{"id":1004,"date":"2010-12-10T17:52:59","date_gmt":"2010-12-10T15:52:59","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cultureduca.com\/blog\/?p=1004"},"modified":"2010-12-10T17:52:59","modified_gmt":"2010-12-10T15:52:59","slug":"%e2%80%9cla-cueva-de-la-mora%e2%80%9d-gustavo-adolfo-becquer","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-cueva-de-la-mora%e2%80%9d-gustavo-adolfo-becquer\/","title":{"rendered":"\u201cLa cueva de la mora\u201d [Gustavo Adolfo B\u00e9cquer]"},"content":{"rendered":"<p>Frente al establecimiento de ba\u00f1os de Fitero, y sobre unas rocas cortadas a pico, a cuyos pies corre el r\u00edo Alhama, se ven todav\u00eda los restos abandonados de un castillo \u00e1rabe, c\u00e9lebre en los fastos gloriosos de la reconquista por haber sido teatro de grandes y memorables haza\u00f1as, as\u00ed por parte de los que lo defendieron como de los que valerosamente clavaron sobre sus almenas el estandarte de la cruz. De los muros no quedan m\u00e1s que algunos ruinosos vestigios; las piedras de la atalaya han ca\u00eddo unas sobre otras al foso y lo han cegado por completo; en el patio de armas crecen zarzales y matas de jaramago; por todas partes adonde se vuelven los ojos no se ven m\u00e1s que arcos rotos, sillares oscuros y carcomidos; aqu\u00ed un lienzo de barbacana, entre cuyas hendiduras nace la yedra; all\u00ed un torre\u00f3n que a\u00fan se tiene en pie como por milagro; m\u00e1s all\u00e1 los postes de argamasa con las anillas de hierro que sosten\u00edan el puente colgante.<\/p>\n<p>Durante mi estancia en los ba\u00f1os, ya por hacer ejercicio, que, seg\u00fan me dec\u00edan, era conveniente al estado de mi salud, ya arrastrado por la curiosidad, todas las tardes tomaba entre aquellos vericuetos el camino que conduce a las ruinas de la fortaleza \u00e1rabe y all\u00ed me pasaba las horas y las horas escarbando el suelo por ver si encontraba algunas armas, dando golpes en los muros para observar si sonaba a hueco y sorprender el escondrijo de un tesoro, y meti\u00e9ndome por todos los rincones, con la idea de encontrar la entrada de alguno de esos subterr\u00e1neos que es fama existen en todos los castillos de los moros.<\/p>\n<p>Mis diligentes pesquisas fueron por dem\u00e1s infructuosas.<\/p>\n<p>Sin embargo, una tarde en que, ya desesperanzado de hallar algo nuevo y curioso en los alto de la roca sobre la que se asienta el castillo, renunci\u00e9 a subir a ella, y limit\u00e9 mi paseo a las orillas del r\u00edo que corre a sus pies, andando a lo largo de la ribera, vi una especie de boquer\u00f3n abierto en la pe\u00f1a viva y medio oculto por frondosos y espes\u00edsimos matorrales. No sin mi poquito de temor, separ\u00e9 el ramaje que cubr\u00eda la entrada de aquello que me pareci\u00f3 cueva formada por la naturaleza y que, despu\u00e9s que anduve algunos pasos, vi era un subterr\u00e1neo abierto a pico.<\/p>\n<p>No pudiendo penetrar hasta el fondo, que se perd\u00eda entre las sombras, me limit\u00e9 a observar cuidadosamente los accidentes de la b\u00f3veda y del piso, que me pareci\u00f3 que se elevaba formando como unos grandes pelda\u00f1os en direcci\u00f3n a la altura en que se halla el castillo de que ya he hecho menci\u00f3n, y en cuyas ruinas record\u00e9 entonces haber visto una poterna cegada. Sin duda, hab\u00eda descubierto uno de esos caminos secretos, tan comunes en las obras militares de aquella \u00e9poca, el cual debi\u00f3 servir para hacer salidas falsas o coger, estando sitiados, el agua del r\u00edo que corre all\u00ed inmediato.<\/p>\n<p>Para cerciorarme de la verdad que pudiera haber en mis inducciones, despu\u00e9s que sal\u00ed de la cueva por donde mismo hab\u00eda entrado, trab\u00e9 conversaci\u00f3n con un trabajador que andaba podando unas vi\u00f1as en aquellos vericuetos, y al cual me acerqu\u00e9 so pretexto de pedirle lumbre para encender un cigarrillo.<\/p>\n<p>Hablamos de varias cosas indiferentes: de las propiedades medicinales de las aguas de Fitero, de la cosecha pasada y la por venir, de las mujeres de Navarra y el cultivo de las vi\u00f1as; hablamos, en fin, de todo lo que al buen hombre se le ocurri\u00f3, primero que de la cueva, objeto de mi curiosidad.<\/p>\n<p>Cuando, por \u00faltimo, la conversaci\u00f3n recay\u00f3 sobre este punto, le pregunt\u00e9 si sab\u00eda de alguien que hubiese penetrado en ella y visto su fondo.<\/p>\n<p>-\u00a1Penetrar en la cueva de la Mora! -me dijo, como asombrado al o\u00edr mi pregunta-. \u00bfQui\u00e9n hab\u00eda de atreverse? \u00bfNo sabe usted que de esa sima sale todas las noches un \u00e1nima?<\/p>\n<p>-\u00a1Un \u00e1nima! -exclam\u00e9 yo, sonri\u00e9ndome-. \u00bfEl \u00e1nima de qui\u00e9n?<\/p>\n<p>&#8211; El \u00e1nima de la hija de un alcaide moro que anda todav\u00eda penando por estos lugares, y se la ve todas las noches salir vestida de blanco de esa cueva, y llena en el r\u00edo una jarrica de agua.<\/p>\n<p>Por explicaci\u00f3n de aquel buen hombre vine en conocimiento de que acerca del castillo \u00e1rabe y del subterr\u00e1neo que yo supon\u00eda en comunicaci\u00f3n con \u00e9l hab\u00eda alguna historieta, y como yo soy muy amigo de o\u00edr todas estas tradiciones especialmente de labios de la gente del pueblo, le supliqu\u00e9 me la refiriese, lo cual hizo, poco m\u00e1s o menos, en los mismos t\u00e9rminos que yo, a mi vez, se la voy a referir a mis lectores. Cuando el castillo, del que ahora s\u00f3lo restan algunas informes ruinas, se ten\u00eda a\u00fan por los reyes moros, y sus torres, de las que no ha quedado piedra sobre piedra, dominaban desde lo alto de la roca en que tienen asiento todo aquel fertil\u00edsimo valle que fecunda el r\u00edo Alhama, tuvo lugar junto a la villa de Fitero una re\u00f1ida batalla, en la cual cay\u00f3 herido y prisionero de los \u00e1rabes un famoso caballero cristiano, tan digno de renombre por su piedad como por su valent\u00eda.<\/p>\n<p>Conducido a la fortaleza y cargado de hierros por sus enemigos, estuvo algunos d\u00edas en el fondo de un calabozo luchando entre la vida y la muerte, hasta que, curado casi milagrosamente de sus heridas, sus deudos le rescataron a fuerza de oro.<\/p>\n<p>Volvi\u00f3 el cautivo a su hogar; volvi\u00f3 a estrechar entre sus brazos a los que le dieron el ser. Sus hermanos de armas y sus hombres de guerra se alborozaron al verle, creyendo llegada la hora de emprender nuevos combates; pero el alma del caballero se hab\u00eda llenado de una profunda melancol\u00eda, y ni el cari\u00f1o paterno ni los esfuerzos de la amistad eran parte a disipar su extra\u00f1a melancol\u00eda.<\/p>\n<p>Durante su cautiverio logr\u00f3 ver a la hija del alcaide moro, de cuya hermosura ten\u00eda noticias por la fama antes de conocerla; pero que cuando la hubo conocido la encontr\u00f3 tan superior a la idea que de ella se hab\u00eda formado, que no pudo resistir a la seducci\u00f3n de sus encantos y se enamor\u00f3 perdidamente de un objeto para \u00e9l imposible.<\/p>\n<p>Meses y meses pas\u00f3 el caballero forjando los proyectos m\u00e1s atrevidos y absurdos: ora imaginaba un medio de romper las barreras que lo separaban de aquella mujer, ora hac\u00eda los mayores esfuerzos por olvidarla, y ya se decid\u00eda por una cosa, ya se mostraba partidario de otra absolutamente opuesta, hasta que, al fin, un d\u00eda reuni\u00f3 a sus hermanos y compa\u00f1eros de armas, hizo llamar a sus hombres de guerra y, despu\u00e9s de hacer con el mayor sigilo todos los aprestos necesarios, cay\u00f3 de improviso sobre la fortaleza que guardaba a la hermosura objeto de su insensato amor.<\/p>\n<p>Al partir a esta expedici\u00f3n, todos creyeron que s\u00f3lo mov\u00eda a su caudillo el af\u00e1n de vengarse de cuanto le hab\u00edan hecho sufrir arroj\u00e1ndole en el fondo de sus calabozos; pero despu\u00e9s de tomada la fortaleza, no se ocult\u00f3 a ninguno la verdadera causa de aquella arrojada empresa, en que tantos buenos cristianos hab\u00edan perecido para contribuir al logro de una pasi\u00f3n indigna.<\/p>\n<p>El caballero, embriagado en el amor que, al fin, logr\u00f3 encender en el pecho de la hermos\u00edsima mora, no hac\u00eda caso de los consejos de sus amigos, ni paraba mientes en las murmuraciones y las quejas de sus soldados. Unos y otros clamaban por salir cuanto antes de aquellos muros, sobre los cuales era natural que hab\u00edan de caer nuevamente los \u00e1rabes, repuestos del p\u00e1nico de la sorpresa.<\/p>\n<p>Y, en efecto, sucedi\u00f3 as\u00ed: el alcaide alleg\u00f3 de los lugares comarcanos y una ma\u00f1ana el vig\u00eda que estaba puesto en la atalaya de la torre baj\u00f3 a anunciar a los enamorados amantes que por toda la sierra que desde aquellas rocas se descubre se ve\u00eda bajar tal nublado de guerreros, que bien pod\u00eda asegurarse que iba a caer sobre el castillo la morisma entera.<\/p>\n<p>La hija del alcaide se qued\u00f3 al o\u00edrlo p\u00e1lida como la muerte; el caballero pidi\u00f3 sus armas a grandes voces y todo se puso en movimiento en la fortaleza. Los soldados salieron en tumulto de sus cuadras; los jefes comenzaron a dar \u00f3rdenes; se bajaron los rastrillos, se levant\u00f3 el puente colgante y se coronaron de ballesteros las almenas.<\/p>\n<p>Algunas horas despu\u00e9s comenz\u00f3 el asalto.<\/p>\n<p>El castillo pod\u00eda llamarse con raz\u00f3n inexpugnable. Solo por sorpresa, como se apoderaron de \u00e9l los cristianos, era posible rendirlo. Resistieron, pues, sus defensores una, dos y hasta diez embestidas.<\/p>\n<p>Los moros se limitaron, viendo la inutilidad de sus esfuerzos, a cercarlo estrechamente para hacer capitular a sus defensores por hambre.<\/p>\n<p>El hambre comenz\u00f3, en efecto, a hacer estragos horrorosos entre los cristianos; pero sabiendo que, una vez rendido el castillo, el precio de la vida de sus defensores era la cabeza de su jefe, ninguno quiso hacerle traici\u00f3n, y los mismos que hab\u00edan reprobado su conducta juraron perecer en su defensa.<\/p>\n<p>Los moros impacientes, resolvieron dar un nuevo asalto al mediar la noche. La embestida fue rabiosa, la defensa desesperada y el choque horrible. Durante la pelea, el alcaide, partida la frente de un hachazo cay\u00f3 al foso desde lo alto del muro, al que hab\u00eda logrado subir con la ayuda de una escala, al mismo tiempo que el caballero recib\u00eda un golpe mortal en la brecha de la barbacana, en donde unos y otros combat\u00edan cuerpo a cuerpo entre las sombras.<\/p>\n<p>Los cristianos comenzaron a cejar y a replegarse. En este punto la mora se inclin\u00f3 sobre su amante, que yac\u00eda en el suelo, moribundo, y tom\u00e1ndolo en sus brazos con unas fuerzas que hac\u00edan mayores la desesperaci\u00f3n y la idea del peligro, lo arrastr\u00f3 hasta el patio de armas. All\u00ed toc\u00f3 a un resorte, se levant\u00f3 una piedra como movida de un impulso sobrenatural y por la boca que dej\u00f3 ver al levantarse, desapareci\u00f3 con su preciosa carga y comenz\u00f3 a descender hasta llegar al fondo del subterr\u00e1neo.<\/p>\n<p>Cuando el caballero volvi\u00f3 en s\u00ed, tendi\u00f3 a su alrededor una mirada llena de extrav\u00edo, y dijo:<\/p>\n<p>-\u00a1Tengo sed! \u00a1Me muero! \u00a1Me abraso!<\/p>\n<p>Y en su delirio precursor de la muerte, de sus labios secos, al pasar por los cuales silbaba la respiraci\u00f3n s\u00f3lo se o\u00edan salir estas palabras angustiosas:<\/p>\n<p>-\u00a1Tengo sed! \u00a1Me abraso! \u00a1Agua! \u00a1Agua!<\/p>\n<p>La mora sab\u00eda que aquel subterr\u00e1neo ten\u00eda una salida al valle por donde corre el r\u00edo. El valle y todas las alturas que lo coronan estaban llenos de soldados moros, que, una vez rendida la fortaleza, buscaban en vano por todas partes al caballero y a su amada para saciar en ellos su sed de exterminio. Sin embargo, no vacil\u00f3 un instante, y tomando el casco del moribundo, se desliz\u00f3 como una sombra por entre los matorrales que cubr\u00edan la boca de la cueva y baj\u00f3 a la orilla del r\u00edo.<\/p>\n<p>Ya hab\u00eda tomado el agua, ya iba a incorporarse para volver de nuevo al lado de su amante, cuando silb\u00f3 una saeta y exhal\u00f3 un grito.<\/p>\n<p>Dos guerreros moros que velaban alrededor de la fortaleza hab\u00edan disparados sus arcos en la direcci\u00f3n en que oyeron moverse las ramas.<\/p>\n<p>La mora, herida de muerte, logr\u00f3, sin embargo, arrastrarse a la entrada del subterr\u00e1neo y penetrar hasta el fondo, donde se encontraba el caballero. \u00c9ste, al verla cubierta de sangre y pr\u00f3xima a morir, volvi\u00f3 en su raz\u00f3n y, conociendo la enormidad del pecado que tan duramente expiaban, volvi\u00f3 sus ojos al cielo, tom\u00f3 el agua que su amante le ofrec\u00eda y, sin acerc\u00e1rsela a los labios, pregunt\u00f3 a la mora:<\/p>\n<p>-\u00bfQuieres ser cristiana? \u00bfQuieres morir en mi religi\u00f3n y, si me salvo, salvarte conmigo?<\/p>\n<p>La mora, que hab\u00eda ca\u00eddo al suelo desvanecida con la falta de sangre, hizo un movimiento imperceptible con la cabeza, sobre la cual derram\u00f3 el caballero el agua bautismal invocando el nombre del Todopoderoso.<\/p>\n<p>Al otro d\u00eda, el soldado que dispar\u00f3 la saeta vio un rastro de sangre a la orilla del r\u00edo, y sigui\u00e9ndolo entr\u00f3 en la cueva, donde encontr\u00f3 los cad\u00e1veres del caballero y su amada, que a\u00fan vienen por las noches a vagar por estos contornos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Frente al establecimiento de ba\u00f1os de Fitero, y sobre unas rocas cortadas a pico, a cuyos pies corre el r\u00edo Alhama, se ven todav\u00eda los restos abandonados de un castillo \u00e1rabe, c\u00e9lebre en los fastos gloriosos de la reconquista por haber sido teatro de grandes y memorables 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