habr\u00e1 echado, como yo, de ver que cada d\u00eda vais por agua a la fuente m\u00e1s temprano y volv\u00e9is m\u00e1s tarde.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Las muchachas se miraron entre s\u00ed con una imperceptible sonrisa de burla, no faltando algunas de las que estaban colocadas a su espalda que se tocasen la frente con el dedo, acompa\u00f1ando su acci\u00f3n con un gesto significativo.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00bfY qu\u00e9 mal encontr\u00e1is en que nos detengamos en la fuente charlando un rato con las amigas y las vecinas?, dijo una de ellas, \u00bfandan, acaso, chismes en el lugar porque los mozos salen al camino a echarnos flores o vienen a brindarse para traer nuestros c\u00e1ntaros hasta la entrada del pueblo?.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 De todo hay, contest\u00f3 el viejo a la moza que le hab\u00eda dirigido la palabra en nombre de sus compa\u00f1eras, las viejas del lugar murmuraban de que hoy vayan las muchachas a loquear y entretenerse a un sitio al cual ellas llegaban de prisa y temblando a tomar el agua pues s\u00f3lo de all\u00ed puede traerse, y yo encuentro mal qu\u00e9 perd\u00e1is, poco a poco, el temor que a todos inspira el sitio donde se halla la fuente, porque\u00a0 pod\u00eda acontecer que alguna vez os sorprendiese en \u00e9l la noche.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El t\u00edo Gregorio pronunci\u00f3 estas \u00faltimas palabras con un tono tan lleno de misterio, que las muchachas abrieron los ojos espantadas para mirarlo y , con mezcla de curiosidad y burla, tornaron a insistir:<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 !La noche!, pues \u00bfqu\u00e9 pasa de noche en ese sitio, que tales aspavientos hac\u00e9is y con tan temerosas y oscuras palabras nos habl\u00e1is de lo que all\u00ed podr\u00eda acontecernos? \u00bfse nos comer\u00e1n acaso los lobos?.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Cuando el Moncayo se cubre de nieve, los lobos, arrojados de sus guaridas, bajan en reba\u00f1os por su falda, y m\u00e1s de una vez los hemos o\u00eddo aullar en horroroso concierto no s\u00f3lo en los alrededores de la fuente, sino en las mismas calles del lugar; pero no son los lobos los hu\u00e9spedes m\u00e1s temibles del Moncayo. En sus profundas simas, en sus cumbres solitarias y \u00e1speras, en su hueco seno, viven unos esp\u00edritus diab\u00f3licos que durante la noche bajan por sus vertientes como un enjambre, y pueblan el vac\u00edo y hormiguean en la llanura, y saltan de roca en roca, juegan entre las aguas o se mecen en las desnudas ramas de los \u00e1rboles. Ellos son los que a\u00fallan en las grietas de las pe\u00f1as; ellos los que forman y empujan esas inmensas bolas de nieve que bajan rodando desde los altos picos y arrollan y aplastan cuando encuentran a su paso; ellos los que llaman con el granizo a nuestros cristales en las noches de lluvia y corren como llamas azules y ligeras sobre el haz de los pantanos. Entre estos esp\u00edritus que arrojados de las llanuras por las bendiciones y exorcismos de la Iglesia, han ido a refugiarse a las crestas inaccesibles de las monta\u00f1as, los hay de diferente naturaleza y que al aparecer a nuestros ojos se revisten de formas variadas. Los m\u00e1s peligrosos, sin embargo, los que se insin\u00faan con dulces palabras en el coraz\u00f3n de las j\u00f3venes y las deslumbran con promesas magnificas, sin los gnomos. Los gnomos, viven en las entra\u00f1as de los montes. Conocen sus caminos subterr\u00e1neos y eternos guardadores de los tesoros que encierran, velan d\u00eda y noche junto a los veneros de los metales y las piedras preciosas. \u00bfVeis, prosigui\u00f3 el viejo, se\u00f1alando con el palo que le serv\u00eda de apoyo la cumbre del Moncayo, que se levantaba a su derecha, destac\u00e1ndose oscura y gigantesca sobre el cielo violado y brumoso del crep\u00fasculo, veis esa inmensa mole coronada a\u00fan de nieve? Pues en su seno tiene sus moradas esos diab\u00f3licos esp\u00edritus. El palacio que habitan es horroroso y magnifico a la vez.<\/p>\n<p>\u00bb Hace muchos a\u00f1os que un pastor, siguiendo a una res extraviada, penetr\u00f3 por la boca de una de esas cuevas, cuyas entradas cubren espesos matorrales y cuyo fin no ha visto ninguno. cuando volvi\u00f3 al lugar estaba p\u00e1lido como la muerte. Hab\u00eda sorprendido el secreto de los gnomos, habla respirando su envenenada atm\u00f3sfera y pag\u00f3 su atrevimiento con la vida; pero antes de morir refiri\u00f3 cosas estupendas. Andando por aquella caverna adelante hab\u00eda encontrado, al fin, unas galer\u00edas subterr\u00e1neas e inmensas, alumbradas con un resplandor dudoso y fant\u00e1stico, producido por las fosforescencias de las rocas semejantes all\u00ed a grandes pedazos de cristal cuajados en mil formas caprichosas y extra\u00f1as.<\/p>\n<p>El suelo, la b\u00f3veda y las paredes de aquellos extensos salones, obra de la naturaleza, parec\u00edan jaspeados como los m\u00e1rmoles m\u00e1s ricos, pero las vetas que los cruzaban eran de oro y de plata, y entre aquellas vetas brillantes se ve\u00edan, como incrustadas, multitud de piedras preciosas de todos los colores y tama\u00f1os. All\u00ed hab\u00eda jacintos y esmeraldas en mont\u00f3n , y diamantes y rub\u00edes, y zafiros, y que s\u00e9 yo, otras muchas piedras desconocidas que \u00e9l no supo nombrar, pero tan grandes y tan hermosas, que sus ojos se deslumbraron al contemplarlas. Ning\u00fan ruido exterior llegaba al fondo de la fant\u00e1stica caverna; s\u00f3lo se percib\u00edan, a intervalos, unos gemidos largos y lastimeros del aire que discurr\u00eda por aquel laberinto encantado, un rumor confuso de fuego subterr\u00e1neo que herv\u00eda comprimido, y murmullos de aguas corrientes que pasaban sin saberse por d\u00f3nde.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00abEl pastor, solo y perdido en aquella inmensidad, anduvo no s\u00e9 cu\u00e1ntas horas sin hallar la salida, hasta que, por ultimo, tropez\u00f3 con el nacimiento del manantial cuyo murmullo hab\u00eda o\u00eddo. Este\u00a0 brotaba del suelo como una fuente maravillosa, con un salto de agua coronado de espuma que ca\u00eda formando una vistosa cascada y produciendo un murmullo sonoro al alejarse resbalando por entre las quebraduras de las pe\u00f1as. A su alrededor crec\u00edan unas plantas nunca vistas, con hojas anchas y gruesas las unas, delgadas y largas como cintas flotantes las otras\u00bb.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Medio escondidos entre aquella h\u00fameda frondosidad discurr\u00edan unos seres extra\u00f1os, en parte hombres, en parte reptiles, o ambas cosas a la vez, pues, transform\u00e1ndose continuamente, ora parec\u00edan criaturas humanas deformes y peque\u00f1uelas, ora salamandras luminosas o llamas fugaces que danzaban en c\u00edrculos sobre la c\u00faspide del surtidor. All\u00ed , agit\u00e1ndose en todas direcciones, corriendo por el suelo en forma de enanos repugnantes y contrahechos, encaram\u00e1ndose en las paredes, babeando y retorci\u00e9ndose en figura de reptiles o bailando con apariencia de fuegos fatuos sobre el haz de agua, andaban los gnomos, se\u00f1ores de aquellos lugares, cantando y removiendo sus fabulosas riquezas.<\/p>\n<p>Ellos saben d\u00f3nde guardan los avaros esos tesoros que en vano buscan despu\u00e9s los herederos, ellos conocen el lugar donde los moros, antes de huir, ocultaron sus joyas, y las alhajas que se pierden, las monedas que se extrav\u00edan, todo lo que tiene alg\u00fan valor y desaparece, ellos son los que lo buscan, lo encuentran y lo roban para esconderlo en sus guaridas, porque ellos saben andar todo el mundo por debajo de la tierra y por caminos secretos e ignorados.<br \/>\nAll\u00ed ten\u00edan pues, hacinados en mont\u00f3n toda clase de objetos raros y preciosos. Hab\u00eda joyas de un valor inestimable, collares y gargantillas de perlas y piedras finas, \u00e1nforas de oro de forma antiqu\u00edsima llenas de rub\u00edes, copas cinceladas, armas ricas, monedas con bustos y leyendas imposibles de conocer o descifrar, tesoros, en fin, tan fabulosos e inmensos, que la imaginaci\u00f3n apenas puede concebirlos. Y todo brillaba a la vez, lanzando unas chispas de colores y unos reflejos tan vivos, que parec\u00eda\u00a0 como que todo estaba ardiendo y se mov\u00eda y temblaba. Al menos, el pastor refiri\u00f3 que as\u00ed le hab\u00eda parecido.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Al llegar aqu\u00ed, el anciano se detuvo un momento. Las muchachas, que comenzaron por o\u00edr la relaci\u00f3n del t\u00edo Gregorio con una sonrisa de burla, guardaban entonces un profundo silencio, esperando a que continuase, con los ojos espantados, los labios ligeramente entreabiertos y la curiosidad y el inter\u00e9s pintados en el rostro. Una de ellas rompi\u00f3 el silencio y exclam\u00f3 sin poderse contener, entusiasmada al o\u00edr la descripci\u00f3n de las fabulosas riquezas que se hab\u00edan ofrecido a la vista del pastor:<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Y que, \u00bfno se trajo nada de aquello?<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Nada, contesto el t\u00edo Gregorio<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a1Qu\u00e9 tonto ! , exclamaron a coro las muchachas.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El\u00a0 cielo le ayud\u00f3 en aquel trance, prosigui\u00f3 el anciano, pues en aquel momento en que la avaricia, que a todo se sobrepone, comenzaba a disipar su miedo y, alucinado a la vista de aquellas joyas, de las cuales una sola bastar\u00eda a hacerlo poderoso, el pastor iba a apoderarse de algunas, dice que oy\u00f3, !maravillaos del suceso!, oy\u00f3 claro y distinto en aquellas profundidades, y a pesar de las carcajadas y las voces de los gnomos, del hervidero del fuego subterr\u00e1neo, del rumor de las aguas corrientes y de los lamentos del aire, digo, como si estuviese al pie de la colina en que se encuentra, el clamor de la campana que hay en la ermita de Nuestra Se\u00f1ora\u00a0 del Moncayo. al o\u00edr la campana, que tocaba la avemar\u00eda, el pastor cay\u00f3 al suelo invocando a la Madre de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo; y sin saber como ni por d\u00f3nde, se encontr\u00f3 fuera de aquellos lugares y en el camino al pueblo, echado en una senda y presa de un gran estupor, como si hubiera salido de un sue\u00f1o. Desde entonces se explic\u00f3 todo el mundo por qu\u00e9 la fuente del lugar trae a veces entre sus aguar como un polvo fin\u00edsimo de oro y cuando llega la noche, en el rumor que produce se oyen palabras confusas, palabras enga\u00f1osas con que los gnomos que la inficionan desde su nacimiento procuran seducir a los incautos que les prestan o\u00eddos, prometi\u00e9ndoles riquezas y tesoros que han de ser su condenaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Cuando el t\u00edo Gregorio llegaba a este punto de su historia, ya la noche hab\u00eda entrado y la campana de la iglesia comenz\u00f3 a tocar las oraciones. Las muchachas se persignaron devotamente, murmurando un avemar\u00eda en voz baja y, despu\u00e9s de despedirse del t\u00edo Gregorio, que les torn\u00f3 a aconsejar que no perdieran el tiempo en la fuente, cada cual tom\u00f3 su c\u00e1ntaro, y todas juntas salieron silenciosas y preocupadas del atrio de la iglesia. Ya lejos del sitio en que se encontraron al viejecito, y cuando estuvieron en la plaza del lugar, donde hab\u00edan de separarse, exclam\u00f3 la m\u00e1s resuelta y decidora de ellas:<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00bfVosotras cre\u00e9is algo de las tonter\u00edas que nos ha contado el t\u00edo Gregorio?<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a1Yo, no!, dijo una.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a1Yo tampoco!, exclam\u00f3 la otra.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a1Ni yo!, repitieron las dem\u00e1s, burl\u00e1ndose con risas de su credulidad de un momento.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El grupo de las mozuelas se disolvi\u00f3, alej\u00e1ndose cada cual hacia uno de los extremos de la plaza. Luego que doblan las esquinas de las diferentes calles que ven\u00edan a desembocar en aquel sitio, dos muchachas, las \u00fanicas que no hab\u00edan despegado a\u00fan los labios para protestar con sus burlas contra la veracidad del t\u00edo Gregorio, y que preocupadas con la maravillosa relaci\u00f3n, parec\u00edan absortas en sus ideas, se marcharon juntas, y con esta lentitud propia de las personas distra\u00eddas, por una calleja sombr\u00eda, estrecha y tortuosa.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 De aquellas dos muchachas, la mayor, que parec\u00eda tener unos veinte a\u00f1os, se llamaba Marta, y la m\u00e1s peque\u00f1a que a\u00fan no hab\u00eda cumplido los diecis\u00e9is, Magdalena.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El tiempo que dur\u00f3 el camino, ambas guardaron profundo silencio; pero cuando llegaron a los umbrales de la casa y dejaron los c\u00e1ntaros en el asiento de piedra del portal, Marta le dijo a Magdalena:<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0 \u00bfY t\u00fa crees en las maravillas del Moncayo y en los esp\u00edritus de la fuente &#8230; ?<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Yo, contest\u00f3 Magdalena con sencillez, yo creo en todo \u00bfdudas tu acaso?.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a1Oh, no !, se apresur\u00f3 a interrumpir Marta, yo tambi\u00e9n creo en todo. En todo &#8230; lo que deseo creer.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0Marta y Magdalena eran hermanas. Hu\u00e9rfanas desde los primeros a\u00f1os de la ni\u00f1ez, viv\u00edan miserablemente a la sombra de una pariente de su madre, que las hab\u00eda recogido por caridad, y que a cada paso les hac\u00eda sentir con sus dicterios y sus humillantes palabras el peso de su beneficio. Todo parec\u00eda contribuir a que se estrechasen los lazos de cari\u00f1o entre aquellas dos almas, hermanas no s\u00f3lo por el vinculo de la sangre, sino por los de la miseria y el sufrimiento, y. sin embargo, entre Marta y Magdalena exist\u00eda una sorda emulaci\u00f3n, una secreta\u00a0 antipat\u00eda, que s\u00f3lo pudiera explicar el estudio de sus caracteres, tan en absoluta contraposici\u00f3n como sus tipos.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Marta era altiva, vehemente en sus inclinaciones y de una rudeza salvaje en la expresi\u00f3n de sus afectos. No sab\u00eda ni re\u00edr ni llorar, y por eso no hab\u00eda llorado ni re\u00eddo nunca. Magdalena, por el contrario, era humilde, amante, bondadosa, y en m\u00e1s de una ocasi\u00f3n se la vio llorar y re\u00edr a la vez como los ni\u00f1os.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Marta ten\u00eda los ojos m\u00e1s negros que la noche, y de entre sus oscuras pesta\u00f1as dir\u00edase que a intervalos saltaban chispas de fuego como de un carb\u00f3n ardiente.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 La pupila azul de Magdalena parec\u00eda nada en un fluido de luz dentro del cerco de oro de sus pesta\u00f1as rubias. Y todo era en ellas arm\u00f3nico con la diversidad expresi\u00f3n de sus ojos. Marta, enjutada de carnes, quebrada de color, de estatura esbelta, movimientos r\u00edgidos y cabellos crespos y oscuros, que sombreaban su frente y ca\u00edan por sus hombros como un manto de terciopelo, formaba un singular contraste con Magdalena, blanca, rosada, peque\u00f1a, infantil en su fisonom\u00eda y sus formas y con unas trenzas rubias que rodeaban sus sienes, semejantes al nimbo dorado de la cabeza de un \u00e1ngel.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 A pesar de la inexplicable repulsi\u00f3n que sent\u00edan la una por la otra, las dos hermanas hab\u00edan vivido hasta entonces en una especie de indiferencia, que hubiera podido confundirse con la paz y el afecto. No hab\u00edan tenido caricias que disputarse ni preferencias que envidiar, iguales en la desgracia y el dolor. Marta se hab\u00eda encerrado para sufrir en su ego\u00edsta y altivo silencio, y Magdalena, encontrando seco el coraz\u00f3n de su hermana, lloraba a solas cuando las l\u00e1grimas se agolpaban involuntariamente a sus ojos.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Ning\u00fan sentimiento era com\u00fan entre ellas. Nunca se confiaron sus alegr\u00edas y pesares, y, sin embargo, el \u00fanico secreto que procuraban esconder en lo m\u00e1s profundo del coraz\u00f3n se lo hab\u00edan adivinado mutuamente, con ese instinto maravilloso de la mujer enamorada y celosa. Marta y Magdalena ten\u00edan, efectivamente, puestos sus ojos en un mismo hombre.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 La pasi\u00f3n de la una era el deseo tenaz, hijo de un car\u00e1cter indomable y voluntarioso; en la otra, el cari\u00f1o se parec\u00eda a esa vaga y espont\u00e1nea ternura de la adolescencia, que, necesitando un objeto en que emplearse, ama el primero que se ofrece a su vista. Ambas guardaban el secreto de su amor, porque el hombre que lo hab\u00eda inspirado tal vez hubiera hecho mofa de un cari\u00f1o que se pod\u00eda interpretar como ambici\u00f3n absurda, en unas muchachas plebeyas y miserables. Ambas, a pesar de la distancia que las separaba del objeto de su pasi\u00f3n, alimentaban una esperanza remota de poseerlo.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Cerca del lugar, y sobre un alto que dominaba los contornos, hab\u00eda un antiguo castillo abandonado por sus due\u00f1os. Las viejas, en las noches de velada, refer\u00edan una historia llena de maravillas acerca de sus fundadores. Contaban que, hall\u00e1ndose el rey de Arag\u00f3n\u00a0 en guerra con sus enemigos, agotados ya sus recursos, abandonado de sus parciales y pr\u00f3ximo a perder el trono, se le present\u00f3 un d\u00eda una pastorcilla de aquella comarca, y despu\u00e9s de revelarle la existencia de unos subterr\u00e1neos por donde pod\u00eda atravesar el Moncayo sin que se apercibiesen sus enemigos, le dio un tesoro en perlas finas, riqu\u00edsimas piedras preciosas y barras de oro y de plata, con las cuales el rey pag\u00f3 sus mesnadas, levant\u00f3 un poderoso ej\u00e9rcito y, marchando por debajo de la tierra durante toda una noche, cay\u00f3 al otro d\u00eda sobre sus contrarios y los desbarat\u00f3, aseg\u00farandose la corona en su cabeza.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Despu\u00e9s que hubo alcanzado tan se\u00f1alada victoria cuentan que dijo el rey a la pastorcita: \u00bb P\u00eddeme lo que quieras, que aun cuando fuese la mitad de mi reino, juro que te lo he de dar al instante\u00bb \u00bb Yo no quiero m\u00e1s que volver a cuidar mi reba\u00f1o\u00bb, respondi\u00f3 la pastorcilla, \u00abNo cuidaras sino de mis fronteras\u00bb, le replico el rey, y le dio el se\u00f1or\u00edo de toda la raya y le mand\u00f3 edificar una fortaleza en el pueblo m\u00e1s fronterizo a Castilla, adonde se traslad\u00f3 la pastora, casada ya con uno de los favoritos del rey, noble gal\u00e1n, valiente y se\u00f1or asimismo de muchas fortalezas y muchos feudos.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 La estupenda relaci\u00f3n del t\u00edo Gregorio acerca de los gnomos del Moncayo, cuyo secreto estaba en la fuente del lugar, exalt\u00f3 nuevamente las locas fantas\u00edas de las dos enamoradas hermanas, contemplando, por decirlo as\u00ed, la ignorancia historia del tesoro hallado por la pastorcita de la conseja, tesoro cuyo recuerdo hab\u00eda turbado m\u00e1s de una vez sus noches de insomnio y de amargura, prest\u00e1ndose a su imaginaci\u00f3n como un d\u00e9bil rayo de esperanza.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 La noche siguiente a la tarde del encuentro con el t\u00edo Gregorio, todas las muchachas del lugar hicieron conversaci\u00f3n en sus casas de la estupenda historia que les hab\u00eda referido. Marta y Magdalena guardaron un profundo silencio y ni en aquella noche ni en todo el d\u00eda que amaneci\u00f3 despu\u00e9s volvieron a cambiar una sola palabra relativa al asunto, tema de todas las conversaciones y objeto de los comentarios de sus vecinas.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Cuando lleg\u00f3 la hora de costumbre, Magdalena tom\u00f3 su c\u00e1ntaro y le dijo a su hermana:<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00bfVamos a la fuente?<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Marta no contest\u00f3, y Magdalena volvi\u00f3 a decirle:<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00bfVamos a la fuente?, mira que sin no nos apresuramos se pondr\u00e1 el sol antes de la vuelta.<br \/>\n\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Marta exclam\u00f3 al fin, con acento breve y \u00e1spero:<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Yo no quiero ir hoy.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Ni yo tampoco, a\u00f1adi\u00f3 Magdalena despu\u00e9s de un instante de silencio, durante el cual mantuvo los ojos clavados en los de su hermana, como si quisiera adivinar en ellos la causa de su resoluci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Las muchachas del lugar hac\u00eda cerca de una hora que estaban de vuelta en sus casas. La \u00faltima luz del crep\u00fasculo se hab\u00eda apagado en el horizonte y la noche comenzaba a cerrar de cada vez m\u00e1s oscura, cuando Marta y Magdalena, esquiv\u00e1ndose mutuamente y cada cual por diverso camino, salieron del pueblo con direcci\u00f3n a la fuente misteriosa. La fuente brotaba escondida entre unos riscos cubiertos de musgo en el fondo de una larga alameda.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Despu\u00e9s que se fueron apagando poco a poco los rumores del d\u00eda y no se escuchaba el lejano eco de la voz de los labradores que vuelven, caballeros en sus yuntas, cantando al comp\u00e1s del tim\u00f3n del arado que arrastran por la tierra; despu\u00e9s que se dej\u00f3 de percibir el mon\u00f3tono ruido de las esquilillas del ganado, y las voces de los pastores, y el ladrillo de los perros que re\u00fanen las reses, y son\u00f3 en la torre de oraciones, rein\u00f3 ese doble y augusto silencio de la noche y soledad, silencio lleno de murmullos extra\u00f1os y leves, que lo hacen a\u00fan m\u00e1s perceptible.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Marta y Magdalena se deslizaron por entre el laberinto de los \u00e1rboles, y protegidas por la oscuridad, llegaron sin verse al fin de la alameda. Marta no conoc\u00eda el temor, y sus pasos eran firmes y seguros. Magdalena temblaba con el ruido que produc\u00edan sus pies al hollar las hojas secas que tapizaban el suelo.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Cuando las dos hermanas estuvieron junto a la fuente, el viento de la noche comenz\u00f3 a agitar las copas de los \u00e1lamos, y el murmullo de sus soplos desiguales parec\u00eda responder el agua del manantial con un rumor acompasado y uniforme.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Marta y Magdalena prestaron atenci\u00f3n a aquellos ruidos que pasaban bajo sus pies como un susurro constante y sobre sus cabezas como un lamento que nac\u00eda y se apagaba para tornar a crecer y dilatarse por la espesura. A medida que transcurr\u00edan las horas, aquel sonar eterno del aire y el agua empez\u00f3 a producirles una extra\u00f1a exaltaci\u00f3n, una especie de v\u00e9rtigo que, turbando la vista y zumbando en el o\u00eddo, parec\u00eda transtornarlas por completo.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Entonces, a la manera que se oye hablar entre sue\u00f1os con un eco lejano y confuso, les pareci\u00f3 percibir entre aquellos rumores sin nombre sonidos inarticulados, como los de un ni\u00f1o que quiere y no puede llamar a su madre; luego, palabras que se repet\u00edan una vez y otra, siempre lo mismo; despu\u00e9s, frases inconexas y dislocadas, sin orden ni sentido y por \u00faltimo &#8230; por \u00faltimo, comenzaron a hablar el viento vagando entre los \u00e1rboles y el agua saltando de risco en risco.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Y hablaban as\u00ed:<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El agua: !mujer, mujer ! \u00a1\u00d3yeme &#8230;, \u00f3yeme y ac\u00e9rcate para o\u00edrme que yo besar\u00e9 tus pies mientras tiemblo al copiar tu imagen en el fondo sombr\u00edo de mis ondas \u00a1 \u00f3yeme, que mis murmullos son palabras.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El viento: \u00a1Ni\u00f1a! !ni\u00f1a gentil, levanta tu cabeza, d\u00e9jame en paz besar tu frente, en tanto que agito tus cabellos!, ni\u00f1a gentil, esc\u00fachame, que yo s\u00e9 hablar tambi\u00e9n y te murmurar\u00e9 al o\u00eddo frases cari\u00f1osas.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Marta: !Habla, que yo te comprender\u00e9, porque mi inteligencia flota en un v\u00e9rtigo como flotan tus palabras indecisas! , habla misteriosa corriente.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Magdalena: Tengo miedo. !Aire de la noche, aire de perfumes, refresca mi frente que arde! Dime algo que me infunda valor, porque mi esp\u00edritu vacila.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El agua: Yo he cruzado el tenebroso seno de la tierra, he sorprendido el secreto de su maravillosa fecundidad y conozco todos los fen\u00f3menos de sus entra\u00f1as, donde germinan las futuras creaciones. Mi rumor adormece y despierta. Despierta t\u00fa, que lo comprendes.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El viento: Yo soy el aire que mueve los \u00e1ngeles con sus alas inmensas al cruzar por el espacio. Yo amontono en el Occidente las nubes que ofrecen al sol un lecho de p\u00farpura y traigo al amanecer, con las neblinas que se deshacen en gotas, una lluvia de perlas sobre las flores. Mis suspiros son un b\u00e1lsamo. \u00c1breme tu coraz\u00f3n y lo inundare de felicidad.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Marta: cuando yo o\u00ed por primera vez el murmullo de una corriente subterr\u00e1nea, no en balde me inclinaba a la tierra prest\u00e1ndole o\u00eddo. Con ella iba un misterio que yo deb\u00eda comprender al cabo.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Magdalena: Suspiros del viento, yo os conozco vosotros me acariciabais dormida cuando, fatigada por el llanto, me rend\u00eda al sue\u00f1o en mi ni\u00f1ez y vuestro rumor se me figuraban palabras de una madre que arrulla a su hija.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El agua enmudeci\u00f3 por algunos instantes, y no sonaba sino como agua que se rompe entre pe\u00f1as. El viento call\u00f3 tambi\u00e9n, y su ruido no fue otra cosa que ruido de hojas movidas. As\u00ed pas\u00f3 alg\u00fan tiempo, y despu\u00e9s volvieron a hablar, y hablaron as\u00ed:<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El agua: despu\u00e9s de infiltrarme gota a gota a trav\u00e9s del fil\u00f3n de oro de una mina inagotable, despu\u00e9s de correr por un lecho de plata y saltar como sobre guijarros entre un sinn\u00famero de zafiros y amatistas, arrastrando, en vez de arenas, diamantes y rub\u00edes, me he unido en misterioso consorcio a un genio. rica con su poder y con las ocultas virtudes de las piedras preciosas y los metales, de cuyos \u00e1tomos vengo saturada, puedo ofrecerte cuanto ambicionas. Yo tengo la fuerza de un conjuro, el poder de un talism\u00e1n y la virtud de las siete piedras y los siete colores.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El viento: yo vengo de vagar por la llanura, y como la abeja que vuelve a la colmena con su bot\u00edn de perfumadas mieles, traigo suspiros de mujer, plegarias de ni\u00f1o, palabras de casto amor y aromas de nardos y azucenas silvestres. Yo no he recogido a mi paso m\u00e1s que perfumes y ecos de armon\u00edas. Mis tesoros son inmateriales: pero ellos dan la paz del alma y la vaga felicidad de los sue\u00f1os venturosos.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Mientras su hermana, atra\u00edda como por un encanto se inclinaba al borde de la fuente para o\u00edr mejor, Magdalena se iba instintivamente separando de los riscos entre los cuales brotaba el manantial.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Ambas ten\u00edan sus ojos fijos, la una en el fondo de las aguas, la otra en el fondo del cielo.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Y exclamaba Magdalena, mirando brillar los luceros en la altura:<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Esos son los nimbos de la luz de los \u00e1ngeles invisibles que nos custodian.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 En tanto dec\u00eda Marta, viendo temblar en la linfa de la fuente el reflejo de las estrellas:<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Esas son las part\u00edculas de oro que arrastra el agua en su misterioso curso.<\/p>\n<p>El manantial y el viento, que por segunda vez hab\u00edan enmudecido un instante, tornaron a hablar, y dijeron:<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El agua: remonta mi corriente, desn\u00fadate del temor como de una vestidura grosera y osa traspasar los umbrales de lo desconocido. Yo he adivinado que tu esp\u00edritu es de la esencia de los esp\u00edritus superiores. La envidia te habr\u00e1 arrojado tal vez del cielo para revolcarte en el lodo de la miseria. Yo veo, sin embargo, en tu frente sombr\u00eda un sello de altivez que te hace digna de nosotros, esp\u00edritus fuertes y libres &#8230; Ven, yo te voy a ense\u00f1ar palabras m\u00e1gicas de tal virtud, que al pronunciarlas se abrir\u00e1n las rosas y te brindar\u00e1n con los diamantes que est\u00e1n en su seno, como las perlas en las conchas que sacan del donde del mar los pescadores. Ven; te dar\u00e9 tesoros para que vivas feliz, y m\u00e1s tarde, cuando se quiebre la c\u00e1rcel que lo aprisiona, tu esp\u00edritu se asimilara a los nuestros, que son esp\u00edritus hermanos, y todos confundidos, serenos la fuerza motora, el rayo vital de la creaci\u00f3n, que circula como un fluido por sus arterias subterr\u00e1neas.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El viento: el agua lame la tierra y vive en el cieno. Yo discurro por las regiones et\u00e9reas y vuelo en el espacio sin limites. Sigue los movimientos de tu coraz\u00f3n, deja que tu alma suba como la llama y las azules espirales del humo. !Desdichado el que, teniendo alas, desciende de las profundidades para buscar el oro, pudiendo remontarse a la altura para encontrar amor\u00a0 y sentimiento!.<\/p>\n<p>Vive oscura como la violeta, que yo te traer\u00e9 en un beso fecundo el germen vivificador de otra flor hermana tuya y rasgar\u00e9 las nieblas para que no falte un rayo de sol que ilumine tu alegr\u00eda. Vive oscura, vive ignorada, que cuando tu esp\u00edritu se desate, yo lo subir\u00e9 a las regiones de la luz en una nube roja.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Callaron el viento y el agua y apareci\u00f3 el gnomo. El gnomo era un hombrecillo transparente, una especie de enano de luz semejante a un fuego fatuo, que se re\u00eda a carcajadas, sin ruido, y saltaba de pe\u00f1a en pe\u00f1a y mareaba con su vertiginosa movilidad. Unas veces se sumerg\u00eda en el agua y continuaba brillando en el fondo como una joya de piedras de mil colores, otras sal\u00eda a la superficie y agitaba los pies y las manos, y sacud\u00eda la cabeza a un lado y a otro con una rapidez que tocaba en prodigio.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Marta vio al gnomo y le estuvo siguiendo con la vista extraviada en todas sus extravagantes evoluciones y cuando el diab\u00f3lico esp\u00edritu se lanz\u00f3 al fin por entre las escabrosidades del Moncayo como una llama que corre, agitando su cabellera de chispas, sinti\u00f3 una especie de atracci\u00f3n irresistible y sigui\u00f3 tras \u00e9l con una carrera fren\u00e9tica.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 !Magdalena!, dec\u00eda en tanto el aire, que se alejaba lentamente.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Y Magdalena\u00a0 paso a paso y como una son\u00e1mbula guiada en el sue\u00f1o por una voz amiga, sigui\u00f3 tras la r\u00e1faga, que iba suspirando por la llanura. Despu\u00e9s todo qued\u00f3 otra vez en silencio en la oscura alameda, y el viento y el agua siguieron resonando con los murmullos y los rumores de siempre.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Magdalena torn\u00f3 al lugar p\u00e1lida y llena de asombro. A Marta la esperaron en vano toda la noche.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0 Cuando lleg\u00f3 la tarde del otro d\u00eda, las muchachas encontraron un c\u00e1ntaro roto al borde de la fuente de la alameda. Era el c\u00e1ntaro de Marta, de la cual nunca volvi\u00f3 a saberse. Desde entonces las muchachas del lugar van por agua tan temprano, que madrugan con el sol. algunas me han asegurado que de noche se ha o\u00eddo en m\u00e1s de una ocasi\u00f3n el llanto de Marta, cuyo esp\u00edritu vive aprisionado en la fuente. Yo no s\u00e9 qu\u00e9 cr\u00e9dito dar a esta \u00faltima parte de la historia , porque la verdad es que desde entonces ninguno se ha atrevido a penetrar para o\u00edrlo en la alameda despu\u00e9s del toque de avemar\u00eda.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(Leyenda de Arag\u00f3n)\u00a0 \u00a0\u00a0\u00a0 Las muchachas del lugar volv\u00edan de la fuente con sus c\u00e1ntaros en la cabeza. Volv\u00edan cantando y riendo con un ruido y una algazara de una banda de golondrinas cuando revolotean espesas como el granizo alrededor de la veleta de un campanario. \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 En el p\u00f3rtico\u2026<\/p>\n<p class=\"continue-reading-button\"> <a class=\"continue-reading-link\" href=\"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cel-gnomo%e2%80%9d-gustavo-adolfo-becquer\/\">Seguir leyendo&#8230;<i class=\"crycon-right-dir\"><\/i><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":75,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"rop_custom_images_group":[],"rop_custom_messages_group":[],"rop_publish_now":"initial","rop_publish_now_accounts":{"twitter_226634691_226634691":""},"rop_publish_now_history":[],"rop_publish_now_status":"pending","_uag_custom_page_level_css":"","footnotes":""},"categories":[5,1109],"tags":[1010,1016,1012,1015,1034,1017,1052,1115,1045,1014,1138,1051,1025],"class_list":["post-1007","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-literatura","category-textos-literarios","tag-amor","tag-arte","tag-ave","tag-flor","tag-guerra","tag-historia","tag-iglesia","tag-jovenes","tag-leyenda","tag-naturaleza","tag-patrimonio-2","tag-planta","tag-rosa"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.4 - 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