{"id":1005,"date":"2010-12-10T17:54:12","date_gmt":"2010-12-10T15:54:12","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cultureduca.com\/blog\/?p=1005"},"modified":"2010-12-10T17:54:12","modified_gmt":"2010-12-10T15:54:12","slug":"%e2%80%9cel-beso%e2%80%9d-gustavo-adolfo-becquer","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cel-beso%e2%80%9d-gustavo-adolfo-becquer\/","title":{"rendered":"\u201cEl beso\u201d [Gustavo Adolfo B\u00e9cquer]"},"content":{"rendered":"<p>( Leyenda de Toledo)\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0 Cuando una parte del ej\u00e9rcito franc\u00e9s se apoder\u00f3 a principios de este siglo de la hist\u00f3rica Toledo, sus jefes, que ignoraban el peligro a que se expon\u00edan\u00a0 en las poblaciones espa\u00f1olas disemin\u00e1ndose en alojamientos separados, comenzaron por habilitar para cuarteles los m\u00e1s grandes y mejores edificios de la ciudad.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Despu\u00e9s de ocupado el suntuoso alc\u00e1zar de Carlos V, ech\u00f3se mano de la Casa de Consejos: y cuando \u00e9sta no pudo contener m\u00e1s gente, comenzaron a invadir el asilo de las comunidades religiosas, acabando a la postre por transformar en cuadras hasta las iglesias consagradas al culto. En esta conformidad se encontraban las cosas en la poblaci\u00f3n donde tuvo lugar el suceso que voy a referir, cuando una noche, ya a hora bastante avanzada, envueltos en sus oscuros capotes de guerra y ensordeciendo las estrechas y solitarias calles que conducen desde la Puerta del Sol de Zocodover, con el choque de sus armas y el ruidoso golpear de los cascos de sus corceles, que sacaban chispas de los pedernales, entraron en la ciudad hasta unos cien dragones de aquellos altos, arrogantes y fornidos de que todav\u00eda nos hablan con admiraci\u00f3n nuestras abulas.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Mandaba la fuerza un oficial bastante joven, el cual iba como a distancia de unos treinta\u00a0 pasos de su gente, hablando a media voz con otro, tambi\u00e9n militar, a lo que pod\u00eda colegirse por su traje. Este, que caminaba a pie delante de su interlocutor, llevando en la mano un farolillo, parec\u00eda servirle de gu\u00eda por entre aquel laberinto de calles oscuras, enmara\u00f1adas y revueltas.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Con verdad, dec\u00eda el\u00a0 jinete a su acompa\u00f1ante, que si el alojamiento que se nos prepara es tal y como me lo pintas, casi casi ser\u00eda preferible arrancharnos en el campo o en medio de una plaza.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00bfY qu\u00e9 quer\u00e9is mi capit\u00e1n?, contest\u00f3le el gu\u00eda que efectivamente era un sargento aposentador. En el alc\u00e1zar no cabe ya un gramo de trigo, cuando m\u00e1s un hombre; San Juan de los Reyes no digamos, porque hay celda de fraile en la que duermen quince h\u00fasares. el convento adonde voy a conduciros no era mal local, pero har\u00e1 cosa de tres o cuatro d\u00edas nos cay\u00f3 aqu\u00ed como de las nubes una de las columnas volantes que recorren la provincia, y gracias que hemos podido conseguir que se amontonen por los claustros y dejen libre la iglesia.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 En fin, exclam\u00f3 el oficial, despu\u00e9s de un corto silencio y como resign\u00e1ndose con el extra\u00f1o alojamiento que la casualidad le deparaba; m\u00e1s vale inc\u00f3modo que ninguno. De todas maneras, si llueve, que no ser\u00e1 dif\u00edcil seg\u00fan se agrupan las nubes, estaremos a cubierto y algo es algo.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Interrumpida la conversaci\u00f3n en este punto, los jinetes, precedidos del gu\u00eda., siguieron en silencio el camino adelante hasta llegar a una plazuela, en cuyo fondo se destacaba la negra silueta del convento con su torre morisca, su campanario de espada\u00f1a, su c\u00fapula ojival y sus tejados desiguales y oscuros.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 He aqu\u00ed vuestro alojamiento, exclam\u00f3 el aposentador al divisarle y dirigi\u00e9ndose al capit\u00e1n, que despu\u00e9s que hubo mandado hacer algo a la tropa, ech\u00f3 pie a tierra, torn\u00f3 al farolillo de manos del gu\u00eda y se dirigi\u00f3 hac\u00eda el punto que \u00e9ste le se\u00f1alaba.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Comoquiera que la iglesia del convento estaba completamente desmantelada, los soldados que ocupaban el resto del edificio hab\u00edan cre\u00eddo que las puertas le eran ya\u00a0 poco menos que in\u00fatiles, y un tablero hoy, otro ma\u00f1ana, hab\u00edan ido arranc\u00e1ndolas pedazo a pedazo para hacer hogueras con que calentarse por las noches.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Nuestro joven oficial no tuvo, pues, que torcer llaves ni descorrer cerrojos para penetrar en el interior del templo.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 A la luz del farolillo, cuya dudosa claridad se perd\u00eda entre las espesas sombras de las naves y dibujaba con gigantescas proporciones sobre el muro la fant\u00e1stica sombra del sargento aposentador, que iba precedi\u00e9ndole, recorri\u00f3 la iglesia de arriba abajo, y escudri\u00f1\u00f3 una por una todas sus desiertas capillas, hasta que una vez hecho cargo del local mand\u00f3 echar pie a tierra a su gente, y hombres y caballos revueltos, fue acomod\u00e1ndola como mejor pudo.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Seg\u00fan dejamos dicho, la iglesia estaba completamente desmantelada; en el altar mayor pend\u00edan a\u00fan de las altas cornisas los rotos jirones del velo con que le hab\u00edan cubierto los religiosos al abandonar aquel recinto; diseminados por las naves ve\u00edanse algunos retablos adosados al muro, sin im\u00e1genes en las hornacinas; en el coro se dibujaban con un ribete de luz los extra\u00f1os perfiles de la oscura siller\u00eda de alerce; en el pavimento, destrozado en varios puntos, distingu\u00edanse a\u00fan anchas losas sepulcrales llenas de timbres, escudos y largas inscripciones g\u00f3ticas; y all\u00e1 a lo lejos, en el fondo de las silenciosas capillas y a lo largo del crucero, se destacaban confusamente entre la oscuridad, semejantes a blancos e inm\u00f3viles fantasmas, las estatuas de piedra, que, unas tendidas, otras de hinojos sobre el m\u00e1rmol de sus tumbas, parec\u00edan ser los \u00fanicos habitantes del ruinoso edificio.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 A cualquier otro menos molido que el oficial de dragones, el cual tra\u00eda una jornada de catorce leguas en el cuerpo, o menos acostumbrado a ver estos sacrilegios como la cosa m\u00e1s natural del mundo, hubi\u00e9ranle bastado dos adarmes de imaginaci\u00f3n para no pegar los ojos en toda la noche en aquel oscuro e imponente recinto, donde las blasfemias de los soldados que se quejaban en voz alta del improvisado cuartel, el met\u00e1lico golpe de las espuelas, que resonaban sobre las anchas losas sepulcrales del pavimento, el ruido de los caballos que piafaban impacientes, cabeceando y haciendo sonar las cadenas con que estaban sujetos a los pilares, formaban un rumor extra\u00f1o y temeroso que se dilataba por todo\u00a0 el \u00e1mbito de la iglesia y se reproduc\u00eda cada vez m\u00e1s confuso, repetido de eco en eco en sus altas b\u00f3vedas.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Pero nuestro h\u00e9roe, aunque joven, estaba ya tan familiarizado con estas peripecias de la vida de campa\u00f1a, que apenas hubo acomodado a su gente, mand\u00f3 colocar un saco de forraje al pie de la grada del presbiterio, y arrebuj\u00e1ndose como mejor pudo en su capote y echando la cabeza en el escal\u00f3n, a los cinco minutos roncaba con m\u00e1s tranquilidad que el mismo rey Jos\u00e9 en su palacio de Madrid.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Los soldados, haci\u00e9ndose almohadas de las monturas, imitaron su ejemplo , y poco a poco fue apag\u00e1ndose el murmullo de sus voces.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 A la media hora s\u00f3lo se o\u00edan los ahogados gemidos del aire que entraba por las rotas vidrieras de las ojivas del templo, el atolondrado revolotear de las aves nocturnas que ten\u00edan sus nidos en el dosel de piedra de las esculturas de los muros, y el alternado rumor de los pasos del vigilante que se paseaba envuelto en los anchos pliegues de su capote, a lo largo del p\u00f3rtico.<\/p>\n<p>En la \u00e9poca a que se remonta la relaci\u00f3n de esta historia, tan ver\u00eddica como extraordinaria,, lo mismo que al presente, para los que no sab\u00edan apreciar los tesoros de arte que encierran sus muros, la ciudad de Toledo no era m\u00e1s que un poblach\u00f3n destartalado, antiguo, ruinoso e insufrible.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Los oficiales del ej\u00e9rcito franc\u00e9s, que a juzgar por los actos de vandalismo con que dejaron en ella triste y perdurable memoria de su ocupaci\u00f3n, de todo ten\u00edan menos de artistas o arque\u00f3logos; no hay para qu\u00e9 decir que se fastidiaban soberanamente en la vetusta ciudad de los C\u00e9sares.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 En esta situaci\u00f3n de \u00e1nimo, la m\u00e1s insignificante novedad que viniese a romper la mon\u00f3tona quietud de aquellos d\u00edas eternos e iguales era acogida con avidez entre los ociosos; as\u00ed es que promoci\u00f3n al grado inmediato de uno de sus camaradas, la noticia del movimiento estrat\u00e9gico de una columna volante, la salida de un correo de gabinete o la llegada de una fuerza cualquiera a la ciudad, convert\u00edanse en tema fecundo de conversaci\u00f3n y objeto de toda clase de comentarios, hasta tanto que otro incidente ven\u00eda a sustituirle, sirviendo de base a nuevas quejas, cr\u00edticas y suposiciones.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Como era de esperar, entre los oficiales que, seg\u00fan ten\u00edan costumbre, acudieron al d\u00eda siguiente a tomar el sol y a charlar un rato en el Zocodover, no se hizo platillo de otra cosa que de la llegada de los dragones, cuyo jefe dejamos en el anterior capitulo durmiendo a pierna suelta y descansando de las fatigas de su viaje. Cerca de un hora hac\u00eda que la conversaci\u00f3n giraba alrededor de este asunto, y ya comenzaba a interpretarse de diversos modos la ausencia del reci\u00e9n venido, a quien uno de los presentes, antiguo compa\u00f1ero suyo del colegio, hab\u00eda citado para el Zocodover, cuando en una de las bocacalles de la plaza apareci\u00f3 al fin nuestro bizarro capit\u00e1n, despojado de su ancho capot\u00f3n de guerra, luciendo un gran casco de metal con penacho de plumas blancas, una casaca azul turqu\u00ed con vueltas rojas y un magn\u00edfico mandoble con va\u00edna de acero, que resonaban arrastr\u00e1ndose al comp\u00e1s de sus marciales pasos y del golpe seco y agudo de sus espuelas de oro.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Apenas le vio su camarada, sali\u00f3 a su encuentro para saludarle, y con \u00e9l se adelantaron casi todos los que a la saz\u00f3n se encontraban en el corrillo, en quienes hab\u00eda despertado la curiosidad y la gana de conocerle, los pormenores que ya hab\u00edan o\u00eddo referir acerca de su car\u00e1cter original y extra\u00f1o.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Despu\u00e9s de los estrechos abrazos de costumbre y de las exclamaciones, pl\u00e1cemes y preguntas de rigor en estas entrevistas; despu\u00e9s de hablar largo y tendido sobre las novedades que andaban por Madrid, la varia fortuna de la guerra y los amigotes muertos o ausentes, rodando de uno en otro asunto la conversaci\u00f3n vino a para el tema obligado, esto es, las penalidades del servicio, la falta de distracciones de la ciudad y el inconveniente de los alojamientos.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Al llegar a este punto, uno de los de la reuni\u00f3n que por lo visto, ten\u00eda noticia del mal talante con que el joven oficial se hab\u00eda resignado a acomodar su gente en la abandonada iglesia, le dijo con aire de zumba:<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Y a prop\u00f3sito del alojamiento, \u00bfqu\u00e9 tal se ha pasado la noche en el que ocup\u00e1is?<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Ha habido de todo, contest\u00f3 el interpelado, pues si bien es verdad que no he dormido gran cosa, el origen de mi vigilia merece la pena de la velada. El insomnio junto a una mujer bonita no es seguramente el peor de los males.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a1Una mujer!, repiti\u00f3 su interlocutor, como admir\u00e1ndose de la buena fortuna del reci\u00e9n venido. Eso es lo que se llama llegar y besar el santo.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Ser\u00e1 tal vez alg\u00fan antiguo amor de la corte que le sigue a Toledo para hacerle m\u00e1s soportable el ostracismo, a\u00f1adi\u00f3 otro de los del grupo.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a1Oh, no!, dijo entonces el capit\u00e1n, nada menos que eso. Juro, a fe de quien soy, que no la conoc\u00eda y que nunca cre\u00ed hallar tan bella patrona en tan inc\u00f3modo alojamiento. Es todo lo que se llama una verdadera aventura.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a1Contadla! \u00a1contadla!, exclamaron en coro los oficiales que rodeaban al capit\u00e1n, y como \u00e9ste se dispusiera a hacerlo as\u00ed, todos prestaron la mayor atenci\u00f3n a sus palabras, mientras \u00e9l comenz\u00f3 la historia en estos t\u00e9rminos.<br \/>\n\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 dorm\u00eda esta noche pasada como duerme un hombre que trae en el cuerpo trece leguas de camino, cuando he aqu\u00ed que en lo mejor del sue\u00f1o me hizo despertar sobresaltado e incorporarme sobre el codo un estruendo horrible, un estruendo tal que me ensordeci\u00f3 un instante para dejarme despu\u00e9s los o\u00eddos zumbando cerca de un minuto, como si un moscard\u00f3n me cantase a la oreja.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Como os habr\u00e9is figurado, la causa de mi susto era el primer golpe que o\u00eda de esa endiablada campana gorda, especie de sochantre de bronce, que los can\u00f3nigos de Toledo han colgado en su catedral con el laudable prop\u00f3sito de matar a disgustos a los necesitados de reposo.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Renegando entre los dientes de la campana y del campanero que toca, dispon\u00edame, una vez apagado aquel ins\u00f3lito y temeroso rumor, a seguir nuevamente el hilo del interrumpido sue\u00f1o, cuando vino a herir mi imaginaci\u00f3n y a ofrecerse ante mis ojos\u00a0 una cosa extraordinaria. A la dudosa luz de la luna que entraba en el templo por el estrecho ajimez del muro de la capilla mayor, vi una mujer arrodillada junto al altar.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Los oficiales se miraron entre s\u00ed con expresi\u00f3n entre asombrada e incr\u00e9dula; el capit\u00e1n, sin atender al efecto que su narraci\u00f3n produc\u00eda continu\u00f3 de este modo:\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 no pod\u00e9is figuraros nada semejante a aquella nocturna y fant\u00e1stica visi\u00f3n que se dibujaba confusamente en la penumbra de la capilla, como esas v\u00edrgenes pintadas en los vidrios de colores que habr\u00e9is visto alguna vez destacarse a lo lejos, blancas y luminosas, sobre el oscuro fondo de las catedrales.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Su rostro, ovalado, en donde se ve\u00eda impreso el sello de una leve y espiritual demacraci\u00f3n; sus armoniosas facciones llenas de una suave y melanc\u00f3lica dulzura; su intensa palidez, las pur\u00edsimas l\u00edneas de su contorno esbelto, su adem\u00e1n reposado y noble, su traje blanco y flotante, me tra\u00edan a la memoria esas mujeres que yo so\u00f1aba cuando era casi un ni\u00f1o. !Casta\u00f1as y celestes im\u00e1genes , quim\u00e9rico objeto del vago amor de la adolescencia!. Yo me cre\u00eda juguete de una adulaci\u00f3n, y sin quitarle un punto los ojos ni aun osaba respirar, temiendo que un soplo desvaneciese el encanto. Ella permanec\u00eda inm\u00f3vil.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Antoj\u00e1baseme al verla tan di\u00e1fana y luminosa que no era una criatura terrenal, sino un esp\u00edritu que, revistiendo por un instante la forma humana, hab\u00eda descendido en el rayo de la luna, dejando en el aire y en por de si la azulada estela que desde el alto ajimez bajaba verticalmente hasta el pie del opuesto muro, rompi\u00e9ndose la oscura sombra de aquel recinto l\u00f3brego y misterioso.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Pero &#8230;, exclam\u00f3 interrumpi\u00e9ndole su camarada de colegio, que comenzando por echar a broma la historia, hab\u00eda concluido interes\u00e1ndose con su relato \u00bfc\u00f3mo estaba all\u00ed aquella mujer? \u00bfno le dijiste nada? \u00bfno te explic\u00f3 su presencia en aquel sitio?<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 No me determin\u00e9 a hablarle, porque estaba seguro de que no hab\u00eda de contestarme, ni verme, ni o\u00edrme.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00bfEra sorda?, \u00bfera ciega?, \u00bfera muda?, exclamaron a un tiempo tres o cuatro de los que escuchaban la relaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Lo era todo a la vez, exclam\u00f3 al fin el capit\u00e1n despu\u00e9s de un momento de pausa, porque era &#8230; de m\u00e1rmol.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Al o\u00edr el estupendo desenlace de tan extra\u00f1a aventura cuando hab\u00eda en el corro prorrumpieron a una ruidosa carcajada, mientras uno de ellos dijo al narrador de la peregrina historia, que\u00a0 era el \u00fanica que permanec\u00eda callado y en una grave actitud:<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a1Acab\u00e1ramos de una vez! lo que es de ese g\u00e9nero, tengo yo m\u00e1s de un millas, un verdadero serrallo, en San Juan de los Reyes; serrallo que desde ahora pongo a vuestra disposici\u00f3n, ya que a lo que parece, tanto os da de una mujer de carne como de piedra.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a1Oh no!, continu\u00f3 el capit\u00e1n, sin alterarse en lo m\u00e1s m\u00ednimo por las carcajadas de sus compa\u00f1eros: estoy seguro de que no pueden ser como la m\u00eda. La m\u00eda es una verdadera dama castellana que por un milagro de la escultura parece que no la han enterrado en un sepulcro, sino que a\u00fan permanece en cuerpo y alma de hinojos sobre la losa que la cubre, inm\u00f3vil, con las manos juntas en adem\u00e1n suplicante, sumergida en un \u00e9xtasis de m\u00edstico amor.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 De tal modo te explicas, que acabar\u00e1s por\u00a0 probarnos la verosimilitud de la f\u00e1bula de Galatea.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Por mi parte, puedo deciros que siempre la cre\u00ed una locura, m\u00e1s desde anoche comienzo a comprender la pasi\u00f3n del escultor griego.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Dadas las especiales condiciones de tu nueva dama, creo que no tendr\u00e1s inconveniente en presentarnos a ella. De mi s\u00e9 decir que ya no vivo hasta ver esa maravilla. Pero &#8230; \u00bfqu\u00e9 diantre te pasa?&#8230; dir\u00edase que esquivas la presentaci\u00f3n, \u00a1ja, ja! bonito fuera que ya te tuvi\u00e9ramos hasta celoso.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Celoso, se apresur\u00f3 a decir el capit\u00e1n, celoso de los hombres, no &#8230; mas ved, sin embargo, hasta d\u00f3nde llega mi extravagancia. Junto a la imagen de esa mujer, tambi\u00e9n de m\u00e1rmol, grave y al parecer con vida como ella, hay un guerrero &#8230;, su marido sin duda &#8230; Pues bien lo voy a decir todo, aunque os mof\u00e9is de mi necedad &#8230; si no hubiera temido que me tratasen de loco, creo que ya lo habr\u00eda hecho cien veces pedazos.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Una nueva y a\u00fan m\u00e1s ruidosa carcajada de los oficiales salud\u00f3 esta original revelaci\u00f3n del estramb\u00f3tico enamorado de la dama de piedra.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Nada, nada, es preciso que la veamos, dec\u00edan los unos.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Si si, es preciso saber si el objeto corresponde a tan alta pasi\u00f3n, a\u00f1ad\u00edan los otros.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00bfCu\u00e1ndo nos reuniremos para echar un trago en la iglesias en que os aloj\u00e1is? exclamaron los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Cuando mejor os parezca, esta misma noche si quer\u00e9is, respondi\u00f3 el joven capit\u00e1n, recobrando su habitual sonrisa, disipada un instante por aquel rel\u00e1mpago de celos. A prop\u00f3sito, con los bagajes he tra\u00eddo hasta un par de docenas de botellas de champagne, verdadero champagne, restos de un regalo hecho a nuestro general de brigada, que, como sab\u00e9is es algo pariente.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 !Bravo, bravo!, exclamaron los oficiales a una voz prorrumpiendo en alegres exclamaciones.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a1Se beber\u00e1 vino del pa\u00eds!<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a1Y cantaremos una canci\u00f3n de Ronsard!<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Y hablaremos de mujeres, a prop\u00f3sito de la dama del anfitri\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Conque &#8230; hasta la noche.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Hasta la noche.<\/p>\n<p>\u00a0Ya hacia un largo rato que los pac\u00edficos habitantes de Toledo hab\u00edan cerrado con llave y cerrojo las pesadas puertas de sus antiguos caserones; la campana gorda de la catedral anunciaba la hora de la queda, y en lo alto del alc\u00e1zar, convertido en cuartel, se o\u00eda el \u00faltimo toque de silencio de los clarines, cuando diez o doce oficiales que poco a poco hab\u00edan ido reuni\u00e9ndose en el Zacodover tomaron el camino que conduce desde aquel punto al convento en que se alojaba el capit\u00e1n, animados m\u00e1s con la esperanza de apurar las comprometidas botellas que con el deseo de conocer la maravillosa escultura.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 La noche hab\u00eda cerrado sombr\u00eda y amenazadora; el cielo estaba cubierto de nubes de color de plomo; el aire, que zumbaba encarcelado en las estrechas y retorcidas calles, agitaba la moribunda luz del farolillo de los retablos, o hac\u00eda girar con un chirrido apagado las veletas de hierro de las torres.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Apenas los oficiales dieron vista a la plaza en que se hallaba situado el alojamiento de su nuevo amigo, \u00e9ste que les aguardaba impaciente, sali\u00f3 a encontrarles, y despu\u00e9s de cambiar algunas palabras a media voz, todos penetraron juntos en la iglesia, en cuyo l\u00f3brego recinto la escasa claridad de una linterna luchaba trabajosamente con las oscuras y espes\u00edsimas sombras.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 !Por quien soy!, exclam\u00f3 uno de los convidados tendiendo a su alrededor la vista, que el local es de lo menos a prop\u00f3sito del mundo para una fiesta.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Efectivamente, dijo otro, nos traes a conocer a una dama, y apenas si con mucha dificultad se ven los dedos de la mano.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Y con todo, hace un fr\u00edo que no parece sino que estamos en la Siberia, a\u00f1adi\u00f3 un tercero, arrebuj\u00e1ndose en el capote.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Calma, se\u00f1ores, calma, interrumpi\u00f3 el anfitri\u00f3n; calma, que a todo se proveer\u00e1. !Eh, muchacho!, prosigui\u00f3 dirigi\u00e9ndose a uno de sus asistentes, busca por ah\u00ed un poco de le\u00f1a, y enci\u00e9ndenos una buena fogata en la capilla mayor.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 el asistente, obedeciendo las \u00f3rdenes de su capit\u00e1n, comenz\u00f3 a descargar golpes en la siller\u00eda del coro, y despu\u00e9s que hubo reunido una gran cantidad de le\u00f1a, que fue apilando al pie de las gradas del presbiterio, tom\u00f3 la linterna y se dispuso a hacer un auto de fe con aquellos fragmentos tallados de riqu\u00edsimas labores, entre los que se ve\u00edan ,por aqu\u00ed, parte de una columnilla salom\u00f3nica, por all\u00e1, la imagen de un santo abad, al torso de una mujer o la disconforme cabeza de un grifo asomado entre hojarasca.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 A los pocos minutos, una gran claridad que de improvisto se derram\u00f3 por todo el \u00e1mbito de la iglesia, anunci\u00f3 a los oficiales que hab\u00eda llegado la hora de comenzar el fest\u00edn.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El capit\u00e1n que hac\u00eda los honores de su alojamiento con la misma ceremonia que hubiera hecho los de su casa, exclam\u00f3, dirigi\u00e9ndose a los convidados:<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Si gust\u00e1is, pasaremos al buffet.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Sus camaradas, afectando la mayor gravedad, respondieron a la invitaci\u00f3n con un c\u00f3mico saludo, y se encaminaron a la capilla mayor precedidos del h\u00e9roe de la fiesta, que al llegar a la escalinata se detuvo un instante, y extendiendo la mano en direcci\u00f3n al sitio que ocupaba la tumba, les dijo con la finura m\u00e1s exquisita:<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Tengo el placer de presentaros a la dama de mis pensamientos. Creo que convinieseis conmigo en que no he exagerado su belleza.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Los oficiales volvieron los ojos al punto que les se\u00f1alaba su amigo, y una exclamaci\u00f3n de asombro se escap\u00f3 involuntariamente de todos los labios.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 En el fondo de una arco sepulcral revestido de m\u00e1rmoles negros, arrodillada delante de un reclinatorio con las manos juntas y la cara vuelta hacia el altar, vieron, en efecto, la imagen de una mujer tan bella que jam\u00e1s sali\u00f3 otra igual de manos de un escultor, ni el deseo pudo pintarla en la fantas\u00eda m\u00e1s soberanamente hermosa.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 !En verdad que es un \u00e1ngel!, exclam\u00f3 uno de ellos.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 !L\u00e1stima que sea de m\u00e1rmol!, a\u00f1adi\u00f3 otro.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 No hay duda que aunque no sea m\u00e1s que la ilusi\u00f3n de hallarse junto a una mujer de este calibre, es lo suficiente para no pegar los ojos en toda la noche.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00bfY no sab\u00e9is qui\u00e9n es ella?, preguntaron algunos de los que contemplaban la estatua al capit\u00e1n, que sonre\u00eda satisfecho de su triunfo.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Recordando un poco del lat\u00edn que en mi ni\u00f1ez supe, he conseguido, a duras penas, descifrar la inscripci\u00f3n de la tumba, contest\u00f3 el interpelado; a lo que he podido colegir, pertenece a un t\u00edtulo de Castilla, famoso guerrero que hizo la campa\u00f1a con el Gran Capit\u00e1n. Su nombre lo he olvidado; mas su esposa, que es la que veis, se llama do\u00f1a Elvira de Casta\u00f1eda, y por mi fe que si la copia se parece al original, debi\u00f3 ser la mujer m\u00e1s notable de su siglo.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Despu\u00e9s de estas breves explicaciones, los convidados, que no perd\u00edan de vista al principal objeto de la reuni\u00f3n, procedieron a destapar algunas de las botellas, y sent\u00e1ndose alrededor de la lumbre, empez\u00f3 a andar el vino a la ronda.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 A medida que las liberaciones se hac\u00edan m\u00e1s numerosas y frecuentes, y el vapor del espumoso champagne comenzaba a trastornar las cabezas, crec\u00edan la animaci\u00f3n, el ruido y la algazara de los j\u00f3venes, de los cuales \u00e9stos arrojaban a los monjes de granito adosados en los pilares los cascos de las botellas vac\u00edas, y aqu\u00e9llos cantaban a toda voz canciones b\u00e1quicas y escandalosas, mientras los de m\u00e1s all\u00e1 prorrump\u00edan en carcajadas, bat\u00edan las palmas en se\u00f1al de aplausos o disputaban entre s\u00ed con blasfemias y juramentos.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El capit\u00e1n beb\u00eda en silencio como un desesperado y sin apartar los ojos de la estatua de do\u00f1a Elvira.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Iluminada por el rojizo resplandor de la hoguera y a trav\u00e9s del confuso velo que la embriaguez hab\u00eda\u00a0 puesto delante de su vista, parec\u00edale que la marm\u00f3rea imagen se transformaba a veces en una mujer real; parec\u00edale que entreabr\u00eda los labios como murmurando una oraci\u00f3n; que se alzaba su pecho como oprimido y sollozante ; que cruzaba las manos con m\u00e1s fuerte; que sus mejillas se coloreaban, en fin como si se ruborizase ante aquel sacrilegio y repugnante espect\u00e1culo.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Los oficiales que advirtieron la taciturna tristeza de su camarada, le sacaron del \u00e9xtasis en que se encontraba sumergido, y present\u00e1ndole una copa, exclamaron en coro:<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 !Vamos brindad vos, que sois el \u00fanico que no lo ha hecho en toda la noche!<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El joven tom\u00f3 la copa, y poni\u00e9ndose en pie y alz\u00e1ndola en alto, dijo encar\u00e1ndose con la estatua del guerrero arrodillado junto a do\u00f1a Elvira.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a1Brindo por el emperador, y brindo por la fortuna de sus armas, merced a las cuales hemos podido venir hasta el fondo de Castilla a cortejarle su mujer, en su misma tumba, a un vencedor de Ceri\u00f1ola!.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Los militares acogieron el brindis con una salva de aplausos, y el capit\u00e1n, balance\u00e1ndose, dio algunos pesos hac\u00eda el sepulcro.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 No &#8230; prosigui\u00f3 dirigi\u00e9ndose siempre a la estatua del guerrero, y con esa sonrisa est\u00fapida de la embriaguez, no creas que te tengo rencor alguno porque vea en ti un rival &#8230; al contrario, te admiro como un marido paciente, ejemplo de longanimidad y mansedumbre, y a mi vez quiero tambi\u00e9n ser generoso. T\u00fa ser\u00edas bebedor a fuer de soldado &#8230; no se ha de decir que te he dejado morir de ser, vi\u00e9ndonos vaciar veinte botellas &#8230; !toma!.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Y esto dici\u00e9ndole lev\u00f3le la copa a los labios, y despu\u00e9s de humedec\u00e9rselos con el licor que conten\u00eda le arroj\u00f3 el resto a la cara, prorrumpiendo en una carcajada estrepitosa al ver c\u00f3mo ca\u00eda el vino sobre la tumba goteando de las barbas de piedra del inm\u00f3vil guerrero.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a1Capit\u00e1n!, exclam\u00f3 en aquel punto uno de sus camaradas en tono de zumba, cuidado con lo que hac\u00e9is mirad que esas bromas con la gente de piedra suelen costar caras &#8230; Acordaos de lo que aconteci\u00f3 a los h\u00fasares del 5 en el monasterio de Poblet &#8230; Los guerreros del claustro dicen que pusieron mano una noche a sus espadas de granito y dieron que hacer a los que se entreten\u00edan en pintarles bigotes con carb\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Los j\u00f3venes acogieron con grandes carcajadas esta ocurrencia: pero el capit\u00e1n, sin hacer caso de sus risas, continu\u00f3 siempre fijo en la misma idea:<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00bfCrees que yo le hubiera dado el vino, a no saber que se tragaba al menos el que le cayese en la boca &#8230;?\u00a0 \u00a1oh &#8230;! \u00a1no! yo no creo, como vosotros, que estas estatuas son un pedazo de m\u00e1rmol tan inerte hoy como el d\u00eda en que lo arrancaron de la cantera. Indudablemente, el artista, que es casi un dios, da a su obra un soplo de vida que no logra hacer que ande y se mueva, pero que le infunde una vida incomprensible y extra\u00f1a, vida que yo no me explico bien, pero que la siento, sobre todo cuando bebo un poco.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a1Magnifico!, exclamaron sus camaradas, bebe y prosigue.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El oficial bebi\u00f3, y fijando los ojos en la imagen de do\u00f1a Elvira, prosigui\u00f3 con la exaltaci\u00f3n creciente:<br \/>\n\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a1Miradla&#8230;! \u00a1Miradla &#8230;! \u00bfno veis esos cambiantes rojos de sus carnes m\u00f3rbidas y transparentes &#8230;? \u00bfno parece que por debajo de esa ligera epidermis azuladas y suave de alabastro circula un fluido de luz color de rosa &#8230;? \u00bfquer\u00e9is m\u00e1s realidad &#8230;?<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a1Oh!, s\u00ed, seguramente, dijo uno de los que le escuchaban, quisi\u00e9ramos que fuese de carne y hueso.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 !Carne y hueso&#8230;! !Miseria, podredumbre&#8230;!, exclam\u00f3 el capit\u00e1n. Yo he sentido en org\u00eda arder mis labios y mi cabeza; yo he sentido este fuego que corre por las venas hirvientes como la lava de un volc\u00e1n, cuyos vapores caliginosos turban y transtornan el cerebro y hacen ver visiones extra\u00f1as. Entonces el beso de esas mujeres materiales me quemaba como un hierro candente, y las apartaba de mi con disgusto, con horror, hasta con asco; porque entonces, como ahora, necesitaba un soplo de brisa del mar para mi mente calurosa, beber hielo y besar nieve &#8230; ; nieve te\u00f1ida de suave luz, nieve coloreada por un dorado rayo de sol &#8230; ; una mujer blanca, hermosa y fr\u00eda, como esa mujer de piedra que parece incitarme con su fant\u00e1stica hermosura, que parece que oscila al comp\u00e1s de la llama, y me provoca entreabriendo sus labios y ofeci\u00e9ndome un tesoro de amor &#8230; \u00a1Oh &#8230;! si &#8230;; un beso &#8230;.,s\u00f3lo un beso tuyo podr\u00e1 calmar el ardor que me consume.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a1Capit\u00e1n&#8230;!, exclamaron algunos de los oficiales al verle dirigirse hac\u00eda la estatua como fuera de s\u00ed, extraviada la vista y con pasos inseguros, \u00bfqu\u00e9 locura vais a hacer?, \u00a1basta de bromas, y dejad en paz a los muertos!.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El joven ni oy\u00f3 siquiera las palabras de sus amigos, y tambaleando y como pudo lleg\u00f3 a la tumba y aproxim\u00f3se a la estatua, pero al tenderle los brazos reson\u00f3 un grito de horror en el templo. Arrojando sangre por ojos, boca, y nariz, hab\u00eda ca\u00eddo desplomado y con la cara deshecha al pie del sepulcro.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Los oficiales, mudos y espantados, ni se atrev\u00edan a dar un paso para prestarle socorro.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 En el momento en que su camarada intent\u00f3 acerca sus labios ardientes a los de do\u00f1a Elvira, hab\u00edan visto al inm\u00f3vil guerrero levantar la mano y derribarle con una espantosa bofetada de su guante de piedra.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>( Leyenda de Toledo)\u00a0 \u00a0\u00a0\u00a0 Cuando una parte del ej\u00e9rcito franc\u00e9s se apoder\u00f3 a principios de este siglo de la hist\u00f3rica Toledo, sus jefes, que ignoraban el peligro a que se expon\u00edan\u00a0 en las poblaciones espa\u00f1olas disemin\u00e1ndose en alojamientos separados, comenzaron por habilitar para cuarteles los m\u00e1s grandes y mejores\u2026<\/p>\n<p class=\"continue-reading-button\"> <a 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